Durante toda esta semana, la Biblioteca de México (Plaza de la Ciudadela, Centro, ciudad de México; metro Balderas) ha sido la sede del ciclo de cine «La noche en la pantalla», que ofrecerá versiones fílmicas de varias obras clásicas de Edgar Allan Poe para continuar las celebraciones de su bicentenario. Las funciones serán a las 17:00 horas en el auditorio de la Biblioteca y la entrada costará seis pesos (es decir, prácticamente nada). Aquí en Las historias concluyen hoy las notas sobre las películas, acompañadas por los comentarios que escribí para cada una de ellas.

EL VIERNES 21:
LA MÁSCARA DE LA MUERTE ROJA (THE MASQUE OF THE RED DEATH, Inglaterra, 1962)

La máscara de la Muerte Roja

La máscara de la Muerte Roja

Dirección: Roger Corman
Guión: Charles Beaumont y R. Wright Campbell
Intérpretes: Vincent Price, Hazel Court, Jane Asher, David Weston, Nigel Green
Sinopsis: el príncipe Próspero, gobernante despótico de un feudo del Medievo, se refugia con varios de sus cortesanos de una peste terrible –la Muerte Roja– en su palacio, en el que se da lugar a todos los placeres y todas las formas de la depravación. Devoto del satanismo, Próspero intenta corromper a Francesca, una pobre campesina, y a la vez asiste a la iniciación y las “bodas” demoniacas de su amante, Juliana. Sin embargo, cuando Próspero ordena la celebración de un baile de máscaras, una serie de sucesos macabros y sobrenaturales amenaza con acabar con las vidas de todos.

COMENTARIO
Para cerrar este ciclo, la mejor entre las adaptaciones fílmicas realizadas por Roger Corman y una de las más interesantes versiones fílmicas de la obra de Poe. Fotografiada de modo mucho más espectacular que La tumba de Ligeia por Nicolas Roeg –el cineasta que más tarde dirigiría el clásico de culto El hombre que cayó a la Tierra (1976)–, la película agrega al texto original de Poe la casi totalidad de “Hop-Frog”, otro de sus cuentos más interesantes, y una caracterización mucho más detallada de Próspero y de la vida de su corte, por no hablar de la idea del satanismo, del todo ausente en Poe. Sin embargo, esto no sólo sirve para justificar varias secuencias caprichosas de violencia: también introduce de manera enérgica una reflexión sobre el mal, que parece ser el objetivo de varios personajes pero se revela como una aspiración hueca al enfrentarse con la muerte, que supera y nulifica todas las pretensiones humanas. Otro detalle de gran interés: ninguno de los personajes de la película (incluyendo al mismo Próspero) es totalmente “bueno” ni “malo”: todos tienen complejidades y contradicciones que vuelven más problemáticos sus actos.
      El cuento del que proviene el argumento básico de la película fue publicado con dos títulos: en su primera edición, de 1842, se le conoció como “The Mask of the Red Death” (“La máscara de la Muerte Roja”) y en la segunda (1845) con su título más conocido, en el que la palabra masque se refiere a la mascarada: el baile de máscaras. Ambos sentidos se preservan en esta película, pero el primero es muy interesante porque Corman, a la hora de extender el enfrentamiento final entre Próspero y la Muerte, introduce el tema del doble, muy querido por Poe pero ausente en la versión original de esta historia. La observación final de la Muerte: “cada hombre es su propio Dios, y se crea su propio cielo o su propio infierno” es un remate estremecedor a una historia que se aleja de toda posibilidad moralizante y propone varias cuestiones incómodas, incluso hoy, sobre la responsabilidad individual y las posibilidades de cada ser humano ante la certidumbre de la muerte.