Ayer murió en Peoria, Illinois, Philip José Farmer, escritor de ciencia ficción y larguísima carrera: nació antes de los «clásicos» estadounidenses de los años cuarenta y tuvo su periodo más prolífico y visionario en los sesenta y setenta, cuando ya tenía nietos. Sus trabajos más conocidos lo son, sobre todo, entre aficionados y especialistas, pero varios de ellos merecen (ojalá la consigan) atención de más lectores.

Autor de larguísimas series, Farmer no siempre sabía terminarlas, y en más de una ocasión pecó de escribir largo sólo porque sí, al modo de tanto autor de bestsellers que parece cobrar por kilo de papel. Sin embargo, su simple imaginación, capaz de pisotear numerosos tabúes y nutrida por una amplísima cultura, no tenía paralelo entre los escritores de su tiempo. Éste fue el autor que además de su propia obra escribió la de varios seudónimos, incluyendo a Kilgore Trout, el escritor inventado por Kurt Vonnegut; el fabulador que reescribió a Tarzán a la manera de William Burroughs y resolvió los «casos inconclusos» de Sherlock Holmes; el creador del Mundo del Río, escenario vastísimo de una historia épica en la que interviene literalmente toda la humanidad; el inventor de las historias de Wold Newton, que unifican en un solo «universo» a innumerables personajes de la ficción popular y prefiguran la Liga Extraordinaria (los libros, no la horrible película) de Alan Moore…

Una de sus novelas cortas, Jinetes del Salario Púrpura (Riders of the Purple Wage), es una de las grandes obras maestras de la ciencia ficción y, acaso, un clásico de los sesentas a la altura de los de Philip K. Dick; no todo el mundo se ha enterado porque estos textos acostumbran, ya sabemos, acabar olvidados después de cierto tiempo, víctimas de su mala reputación de objetos de consumo rápido (y de muchos lectores que no desean sino objetos de consumo rápido, y rechazan cualquier intención de experimentar o alejarse de los clichés), y peor todavía en el mundo de habla española, donde la norma son las traducciones pésimas. No estaría mal que se intentara alguna mejor que las disponibles.

Descanse en paz, pues, el autor. Ojalá sus textos no descansen.

Philip José Farmer. Fuente: locusmag.com

Philip José Farmer. Fuente: locusmag.com