Stanislaw Lem en 1966

La noticia ha empezado a dar la vuelta al mundo: hace algunas horas murió Stanislaw Lem, escritor polaco, gran maestro de la ficción especulativa y, no lo dudo, el único autor contemporáneo que podría haberse comparado al mismo tiempo con H. G. Wells y Jonathan Swift. Su tema central era la insignificancia (o el absurdo) de la condición humana, y Lem lo abordó desde la perspectiva de la ciencia; esta elección o este destino lo convirtió en un artista visionario, el más grande de quienes comprendieron –nunca fueron muchos– tanto la belleza como la insidia de la idea del progreso: de la creencia en la perfectibilidad de nuestra especie.
Sus libros «más conocidos» forman una lista que resulta no ser breve. En ella están colecciones de cuentos como Fábulas de robots (1964) o Diarios de la estrellas (1957), inclasificables como Vacío perfecto (1971) y Un valor imaginario (1973), y novelas como El invencible (1964) y Solaris (1961). Ésta fue llevada al cine en dos ocasiones, por Andrei Tarkovsky (1972) y por Steven Soderbergh (2002); la segunda versión es muy inferior a la primera, y ambas son muy distintas del libro, que demuele con finura y dolor la idea de que el ser humano puede –o desea– comprender o comprenderse en el cosmos.
Dejo enlazada aquí una muestra, pequeña, de sus textos. En mi caso, Lem queda ahora entre escritores como Borges, Calvino o Walser: son gente a la que no conoceré y cuyo trato de gente, en cualquier caso, hubiera sido otro, distinto del que puedo imaginar, pero a la vez son voces que seguiré escuchando –desde donde importa: desde las páginas– para figurármelos. La alegría de las obras que perduran (siquiera brevemente) es de otro orden que la tristeza por la vida que concluye.

[Nota del 11/12/2007: he dejado un texto más extenso sobre la obra de Lem aquí]