Para cerrar el mes de marzo, otro ejercicio de creatividad a partir de una restricción muy simple: crear un monólogo de no más de una página de extensión en el que el personaje que habla se encuentre en una situación muy emotiva (declara su amor por alguien, lamenta una muerte o una injusticia, etcétera) y al menos cuatro de cada cinco palabras que utilice tengan el mismo número de sílabas. Pueden ser monosílabos o palabras de dos, tres cuatro o más sílabas, no importa; el propósito es ver qué tanto se puede lograr que el texto sea expresivo superando la restricción. El título de esta nota es un ejemplo: salvo una, todas las palabras tienen dos sílabas.

Hay grandes textos que siguen rigurosamente una forma preestablecida sin perder expresividad. Un ejemplo entre muchos es el famoso monólogo de Segismundo en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca, escrito con una restricción distinta a la que se propone aquí pero no menos artificiosa. En esta página (del siempre excelente sitio Ciudad Seva) se puede leer a partir del verso que dice «Apurar, cielos, pretendo»…