Plagios

Nota preliminar: esta nota apareció inicialmente en el blog refugio, a raíz de que un par de visitantes el sitio publicaron en esta nota de Las historias acusaciones de plagio contra una escritora mexicana. Las acusaciones (respaldadas aquí y aquí) y la defensa de la persona acusada siguieron su curso; quién sabe si llegará más allá de los blogs y pasará de ser una polémica sin consecuencias a algo más. Una persona quiso influir en la discusión que siguió en el blog refugio publicando comentarios con varios nombres diferentes, lo que no es plagio pero sí impostura; decidí cerrar la conversación.

Para que quede claro: yo no estoy acusando a nadie de nada ni tampoco defendiendo a nadie; los interesados deben llevar a cabo por su cuenta los pasos necesarios para comprobar que sus afirmaciones son ciertas, si el asunto les interesa más allá del chisme. La nota que sigue, y que habla del plagio en general, no tiene que ver con el caso concreto que menciono arriba y parte de una idea que leí al paso en uno de los sitios involucrados: para minimizar la importancia de las acusaciones, alguno de los defensores de la parte acusada arguyó que “lo que se publica en la red es de todos”.

No es así: lo que se publica no es “de todos”. No de esa manera.

Me explico:

No estoy en contra de que se difunda la información por Internet. No sólo sería absurdo: me parecen una maravilla los sitios que acopian y difunden textos, imágenes, video, música, etcétera. Algunos se dedican a la piratería, otros llevan demasiado lejos sus intereses mercantiles, pero lo importante es el potencial de la red: ésta, al menos por el momento, es lo más cercano que hay a un medio de comunicación y difusión al alcance de cualquier persona, como lo fue la radio en sus primeros tiempos o la misma imprenta de tipos móviles. Es un medio que está muy lejos de ser totalmente “libre” o “igualitario” (pensemos en la situación de China; pensemos en las grandes poblaciones por debajo de la línea de pobreza extrema), y casi todo lo que se publica es basura, claro, pero en el resto hay muchísimo de valor, y además la posibilidad de encontrar puntos de vista diversos y plurales sobre gran cantidad de asuntos, una cantidad enorme de informaciones prácticas, una infinita variedad de obras artísticas, etcétera.

Por otra parte, nada de esto tiene que ver con el plagio. El plagio no depende del medio: el plagio es atribuirse el trabajo intelectual de alguien más. Punto.

No hay un plagio cuando se reproduce algo citando la fuente: cuando Roberto Bolaño transcribe, por ejemplo, unas cuantas palabras de Baudelaire para citarlas (reconociendo quién las escribió) como epígrafe de su novela 2666. Tampoco hay plagio cuando se crean variaciones sobre obras previamente existentes o se utilizan personajes de historias conocidas en nuevas historias: cuando se escribe fan fiction, por ejemplo (los “años perdidos” de Anakin Skywalker, digamos, o el secreto amorío gay de Harry Potter y Draco Malfoy), o cuando Josh Simmons, un monero estadounidense, escribe y dibuja su propia versión de Batman sin la autorización de la DC Comics; es obvio que ninguno de ellos podría atribuirse exitosamente la invención de los personajes que emplea, y de hecho ninguno lo hace. (La persecución de que son objeto en ocasiones los autores de fan fiction y otros semejantes es una cuestión totalmente distinta.)

No: plagio es lo que sucede cuando, por ejemplo, Alfredo Bryce Echenique toma enteros artículos escritos por otras personas, les cambia una o dos comas y los publica con su nombre. Plagio es lo que sucede cuando Ana Rosa Quintana toma trozos extensos, perfectamente reconocibles, de libros de Danielle Steel y Ángeles Mastretta y los inserta (o permite que un redactor los inserte), sin comillas ni nada, cambiando sólo algunos nombres, en una novela firmada por ella, como si realmente se le hubieran ocurrido a ella. En casos así no hay matices que valga invocar, explicaciones ni justificaciones posibles: es evidente, para quien conoce el texto original y sabe que vino antes del plagiado, que el plagiario está robando. No se trata de nada relacionado con la difusión ni el “libre acceso” de las obras plagiadas; quienes plagian acostumbran publicar lo que roban, con la intención de que otros lo conozcan y lo crean obra original de los plagiarios.

Hay peores infamias que ser un plagiario, por supuesto, pero se trata de una infamia. Es una acción deshonesta: tampoco hay matices. De los casos que conozco, además, resulta que la personalidad del plagiario tiene varios rasgos desagradables y en especial un ego enorme, que parece llevarlo a creer que puede aprovecharse de quien sea con toda alevosía y que su mera fuerza, su reputación, las ventajas de que disponga (los palgiarios roban muchas veces textos de autores menos conocidos que ellos) le permitirán salirse con la suya.

Me alegra cuando no es así, cuando no se salen con la suya, por razones gremiales: el único orgullo al que cualquier escritor puede aspirar es el de su propio esfuerzo, y plagiar es por lo tanto una forma de autoengaño. Pero también me alegra por esto: el plagio es un insulto a cualquier lector posible de la obra plagiada.

Cuando un plagiario roba un texto de X, es como si dijera “puedo hacerlo porque mis lectores son ignorantes: jamás han leído a X”; cuando es descubierto e intenta defenderse, es como si dijera “puedo hacerlo porque mis lectores son estúpidos: me creerán a mí y no a la evidencia”.

No sé ustedes, pero a mí no me gusta que me digan “ignorante” ni “estúpido”.

20 Comments

  1. tazy 18/08/2008 en 9:50 pm

    Cuando estaba en la licenciatura preguntaba cómo es que en realidad podemos ser originales y no citar cada cinco palabras alguna posible idea nuestra, pero ciertamente es originada por otros autores.

    Creo que una cosa es atribuir ciertas hipótesis, ciertas frases, ciertas especulaciones GRACIAS alguien más, que creerse el inventor del hilo negro.

    Es robo, con todas sus letras, quien plagia a otro, sea un mal estudiante sacando de wikipedia, sea un escritor y una novela.

    Excelente texto.

  2. fernandoi 18/08/2008 en 10:55 pm

    Yo soy creyente de que la literatura es por sobre todo el esfuerzo colectivo de muchos hombres y mujeres y que nada mas por eso merece todos los honores. Uno trata de aportar, no va por agua al pozo como me parece intentaban esos wikiliteratos; no creo sea necesario hallar nuevos métodos de autonombrarse escritor.

    Lo que se pelea en un caso de plagio es un interes comercial o de distinción; da el coraje del mundo, me imagino, pero al final uno sabe que hizo, que aportó o no. De cualquier modo es triste que la gente anteponga la vanidad sobretodas las cosas y tengan tan poco respeto por el oficio. (¡Pero hay un dios! :D)

    El texto trece de la liga que puso Carlos Meza en su comentario no deja ver el texto sino uno de un español.

    PD: Acerca de las recomendaciones, a mi me gusta el blog como está, aunque quizás sería bueno que el fondo ya no fuese blanco por que cansa un poco la vista tanto brillo.

    Un abrazo Alberto!

  3. Carlos Manuel Cruz Meza 19/08/2008 en 12:41 am

    Estimado Alberto:

    Publicado está todo en mi blog:

    http://www.cmcorp.com.mx

    Las páginas escaneadas de mi libro, las fotos del plagio, y en el mismo blog está la publicación original en Internet de mi poemario íntegro, que fue en 2004, antes de aparecer en papel en 2007.

    Aquí está en link; el cuento plagiado (el número 14) ha sido borrado y sustituido, pero aún puede verse en la versión en caché de Google, que aquí incluyo:

    http://64.233.167.104/search?q=cache:WBIMv9sqnhcJ:axxon.com.ar/rev/168/c-168cuento13.htm+Erzabeth+Sandra+Becerril&hl=es&ct=clnk&cd=9&gl=mx

    Un abrazo.

    Carlos Manuel Cruz Meza

  4. Miguelángel Díaz Monges 19/08/2008 en 3:03 am

    Exactamente: “No de esa manera”.

    Y a propósito de plagios: http://mamonges.blogspot.com/2008/08/un-cuento-para-chimal.html

  5. Jéssica de la Portilla Montaño 19/08/2008 en 7:49 am

    Internet es el nuevo medio masivo, yo aposté por su poder de difusión cuando comencé a publicar, mucho antes de saber qué era un “blog”… Y, curioso, los supuestos fans de esta mujercilla me atacaban con el “publica en papel y luego hablamos” (hablemos, pues).

    Claro que indigna esta situación. En mi caso sólo fue un guión de radio de una página web que ya no existe (tengo screenshots de mis archivos de computadora), todo para que la señora hija de papi organizara su lectura y vendiera libros con mala ortografía.

    Yo NO recibo un peso por mis textos aún, todo se lo queda mi patrocinador, y pongo bien claro mi copyright de “se permite el uso de estos textos en medios electrónicos siempre y cuando se me dé crédito, no se alteren y no se utilicen con fines de lucro”… Y, curioso, mis lectores han respetado eso: siempre mi link, mi nombre o seudónimo, alguna referencia. Pero, claro, sólo una “colega” “escritora” se atreve a robar tan descaradamente el trabajo de otro, aprovechándose de su popularidad entre jóvenes que terminan pensando que “anestecia” realmente se escribe así.

    Pero de eso a tomar un texto publicado en un libro… cambiarle algunas palabras y subirlo a una web extranjera… no no no. ¿Nadie se iba a dar cuenta?, ¿a cuántas otras personas se las ha aplicado así? Ahora cada que publique algo nos preguntaremos si en serio fue escrito por ella o no.

    Uno escribe bien, mal o como puede; pero robarse textos y anunciarse como egresada de SOGEM cuando Sandra sólo cursó un semestre con mi generación (38, Coyoacán) pues… bueno.

  6. angie meza 19/08/2008 en 9:10 am

    WOW
    Cuanto descaro de esa seudo escritora y que fuerte ser exhibida en esos niveles, pero peca de ingenua y presupone demasiada ignorancia en los otros, con lo que sólo evidencia sus propias carencias.
    WOW
    Besos

  7. […] publicado en un libro para subirlo a una web extranjera, al fin que nadie se entera. El mismísimo Alberto Chimal (escritor, juez, profesor y Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí) fue notificado de esta […]

  8. JM 19/08/2008 en 9:53 am

    Estoy triste.
    Jamás he podido comprender qué gana alguien con autoengañarse.
    El placer de escribir (para mí) radica en esa abstracción, en esa lucha, en ese placer de ver una página en blanco que va llenándose por instantes con una historia, con un poema, con algo que fluye desde el interior al exterior en cierto ritmo y orden, dejando los espacios, las palabras, los tiempos, los personajes precisos. Al final la recompensa (no hablo de fama, no hablo de dinero) es enorme: esa satisfacción; ese aprendizaje constante.
    Conozco ese sufrir, esa batalla, ese tiempo que se dedica a pulir, a buscar, y jamás en mi vida me atrevería a robar parte de la existencia de alguien.
    A lo que voy es que todo acto creativo nos lleva cierto instante de tiempo; parte de nuestra vida. Un cuento, un poema, una escultura, una pintura, es dar al mundo parte de nuetras vida, y por eso siempre respeto a los creadores.
    Para mí plagiar es asesinato, y tristeza, porque además de escupir sobre el tiempo que alguien dedicó a su obra, detenemos la evolución que en este caso puede tener la literatura, y las capacidades del ser humano; dejando sin encontrar tantos rincones que aún faltan por explorar.
    En fin. Estoy triste.

    Si me lo permites Alberto, haré alguna reflexión en mi blog para ligar a esta nota.

  9. jorge solana 19/08/2008 en 11:18 am

    Saludos a todos!!!

    Creo que la identidad del creador es un reflejo que no se puede hurtar.

    El plagio es la oxigenación para quien no puede respirar y para quien no puede crear.

  10. Sandra Becerril 19/08/2008 en 12:07 pm

    Hola Alberto,
    Nunca lo hago, pero en éste caso se me hizo justo y necesario aclarar algunas cosas en mi sitio, por lo que los invito a leerlo si alguien tiene alguna duda.
    También estoy en contra del plagio. Creo que los lectores no son tontos y la verdad siempre sale a la luz. Creo también que siempre existirá gente que se querrá aprovechar de otros tanto para publicar, para que los lean, para que alguien dé oídos a infamias, gritos y demás. Nunca falta gente así. Lo importante es saber la diferencia entre una denuncia y una infamia que puede llegar a afectar a mucha gente.

    Te mando un gran abrazo.

  11. Delfín 19/08/2008 en 6:06 pm

    Alberto, coincido en todos los puntos que enumerás, creo que el ser que comete plagio no es más que eso, un ser miserable que está agotado. Además, pensando en el terrible ego que tienen, imagina el asco que se debe causar al saber que él ya no puede producir y tiene que robarle a un escritor “menor”.

    te dejo un saludo

    Delfín

  12. laydchacal 19/08/2008 en 11:36 pm

    Y, bueno, sí me permiten el comentario culerón (que en realidad pretende ser una broma) ahora sí que si iban a plagiar el trabajo del señor Carlos Manuel, por lo poco que he leído de él dado este blog, tiene cosas más chingonas que plagiar. Así que Sandrita Becerril, además de tranza es medio güey…

  13. Alberto 20/08/2008 en 2:47 pm

    Respondo nada más a una idea de Fernando: sí, la cuestión no es el valor último de la literatura (que no depende del nombre de nadie, que es de todos y está más allá de cualquiera), sino la vanidad. Quien plagia lo hace para “darse” nombre, para destacarse. A quien plagia la literatura le importa un carajo. Busquen la defensa que intentó Ana Rosa Quintana de su propio plagio, echándole la culpa al “negro” que le redactó la novela. Cínicamente reconoce: yo no escribo, ¿para qué?, que eso lo hagan quienes no salen en la tele y no les basta con vender su imagen y su nombre. ¿Qué puede tener eso que ver con el impulsito creativo?

    (Este asunto me disgusta de veras. (Creo que la afirmación que antecede es de las poquísimas autobiográficas que aparecen aquí… Juro que es la timidez.))

    Saludos a todos.

  14. Carlos Manuel Cruz Meza 20/08/2008 en 7:02 pm

    Nuevamente, agradezco a la gente que ha manifestado su solidaridad conmigo en este caso de plagio. Una persona mencionó que yo borraría su comentario en mi blog por no serme favorable, pero todos pueden leer las opiniones que se han vertido allí, sean a favor mío o de Sandra Becerril a quien, repito, no conozco. No he borrado comentario alguno. Soy un ferviente defensor de la libertad de expresión. Ni siquiera he borrado un comentario plagado de insultos y bajezas dirigidas a mí. Ni modo; ese parece ser el nivel de argumentación de algunas personas.

    Sin embargo, me gustaría hacer algunas puntualizaciones:

    1. El asunto es simple y no debe desvirtuarse: Sandra Becerril publicó un poema de mi autoría con su nombre. Eso se llama plagio.

    2. Al parecer, hay antecedentes de que lo ha hecho con anterioridad. Por lo menos eso dicen los testimonios electrónicos de otras personas.

    3. Durante los años que he escrito y publicado, he mantenido prudencia respecto a la labor de otros escritores. No me gusta descalificar gratuitamente y menos enredarme en esta clase de asuntos. Pero tampoco puedo pasar por alto el robo de una obra de mi autoría.

    4. Contrario a lo que varios pudieran pensar, en todo este asunto he mantenido siempre el respeto debido por Sandra Becerril; nunca he utilizado una palabra soez o un insulto en su contra. No es mi estilo. Si algunas otras personas lo hacen, es algo que no apruebo. Insultar a una mujer (o a un hombre) no es la forma de manifestar el descontento. Pido a todos moderación en ese aspecto. Recordemos además que este problema no se resolverá en los foros de Internet ni en los comentarios de los blogs, sino en los Tribunales. Si aquí se trata el asunto es por su carácter de hecho público: el plagio fue realizado en una página web y por eso es necesario dar a conocer lo ocurrido por el mismo medio.

    5. La vida personal de Sandra Becerril no me interesa. Aquí se trata estrictamente de un asunto profesional: el plagio de una obra de creación. Lo demás me tiene sin cuidado y sólo a ella y a los involucrados les incumbe.

    6. Comprendo que haya amigos suyos que la apoyen y me ataquen a mí, como hay personas que me defienden y la atacan a ella. Pero aspiremos a la objetividad: no se trata aquí de un asunto de animadversión. Yo ni siquiera la conozco ni había oído hablar de ella. Lo que yo denuncio es el plagio de mi obra: nada más.

    7. El asunto se resolverá conforme a derecho.

  15. Jesús Olague 21/08/2008 en 6:45 pm

    Yo ni a favor ni en contra, al final cada quien tendrá que aportar los elementos que prueben su dicho, y la única forma de resolverse definitivamente será por la vía legal, creo.

    Pregunto ¿alguien conoce la opinión de la gente de Axxon sobre este asunto?, sería interesante conocerla.

  16. Alberto 23/08/2008 en 5:06 pm

    Creo que el comentario de Jesús, tan razonable, es excelente para cerrar esta discusión, y cerrada queda. La persona que se ha dedicado a enviar mensajes falsos puede dejar de hacerlo: las direcciones IP que ha utilizado están guardadas y señaladas como origen de spam.

    Vuelvo a insistir, eso sí, en mi propia posición. Esta nota no tiene que ver, por lo que a mí respecta, con ningún caso en particular; por lo tanto, resume mis juicios sobre el plagio en general. Las acusaciones de las que se ha hablado aquí serán aclaradas, o no, por las personas interesadas. La idea del plagio y los impulsos del plagiario (quienquiera que sea, en los casos famosos y en los que no lo son) me siguen pareciendo despreciables.

    Saludos a todos.

  17. […] Plagios AVISO: esta nota ha quedado alojada en Las historias. […]

  18. Las historias » Plagios reloaded 28/09/2008 en 10:27 pm

    […] siempre) el cinismo y la tontería amenazaban con enterrar a las razones–, amablemente citó un texto publicado aquí mismo sobre el tema del plagio, al que remito a los posibles […]

  19. […] evolucionó a influenza y terminó siendo lepra capitalista… ¡y ya ni hablemos de los plagios, verdad!!! Es un hecho: en estos momentos hay tantísimos problemas en nuestro país que sólo se […]

  20. Alberto Chimal 04/03/2010 en 12:43 pm

    @LaSantaInsomne Están ese (http://bit.ly/9ioIJK) y otro (http://bit.ly/cOeeUc). Espero que te sirvan.

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