Estoy terminando de llenar siete informes sobre otros tantos libros de jóvenes escritores mexicanos: me tocó trabajar con ellos durante el último año, como tutor del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Cada uno de los siete recibió una beca del programa de Jóvenes Creadores del FONCA para escribir una colección de cuentos.
      El término «tutor» puede resultar engañoso: el trabajo se llevó a cabo, sobre todo, durante tres encuentros de varios días de duración, separados por meses. No fue de ningún modo un curso intensivo. Pero la experiencia fue, de todas formas, muy estimulante: todos leímos los textos de los siete y los comentamos con tanta exactitud y profundidad como fue posible, y todo lo que yo mismo pude descubrir en ellos (y sugerir con miras a que los proyectos siguieran avanzando) se complementó, por lo tanto, con lo dicho por los demás. Los siete proyectos culminaron en libros terminados al menos en su primer borrador, listos para una revisión posterior y definitiva.
      Este último periodo de trabajo tuvo lugar en el Centro de las Artes de San Luis Potosí. En este edificio reconvertido (originalmente era una cárcel) yo también he aprendido más que un poco: he visto una muestra de lo que escritores más jóvenes quieren hacer con la forma del cuento, y he visto, también, cómo trabajan y qué interesa a siete colegas muy diferentes entre sí.
      Para mí, por lo tanto, esta experiencia ha sido muy afortunada. Ahora agradezco y felicito a los siete: Valeria Gascón, Renato Guillén, Edgar Adrián Mora, Mariana Rergis, Carlos Velázquez, Rafael Villegas y Federico Vite. Varios ya publican pero deseo que todos lo hagan, para ver las versiones definitivas de esos siete libros nuevos –y muy interesantes– que he leído a lo largo del año.