Durante toda esta semana, la Biblioteca de México (Plaza de la Ciudadela, Centro, ciudad de México; metro Balderas) será la sede del ciclo de cine «La noche en la pantalla», que ofrecerá versiones fílmicas de varias obras clásicas de Edgar Allan Poe para continuar las celebraciones de su bicentenario. Las funciones serán a las 17:00 horas en el auditorio de la Biblioteca y la entrada será de cooperación voluntaria. Aquí en Las historias aparecerán, de lunes a viernes, notas sobre las películas, acompañadas por los comentarios que escribí para cada una de ellas.

EL LUNES 17:
LA TUMBA DE LIGEIA (THE TOMB OF LIGEIA, Estados Unidos/Inglaterra, 1965)

Vincent Price y Elizabeth Shepherd en <em>La tumba de Ligeia</em>

Vincent Price y Elizabeth Shepherd en La tumba de Ligeia

Dirección: Roger Corman
Guión: Robert Towne
Intérpretes: Vincent Price, Elizabeth Shepherd, John Westbrook, Derek Francis, Oliver Johnston
Sinopsis: Verdon Fell entierra a Ligeia, su esposa recién fallecida, pero vive obsesionado por su recuerdo y por la forma en que ella, mientras agonizaba, declaró que la muerte podía ser vencida por una voluntad decidida. Después de un tiempo de duelo Fell se casa otra vez, en un impulso, con una joven, Rowena, quien se muestra extrañamente atraída hacia él. Pero, alrededor de los dos, la presencia de la muerta se manifiesta cada vez con más fuerza y frecuencia…

COMENTARIO
Comenzamos este ciclo con un filme representativo de las virtudes y los problemas de muchas transposiciones al cine de la obra de Edgar Allan Poe.
      Es claro que La tumba de Ligeia, como las otras seis películas rodadas por Corman a partir de textos de Poe, surge de una auténtica pasión por la obra del escritor y por una gran atención a los detalles de esa obra; las excelentes tomas de exteriores que muestran la propiedad en ruinas que habita Fell, por ejemplo (y que son obra del director de fotografía Arthur Grant, famoso por su trabajo en muchos filmes de terror para la venerable Hammer Films), recuerdan las atmósferas de la novela gótica, la tradición literaria a la que más deben las descripciones melancólicas y mórbidas del propio Poe; asimismo, el guionista Robert Towne, quien años después obtendría el premio Oscar por el guión de Barrio Chino (1974), logra crear aquí personajes de complejidad inusitada, provistos de profundidad y sutileza análogas a las de los originales (y en especial hay que destacar el doble –o triple– papel de Elizabeth Shepherd).
      Los problemas de la película comienzan con la prisa de su realización (común en el cine de Corman, uno de los campeones de las películas de la llamada “serie B”, rodadas velozmente y con escaso presupuesto), que en ocasiones deja ver actuaciones a las que falta pulimento y que es la causa de ciertas torpezas en el montaje final, como los excesos del argumento en su última parte. Además, así como aquí, en muchas otras películas el encasillamiento de Poe como autor “de terror” hace que las historias se alteren para incluir más sobresaltos y violencia gratuita. Con todo, La tumba de Ligeia es un filme eficaz y una de las más fieles adaptaciones que se han hecho jamás de un cuento de Poe. Incluso la idea perturbadora de la transgresión de los cuerpos –que se resisten a morir, que son invadidos por otros cuerpos– queda como una cuestión fundamental de la cinta, al igual que lo es de “Ligeia” (1838), el cuento en el que se basa la adaptación.