Ayer murió Carlos Fuentes en la ciudad de México. Con esa muerte, desde luego, se acaba una era: la del escritor poderoso más allá de la literatura y relevante al mismo tiempo como intelectual, figura pública y, sobre todo, icono. Desde la narrativa, y en especial desde la novela, Fuentes pasó a convertirse en un opinador con auténtico peso en las opiniones del poder político. También fue una referencia ineludible de las élites mexicanas. También lo fue (lo será todavía, por muchos años) de los programas educativos.

Sólo Octavio Paz –desde la poesía– pudo rivalizar con él. Ahora Fuentes muere casi a la misma edad que tenía Paz al morir en 1998. Muchos escritores han intentado modelar sus carreras literarias a partir de las de ellos dos, pero ahora parece claro que nadie podrá volver a hacer, nunca, lo que ellos hicieron. Ya no estamos en el siglo XX: las élites ya no miran a la cultura como el símbolo de estatus que fue, al poder político le importan más los medios masivos que los intelectuales y el mercado literario global ya no tiene el interés que tuvo por América Latina en los años sesenta. Más aún, la influencia más visible de Fuentes en las generaciones posteriores parece estar en el «imaginario narcisista del escritor mexicano promedio» –así lo ha llamado Julián Herbert–: la actitud arrogante, mamona, machina (quienes la asumen son todos hombres) y más bien ridícula de centenares de aspirantes a autor de éxito, vagamente basada en la imagen pública de Carlos Fuentes.

Hasta aquí, la cuestión que falta mencionar es dónde va a quedar la obra: cuáles de los libros de Carlos Fuentes van a ser recordados como fundamentales. No van a ser los últimos –el declive de su obra tardía fue largo y dañó su reputación: las bromas cuando no ganaba el Premio Nobel se volvían más crueles a cada año que pasaba– pero muchos consideran que incluso sus títulos más celebrados: La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz, Cambio de piel, son anacrónicos: artefactos de cierta época del siglo XX. También ayer mismo, mientras los medios recogían declaraciones, se formuló varias veces la pregunta de cuál podría ser la obra cumbre de Fuentes, o incluso si realmente había dejado una.

Escribiré sobre eso en la segunda parte de esta nota.

Carlos Fuentes en 1964. Fuente: adnpolitico.com