Hace poco, una conversación en Twitter dio lugar a un juego: imaginar una “Liga Mexicana de Personajes Extraordinarios” a la manera de que se presenta en las novelas gráficas de La liga extraordinaria de Alan Moore y Kevin O’Neill.
Ahora, José Luis Zárate me ha enviado la narración que sigue: una pequeña viñeta de esa liga imaginada. Aquí la dejo para que la disfruten.

La Liga Mexicana (dibujo de Bernardo Fernández Bef)

La Liga Mexicana (dibujo de Bernardo Fernández Bef)

BARCOS ENTRE LA NIEBLA
(Un breve relato de La Liga)
José Luis Zárate

—Se les patea y ya —dijo el Xanto.
—Sólo a los espectros que creen ser corpóreos se les puede lastimar —dijo Kustos, casi para sí—. Eso explica los fantasmas suicidas de Plarancardo El Chico… Los de Plarancardo El Grande son otra cosa.
Mijangos no dejaba de apuntarles. Ella misma sabía que era un gesto inútil ante siluetas transparentes pero la pesada arma era una especie de amuleto: la promesa de que fueran lo que fueran esas cosas negras que se acercaban encontrarían resistencia.
—¿Dónde están los demás? —masculló, aunque la verdad la única ayuda sería la de la Nina Complot. Fulvio siempre estaba estaba demasiado ocupado tratando de ligárselas, y Saint-Germain ligándose a Fulvio.
El Xanto, hombre de acción, se arrancó la camisa y saltó sobre los espectros. Los atravesó y cayó pesadamente en el polvo. Mientras trataba de aplicarle una llave a algo que no se podía aferrar otras siluetas se acercaron a ellos.
No eran grises, era como si las iluminara un sol muerto, una tormenta. Eran tristes y murmuraban.
Gaspar Dódolo fue a su encuentro. Escuchó, comprensivo. Sacó un mapa y les indicó una ruta. Les indicó que continuaran su camino y fue por el Xanto.
—No son enemigos, ni esbirros del Hombre de los 50 Libros —explicó—. Estaban perdidos, como nosotros. Sólo deseaban indicaciones. Querían llegar a Comala.
—¿Comala? —preguntó Kustos— ¿Vale la pena ir ahí?
—Espero que nunca la encuentres: es más triste que Plarancardo El Chico donde, dicen, hasta los fantasmas se suicidan.