Un ejercicio simple:
      A veces se dice que la literatura debe «reproducir» la realidad que vemos, fielmente y hasta sus últimos detalles, lo que suena muy bien pero en el fondo no es más que una ilusión inalcanzable. Una representación no puede ser idéntica a aquello que representa, y aquellas que se hacen por escrito (además) tienen el problema de que necesitan mencionar uno por uno los detalles que otras artes (la pintura, por ejemplo) pueden mostrar de un solo vistazo.
      Sin embargo esto da para una idea interesante: ¿qué tan larga puede ser una descripción de un solo objeto concreto? Quienes deseen intentar el ejercicio pueden tomar algo humilde: una taza, un lápiz, un enchufe eléctrico en una pared, y describirlo tan larga y detalladamente como sea posible, sin cambiar de tema (nada de contar la historia de quien sostiene el lápiz) ni pasar a hacer metáforas: únicamente los detalles físicos, visibles, de aquello que se está describiendo, como para imitar y superar aquellas descripciones de los grandes novelistas del siglo XIX, que comunicaban el mundo entero por escrito antes de la invención del cine y la televisión. El texto no debería durar menos de una página, tan sólo para probar que se está observando lo que se describe.
      La sección de comentarios de esta nota queda abierta para quien desee dejar su ejercicio.