Partes del 6 de marzo

De Todas las mañanas del mundo (Alain Corneau, 1991), basada en la novela de Pascal Quignard (es decir, en esa historia inconseguible, brillantísima, de la perplejidad y la amargura). Quien toca en realidad es Jordi Savall:

* * *

Sobre el cuento (para un ensayo que no escribiré)

Defender al cuento pasa frecuentemente por deslindarlo del otro significado de la palabra: “embuste, engaño” según la RAE; mentira, falsedad, historia que se inventa para engañar. Pero los cuentos no tienen que ser “verdad”. Para la verdad tenemos (según las preferencias de cada cual) el periodismo, la ciencia o la religión.

 
 
De otro modo: el cuento sí es engaño. Toda la ficción es engaño. La literatura no es la verdad comprobable; si es una verdad es de las otras.

 
 
Y si no, ¿qué?

 
 
Discusión fuera de aquí; una persona sugería que el cuento era apropiado para el presente; otra replicaba que eran más pertinentes las novelas o las secuelas. El cuento desaparecerá como desaparece todo, pero será de esta manera: en un mar de palabras imprecisas, malcasadas, díscolas.

 
 
Ahora bien, el cuento no desaparece hoy. Se puede encontrar con facilidad el epitafio que le escribió Stephen King, según el cual ya nadie puede escribir como los maestros de la brevedad de otros siglos. Pero el que no puede (y no quiere y no necesita) es él.

 
 
El cuento es apropiado para el presente porque es facilísimo descargarlo, difundirlo, piratearlo. El peor enemigo del cuento hoy es el ACTA.

 
 
¿No lo convence lo que digo? ¿Dirá que nace de mi propio gusto por esa forma caduca? ¿Defendería usted sus propios gustos si yo se los critico? De otro modo: el cuento puede ser defendido por razones egoístas. Si su belleza ya no puede compartirse, tanto peor.

 
 
Ahora bien, no lo creo. En cambio, creo en el momento del eco, el del vislumbre, el que sólo puede llegar mientras las palabras escuchadas o leídas no se marchan aún de la conciencia. Eso no lo hay en ningún otro sitio ni en ninguna otra forma.

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Ilustración de Edward Gorey para el cuento Casting the Runes de M. R. James; Gorey lo seleccionó para su antología The Hunted Looking Glass
Ilustración de Edward Gorey para el cuento "Casting the Runes" de M. R. James; Gorey lo seleccionó para su antología The Hunted Looking Glass

* * *

Fragmento de una conversación que no tendrá lugar:
      –No: tener las intenciones, defender las causas, ostentar las actitudes, sentir la pasión no ayuda a escribir mejor. Eso lo sé y lo acepto. Haga y diga lo que guste.[/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]

Publicado por

Alberto Chimal

Escritor/Writer

20 comentarios sobre “Partes del 6 de marzo”

  1. Pingback: Alberto Chimal
  2. El cuento no va a desaparecer mientras existan las palabras, mientras uno se imgine una historia al cruzarse con un ser cuya cara nos atrape por la calle…Podrá ser plagiado, tal vez,esta épaoca es bueno para eso, pero desaparecer, no mientras haya alguien que piense…imagine…arriesgue.

  3. Podrá desaparecer la civilización como la conocemos, podrán desaparecer las bibliotecas, los libros, las computadoras, los cines, las librerías, el papel, la tinta, los intelectuales, los críticos, los expertos y hasta los escritores, pero mientras haya una persona que le cuenta a otra una historia, se seguirán haciendo cuentos (Acá entre nos, a veces creo que las novelas en verdad son cuentos escondidos, entre las palabras que les sobran) ¡Que viva el relato breve!

  4. Pingback: Bitacoras.com
  5. El cuento dejará de existir porque toda la literatura está condenada al olvido.

    Lo único que quedarán son símbolos y la sensación de haber olvidado algo importante.

    La literatura es el corpus de la soledad humana. Y morirá, junto con esta, cuando todo el planeta se vaya al carajo.

  6. Pues que a gusto cuando todo se vaya a la goma y no haya que andar con recordatorios más o menos literarios de quiénes somos o pretendemos ser, francamente. Pero mientras tanto habría que dejar los augurios apocalípticos para otro rato (promises, promises…) y pensar en los cuentos, relatos, narrativas o cómo se llamen, como algo que, más que mentir, adapta la verdad a la medida de los autores y esos cómplices suyos, tan escurridizos y misteriosos, los lectores.
    Obviamente, el día que deje de haber humanidad, pues ya no habrá de qué preocuparse: no habrá mitos que exaltar (que son las mentiras que el colectivo se dice a sí mismo para mantener la esperanza aspiracional), ni fantasías que defender (que son el medio para ir más allá del concepto de muerte y continuar la vida, aunque sea a jalones), ni frustraciones que paliar. El asunto es que por más que dign que viene el fin del mundo y demás, la gente sigue viviendo, y las historias siguen presentes, proyectándose sobre nosotros como la manera más interesante de reinventarnos y, como dice Soma, de aprovechar nuestra soledad sin aburrirnos demasiado, ya que está comprobado que el ser humano puede tolerar cualquier cosa, menos el aburrimiento.
    Porque, o recurrimos a las historias, o como diría Stanley Kubrick en labios de Nicole Kidman: “Tenemos que hacer algo”. Y ese algo, al igual que la literatura, o se hace bien y echándole ganas, o mejor sí nos morimos y dejamos de dar lastimita.

  7. Ah, y sobre barraras legales que protejan la propiedad intelectual… la piratería es internacional, práctica, económica, y seguirá existiendo, igual que todo, mientras haya humanidad.

  8. Creo que en esto estoy de acuerdo con Fernanda.

    No se ofendan, pero esa visión wagneriana del “fin de todo” –esa fantasía actual de querer mirar el mundo en llamas– me parece profundamente desagradable por arrogante y por mentirosa. La arrogancia: el fin de la humanidad no va a ser el fin del mundo. La mentira: lo más probable es que antes del fin de todo llegue mi propio fin, el de usted y el de cualquiera que a usted se le ocurra: nuestras muertes individuales, y si tuviéramos la ocasión de asistir al apocalipsis no sería en absoluto una experiencia placentera, que veríamos como desde el palco de la ópera o en la pantalla de la tele.

    Es muy fácil recordar nuestra capacidad para el horror. Pero cuando nos acabemos se acabará también la belleza, tal como podemos entenderla. Y esa me interesa más.

  9. No, Alberto, no me ofendo, y además estoy de acuerdo contigo en todo lo que has dicho. Si precisamente por eso subí mi opinión tal cual y con ese tono de burla, porque ya me harta esa actitud.
    Voy a ser claro, a mí no me molestan los apocalípticos, no. A mí me cagan y me encabronan, porque creen que ponerse en pose de estoicos y decir que su fin del mundo lo quieren on the rocks es muy in y muy acorde con su actitud de escritores despectivos y depres, cuando lo más aplicable es decirles, con toda la solemnidad posible: ¡No mamen, estamos hablando en serio, vayan a presumirle su ennui a quien les crea!
    Ya en serio, ¿de verdad creen que la literatura es leer y leer para llegar y aventarse en estos foros afirmaciones tan pedorras como que todo se irá al carajo? ¿Para eso se prepara uno? ¿para eso se escribe? ¿para eso se mandan las obras a concurso y se preparan textos? ¿para eso es la literatura, la música o cualquier otra actividad, para nada? Valiente bola de pusilánimes estamos hechos si de verdad eso pensamos, francamente.
    Por suerte parece que tal actitud no es la reinante, pero no falla la declaración azotadita para llamar la atención, el pesimismo seudo intelectual para adornarse y la autopromoción a base de pataletas existenciales.
    Perdonen el desahogo, pero siguiendo con lo dicho en otras notas sobre los intelectuales, tenemos (inclúyome) que abandonar la actitud guanga y tanática y ponernos las pilas. El mundo es mucho más que pena y dolor, y sería bueno dedicarnos a redescubrirlo a través de la literatura o de cualquier otra cosa.

    P.D. Y si yo, pobre botarate literariamente inédito, carezco de credibilidad para ustedes, pueden leer lo escrito por Heriberto Yépez en su columna de milenio del sábado pasado. Prácticamente dice lo mismo que yo, pero con más arte. Muchas gracias.

  10. Pues yo creo que la vida es como una farmaci con dos por uno en pastillas de cocaína.

    ¿El apcalipsis? Es un cuento que invento Hacienda para recaudar indulgencias.

    Pero qué puedo decir, si tengo la poca inreligencia de irle al América y mi pluma es también socarrona y riposa (sin pasión, pero entusiasta) Beso Soma, Candás, Alberto.

  11. Es cierto, Soma. Escribo muy ripioso. Pero como ya leo bastante a Alberto y no me interesa fusilármelo, quisiera leer mejor algo que hayas escrito tú. Dime por favor dónde puedo conseguir lo que has publicado, o dime cómo contactarte o verte en persona para que me pases tus textos y hablemos con calma.
    Te lo digo porque ya me aburren estos pleitos babosos a costa de Alberto y porque quisiera tratar más seguido a los seres humanos que utilizan este medio en vez de enredarnos en discusiones que no nos sirven.
    Te lo digo con la mejor intención. La verdad si quiero escribir mejor, porque la tendencia literaria en este país es escribir con mucha técnica y nada de huevos, y yo estoy totalmente al revés y no es negocio.
    Espero tu respuesta y de antemano gracias.

  12. La tuya no es ripiosa, Fer. Está bastante bien. Sólo un poco reiterativa y retórica.

    ¡Venga, Candás, yo también soy apenas un aprendiz!

    Lo que he publicado se consigue en quién sabe donde, son antologías malísimas y anónimas.

    Al cabo de cierto tiempo he logrado una fama respetable al interior de algunos antros de literatura anónima.

    Puedes leer este cuento si quieres de la revista de mi colectivo de narradores:

    http://popzoo.wordpress.com/2010/01/22/imperio-salamandra-parte-i/

    Por supuesto que me pongo en contacto contigo. A mí también me cansan estos pleitos a costa de Chimal.

    Mientras no sea para partirme la cara está bien.

    Escríbeme a este mail:

    soma233@hotmail.com

  13. Me alegra que se hayan puesto en contacto, Soma, José. (¿Se pusieron en contacto?) Si siguen discutiendo, eso sí, cuéntennos.

    Lo que hay que hacer es seguirle, Fernanda.

    Por cierto: Soma, sigo pensando lo mismo sobre estos temas, pero espero no haber sonado demasiado serio… 😉

    Saludos a todos.

  14. No soy apocalíptico, para nada, Alberto.

    Mi comentario fue a “juego”.

    Lo que sí, es que albergo cierta melancolía con todo lo que la literatura tilda con vocación de permanente o inmortal.

    Si nos ponemos serios, ni siquiera el Quijote existirá siempre.

    Pero ya hablando del fin de los tiempos. Hay quien dice que todo se debe a una mala traducción de la biblia.

    Pero bueno, lo cierto es que asistimos no al final del mundo en un sentido literal, sino como lo conocemos.

    Eso es algo que he venido pensando últimamente.

    Se avecina un cambio radical, traumático para el mundo entero, que trastocará la vida de todos, sin importar en que lugar del planeta estén.

    ¿En qué me baso? En los lenguajes simbólicos de la élite, en las tendencias políticas y económicas.

    El arte actual me parece en esencia, decadentista, (no de cadente), sino producto de una civilización en caída.

    El nuevo llano de oscurantismo está poblado de pop artists y entretenimiento basura.

    A mí me encantan estos intercambios con la gente del sitio y, por supuesto, con Alberto.

    Saludos,

    8)

  15. Hola, Soma. Muchas veces he pensado lo que tú sobre ese movimiento… Lo que no sé es si quiero terminar de verlo o no. Eso sí, por mucho o poco que puedan sobrevivir esos textos…, los tenemos ahora. Y los podemos seguir escuchando.

    Saludos a todos.

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