Un ejercicio (justamente) de suspenso: redactar un pasaje en tercera persona que cuente cómo un personaje camina por algún lugar cerrado (el interior de una casa, de un edificio) acercándose cada vez más a un asesino que se propone matarlo. El pasaje debe comenzar con una frase que nos indique dónde está el victimario (algo como «el sicario, escondido tras la puerta de servicio, desenfundó y amartilló la pistola») pero a partir de ahí contar los hechos desde el punto de vista de la víctima, quien no sabe (por supuesto) que alguien lo espera con intenciones de atacarlo, ni mucho menos donde está.

El pasaje funcionará si tiene la longitud precisa: no debe ser tan largo que el lector se aburra con una espera demasiado prolongada, ni tan corto que se desaproveche la posibilidad del suspenso: de la preocupación inducida en el lector al darle información que lo haga saber más que los personajes de la historia.

Un fotograma de una película de cine negro