Este es un cuento de Mack Reynolds (1917-1983), quien no es el escritor más famoso de su país, los Estados Unidos, pero tuvo una carrera de lo más interesante: nacido en una familia de izquierda, y afiliado durante décadas al Partido Socialista del Trabajo (Socialist Labor Party, o SLP, que al parecer sigue existiendo aunque siempre fue una organización marginal), fue un escritor “comercial” pero en muchas de sus narraciones incluyó temas de crítica social que pocos tocaban como él en la ficción popular, que en aquel tiempo era creada por una mayoría de autores de derecha. Esta es uno de sus narraciones más conocidas: una historia amarga sobre el abuso del poder y, finalmente, sobre el racismo, que por desgracia cobra fuerza, hoy, por todas partes.
      El cuento de Reynolds, en su versión original, apareció en la revista Startling Stories en 1950 y tiene por título “Down the River” (Río abajo), recordando la frase hecha en inglés “sell down the river”: literalmente, “vender río abajo”, pero más precisamente “aprovecharse de la ignorancia o la confianza de alguien para realizar alguna acción que le resulte perjudicial”. En español de por aquí se podría decir que los extraterrestres que aparecen en este cuento perjudican a los seres humanos sin que éstos se den cuenta. De ahí el título que he elegido para esta traducción y también el verbo con el que se completa la frase, más o menos a la mitad del texto, y que sólo existe en español mexicano pero cuyas implicaciones me parecen de lo más apropiado. Ésta es una de varias modificaciones que hice a la versión del cuento que apareció, en los años ochenta, en la traducción española de la antología Imperios galácticos de Brian W. Aldiss, publicada por la desaparecida editorial Bruguera, y que (la verdad) es mucho menos buena de lo que recordaba.
      “Charlie Fort”, a quien se menciona en algún momento, es de hecho Charles Fort, un autor del temprano siglo XX, antecesor de los actuales “investigadores de lo paranormal”.

Mack Reynolds. (fuente)

NI NOS DIMOS CUENTA
Mack Reynolds

La nave espacial fue detectada por el radar del Ejército poco después de que entrara en la atmósfera sobre Norteamérica. Descendió bastante lentamente, y en el tiempo que tardó en detenerse sobre Connecticut mil aviones de combate estaban en el aire.
      Los telegramas chirriaron histéricamente entre capitanes de la Policía del Estado y coroneles de la Guardia Nacional, entre generales del Ejército y miembros del gabinete, entre almirantes y asesores de la Casa Blanca. Pero antes de que nada pudiera decidirse sobre la forma de atacar al intruso o de defenderse contra él, la nave del espacio se había asentado gentilmente en un campo vacío de Connecticut.
      Una vez que hubo aterrizado todo pensamiento de atacar dejó las mentes de todos los que estaban ocupados con la defensa de Norteamérica. La aeronave se alzaba cerca de un kilómetro y daba la inquietante impresión de ser capaz de derrotar a todas las fuerzas armadas de Estados Unidos sí lo deseaba, aunque al parecer no era así. De hecho, no mostró ningún signo de vida, por lo menos en las primeras horas de su visita.
      El gobernador llegó cerca del mediodía, ganando al representante del Departamento de Estado por quince minutos y a los delegados de las Naciones Unidas por tres horas. Vaciló sólo brevemente en el cordón que la Policía del Estado y los Guardias Nacionales habían establecido todo alrededor del campo, y decidió que cualquier riesgo que pudiera estar corriendo tendría más valor en cuanto a la publicidad se refiere, al ser el primero en recibir a los visitantes del espacio.
      Además, la televisión y las cámaras de los noticieros cinematográficos estaban ya emplazadas y apuntaban hacia él. El Honesto Harry Smith se sintió animado cuando las vio. Ordenó al chofer que se acercara a la nave.
      Mientras el coche se iba acercando, escoltado cautelosamente por dos motociclistas y los camiones de la televisión y de los noticieros, surgió el problema de cómo hacer saber a los visitantes la presencia de Su Excelencia. Parecía que no había indicios de entrada a la espectacular aeronave. Presentaba un suave efecto de madreperla que de tan hermoso quitaba la respiración; pero al mismo tiempo parecía frío e inasequible.
      Felizmente, el problema se resolvió cuando estaban a unos pocos metros de la nave. Lo que parecía una parte sólida de un lado de la nave se hundió hacia adentro y una figura salió levemente hacia la tierra.
      La primera gran impresión del gobernador Smith fue de que era un hombre con una extraña máscara y vestidos de carnaval. El alienígena, en otros aspectos humano y bastante guapo según nuestros cánones, tenía una tez de un ligero verde. Recogió la toga de estilo romano que llevaba puesta alrededor de su ágil figura y se aproximó al coche sonriendo. Su inglés sólo tenía un ligero acento. Gramaticalmente hablando era perfecto.
      —Mi nombre es Grannon Tyre Ochocientos Cincuenta y Dos K —dijo el alienígena—. Creo que usted es un oficial de esta… eh… nación. Los Estados?Unidos de Norteamérica, ¿no es así?
      El gobernador se sintió abatido. El había estado, en sus adentros, ensayando una pantomima de bienvenida, pensando en los hombres de la televisión y en los de las cámaras de los noticieros. Se había imaginado a sí mismo levantando su mano derecha en lo que él creía que era el gesto universal de paz, sonriendo abiertamente y a menudo y, en general, haciendo saber a los alienígenas que eran bienvenidos en la Tierra y en los Estados Unidos en general, y en especial en el estado de Connecticut. No había esperado que los visitantes hablaran inglés.
      De todas formas, se le había pedido muy pocas veces que hablara como para no aprovechar la ocasión.
      —Bienvenido a la Tierra —dijo con un floreo que esperó que los chicos de la televisión hubiesen captado—. Esta es una histórica ocasión. Sin duda alguna, las futuras generaciones de su pueblo y del mío mirarán hacia atrás hacia esta hora llena de felicidad…
      Grannon Tyre 1852K sonrió nuevamente.
      —Le pido disculpas, pero ¿era mi apreciación correcta? ¿Es usted un oficial del gobierno?
      —¿Eh? Este.. eh… sí, por supuesto. Soy el gobernador Harry Smith, de Connecticut, este próspero y feliz estado en el que han aterrizado. Para proseguir…
      El alienígena dijo:
      —Si no le molesta, tengo un mensaje del Graff Marin Sidonn Cuarenta y Ocho L. El Graff me ha encomendado que les diga que sería un placer para él que ustedes informaran a todas las naciones, razas y tribus sobre la Tierra de que él cita a sus representantes, exactamente dentro de uno de sus meses terráqueos a partir de hoy. Tiene un importante mensaje que dirigirles.
      El gobernador se recompuso y quiso tomar el control de la situación.
      —¿Quién? —preguntó dolorosamente—¿Qué tipo de mensaje?
      Grannon Tyre 1852K aún sonreía, pero lo hacía con la paciente sonrisa que uno utiliza con los inferiores o con los niños recalcitrantes. Su voz era un poco más firme, y tenía un leve toque de orden.
      —El Graff les pide que informen a todas las naciones del mundo para que reúnan a sus representantes dentro de un mes a partir de ahora para recibir el mensaje. ¿Está claro?
      —Sí. Creo que sí. ¿Quién…?
      —Entonces eso es todo, por el momento. Buenos días.
      El verde alienígena se volvió y caminó hacia la nave del espacio. La puerta se cerró detrás de él silenciosamente.
      Nunca antes había habido nada como el siguiente mes. Fue un período de júbilo y de miedo, de anticipación, y de presagios, de esperanza y de desesperación. Mientras que los delegados de toda la Tierra se reunían para oír el mensaje del visitante del espacio, la tensión creció a lo largo y a lo ancho de todo el mundo.
      Científicos y salvajes, políticos y revolucionarios, banqueros y vagabundos, esperaban lo que estaban seguros que cambiaría el curso de sus vidas. Y cada uno deseaba una cosa y temía otra.
      Los columnistas de los diarios, los comentaristas de radio y los opinadores de todas clases especulaban interminablemente sobre las posibilidades del mensaje. Aunque había algunos que lo esperaban llenos de alarma, el conjunto en su totalidad creía que los alienígenas abrirían una nueva era para la Tierra.
      Se esperaba que fueran revelados secretos científicos que estaban más allá de los sueños de los hombres. Las enfermedades serían barridas de la Tierra en una noche. El Hombre tomaría su lugar al lado de estas otras inteligencias para ayudar a gobernar el universo.
      Se hicieron los preparativos para que los delegados se encontraran en el Madison Square Garden en Nueva York. Se había visto, en un primer momento, que los edificios de las Naciones Unidas serían inadecuados. Venían representantes de todas las razas, tribus y países que nunca habían soñado en enviar delegados a las conferencias internacionales tan corrientes en las últimas décadas.

***

El Graff Marin Sidonn 48L fue acompañado a la reunión por Grannon Tyre 1852K y por un grupo de idénticos alienígenas de tez verde y uniformados, quienes podían ser únicamente tomados por guardias, a pesar de que no llevaban armas a la vista, ni defensivas ni ofensivas.
      El mismo Graff parecía un caballero bastante amable, un poco más viejo que los otros visitantes del espacio. Su paso era un poco más lento y su túnica más conservadora que la de Grannon Tyre 1852K, quien era evidentemente su ayudante.
      Aunque dio todas las muestras de cortesía, el gran número de personas que le estaban enfrentando parecía irritarle, y daba la impresión de que cuanto antes terminara, mejor.
      El presidente Hanford de los Estados Unidos abrió la reunión con unas pocas y bien escogidas palabras, resumiendo la importancia de la conferencia. Luego presentó a Grannon Tyre 1852K, quien también fue breve, pero que arrojó la primera bomba, aunque una buena mitad de la audiencia no reconoció al principio el significado de sus palabras.
      —Ciudadanos de la Tierra —comenzó, les presento al Marin Sidonn Cuarenta y Ocho L, Graff del Sistema Solar por mandato de Modren Uno, Gabon de Carthis, y, consecuentemente, Gabon del Sistema Solar incluyendo al planeta Tierra. Puesto que el idioma inglés parece ser lo más cercano a uno universal en este mundo, su Graff se ha preparado para poderse dirigir a ustedes en esa lengua. Creo tener entendido que han sido instalados aparatos de traducción para que los representantes de otros idiomas puedan seguirle.
      Se volvió hacia el Graff, aplanó su mano derecha sobre su pecho y luego la extendió hacia su jefe. El Graff respondió al saludo y se adelantó hacia el micrófono.
      Los delegados se levantaron y le aclamaron, los gritos duraron diez minutos, extinguiéndose finalmente cuando el alienígena mostró un poco de incomodidad. El presidente Hanford se levantó, elevó sus manos y pidió orden.
      El clamor murió y el Graff miró hacia su público.
      —Esta es una extraña reunión —comenzó—. Durante más de cuatro decals, lo que grosso modo hace cuarenta y tres años de los vuestros, yo he sido Graff de este Sistema Solar, primero bajo Toren Uno, y, más recientemente, bajo su sucesor Morden Uno, presente Gabon de Carthis, lo que, como ya ha puntualizado mi asistente, le hace Gabon del Sistema Solar y de la Tierra.
      De todos los presentes en el Garden, Larry Kincaid, de la Associated Press, fue el primero en captar el significado de lo que se estaba diciendo.
      —Nos está diciendo que somos su propiedad. ¡Que Charlie Fort nos ampare!
      El Graff continuó:
      —En estos cuatro decals no he visitado la Tierra, pero he pasado mi tiempo en el planeta que ustedes conocen como Marte. Esto, les aseguro, no ha sido a causa de que no estuviera interesado en sus problemas y en su bienestar como debe estarlo un eficiente Graff. Casi siempre ha sido tradición de los Gabons de Carthis el no hacerse conocidos para los habitantes de sus planetas hasta que no hayan llegado como mínimo a un estado de desarrollo H-Diecisiete. Desafortunadamente, la Tierra sólo ha alcanzado el H-Cuatro.
      Un bajo murmullo se estaba desparramando por la sala. El Graff se detuvo un momento, luego dijo amablemente:
      —Imagino que lo que estoy diciendo hasta ahora significa casi un golpe. Antes de que continúe, permítanme hacer un breve resumen. La Tierra ha sido, por un período más largo del que recuerdan vuestras historias, una parte del Imperio Carthis, que incluye todo este Sistema Solar. El Gabon, o quizá ustedes lo llamarían Emperador, de Carthis señala un Graff para que supervise cada uno de sus sistemas solares. Yo he sido su Graff durante los pasados cuarenta y tres años, fijando mi residencia en Marte, más que en la Tierra, a causa de su bajo nivel de civilización.
      »De hecho —continuó, algo meditabundo—, la Tierra no ha sido visitada más de un par de veces por los representantes de Carthis en los pasados cinco mil años. Y, por lo general, esos representantes fueron tomados por alguna manifestación sobrenatural por los pueblos de ustedes, más que usualmente supersticiosos. Por lo menos, es bien sabido que ustedes tienen la costumbre de tomarnos por dioses.
      El murmullo aumentó entre la gran audiencia hasta llegar al punto de que el Graff ya no podía ser escuchado. Finalmente, el presidente Hanford, pálido, se adelantó hacia el micrófono y levantó sus manos otra vez. Cuando se obtuvo una calma razonable, se volvió hacia el hombre verde.
      —Sin duda alguna, nos llevará a todos nosotros un tiempo considerable asimilar todo esto. Todos los delegados reunidos aquí probablemente tienen preguntas que les gustaría hacerle a usted. De todas formas, creo que una de las más importantes y una que todos tenemos en mente es ésta… Usted ha dicho que ordinariamente no se hubieran dado a conocer hasta que nosotros hubiéramos llegado a un desarrollo de, creo que usted ha dicho, H-Diecisiete… y ahora nosotros estamos en un H-Cuatro. Por qué se han dado a conocer ahora? ¿Qué circunstancias especiales los han obligado a ello?
      El Graff asintió.
      —Estaba a punto de llegar a eso, señor Presidente —se volvió nuevamente hacía los delegados, que ahora estaban callados—. Mi propósito al visitar la Tierra ahora ha sido para anunciarles que ha sido hecho un tratado internacional entre el Gabon de Carthis y el Gabon de Wharis mediante el cual el Sistema Solar entra a formar parte del Imperio de Wharis, a cambio de ciertas consideraciones entre los planetas de Aldebarán. A corto plazo, pasarán a ser súbditos del Gabon de Wharis. Yo he sido llamado de vuelta a mi mundo y vuestro nuevo Graff, Belde Kelden Cuarenta y Ocho L, arribará en fecha próxima.
      Dejó que sus ojos se posaran sobre ellos gentilmente. Había un toque de piedad en ellos.
      —¿Hay alguna otra pregunta que deseen hacer?
      Lord Harricraft se levantó en su mesa directamente delante de los micrófonos. Estaba obviamente conmovido.
      —No puedo tomar una posición oficial hasta que haya consultado con mi gobierno, pero lo que me gustaría preguntar es lo siguiente: ¿qué diferencia habrá, para nosotros, con este cambio de Graffs, o incluso de Gabons? Si la política es la de dejar a la Tierra sola hasta que la raza llegue a un estado mayor de desarrollo, esto nos afectará poco; si no es así, durante ese lapso, ¿qué sucederá?
      El Graff habló tristemente:
      —Aunque ésa ha sido siempre la política de los Gabons de Carthis, sus anteriores gobernantes, no es la política seguida por el presente Gabon de Wharis. De todas formas, yo solamente puedo decirles que su nuevo Graff, Belde Kelden Cuarenta y Ocho L, llegará en pocas semanas y sin lugar a dudas explicará su política.
      Lord Harricraft se mantuvo de pie.
      —Pero usted debe de tener alguna idea de lo que este nuevo Gabon quiere de la Tierra.
      El Graff dudó y luego dijo lentamente:
      —Se sabe que el Gabon de Wharis tiene gran necesidad de uranio y de otros varios elementos raros que se encuentran aquí en la Tierra. El hecho de que se haya señalado a Belde Kelden Cuarenta y Ocho L como su nuevo Graff es un indicio, puesto que este Graff tiene una amplia reputación de éxitos en todas las explotaciones exteriores de los nuevos planetas.
      Larry Kincaid hizo una mueca burlona a los otros periodistas que estaban en la mesa de la prensa:
      —¡Nos chingaron y ni nos dimos cuenta!
      Monsieur Pierre Bart se levantó.
      —Entonces se puede esperar que este nuevo Graff Belde Kelden Cuarenta y Ocho L, bajo la dirección del Gabon de Wharis, comenzará una explotación en toda regla de los recursos del planeta, transportándolos a otras partes del imperio de su Gabon.
      —Me temo que eso sea lo correcto.
      El presidente Hanford habló otra vez:
      —¿Pero no podremos decir nada acerca de ello? Después de todo…
      El Graff dijo:
      —Incluso en Carthis y bajo la benevolente guía de Modren Uno, el Gabon más progresista de la Galaxia, un planeta no tiene voz en su imperio hasta que no haya alcanzado un desarrollo de H-Cuarenta. Como pueden ver, cada Gabon debe considerar el bienestar de su imperio como una totalidad. Él no puede verse afectado por los deseos o incluso las necesidades de las más primitivas formas de vida en sus varios planetas atrasados. Desafortunadamente…
      Lord Harricraft estaba intensamente rojo de indignación.
      —Pero esto es prepotencia —farfulló—. Nunca se ha oído acerca de…
      El Graff levantó su mano fríamente:
      —No tengo ningún deseo de discutir con ustedes. Como ya he dicho, yo ya no soy el Graff de vuestro planeta. De todas formas, puedo puntualizar unos pocos hechos que hacen que la indignación de ustedes esté un poco fuera de lugar. A pesar de mi residencia en Marte, he hecho el esfuerzo de llevar a cabo una investigación intensa de su historia. Corríjanme si estoy equivocado en lo que sigue.
      »La nación en la que estamos teniendo nuestra conferencia son los Estados Unidos. ¿No es verdad que en mil ochocientos tres los Estados Unidos compraron aproximadamente dos millones de kilómetros cuadrados de su presente territorio al emperador francés Napoleón por la suma de quince millones de dólares? Creo que se llama la Adquisición de Louisiana.
      «También creo que el territorio de Louisiana estaba habitado en su mayor parte y casi exclusivamente por tribus amerindias. ¿Habían oído hablar alguna vez estas tribus de los Estados Unidos o de Napoleón? ¿Qué les sucedió a esta gente cuando trató de defender sus hogares de los extranjeros blancos?—señaló a Lord Harricraft—. ¿O quizá deba referirme más directamente al país de usted? Entiendo que usted representa al poderoso Imperio Británico. Dígame, ¿cómo fue adquirido originalmente Canadá? ¿O África del Sur? ¿O la India? —se volvió hacia Pierre Bart—. Y usted, creo, representa a Francia. ¿Cómo fueron adquiridas sus colonias del norte de África? ¿Ustedes consultaron con los nómadas que vivían allí antes de tomar su control?
      El francés farfulló:
      —¡Pero ésos eran atrasados bárbaros! Nuestra asunción del gobierno sobre el área era para el beneficio de ellos y el del mundo como una totalidad.
      El Graff se encogió de hombros tristemente.
      —Me temo que ésa sea exactamente la misma historia que oirán de su nuevo Graff Beldé Kelden Cuarenta y Ocho L.
      Repentinamente la mitad de la sala se levantó. Los delegados estaban de pie en sillas y mesas. Los gritos se elevaron, amenazas, histérica defensa.
      —¡Lucharemos!
      —¡Mejor la muerte que la esclavitud!
      —¡Nos uniremos para la defensa contra los alienígenas!
      —¡Abajo con la interferencia de otros mundos!
      —¡LUCHAREMOS!
      El Graff esperó hasta que el primer fuego de protesta se hubiera consumido, entonces levantó sus manos pidiendo silencio.
      —Yo les recomiendo que no hagan nada para oponerse a Beldé Kelden Cuarenta y Ocho L, de quien se sabe que es un Graff despiadado cuando encuentra oposición entre sus inferiores. Ejecuta estrictamente las órdenes del Gabon de Wharis, quien usualmente lleva a cabo la política de aplastar esas revueltas y luego cambiar a la población entera a planetas menos acogedores, en donde serán forzados a mantenerse a sí mismos lo mejor que puedan.
      »Y puedo añadir que en algunos de los planetas del Imperio de Wharis eso es bastante difícil, si no imposible.
      El ruido a través de toda la sala estaba comenzando a elevarse otra vez. El Graff se encogió de hombros y se volvió hacia el presidente Hanford.
      —Me temo que debo irme ahora. No hay nada más que decir por mi parte —se volvió hacia Grannon Tyre 1852 K y su guardia.
      —Un momento —dijo el presidente urgentemente—. ¿No hay nada más? ¿Alguna advertencia, alguna palabra de ayuda?
      El Graff suspiró.
      —Lo lamento. Ahora ya no está en mis manos —pero se detuvo y pensó por un momento—. Hay una cosa que puedo sugerir que puede ayudarles considerablemente en sus tratos con Beldé Kelden Cuarenta y Ocho L. Espero que, al decirlo, no hiera sus sentimientos.
      —Por supuesto que no —el presidente murmuró esperanzado—. El destino del mundo entero pende de un hilo. Cualquier cosa que pueda ayudar…
      —Bueno, entonces, debo decir que me considero completamente libre de prejuicios. No significa nada para mí que una persona tenga la piel verde, amarilla o blanca, marrón, negra o roja. Algunos de mis mejores amigos tienen extraños colores de piel.
      »Sin embargo…, bueno, ¿no tienen ninguna raza en este planeta con la tez verde? Se sabe que el Graff Belde Kelden Cuarenta y Ocho L es extremadamente prejuicioso contra las razas de diferentes colores. Si ustedes tuvieran algunos representantes de piel verde para recibirle…
      El presidente le miró fija y calladamente.
      El Graff estaba desilusionado.
      —¿Quiere decir que no hay razas en la Tierra de piel verde? ¿O, al menos, azul?