Esta nota sale tarde: ya ha comenzado, ahora que escribo, el homenaje al poeta mexicano David Huerta cuyo programa copio más abajo. Pero no podía dejar pasar la ocasión de avisar del homenaje, que se celebra con motivo de sus sesenta años, ni de unirme a él aunque fuera con una nota como ésta.

David Huerta, para decirlo rápido, ha sido mi mejor, mi más querido maestro. No soy poeta pero tuve la oportunidad de participar en un seminario impartido por él una semana cada año, en diferentes sedes, a lo largo de la mayor parte de los años noventa. Y leerlo, escucharlo, conversar con él ha sido una de las experiencias fundamentales de mi vida de escritor.
      No es solamente por todo lo que aprendí, que fue mucho. Antes de sus clases nunca se me había ocurrido, por ejemplo, plantearme la idea de la dignidad del trabajo de escribir, que es un placer –o más vale que sea un placer para quien escribe– pero no es un juego y merece su respeto tanto de los demás como de uno mismo.
      (Cuando escribía, de chico, era como cuando leía: no estaba «haciendo» nada y podía ponérseme a hacer algo útil como ir a comprar refrescos o avisar a quienes estaban viendo la tele que ya estaba la comida…)
      Antes de sus clases nunca había descubierto, tampoco, a nadie con tal capacidad de trabajo, de atención y discernimiento. Ya fuera dirigiendo una discusión sobre la obra de Octavio Paz que otra sobre Cervantes; ya fuera dando una lección él mismo o moderando las ponencias de otros, David siempre estaba al tiro, siempre atento a lo que sucedía a su alrededor, siempre listo para ofrecer ideas inesperadas o inferencias nuevas sin perder el hilo de lo que decía.
      Y antes de sus clases no sabía hasta qué punto puede la literatura convertirse en parte de la vida, sin más adjetivos: cuánto pude nutrir todo lo demás que se hace y se vive y a la vez enriquecerse con todo lo que se hace y se vive. Conversar con él era –es– saltar del canon de occidente (el centro de un seminario buenísimo, a propósito del famoso libro de Harold Bloom) al futbol y a la actualidad de los periódicos y a las referencias más nuevas y a los versos del Siglo de Oro, que por mucho tiempo ya han sido uno de sus temas centrales de su trabajo como investigador. Todo vale, todo es interesante, todo se conecta y se convierte en parte de la existencia.
      ¡Y qué existencia! De David Huerta aprendí, en fin, que la literatura puede ser una pasión colocada en el centro de la vida, por la que vale vivir, y eso no lo olvidaré.
      Leo sus poemas, que de hecho fueron una de mis puertas de entrada al mundo de la poesía, como muchos otros lectores que lo admiran y se asombran, sea con pasajes largos y dolorosos como los de Incurable o con imágenes nítidas, precisas, sorprendentes, como las de Versión o La música de lo que pasa. Leo y me asombro, y gozo. Y al rato iré, al menos, a la última parte del homenaje.

David Huerta<br />(fuente: blogs.cas.suffolk.edu/enterate/)

David Huerta
(fuente: blogs.cas.suffolk.edu/enterate/)

EL COLEGIO DE LETRAS HISPÁNICAS
DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
Y
LA CASA DEL POETA RAMÓN LÓPEZ VELARDE

invitan al
HOMENAJE A DAVID HUERTA
SESENTA AÑOS AQUÍ
jueves 22 de octubre / Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras

10:00 hs.: Inauguración

10:15 hs.: David Huerta en persona
Federico Campbell
Christopher Domínguez Michael
Ernesto Lumbreras
Francisco Martínez Negrete
Moderador: Josu Landa

12:00 hs.: La poética de David Huerta
Luis Cortés Bargalló
Miguel Manríquez
Carlos Ulises Mata
Sergio Ugalde
Moderadora: Blanca Estela Treviño

14:00 hs.: La palabra incurable I
María Rivera Lauri García Dueñas
César Arístides Víctor Cabrera
Luis Felipe Fabre Luis Flores
Leopoldo Laurido Eduardo Uribe
Moderador: Alfonso Vázquez Salazar

16:00 hs.: La palabra incurable II
Coral Bracho
Alicia García Bergua
Eduardo Hurtado
(Se leerán textos de Elsa Cross y Antonio Deltoro)
Moderador: Carlos Oliva

18:00 hs.: Sesenta años aquí
David Huerta
Marcelo Uribe
Moderador: Salvador Gallardo Cabrera

20:00 hs.: Clausura
Josu Landa