He aquí un ejercicio de planteamiento simple: reescribir un fragmento narrativo cualquiera haciendo que el tiempo marche al revés, al modo de “Viaje a la semilla” de Alejo Carpentier. Que las balas entren por el cañón de la pistola y se guarden en el cargador; que las gotas de agua abandonen el cabello del que se baña dejándolo seco y saltando por los aires para alcanzar los agujeros de la regadera, entrar en ellos y perderse de vista; etcétera.

El efecto se da mejor si se parte de textos que refieren acciones muy claras y de manera directa. Un ejemplo: el fragmento de “El hombre de arena” de E. T. A. Hoffmann que comienza “Por el semblante taciturno de mi padre y por la tristeza de mi madre supe una noche que vendría el Hombre de Arena”…

Este ejercicio fue ideado por Mónica Lavín y quedó archivado entre muchos otros que pensamos proponer (y finalmente no propusimos) para Caza de Letras.