Hace un par de semanas, circuló en Twitter este juego: mencionar 30 libros significativos a partir de una lista propuesta en el blog llamado, apropiadamente, 30 libros. El juego me gustó porque no se trataba de hacer una lista de “los mejores libros del mundo” ni nada semejante, sino de encontrar relaciones entre la lectura y la vida, lo que siempre es enriquecedor y, cuando es difícil, lo es de formas interesantes. Varios amigos hicieron sus propias listas (está por ejemplo la de mi querido Bernardo Fernández “Bef”) y me han permitido atisbar en sus propias vidas por medio de ellas.
      Hice el juego en Twitter y luego los amigos de Ultramarina Cartonera publicaron una versión ampliada de mis respuestas. Ahora, amplío la lista un poco más aquí, de modo que cada título tenga una breve explicación de por qué lo elegí, y pongo de encabezado la ilustración que ellos crearon, con gracias y disculpas a partes iguales.
 

Fuente: http://editorialultramarina.com/2011/08/17/30libros-alberto-chimal/

 
1. Uno que leí de una sentada: La historia interminable de Michael Ende
Fue en 1995; comencé a las 4 de la tarde de un jueves y terminé a las 3 de la mañana del siguiente día, estremecido. Estaba cansado pero no hubiera podido dormir. Mi mente parecía correr, a toda velocidad, por otra parte, muy diferente del cuarto en el que estaba, y del mundo.

2. Uno que me demoré mucho en leer: Terra nostra de Carlos Fuentes (1979-1998)
Desde luego, no es que sea un libro malo: aunque no me parece enteramente logrado, es un libro hermoso, que va de lo erótico a lo grotesco, y de una ambición que, sospecho, no tiene igual en la literatura en español: no sé de otro con una intención de resumir entera la cultura y la historia de un idioma. Pero lo comencé en mal momento: tenía ocho años y, por supuesto, no pude con él. Posteriormente lo fui calando y por fin, en el 98, me encerré a leerlo, literalmente, en una plataforma petrolera. Pero eso es una historia para otra ocasión…

3. Uno que sea un placer culposo: La serie A Song of Ice and Fire de George R. R. Martin
Desde luego, lo que se debe preguntar es por qué deberían ser culposos los placeres de la lectura. Por otra parte, desde luego, muchas personas despreciarán los libros de Martin, que no tienen más pretensiones que dejarse leer placenteramente y enganchar a sus lectores con sus constantes sorpresas y vueltas de tuerca. Debo decir que la serie fue una ganga comprada digitalmente…, pero la historia de esto también es para una nota posterior.

4. Uno que le gusta a todos (o a muchos) pero no a mí: el conjunto 2666 de Bolaño (las partes 4 y 5 son geniales, eso sí)
En Twitter, alguien respondió a esto diciendo que todo el mundo tenía sus dos secciones favoritas de 2666 y renegaba del resto. No sé si será verdad. Tampoco si, de ser verdad, significará algo. En todo caso prefiero otros libros de Bolaño, y no son de los póstumos.

5. Uno de viajes: Los autonautas de la cosmopista de Julio Cortázar y Carol Dunlop
Pocas personas reparan en este libro tardío de Cortázar, escrito alrededor de un proyecto alocado: un viaje de varios días por una autopista francesa que se puede recorrer en horas. Un viaje encantador y extraño porque vuelve raro lo rutinario y encuentra maravillas donde no las hay.

6. Uno de un Nobel: Barrabás de Pär Lagerkvist
Cuántos autores premiados con el Nobel caen en el olvido… La mayoría lo merece probablemente, pero no Lagerkvist, quien hace en esta novela corta el ejercicio de crear una historia propia a partir un texto clásico (de los Evangelios, por supuesto), pero convierte a su personaje –quien juega un papel crucial pero ínfimo en el episodio de la crucifixión– en un emblema de la angustia contemporánea ante el vacío: esa otra figura de la muerte.

7. Uno muy divertido: Historias de cronopios y de famas de Cortázar
A su modo, los cuentos de Cortázar son mejores que sus novelas. Y esta colección, creo, es la más entretenida de todas, y tal vez hasta la mejor, aunque no parezca tan profunda como Todos los fuegos el fuego ni tan inquietante como Final del juego. Otro libro divertidísimo en el que pienso ahora es un hallazgo de mi querida Raquel Castro: Arca de Noé. Clase turista de Ephraim Kishon.

8. Uno para leer por fragmentos: “El libro de la imaginación” de Edmundo Valadés
Este libro es una auténtica cámara de maravillas: una reunión de historias ultracortas que que en principio no estaban pensadas como minificciones (algunas son extractos de libros mayores) pero que pueden leerse perfectamente como cuentos brevísimos: pequeños fragmentos de maravilla u horror. Como la colección está dividida en secciones temáticas, es prácticamente seguro que habrá al menos un texto que satisfaga a cualquier posible lector.

9. Uno con una excelente versión cinematográfica: El resplandor de Stephen King
La versión es la de Stanley Kubrick, claro, que al propio King no le gustó. Por otra parte, ay, la versión “autorizada” del propio King es una miniserie insufrible que (además) “toma prestadas” varias escenas de la película de Kubrick.

10. Uno con una pésima versión cinematográfica: From Hell de Alan Moore y Eddie Campbell
Una novela gráfica extraordinaria sobre la época victoriana se “convirtió” en una película más sobre asesinos en serie y conspiraciones. ¿Por qué los historietistas tendrán, en general, tan mala suerte con las adaptaciones cinematográficas?

11. Uno que me haya motivado a visitar algún lugar: Borges. Una biografía literaria de Emir Rodríguez Monegal
En el libro supe que la última residencia de Borges en Buenos Aires había sido en un edificio de la calle Maipú. Años más tarde fui a Buenos Aires y encontré la calle y el lugar y me sentí como una especie de peregrino.

12. Una biografía: Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos de Emmanuel Carrére (sobre Philip K. Dick)
La biografía que escribe Carrére es la de un hombre que escribe historias sobre ideas y experiencias tremendas, muy profundas, tal como se manifiestan en su propia vida y en una imaginación prodigiosa. En ella se responden varios enigmas (por qué la ciencia ficción es la forma más apropiada para esas historias, por ejemplo) y otros se profundizan (¿Dick realmente creyó en esas visiones hacia el final de su vida?).

13. El primer libro que leí en la vida: Mitos y leyendas
Una colección preciosa, que conservo, de historias clásicas, hermosamente ilustradas. Me fascinaron los cuentos rusos, la historia de Urashima el pescador y su versión de El anillo de los nibelungos; además, allí venían varias historias de un escritor notable del siglo XVI, Giambattista Basile.

14. Uno que haya odiado hace años y hoy admire: Los de abajo de Mariano Azuela
Libros como el de Azuela se forzaban de muy mal modo en escuelas. Los profesores de entonces parecían tener la misión de alejarnos de la lectura al volverla una carga insoportable. Más tarde pude leerlo por interés, y no por obligación, y apreciarlo.

15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniegue: Las corrientes del espacio de Isaac Asimov
Me gustaría mucho no haber perdido el placer de leer a Asimov, pero mucho de su escritura me parece ahora torpe, formulaico. De un texto autobiográfico de él aprendí, eso sí, que existían los escritores: que las historias no venían ya hechas en los libros…, y ahora que releo estas palabras recuerdo cierta poesía ocasional, rara, de nombres y lugares. Por ejemplo, en esta novela que menciono, alguien lee el Tratado de instrumentación analítica espacial de Wrijt. (¿Qué será semejante libro?)

16. Uno ruso que sí haya leído: Crimen y castigo de Fiodor Dostoievsky
Otra pregunta rara: ¿realmente la gente no lee a los autores rusos? La verdad, no creo que tengan una preferencia especial de los “no lectores”. Otro ruso que recuerdo ahora: Pícnic sobre el hielo de Andrei Kurkov. Y uno que releí apenas hoy: una colección de cuentos de Antón Chéjov.

17. Uno de este año: 36 toneladas de Iris García
Espero escribir pronto sobre esta novela: si continúa como hasta ahora, su autora puede llegar a ser nuestra propia Patricia Highsmith…

18. El que más veces he leído: ha de ser Ficciones de Jorge Luis Borges
Hace tiempo que no lo releo pero recuerdo claramente todos los textos y puedo citar más de un pasaje. No sólo es un libro fascinante, sino que cambió todo lo que pensaba sobre el escribir y la libertad del escribir: me abrió puertas que no se han cerrado…, y aunque Borges es un maestro peligroso, que puede comerse fácilmente a quienes tratan de imitarlo, también es generoso y ameno: más estimulante cuando es más difícil.

19. Uno que me haya sorprendido por bueno: Congreso de futurología de Stanislaw Lem
Lo leí en la preparatoria sin tener idea de quién era Lem. Pensé que sería un libro más de ciencia ficción y resultó ser, en efecto, de ciencia ficción, pero también una novela incisiva, cruel, muy certera a la hora de retratar muchos males de la vida moderna, desde la ceguera de la burocracia hasta la afición a las drogas “legales”.

20. Uno que me haya sorprendido por malo: El cuerpo de Hanif Kureishi
Kureishi es un autor excelente, pero esta colección de cuentos largos y una novela corta (que da título al conjunto) venía anunciada como “el Frankenstein del siglo XXI”…, y no lo es. En particular la novela corta es una versión poco inspirada de muchos clichés de la literatura de anticipación. Lástima.

21. Uno de cuentos: ya mencioné varios, pero va otro: Los 25 mejores cuentos negros y fantásticos de Jean Ray
Una maravilla. Jean Ray, autor belga, es considerado uno de los tres autores esenciales de la literatura fantástica del siglo XX, junto con Tolkien y Lovecraft, por Fernando Savater (así lo dice en su prólogo a la novela Malpertuis de Ray) y creo que tiene razón. Un vistazo de este libro de cuentos, que contiene varias historias prodigiosas, está en esta página.

22. Uno de poemas: El otoño recorre las islas de José Carlos Becerra
Con Becerra descubrí la poesía mexicana y mucho de la poesía a secas. Fue el primer poeta que leí con cuidado y en el que pude descubrir al mismo tiempo la pasión y el lenguaje. Después han venido otros pero creo que este libro, que reúne la obra casi completa de Becerra luego de su muerte temprana, puede ser una muy buena introducción a la poesía (y sobre todo, en la adolescencia o en la primera juventud).

23. Uno que me gustaría volver a leer en la vejez: Yo que he servido al rey de Inglaterra de Bohumil Hrabal
Este libro tiene una trama muy interesante y compleja, así como un personaje central entrañable y bastante enigmático, pero sobre todo tiene una conclusión agridulce que no contaré pero se refiere a una vejez solitaria pero no amarga, con el telón de fondo de un mundo terrible pero en el que es posible escapar del mal siquiera temporalmente. A veces se habla de la prueba final en la espera de la muerte; un libro como éste puede ser, quizá, una forma de consuelo o fortaleza.

24. Uno que no le prestaría a nadie: mi ejemplar de la primera edición de La noche de Francisco Tario
El libro es la edición de cubierta amarilla de la Antigua Librería Robredo, de 1943. Dicen que el buscar esas ediciones raras identifica a los auténticos devotos de Tario, pero yo no estaba pensando en eso: quería leer esos cuentos, no los hallaba por ningún lado y los hallé ahí. Los disfruté como pocas cosas. Y no, no lo presto.

25. Uno para aprender a perder: Triste, solitario y final de Osvaldo Soriano
Su título lo dice todo. Para amplificar, diré que la novela de Soriano se trata del perder, del ser postergado y el permanecer con vida a pesar de que la sensatez, o el cinismo, parezcan exigir lo contrario. Al mismo tiempo, por otro lado, es una novela policiaca y un retrato del propio autor, quien se coloca como personaje al lado de Stan Laurel y el mismísimo Philip Marlowe.

26. Uno que asocie con la música que me gusta: Auliya de Verónica Murguía
Los libros no necesitan música, por supuesto, y casi siempre lo mejor para acompañarlos es el silencio. Pero cuando en esta novela, que es una hermosa historia fantástica ambientada en la antigua Arabia, recuerdo un disco del Kronos Quartet: Pieces of Africa, que me recuerda al mismo tiempo su ambiente, su clima, la distancia de sus habitantes respecto de lo “cotidiano” de un lector en este país y este tiempo, y sus sugerencias de magia y descubrimiento.

27. Un libro que me regalaron y no me gustó: Los vientos de la libertad de Dean Rusk
Este libro es una colección de discursos de un político del régimen de Nixon. Me lo regaló una novia: era no sólo un libro aburrido, y más bien desagradable en su redacción y sus ideas, sino un ejemplar muy maltratado en un paquete forrado de cualquier manera. Supe que había tomado el primer libro que se le había puesto enfrente. Supe también que era un mensaje bastante claro. Poco tiempo después me mandó a volar. Debo decir que no lo sentí demasiado.

28. Uno que me haya asustado: El umbral de la noche de Stephen King
Ay, el cuento del náufrago. Ay. Cambiaría varias novelas de King sólo por esas páginas (cuyo título es “El sobreviviente”). Otro cuento semejante en su intensidad y capacidad de horrorizar es “El testamento de Magdalen Blair” de Aleister Crowley.

29. Uno que me haya robado: Levi-Strauss o el nuevo festín de Esopo de Octavio Paz
No me siento orgulloso de esto: lo tomé en una tienda (de adolescente, todavía en el siglo XX) para ver si me atrevía a intentarlo. No recuerdo por qué elegí ese, ni por qué creía que debía intentar algo así, si para sentirme valiente o qué. Salí sin que me descubrieran. Luego leí el libro, que es bastante bueno pero de ningún modo uno que marcara mi vida. Si me hubieran atrapado –si la hubiera marcado así– todo habría sido aún más absurdo. No he vuelto a robar ningún libro.

30. Uno que pueda salvar vidas: El caballero inexistente de Italo Calvino 
No es de autoayuda, de primeros auxilios ni nada parecido, pero a mí me salvó: fue el primer libro que leí tras la muerte de mi madre, con la que tuve una relación complicada y muy difícil. Su muerte había sido a partes iguales dolor, alivio a pesar del dolor y culpa por el alivio: compré ese libro por el título, sin saber nada de él, y en él descubrí que el mundo seguía su marcha, o al menos la seguían los muchos mundos de los libros, que podían existir sin Calvino, sin mis seres queridos y sin mí.