Considérese el siguiente diálogo:

X: Aquí está su pago.
Y: No es la cantidad que acordamos.
X: ¿De verdad? Sí, tiene razón. Conté mal. Permítame un momento: voy por el resto del dinero.
Y: No, no se apure. Dejémoslo así. No tiene importancia.
X: ¿Qué dice? Claro que tiene importancia. Le doy lo que acordamos.
Y: No hace falta.

Es posible interpretar de varias maneras lo que sucede, de acuerdo con cuál nos parezca el carácter de los involucrados, en qué circunstancias se encuentren, cuál creamos que sea la intención verdadera de X (pudo haberse equivocado de veras, o pudo haber intentado pagar menos de lo acordado a Y) y cuál el sentido de la reacción de Y (quien puede no tener tanto interés por el dinero, o puede estar mintiendo al respecto, por ejemplo).
La idea del ejercicio es buscar la peor interpretación posible: escribir, ya sea desde el punto de vista de X o del de Y, la historia alrededor del diálogo, pero de tal manera que se vea que el narrador juzga del peor modo posible a su interlocutor y le atribuye las peores intenciones. Se permite inventar todos los detalles adicionales que hagan falta, pero no cambiar las palabras del diálogo propuesto.