{"id":961,"date":"2008-09-08T09:41:08","date_gmt":"2008-09-08T14:41:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=961"},"modified":"2016-10-26T10:23:47","modified_gmt":"2016-10-26T15:23:47","slug":"como-ladrones-en-la-noche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/como-ladrones-en-la-noche\/","title":{"rendered":"Como ladrones en la noche"},"content":{"rendered":"<p><em>El texto que sigue sonar\u00e1 tal vez un poco raro: es un fragmento autobiogr\u00e1fico que fue publicado hace alg\u00fan tiempo en la revista <\/em>Generaci\u00f3n <em>y tiene que ver con mi paso por la colonia Roma de la ciudad de M\u00e9xico.<\/em> <em>Lo publico como un adelanto de otras curiosidades que aparecer\u00e1n cuando el resto del sitio se encuentre en l\u00ednea.<\/em><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"965\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/como-ladrones-en-la-noche\/5amigos\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/5amigos.jpg\" data-orig-size=\"450,286\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Cuatro amigos (y el gato) en el antiguo departamento de la Roma\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Cuatro amigos (y el gato) en el antiguo departamento de la Roma&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/5amigos.jpg\" class=\"aligncenter size-full wp-image-965\" title=\"Cuatro amigos (y el gato) en el antiguo departamento de la Roma\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/5amigos.jpg\" alt=\"\" width=\"450\" height=\"286\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/5amigos.jpg 450w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/5amigos-300x190.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px\" \/><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Hace cuatro a\u00f1os abandon\u00e9 la colonia Roma. No fue por disgusto: hab\u00eda sido feliz en aquel departamento de la calle de Puebla, y antes hab\u00eda vivido tiempos interesantes \u2013es decir, terribles\u2013 en los de Guanajuato y Yucat\u00e1n. Adem\u00e1s, all\u00ed, en la colonia: por igual en sus calles de lujo que en las otras, unas veces en los lugares c\u00e1lidos y otras en los sitios helados, o en los llenos de dientes, all\u00ed, digo, hab\u00edan nacido no menos de seis libros, diez veces m\u00e1s cuentos y ensayos y art\u00edculos, mis primeros y \u00faltimos poemas (no, ya no existen, gracias por preguntar); hab\u00edan surgido amistades y se hab\u00edan extinguido rivalidades o malentendidos; hab\u00eda crecido un gato hu\u00e9rfano y amable, hab\u00eda muerto un amor espantable y doloroso y necio, hab\u00eda surgido otro amor que permanece, hab\u00edan tenido lugar incontables horas de ternura horizontal, fiestas sin sordina, pel\u00edculas decentes o pir\u00e1ticas, lecturas brillantes y abismales, conversaciones con amigos y con desconocidos, roces con una o dos personas intolerables.<\/p>\n<p>(Los roces con personas intolerables no estimulan mi ingenio en el momento, pero siempre, cuando han terminado, llega a m\u00ed lo que algunos llaman \u201cel esp\u00edritu de la escalera\u201d: mientras bajo del lugar de mi derrota verbal, s\u00f3lo hasta entonces, todo lo que podr\u00eda haber dicho para aplastar a quien me aplast\u00f3 llega, como la ola que se ofrece para que la aproveche el buen nadador o cualquier cita semejante. Por lo dem\u00e1s, algunas personas recuerdan todav\u00eda a la se\u00f1ora de la bolsa de estambre, la \u00fanica a la que he echado de mi casa con \u201ccajas destempladas\u201d y recomendaciones ideadas, pensadas minuciosamente, para perderla.)<\/p>\n<p>Todo esto es verdad.<\/p>\n<p>Pero he aqu\u00ed que, reci\u00e9n casados, tras sobrellevar una ceremonia repleta de mandatos glaseados y buenas intenciones de los parientes, est\u00e1bamos en un hotel de Tuxtla Guti\u00e9rrez, mordisqueando las nueces que una t\u00eda nos hab\u00eda dejado en una canastita (con el fin de incrementar lo que deb\u00eda incrementarse en la \u201cnoche de bodas\u201d), y en la televisi\u00f3n apareci\u00f3 un extracto de <em>El mikado<\/em> de Gilbert y Sullivan, todo lleno de falsos japoneses. No s\u00e9 por qu\u00e9, justo en ese momento comprend\u00ed que ya hab\u00eda terminado el suplicio de las normas sociales pero tambi\u00e9n mi vida de romano: el nuevo departamento (comprado en otro sitio de la ciudad de M\u00e9xico, primera vez en la vida de semejantes deudas y responsabilidades) estaba listo para recibirnos, y todo lo que faltaba era empacar y contratar la mudanza. Se lo dije a Raquel; ella concord\u00f3 conmigo, pero ni me pregunt\u00f3 m\u00e1s ni yo hab\u00eda pensado en lo que dije un poco m\u00e1s arriba: s\u00f3lo sent\u00ed un vago desasosiego, que adem\u00e1s se mezcl\u00f3 con urgencias m\u00e1s cercanas y ef\u00edmeras. De Gilbert y Sullivan cambiamos a no recuerdo qu\u00e9 otra cosa, nos pusimos a decir que sus u\u00f1as postizas eran una molestia peor ya pasadas fiesta y ceremonia, y el resto de nuestro viaje transcurri\u00f3.<\/p>\n<p>De regreso a M\u00e9xico \u2013tras parada brev\u00edsima en un <em>nail studio<\/em> para remover aquellos ap\u00e9ndices de pl\u00e1stico blanquecino con tiritas doradas: el tiempo para hacerlo antes se perdi\u00f3 entre bajar de un avi\u00f3n y subir a otro\u2013, me vi forzado a recordar lo que sigue:<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>A comienzos de 2002, yo hab\u00eda elegido el departamento de la calle de Puebla porque se encontraba (se encuentra todav\u00eda, claro) en la planta baja de su edificio.<\/p>\n<p>El a\u00f1o anterior, en el departamento de Yucat\u00e1n, en medio de peleas numerosas que iban a ponerse a\u00fan peores con quien era mi pareja entonces \u2013justamente el amor espantable y doloroso y necio que ya mencion\u00e9\u2013, me hab\u00eda ca\u00eddo en la regadera y me hab\u00eda luxado la rodilla izquierda m\u00e1s all\u00e1 de cualquier arreglo: hallaron la r\u00f3tula y la volvieron a poner en su sitio, pero pas\u00e9 el resto del a\u00f1o, de mi estad\u00eda en aquel lugar y de mi relaci\u00f3n (la verdad, los dos fuimos unos hijos de la chingada; desde aqu\u00ed, aunque sea tan tarde como hoy, pido perd\u00f3n por la parte que me toca) con una f\u00e9rula y muletas. Raquel, tiempo despu\u00e9s, opin\u00f3 que el conjunto se ve\u00eda sexy, aunque lo dijo mientras intentaba ligarme; en todo caso, la dificultad de subir y bajar escaleras era notable, y de all\u00ed la conveniencia de un lugar sin demasiados ascensos, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>El problema es que el departamento, con todo y su accesibilidad y otros hermosos detalles, ten\u00eda tambi\u00e9n el problema de recibir muy poca luz y demasiada humedad del aire y de los edificios circundantes: la ropa que se quedaba sin usar se iba cubriendo de polvillos blancos y verdosos, y a las ocho de la ma\u00f1ana era imposible ver nada sin luz artificial: el lugar era una cueva, pues, una hermosa boca de lobo.<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>Todo lo anterior pas\u00f3 por mi cabeza (y supongo que por la de Raquel, aunque ella no ten\u00eda sino versiones de segunda mano de buena parte de la historia) cuando, al llegar al departamento, al gato que esperaba y a las cajas ya hechas de libros y platos y dem\u00e1s objetos que esperaban con el gato, result\u00f3 que no hab\u00eda luz.<br \/>\nM\u00e1s a\u00fan, result\u00f3 que no hab\u00eda medidor de luz, pues el recibo de pago se hab\u00eda extraviado entre una ida al sastre que har\u00eda el traje de novia y otra a no recuerdo d\u00f3nde m\u00e1s.<\/p>\n<p>Sin \u00e1nimo de interpretar el hecho precisamente en aquel momento, y mientras la comida que nos quedaba se pudr\u00eda en el refrigerador y era imposible hacer nada salvo esperar el cami\u00f3n (que llegar\u00eda al d\u00eda siguiente) y buscar las velas y la linterna (pero nunca hab\u00edamos tenido linternas), apareci\u00f3 la vecina del 202. Hab\u00eda sido propietaria del edificio, y si bien luego lo hab\u00eda vendido para quedarse s\u00f3lo con su departamento, se sent\u00eda a\u00fan como la due\u00f1a y se dedicaba a se\u00f1alar cada desperfecto, criticar cada fiesta sin sordina \u2013confieso que esto era justo\u2013 y en general sospechar todo el tiempo de nuestra honorabilidad, nuestra voluntad de no prenderle fuego a nada, nuestra contenci\u00f3n para usar el ba\u00f1o y no orinar en la duela\u2026 Ya se sabe.<\/p>\n<p>Nosotros (en cierto modo) est\u00e1bamos como nuestros antepasados remotos, esos que salen en <em>2001<\/em> de Kubrick apretados contra la roca, muertos de terror, esperando el ataque del leopardo de ojos brillantes. En plan de leopardo, la vecina no llam\u00f3 a la puerta, no dijo nada, pero luego del resto de la noche negr\u00edsima, mientras afuera amanec\u00eda y adentro todo segu\u00eda igual, nos despert\u00f3 un tocar en\u00e9rgico. Era la verdadera due\u00f1a del departamento: se le hab\u00eda dicho que nos hab\u00edamos robado el medidor de la luz, que hab\u00edamos destrozado todo, que nos larg\u00e1bamos como ladrones en la noche\u2026<\/p>\n<p>Entonces descubrimos que no le hab\u00edamos avisado que nos march\u00e1bamos: la intenci\u00f3n se nos hab\u00eda perdido entre dos horas de hacer listas de invitados y otras dos de pl\u00e1ticas prematrimoniales (en las que, al menos, nunca nos ordenaron no usar cond\u00f3n). Todos nuestros aseguramientos, por no hablar del dinero del dep\u00f3sito, fueron insuficientes: regres\u00e9 de recontratar la luz cuando el cami\u00f3n de mudanzas se estacionaba afuera. Desde su ventana, la se\u00f1ora del 202 nos vio partir con inquina (juro que sus ojos brillaban) pero nosotros est\u00e1bamos ya a la luz del sol.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para variar, un texto autobiogr\u00e1fico, como adelanto de otras novedades que vendr\u00e1n: contiene amores contrariados, personas intolerables, una obra Gilbert y Sullivan y una noche de d\u00eda. Y un gato.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1520],"tags":[17,68,875,874,676,6,26,2855,390,970,2856],"class_list":["post-961","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuaderno","tag-amistades","tag-autobiografia","tag-ciudad-de-mexico","tag-colonia-roma","tag-generacion","tag-general","tag-historia-y-testimonio","tag-literatura","tag-memoria","tag-notas-recomendadas","tag-publicaciones"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-fv","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/961","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=961"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/961\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8449,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/961\/revisions\/8449"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=961"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=961"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=961"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}