La ironía está de moda: lograr la discrepancia entre lo que se dice y lo que entiende de lo dicho es facilísimo, como sabe cualquiera que ha visto un episodio de Los Simpson o de las otras, incontables historias que utilizan el mismo recurso una y otra vez. Pero todavía sirve ensayarla para ver cómo funciona.

Un ejercicio posible: imaginar un argumento irónico (un solo párrafo es suficiente) en el que un personaje dado se propone con todas sus fuerzas hacer algo y logra, después de mucho esfuerzo, exactamente lo contrario. Un ejemplo rápido:

Un poeta dedica su vida y su obra (se tiene por alguien comprometido con las necesidades de su momento histórico) a la promoción de una ideología progresista. Crea una obra copiosa y encendida; recibe grandes honores, es favorito de mucha gente, y al morir es recordado… como el gran autor de la derecha: el más lúcido y apasionado defensor del conservadurismo. Eso es lo que sus lectores, que tanto lo quieren, ha encontrado siempre en sus textos.

La sección de comentarios queda abierta, como siempre, para las propuestas de los lectores.

Dimensiones del diálogo (1982)

Dimensiones del diálogo (1982)