{"id":9546,"date":"2012-09-11T18:26:58","date_gmt":"2012-09-11T23:26:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=9546"},"modified":"2016-12-10T14:08:12","modified_gmt":"2016-12-10T20:08:12","slug":"la-leyenda-de-san-julian-el-hospitalario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-leyenda-de-san-julian-el-hospitalario\/","title":{"rendered":"La leyenda de San Juli\u00e1n el hospitalario"},"content":{"rendered":"<p><em>Despu\u00e9s de una interrupci\u00f3n, se reanuda esta secci\u00f3n de cuentos. He aqu\u00ed uno de Gustave Flaubert (1821-1880), gran autor franc\u00e9s a quien no se conoce por sus narraciones breves sino por Madame Bovary, su primera novela, la cumbre proverbial del realismo del siglo XIX. \u00c9sta es una obra posterior, publicada inicialmente en el libro <\/em><a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Tres_cuentos\">Tres cuentos<\/a><em> (1877), y aunque su ambiente es medieval, alejado del entorno \u00abcontempor\u00e1neo\u00bb del realismo, aqu\u00ed tambi\u00e9n est\u00e1n las paradojas y misterios de la conducta humana que se aprecian en la obra m\u00e1s conocida de Flaubert. V\u00e9ase qui\u00e9n es el personaje m\u00e1s cruel de toda la narraci\u00f3n.<\/em><\/p>\n[fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb]\n<figure id=\"attachment_13326\" aria-describedby=\"caption-attachment-13326\" style=\"width: 240px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/flaubert.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13326\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-leyenda-de-san-julian-el-hospitalario\/flaubert\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/flaubert.jpg\" data-orig-size=\"1281,1600\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Flaubert seg\u00fan Ricardo Ajler\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Flaubert seg\u00fan Ricardo Ajler. 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Largos canalones, en figura de dragones con el hocico hacia abajo, escup\u00edan el agua de las lluvias en la cisterna; y en el borde de las ventanas de todos los pisos, en macetas de arcilla pintada, florec\u00edan una albahaca o un heliotropo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un segundo recinto, hecho con estacas, encerraba primeramente un vergel de \u00e1rboles frutales, luego un jard\u00edn con combinaciones de flores que dibujaban cifras, y m\u00e1s adelante un emparrado con glorietas para tomar el fresco y un juego de mallo para entretenimiento de los pajes. Al otro lado se hallaban la perrera, las cuadras, la panader\u00eda, el lagar y los h\u00f3rreos. U n apacentadero de verde c\u00e9sped se extend\u00eda por todos lados, cercado tambi\u00e9n por un fuerte seto de espinos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Viv\u00edan en paz desde hac\u00eda tanto tiempo que ya no se bajaba el rastrillo; los fosos estaban llenos de agua, las golondrinas anidaban en las grietas de las almenas, y el arquero que durante todo el d\u00eda se paseaba por la muralla entre los baluartes, cuando el sol calentaba demasiado, se met\u00eda en la atalaya y se dorm\u00eda como un fraile.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dentro, los herrajes reluc\u00edan en todas partes; en las habitaciones los tapices proteg\u00edan contra el fr\u00edo, los armarios rebosaban de ropa, los toneles de vino se apilaban en las bodegas, los cofres de roble cruj\u00edan bajo el peso de las talegas de plata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la sala de armas, entre pendones y hocicos de lieras, se ve\u00edan armas de todas las \u00e9pocas y todas las naciones, desde las hondas de los amalecitas y las jabalinas de los garamantes hasta los alfanjes de los sarracenos y las cotas de malla de los normandos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el gran espet\u00f3n de la cocina se pod\u00eda asar un buey; la capilla era suntuosa como el oratorio de un rey. Hab\u00eda tambi\u00e9n, en un lugar apartado, una estufa romana, pero el buen se\u00f1or se privaba de ella porque estimaba que era una costumbre id\u00f3latra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Siempre envuelto en una pelliza de zorro, se paseaba por su casa, administraba justicia a sus vasallos y apaciguaba las querellas de sus vecinos. Durante el invierno, miraba c\u00f3mo ca\u00edan los copos de nieve o hac\u00eda que le leyesen historias. Cuando comenzaba el buen tiempo, iba montado en su mula a lo largo de los senderos hasta la linde de los trigales que verdeaban y conversaba con los villanos, a los que daba consejos. Tras muchas aventuras, se hab\u00eda casado con una se\u00f1orita de noble linaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella era muy blanca, seria y un poco altiva. Los cuernos de su tocado rozaban el dintel de las puertas; la cola de su vestido de pa\u00f1o se arrastraba tres pasos detr\u00e1s de ella. Su servicio dom\u00e9stico estaba reglamentado como en un monasterio; todas las ma\u00f1anas distribu\u00eda las tareas de las sirvientas, vigilaba las confituras y los ung\u00fcentos, hilaba en la rueca o bordaba manteles de altar. A fuerza de rogar a Dios, tuvo un hijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces, hubo grandes festejos, y un banquete que dur\u00f3 tres d\u00edas y cuatro noches, a la luz de antorchas, al son de arpas y sobre alfombras de follaje. Comieron gallinas grandes como corderos, aderezadas con las especias m\u00e1s raras; para diversi\u00f3n de los comensales, sali\u00f3 un enano de un pastel; y, como las escudillas no eran suficientes porque la multitud aumentaba constantemente, tuvieron que beber en los cuernos y los cascos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La reci\u00e9n parida no asisti\u00f3 a estas fiestas. Se qued\u00f3 tranquilamente en la cama. Una noche se despert\u00f3 y vio a la luz de la luna que entraba por la ventana una especie de sombra que se mov\u00eda. Era un anciano con sayal, un rosario en el costado, una alforja al hombro y todo el aspecto de un ermita\u00f1o. Se acerc\u00f3 a la cabecera de su cama y le dijo, sin despegar los labios:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Regoc\u00edjate, oh madre! \u00a1Tu hijo ser\u00e1 santo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella iba a gritar, pero, desliz\u00e1ndose por el rayo de luna, el anciano se elev\u00f3 suavemente en el aire y desapareci\u00f3, Los cantos del banquete resonaron m\u00e1s inertemente. Ella oy\u00f3 las voces de los \u00e1ngeles, y su cabeza volvi\u00f3 a caer en la almohada, sobre la que pend\u00eda un hueso de m\u00e1rtir en un marco de carbunclos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al d\u00eda siguiente, todos los sirvientes interrogados declararon que no hab\u00edan visto ermita\u00f1o alguno. Sue\u00f1o o realidad, aquello deb\u00eda de ser una comunicaci\u00f3n del cielo, pero la se\u00f1ora cuid\u00f3 de no hablar de ello, por temor a que la acusaran de orgullo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los invitados se fueron al amanecer, y el padre de Juli\u00e1n se hallaba fuera de la poterna, hasta donde acababa de acompa\u00f1ar al \u00faltimo, cuando de pronto un mendigo se alz\u00f3 ante \u00e9l entre la niebla. Era un gitano de barba trenzada, con aros de plata en ambos brazos y ojos llameantes. Balbuce\u00f3 con aire inspirado estas palabras sin ilaci\u00f3n:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Ah! \u00a1Ah! tu hijo&#8230; \u00a1Mucha sangre! &#8230; \u00a1Mucha gloria! &#8230; \u00a1Siempre bienaventurado! &#8230; \u00a1La familia de un emperador!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y al agacharse para recoger la limosna, se perdi\u00f3 entre la hierba y desapareci\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El buen castellano mir\u00f3 a derecha e izquierda, llam\u00f3 todo lo que pudo. \u00a1Nadie! El viento silbaba y las brumas matinales se disipaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Atribuy\u00f3 esa visi\u00f3n al cansancio cerebral por haber dormido demasiado poco. \u00abSi hablo de esto se burlar\u00e1n de m\u00ed\u00bb, pens\u00f3. Sin embargo, los esplendores destinados a su hijo le deslumbraban, aunque la promesa no era clara e incluso dudaba de haberla o\u00eddo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los esposos se ocultaron su secreto. Pero ambos quer\u00edan al ni\u00f1o con igual amor y, respet\u00e1ndolo como se\u00f1alado por Dios, le hac\u00edan objeto de infinitas atenciones. Su cuna estaba almohadillada con el plum\u00f3n m\u00e1s fino; una l\u00e1mpara en forma de paloma ard\u00eda continuamente sobre ella, tres nodrizas le mec\u00edan y, bien fajado en sus pa\u00f1ales, con la cara rosada y los ojos azules, el manto de brocado y el gorrito adornado con perlas, parec\u00eda un ni\u00f1o Jes\u00fas. Le salieron los dientes sin que llorara una sola vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando lleg\u00f3 a los siete a\u00f1os, su madre le ense\u00f1\u00f3 a cantar. Para hacerle valiente su padre lo montaba en un caballo grande. El ni\u00f1o sonre\u00eda satisfecho, y no tard\u00f3 en conocer todo lo concerniente a los destreros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un viejo fraile muy sabio le ense\u00f1\u00f3 la Sagrada Escritura, la numeraci\u00f3n de los \u00e1rabes, las letras latinas y a hacer en vitelas pinturas muy lindas. Trabajaban juntos, en lo alto de una torrecilla, alejados del ruido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando terminaba la lecci\u00f3n bajaban al jard\u00edn, donde, pase\u00e1ndose lentamente, se dedicaban a estudiar las flores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A veces ve\u00edan pasar por el fondo del valle una recua de animales de carga conducidos por un pe\u00f3n vestido a la oriental. El due\u00f1o del castillo sab\u00eda que era mercader y le enviaba un criado. El forastero adquir\u00eda confianza, se desviaba de su camino e, introducido en el locutorio, sacaba de sus cofres piezas de terciopelo y de seda, objetos de plata, aromas, cosas raras y de uso desconocido; luego, el buen hombre se iba con una gran ganancia, sin haber sufrido violencia alguna. Otras veces, llamaba a la puerta un grupo de peregrinos. Sus ropas mojadas humeaban ante el hogar, y cuando se calentaban y recuperaban sus fuerzas, relataban sus viajes: las naves errantes por el mar espumoso, las caminatas a pie por las arenas ardientes, la ferocidad de los paganos, las cavernas de Siria, el pesebre de Bel\u00e9n y el Santo Sepulcro. Luego, regalaban al joven se\u00f1or las veneras de su capa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con frecuencia, el due\u00f1o del castillo agasajaba a sus viejos compa\u00f1eros de armas. Mientras beb\u00edan, recordaban las guerras en que hab\u00edan intervenido, los asaltos a las fortalezas y el golpeteo de las m\u00e1quinas, y las grandes heridas recibidas. Juli\u00e1n, que los escuchaba, gritaba entusiasmado y su padre no dudaba de que m\u00e1s adelante ser\u00eda un conquistador. Pero al anochecer, cuando sal\u00eda del \u00c1ngelus y pasaba entre los pobres inclinados, sacaba monedas de su escarcela con tanta modestia y un gesto tan noble, que su madre estaba segura de que andando el tiempo llegar\u00eda a ser arzobispo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su puesto en la capilla estaba junto a los de sus padres, y por largos que fuesen los oficios permanec\u00eda de rodillas en su reclinatorio, con la gorra en el suelo y las manos juntas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un d\u00eda, durante la misa, vio, al levantar la cabeza, un ratoncito blanco que sal\u00eda de un agujero de la pared. Correte\u00f3 por el primer escal\u00f3n del altar, y, tras dos o tres vueltas a la derecha y la izquierda, huy\u00f3 por el mismo sitio. El domingo siguiente la idea de que pod\u00eda volver a verlo preocupaba a .Juli\u00e1n. Volvi\u00f3 el rat\u00f3n, y en adelante lo esperaba todos los domingos, tan molesto que termin\u00f3 aborreci\u00e9ndolo v decidi\u00f3 deshacerse de \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En consecuencia, cerr\u00f3 la puerta, sembr\u00f3 las migajas de una torta en los escalones y se apost\u00f3 delante del agujero con una varita en la mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al cabo de mucho tiempo apareci\u00f3 un hociquito rosado y luego el rat\u00f3n entero. Le descarg\u00f3 un golpe ligero y se qued\u00f3 estupefacto al ver que el cuerpecito ya no se mov\u00eda. Una gota de sangre manchaba la losa. Se apresur\u00f3 a limpiarla con la manga, arroj\u00f3 afuera el rat\u00f3n y no dijo nada a nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pajarillos de todas clases picoteaban los granos del jard\u00edn. Se le ocurri\u00f3 meter guisantes en una ca\u00f1a hueca. Cuando o\u00eda gorjear en un \u00e1rbol se acercaba silenciosamente, levantaba la ca\u00f1a, inflaba las mejillas, sal\u00edan los guisantes y los pajaritos le llov\u00edan sobre los hombros con tal abundancia que no pod\u00eda menos de echarse a re\u00edr, satisfecho con su picard\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una ma\u00f1ana, cuando volv\u00eda por la cortina del muro, vio en el crest\u00f3n de la explanada un gran palomo que se pavoneaba al sol. Juli\u00e1n se detuvo para mirarlo. La muralla ten\u00eda en aquel lugar una brecha y en ella encontr\u00f3 una piedra. Gir\u00f3 el brazo y la piedra derrib\u00f3 al ave que cay\u00f3 a plomo en el foso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Corri\u00f3 hacia el fondo, desgarr\u00e1ndose en las malezas, escudri\u00f1\u00e1ndolo todo, m\u00e1s \u00e1gil que un perro joven.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El palomo, con las alas rotas, palpitaba colgado de las ramas de un ligustro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La persistencia de su vida irrit\u00f3 al ni\u00f1o. Comenz\u00f3 a estrangularlo, y las convulsiones del ave hac\u00edan que latiera el coraz\u00f3n de Juli\u00e1n y lo llenaban de una voluptuosidad salvaje y tumultuosa. Cuando el palomo se estremeci\u00f3 por \u00faltima vez, se sinti\u00f3 desfallecer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por la noche, durante la cena, su padre declar\u00f3 que va estaba en edad de aprender la monter\u00eda, y fue en busca de un viejo cuaderno manuscrito que conten\u00eda todo el deporte de la caza en forma de preguntas y respuestas. Un maestro ense\u00f1aba en \u00e9l a su alumno el arte de adiestrar a los perros, domesticar a los halcones, reconocer al ciervo por su vaho, al zorro por sus huellas, al lobo por sus escarbaduras, el buen m\u00e9todo para descubrir sus pistas, de qu\u00e9 manera se los levanta, donde se hallan habitualmente sus guaridas, cu\u00e1les son los vientos m\u00e1s propicios, con la enumeraci\u00f3n de los gritos y de las reglas de la encarna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando, Juli\u00e1n pudo recitar de memoria todas esas cosas, su padre le organiz\u00f3 una jaur\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En primer lugar se ve\u00edan en ella veinticuatro lebreles berberiscos m\u00e1s veloces, que gacelas, pero propensos a desbocarse; luego diecisiete parejas de perros bretones con manchas blancas sobre fondo rojo, que respond\u00edan firmemente a su fama, fuertes de pecho y grandes ladradores. Para atacar al jabal\u00ed y las huidas peligrosas hab\u00eda cuarenta grifones, peludos como osos. Mastines de Tratar\u00eda, casi tan altos como asnos, de color de fuego, lomo ancho y jarrete recto, estaban destinados a perseguir a los oros. El pelaje negro de los pachones brillaba como si fuera de raso; el ga\u00f1ido de los talbots era digno del de los podencos cantores. En un patio aparte gru\u00f1\u00edan, sacudiendo la cadena y rodando los ojos, ocho dogos alanos, animales terribles que corren a la par de los jinetes y no temen a los leones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos com\u00edan pan de trigo candeal, beb\u00edan en pilones de piedra y ten\u00edan un nombre sonoro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La volater\u00eda superaba tal vez a la jaur\u00eda; el buen se\u00f1or, a fuerza de dinero, hab\u00eda conseguido torzuelos del C\u00e1ucaso, sacres de Babilonia, jerifaltes de Alemania y halcones peregrinos capturados en los acantilados, a la orilla de los mares fr\u00edos, en pa\u00edses lejanos. Se alojaban en un cobertizo con techo de b\u00e1lago y, atados por orden de tama\u00f1o en la alc\u00e1ndara, ten\u00edan delante un terr\u00f3n de c\u00e9sped, donde de cuando en cuando se los sol\u00eda posar para que se desentumecieran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Redes para cazar conejos, se\u00f1uelos, trampas de lobos y lazos de todas clases fueron confeccionadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con frecuencia llevaban al campo perros perdigueros que no tardaban en ponerse de muestra. Entonces los monteros, avanzando paso a paso, tend\u00edan con precauci\u00f3n sobre sus cuerpos impasibles una gran red. Una orden les hac\u00eda ladrar, las codornices levantaban el vuelo, y las damas de los alrededores invitadas con sus maridos, los ni\u00f1os, las camareras, todos se lanzaban sobre ellas y las cazaban f\u00e1cilmente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otras veces, para desemboscar liebres, tocaban el tambor; los zorros ca\u00edan en los hoyos, o bien un resorte, al soltarse, atrapaba a un lobo por la pata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Juli\u00e1n despreciaba esos recursos tan c\u00f3modos; prefer\u00eda cazar a solas, con su caballo y su halc\u00f3n. Era casi siempre su gran azor escoc\u00e9s, blanco como la nieve. Su capuch\u00f3n de cuero ten\u00eda un penacho, cascabeles de oro temblaban en sus patas azules, y se manten\u00eda firmemente en el brazo de su amo mientras galopaba el caballo a trav\u00e9s de las llanuras. Juli\u00e1n le desataba las correas y lo soltaba de pronto; el ave audaz ascend\u00eda directamente en el aire como una flecha, y se ve\u00edan dos manchas desiguales dar vueltas, juntarse y luego desaparecer en las alturas del cielo. El halc\u00f3n no tardaba en descender desgarrando alguna presa y volv\u00eda a posarse en el guantelete, con las dos alas temblorosas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n cazaba de esta manera la garza real, el milano, la corneja y el buitre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando sonaba la trompa, le gustaba seguir a sus perros, que corr\u00edan por las laderas de las colinas, saltaban los arroyos y sub\u00edan hacia el bosque; y cuando el ciervo comenzaba a gemir a causa de las mordeduras, se apresuraba a rematarlo y luego se deleitaba con la furia de los mastines que lo devoraban, descuartizado bajo su piel humeante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los d\u00edas de bruma se introduc\u00eda en un pantano para acechar a los gansos, las nutrias y los \u00e1nades.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tres escuderos le esperaban desde el alba al pie de la escalinata, y era in\u00fatil que el viejo monje, asom\u00e1ndose al tragaluz, le hiciera se\u00f1as llam\u00e1ndole, pues Juli\u00e1n no volv\u00eda, Se iba bajo el ardor del sol, bajo la lluvia, bajo la tempestad, beb\u00eda el agua de los manantiales con la mano, com\u00eda manzanas silvestres mientras galopaba, si se sent\u00eda cansado reposaba a la sombra de una encina, y regresaba a media noche, cubierto de sangre y de lodo, con espinas en el cabello y el olor de las fieras. Lleg\u00f3 a ser como ellas. Cuando su madre le abrazaba, aceptaba fr\u00edamente su abrazo, como si pensara en cosas profundas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mataba osos a cuchilladas, toros con el hacha, jabal\u00edes con venablo; e incluso una vez se defendi\u00f3 con un palo de unos lobos que ro\u00edan unos cad\u00e1veres al pie de una horca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una ma\u00f1ana de invierno sali\u00f3 antes de amanecer, bien equipado, con la ballesta al hombro y un haz de flechas en el arz\u00f3n de la silla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su caballo dan\u00e9s, seguido por dos perros de caza, avanzando con paso r\u00edtmico, hac\u00eda resonar la tierra. Gotas de escarcha se pegaban a su capa y soplaba un fuerte viento. Un lado del horizonte se aclar\u00f3 y a la luz del crep\u00fasculo vio unos conejos que saltaban a la entrada de sus madrigueras. Los dos perros de caza se abalanzaron inmediatamente sobre ellos, y no tardaron en quebrarles el espinazo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco despu\u00e9s penetr\u00f3 en un bosque. En la punta de una rama dorm\u00eda con la cabeza bajo el ala un urogallo, entumecido por el fr\u00edo. Juli\u00e1n, de un sablazo, le cort\u00f3 las dos patas y sin recogerlo continu\u00f3 su camino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tres horas m\u00e1s tarde se encontr\u00f3 en la cima de una monta\u00f1a, tan alta que el cielo parec\u00eda casi negro. Delante de \u00e9l una roca parecida a un largo muro se inclinaba sobre un precipicio, y en el borde dos chivos salvajes miraban el abismo. Como no levaba las flechas -porque el caballo se hab\u00eda quedado atr\u00e1s- se le ocurri\u00f3 bajar hasta ellos; medio encorvado y descalzo, lleg\u00f3 por fin adonde estaba uno de los chivos y le hundi\u00f3 un pu\u00f1al en las costillas. El otro, aterrado, salt\u00f3 al vac\u00edo. Juli\u00e1n se lanz\u00f3 para herirlo, pero le resbal\u00f3 el pie derecho y cay\u00f3 sobre el cad\u00e1ver del primero de ellos con la cara sobre el abismo y los dos brazos separados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando volvi\u00f3 a la llanura sigui\u00f3 una hilera de sauces a la orilla de un r\u00edo. Unas grullas, que volaban a poca altura, pasaban de vez en cuando sobre su cabeza. Juli\u00e1n las derribaba con su l\u00e1tigo, sin fallar una.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entretanto, el aire m\u00e1s tibio hab\u00eda fundido la escarcha, flotaban grandes jirones de niebla y apareci\u00f3 el sol. Juli\u00e1n vio relucir a lo lejos un lago congelado que parec\u00eda de plomo. En el centro del lago estaba un animal que Juli\u00e1n no conoc\u00eda, un castor de hocico negro. A pesar de la distancia lo mat\u00f3 de un flechazo, y lament\u00f3 no poder llevarse la piel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego avanz\u00f3 por una avenida de grandes \u00e1rboles que formaban con sus copas como un arco de triunfo a la entrada de un bosque. Un corzo salt\u00f3 fuera de una espesura, un gamo apareci\u00f3 en una encrucijada, un tej\u00f3n sali\u00f3 de un agujero, un pavo real hizo la rueda en el c\u00e9sped, y cuando hubo matado a todos se presentaron otros corzos, otros gamos, otros tejones, otros pavos reales, y mirlos, grajos, yesos, zorros, erizos, linces y una infinidad de animales, cada vez m\u00e1s numerosos. Daban vueltas a su alrededor temblorosos, con una mirada llena de bondad y de s\u00faplica. Pero Juli\u00e1n no se cansaba de matarlos, manejando unas veces la ballesta, desenvainando la espada, clav\u00e1ndoles el cuchillo, sin pensar en nada ni acordarse de nada. Cazaba en una regi\u00f3n cualquiera, desde un tiempo indeterminado, y por el mero hecho de su propia existencia todo se realizaba con la facilidad que se experimenta en los sue\u00f1os. Un espect\u00e1culo extraordinario lo detuvo. Los ciervos llenaban un valle que ten\u00eda la forma de un circo, y amontonados unos contra otros se calentaban con su aliento, que se ve\u00eda humear en la niebla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La esperanza de semejante matanza le sofoc\u00f3 de placer durante unos minutos. Luego, se ape\u00f3 del caballo, se recogi\u00f3 las, mangas y comenz\u00f3 a disparar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al o\u00edr el silbido de la primera flecha todos los ciervos volvieron la cabeza al mismo tiempo. Se abrieron algunos huecos en su masa, se oyeron lamentos y un gran movimiento agit\u00f3 al reba\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La linde del valle era demasiado alta para franquearla, y saltaban dentro del recinto tratando de escaparse. Juli\u00e1n apuntaba y disparaba, y las flechas ca\u00edan como los rayos de una tormenta. Los ciervos, enfurecidos, se golpeaban, se encabritaban, saltaban los unos por encima de los otros, y sus cuerpos, con las cornamentas entrelazadas, formaban un ancho mont\u00edculo que se desplomaba al desplazarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por fin murieron, tendidos en la arena, con la baba en el hocico, las entra\u00f1as fuera y la ondulaci\u00f3n de los vientres descendiendo poco a poco. Luego todo qued\u00f3 inm\u00f3vil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llegaba la noche, y detr\u00e1s del bosque, entre las ramas, se ve\u00eda el cielo rojo como una s\u00e1bana de sangre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n se recost\u00f3 en un \u00e1rbol y contempl\u00f3 con los ojos muy abiertos la enormidad de la matanza, sin comprender c\u00f3mo hab\u00eda podido hacerla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el otro lado del valle, en la linde del bosque, vio un ciervo, una cierva y su cervato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ciervo, que era negro y de una alzada monstruosa, ten\u00eda diecis\u00e9is mogotes y barba blanca. La cierva, rubia como las hojas secas, ramoneaba el c\u00e9sped, y el cervatillo salpicado le mamaba la ubre sin interrumpir su marcha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La ballesta volvi\u00f3 a zumbar y el cervatillo cay\u00f3 muerto. Entonces su madre, mirando al cielo, bram\u00f3 con una voz profunda, desgarradora, humana. Juli\u00e1n, exasperado, la derrib\u00f3 de un golpe en pleno pecho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ciervo grande lo vio y dio un salto. Juli\u00e1n le dispar\u00f3 su \u00faltima flecha. Le dio en la frente y all\u00ed qued\u00f3 clavada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero el ciervo no pareci\u00f3 sentirla. Saltando sobre los muertos avanzaba e iba a caer sobre \u00e9l y destrozarle, y Juli\u00e1n retroced\u00eda con un espanto indecible. El animal prodigioso se detuvo, y con los ojos llameantes, solemne como un patriarca y como un justiciero, mientras una campana repicaba a lo lejos, repiti\u00f3 tres veces:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Maldito! \u00a1Maldito! \u00a1Maldito! \u00a1Un d\u00eda, coraz\u00f3n de fiera, asesinar\u00e1s a tu padre y tu madre!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dobl\u00f3 las patas, cerr\u00f3 lentamente los ojos y muri\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n se qued\u00f3 estupefacto; luego, abrumado por un cansancio s\u00fabito, se sinti\u00f3 presa de un hast\u00edo y una tristeza inmensos. Con la cabeza entre las manos llor\u00f3 durante largo tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su caballo se hab\u00eda perdido, los perros le hab\u00edan abandonado, la soledad que lo envolv\u00eda parec\u00eda amenazarle con peligros imprecisos. En vista de ello, impulsado por el temor, ech\u00f3 a correr a trav\u00e9s del campo, tom\u00f3 a la ventura un sendero y se encontr\u00f3 casi inmediatamente en la puerta del castillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa noche no durmi\u00f3. A la luz oscilante de la l\u00e1mpara volv\u00eda a ver al gigantesco ciervo negro. Su predicci\u00f3n le causaba obsesi\u00f3n, y luchaba contra ella. \u00ab\u00a1No, no, no! \u00a1Yo no puedo matarlos!\u00bb. Y luego pensaba: \u00ab\u00bfSi lo deseara, no obstante? Y tem\u00eda que el Diablo le inspirase ese deseo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante tres meses su madre, angustiada, or\u00f3 a la cabecera de su cama, y su padre, gimiendo, recorr\u00eda continuamente los corredores. Hizo llamar a los mejores m\u00e9dicos, los que prescribieron muchas drogas. Dec\u00edan que la causa de la enfermedad de Juli\u00e1n era un viento funesto o un deseo amoroso. Pero el joven respond\u00eda a todas las preguntas sacudiendo la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recobr\u00f3 las fuerzas y le paseaban por el patio; el anciano monje y el buen se\u00f1or lo sosten\u00edan cada uno por un brazo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando se restableci\u00f3 por completo se obstin\u00f3 en no volver a cazar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su padre quiso darle una alegr\u00eda y le regal\u00f3 una magn\u00edfica espada sarracena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba en lo alto de un pilar, en su panoplia, y para alcanzarla hac\u00eda falta una escala. Juli\u00e1n subi\u00f3 por ella. La espada, demasiado pesada, se le escap\u00f3 de los dedos, y al caer roz\u00f3 al buen se\u00f1or tan de cerca que le cort\u00f3 la hopalanda. Juli\u00e1n crey\u00f3 que hab\u00eda matado a su padre y se des-may\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde entonces le causaban mucho temor las armas. La vista de una espada desenvainada le hac\u00eda palidecer. Esa debilidad desconsolaba a la familia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por fin el anciano monje, en nombre de Dios y del honor de sus antepasados, le orden\u00f3 que reanudara sus pr\u00e1cticas de caballero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los escuderos se ejercitaban todos los d\u00edas en el manejo de la jabalina. Juli\u00e1n no tard\u00f3 en destacarse en ese ejercicio, pues embocaba la suya en el gollete de las botellas, romp\u00eda las aletas de las veletas y daba a cien pasos en los clavos de las puertas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un anochecer de est\u00edo, a la hora en que la bruma hace indistintas las cosas, cuando se hallaba bajo el emparrado del jard\u00edn, vio muy en el fondo dos alas blancas que revoloteaban a la altura de la espaldera. No dud\u00f3 de que era una cig\u00fce\u00f1a y le lanz\u00f3 su venablo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se oy\u00f3 un grito desgarrador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era su madre, cuya papalina de largas cintas qued\u00f3 clavada en la pared.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n huy\u00f3 del castillo y nunca reapareci\u00f3.<\/p>\n<p>II<br \/>\nSe alist\u00f3 en una pandilla de aventureros que pasaba por all\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Conoci\u00f3 el hambre, la sed, las fiebres y la miseria. Se acostumbr\u00f3 al fragor de las refriegas y al aspecto de los moribundos. El viento le curti\u00f3 la piel. Sus miembros se endurecieron con el contacto de las armaduras, y como era muy fuerte, valiente, sobrio y prudente, consigui\u00f3 sin difi-cultad el mando de una compa\u00f1\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al comienzo de las batallas arrastraba a sus soldados con un gran movimiento de la espada. De noche trepaba por los muros de las ciudadelas con uni cuerda de nudos, balanceado por el hurac\u00e1n, mientras las pavesas del fuego griego se pegaban a su coraza, y la resina ardiente y el plomo fundido flu\u00edan de las almenas. Con frecuencia el choque de una piedra destrozaba su escudo. Puentes demasiado cargados de hombres se hundieron bajo \u00e9l. Blandiendo su maza se libr\u00f3 de catorce caballeros. Desafi\u00f3 en campo cerrado a todos los que se presentaron. M\u00e1s de veinte veces lo creyeron muerto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Gracias al favor divino sal\u00eda siempre ileso, pues proteg\u00eda a los eclesi\u00e1sticos, los hu\u00e9rfanos, las viudas y sobre todo a los ancianos. Cuando ve\u00eda delante de \u00e9l a un mercader gritaba para que volviera la cara, como si temiera matarlo por equivocaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esclavos fugitivos, villanos rebelados, bastardos sin fortuna, aventureros de todas clases aflu\u00edan para ponerse a sus \u00f3rdenes, y as\u00ed form\u00f3 un ej\u00e9rcito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este creci\u00f3, Juli\u00e1n se hizo famoso y se lo solicitaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alternativamente ayud\u00f3 al Delf\u00edn de Francia, al Rey de Inglaterra, a los templarios de Jerusal\u00e9n, al jefe de los partos, al Negus de Abisinia y al emperador de Calcuta. Combati\u00f3 contra los escandinavos, revestidos con escamas de peces; los negros con rodelas de cuero de hipop\u00f3tamo y montados en asnos rojos; los indios de color de oro que bland\u00edan sobre sus diademas sables de hoja ancha m\u00e1s l\u00edmpidos que espejos. Venci\u00f3 a los trogloditas y los antrop\u00f3-fagos. Cruz\u00f3 por regiones tan t\u00f3rridas que con el calor del sol las cabelleras se encend\u00edan como antorchas: y por otras tan glaciales que los brazos se desprend\u00edan del cuerpo y ca\u00edan al suelo; y por pa\u00edses donde hab\u00eda tanta niebla que se caminaba rodeado de fantasmas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las rep\u00fablicas que s\u00e9 encontraban en dificultades le consultaban, v en las entrevistas de embajadores obten\u00eda condiciones inesperadas. Si un monarca se comportaba demasiado mal, Juli\u00e1n se presentaba de pronto y lo amonestaba. Liberaba a los pueblos. Puso en libertad a reinas prisioneras en torres. N\u00bb fue \u00e9l, y s\u00f3lo \u00e9l, quien mat\u00f3 a la serpiente de Mil\u00e1n y al drag\u00f3n de Oberbirbach.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora bien, el emperador de Occitania, despu\u00e9s de vencer a los musulmanes espa\u00f1oles, se hab\u00eda unido ir concubinato con la hermana del calil\u00e0 de C\u00f3rdoba, y ten\u00eda de ella una hija a la que educaba cristianamente. Pero el calil\u00e0, simulando que quer\u00eda convertirse, fue a visitarlo con un acompa\u00f1amiento numeroso, asesin\u00f3 a toda la guarnici\u00f3n. lo arroj\u00f3 en el fondo de una mazmorra y lo trat\u00f3 cruelmente para apoderarse de sus tesoros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n acudi\u00f3 en su ayuda, destruy\u00f3 el ej\u00e9rcito de los infieles, siti\u00f3 la ciudad, mat\u00f3 al calil\u00e0, le cort\u00f3 la cabeza y la arroj\u00f3 como una bola por encima de las murallas. Luego, sac\u00f3 al emperador de su prisi\u00f3n y lo puso otra vez en el trono en presencia de toda la corte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El emperador, como premio por tal servicio, le ofreci\u00f3 mucho dinero en cestas. Juli\u00e1n no quiso recibirlo. Creyendo que deseaba m\u00e1s, le ofreci\u00f3 las tres cuartas partes de sus bienes, y hubo un nuevo rechazo. Luego le propuso compartir su reino, y Juli\u00e1n se lo agradeci\u00f3, pero tampoco acept\u00f3. El emperador llor\u00f3 de despecho, porque no sab\u00eda de qu\u00e9 manera mostrar su agradecimiento. Pero de pronto se golpe\u00f3 la frente y dijo unas palabras al o\u00eddo de un cortesano. Se descorrieron unas cortinas y apareci\u00f3 una muchacha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus grandes ojos negros brillaban como la suave luz de dos l\u00e1mparas. Una sonrisa encantadora le separaba los labios. Los bucles de su cabello se enganchaban con las piedras preciosas de su vestido entreabierto y, bajo la transparencia de la t\u00fanica, se adivinaba la juventud de su cuerpo. Era linda, bien formada y esbelta.,<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n qued\u00f3 deslumbrado y enamorado de ella, tanto m\u00e1s por cuanto hab\u00eda llevado hasta entonces una vida muy casta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En consecuencia, recibi\u00f3 en matrimonio a la hija del emperador y un castillo heredado por ella de su madre; y una vez terminadas las bodas se despidieron, despu\u00e9s de infinitas cortes\u00edas por ambas partes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era aquel un palacio de m\u00e1rmol blanco de estilo morisco estaba situado en un promontorio, rodeado por un bosque de naranjos. Arriates de flores descend\u00edan hasta la orilla de un golfo, donde conchillas rosadas cruj\u00edan bajo los pies. Detr\u00e1s del castillo se extend\u00eda un bosque en forma de abanico. El cielo estaba siempre azul; y los \u00e1rboles se inclinaban, ora al impulso de la brisa marina, ora al del viento de las monta\u00f1as que cerraban a lo lejos el horizonte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las habitaciones, sumidas en la penumbra, eran iluminadas por las incrustaciones de las murallas. Altas columnitas, delgadas como ca\u00f1as, sosten\u00edan la b\u00f3veda de las c\u00fapulas, decoradas con relieves que imitaban las estalactitas de las grutas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda surtidores en las salas, mosaicos en los patios, tabiques festoneados, mil exquisiteces arquitect\u00f3nicas, y en todas partes tal silencio que se o\u00eda el roce de una seda &#8216;o el eco de un suspiro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n no guerreaba ya. Descansaba, rodeado de gente tranquila; y todos los d\u00edas desfilaba delante de \u00e9l una multitud que le hac\u00eda genuflexiones o besamanos a la oriental.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vestido de p\u00farpura, permanec\u00eda apoyado en el alf\u00e9izar de una ventana recordando sus cacer\u00edas de otro tiempo, y habr\u00eda querido correr por el desierto tras las gacelas y los avestruces, ocultarse en los bamb\u00faes al acecho de los leopardos; atravesar bosques, llenos de rinocerontes, subir a la cima de las monta\u00f1as m\u00e1s inaccesibles para apuntar mejor a las \u00e1guilas, y apostarse en los t\u00e9mpanos del mar para luchar con los osos blancos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A veces se ve\u00eda en sue\u00f1os como nuestro padre Ad\u00e1n en el Para\u00edso, entre todos los animales, y estirando el brazo los mataba; o bien desfilaban de dos en dos por orden de tama\u00f1o, desde los elefantes y los leones hasta los armi\u00f1os y los \u00e1nades, como cuando entraron en el arca de No\u00e9. Oculto en una caverna, disparaba contra ellos venablos infalibles, pero llegaban otros y aquello no terminaba, y se despertaba lanzando hacia todos lados miradas feroces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pr\u00edncipes amigos suyos le invitaban a cazar, pero \u00e9l se negaba siempre, pues cre\u00eda que con esa especie de penitencia conjuraba su maldici\u00f3n, porque lt parec\u00eda que de la muerte de los animales depend\u00eda el destino de sus padres. Pero sufr\u00eda no vi\u00e9ndolos, y este otro deseo se le hac\u00eda insoportable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su esposa, para distraerlo, orden\u00f3 que llevaran al castillo juglares y bailarinas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se paseaba con \u00e9l, en litera abierta, por los campos; y otras veces, tendidos en una lancha, miraban c\u00f3mo los peces vagabundeaban en el agua, clara como el cielo. Con frecuencia ella le arrojaba flores a la cara o, agazapada a sus pies, tocaba una mandolina de tres cuerdas, y luego, posando en su hombro las dos manos juntas, le preguntaba con voz t\u00edmida:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfQu\u00e9 os sucede, mi querido se\u00f1or?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El no contestaba o prorrump\u00eda en sollozos. Por fin, un d\u00eda confes\u00f3 su horrible pensamiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella le contradijo, razonando muy bien: sus padres hab\u00edan muerto ya, probablemente, y si alguna vez volv\u00eda a verlos, \u00bfpor qu\u00e9 casualidad, con qu\u00e9 fin pod\u00eda cometer esa abominaci\u00f3n? Por consiguiente, su temor era infundado y deb\u00eda volver a cazar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n sonre\u00eda escuch\u00e1ndola, pero no se decid\u00eda a satisfacer su deseo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una noche del mes de agosto, cuando estaban en su habitaci\u00f3n, ella acababa de acostarse y \u00e9l se arrodillaba para rezar su oraci\u00f3n, Juli\u00e1n oy\u00f3 el ga\u00f1ido de un zorro y luego pasos ligeros bajo la ventana, y entrevi\u00f3 en la oscuridad como apariencias de animales. La tentaci\u00f3n era demasiado fuerte y descolg\u00f3 su carcaj.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella pareci\u00f3 sorprendida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Es para obedecerte -dijo \u00e9l-. Cuando salga el sol estar\u00e9 de vuelta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero ella tem\u00eda una aventura funesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n la tranquiliz\u00f3 y se fue, asombrado por lo inconsecuente de su modo de ser.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco despu\u00e9s lleg\u00f3 un paje para anunciar que dos desconocidos deseaban ver inmediatamente a la se\u00f1ora en ausencia del se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y pronto entraron en la habitaci\u00f3n un anciano y una anciana, encorvados, polvorientos, vestidos modestamente y apoyado cada uno en un bast\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se alentaron mutuamente y declararon que llevaban a Juli\u00e1n noticias de sus padres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora se inclin\u00f3 para escucharlos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero, poni\u00e9ndose de acuerdo con la mirada, ellos le preguntaron si Juli\u00e1n segu\u00eda queri\u00e9ndolos y si hablaba de ellos alguna vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Oh, s\u00ed! -contest\u00f3 ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces exclamaron:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Pues bien, somos nosotros!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y se sentaron, pues estaban muy cansados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nada aseguraba a la joven que su esposo fuese hijo de ellos, pero se lo probaron describiendo las se\u00f1ales particulares que Juli\u00e1n ten\u00eda en la piel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Salt\u00f3 de la cama, llam\u00f3 a su paje y les sirvieron la comida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque ten\u00edan mucha hambre no pod\u00edan comer, y ella observaba disimuladamente, el temblor de sus manos huesudas al tomar los vasos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le hicieron mil preguntas acerca de Juli\u00e1n y contest\u00f3 a todas, pero tuvo buen cuidado de callar la idea f\u00fanebre que les concern\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le dijeron que, al ver que \u00e9l no volv\u00eda, hab\u00edan dejado su castillo y desde hac\u00eda muchos a\u00f1os lo buscaban siguiendo vagas indicaciones y sin perder la esperanza. Hab\u00edan gastado tanto dinero en el peaje de los r\u00edos y en las posadas, en los derechos de los pr\u00edncipes y las exacciones de los ladrones, que su bolsa estaba ya vac\u00eda y ten\u00edan que mendigar. Pero no importaba, pues muy pronto abrazar\u00edan a su hijo. Celebraban su dicha por tener una esposa tan bella, y no se cansaban de contemplarla y de besarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La opulencia de la habitaci\u00f3n les asombraba mucho, y el anciano, despu\u00e9s de examinar las paredes, pregunt\u00f3 por qu\u00e9 estaba all\u00ed el blas\u00f3n del emperador de Occitania.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora contest\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Es mi padre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El anciano se estremeci\u00f3, recordando la predicci\u00f3n del gitano, v la anciana pens\u00f3 en las palabras del ermita\u00f1o. Sin duda la gloria de su hijo no era sino la aurora de esplendores eternos; y los dos se quedaron estupefactos a la luz del candelabro que iluminaba la mesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Deb\u00edan de haber sido muy bellos en su juventud. La madre conservaba toda su cabellera, cuyas finas crenchas, parecidas a placas de nieve, le llegaban hasta m\u00e1s abajo de las mejillas; y el padre, con su alta estatura y su larga barba, parec\u00eda una imagen de iglesia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La esposa de Juli\u00e1n les aconsej\u00f3 que no siguieran esper\u00e1ndole. Ella misma los acost\u00f3 en su cama, luego cerr\u00f3 la ventana y se durmieron. Iba a amanecer v al otro lado de los cristales comenzaban a cantar los pajaritos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n hab\u00eda cruzado el parque y caminaba por el bosque con paso nervioso, gozando con la blandura del c\u00e9sped y la tibieza del aire.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las sombras de los \u00e1rboles se extend\u00edan por el musgo veces la luna pon\u00eda manchas blancas en los claros, y \u00e9l vacilaba en seguir adelante creyendo ver un charco, o bien la superficie inm\u00f3vil de los pantanos se confund\u00eda con el color de la hierba. Reinaba en todas partes un gran silencio y no ve\u00eda ninguno de los animales que pocos minutos antes erraban alrededor del castillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El bosque se espesaba y la oscuridad era cada vez m\u00e1s densa. Pasaban r\u00e1fagas de viento c\u00e1lido, llenas de olores excitantes. Se hund\u00eda en montones de hojas secas y se apoy\u00f3 en una encina para jadear un poco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto, a su espalda, salt\u00f3 un bulto m\u00e1s negro: un jabal\u00ed. Juli\u00e1n no tuvo tiempo para tomar el arco, y se afligi\u00f3 por ello como si le hubiera sucedido una desgracia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego, al salir del bosque, vio un lobo que corr\u00eda a lo largo de un seto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n le dispar\u00f3 una flecha. El lobo se detuvo, volvi\u00f3 la cabeza para mirarle y reanud\u00f3 su carrera. Trotaba manteniendo siempre la misma distancia, se deten\u00eda de vez en cuando, y tan pronto como Juli\u00e1n le apuntaba volv\u00eda a huir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n recorri\u00f3 de esta manera una llanura interminable, luego mont\u00edculos de arena, y por fin se encontr\u00f3 en una meseta que dominaba una gran extensi\u00f3n de terreno. Hab\u00eda piedras planas diseminadas entre sepulturas en ruinas. Se tropezaba con osamentas de muertos, y de trecho en trecho unas cruces carcomidas se inclinaban con aspecto lamentable. Pero unas figuras se mov\u00edan en la sombra indecisa de las tumbas, y de ellas salieron unas hienas muy asustadas y jadeantes. Haciendo restallar las u\u00f1as en las losas se acercaron a Juli\u00e1n y lo olfatearon, con un bostezo que les dejaba en descubierto las enc\u00edas. Desenvain\u00f3 el sable y las hienas huyeron al mismo tiempo en todas direcciones, y con un galope renco y precipitado se perdieron a lo lejos entre una nube de polvo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una hora despu\u00e9s encontr\u00f3 en un barranco un toro furioso, dispuesto a embestir y que escarbaba la arena con las patas. Juli\u00e1n le asest\u00f3 la lanza bajo la papada, pero se rompi\u00f3 como si el animal hubiese sido de bronce. Juli\u00e1n cerr\u00f3 los ojos, esperando la muerte, pero cuando volvi\u00f3 a abrirlos el toro hab\u00eda desaparecido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces, su \u00e1nimo se abati\u00f3 de verg\u00fcenza. Un poder superior destru\u00eda su fuerza; y penetr\u00f3 de nuevo en el bosque para volver a su casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo obstru\u00edan las lianas, y Juli\u00e1n las cortaba con el sable, cuando una gardu\u00f1a se desliz\u00f3 bruscamente entre sus piernas, una pantera salt\u00f3 sobre su hombro, una serpiente subi\u00f3 en espiral alrededor de un fresno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En las ramas de \u00e9ste se hallaba una corneja monstruosa que lo miraba, y aqu\u00ed y all\u00e1 aparecieron en el ramaje grandes chispas, como si el firmamento hubiese hecho llover sobre el bosque todas sus estrellas. Eran ojos de animales: gatos monteses, ardillas, b\u00fahos, loros y monos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n les dispar\u00f3 sus flechas, pero las flechas, con sus plumas, se posaban en las hojas como mariposas blancas. Se maldec\u00eda, habr\u00eda querido golpearse, gritaba imprecaciones y se ahogaba de rabia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y todos los animales que hab\u00eda perseguido se presentaron y formaron a su alrededor un estrecho c\u00edrculo. Unos estaban sentados sobre su grupa, otros completamente erguidos. \u00c9l se hallaba en el centro, helado de terror, incapaz del menor movimiento. Mediante un esfuerzo supremo de su voluntad dio un paso; los que se posaban en los \u00e1rboles abrieron las alas, los que estaban en tierra movieron sus miembros, y todos le acompa\u00f1aron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las hienas marchaban delante de \u00e9l; el lobo y el jabal\u00ed, detr\u00e1s. El toro, a su derecha, balanceaba la cabeza; y la serpiente, a su izquierda, ondulaba entre las hierbas, en tanto que la pantera, arqueando el lomo, avanzaba silenciosamente y a grandes trancos. Juli\u00e1n caminaba lo m\u00e1s lentamente posible para no irritarlos, y ve\u00eda salir de los matorrales puercoespines, zorros, v\u00edboras, chacales y osos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n ech\u00f3 a correr y ellos tambi\u00e9n corrieron. La serpiente silbaba y los animales malolientes babeaban. El jabal\u00ed le rozaba los talones con los colmillos y el lobo las palmas de las manos con los pelos del hocico. Los monos le pellizcaban gesticulando y la gardu\u00f1a se revolcaba bajo sus pies. Un oso le quit\u00f3 el sombrero de un zarpazo, y la pantera, desde\u00f1osamente, dej\u00f3 caer una flecha que llevaba en el hocico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se percib\u00eda una iron\u00eda en su manera de proceder socarrona. Mientras lo observaban con el rabillo del ojo parec\u00edan meditar un plan de venganza; y ensordecido por el zumbido de los insectos, golpeado por las colas de las aves, sofocado por los alientos, caminaba con los brazos extendidos y los ojos cerrados como un ciego, sin siquiera tener fuerza para gritar: \u00ab\u00a1Perd\u00f3n!\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El canto de un gallo vibr\u00f3 en el aire. Le respondieron otros. Amanec\u00eda y vio, m\u00e1s all\u00e1 de los naranjos, el tejado de su palacio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego, en la linde de un campo, vio a tres pasos de distancia, unas perdices rojas que revoloteaban en los rastrojos. Se quit\u00f3 la capa y la tendi\u00f3 sobre ellas como una red.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando la retir\u00f3 no encontr\u00f3 m\u00e1s que una, muerta desde hac\u00eda mucho tiempo y putrefacta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa decepci\u00f3n le exasper\u00f3 m\u00e1s que todas las otras. Volvi\u00f3 a sentir su sed de matanza. Faltaban los animales y habr\u00eda deseado matar seres humanos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Subi\u00f3 lastres terrazas y de un pu\u00f1etazos derrib\u00f3 la puerta, pero al pie de la escalera le enterneci\u00f3 el recuerdo de su querida esposa. Sin duda dorm\u00eda e iba a despertarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se quit\u00f3 las sandalias, gir\u00f3 suavemente la llave en la cerradura y entr\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los ventanales guarnecidos con plomo oscurec\u00edan la palidez de la aurora. Juli\u00e1n se trab\u00f3 los pies en las ropas que hab\u00eda en el suelo; un poco m\u00e1s adelante tropez\u00f3 con un trinchero todav\u00eda cargado con vajilla. \u00abHa comido, sin duda\u00bb, pens\u00f3, y se acerc\u00f3 a la cama, perdido en las tinieblas del fondo de la habitaci\u00f3n. Cuando lleg\u00f3 a la cama se inclin\u00f3 para besar a su esposa sobre la almohada donde descansaban las cabezas de los dos ancianos, la una junto a la otra, y sinti\u00f3 junto a su boca la impresi\u00f3n de una barba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Retrocedi\u00f3, creyendo que se hab\u00eda vuelto loco, pero volvi\u00f3 a acercarse al lecho, y sus dedos palparon unos cabellos muy largos. Para convencerse de su error volvi\u00f3 a pasar lentamente la mano por la almohada. \u00a1Esta vez era ciertamente una barba y aquel era un hombre! \u00a1Un hombre acostado con su esposa!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Presa de una ira inmensa, salt\u00f3 sobre ellos asestando pu\u00f1aladas, pataleando, echando espuma y aullando como una fiera. Luego se detuvo. Los muertos, con el coraz\u00f3n atravesado, ni siquiera se hab\u00edan movido. Juli\u00e1n escuch\u00f3 atentamente los dos estertores casi iguales, y a medida que se debilitaban otro, m\u00e1s lejano, los continuaba. Incierta al principio, aquella voz pla\u00f1idera, sostenida largo tiempo, se fue acercando, se ahuec\u00f3 y se hizo cruel, y Juli\u00e1n reconoci\u00f3, aterrado, el bramido del gran ciervo negro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y al volverse, crey\u00f3 ver en el marco de la puerta el fantasma de su esposa con una luz en la mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ruido del homicidio la hab\u00eda atra\u00eddo. Con una mirada comprendi\u00f3 todo, y al huir horrorizada dej\u00f3 caer la antorcha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n la recogi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su padre y su madre estaban delante de \u00e9l, tendidos de espalda y con un agujero en el pecho. Sus rostros, majestuosamente apacibles, parec\u00edan guardar un secreto eterno. Salpicaduras y charcos de sangre se ve\u00edan en su piel blanca, en las s\u00e1banas de la cama, en el piso y en un Cristo de marfil colgado en la pared de la alcoba. El reflejo escarlata del ventanal, en el que daba el sol en aquel momento, iluminaba esas manchas rojas y proyectaba otras muchas en toda la habitaci\u00f3n. Juli\u00e1n se acerc\u00f3 a los dos muertos dici\u00e9ndose, y queriendo creerlo, que aquello no era posible, que se hab\u00eda enga\u00f1ado, que a veces se dan semejanzas inexplicables. Por fin se inclin\u00f3 ligeramente para ver m\u00e1s de cerca al anciano, y percibi\u00f3 entre sus p\u00e1rpados mal cerrados una pupila apagada que le quem\u00f3 como si fuera fuego. Pas\u00f3 al otro lado de la cama, ocupado por el otro cuerpo, cuyos cabellos blancos ocultaban una parte del rostro. Le pas\u00f3 los dedos por las guedejas, le levant\u00f3 la cabeza y la contempl\u00f3, sosteni\u00e9ndola con el brazo r\u00edgido, mientras con la otra mano la iluminaba con la antorcha. Del colch\u00f3n rezumaban unas gotas que ca\u00edan una a una en el piso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al final del d\u00eda se present\u00f3 ante su esposa y, con una voz diferente de la habitual, le orden\u00f3 primeramente que no le respondiera, ni se le acercara, ni siquiera lo mirara, y que cumpliera, bajo pena de condenarse, todas sus \u00f3rdenes, que eran irrevocables.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los funerales se har\u00edan de acuerdo con las instrucciones que dejaba por escrito en un reclinatorio de la c\u00e1mara mortuoria. \u00c9l le legaba su palacio, sus vasallos, todos sus bienes, sin siquiera conservar las ropas de su cuerpo, ni sus sandalias, que se encontrar\u00edan en lo alto de la escalera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella hab\u00eda obedecido la voluntad de Dios al dar ocasi\u00f3n para su crimen, y deb\u00eda rogar por su alma, puesto que en adelante ya no exist\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Enterraron a los muertos con magnificencia en la capilla de un monasterio situado a tres jornadas del castillo. Un monje con la capucha baja sigui\u00f3 al cortejo, lejos de todos los dem\u00e1s, sin que nadie se atreviera a hablarle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante la misa se mantuvo tendido boca abajo en la portada del templo, con los brazos en cruz y la frente en el polvo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s del sepelio se le vio tomar el camino que llevaba a las monta\u00f1as. Se volvi\u00f3 muchas veces y al fin desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>III<br \/>\nSe fue a pedir limosna por el mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tend\u00eda la mano a los caballeros en los caminos, haciendo genuflexiones se acercaba a los segadores, o permanec\u00eda inm\u00f3vil ante la palanquera de los patios, y ten\u00eda el rostro tan triste que nunca le negaban la limosna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por esp\u00edritu de humildad relataba su historia, y todos hu\u00edan de \u00e9l, haciendo la se\u00f1al de la cruz. En las aldeas por donde hab\u00eda pasado ya, tan pronto como lo reconoc\u00edan cerraban las puertas, le gritaban amenazas y le arrojaban piedras. Los m\u00e1s caritativos pon\u00edan una escudilla en el borde de la ventana y luego cerraban la persiana para no verlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rechazado en todas partes, evitaba a los hombres, y se alimentaba con ra\u00edces, plantas, frutos ca\u00eddos y mariscos que buscaba en las playas. A veces, al llegar a lo alto de un cerro, ve\u00eda abajo una confusi\u00f3n de tejados amontonados, con campanarios de piedra, puentes, torres, calles oscuras que se entrecruzaban, y de all\u00ed ascend\u00eda hasta \u00e9l un zumbido continuo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La necesidad de compartir la vida de los dem\u00e1s le hac\u00eda bajar a la ciudad. Pero el aspecto bestial de las caras, el estruendo de las diferentes actividades, la indiferencia de las palabras le helaban el coraz\u00f3n. Los d\u00edas de fiesta, cuando la campana mayor de las catedrales alegraba desde el amanecer a la poblaci\u00f3n entera, contemplaba a los habitantes que sal\u00edan de sus casas, y luego las danzas en las plazas, las fuentes de cerveza en las esquinas, las colgaduras de damasco ante las residencias de los pr\u00edncipes, y cuando llegaba la noche, por los cristales de las plantas bajas, las largas mesas familiares y a los abuelos con sus nietos en las rodillas. Los sollozos le ahogaban y volv\u00eda al campo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Contemplaba amorosamente los potros en los pastos, los p\u00e1jaros en sus nidos, los insectos en las flores; todos, cuando \u00e9l se acercaba, corr\u00edan, se ocultaban asustados o se alejaban volando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Buscaba las soledades. Pero el viento llevaba a sus o\u00eddos como estertores de agon\u00eda; las l\u00e1grimas del roc\u00edo que ca\u00edan en tierra le recordaban otras gotas m\u00e1s pesadas. Todas las tardes el sol pon\u00eda sangre en las nubes y todas las noches en el sue\u00f1o se repet\u00eda su parricidio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se hizo un cilicio con puntas de hierro. Sub\u00eda de rodillas por todas las colinas que ten\u00edan una capilla en la cima. Pero la idea inexorable oscurec\u00eda el esplendor de los tabern\u00e1culos y le torturaba a trav\u00e9s de las maceraciones de la penitencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se rebelaba contra Dios, que le hab\u00eda infligido esa acci\u00f3n, pero le desesperaba haber podido cometerla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su propia persona le horrorizaba de tal modo que, con la esperanza de librarse de ella, la arriesgaba en peligros de todas clases. Salv\u00f3 a paral\u00edticos que estaban a punto de perecer en incendios, y a ni\u00f1os que hab\u00edan ca\u00eddo en precipicios. Pero el abismo lo rechazaba y las llamas lo respetaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El tiempo no aplac\u00f3 su sufrimiento y, como \u00e9ste se hizo intolerable, decidi\u00f3 morir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y un d\u00eda que se hallaba a la orilla de un manantial, cuando se inclin\u00f3 para apreciar la profundidad del agua, vio aparecer frente a \u00e9l un anciano completamente descarnado, con barba blanca y un aspecto tan lamentable que le fue imposible contener las l\u00e1grimas. El otro tambi\u00e9n lloraba. Sin reconocer su imagen, Juli\u00e1n record\u00f3 confusamente un rostro parecido. Lanz\u00f3 un grito: crey\u00f3 que era su padre, y ya no pens\u00f3 en matarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por consiguiente, cargando con el peso de su recuerdo, recorri\u00f3 muchos pa\u00edses y lleg\u00f3 a la orilla de un r\u00edo cuya traves\u00eda era peligrosa por la violencia de la corriente y porque en las m\u00e1rgenes hab\u00eda una gran extensi\u00f3n fangosa. Desde hac\u00eda mucho tiempo nadie se atrev\u00eda a cruzarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una barca vieja, con la popa hundida, alzaba su proa entre los juncos. Juli\u00e1n, al examinarla, descubri\u00f3 un par de remos y se le ocurri\u00f3 la idea de dedicar su existencia al servicio de los dem\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comenz\u00f3 construyendo en el ribazo una especie de malec\u00f3n que permit\u00eda bajar hasta el canal; se rompi\u00f3 las u\u00f1as transportando piedras enormes, apoy\u00e1ndolas para ello en su vientre; resbalaba y se hund\u00eda en el fango y estuvo a punto de perecer muchas veces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego repar\u00f3 la embarcaci\u00f3n con restos de otras naves y se hizo una choza con arcilla y troncos de \u00e1rboles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como el paso era conocido, acud\u00edan los viajeros. Le llamaban desde la otra orilla agitando trapos, y Juli\u00e1n se apresuraba a saltar a su barca. \u00c9sta era muy pesada y la sobrecargaban con bagajes y fardos de todas clases, sin contar los animales de carga que, coceando de miedo, aumentaban la acumulaci\u00f3n. No ped\u00eda nada por su trabajo; algunos le daban restos de las vituallas que sacaban del zurr\u00f3n, o las ropas demasiado usadas que ya no quer\u00edan. Hab\u00eda groseros que vociferaban blasfemias. Juli\u00e1n los reprend\u00eda con dulzura y ellos replicaban con injurias. Se contentaba con bendecirlos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una mesita, una banqueta, una cama de hojas secas, y tres tazas de arcilla constitu\u00edan todo su mobiliario. Dos agujeros en la pared serv\u00edan de ventanas. Por un lado se extend\u00edan hasta perderse de vista llanuras est\u00e9riles con p\u00e1lidos estanques en su superficie; y delante de \u00e9l corr\u00edan las aguas verdosas del r\u00edo. En la primavera, la tierra h\u00fameda ol\u00eda a podredumbre. Luego, un viento borrascoso levantaba torbellinos de polvo que entraba por todas partes, enfangaba el agua y cruj\u00eda entre las enc\u00edas. Un poco despu\u00e9s, eran nubes de mosquitos, cuyo\u00bb zumbido y cuyas picaduras no se interrump\u00edan de d\u00eda ni de noche. A continuaci\u00f3n, sobreven\u00edan terribles heladas que daban a las cosas la rigidez de la piedra y causaban un deseo fren\u00e9tico de comer carne.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasaban meses sin que Juli\u00e1n viera a nadie. Con frecuencia, cerraba los ojos y trataba de volver a su juventud por medio de la memoria, y ve\u00eda, el patio de un castillo con lebreles en una escalinata, criados en la sala de armas y, bajo una glorieta de p\u00e1mpanos, un adolescente de cabello rubio entre un anciano cubierto de pieles y una dama de alta toca. De pronto reaparec\u00edan los dos cad\u00e1veres y Juli\u00e1n se arrojaba de bruces en la cama y repet\u00eda llorando:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Pobre padre! \u00a1Pobre madre! \u00a1Pobre madre!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y ca\u00eda en un letargo en el que continuaban las visiones&#8230; f\u00fanebres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una noche, cuando dorm\u00eda, crey\u00f3 o\u00edr que alguien le llamaba. Prest\u00f3 atenci\u00f3n y s\u00f3lo percibi\u00f3 el mugido de la corriente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero la misma voz repiti\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Juli\u00e1n!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Proven\u00eda de la otra orilla, lo que le pareci\u00f3 extraordinario dada la anchura del r\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por tercera vez le llam\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Juli\u00e1n!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y aquella voz sonaba como la campana de una iglesia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Encendi\u00f3 la linterna y sali\u00f3 de la choza. Reinaba un hurac\u00e1n furioso. La oscuridad era densa y aqu\u00ed y all\u00e1 la desgarraba la blancura de las olas agitadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tras un instante de vacilaci\u00f3n, Juli\u00e1n desat\u00f3 la amarra. El agua se calm\u00f3 inmediatamente, la barca se desliz\u00f3 por ella y lleg\u00f3 a la otra orilla, donde esperaba un hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba envuelto en un lienzo andrajoso, su cara parec\u00eda una m\u00e1scara de yeso y ten\u00eda los ojos m\u00e1s rojos que carbones. Al acercarle la linterna, Juli\u00e1n observ\u00f3 que le cubr\u00eda una lepra horrible. Sin embargo, su actitud ten\u00eda la majestad de un rey.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando entr\u00f3 en la barca, \u00e9sta se hundi\u00f3 prodigiosamente con su peso, pero una sacudida la levant\u00f3 y Juli\u00e1n comenz\u00f3 a remar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A cada golpe de remo, la resaca de la corriente la levantaba por la proa. El agua, m\u00e1s negra que la tinta, corr\u00eda con furia por los dos costados de la barca. Cavaba abismos, formaba monta\u00f1as y la lancha saltaba sobre ellas y volv\u00eda a sumirse en profundidades donde giraba sacudida por el viento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n inclinaba el cuerpo, extend\u00eda los brazos y, apuntalando los pies, se echaba hacia atr\u00e1s para hacer m\u00e1s fuerza con una torsi\u00f3n de la cintura. El granizo le azotaba las manos, la lluvia le corr\u00eda por la espalda, la fuerza del viento le ahogaba, y se detuvo. Entonces, la embarcaci\u00f3n fue a la deriva. Pero, comprendiendo que se trataba de algo importante, de una orden que no se pod\u00eda desobedecer, volvi\u00f3 a empu\u00f1ar los remos y el crujido de los toletes se mezcl\u00f3 con el clamor de la tempestad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La linternita ard\u00eda ante \u00e9l. Las aves que revoloteaban la ocultaban de vez en cuando. Pero siempre ve\u00eda las pupilas -del leproso, que se manten\u00eda de pie en la popa, inm\u00f3vil como una columna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Y eso dur\u00f3 mucho tiempo, demasiado tiempo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando llegaron a la choza Juli\u00e1n cerr\u00f3 la puerta y vio que el leproso se sentaba en la banqueta. La especie de sudario que lo cubr\u00eda cay\u00f3 hasta las caderas, y los hombros, el pecho y los brazos delgados desaparec\u00edan bajo placas de p\u00fastulas escamosas. Enormes arrugas le surcaban la frente. Como un esqueleto, ten\u00eda un agujero en el lugar de la nariz y de sus labios azulencos sal\u00eda un aliento espeso como una niebla, y nauseabundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Tengo hambre -dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n le dio lo que pose\u00eda: un trozo de tocino a\u00f1ejo y unos mendrugos de pan negro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando los hubo devorado, la mesa, la escudilla y el mango del cuchillo ten\u00edan las mismas manchas que se ve\u00edan en su cuerpo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Tengo sed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n fue en busca de su c\u00e1ntaro, y al tomarlo sali\u00f3 de \u00e9l un aroma que le dilat\u00f3 el coraz\u00f3n y las aletas de la nariz. Era vino. \u00a1Qu\u00e9 hallazgo! Pero el leproso tendi\u00f3 el brazo y vaci\u00f3 el c\u00e1ntaro de un trago.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Tengo fr\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n encendi\u00f3 con su candela un mont\u00f3n de helechos en el centro de la choza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El leproso se acerc\u00f3 para calentarse y, en cuclillas, comenz\u00f3 a temblarle todo el cuerpo y a debilitarse; ya no le brillaban los ojos, le manaban las \u00falceras y con una voz casi apagada murmur\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Tu cama!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n le ayud\u00f3 suavemente a acostarse en ella e inclusive lo cubri\u00f3 con la vela de su barca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El leproso gem\u00eda. Las comisuras de su boca dejaban en descubierto los dientes, un estertor acelerado le sacud\u00eda el pecho, y en cada aspiraci\u00f3n el vientre se le hund\u00eda hasta las v\u00e9rtebras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego cerr\u00f3 los ojos y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Tengo hielo en los huesos! \u00a1Ac\u00e9rcate!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y Juli\u00e1n, apartando la vela, se acost\u00f3 sobre las hojas secas, junto a \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El leproso volvi\u00f3 la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Desn\u00fadate para que tenga el calor de tu cuerpo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n se desvisti\u00f3, y luego, desnudo como en el d\u00eda de su nacimiento, volvi\u00f3 a acostarse, y sinti\u00f3 contra los muslos la piel del leproso, m\u00e1s fr\u00eda que una serpiente y \u00e1spera como una lima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Procuraba darle \u00e1nimos y el otro respond\u00eda, jadeando:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Ay, voy a morir! &#8230; \u00a1Ac\u00e9rcate! \u00a1Cali\u00e9ntame! \u00a1Pero no con las manos! \u00a1Con todo tu cuerpo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juli\u00e1n se tendi\u00f3 sobre \u00e9l completamente, boca contra boca y pecho contra pecho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces el leproso le abraz\u00f3; y de pronto sus ojos brillaron como estrellas, sus cabellos se alargaron como los rayos del sol, su aliento ten\u00eda el aroma de las rosas, una nube de incienso se elev\u00f3 del hogar; y las olas cantaban. Entretanto, una abundancia de delicias, un j\u00fabilo sobre-humano descend\u00eda como una inundaci\u00f3n en el alma de Juli\u00e1n, pasmado, y el que segu\u00eda abraz\u00e1ndolo se agrandaba, se agrandaba hasta tocar con la cabeza y los pies las dos paredes de la choza. El techo desapareci\u00f3, se despleg\u00f3 el firmamento y Juli\u00e1n ascendi\u00f3 hacia los espacios azules cara a cara con Nuestro Se\u00f1or Jesucristo que lo llevaba al Cielo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y esta es la historia de San Juli\u00e1n el Hospitalario, tal como se la puede ver m\u00e1s o menos en un vitral de iglesia de mi regi\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_9552\" aria-describedby=\"caption-attachment-9552\" style=\"width: 187px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/TroisContes.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"9552\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-leyenda-de-san-julian-el-hospitalario\/troiscontes\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/TroisContes.jpeg\" data-orig-size=\"313,500\" data-comments-opened=\"1\" 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