Este fragmento de Arthur Machen (proviene de El pueblo blanco, de 1898) me parece uno de los mejores y más lúcidos comentarios sobre el «mal» que me ha tocado leer:

Arthur MachenLos grandes, tanto en el bien como en el mal, son los que abandonan las copias imperfectas y se dirigen a los originales perfectos. Para mi no existe la menor duda, los mas excelsos entre los santos jamás hicieron «una buena acción», en el sentido común de la palabra. Por el contrario existen hombres que han descendido hasta el fondo de los abismos del mal, y que en toda su vida, no han cometido lo que vosotros llamáis una «mala acción».
(…)
La santidad exige un esfuerzo igualmente grande, o poco menos, pero es un esfuerzo que se realiza por caminos que eran antaño naturales. Se trata de volver a encontrar el éxtasis que conoció el hombre antes de la caída. En cambio el pecado es una tentativa de obtener un éxtasis y un saber que no existen y que jamás han sido dados al hombre y el que lo intenta se convierte en demonio. Ya le he dicho que el simple asesino no es necesariamente un pecador. Esto es cierto, pero el pecador es a veces asesino. Pienso en Gilles de Rais, por ejemplo. Considere que, si el bien y el mal están igualmente fuera del alcance del hombre contemporáneo, del hombre corriente, social y civilizado, el mal lo esta en un sentido mucho mas profundo. El santo se esfuerza en recobrar un don que ha perdido; el pecador persigue algo que no ha poseído jamás.

Muy pocos, entre los escritores actuales, se interesan de verdad por semejantes alturas y semejantes simas. El mal, contra lo que creen, no es el espectáculo sórdido al que damos ese nombre. Y este error –no otros que ellos celebran– es de los signos verdaderos de la mediocridad de nuestro tiempo.

La firma de Arthur Machen

(Nota: he tomado las imágenes de esta nota de Giornale Nuovo, una bitácora muy interesante que acabo de descubrir. De allí he tomado también la dirección de la Sociedad de Amigos de Machen, un grupo –inglés– dedicado a agrupar a los admiradores más apasionados del escritor.)