{"id":9632,"date":"2012-10-15T14:38:10","date_gmt":"2012-10-15T19:38:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=9632"},"modified":"2016-12-09T21:43:06","modified_gmt":"2016-12-10T03:43:06","slug":"norma-en-un-cine-junto-a-su-tia-grace","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/norma-en-un-cine-junto-a-su-tia-grace\/","title":{"rendered":"Norma en un cine, junto a su t\u00eda Grace"},"content":{"rendered":"<p>Si todo sale bien, este mes tendr\u00e1 m\u00e1s de un cuento. El primero de los proyectados es \u00e9ste, del mexicano \u00d3scar Luviano, que trata acerca del cine y uno de sus iconos, la memoria y el deseo. El cuento se public\u00f3 por vez primera en el suplemento <em>Guardagujas<\/em>.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Luviano.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"9633\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/norma-en-un-cine-junto-a-su-tia-grace\/luviano\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Luviano.jpg\" data-orig-size=\"500,435\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"\u00d3scar Luviano\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Luviano.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Luviano-300x261.jpg\" alt=\"\" title=\"\u00d3scar Luviano\" width=\"300\" height=\"261\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-9633\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Luviano-300x261.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Luviano.jpg 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>NORMA EN EL CINE, JUNTO A SU T\u00cdA GRACE<br \/>\n\u00d3scar Luviano<\/strong><br \/>\nEl viajero del tiempo entra en el cine californiano donde sabe que va a encontrarla: el momento est\u00e1 dise\u00f1ado de esa manera y no de otra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lleva bajo el brazo la carpeta con los recortes y las fotocopias. No ha dejado nada fuera: el ir y volver a hogares de acogida, el abuso del padrastro, el abuso del hijo de la t\u00eda Olive, la crueldad que va a encontrar en todos los espejos, el dramaturgo que la tomar\u00e1 como a un trofeo, su creencia en el amor del presidente mesi\u00e1nico y su pat\u00e9tico happy birthday cantado bajo una spotlight dura como un haz extraterrestre, como si esa luz supiese que no era ni ser\u00e1 de este mundo; la que crey\u00f3 su gran pel\u00edcula y cuya \u00fanica escena recordada ser\u00e1 la sesi\u00f3n de raqueta-bola, sus tetas vibrando en close up como una gelatina obscena bajo el su\u00e9ter blanco; el insomnio, los frascos de pastillas, el tel\u00e9fono que apretar\u00e1 entre las manos cuando la polic\u00eda al fin logre\u00e9 irrumpir en el dormitorio&#8230; Todo en orden cronol\u00f3gico, con numerosas fotos para que la ni\u00f1a de nueve a\u00f1os no pueda reconocerse a pesar del tinte platinado y el minucioso alaciado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El viajero del tiempo la encuentra como est\u00e1 escrito, en la primera fila, sentada junto a su t\u00eda Grace. Norma Jeane se hunde en la butaca como si la luz del proyector, gris y revuelta de polvo, tuviera un peso terrible, y estuviera por decirle (en efecto) que no es de este mundo&#8230; Sin embargo, sonr\u00ede. Elige una butaca de la segunda fila, justo detr\u00e1s de ella. El viajero del tiempo sabe que Norma Jeane sonr\u00ede cegada por el polvo, por Hollywood, por Clark Gable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y no, se dice, y le dice en silencio (como ha dicho miles de veces a sus fotos): Tu padre no es Clark Gable; no importa cuantas veces lo repitas a los ni\u00f1os de la escuela, a las ni\u00f1as que se ensa\u00f1an con tu ropa barata; y esta mujer amorosa que te ha tra\u00eddo para que te deleites con tu padre imaginario y con el Sue\u00f1o de la Pantalla, Norma Jeane, va a abandonarte en unas semanas; te mandar\u00e1 a un orfanato cuando se case con el hombre que abusar\u00e1 por primera vez de ti.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la pantalla, el periodista interpretado por Clark Gable, su bigote tan lustroso como el que Norma Jeane jura por todos los \u00e1ngeles que ostenta su padre, se ofrece a llevar a la heredera, Claudette Colbert, en busca del esposo que su intolerante padre ha enviado a paradero desconocido. En su butaca, Norma Jeane se inclina y apoyar el rostro en las manos: sabe, como sabemos todos, que Gable y Colbert, a pesar del juramento que hacen, emprenden un camino va a conducirles puntualmente al uno en los brazos del otro. Lo sabe, pero la pel\u00edcula no tendr\u00eda sentido si no sufriera un poco por ellos, por la posibilidad de que no pase as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hollywood ya hab\u00eda reducido al futuro, desde ese entonces, a un p\u00e1ramo sin sobresaltos. Y el viajero del tiempo est\u00e1 aqu\u00ed para dar ese tiempo sin dolor a la \u00fanica mujer que ha amado con piedad y con un deseo arrasado por la inocencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su plan es sencillo: va a colocar el dossier en la butaca vac\u00eda al lado de Norma Jeane, sin que la t\u00eda Grace se percate. El cataclismo sobrevendr\u00e1 despu\u00e9s, tal y como el viajero del tiempo ha descrito para s\u00ed en pizarrones llenos de largas f\u00f3rmulas y tortuosas ecuaciones, en el piso con pentagramas trazados con sangre de palomas; en infinitos mapas de flujo que revelaron grietas en el contin\u00fao del espacio-tiempo. Y esto es lo que revelaron sus c\u00e1lculos: Norma Jeane levantar\u00e1 la carpeta de sobre la butaca, cuando las luces enciendan y la t\u00eda Grace se tome un minuto en el tocador. Y reconocer\u00e1 su rostro en los diarios y en los carteles, en las notas amarillistas y en la cruel fotos de la morgue; como quien se mira en un espejo dentado va a conocer en detalle, con maravilla y horror, el relato que no estar\u00e1 dispuesta a ejecutar por segunda vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfVamos? Gable abre la portezuela del taxi y Colbert duda un momento, en el instante elegido por el viajero del tiempo para colocar la carpeta en la butaca vac\u00eda junto a Norma Jeane. No la ha posado a\u00fan cuando la ni\u00f1a de 9 a\u00f1os le descubre. El viajero se congela, aterrado, con la carpeta hinchada de futuro entre los dedos sudorosos. Pero no la ni\u00f1a no se percata de los documentos, y le hace una pregunta entre las sombras. El viajero sigue con la mirada el dedo infantil (la mano amada, la mano perfilada en fotos amarillentas y pel\u00edculas rayadas, la manita como de luz esculpida). En la pantalla, Gable y Colbert se miran profundamente en el asiento trasero del taxi. Una mirada que lo dice todo, pero no tan claro, as\u00ed que Norma Jeane pregunta de nuevo, llena de esperanza: Van a besarse, \u00bfverdad?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y el viajero del tiempo cree ver lo que no hab\u00eda visto, o entiende lo que hab\u00eda visto siempre en el rostro de Norma Jeane (incluso en aquellas fotos en que desnuda se tiende sobre la espantosa alfombra rosa chill\u00f3n de Playboy), y la pregunta de la ni\u00f1a se convierte en esa s\u00faplica no formulada, pero que siempre estuvo ah\u00ed, en el fondo del cuerpo nunca tocado. Una s\u00faplica que a pesar de todo el amor del viajero del tiempo, Norma Jeane siempre se neg\u00f3 a realizar, presa en fotogramas, carteles y fotos mal pixeladas. La secreta s\u00faplica que yac\u00eda dentro de ella misma: Do i look happy?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y descubrirla en la mirada indefensa de esa ni\u00f1a, en esos ojos con un destello aceitunado que ni el dolor ni el odio a s\u00ed misma van a destruir, hace que el viajero del tiempo se recuerde    renunciando a masturbarse una vez m\u00e1s con la pel\u00edcula porno ap\u00f3crifa; se recuerde murmurando  \u00abs\u00f3lo una gota de Chanel\u00bb cuando perdi\u00f3 la puja por el vestido aterciopelado de la coreograf\u00eda de los diamantes; se recuerda rebobinando el v\u00eddeo para volver a la caminata hacia las cataratas del Ni\u00e1gara, y contemplarla una vez m\u00e1s, majestuoso e invencible diamante de carne.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El viajero del tiempo sonr\u00ede a Norma Jeane, y es incapaz de precisar el n\u00famero de veces que tras cerrar la puerta, vencido, pos\u00f3 su mano en esa mejilla de pureza lunar, reproducida en blanco y negro en un poster que nunca se dobleg\u00f3 a la humedad que hinchaba la pared. Claro que van a besarse, le dice, y la ni\u00f1a sonr\u00ede luminosa. \u00bfY sabes por qu\u00e9 lo s\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Norma Jeane niega con la melenita rizada. S\u00e9 que se van a besar porque vengo del futuro. Norma Jeane tuerce la boca, se golpea las rodillas, y r\u00ede hasta que su t\u00eda le pide silencio. El viajero del tiempo se disculpa con una inclinaci\u00f3n de sombrero, y se hunde en su butaca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras Norma Jeane devuelve mirada y asombro al bigote de su padre en la pantalla, sin mayor ceremonia, el viajero del tiempo se guarda la carpeta bajo el brazo. La observa en silencio. \u00bfQu\u00e9 iba a ser de los dos sin la espantosa, la terrible soledad que los aguarda?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su butaca cruje cada vez que salta, emocionada. Cuando Gable y Colbert finalmente se besan con una multitud neoyorquina por testigos, la t\u00eda Grace no tiene coraz\u00f3n para acallar sus grititos de dicha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El viajero del tiempo sale antes de que las luces enciendan. Sus zapatos chasquean en los pasillos pegajosos de cerveza de ra\u00edz. Es de noche sobre Los Angeles, pero las farolas y la luna llena carecen de polvo y de peso.<\/p>\n<p>&copy; \u00d3scar Luviano<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento sobre el cine y la memoria del mexicano \u00d3scar Luviano.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":9633,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[2860,22,198,2855,2291,2532,424],"class_list":["post-9632","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cine","tag-cuento","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-norma-en-un-cine-junto-a-su-tia-grace","tag-oscar-luviano"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/10\/Luviano.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2vm","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9632","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9632"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9632\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13099,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9632\/revisions\/13099"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9633"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9632"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9632"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9632"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}