Se ha perdido una niña

Ésta es la portada de Se ha perdido una niña de Galina Demikina (1982), traducción del original ruso (1977) publicada por la Editorial Progreso de la URSS. Haciendo clic en la imagen se ampliará. Éste es el libro que Roberto regala a Ilse en «Se ha perdido una niña».

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Reviso el texto sobre García Márquez. Su centro va a ser la idea siguiente: aquel cliché de que «la realidad siempre supera a la ficción» (al igual que la versión de G. G. M.: «la realidad siempre rebasa a la imaginación») es de hecho una idea fantástica. No tiene sentido sino como metáfora. La vieja historia del balazo en el pie…, aunque tantas personas repitan y repitan las frases como si fueran prueba de algo.

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Ayer, en Metepec, me dijeron que el extracto de Los esclavos que apareció en la antología Grandes Hits no se lee tan bien como lo que aparece en la novela. Es verdad, dije, porque es una versión previa. Pero luego debí ser sincero y lo seré ahora: esa versión inicial realmente no estaba tan bien. Un año de revisiones y los consejos de varias personas (entre ellas varios amigos, y uno que parecía serlo) median entre ella y lo que apareció en el libro. No es la primera vez que esto me sucede cuando me piden textos para una antología. Tal vez debo dejar por completo de publicar textos tan deprisa: aceptar que a mí me salen más o menos bien con mucha más lentitud de lo habitual (eso sí, los «genios instantáneos» me siguen pareciendo patéticos).

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Ayer, en Metepec, también, tuve mi primera lectura de cuentos en años. ¿Cómo pude dejar pasar tanto tiempo? Puedo decirlo: los escuchas, que llenaron el bar 2 de abril, se la pasaron muy bien, y yo igualmente.
      De verdad, ¿cómo pude dejar pasar tanto tiempo? En parte es que no tenía textos nuevos para presentar… y que Los esclavos no es tan divertido para leer en voz alta (es una novela, después de todo, y las novelas están hechas para leerse en silencio, individualmente). Pero ahora habrá ocasión de retomar aquella buena costumbre.

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Una mala costumbre: hasta el momento, he tenido el gusto de que todas las reseñas totalmente desfavorables que he leído sobre Los esclavos son también a) o despreciativas o malévolas y b) escritas por personas que no entendieron nada: que ignoraron por completo diversos aspectos del libro que otros, incluso para hacer reparos, no pasaron por alto.
      Ahora, me entero, hay un par más de esas reseñas que no he leído aún…, pero como el gusto ya mencionado decrece con el tiempo (tampoco es para tanto), probablemente no las leeré. De todas maneras, una vez publicado el libro ya no pertenece a quien lo hizo, como se dice con frecuencia.

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Esto no es un intento de escribir un diario. Para empezar, no sucederá todos los días, ni mucho menos. Pero tal vez sirva para que esta bitácora se vuelva más flexible. Además, tal vez así quede más clara aquella idea de la cámara de maravillas… Sobre la que habrá más, pero más tarde.

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Fantasmagorie (1908), de Émile Cohl (hallado por Aurelio Asiain):