{"id":9872,"date":"2013-01-29T12:53:59","date_gmt":"2013-01-29T18:53:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=9872"},"modified":"2016-12-10T14:01:17","modified_gmt":"2016-12-10T20:01:17","slug":"la-brujeria-no-se-vende","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-brujeria-no-se-vende\/","title":{"rendered":"La brujer\u00eda no se vende"},"content":{"rendered":"<p>El primer cuento de 2013 es de Doris Lessing (1919), autora brit\u00e1nica ganadora del Premio Nobel. \u201cNo Witchcraft for Sale\u201d, que entre otras cosas es un retrato de las sociedades coloniales que los europeos crearon en \u00c1frica (y del choque de formas de pensar que provoc\u00f3) proviene del libro <em>Cuentos africanos<\/em> (1964). Sigo trabajando para colocar en l\u00ednea m\u00e1s que un cuento por mes en el futuro.<\/p>\n<p>(Nota de 2016: <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Doris_Lessing\">Lessing<\/a> muri\u00f3 meses despu\u00e9s de publicado este cuento.)<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/doris-lessing_1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13322\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-brujeria-no-se-vende\/doris-lessing_1\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/doris-lessing_1.jpg\" data-orig-size=\"600,400\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Doris Lessing\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/doris-lessing_1.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/doris-lessing_1.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"400\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13322\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/doris-lessing_1.jpg 600w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/doris-lessing_1-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA BRUJER\u00cdA NO SE VENDE<br \/>\nDoris Lessing<\/strong><br \/>\nCuando naci\u00f3 Teddy, los Farquar llevaban muchos a\u00f1os sin tener hijos; les conmovi\u00f3 la alegr\u00eda de los sirvientes, que les llevaban aves, huevos y flores a la granja cuando acud\u00edan a felicitarlos por la criatura, y exclamaban con deleite ante su aterciopelada cabeza y sus ojos azules. Felicitaban a la se\u00f1ora Farquar como si hubiera alcanzado un gran logro, y ella lo sent\u00eda como si as\u00ed fuera: dedicaba una sonrisa c\u00e1lida y agradecida a los nativos, que persist\u00edan en su admiraci\u00f3n.<br \/>\nM\u00e1s adelante, cuando cortaron el pelo a Teddy por primera vez, Gideon, el cocinero, recogi\u00f3 del suelo los suaves mechones dorados y los sostuvo en una mano con aire reverente. Luego sonri\u00f3 al ni\u00f1o y dijo: \u00abCabecita Dorada\u00bb. Ese fue el nombre que los nativos otorgaron al ni\u00f1o. Gideon y Teddy se hicieron muy amigos desde el principio. Cuando Gideon terminaba su trabajo, alzaba a Teddy sobre sus hombros y lo llevaba a la sombra de un \u00e1rbol grande, donde jugaba con \u00e9l y le hac\u00eda curiosos juguetes con ramitas y hojas y hierba, o moldeaba el barro h\u00famedo del suelo para darle formas de animales. Cuando Teddy aprendi\u00f3 a andar, era Gideon quien sol\u00eda agacharse ante \u00e9l y chascaba la lengua para estimularlo, lo recog\u00eda cada vez que se ca\u00eda y lo lanzaba al aire hasta que los dos quedaban sin aliento de tanto re\u00edr. La se\u00f1ora Farquar tom\u00f3 cari\u00f1o a su anciano cocinero por lo mucho que \u00e9ste quer\u00eda al ni\u00f1o.<br \/>\nNo hubo m\u00e1s hijos y un d\u00eda Gideon dijo:<br \/>\n\u2013Ah, se\u00f1orita, se\u00f1orita, el Se\u00f1or le envi\u00f3 a \u00e9ste. Cabecita Dorada es lo mejor que tenemos en esta casa.<br \/>\nEl plural de \u00abtenemos\u00bb provoc\u00f3 un c\u00e1lido sentimiento de la se\u00f1ora Farquar hacia el cocinero: a fin de mes le subi\u00f3 la paga. Ya llevaba con ella unos cuantos a\u00f1os; era uno de los pocos nativos que ten\u00eda a su mujer e hijos en el complejo y nunca quer\u00eda irse a su aldea, que estaba a cientos de kil\u00f3metros. A veces se ve\u00eda a un negrito que hab\u00eda nacido en la misma \u00e9poca que Teddy mirando desde los matorrales, asombrado ante la visi\u00f3n de aquel chiquillo con su milagroso cabello claro y sus n\u00f3rdicos ojos azules. Los dos ni\u00f1os intercambiaban miradas abiertas de inter\u00e9s y una vez Teddy alarg\u00f3 una mano con curiosidad para tocar el pelo y las mejillas negras del otro ni\u00f1o.<br \/>\nGideon los estaba mirando y, tras menear la cabeza reflexivamente, dijo:<br \/>\n\u2013Ah, se\u00f1orita, ah\u00ed est\u00e1n los dos ni\u00f1os; de mayores, uno se convertir\u00e1 en baas y el otro en sirviente.<br \/>\nLa se\u00f1ora Farquar sonri\u00f3 y respondi\u00f3 con tristeza:<br \/>\n\u2013S\u00ed, Gideon, estaba pensando lo mismo \u2013suspir\u00f3.<br \/>\n\u2013Es la voluntad de Dios \u2013dijo Gideon, que se hab\u00eda criado en las misiones.<br \/>\nLos Farquar eran muy religiosos y aquel sentimiento compartido de lo divino acerc\u00f3 a\u00fan m\u00e1s al sirviente y sus se\u00f1ores.<br \/>\nTeddy tendr\u00eda unos seis a\u00f1os cuando le regalaron una moto y descubri\u00f3 la intoxicaci\u00f3n de la velocidad. Se pasaba el d\u00eda volando en torno a la granja, se met\u00eda enlos parterres, pon\u00eda en fuga a las gallinas alarmadas entre graznidos y a los perros irritados y trazaba un amplio arco mareante para terminar su carrera ante la puerta dela cocina. Entonces, sol\u00eda gritar:<br \/>\n\u2013\u00a1M\u00edrame, Gideon!<br \/>\nGideon se re\u00eda y dec\u00eda: \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2013Muy listo, Cabecita Dorada.<br \/>\nEl hijo menor de Gideon, que ahora se cuidaba del ganado, acudi\u00f3 desde el complejo a prop\u00f3sito para ver la moto. Le daba miedo acercarse, pero Teddy se exhibi\u00f3 para \u00e9l.<br \/>\n\u2013\u00a1Negrito! \u2013le gritaba\u2013. \u00a1Ap\u00e1rtate de mi camino!<br \/>\nSe puso a trazar c\u00edrculos alrededor del muchacho hasta que \u00e9ste, asustado, ech\u00f3 a correr hacia los matorrales.<br \/>\n\u2013\u00bfPor qu\u00e9 lo has asustado? \u2013pregunt\u00f3 Gideon, en grave tono de reproche.<br \/>\nTeddy contest\u00f3 desafiante:<br \/>\n\u2013S\u00f3lo es un negrito.<br \/>\nY se ri\u00f3. Luego, cuando Gideon se apart\u00f3 de \u00e9l sin hablarle, Teddy se qued\u00f3 serio. Al poco rato entr\u00f3 en la casa, busc\u00f3 una naranja, se la llev\u00f3 a Gideon y le dijo:<br \/>\n\u2013Es para ti.<br \/>\nNo era capaz de decir que lo sent\u00eda; pero tampoco pod\u00eda resignarse a perder el afecto de Gideon. Este acept\u00f3 la naranja de mala gana y suspir\u00f3.<br \/>\n\u2013Pronto ir\u00e1s al colegio, Cabecita Dorada \u2013dijo, asombrado\u2013. Y luego te har\u00e1s mayor. \u2013mene\u00f3 la cabeza con amabilidad y a\u00f1adi\u00f3: \u2013As\u00ed son nuestras vidas.<br \/>\nParec\u00eda estar poniendo distancia entre su persona y Teddy, no por resentimiento, sino al modo de quien acepta algo inevitable. Aquel ni\u00f1o hab\u00eda descansado en sus brazos y lo hab\u00eda mirado con una sonrisa en la cara; aquella peque\u00f1a criatura hab\u00eda colgado de sus hombros, hab\u00eda pasado horas jugando con \u00e9l. Ahora Gideon no permit\u00eda que su carne tocara la carne del ni\u00f1o blanco. Era amable, pero apareci\u00f3 en su voz una formalidad grave que arrancaba pucheros de Teddy y lo hac\u00eda retroceder, enfurru\u00f1ado. Tambi\u00e9n lo ayud\u00f3 a hacerse hombre: era educado con Gideon y se comportaba con formalidad, y si entraba en la cocina para pedirle algo lo hac\u00eda como cualquier blanco al dirigirse a un sirviente, esperando que se le obedeciera.<br \/>\nPero el d\u00eda que Teddy apareci\u00f3 en la cocina tambale\u00e1ndose y frot\u00e1ndose los ojos, aullando de dolor, Gideon solt\u00f3 la olla de sopa caliente que ten\u00eda entre manos,se acerc\u00f3 al ni\u00f1o y le apart\u00f3 los dedos.<br \/>\n\u2013\u00a1Una serpiente! \u2013exclam\u00f3.<br \/>\nTeddy hab\u00eda estado montando su moto, se hab\u00eda parado a descansar y hab\u00eda apoyado el pie junto a una cuba para las plantas. Una serpiente, colgada del techo por la cola, le hab\u00eda escupido a los ojos. La se\u00f1ora Farquar lleg\u00f3 corriendo en cuanto oy\u00f3 la conmoci\u00f3n.<br \/>\n\u2013\u00a1Se volver\u00e1 ciego! \u2013solloz\u00f3, abrazando con fuerza a Teddy\u2013. \u00a1Gideon, se volver\u00e1 ciego!<br \/>\nLos ojos, a los que tal vez quedara apenas media hora de visi\u00f3n, se hab\u00edan hinchado ya hasta alcanzar el tama\u00f1o de pu\u00f1os: la carita blanca de Teddy estaba distorsionada por grandes protuberancias moradas y supurantes.<br \/>\n\u2013Espere un momento, se\u00f1orita. Voy a buscar medicamentos \u2013dijo Gideon.<br \/>\nSali\u00f3 corriendo hacia los matorrales.<br \/>\nLa se\u00f1ora Farquar llev\u00f3 al ni\u00f1o a la casa y le lav\u00f3 los ojos con permanganato. Apenas hab\u00eda o\u00eddo las palabras de Gideon; sin embargo, cuando vio que sus remedios no surt\u00edan efecto y record\u00f3 haber conocido algunos nativos que hab\u00edan perdido la vista por culpa del escupitajo de una serpiente, empez\u00f3 a anhelar el regreso del cocinero, pues recordaba haber o\u00eddo hablar de la eficacia de las hierbas de los nativos. Permaneci\u00f3 junto a la ventana, sosteniendo en brazos al ni\u00f1o, que no paraba de sollozar, y mirando desesperada hacia los matorrales. Hab\u00edan pasado pocos minutos cuando vio regresar a Gideon a saltos, con una planta en la mano.<br \/>\n\u2013No tenga miedo, se\u00f1orita \u2013dijo Gideon\u2013. Esto curar\u00e1 los ojos de Cabecita Dorada.<br \/>\nArranc\u00f3 las hojas de la planta y dej\u00f3 a la vista su ra\u00edz blanca, peque\u00f1a y carnosa. Sin lavarla siguiera, se llev\u00f3 la ra\u00edz a la boca, la mordisque\u00f3 con vigor y luego conserv\u00f3 la saliva entre los labios mientras arrancaba a Teddy a la fuerza de los brazos de su madre. Lo sostuvo entre las rodillas y apret\u00f3 con las yemas de los pulgares los ojos hinchados del ni\u00f1o hasta que \u00e9ste empez\u00f3 a gritar y la se\u00f1ora Farquar protest\u00f3:<br \/>\n\u2013\u00a1Gideon, Gideon!<br \/>\nPero \u00e9l no hizo caso. Se arrodill\u00f3 sobre el ni\u00f1o, que se contorsionaba, y forz\u00f3 los inflados p\u00e1rpados hasta que se abri\u00f3 una ranura rasgada por la que aparec\u00eda elojo, y entonces escupi\u00f3 con fuerza, primero en un ojo y luego en el otro. Al fin dej\u00f3 al ni\u00f1o en brazos de su madre y afirm\u00f3:<br \/>\n\u2013Sus ojos se curar\u00e1n.<br \/>\nSin embargo, la se\u00f1ora Farquar lloraba de terror y apenas pudo darle las gracias; era imposible creer que Teddy fuera a conservar la vista. Al cabo de un par de horas la inflamaci\u00f3n hab\u00eda desaparecido. El se\u00f1or y la se\u00f1ora Farquar fueron a la cocina a ver a Gideon y le dieron las gracias una y otra vez. Estaban desesperados de gratitud; parec\u00edan incapaces de expresarla. Le dieron regalos para su mujer y sus hijos, as\u00ed como un gran aumento de sueldo, pero nada de eso pod\u00eda pagar la curaci\u00f3n total de los ojos de Teddy. La se\u00f1ora Farquar dijo:<br \/>\n\u2013Gideon, Dios te ha escogido como instrumento de su bondad.<br \/>\nY Gideon contest\u00f3:<br \/>\n\u2013S\u00ed, se\u00f1orita, Dios es muy bueno.<br \/>\nEn fin, cuando ocurre algo as\u00ed en una granja, no pasa mucho tiempo antes de que se entere todo el mundo. El se\u00f1or y la se\u00f1ora Farquar se lo contaron a sus vecinos y la historia fue tema de conversaci\u00f3n de un extremo al otro del distrito. El monte est\u00e1 lleno de secretos. Nadie puede vivir en \u00c1frica, o al menos en las zonas mesetarias, sin aprender pronto que hay una antigua sabidur\u00eda de las hojas, de la tierra y de las estaciones \u2013as\u00ed como de los rincones m\u00e1s oscuros de la mente humana, acaso m\u00e1s importantes\u2013 que pertenece a la herencia del hombre negro. La gente contaba an\u00e9cdotas por todos los rincones del distrito, record\u00e1ndose unos a otros cosas que les hab\u00edan ocurrido.<br \/>\n\u2013Pero te digo que lo vi con mis propios ojos. Fue un mordisco de cobra bufadora. El brazo del africano estaba inflado hasta el codo, como una vejiga negra y brillante. Al cabo de medio minuto estaba grogui. Se estaba muriendo. Entonces, de repente, sali\u00f3 un africano del monte con las manos llenas de una cosa verde. Le frot\u00f3 el brazo con algo y al d\u00eda siguiente el muchacho volv\u00eda a trabajar y no se le ve\u00edan m\u00e1s que dos peque\u00f1os pinchazos en la piel.<br \/>\nAs\u00ed era lo que se contaba. Y siempre con una cierta exasperaci\u00f3n, porque aunque todos sab\u00edan que hay valiosos medicamentos escondidos en la oscuridad de los matorrales africanos, en las cortezas de los \u00e1rboles, en hojas de apariencia simple, en ra\u00edces, resultaba imposible que los nativos les contaran la verdad.<br \/>\nLa historia lleg\u00f3 finalmente a la ciudad: tal vez fuera en alguna fiesta al atardecer, o en alguna funci\u00f3n social por el estilo, donde un m\u00e9dico que estaba all\u00ed por casualidad rechaz\u00f3 su valor:<br \/>\n\u2013Tonter\u00edas \u2013dijo\u2013. Estas historias se exageran por los cuentos. Cuando buscamos informaci\u00f3n por una historia como \u00e9sa, nunca encontramos nada.<br \/>\nEn cualquier caso, una ma\u00f1ana lleg\u00f3 un extra\u00f1o coche a la granja y sali\u00f3 de \u00e9l un trabajador del laboratorio de la ciudad con cajas llenas de probetas y productos qu\u00edmicos.<br \/>\nEl se\u00f1or y la se\u00f1ora Farquar estaban aturullados, complacidos y halagados. Invitaron a comer al cient\u00edfico y contaron su historia entera de nuevo, por en\u00e9sima vez. El peque\u00f1o Teddy tambi\u00e9n estaba y sus ojos azules refulg\u00edan de salud para probar la autenticidad de la historia. El cient\u00edfico explic\u00f3 que la humanidad podr\u00eda beneficiarse de aquel nuevo medicamento si se pusiera en venta, cosa que complaci\u00f3 aun m\u00e1s a los Farquar. Eran gente simple y amable y les gustaba creer que gracias a ellos se descubrir\u00eda algo bueno. Pero cuando el cient\u00edfico empez\u00f3 a hablar del dinero que podr\u00eda ganarse, se sintieron inc\u00f3modos. Sus sentimientos al respecto del milagro (pues pensaban en el suceso en esos t\u00e9rminos) eran tan fuertes, profundos y religiosos que les parec\u00eda de mal gusto relacionarlo con el dinero. El cient\u00edfico, al ver sus caras, regres\u00f3 al primer argumento, que era el progreso para la humanidad. Tal vez fue demasiado superficial: no era la primera vez que acud\u00eda en pos de alg\u00fan secreto legendario de los matorrales.<br \/>\nAl fin, cuando termin\u00f3 el almuerzo, los Farquar llamaron a Gideon al cuarto de estar y le explicaron que aquel baas era un Gran Doctor de la Gran Ciudad y que hab\u00eda recorrido todo aquel camino para verlo a \u00e9l. Al o\u00edrlo, Gideon pareci\u00f3 asustarse; no lo entend\u00eda. La se\u00f1ora Farquar le explic\u00f3 enseguida que el Gran Baas se hab\u00eda presentado all\u00ed por su maravillosa intervenci\u00f3n con los ojos de Teddy.<br \/>\nGideon mir\u00f3 al se\u00f1or Farquar, y luego a la se\u00f1ora, y luego al ni\u00f1o, que se daba aires de importancia por la ocasi\u00f3n. Al fin, dijo a rega\u00f1adientes:<br \/>\n\u2013\u00bfEl Gran Baas quiere saber qu\u00e9 medicina us\u00e9?<br \/>\nHablaba con incredulidad, como si no pudiera concebir semejante traici\u00f3n de sus viejos amigos. El se\u00f1or Farquar empez\u00f3 a explicar que de aquella ra\u00edz pod\u00eda extraerse un medicamento muy necesario, y que podr\u00eda ponerse a la venta de modo que miles de personas, blancas y negras, en todo el continente africano, dispondr\u00edan de salvaci\u00f3n cuando aquella serpiente bufadora les escupiera su veneno en los ojos. Gideon escuch\u00f3 con la mirada clavada en el suelo y la piel de la frente tensa por la incomodidad. Cuando el se\u00f1or Farquar hubo terminado, no contest\u00f3. El cient\u00edfico, que hab\u00eda permanecido hasta entonces recostado en su silla, bebiendo tragos de caf\u00e9 y exhibiendo una sonrisa de esc\u00e9ptico buen humor, intervino y se lo volvi\u00f3 a explicar todo, con palabras distintas, acerca de la fabricaci\u00f3n de medicamentos y del progreso de la ciencia. Adem\u00e1s, ofreci\u00f3 un regalo a Gideon.<br \/>\nTras esta \u00faltima explicaci\u00f3n hubo un momento de silencio y luego Gideon replic\u00f3 con indiferencia que no pod\u00eda recordar de qu\u00e9 ra\u00edz se trataba. Ten\u00eda una expresi\u00f3n hura\u00f1a y hostil en el rostro, incluso cuando miraba a los Farquar, a quienes sol\u00eda tratar como si fueran viejos amigos. Ellos empezaban a molestarse; esa sensaci\u00f3n anul\u00f3 la culpa que hab\u00eda nacido tras las primeras acusaciones de Gideon. Empezaban a pensar que su comportamiento era muy poco razonable. Sin embargo, en ese momento se dieron cuenta de que no iba a ceder. La droga m\u00e1gica permanecer\u00eda en su lugar, desconocido e inservible salvo para los escasos africanos que la conocieran, nativos que tal vez se dedicaran a cavar zanjas para el Ayuntamiento, con sus camisas rasgadas y sus pantalones cortos remendados, pero que hab\u00edan nacido para la curaci\u00f3n, herederos de otros curanderos por ser hijos o sobrinos de antiguos brujos, cuyas feas m\u00e1scaras, huesos y dem\u00e1s burdos objetos de magia parec\u00edan ahora signos externos de poder y sabidur\u00eda reales.<br \/>\nLos Farquar pod\u00edan pisotear aquella planta cincuenta veces al d\u00eda de camino entre la casa y el jard\u00edn, del sendero de las vacas a los campos de ma\u00edz, pero nunca se iban a enterar.<br \/>\nSin embargo siguieron discutiendo y trataron de persuadirlo con toda la fuerza de su exasperaci\u00f3n; y Gideon sigui\u00f3 diciendo que no se acordaba, o que nunca hab\u00eda existido tal ra\u00edz, o que no se encontraba en aquella estaci\u00f3n del a\u00f1o, o que no era la ra\u00edz por s\u00ed misma, sino su saliva, lo que hab\u00eda curado los ojos de Teddy. Dijo todas esas cosas, una detr\u00e1s de otra, y no pareci\u00f3 importarle que fueran contradictorias. Estuvo rudo y tozudo. Los Farquar apenas reconoc\u00edan a su simp\u00e1tico y amable sirviente en aquel africano ignorante, perversamente obstinado, que permanec\u00eda ante ellos con la mirada baja y retorc\u00eda el delantal entre los dedos mientras repet\u00eda una y otra vez cualquiera de las est\u00fapidas negativas que le viniera a la mente.<br \/>\nDe pronto, pareci\u00f3 que ced\u00eda. Alz\u00f3 la cabeza, dedic\u00f3 una larga y rabiosa mirada al c\u00edrculo de blancos, que para \u00e9l ten\u00edan el aspecto de una ronda de perros ladradores en torno a \u00e9l, y dijo:<br \/>\n\u2013Les voy a ense\u00f1ar la ra\u00edz.<br \/>\nEcharon a andar en fila india desde la casa por un sendero. Era una tarde abrasadora de diciembre y el cielo estaba lleno de calurosas nubes de lluvia. Todo estaba caliente: el sol parec\u00eda una placa de bronce que diera vueltas en el aire, los campos refulg\u00edan de calor, el suelo ard\u00eda bajo sus pies y el viento, cargado de polvo, les soplaba en la cara, rasposo y acalorado. Era un d\u00eda terrible, destinado a tumbarse en el porche con una bebida helada, como normalmente har\u00edan a esas horas.<br \/>\nDe vez en cuando, recordando que el d\u00eda de la serpiente a Gideon le hab\u00eda costado s\u00f3lo diez minutos encontrar la ra\u00edz, alguien preguntaba:<br \/>\n\u2013\u00bfTan lejos queda, Gideon?<br \/>\n\u00c9ste miraba hacia atr\u00e1s y respond\u00eda, con molesta educaci\u00f3n:<br \/>\n\u2013Estoy buscando la ra\u00edz, baas.<br \/>\nEfectivamente, a menudo se agachaba de lado y pasaba la mano entre las hierbas, con un gesto tan mec\u00e1nico que resultaba ofensivo. Los hizo caminar entre los matorrales por senderos desconocidos durante dos horas, bajo aquel calor derretido y destructor, hasta que rompieron a sudar y les doli\u00f3 la cabeza. Iban todos muy callados; los Farquar porque estaban enfadados y el cient\u00edfico porque una vez m\u00e1s se demostraba que ten\u00eda raz\u00f3n: la planta no exist\u00eda. Su silencio era muy diplom\u00e1tico.<br \/>\nAl fin, a unos diez kil\u00f3metros de la casa, Gideon decidi\u00f3 de pronto que ya hab\u00eda suficiente; o tal vez su enfado se evapor\u00f3 en aquel instante. Sin esforzarse por aparentar nada ajeno a la casualidad, recogi\u00f3 un pu\u00f1ado de flores azules entre la hierba, las mismas flores que abundaban en los caminos que hab\u00edan recorrido.<br \/>\nSe las dio al cient\u00edfico sin mirarlo siquiera y ech\u00f3 a andar a solas de vuelta a la casa, dejando que lo siguieran si as\u00ed quer\u00edan hacerlo.<br \/>\nCuando llegaron a la casa, el cient\u00edfico se fue a la cocina y dio las gracias a Gideon: se comportaba con mucha educaci\u00f3n, pero manten\u00eda la burla en la mirada.<br \/>\nGideon se hab\u00eda ido. Tras tirar las flores en la parte trasera del coche sin darles ninguna importancia, el eminente visitante se fue de vuelta a su laboratorio. Gideon regres\u00f3 a la cocina a tiempo para preparar la cena, pero estaba muy hura\u00f1o. Habl\u00f3 con la se\u00f1ora Farquar como un sirviente malcarado. Pasaron d\u00edas antes de que volvieran a llevarse bien.<br \/>\nLos Farquar interrogaban a sus trabajadores acerca de aquella ra\u00edz. A veces recib\u00edan miradas desconfiadas por toda respuesta. A veces, los nativos dec\u00edan: \u00abNo lo sabemos. Nunca hemos o\u00eddo hablar de esa ra\u00edz\u00bb. Uno de ellos, el muchacho que cuidaba el ganado, que llevaba mucho tiempo con ellos y les ten\u00eda cierta confianza, dijo:<br \/>\n\u2013Preg\u00fantenle al que trabaja en la cocina. Ese es todo un m\u00e9dico. Es el hijo de un famoso curandero que sol\u00eda vivir por aqu\u00ed y no hay enfermedad que no pueda curar. \u2013Luego, a\u00f1adi\u00f3 con educaci\u00f3n\u2013: Por supuesto, no es tan bueno como el m\u00e9dico de los blancos, eso ya lo sabemos, pero para nosotros s\u00ed que sirve.<br \/>\nAl cabo de un tiempo, cuando ya hab\u00eda desaparecido la amargura entre los Farquar y Gideon, empezaron a bromear:<br \/>\n\u2013\u00bfCu\u00e1ndo nos vas a ense\u00f1ar la ra\u00edz de las serpientes, Gideon?<br \/>\n\u00c9l se re\u00eda, meneaba la cabeza y, con cierta incomodidad, contestaba:<br \/>\n\u2013Pero si ya se la ense\u00f1\u00e9, se\u00f1orita, \u00bfno se acuerda?<br \/>\nAl cabo de mucho tiempo, cuando Teddy ya iba al colegio, entraba en la cocina y le dec\u00eda:<br \/>\n\u2013Gideon, viejo gamberro. \u00bfRecuerdas aquella vez que nos enga\u00f1aste a todos y nos hiciste caminar no s\u00e9 cu\u00e1ntos kil\u00f3metros por la meseta para nada? Llegamos tan lejos que mi padre me tuvo que traer en brazos.<br \/>\nY Gideon se part\u00eda de risa educadamente. Despu\u00e9s de re\u00edr mucho rato, se incorporaba, se secaba los ojos y miraba con tristeza a Teddy, quien lo contemplaba maliciosamente desde el otro lado de la cocina:<br \/>\n\u2013Ah, Cabecita Dorada, cu\u00e1nto has crecido. Pronto ser\u00e1s mayor y tendr\u00e1s tu propia granja&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de Doris Lessing, ganadora del Premio Nobel de Literatura.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13322,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El cuento del mes en Las Historias: \"La brujer\u00eda no se vende\" de Doris Lessing. http:\/\/wp.me\/pjEhq-2ze","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,871,2576,2343,185,1028,2577,2575,2855,467],"class_list":["post-9872","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-cuentos-africanos","tag-doris-lessing","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-en-lengua-inglesa","tag-ganadores-del-premio-nobel","tag-la-brujeria-no-se-vende","tag-literatura","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/doris-lessing_1.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2ze","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9872","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9872"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9872\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13324,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9872\/revisions\/13324"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13322"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9872"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9872"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9872"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}