A las cinco y nueve minutos de la mañana de hoy terminé, por fin, mi segunda novela. Debería haber sido la primera. He trabajado en ella los últimos siete años. Pasar tanto tiempo en el proyecto nunca fue el plan: pensaba terminarla mucho antes, pero una versión inicial se perdió en un accidente de mi computadora y las posteriores han tenido numerosos problemas. No sé qué va a pasar ahora con ella: es larga y rara.
Pero sí sé que al menos pude cumplir con un propósito pequeño, personal, que tal vez suene a poco pero le importa cada vez más a un individuo que, con el tiempo, va viendo cada vez con más claridad la forma de su propia vida y la lista de todo lo que nunca podrá ser. He terminado el libro antes de cumplir los 41 años. Con pocas horas de margen, pero he terminado por fin.
Me acompaña la voz extraña, feliz, de Meredith Monk, recomendación de un amigo querido, a la para celebrar. Va, como pequeño regalo.