El leve Pedro

Una vez más es necesario invertir el orden del libro y el cuento del mes. He aquí una historia breve del argentino Enrique Anderson Imbert (1910-2000), narrador, crítico y profesor notabilísimo (de hecho, uno de los pioneros de los estudios hispánicos fuera de América Latina y de la tradición del escritor latinoamericano emigrado a las grandes universidades de habla inglesa). “El leve Pedro” fue escrita y publicada en 1937 y más de un mexicano nacido en los setenta la recordará como una lectura temprana: aparecía en los libros de texto gratuitos de las escuelas primarias.

Enrique Anderson Imbert

EL LEVE PEDRO
Enrique Anderson Imbert

Durante dos meses se asomó a la muerte.
      El médico murmuraba que la enfermedad de Pedro era nueva, que no había modo de tratarla y que él no sabía qué hacer… Por suerte el enfermo, solito, se fue curando. No había perdido su buen humor, su oronda calma provinciana.
      Demasiado flaco y eso era todo.
      Pero al levantarse después de varios días de convalecencia se sintió sin peso.
      –Oye –le dijo a su mujer–, me siento bien, pero no te puedes imaginar cuán ausente me parece el cuerpo. Estoy como si mis envolturas fueran a desprenderse dejándome el alma desnuda.
      –Languideces –le respondió su mujer.
      –Tal vez.
      Siguió recobrándose. Ya paseaba por el caserón, atendía el hambre de las gallinas y de los cerdos, dio una mano de pintura verde a la pajarera bulliciosa y aún se animó a hachar la leña y llevarla en carretilla hasta el galpón. Pero según pasaban los días las carnes de Pedro perdían perdían densidad. Algo muy raro le iba minando, socavando, vaciando el cuerpo. Se sentía con una ingravidez portentosa. Era la ingravidez de la chispa y de la burbuja, del globo y de la pelota. Le costaba muy poco saltar limpiamente, trepar las escaleras de cinco en cinco, coger de un brinco la manzana más alta.
      –Te has mejorado tanto -–observaba su mujer– que pareces un chiquillo acróbata.
      Una mañana Pedro se asustó. Hasta entonces su agilidad le había preocupado, pero todo ocurría como Dios manda. Era extraordinario que, sin proponérselo, convirtiera la marcha de los humanos en una triunfal carrera en volandas sobre la quinta. Era extraordinario pero no milagroso. Lo milagroso apareció esa mañana.
      Muy tempranito fue al potrero. Caminaba con pasos contenidos porque ya sabía que en cuanto taconeara iría dando botes por el corral. Arremangó la camisa, acomodó un tronco, cogió el hacha y asestó el primer golpe. Y entonces, rechazado por el impulso de su propio hachazo, Pedro levantó vuelo. Prendido todavía al hacha, quedó un instante en suspensión, levitando allá, a la altura de los techos; y luego bajó como un tenue vilano de cardo.
      Acudió su mujer cuando Pedro ya había descendido y, con una palidez de muerte, temblaba agarrado a un rollizo tronco.
      –¡Hebe! ¡Casi me caigo al cielo!
      –Tonterías. No puedes caerte al cielo. Nadie se cae al cielo. ¿Qué te ha pasado?
Pedro explicó la cosa a su mujer y ésta, sin asombro, le reconvino:
      –Te sucede por hacerte el acróbata. Ya te lo he prevenido. El día menos pensado te desnucarás en una de tus piruetas.
      –¡No, no! –insistió Pedro–. Ahora es diferente. Me resbalé. El cielo es un precipicio, Hebe.
      Pedro soltó el tronco que lo anclaba pero se asió fuerte a su mujer. Así abrazados volvieron a la casa.
      –¡Hombre! –le dijo Hebe, que sentía el cuerpo de su marido pegado al suyo como el de un animal extrañamente joven y salvaje, con ansias de huir en vertiginoso galope– ¡Hombre, déjate de hacer fuerza, que me arrastras! Das unos pasos como si quisieras echarte a volar.
      –¿Has visto, has visto? Algo horrible me está amenazando, Hebe. Un esguince, y ya empieza la ascensión.
      Esa tarde Pedro, que estaba apoltronado en el patio leyendo las historietas del periódico, se rió convulsivamente. Y con la propulsión de ese motor alegre fue elevándose como un ludión, como un buzo que se quitara las suelas. La risa se trocó en terror y Hebe acudió otra vez a las voces de su marido. Alcanzó a cogerlo de los pantalones y lo atrajo a la tierra. Ya no había duda. Hebe le llenó los bolsillos con grandes tuercas, caños de plomo y piedras; y estos pesos por el momento le dieron a su cuerpo la solidez necesaria para traquear por la galería y empinarse por la escalera de su cuarto. Lo difícil fue desvestirlo. Cuando Hebe le quitó los hierros y el plomo, Pedro, fluctuante sobre las sábanas, se entrelazó a los barrotes de la cama y le advirtió:
      –¡Cuidado, Hebe! Vamos a hacerlo despacio porque no quiero dormir en el techo.
      –Mañana mismo llamaremos al médico.
      –Si consigo estarme quieto no me ocurrirá nada. Solamente cuando me agito me hago aeronauta.
      Con mil precauciones pudo acostarse y se sintió seguro.
      –¿Tienes ganas de subir?
      –No. Estoy bien.
      Se dieron las buenas noches y Hebe apagó la luz.
      Al otro día cuando Hebe despegó los ojos vio a Pedro durmiendo como un bendito, con la cara pegada al techo. Parecía un globo escapado de las manos de un niño.
      –¡Pedro, Pedro! –gritó horrorizada.
      Al fin Pedro despertó, dolorido por el estrujón de varias horas contra el cielo raso. ¡Qué espanto! Trató de saltar al revés, de caer para arriba, de subir para abajo. Pero el techo lo succionaba como succionaba el suelo a Hebe.
      –Tendrás que atarme de una pierna y amarrarme al ropero hasta que llames al doctor y vea que es lo que pasa.
      Hebe buscó una cuerda y una escalera, ató un pie a su marido y se puso a tirar con todo el ánimo. El cuerpo adosado al techo se removió como un lento dirigible. Aterrizaba.
      En eso se coló por la puerta un correntón de aire que ladeó la leve corporeidad de Pedro y, como una pluma, la sopló por la ventana abierta. Ocurrió en un segundo. Hebe lanzó un grito y la cuerda se le escapó de las manos. Cuando corrió a la ventana ya su marido, desvanecido, subía por el aire inocente de la mañana, subía en suave contoneo como un globo de color fugitivo en un día de fiesta, perdido para siempre, en viaje infinito. Se hizo un punto y luego nada.

47 Comments

  1. Bitacoras.com 12/08/2009 en 8:45 am - Responder

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Una vez más es necesario invertir el orden del libro y el cuento del mes. He aquí una historia breve del argentino Enrique Anderson Imbert (1910-2000), narrador, crítico y profesor notabilísimo (de hecho, uno de los pioneros …..

  2. pablo 12/08/2009 en 9:29 am - Responder

    ¡Buenísimo!

  3. Kitsune 12/08/2009 en 9:54 am - Responder

    Alberto, me sacaste una enorme sonrisa con el texto pues lo recuerdo con mucho cariño como uno de mis favoritos de los libros de texto gratuitos. Ahora que lo releo creo que me gusta más.
    🙂

  4. Alberto 12/08/2009 en 10:55 am - Responder

    Qué bueno que te gustó, Pablo.

    ¡Ah, tú también lo leíste, Kitsune! 🙂

    Saludos a todos.

  5. Alberto Chimal 12/08/2009 en 10:02 am - Responder

    Un cuento breve, leve: http://bit.ly/fEiYj

  6. CANDÁS 12/08/2009 en 11:13 am - Responder

    Yo la verdad no lo recuerdo, pero aún así me gustó mucho, sobre todo esa frase: ¡Me caigo al cielo! Esas son las frases que transforman un cuento fantástico estándar en una experiencia surrealista.

  7. pispiration 12/08/2009 en 11:35 am - Responder

    AAAAAAAHHHHHH Buenísimo el cuento que posteó @albertochimal http://bit.ly/fEiYj

  8. soma 13/08/2009 en 12:18 pm - Responder

    Es bueno, a secas.

    Obra de una pluma sin talento natural, pero con mucho oficio.

    Me gusta que estilísticamente cumple toda las regularidades de etiqueta.

  9. Cesar 14/08/2009 en 5:29 pm - Responder

    Al ir repasando recordé este excelente cuento, la imagen de un hombre elevándose aparecía en la parte inferior de la página. Gratos momentos.

  10. Alberto 20/08/2009 en 11:58 pm - Responder

    Puede que se trate sobre todo del afecto, sí, pero la verdad es que nunca olvidé el texto. ¿Qué más puedo decir?
    Saludos a todos.

    • Celeste 19/02/2018 en 7:12 pm - Responder

      Cual seria las situaciones del cuento ?

  11. Liliana 19/09/2009 en 5:32 pm - Responder

    HOL@****Esta increible, el cuento parece ser que todavía viene en los libros de 6° año, son excelentes estos cuentos, claro , para leerlos en la primaria tambíen ya te motivan a seguir leyendo, aunque claro hay muchos cuentos de los que no nos acordamos, bueno al menos, algunos, MUY BUEN CUENTO

  12. Alberto 02/10/2009 en 1:07 pm - Responder

    Gracias, Liliana. Saludos…

  13. Carlos 08/12/2009 en 5:16 pm - Responder

    La mejor historia que me absorbia la mente en mis momentos de primaria en Mexico. Mi favorita de siempre, jamas la olvide.

  14. Alberto 08/12/2009 en 6:29 pm - Responder

    Gracias por decirlo, Carlos (y qué gusto que reencuentres acá a E. A. I.).
    Saludos…

  15. melina 09/03/2010 en 4:12 pm - Responder

    necesito el resumen, por favor. gracais

  16. Alberto 09/03/2010 en 4:34 pm - Responder

    Melina, lee el texto y haz tú misma tu resumen. Es un cuento tan breve que no te tomará más de diez minutos.

  17. Fernanda 09/03/2010 en 6:28 pm - Responder

    Ji, ji, ji, ji tengo muchos amigos que con gusto se lo resumen…

    Pero como soy noble, le ayudo:

    EL LEVE PEDRO

    Es la historia de Pedro, un hombre que al comenzar a recuperarse de una rara enfermedad fue perdiendo peso y, en consecuencia, ganado agilidad. Su pérdida de peso lo hacía tan ligero que lo iba despejando del piso hasta que, trabajando con un hacha, comenzó a volar en una especie de caída al cielo. Con ayuda de su esposa se aferró al suelo. Entraron a su casa, esperando llamar al médico al día siguiente, sin embargo, mientras dormía flotó hasta el techo. Cuando su esposa trató de regresarlo al suelo y atarlo para esperar al médico, una ráfaga de viento lo sacó por la ventana y se perdió en el cielo para siempre “como un globo fugitivo”.

    Bendita generación de las contraportadas de los DVDs
    Beso!!!

  18. LucMAN 11/04/2010 en 5:42 pm - Responder

    ¡Jajaja! salio volando asi nomas por la ventana XD

  19. Cecilia Núez 25/04/2010 en 11:09 pm - Responder

    Hola Alberto!!

    He buscado este cuento por todas partes. En verdad “me marcó” cuando lo leí en la primaria. Nunca olvidé esta historia. Qué bueno encontrarlo aquí! Recuerdo que las ilustraciones eran muy impactantes.

  20. vanesa 20/05/2010 en 1:58 pm - Responder

    en que marco esta narrado?
    el leve pedro

  21. marco 12/08/2010 en 9:04 am - Responder

    muy buenos recuerdos llegaron a mi mente con la presente lectura, no se porque, pero es una de las que mas recuerdo de mi niñez.

  22. Alberto 14/08/2010 en 12:48 pm - Responder

    Hola luego de un rato…

    Ay, Fernanda, ¡le hiciste la tarea! 🙂

    Así fue, LucMAN.

    Qué gusto leerte acá, Ceci. Y qué bueno que te gustó el texto. También recuerdo esas ilustraciones…

    Disculpa, Vanesa: ¿marco?

    Y, Marco, qué bueno que los recuerdos fueron buenos.

    Saludos a todos.

  23. narella 15/11/2010 en 12:17 pm - Responder

    muy lindo el libro, pero necesitaria que alguien me ayude con un analisis;)

  24. Alberto 16/11/2010 en 10:40 am - Responder

    Si ves uno de los comentarios anteriores encontrarás ayuda, Narella.

  25. levepedro 16/11/2010 en 11:47 am - Responder

    Me recuerda mucho mi infancia y se me asoma una lagrima por mi mejilla, ya que mi padre me lo leia de pequeño.
    Me recuerda mucho a mi padre.
    Buenisimo.

  26. alejandra 16/03/2011 en 12:09 pm - Responder

    kiero ke me ayuden! ¿que justificar el titulo? ¿indicar con zita textual? porque crees que le sucedio alpersonaje principal?

  27. alejandra 16/03/2011 en 12:54 pm - Responder

    hola..!! me gusta la istoria¡¡ es muy linda , y es divertida…. jajja

  28. graciela 22/03/2011 en 10:31 am - Responder

    que recuerdos.dios mio.ya no me acordaba de esa historia.y cuando entre a esta pagina me la encontre y cuando la lei se me vino la nostalgia de mi ninez.y no pude evitar que se me salieran las lagrimas. muchisimas gracias. ahora que soy abuela se lo voy a ensenar a mis nietos para que tengan conocimiento de estas hermosas lecturas.mil gracias y saludos.

  29. m0rena- 22/05/2011 en 2:18 pm - Responder

    siempre pense que este cuento era parte de una novela, pero tristemente me doy cuenta que no es asi, me gusta mucho y siempre lo recuerdo, a mi me gustaba leer mucho mis libros de texto, son cosas que se te quedan grabadas y salen a flote con soloun recuerdo, tambien pense que el autor era mexicano.
    siento como que quedo algo al final, es decir que el cuento no termina con el leve de pedro,
    que paso con hebe su mujer?, que sintio, como se las arreglao despues?, que vio pedro en el cielo, a fin de cuentas que diablos fue lo que le paso? jaja
    gracias por compatir este cuento
    saludos desde nuevo laredo mexico
    🙂

  30. Alberto 06/06/2011 en 10:08 am - Responder

    Qué gusto, Levepedro.

    Sería mejor que intentaras averiguarlo tú, Alejandra.

    Ojalá les guste a tus nietos, Graciela. 🙂

    Morena, creo que si bien el cuento acaba donde acaba, uno siempre puede imaginar a partir de ellas. Es la virtud de las historias breves (al menos, de las que valen la pena).

    Saludos a todos…

  31. gabriel 12/12/2011 en 7:03 pm - Responder

    esta buenisimo solo que tiene un error :las carnes de Pedro perdían perdían densidad

  32. julieta 06/03/2012 en 11:05 am - Responder

    BUENISIMO!Me re sirb!!

  33. milena 24/03/2012 en 11:58 am - Responder

    me encanto el cuentoes muy lindo gracias por llenar nuestros corazones de alegria!!!

  34. brian alexander 29/07/2012 en 9:02 pm - Responder

    el cuento sirve mucho pense que era una novela pero tristemente me di cuenta que no era esta buenisimo el cuento.

  35. Caarito 31/07/2012 en 7:04 pm - Responder

    me encanta este cuento es lindo y gracioso casi lloro me encanta, gracias por todo lo que hacen y como dice milena gracias por llenar nuestros corazones de alegría

  36. Adri 08/11/2012 en 3:23 pm - Responder

    No lo puedo creer, esta lectura siempre la recuerdo, mi profesora de sexto de primaria nos pidió realizar una lectura dramatizada (yo era Pedro) 🙂
    Me trae bonitos recuerdos ^ ^ gracias por el aporte.

  37. Rolando Blas 15/01/2013 en 2:37 pm - Responder

    Cuando vi el título de este cuento me pareció un texto nuevo. Después de ir leyendo comenzaron a vertirse recuerdos de un pasado almacenado en mi memoria. Las ilustraciones, como citan algunos, también se proyectaron en mi mente y ahora que he releído este texto lo aprecio y lo encuentro fantástico a diferencia de cuando lo leí en mi infancia.

    Saludos

  38. Vanessa 18/06/2013 en 12:31 pm - Responder

    Ah, cuántos recuerdos… 😀

  39. DAMIAN LOPEZ 03/07/2013 en 10:08 am - Responder

    :’)

  40. nikolas 04/09/2013 en 12:17 pm - Responder

    nececito qe me digan como finaliza la historia y porqe se puede decir qe es un cuento fantastico

  41. José gala 18/10/2013 en 6:35 pm - Responder

    Desde hace un tiempo estaba buscando este cuento, ahora que lo vuelvo a leer me trae recuerdos de mi infancia cuando a los niños los ponían a leer y a comprender lo que se leía, no como ahora que ni leer saben. Había otro que estoy buscando que trata sobre un viaje en tren de tres personas y al señor le tiran sus maletas por la ventana, lo recuerdan?

  42. SOFIA 21/10/2013 en 1:21 pm - Responder

    SI YO LO RECUERDO

  43. mario 04/04/2015 en 11:37 pm - Responder

    Increible historia, me hizo recordar las buenas lecturas que lei en la primaria en 6, lastima que los libros de texto hayan quitado este tipo de lecturas, la vdd me hizo mucha nostalgia, la recomiendo a las futuras generaciones!!!

  44. Jose 15/02/2018 en 5:36 pm - Responder

    Lo recuerdo del libro de lectura de la primaria (no recuerdo el año) pero el texto era distinto y mucho mas breve, a ver si alguien lo tiene y lo puede escanear

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.