5 sugerencias para elegir un seudónimo

Una persona me preguntó acerca de cómo elegir un seudónimo; tomando de la experiencia de otros y de la mía (sobre la que escribiré un poco más adelante), puedo decir lo siguiente:

Dos seudónimos

Hay muchas circunstancias en las que se llega a adoptar un nombre supuesto, diferente de aquel que se utiliza “normalmente”: una máscara hecha de palabras. Los seudónimos de artistas (y los literarios entre ellos) sólo son más famosos: objeto de más anécdotas.

Ejemplos: el escritor a quien conocemos como Yukio Mishima, y cuyo nombre verdadero era Kimitake Hiraoka, buscaba en principio desligarse de esas dos palabras, que (se dice) no suenan bien en japonés y para él representaban, además, una infancia infeliz; Stendhal se llamaba Marie-Henri Beyle y usó, además del que se recuerda, muchos otros seudónimos, acaso para mantenerse oculto por una especie de temor paranoico, como creía Prosper Mérimée; Flannery O’Connor omitía su nombre propio –Mary– para publicar más fácilmente en un medio literario machista, como tuvieron que hacer también Carson McCullers, Harper Lee, George Eliot, J. H. Riddell, James Tiptree y muchas otras escritoras. (El caso de Elena Ferrante, seudónimo de una escritora muy famosa de la actualidad, es diferente y, desde luego, posterior.)

Yukio Mishima. Clic para ampliar

En todos los casos, por otra parte, el adoptar un seudónimo implica crear un matiz, una influencia que cae sobre los textos. A veces esta influencia es pequeña, otras no es deliberada, pero está presente siempre. El nombre de quien escribe siempre termina siendo parte del proyecto de escritura, y no necesariamente porque sirva de “marca”, como dirían algunos ahora; más aún –y más importante–, tiene la posibilidad de otorgarle una identidad deliberada a lo escrito: de contribuir al sentido de la “obra”, por grande o pequeña que pueda ser, desde la firma.

Flannery O’Connor

Esto puede ser importante para algunos escritores a la hora de comenzar a buscar la publicación. Si su propio nombre no les parece suficiente por cualquier razón, pueden inventarse otro más de su agrado.

1. El seudónimo debe aspirar a ser memorable. Si se va a hacer el esfuerzo de inventarlo, hay que procurar que suene bien, sea contundente y, de preferencia, no resulte difícil de recordar. En los países de habla inglesa se prefieren y hasta se obligan, en ocasiones, seudónimos muy breves y claramente ingleses: Salvatore Albert Lombino, un conocido novelista policial, comenzó a destacarse cuando utilizó sus dos seudónimos más conocidos: Ed McBain y Evan Hunter (de hecho, se hizo cambiar el nombre legalmente para llamarse Evan Hunter)…, pero esto no es, evidentemente, una regla de aplicación universal.

2. El seudónimo debe ser realmente una mejor alternativa que el nombre propio. No siempre es el caso. Dos arrepentimientos famosos: Julio Cortázar publicó su primer libro (un poemario casi olvidado titulado Presencia) con el seudónimo de Julio Denis; César Vallejo consideró, por un tiempo, la posibilidad de hacerse llamar César Perú, como un homenaje a Anatole France.

3. El seudónimo debe ser significativo, primero, para quien lo elige. No es necesario buscar algo que sugiera lo que se pretende escribir; el seudónimo es un recipiente de lo que se escribirá y no al revés.

4. El seudónimo debe pensarse con cuidado. Esto puede parecer una obviedad pero, al contrario de lo que sucede en algunos géneros musicales, un escritor casi nunca tiene la oportunidad de sacar adelante más de un “nombre”: más de un proyecto de escritura. De vez en cuando se sabe del caso de autores muy vendidos o reconocidos –como Stephen King, John Banville, J. K. Rowling o Anne Rice– que se dan “paseos” fuera de su nombre para escribir textos diferentes de los que acostumbran publicar, pero no sólo es raro sino que los textos se conocen más cuando se revela a quién pertenecía el seudónimo. Y el caso de los heterónimos de Fernando Pessoa es, en realidad, único: no se dio por un proceso racional (o racional como podemos entenderlo) y no se puede replicar.

Stendhal. Clic para ampliar

En cuanto a mí, “Alberto Chimal” es un seudónimo muy simple, que elegí de adolescente: lo forman mi segundo nombre, el de mi padre (sobre todo, el que no se usaba para hablarme en la casa familiar), y mi apellido materno (que no se usaba a la hora de pasar lista en las escuelas). Es un intento tímido de independencia. Comencé a publicar pronto (fui escritor joven antes de los veinte y no a los treinta y tantos, como es la norma ahora) y la escasa carrera que pude hacer entonces fijó muy pronto el nombre, cuando menos, en la idea que yo mismo tenía de mi trabajo. Ya no me animé a buscar otro. A veces creo que fue un error y debí haber elegido algo más breve, más alejado del original.

(Otras veces, de más desánimo, pienso que mi país es terriblemente racista y que me hubiera ido mejor con mi apellido paterno, Martínez, que no proviene –como Chimal– de la lengua náhuatl. Pero ese es un asunto aparte.)

En todo caso, por supuesto, hace falta considerar que

5. El mejor seudónimo no suple el escribir bien (interesante, bello, atrayente, como se quiera definir). Se dirá que en esta época, que es la de Kim Kardashian, puede importar más la marca que el producto, la superficie que el interior, la forma que el contenido. Pero el camino de cultivar la propia celebridad, si bien no es ilegal, tampoco es el de la escritura, y requiere otras habilidades y esfuerzos que no vienen al caso en esta nota.

Espero que esto pueda ser útil.

[Esta nota fue ligeramente revisada en agosto de 2017.]

Publicado por

Alberto Chimal

Escritor/Writer

35 comentarios sobre “5 sugerencias para elegir un seudónimo”

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  6. Recordé tu cuento de Grey, La catarata, que de hecho menciona a los que creo son tus dos nombres (y por supuesto no hablo de Berengario ni de Diocleciano). Creo que deberías poner al menos un link o platicar un poco del cuento, de la inquietud atrás y adelante del mismo.
    Es de recordarse también quizá el caso de Rubén Albarrán y el empleo de sus seudónimos temporales (Pinche Juan, Cosme, Gallo Gas, Amparo Tonto Medardo, Rita Cantalagua, Élfego Buendía, SiZu Yabtra) o el de las máquinas de seudonimia temáticas, como aquellas que generan nombres “de la Tierra Media”, etc., a partir del nombre de uno (un generador de estos en el internerd me catafixió el mío por el de Ascaromen y sus variantes Ascaromeniel/Ascaromenion, es difícil no recordar los nombres recibidos en los rituales iniciáticos -como Tiburoncín-, los malos seudónimos o apodos de la escuela o la chamba, etc)
    Trataré, como entretenimiento constructivo, de seguir las instrucciones para enmascararme (¿enmasacrarme?) la identidad con palabras, con el mismo afán luchón de don Mil cáscaras, aunque sólo logre unas ralas palabarbas para atrapar un poco de la lluvia de estas tardes.
    Saludos.

  7. Hola Alberto:

    A mí me gusta mucho escribir bajo el pseudónimo de Felipe Kadick (por aquello de mi paranoia) pero ahora me está gustando más Paul T. Ergeist (por algunos otros demonios internos y no menos despreciables) 😀

    Saludos y un abrazo…

    Paul T. Ergeist

  8. Que personalidad más intrínceca podemos encontrar, cuando nos autonombramos de otra forma, una máscara cuyo velo es de la mas sutil poesía. un silencio nombrado, una esperanza volátil.

    Gillian

  9. …Y cuando me referí a las barbas y la lluvia, no lo hacía por el personaje logo de Las historias. Jinete de gallinas que porta un paraguas, cerrado, como bandera. Esa imagen también funciona de modo parecido a un seudónimo (des)enmascarante.

  10. Yo siempre pensé que escribía con un seudónimo. Después me di cuenta de que nunca escribí.

    Me encanta el de Pablo Neruda, es un seudónimo encantador.

    Gracias por todo maestro y que descansen en paz, Saramago y Monsivais.

  11. …¿Y qué tal si, como se dice en Grey, Alberto es en verdad hijo del diablo? ¿Cuál sería entonces ese seudónimo de vastago del maligno?
    El (Chi)mal ya está en él.

  12. Buenos días a todos.

    Mr. Ergeist, ese seudónimo es excelente. 🙂

    Tal vez, Soma, pero la conciencia también puede ser parte del juego del azar, ¿no?

    Lorena/Gillian: la poesía es también parte del juego…

    Yo diría que sí escribes, Fernanda.

    Marie: mi nombre completo es (ay) Mauricio Alberto Martínez Chimal.

    Neftalí, justo acababa de subir el cuento (“La catarata”) cuando publiqué esta nota: lo puedes leer en

    http://www.lashistorias.com.mx/index.php/textos/la-catarata/

    Este cuento salió del mismo impulso del resto de Grey: escribir historias alrededor del tema de los cultos religiosos. Pero creo que es de los mejores del libro porque se conecta a la vez con algo más próximo (a mí) y más remoto (en el tiempo y en la experiencia de la vida: ¿cuándo podemos decir que no tenemos nombre?, ¿cómo nos amoldamos o nos amoldan a esas palabras que, supuestamente, nos significan?). No pensé en nada de esto mientras escribía, pero cada nombre que no prende (creo ahora) es una posibilidad de ser otro y, tal vez, hasta de ser más allá del propio ser diminuto de uno. (¡Si ahora que estaba enfermo me hubieran dado delirios como éste la habría pasado mucho mejor!)

    Te agradezco, también, la observación sobre el seudónimo/jinete de pollo. 😉

  13. Hola, Magay. Es que en esta sección, alternando con las propuestas de siempre, pondré ahora alguna que otra nota con ideas y recomendaciones sobre el oficio. Muy pronto verás otra consigna loca. Saludos y gracias.

  14. Fernando, creo que tienes una confusión a menos, claro que tu segundo nombre sea FELIPE…

    Felipe: nombre masculino de origen griego “Philos-hipos”, su significado “Aquel que es amigo de los caballos”

    Fernando: nombre masculino de origen germánico, es una adaptación de “Fredenand”, derivo en latín “Ferdinandus”, significa del Fran “inteligencia” y de nand “atrevido, osado y voluntarioso”

    Saludos 🙂

  15. Pues ahora tengo una confusión más grande 😀 Según mis fuentes, exacto, tiene que ver con Filipos pero del modo en que me lo explicaron, entendí que había derivado en Ferdinand. Pero ahora que investigo, veo que tienes razón Felipe, voy a reclamar(:D). Y no digo más a riesgo de parecer aún más vanidoso.

    Gracias

  16. ¿cuántas veces actuamos como otros y nos volvemos sin saberlo actantes de algo más o algunos otros, y se hace necesario justificarnos con algo como “ese no era yo”?

    En el número 59 de Luvina, CUENTO MUTANTE (me había llamado la atención la lectura mental que a golpe de vista me daba el título como “cuanto mutante”), viene un cuento de Geney Beltrán, titulado Un falso gemelo, http://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=629&Itemid=48 que tiene que ver con seudónimos, con lo que Geney llama más delante una máscara de tinta, algo muy had hoc con lo que esta personaje hace, como remitente y que puede verse como que los seudonimos son alias para cometer algún tipo de transgresión, sea de trascendencia de cualquier índole no necesariamente delictiva, como simplemente atentar contra la Real Academia de la Realidad, esgrimir el poder de la letra, de la correspondencia, del imaginario (baste con ver lo que produjeron estas cartas del cuento en el personaje lector). En fin, es un cuento que creo recomendable, así como muchos otros que componen esta grandiosa edición número 59.
    ¿Una vez que nombramos un seudónimo nuestro, es verdad que reincidiremos creandonos más a lo largo de la vida imaginativa, aunque sea un alias sólo para ver (y que nos vea) de otro modo el mundo?

    1. Hola, Neftalí. Años después contesto, perdón.
      El seudónimo, como mínimo, se va convirtiendo en parte de la inercia de tu “persona” pública. Tú, que te cambiaste el nombre a “Alí”, debes estar viéndolo ya. Saludos y suerte.

  17. Esa pregunta es de las que, tal vez, no hay que contestar tan de prisa, Neftalí. Si tienes ocasión, por cierto, échale un ojo al último, último texto de ese número de Luvina, que es sobre los mutantes y anexas. 😉

    Saludos…

  18. Hola, caí en este blog buscando reglas para crear un
    seudónimo. Cuando digo reglas me refiero a lo que hay que evitar.
    Tengo pensado uno, el apellido de un comediante inglés que descubrí
    hace poco y me resultó extremadamente inspirador. Su apellido es
    Cook, es muy común pero es fácil de recordar. También dependería
    del nombre que use. Pensé en usar la versión femenina de su nombre,
    pero no me convence. El tema es que no me “veo” con otro nombre
    (léase seudónimo) por el momento. Estoy buscando uno porque quiero
    participar en un concurso literario y nunca antes se me ocurrió
    pensar en un seudónimo. qué opinan? desde ya, gracias!

  19. Hola, mi Nombre real es Joel pero de repente empecé usando Johel pero no significa nada para mí.
    Ahora mis pseudónimos han sido varios pero el que actualmente tengo es, y que pienso usar(Aunque no me convence mucho) es Nihil Otreúm.
    ¿Haber qué me dicen?

  20. Son muy buenos consejos. Yo generalmente uso dos seudónimos:

    – Lo que escribo en Español lo firmo “Fernando Brambila O.”, por acortar el segundo apellido, porque quería que el primero sonara de cierta manera y para distinguirlo un poco de mi padre, que tiene el mismo nombre (y al parecer hay un escultor con el mismo nombre –de vez en cuando es divertido buscar nuestro propio nombre en línea).

    – Lo que escribo en Inglés, he utilizado varios seudónimos, pero en los últimos años ha sido “Yawar”, desde que averigüé el significado gracias a la novela “Yawar Fiesta”, de José María Arguedas.

    Por cierto… aunque supongo que “Mauricio Martínez” tiene cierta resonancia, yo creo que “Alberto Chimal” tiene un muy buen sonido, y que es distintivo.

    En fin, muchas gracias por esta nota.

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