{"id":9835,"date":"2013-01-26T20:44:20","date_gmt":"2013-01-27T02:44:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=9835"},"modified":"2019-12-29T16:36:51","modified_gmt":"2019-12-29T22:36:51","slug":"diez-cajas-de-libros-que-se-van","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/diez-cajas-de-libros-que-se-van\/","title":{"rendered":"Diez cajas de libros que se van"},"content":{"rendered":"<p>Este a\u00f1o comenz\u00f3 con uno de esos cambios aparentemente sin importancia: hemos hecho limpieza en casa y estamos en el proceso de deshacernos de muchos objetos. Pero ocurre que la mayor\u00eda de esos objetos son libros. Concretamente, llenamos diez cajas de libros. Quedaron repletas y son buen tama\u00f1o. No sabemos exactamente cu\u00e1ntos vol\u00famenes hay en ellas, pero no sonmenos de varios centenares. Hoy, s\u00e1bado 26 de enero, acaban de sacarlas de la casa. No volver\u00e1n.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/IMG_0883.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"9840\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/diez-cajas-de-libros-que-se-van\/img_0883\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/IMG_0883.jpg\" data-orig-size=\"2592,1936\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;2.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;iPhone 4&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1358024939&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;3.85&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;320&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.0666666666667&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Cajas\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/IMG_0883-1024x764.jpg\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-9840\" alt=\"Cajas\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/IMG_0883-300x224.jpg\" width=\"300\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/IMG_0883-300x224.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/IMG_0883-1024x764.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Como a <a href=\"http:\/\/raxxie.com\">mi esposa<\/a> y a m\u00ed nos encanta leer, y somos de las generaciones que todav\u00eda aprendieron a apreciar los libros como objetos tangibles (este h\u00e1bito raro est\u00e1 condenado, por supuesto; en un siglo casi nadie lo recordar\u00e1), algunas amistades nos han preguntado si hacer esta no fue muy dif\u00edcil: decidir qu\u00e9 se va y qu\u00e9 se queda, discriminar.<\/p>\n<p>Y la verdad es que s\u00ed, lo ha sido, pero no nada m\u00e1s por el hecho abstracto de deshacerse de un mont\u00f3n de objetos apreciados. Lo interesante ha sido lo complejo que resulta el asunto.<\/p>\n<p>Nuestro prop\u00f3sito era estrictamente pr\u00e1ctico: ya empezaba a costar trabajo caminar por la casa&#8230;, que en realidad es un departamento, cuyos 90 metros cuadrados no son poco espacio pero tampoco son <em>tanto<\/em>. Los libros y las revistas estaban puestos en cualquier sitio, hab\u00eda pilas de papeles que llevaban a\u00f1os sin usarse, hab\u00eda pilas de ropa (en situaci\u00f3n muy similar) amontonada en los armarios, y adem\u00e1s estaban el futbolito miniatura, la <em>laptop<\/em> estropeada desde 1999 y que hab\u00eda sobrevivido a otras dos mudanzas, los cajas de cart\u00f3n destrozadas que serv\u00edan de juguetes a los gatos\u2026<\/p>\n<p>Etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer, para empezar, con los libros? Era imposible conservarlos todos: amontonados como estaban en mesas y rincones, en doble y hasta triple fila en los libreros, los que estaban a la vista volv\u00edan imposible encontrar los que hac\u00edan falta o tener a mano los que se estaban leyendo.\u00a0Suena terrible decir que \u00absobran\u00bb libros en un lugar, pero no pod\u00edamos quedarnos as\u00ed. Ten\u00edamos que elegir de qu\u00e9 prescindir y sacarlo, sin vacilar y sin remordimientos.<\/p>\n<p>Para ayudarnos, decidimos seguir tres reglas: \u00a0no repetir copias de un mismo t\u00edtulo, preferir colecciones que obras sueltas y concentrarnos en preservar, sobre todo, los libros de mejor calidad de una lista de temas que nos importan y tienen que ver con nuestro trabajo. Narrativa, creaci\u00f3n literaria, teor\u00eda literaria, cine, zombis (que es un tema favorito de mi esposa) y c\u00f3mic (que es un tema favorito m\u00edo). Tambi\u00e9n quedan, claro, peque\u00f1as secciones de poes\u00eda, ensayo, viajes, historia, filosof\u00eda y otras pocas materias. Tambi\u00e9n quedan las rarezas de valor obvio (como un libro de Jorge Luis Borges autografiado a mi nombre), \u00a0los objetos de culto (una colecci\u00f3n bastante completa de Jean Ray, enorm\u00edsimo narrador de B\u00e9lgica, pr\u00e1cticamente desconocido en el resto del mundo) y las que son m\u00e1s bien bromas privadas, como el tratado\/poema \u00e9pico\u00a0<em>new age<\/em> de seis p\u00e1ginas, el libro de hechicer\u00eda comprado a una bruja en La Merced o <em>La gran cat\u00e1strofe universal de 1983<\/em>, que profetiza el fin del mundo para esa fecha todav\u00eda tan cercana. Y tambi\u00e9n se quedan\u00a0los libros de los amigos m\u00e1s queridos, los de mensajes y dedicatorias de los que es imposible desprenderse, y los de uso frecuente.<\/p>\n<p>El resto deb\u00eda irse: los libros muy maltratados (la primera edici\u00f3n que tuve de <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>, por ejemplo, totalmente deshecha y que no es antigua sino meramente vieja); los que no merecen una segunda lectura, los que no merec\u00edan o no iban a tener siquiera la primera lectura,\u00a0y tambi\u00e9n unos cuantos &#8211;hay que admitirlo&#8211; de personas que parec\u00edan ser amigas nuestras y al final resultaron no serlo.<\/p>\n<p>Otra consecuencia del gusto por los libros como objetos, descubro, es el sue\u00f1o de armar una biblioteca que pueda sobrevivir. El a\u00f1o pasado, el gobierno compr\u00f3 y puso a disposici\u00f3n del p\u00fablico las de varios autores y personalidades de la cultura mexicana del siglo XX, y era lindo de ver la diversidad y el mero tama\u00f1o de semejantes colecciones. Se tendr\u00e1 que mantenerlas ordenadas y en buen estado f\u00edsico &#8211;una tarea ingrata y complicada&#8211; para que el p\u00fablico se beneficie de ellas, pero todas, adem\u00e1s de ofrecer grandes cantidades de informaci\u00f3n util\u00edsima, ser\u00e1n mientras se conserven juntas el retrato &#8211;una imagen: una met\u00e1fora&#8211; de la persona que las reuni\u00f3. El testimonio de una conciencia curiosa, \u00e1vida, inteligente o todo a la vez.<\/p>\n<p>Todo eso suena muy bien, naturalmente, al ego, y no digamos al ego de los escritores, que puede ser terrible pero tambi\u00e9n es, hasta cierto punto, una herramienta necesaria. (Se necesita para sostener la creencia de que se tiene algo que decir y vale la pena hacerlo llegar al mundo: la vanidad, la arrogancia y la venalidad que se achacan al \u00abgremio\u00bb en general van m\u00e1s all\u00e1 de eso.)<\/p>\n<p>Sin embargo, la realidad es que lo primero que exige el mantenimiento de una gran biblioteca es much\u00edsimo espacio: m\u00e1s del que puede tener una persona promedio, y tambi\u00e9n mejor ordenado, con cuidados constantes. Llenar un departamento de clase media como si fuese una mansi\u00f3n es no hacerle justicia a los libros ni tampoco a las primeras personas &#8211;nosotros mismos&#8211; que podr\u00edan servirse de ellos. As\u00ed que se termina la fantas\u00eda de una gran biblioteca, perfectamente provista, y se queda lo que tenemos: una colecci\u00f3n a nuestra escala humana, en la que no cuente nada salvo la fascinaci\u00f3n o el amor que podamos tener por esos objetos y las palabras que contienen.<\/p>\n<p>Si todo sale bien, las diez cajas de libros que se van ir\u00e1n a dar a una biblioteca. All\u00ed, otras personas les dar\u00e1n el uso que nosotros no pod\u00edamos darles. De pronto pienso que se salvar\u00e1n, al menos por un tiempo, del destino de todo lo que se retiene. (Margaret Atwood escribi\u00f3, palabras m\u00e1s o menos, que los recuerdos m\u00e1s entra\u00f1ables de una persona, fijos en sus objetos, no son sino la basura que otros desechar\u00e1n.) Pero tambi\u00e9n se me ocurre que todos nuestros libros podr\u00edan tener al fin &#8211;espero que dentro de muchos a\u00f1os&#8211; el mismo destino. \u00a0A falta de una biblioteca \u00abcompleta\u00bb &#8211;de ese sue\u00f1o que no nos corresponde&#8211; tal vez podr\u00edamos, con el tiempo, dispersarnos en muchas bibliotecas distintas. No vivir nosotros pero dejar vivir lo que nos fascin\u00f3, y lo que amamos.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/PrimitoBoxed.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"9841\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/diez-cajas-de-libros-que-se-van\/primitoboxed\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/PrimitoBoxed.jpg\" data-orig-size=\"1936,1936\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;2.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Alberto Chimal&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;261&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1358180280&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;3.85&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;160&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.0666666666667&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"El nombre del gato es Primo\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/PrimitoBoxed-1024x1024.jpg\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-9841\" alt=\"El nombre del gato es Primo\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/PrimitoBoxed-300x300.jpg\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/PrimitoBoxed-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/PrimitoBoxed-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/PrimitoBoxed-1024x1024.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/PrimitoBoxed.jpg 1936w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este a\u00f1o comenz\u00f3 con uno de esos cambios aparentemente sin importancia: hemos hecho limpieza en casa y estamos en el proceso de deshacernos de muchos objetos. 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