Una historia al revés

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He aquí un ejercicio de planteamiento simple: reescribir un fragmento narrativo cualquiera haciendo que el tiempo marche al revés, al modo de “Viaje a la semilla” de Alejo Carpentier. Que las balas entren por el cañón de la pistola y se guarden en el cargador; que las gotas de agua abandonen el cabello del que se baña dejándolo seco y saltando por los aires para alcanzar los agujeros de la regadera, entrar en ellos y perderse de vista; etcétera.

El efecto se da mejor si se parte de textos que refieren acciones muy claras y de manera directa. Un ejemplo: el fragmento de “El hombre de arena” de E. T. A. Hoffmann que comienza “Por el semblante taciturno de mi padre y por la tristeza de mi madre supe una noche que vendría el Hombre de Arena”…

Este ejercicio fue ideado por Mónica Lavín y quedó archivado entre muchos otros que pensamos proponer (y finalmente no propusimos) para Caza de Letras.

5 Respuestas para “Una historia al revés”


  • Las gotas de sangre se inyectaban en las venas ávidas de la memoria perdida por el desasosiego del desprecio en tu mirada. La navaja flagelante seguía engullida en la epidermis de mis brazos.
    Una a una las gotas regresaban al cauce que las había perdido. La navaja, fina cuchilla que regresaba al exterior, lenta, doliente, perdida.
    Es la navaja ahora sólo un recuerdo de lo que pudo haber sido si tan sólo hubiera podido vivir para desterrar la vida misma que me fue negada en tu interior.

  • Justamente, Capitú. Gracias. Saludos…

  • Después de que el padrote balbuceara algo que no entendí, aún me faltaba llenar la primer botella con cervezaque escupía lentamente en ella. Terminé de llenar ésa y otra más escupiendo rítmicamente, y las entregué en la barra del congal. Inmediatamente me sentía satisfecho, sediento y alterado. Salí de ahí por un pasillo en penumbra y lo llené de un olor a humedad rancia que salía de mis fosas nasales. Saqué las bragas de mi pantalón y las perdí.

  • Hola Alberto:

    ¡Qué casualidad! fíjate que aparte de ese cuento (viaje a la semilla) de Alejo Carpentier que leí hace mucho, en este momento estoy leyendo una novela venezolana que acaba de caer en mis manos y trata el mismo tema. La novela se llama: “Retorno al vientre” de Ramón Martínez Mendoza Fundación Editorial El perro y la rana, Colección Páginas Venezolanas, Caracas, Venezuela, 2006, 236 pp.

    Además a partir de hoy estará en cartelera en el DF la película: “El curioso caso de Benjamin Button”

    http://www.imdb.com/title/tt0421715/

    La cual, según IMDB está basada en una historia corta escrita por F. Scott Fitzgerald publicada en 1922, la cual fue adaptada a la pantalla por Eric Roth.

    Esta película trata también acerca del avance al revés del tiempo (al menos para el protagonista). Es fuerte candidata a los premios de la Academia, a ver si no resulta en una “clásica gringada”, un churro pues…

    FHH

  • Quise huir, pero huir de veras, borrar toda huella del futuro. Me senté en la cama y ensayé flor de loto, medité durante una hora, me dormí. Al despertar mi barba había desaparecido. A mi lado yacía aquella chica de veinte, con su hermoso vientre plano y sus senos firmes. Yo me retiraba de su boca y ella abría los ojos mientras yo me levantaba y con un extraño malabar quedaba parado junto a la cama. Tengo que ir más cerca, pensé al tiempo que cerraba los ojos y respiraba hondo. Pantalón a cuadros y mochila en la espalda, tengo 12, lo sé bien, edad horrible por que fue cuando mamá dejó de estar. La muy ingrata regresó antes que yo. Esta edad no me sirve. Dejé la mochila en el suelo y volví a subir a la cama. Otra vez flor de loto y meditar. Cada vez cuesta más trabajo. Ahora creo que estoy realmente cerca. Mamá está en la cama junto a mi, que chupeteo un biberón mientras muevo las manos tratando de tomar algo, no sé qué. Ya me está gustando más, me voy alejando del fututo, aquí está ella pero si me quedo aquí dejará de estar otra vez. debo llegar al principio. Más cerca, más cerca por favor, pienso con fervor mientras cierro los ojos. Ahora estoy cómodo y caliente. Parece una alberca privada, de hecho lo es, no hay nadie más aquí. Siento ligeros movimientos: es mamá allá afuera que da golpecitos como si me pidiera que abriera la puerta, pero esta vez no caeré en la trampa. Fingiré no escuchar. Cierro los ojos y me dejo llevar. Cada vez soy más pequeño: cada vez más voy perdiendo la forma que tendré en el futuro y eso me alegra. Me quedaré aquí para siempre, donde mamá no pueda dejarme otra vez. ¿Lo ves mamá? Ahora te tendré siempre porque justo ahora es cuando empiezo a ser sólo un deseo en tu cabeza, y no volveré a salir de ahí.

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