{"id":9144,"date":"2012-05-21T22:22:15","date_gmt":"2012-05-22T03:22:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=9144"},"modified":"2026-02-19T20:23:22","modified_gmt":"2026-02-20T02:23:22","slug":"la-callejuela-tenebrosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-callejuela-tenebrosa\/","title":{"rendered":"La callejuela tenebrosa"},"content":{"rendered":"<p>\u00c9sta es una de las obras maestras de un autor casi desconocido en castellano, pero considerado entre los grandes de la literatura de imaginaci\u00f3n. <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Jean_Ray\">Jean Ray<\/a> (Jean Raymond Marie de Kremer, 1887-1964), belga, fue un hombre de vida aventurera y tambi\u00e9n el autor de una obra vasta y extra\u00f1a. Una parte de esa obra es policial y apareci\u00f3 firmada, entre otros, con un seud\u00f3nimo que se hizo famoso: Harry Dickson. La otra parte es de terror, una categor\u00eda a la que Ray dio, en efecto, algunas de las mejores narraciones del siglo XX. Adem\u00e1s, Ray tambi\u00e9n escribi\u00f3 una novela: <em>Malpertuis<\/em>, a la que Fernando Savater elogi\u00f3 poni\u00e9ndola a la altura de Tolkien y Lovecraft.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La traducci\u00f3n que sigue est\u00e1 tomada de la edici\u00f3n, pr\u00e1cticamente inencontrable, de uno de sus pocos libros publicados en espa\u00f1ol:\u00a0<em>Los 25 mejores cuentos negros y fant\u00e1sticos<\/em>, publicada por Aguilar en 1981 (rar\u00edsimamente, en una serie de literatura policial); el traductor fue Salvador Bordoy Luque.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/jean-ray.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"9256\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-callejuela-tenebrosa\/jean-ray\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/jean-ray.jpg\" data-orig-size=\"239,250\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Jean Ray\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/jean-ray.jpg\" class=\"aligncenter size-full wp-image-9256\" title=\"Jean Ray\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/jean-ray.jpg\" alt=\"\" width=\"239\" height=\"250\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA CALLEJUELA TENEBROSA<br \/>\nJean Ray<\/strong><\/p>\n<p>En un muelle de R\u00f3tterdam, los cabrestantes extra\u00edan de las bodegas de un barco de carga fardos de papeles viejos prensados. El viento los erizaba de banderillas multicolores cuando, de repente, uno de ellos estall\u00f3 como una barrica al prenderse fuego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los trabajadores del muelle contuvieron, a apresurados paletazos, la avalancha voladora, pero una gran parte fue abandonada a la alegr\u00eda de los ni\u00f1os jud\u00edos que espigan el eterno oto\u00f1o de los puertos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entre los papeles dispersos hab\u00eda hermosos grabados de Pearson cortados en dos por orden de la aduana; paquetes verdes y rosas de acciones y obligaciones, \u00faltimos vestigios de resonantes bancarrotas; libros estropeados cuyas p\u00e1ginas hab\u00edan permanecido unidas como manos desesperadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi bast\u00f3n merodeaba por entre este inmenso residuo del pensamiento, donde ya no exist\u00eda la verg\u00fcenza ni la esperanza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De toda aquella prosa inglesa y alemana retir\u00e9 algunas p\u00e1ginas pertenecientes a Francia: n\u00fameros del <em>Magazin Pittoresque<\/em>, s\u00f3lidamente atados y un poco chamuscados por el fuego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue hojeando la revista tan primorosamente ilustrada y tan l\u00fagubremente escrita, como descubr\u00ed los dos cuadernos: uno, redactado en alem\u00e1n; el otro, en franc\u00e9s. Sus autores, al parecer, no se conoc\u00edan; sin embargo, hubi\u00e9rase dicho que el manuscrito franc\u00e9s vert\u00eda un poco de claridad sobre la angustia negra que emanaba del primer cuaderno como humareda delet\u00e9rea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Para que la luz pudiese hacerse sobre este relato que parec\u00eda asediado por las peores fuerzas hostiles!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La tapa del cuaderno llevaba un nombre: Alphonse Archipr\u00eate, seguido de la palabra <em>Lehrer<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Traduje las p\u00e1ginas alemanas:<\/p>\n<h4>EL MANUSCRITO ALEM\u00c1N<\/h4>\n<p>\u00abEscribo esto para cuando Hermman regrese del mar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSi no me encuentra; si, con mis desgraciadas amigas, me he hundido en el misterio feroz que nos rodea, quiero que conozca nuestros d\u00edas de terror por medio de este cuadernillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSer\u00e1 la prueba m\u00e1s sincera que podr\u00e9 darle de mi cari\u00f1o, porque es preciso en una mujer un valor real para escribir un diario en semejantes horas de locura. Lo redacto tambi\u00e9n para que rece por m\u00ed, si cree que mi alma est\u00e1 en peligro\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDespu\u00e9s de la muerte de mi t\u00eda Hedwige, no he querido continuar viviendo en nuestra triste mansi\u00f3n del Holzdamm.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLas se\u00f1oritas de R\u00fcckhardt me ofrecieron su casa de la Deichstrasse. Ocupan un amplio apartamento en la espaciosa mansi\u00f3n del consejero H\u00fchnebein, un viejo solter\u00f3n que no abandona el piso bajo, repleto de libros, de cuadros y de litograf\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLotte, El\u00e9onore y M\u00e9ta R\u00fcckhardt son unas adorables solteronas que se desviven por hacerme la vida agradable. Conmigo ha venido nuestra criada Frida, que le ha ca\u00eddo en gracia a la anciana Frau Pilz, la admirable cocinera de las R\u00fcckhardt, de la que se dice que ha rechazado ofertas ducales por permanecer al humilde servicio de sus amas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAquella noche\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAquella noche, que introdujo en nuestra querida y tranquila vida el m\u00e1s horroroso de los espantos, no quisimos acudir a una fiesta en el Tempelhof porque llov\u00eda a c\u00e1ntaros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbFrau Pilz, a quien le gusta que nos quedemos en casa, nos hizo una cena famosa entre todas: truchas asadas a fuego lento y un bud\u00edn de gallina. Lotte hab\u00eda realizado un verdadero registro en la bodega para buscar una botella de aguardiente de El Cabo, que envejec\u00eda desde hac\u00eda veinte a\u00f1os. Una vez quitada la mesa, el precioso licor oscuro fue vertido en copas de cristal de Bohemia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl\u00e9onore sirvi\u00f3 t\u00e9 de China, del Su-Chong, que nos trae de sus viajes un anciano marino de Brema.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA trav\u00e9s de las r\u00e1fagas de lluvia o\u00edmos dar las ocho en el reloj del campanario de Saint-Pierre. Frida, que estaba sentada junto al fuego de la chimenea, hinc\u00f3 la nariz en la Biblia ilustrada que no sab\u00eda leer, pero cuyos grabados le gustaba mirar, y pidi\u00f3 autorizaci\u00f3n para irse a acostar. Las cuatro restantes nos quedamos eligiendo sedas de colores para el bordado de M\u00e9ta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn el piso de abajo, el consejero cerr\u00f3 su habitaci\u00f3n con doble vuelta de llave. Frau Pilz subi\u00f3 a la suya, situada al fondo del piso, y le dimos las buenas noches a trav\u00e9s de la puerta, a\u00f1adiendo que el mal tiempo nos impedir\u00eda, seguramente, tener pescado fresco para la comida del d\u00eda siguiente. De la casa vecina, el roto canal\u00f3n dejaba caer una peque\u00f1a catarata que golpeaba las losas de la calle con gran ruido. Del fondo de la calle lleg\u00f3 la fuerte galopada del hurac\u00e1n. Desaparecida, el sonido de la ca\u00edda del agua se hizo m\u00e1s sonoro, y una ventana golpe\u00f3 en los pisos superiores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Es la de la buhardilla \u2014dijo Lotte\u2014. Apenas cierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLuego levant\u00f3 la cortina de terciopelo granate y mir\u00f3 a la calle:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Nunca hizo una noche semejante\u2014 dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA lo lejos, la carraca de un sereno anunci\u00f3 la media.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No tengo nada de sue\u00f1o \u2014continu\u00f3 Lotte\u2014. Pero, aunque lo tuviera, no sentir\u00eda deseo alguno de meterme en la cama. Me parecer\u00eda que me segu\u00eda la oscuridad de la calle, acompa\u00f1ada del viento y la lluvia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Tonta! \u2014dijo El\u00e9onore, que no era muy expresiva\u2014. Bueno, puesto que no nos acostamos, hagamos como los hombres: volvamos a llenar las copas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDespu\u00e9s, el silencio invadi\u00f3 la sala.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl\u00e9onore fue a poner en un candelero tres de aquellas velas que dieron fama al fundidor de cera Sieme y que luc\u00edan con una hermosa llama rosada, expandiendo un delicioso olor a flores y esencias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe daba cuenta de que se quer\u00eda dar a aquella noche, tan l\u00fagubre en el exterior, un tono de fiesta y de alegr\u00eda que no llegaba a cuajar, no s\u00e9 por qu\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbVe\u00eda la cara en\u00e9rgica de El\u00e9onore, provista de una sombra repentina de mal humor; me parec\u00eda tambi\u00e9n que Lotte respiraba dificultosamente. S\u00f3lo el rostro de M\u00e9ta se inclinaba pl\u00e1cidamente sobre su bordado. Sin embargo, la notaba atenta, como si tratara de detectar un ruido en el fondo del silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn ese preciso instante, la puerta se abri\u00f3. Entr\u00f3 Frida. Se acerc\u00f3 vacilante a la butaca colocada al lado del fuego y se dej\u00f3 caer en ella, con los ojos hura\u00f1os fijos, a intervalo, en cada una de nosotras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Frida \u2014grit\u00e9\u2014, \u00bfqu\u00e9 pasa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSuspir\u00f3 profundamente, murmurando a continuaci\u00f3n algunas palabras inteligibles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Est\u00e1 dormida todav\u00eda\u2014 dijo El\u00e9onore.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbFrida hizo un en\u00e9rgico signo negativo. Hac\u00eda violentos esfuerzos por hablar. Le alargu\u00e9 una copa de aguardiente de El Cabo, que se bebi\u00f3 de un trago, como hacen los cocheros y los mozos de cuerda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn cualquier otro momento nos hubiera ofendido, m\u00e1s o menos, aquel gesto vulgar; pero Frida ten\u00eda un aspecto tan desconsolado y, adem\u00e1s, desde hac\u00eda algunos minutos nos desenvolv\u00edamos en una atm\u00f3sfera tan deprimente, que aquello pas\u00f3 inadvertido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bbSe\u00f1orita \u2014dijo Frida\u2014, hay\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSu mirada, calmada por un momento, volvi\u00f3 a recobrar su expresi\u00f3n hura\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No s\u00e9\u2014 murmur\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl\u00e9onore golpe\u00f3 la mesa con tres golpecitos secos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No, no puedo decir eso\u2014 continu\u00f3 Frida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl\u00e9onore lanz\u00f3 una exclamaci\u00f3n de impaciencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfPasa algo?.. \u00bfQu\u00e9 ha visto u o\u00eddo usted? En fin, \u00bfqu\u00e9 le sucede, Frida?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Hay, se\u00f1orita\u2026 \u2014Frida pareci\u00f3 reflexionar profundamente\u2014. No s\u00e9 expresarlo como yo quisiera\u2026, pero hay un enorme miedo en mi habitaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ah!\u2014 exclamamos las tres, tranquilizadas e inquietas a la vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Ha sufrido usted una pesadilla \u2014dijo M\u00e9ta\u2014. Conozco eso. Cuando uno se despierta de ella, esconde la cabeza debajo de las mantas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero Frida neg\u00f3 de nuevo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No es eso, se\u00f1orita. Yo no hab\u00eda so\u00f1ado. Me despert\u00e9 simplemente, y entonces fue\u2026 \u00a1Oh! \u00bfC\u00f3mo har\u00eda para que me comprendieran?.. Pues bien: hab\u00eda un enorme miedo en mi habitaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Dios m\u00edo, pero eso no explica nada!\u2014 dije yo a mi vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbFrida movi\u00f3 la cabeza con desesperaci\u00f3n:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Preferir\u00eda pasarme toda la noche sentada en la puerta, soportando la lluvia, antes que volver a esa maldita habitaci\u00f3n. \u00a1Oh, no volver\u00e9!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Pues yo ir\u00e9 a ver qu\u00e9 pasa en ella, grand\u00edsima loca\u2014 dijo El\u00e9onore, ech\u00e1ndose un chal por los hombros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbTitube\u00f3 un instante delante de la vieja tizona de pap\u00e1 R\u00fcckhardt, colgada entre los t\u00edtulos universitarios; se encogi\u00f3 de hombros y, tomando el candelabro de las velas rosadas, sali\u00f3 dejando tras s\u00ed un rastro perfumado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Oh, no la dejen ir sola!\u2014 grit\u00f3 Frida, asustada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCon lentitud nos acercamos a la escalera. El resplandor producido por las velas del candelabro de El\u00e9onore se perd\u00eda ya en el descansillo de las buhardillas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPermanecimos solas en la semioscuridad de los primeros escalones. O\u00edmos a El\u00e9onore empujar una puerta. Hubo un minuto de silencio agobiante. Sent\u00ed que la mano de Frida se crispaba en mi cintura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No la dejen sola\u2014 gem\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAl mismo tiempo estall\u00f3 una risa tan horrible que preferir\u00eda morir a o\u00edrla de nuevo. Casi al mismo tiempo, M\u00e9ta, alzando una mano, exclam\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1All\u00ed!.. \u00a1All\u00ed!.. Una cara\u2026 All\u00ed\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbInmediatamente la casa se llen\u00f3 de rumores. El consejero y Frau Pilz aparecieron en medio de la aureola amarilla de velas blandidas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Mademoiselle El\u00e9onore \u2014hip\u00f3 Frida\u2014. \u00a1Dios m\u00edo! \u00bfC\u00f3mo vamos a encontrarla?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAterradora pregunta, a la cual responder\u00e9 yo inmediatamente:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No la encontramos jam\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa habitaci\u00f3n de Frida estaba vac\u00eda. El candelabro estaba colocado en el suelo y las velas continuaban ardiendo tranquilamente con su suave luz rosada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbRegistramos la casa, los armarios, los tejados. Jam\u00e1s volvimos a ver a El\u00e9onore.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSe comprende r\u00e1pidamente por qu\u00e9 no hemos podido contar con la ayuda de la polic\u00eda. Encontramos despachos invadidos por una muchedumbre enloquecida, muebles ca\u00eddos, cristales rotos y funcionarios sacudidos como peleles. Porque aquella misma noche desaparecieron ochenta personas: unas al volver a su domicilio; otras, en sus propias casas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCon el mismo golpe, el mundo de las hip\u00f3tesis corrientes se cierra, qued\u00e1ndonos solamente el de las aprehensiones sobrenaturales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHan pasado algunos d\u00edas despu\u00e9s de aquel drama. Vivimos una existencia triste, llena de l\u00e1grimas y de terror.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl consejero H\u00fchnebein ha mandado colocar una espesa pared de madera de pino que cierra el piso de las buhardillas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAyer yo buscaba a M\u00e9ta. Empez\u00e1bamos a lamentarnos temiendo una nueva desgracia, cuando la encontramos acurrucada delante de la pared de madera, con los ojos secos y una expresi\u00f3n de ira en su rostro, de ordinario tan dulce.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbTen\u00eda en la mano la tizona de pap\u00e1 R\u00fcckhardt y parec\u00eda disgustada por haber sido importunada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHemos intentado preguntarle sobre la cara que hab\u00eda entrevisto, pero nos ha mirado como si no nos comprendiese.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPor lo dem\u00e1s, permanece sumida en un mutismo absoluto, y no s\u00f3lo no responde ya, sino que parece ignorar nuestra presencia a su alrededor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMiles de historias, las unas m\u00e1s inveros\u00edmiles que las otras, corren por la ciudad. Se habla de una liga secreta y criminal; se acusa a la Polic\u00eda de negligencia y de algo peor; los funcionarios han sido obligados a dimitir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbComo es l\u00f3gico, eso no ha servido para nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSe han cometido cr\u00edmenes extra\u00f1os. Cad\u00e1veres destrozados con furia se descubren al despuntar la aurora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLas fieras no podr\u00edan demostrar un encarnizamiento mayor que el manifestado por los misteriosos asesinos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSi algunas de las v\u00edctimas son despojadas de sus objetos de valor, la mayor\u00eda de ellas no lo son, y eso extra\u00f1a a todo el mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero yo no quiero ocuparme de lo que pasa en la ciudad. Se encontrar\u00e1 mucha gente que lo cuente de viva voz. Quiero ce\u00f1irme al cuadro de nuestra casa y de nuestra vida, que, para ser tan reducido, no est\u00e1 rodeado de mucho menos terror y desesperaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLos d\u00edas pasan. Abril ha llegado, m\u00e1s fr\u00edo, m\u00e1s ventoso que el peor mes invernal. Permanecemos agazapadas cerca del fuego. A veces, el consejero H\u00fchnebein sube a hacernos compa\u00f1\u00eda y a darnos lo que \u00e9l llama valor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbConsiste eso para \u00e9l en temblar por todos sus miembros, con las manos extendidas hacia la lumbre; en beberse enormes jarros de ponche; en sobresaltarse a cada ruido y en exclamar, cinco o seis veces a la hora:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfHan o\u00eddo ustedes?.. \u00bfHan escuchado ustedes?..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbFrida ha destrozado su Biblia, y en cada puerta, en cada cortina, en el rinc\u00f3n m\u00e1s absurdo, hemos encontrado p\u00e1ginas de ella pegadas o sujetas con alfileres. Ella espera, de tal forma, conjurar los esp\u00edritus del mal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa dejamos hacer, y como han pasado algunos d\u00edas en paz, no dejamos de encontrar buena la idea. De esa forma, toda imagen santa est\u00e1 expuesta ahora a la luz del sol\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Ay! Nuestro desencanto deb\u00eda de ser terrible. La jornada hab\u00eda sido tan sombr\u00eda, las nubes tan bajas, que la noche cay\u00f3 muy temprano. Yo sal\u00eda del sal\u00f3n para poner una l\u00e1mpara en el enorme descansillo, porque desde la noche terror\u00edfica cubrimos la casa entera de luminarias y los vest\u00edbulos y las escaleras permanecen alumbrados hasta la aurora, cuando o\u00ed un murmullo en el piso alto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA\u00fan no era completamente de noche. Sub\u00ed valerosamente y me encontr\u00e9 ante las caras espantadas de Frida y de Frau Pilz, que me hicieron se\u00f1as de que me callase, se\u00f1al\u00e1ndome la pared recientemente construida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe puse al lado de ellas, adoptando su silencio y su atenci\u00f3n. Entonces o\u00ed un ruido indefinible al otro lado de la pared de madera, como si caracolas gigantes hiciesen alternar sus tumultos de muchedumbres lejanas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Mademoiselle El\u00e9onore\u2014 gimi\u00f3 Frida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa respuesta lleg\u00f3 en seguida, arroj\u00e1ndonos, aullando, escaleras abajo. Un prolongado grito de terror se dej\u00f3 o\u00edr, pero que no llegaba del otro lado de la pared de madera, sino de abajo, de las habitaciones del consejero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAl mismo tiempo le o\u00edmos pedir socorro con todas sus fuerzas. Lotte y M\u00e9ta corr\u00edan ya por el descansillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Tenemos que acudir\u2014 dije, valerosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo hab\u00edamos dado tres pasos cuando un nuevo grito de angustia se dej\u00f3 o\u00edr, esta vez por encima de nuestras cabezas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Socorro!.. \u00a1Socorro!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEst\u00e1bamos rodeadas de llamadas de pavor: abajo, las de Herr H\u00fchnebein; en el piso de arriba, las de Frau Pilz, ya que hab\u00edamos reconocido su voz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Socorro!\u2014 o\u00edmos gritar m\u00e1s d\u00e9bilmente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbM\u00e9ta hab\u00eda cogido la buj\u00eda que yo hab\u00eda colocado en el descansillo. A medio camino de la escalera encontramos a Frida sola.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbFrau Pilz hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbAl llegar a este punto de mi relato debo expresar mi admiraci\u00f3n por el tranquilo valor de M\u00e9ta R\u00fcckhardt.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Ya no podemos hacer nada aqu\u00ed \u2014dijo, rompiendo un silencio obstinado de varios d\u00edas\u2014. Vamos abajo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLlevaba en la mano la tizona paterna y no hac\u00eda grotesco. Se notaba que ella se servir\u00eda de la espada como un hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa seguimos subyugadas por su fuerza y valent\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl gabinete de trabajo del consejero estaba iluminado como para una kermesse de feria. El pobre hombre no hab\u00eda dejado a la oscuridad ning\u00fan lugar donde introducirse. Dos enormes l\u00e1mparas de globos de porcelana blanca flanqueaban la chimenea como dos lunas tranquilas. Una peque\u00f1a ara\u00f1a de cristal, estilo Luis XV, colgaba del techo, arrojando los reflejos de sus prismas como si fueran pu\u00f1ados de piedras preciosas. En cada rinc\u00f3n, en el suelo, un candelabro de cobre o de gres portaba una vela encendida. Sobre la mesa, una hilera de velas largas parec\u00eda velar un catafalco invisible. Nos paramos deslumbradas, pero fue en vano que busc\u00e1semos al consejero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Oh! \u2014exclam\u00f3 de pronto Frida en voz baja\u2014. Miren. Est\u00e1 all\u00ed. Escondido detr\u00e1s de la cortina de la ventana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCon adem\u00e1n brusco, Lotte descorri\u00f3 la pesada cortina. Herr H\u00fchnebein estaba all\u00ed, inm\u00f3vil, inclinado fuera de la ventana abierta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLotte se acerc\u00f3. Inmediatamente retrocedi\u00f3 lanzando una exclamaci\u00f3n de espanto:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No miren, no miren\u2026 \u00a1Por amor de Dios, no miren! \u00a1\u00c9l\u2026 no tiene\u2026 ya\u2026 cabeza!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbVi a Frida vacilar, a punto de desvanecerse y caerse, cuando la voz de M\u00e9ta nos volvi\u00f3 a todas a la raz\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Atenci\u00f3n! \u00a1Aqu\u00ed hay peligro!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNos apretamos junto a ella, sinti\u00e9ndonos protegidas por su presencia de \u00e1nimo. De pronto, algo gui\u00f1\u00f3 en el techo y vimos, llenas de terror, que la sombra hab\u00eda invadido los dos rincones opuestos de la habitaci\u00f3n, donde las luces acababan de apagarse s\u00fabitamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1R\u00e1pido! \u2014exclam\u00f3 Meta\u2014. \u00a1Proteged las luces!.. \u00a1Oh!.. All\u00ed\u2026, all\u00ed est\u00e1\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAl mismo tiempo, las lunas blancas de la chimenea estallaron, escupieron un chorro de llama humosa y se desvanecieron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbM\u00e9ta permanec\u00eda inm\u00f3vil, pero su mirada recorr\u00eda la habitaci\u00f3n con fr\u00eda rabia, que no le conoc\u00eda yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSoplaron a las velas que se hallaban sobre la mesa. S\u00f3lo la ara\u00f1a de cristal continuaba despidiendo una luz tranquila. Vi que M\u00e9ta no le quitaba ojos. Y, de repente, su tizona cort\u00f3 el aire y, en un movimiento impetuoso de furor, lanz\u00f3 una estocada al vac\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Proteged la luz! \u2014grit\u00f3\u2014. Le veo, te tengo ya\u2026 \u00a1Ah!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEntonces vimos c\u00f3mo la tizona hac\u00eda unos movimientos extra\u00f1os en la mano de M\u00e9ta, como si una fuerza invisible tratara de arranc\u00e1rsela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa inspiraci\u00f3n feliz y extra\u00f1a que nos salv\u00f3 aquella noche procedi\u00f3 de Frida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDe pronto, lanz\u00f3 un grito feroz y, agarrando uno de los pesados candelabros de bronce, salt\u00f3 al lado de M\u00e9ta y se puso a golpear el vac\u00edo con su reluciente mazo. La tizona qued\u00f3 inerte, algo muy ligero pareci\u00f3 arrastrarse por el suelo; luego, la puerta se abri\u00f3 sola y un clamor desgarrador se elev\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Uno\u2014 dijo M\u00e9ta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSe me podr\u00eda preguntar: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 se obstinaban ustedes en habitar una casa tan criminalmente embrujada?\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbM\u00e1s de cien casas se hallan en el mismo caso. Ya no se cuentan los cr\u00edmenes ni las desapariciones. Apenas si se comentan. La ciudad est\u00e1 entristecida. Las personas se suicidan por docenas, prefiriendo esta muerte a la que dan los verdugos fantasmas. Y, adem\u00e1s, M\u00e9ta quiere vengarse. Es ella, ahora, quien acecha a los invisibles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHa vuelto a caer en su obstinado mutismo; solamente nos ha ordenado que, una vez ca\u00edda la noche, cerremos puertas y contraventanas. En cuanto oscurece, las cuatro ocupamos el sal\u00f3n, convertido en dormitorio y en comedor. De all\u00ed no salimos hasta por la ma\u00f1ana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHe preguntado a Frida sobre su curiosa intervenci\u00f3n armada; pero s\u00f3lo me ha dado una respuesta confusa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No s\u00e9 \u2014dijo\u2014. De repente me pareci\u00f3 haber visto una cosa, una cara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSe detuvo apurada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No encuentro palabras para expresar lo que es \u2014continu\u00f3\u2014. Pero s\u00ed: es el gran miedo que, durante la primera noche, estaba metido en mi habitaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEs todo cuanto obtuve de ella. Pero nuestros corazones deb\u00edan conocer hasta el fin todos los sufrimientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA mediados de abril, una noche en que Lotte y Frida tardaban en volver de la cocina, M\u00e9ta abri\u00f3 la puerta del sal\u00f3n y les grit\u00f3 que se dieran prisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbVi que las sombras hab\u00edan invadido ya el descansillo y el vest\u00edbulo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ya vamos! \u2014respondieron ambas al un\u00edsono\u2014. \u00a1Ya vamos, s\u00ed!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMeta entr\u00f3 y cerr\u00f3 la puerta. Se hallaba atrozmente p\u00e1lida. De abajo no llegaba ning\u00fan ruido. Esper\u00e9 en vano el de los pasos de las dos mujeres. El silencio pesaba como agua amenazadora contra la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbM\u00e9ta la cerr\u00f3 con llave.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfQu\u00e9 haces? \u2014le pregunt\u00e9\u2014. \u00bfY Lotte y Frida?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Es in\u00fatil esperarlas\u2014 respondi\u00f3 con voz sorda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSus ojos fijaron la mirada sobre la espada, inm\u00f3viles y terribles. La noche lleg\u00f3, siniestra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbFue as\u00ed como Lotte y Frida desaparecieron a su vez en el misterio.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bb\u00a1Dios m\u00edo! \u00bfQu\u00e9 es esto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbExiste una presencia en la casa, pero una presencia sufriente y herida, que trata de que le presten ayuda. \u00bfDuda M\u00e9ta de ella? Est\u00e1 m\u00e1s taciturna que nunca, pero atranca puertas y ventanas de una forma que m\u00e1s bien me produce la impresi\u00f3n de que quiere evitar una fuga que una intrusi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMi vida se ha convertido en una soledad espantosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa propia M\u00e9ta tiene la apariencia de un espectro ir\u00f3nico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDurante el d\u00eda, me encuentro a veces con ella en corredores inesperados. Siempre lleva la espada en la mano derecha; en la otra, una potente linterna el\u00e9ctrica cuyo rayo de luz introduce en todos los rincones oscuros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUna vez, despu\u00e9s de uno de estos encuentros, me dijo con bastante mal humor que ser\u00eda mejor que me fuese al sal\u00f3n, y como yo obedeciese a pasos lentos, me grit\u00f3 con voz furiosa, a mi espalda, que no me metiese jam\u00e1s en sus proyectos\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfConocer\u00eda M\u00e9ta mi secreto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbYa no era el rostro pl\u00e1cido que se inclinaba, apenas hac\u00eda unos d\u00edas, sobre el bordado de sedas brillantes, sino un rostro salvaje donde ard\u00eda una doble llama de odio que a veces lanzaba sobre m\u00ed. Porque yo pose\u00eda un secreto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfFue la curiosidad, la perversidad o la piedad lo que me hizo actuar?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Oh! Ruego a Dios con todo mi coraz\u00f3n que sea un sentimiento de caridad el que me haya animado; bondad, l\u00e1stima, y nada m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAcababa de echar agua limpia en el lavadero cuando una queja ensordecida lleg\u00f3 a mis o\u00eddos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ay!.. \u00a1Ay!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo pens\u00e9 m\u00e1s que en nuestras desaparecidas y mir\u00e9 a mi alrededor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHab\u00eda all\u00ed una puerta bastante bien disimulada que conduc\u00eda a un reducto en donde el infortunado H\u00fchnebein amontonaba cuadros y libros, entre el polvo y las telara\u00f1as.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ay, ay!..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEse lamento proced\u00eda del interior. Entreabr\u00ed la puerta y sonde\u00e9 con la mirada la penumbra gris\u00e1cea del lugar. Todo all\u00ed era normal y tranquilo. El lamento hab\u00eda cesado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDi algunos pasos\u2026 y, de repente, me sent\u00ed agarrada por el vestido. Di un grito. Inmediatamente, el lamento se produjo m\u00e1s cerca de m\u00ed, doloroso, suplicante:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ay, ay!..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY en el c\u00e1ntaro que yo llevaba propinaron algunos golpecitos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLo dej\u00e9 en el suelo. O\u00ed un ligero chapoteo, como si un perro bebiese tranquilamente, y, en efecto, el l\u00edquido del c\u00e1ntaro disminu\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1La Cosa, el Ser, beb\u00eda!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Ay, ay!..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn mi cabello sent\u00ed una caricia; un roce m\u00e1s suave que un h\u00e1lito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ay, ay!..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEntonces el lamento se convirti\u00f3 en lloro humano, en sollozos de ni\u00f1o, y sent\u00ed piedad por el monstruo invisible que sufr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero sonaron pasos en el vest\u00edbulo. Me puse las manos en los labios y el Ser se call\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSin ruido, cerr\u00e9 la puerta del reducto secreto. M\u00e9ta avanzaba por el pasillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfHas gritado?\u2014 pregunt\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Se me escurri\u00f3 el pie\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe hab\u00eda convertido en c\u00f3mplice de un fantasma.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbLlev\u00e9 leche, vino y manzanas. Nada se produjo. Cuando regres\u00e9, se hab\u00edan bebido la leche hasta la \u00faltima gota; pero el vino y la fruta continuaban intactos. Luego, una especie de brisa me rode\u00f3 y pas\u00f3 largamente sobre mis cabellos\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbVolv\u00ed una y otra vez, llevando siempre leche fresca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa dulce voz no lloraba ya; pero el roce de la brisa era m\u00e1s intenso, m\u00e1s ardiente hubi\u00e9rase dicho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbM\u00e9ta me mira, al parecer, sospechosa; ronda alrededor del reducto de los libros\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHe elegido un refugio m\u00e1s seguro para mi enigm\u00e1tico protegido. Se lo he explicado por signos. \u00a1Qu\u00e9 raro parece eso de hacer gestos en el vac\u00edo! Pero me comprendi\u00f3. Me segu\u00eda como un soplo a lo largo de los pasillos cuando, bruscamente, tuve que esconderme en una rinconera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUna d\u00e9bil luz de fot\u00f3foro yac\u00eda sobre las losas. Vi a M\u00e9ta bajando una escalera de caracol situada al fondo de un pasillo. Andaba a pasos de lobo, ocultando a medias la luz de su proyector. La espada reluc\u00eda. Entonces sent\u00ed que el Ser, que estaba a mi lado, ten\u00eda miedo. La brisa se movi\u00f3 alrededor de m\u00ed, febril, nerviosa, y escuch\u00e9 de nuevo la queja:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ay, ay!..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLos pasos de M\u00e9ta se perdieron en resonancias lejanas. Hice un gesto tranquilizador y gan\u00e9 el nuevo refugio: una especie de gabinete-alacena que creo casi desconocido y, sobre todo, jam\u00e1s visitado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl soplo se pos\u00f3 durante un minuto en mi boca y sent\u00ed una extra\u00f1a verg\u00fcenza\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLleg\u00f3 el mes de mayo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLos seis metros cuadrados de jardincillo, que el pobre y querido H\u00fchnebein empap\u00f3 con su sangre, est\u00e1n cuajados de florecillas blancas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbBajo el magn\u00edfico cielo azul, la ciudad apenas bulle. S\u00f3lo un paciente rumor de puertas que se cierran, de cerrojos que se corren y de llaves que se echan, responden a los chillidos de las golondrinas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl Ser se ha vuelto imprudente. Trata de verme; de repente lo noto a mi alrededor. No puedo describir eso: es una sensaci\u00f3n de enorme ternura la que me rodea. Intento hacerle comprender que temo a M\u00e9ta, y lo siento desaparecer como una brisa que cesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSoporto mal la mirada inflamada de M\u00e9ta.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbD\u00eda 4 de mayo. Fue el fin brutal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNos hall\u00e1bamos en el sal\u00f3n con las l\u00e1mparas encendidas. Yo cerraba las contraventanas. De repente, not\u00e9 su presencia. Hice un gesto desesperado y, al volverme, me encontr\u00e9 con la mirada de M\u00e9ta terriblemente reflejada en el espejo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Traidora!\u2014 grit\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY cerr\u00f3 la puerta con rapidez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00c9l estaba prisionero con nosotras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Lo sab\u00eda \u2014silb\u00f3 M\u00e9ta\u2014. Te vi salir con cuencos llenos de leche, hija del diablo. T\u00fa le has dado fuerza mientras se mor\u00eda de la herida que yo le infer\u00ed la noche de la muerte de H\u00fchnebein. \u00a1Porque tu fantasma es vulnerable! Va a morir ahora mismo, y creo que, para \u00e9l, morir es tan atroz como para nosotras. \u00a1Despu\u00e9s te llegar\u00e1 a ti el turno, desastrada! \u00bfMe oyes?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHab\u00eda gritado eso en frases entrecortadas. Inesperadamente, desenvolvi\u00f3 su fot\u00f3foro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl rayo de luz blanca atraves\u00f3 la habitaci\u00f3n y vi evolucionar dentro de \u00e9l un ligero humo gris.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa espada golpe\u00f3 este humo con toda su fuerza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ay, ay!\u2014 exclam\u00f3 la voz desgarradora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY, de pronto, sin habilidad, pero con acento de ternura, se oy\u00f3 pronunciar mi nombre. Avanc\u00e9 y, de un pu\u00f1etazo, arroj\u00e9 la linterna al suelo. El rayo de luz desapareci\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1M\u00e9ta! supliqu\u00e9\u2014. Esc\u00fachame\u2026 Ten piedad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa cara de M\u00e9ta se convulsion\u00f3 en una m\u00e1scara de furor demon\u00edaco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Traidora mil veces!\u2014 rugi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa espada dibuj\u00f3 una letra fulgurante ante mis ojos. Recib\u00ed una estocada encima del seno izquierdo y ca\u00ed de rodillas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAlguien llor\u00f3 desconsoladamente a mi lado, suplicando extra\u00f1amente a M\u00e9ta a su vez. De nuevo se alz\u00f3 la hoja. Trat\u00e9 de encontrar las palabras de contrici\u00f3n suprema que nos reconcilian para siempre con Dios; pero vi congelarse s\u00fabitamente la cara de M\u00e9ta y de sus manos caer la espada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAlgo susurr\u00f3 cerca de nosotros, y vi una d\u00e9bil llama desenrollarse como una cinta y prender vorazmente en las tapicer\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ardemos! \u2014grit\u00f3 Meta\u2014. Todos juntos\u2026 \u00a1Malditos!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEntonces, en ese segundo donde todo iba a sumergirse en la muerte, se abri\u00f3 la puerta y entr\u00f3 una anciana, descomunal, inmensa, de la que s\u00f3lo ve\u00eda los terribles ojos verdes brillando en una cara inaudita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUna mordedura de fuego atraves\u00f3 mi mano izquierda. Mientras mis fuerzas me lo permitieron, retroced\u00ed. Vi a\u00fan a M\u00e9ta en pie, inm\u00f3vil, con una extra\u00f1a mueca en la cara, y comprend\u00ed que su alma tambi\u00e9n hab\u00eda volado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLuego, los ojos sin pupilas de la monstruosa anciana registraron, lentamente, la habitaci\u00f3n, que invad\u00eda el fuego, y su mirada se pos\u00f3 en m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbTermino de escribir este relato en una casita desconocida. \u00bfD\u00f3nde estoy? Sola. Sin embargo, todo esto est\u00e1 lleno de ruidos; una presencia invisible, aunque desenfrenada, est\u00e1 en todas partes. \u00c9l ha vuelto. He o\u00eddo pronunciar de nuevo mi nombre de esta forma inh\u00e1bil y dulce\u2026\u00bb<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>As\u00ed termina, como cortado a cuchillo, el manuscrito alem\u00e1n.<\/p>\n<h4>EL MANUSCRITO FRANC\u00c9S<\/h4>\n<p>\u00abAhora estoy seguro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe se\u00f1alaron al cochero m\u00e1s antiguo de la ciudad en la taberna Kneipe, donde se bebe la cerveza de octubre m\u00e1s espirituosa y perfumada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLe invit\u00e9 a beber; luego le ofrec\u00ed tabaco azafranado y un daalder de Holanda. Jur\u00f3 que yo era un pr\u00edncipe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Un pr\u00edncipe, claro que s\u00ed \u2014exclam\u00f3\u2014. \u00bfQu\u00e9 hay m\u00e1s noble que un pr\u00edncipe?.. \u00a1Que vengan todos los que me contradigan, y les cruzar\u00e9 con el cuero de mi l\u00e1tigo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLe se\u00f1al\u00e9 su droschke, amplio como una salita de espera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Ahora, ll\u00e9veme al callej\u00f3n de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe mir\u00f3 at\u00f3nito. Luego, estall\u00f3 en carcajadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Es usted un tipo gracioso. \u00a1Oh, s\u00ed, muy gracioso!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Porque es ponerme a prueba. Conozco todas las calles de la ciudad. \u00bfQu\u00e9 digo las calles?.. \u00a1Los adoquines! Y no existe ninguna calle de Sainte-B\u00e9r\u00e9\u2026, \u00bfqu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014B\u00e9r\u00e9gonne. D\u00edgame: \u00bfno est\u00e1 por la parte de la Mohlenstrasse?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Pues no \u2014dijo con tono terminante\u2014. Eso existe aqu\u00ed como el Vesubio en San Petersburgo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNadie mejor que \u00e9l conoc\u00eda la ciudad; nadie sab\u00eda sus recovecos mejor que este magn\u00edfico bebedor de cerveza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUn estudiante que, en una mesa vecina, escrib\u00eda una carta de amor y nos escuchaba, a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Adem\u00e1s, no existe ninguna santa de ese nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY la mujer del tabernero replic\u00f3 con cierta rabia:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No se fabrican nombres de santos como si fueran salchichas jud\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCalm\u00e9 a todo el mundo con vino y cerveza del a\u00f1o, y una gran alegr\u00eda anid\u00f3 en mi coraz\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEse schutzmann que desde por la ma\u00f1ana hasta por la noche recorre la Mohlenstrasse, tiene una cabeza masiva de dogo ingl\u00e9s; pero se ve que es hombre que conoce su oficio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No \u2014dijo lentamente, de regreso de un largo viaje por entre sus pensamientos y sus recuerdos\u2014, eso no existe por aqu\u00ed, ni en toda la ciudad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAhora bien: por encina de su hombro veo el corte amarillo del callej\u00f3n de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne, entre la destiler\u00eda Klingbom y una tienda de granos y semillas an\u00f3nima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDebo volverme con una velocidad descort\u00e9s para no mostrar mi dicha. \u00bfEl callej\u00f3n de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne? \u00a1Ah, ah! No existe ni para el cochero, ni para el estudiante, ni para el agente de polic\u00eda local, ni para nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Existe solamente para m\u00ed!<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bb\u00bfC\u00f3mo he hecho este extravagante descubrimiento?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPues\u2026, por una observaci\u00f3n casi cient\u00edfica, como se dir\u00eda pomposamente en nuestro cuerpo doctoral.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMi colega Seiffert, que ense\u00f1a Ciencias Naturales, haciendo estallar en las narices de sus alumnos balones llenos de gases extra\u00f1os, no encontrar\u00eda nada que censurar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCuando recorro la Mohlenstrasse, debo franquear, para pasar de la tienda de Klingbom a la de los granos y semillas, cierta distancia que recorro en tres pasos, lo cual me lleva un par de segundos. Por el contrario, he observado que las gentes que recorren el mismo camino pasan inmediatamente de la casa del destilador a la del semillero sin que sus siluetas se proyecten sobre el hueco del callej\u00f3n de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDespu\u00e9s, preguntando h\u00e1bilmente a unos y a otros, he llegado a saber que para todos y en el plano catastral de la ciudad, s\u00f3lo una pared medianera separa la destiler\u00eda Klingbom del inmueble del vendedor de granos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDe ello he sacado la conclusi\u00f3n que para todo el mundo, excepto para m\u00ed, esta callejuela existe m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y del espacio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe divierto mucho al escribir esta frase, con la que mi colega Mitschlaf sazona copiosamente su curso de Filosof\u00eda: M\u00e1s all\u00e1 del tiempo y del espacio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Ah, ah! Si \u00e9l supiese tanto como yo sobre este tema\u2026 \u00a1Es un pedante con cara de b\u00fafalo! Pero todo lo que \u00e9l cuenta de esas ciudades de humo son pobres fantas\u00edas que no pueden aferrar m\u00e1s que los fr\u00e1giles sue\u00f1os de algunos ignorantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHace varios a\u00f1os que yo conozco esta callejuela misteriosa, pero jam\u00e1s me he aventurado por ella, y creo que personas m\u00e1s valerosas que yo hubieran vacilado en hacerlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfQu\u00e9 leyes rigen este espacio desconocido? Una vez agarrado por su misterio, \u00bfme devolver\u00e1 a mi mundo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe he forjado, por \u00faltimo, razones diversas para convencerme de que este mundo era inhospitalario para un ser humano, y mi curiosidad ha capitulado ante el miedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSin embargo, lo poco que yo ve\u00eda de esta escapada sobre lo incomprensible, \u00a1era tan trivial, tan ordinario, tan mediocre!..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDebo confesar que la vista estaba cortada inmediatamente, a diez pasos, por una curva brusca de la callejuela. Por tanto, todo lo que yo pod\u00eda ver eran dos altas tapias mal encaladas y sobre una de ellas algunos caracteres en carb\u00f3n: Sankt-Beregonne gasse. Adem\u00e1s, un empedrado verdoso y desgastado que faltaba un poco antes de llegar a la curva cerrada, y un suelo informe que dejaba brotar los viburnos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEste arbusto enclenque me parec\u00eda que viv\u00eda seg\u00fan nuestras estaciones, porque yo le ve\u00eda, a veces, con un poco de verdor y algunas bolas de nieve entre sus ramitas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHubiera podido hacer curiosas observaciones en cuanto a la yuxtaposici\u00f3n de esta loncha de un cosmos desconocido sobre el nuestro; pero eso me hubiera obligado a estancias m\u00e1s o menos largas en la Mohlenstrasse, y Klingbom, que me ve\u00eda con frecuencia mirar fijamente a sus ventanas, concibi\u00f3 sospechas injuriosas para su esposa y me lanzaba miradas feroces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPor otra parte, yo me preguntaba por qu\u00e9, dentro de la vastedad del mundo, ese extra\u00f1o privilegio me toc\u00f3 en suerte a m\u00ed solo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbYo me pregunto, digo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY ello me lleva a pensar en mi abuela materna. Aquella mujer, alta y sombr\u00eda, que hablaba tan poco y que parec\u00eda seguir, con sus inmensos ojos verdes, las peripecias de otra vida en la pared que ten\u00eda delante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSu historia era oscura. Mi abuelo, que era marino, la hab\u00eda arrancado, seg\u00fan parece, de manos de los piratas de Argelia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA veces ella paseaba sus largas manos blancas por encima de mis cabellos, murmurando:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00c9l quiz\u00e1\u2026 \u00bfPor qu\u00e9 no?.. \u00bfDespu\u00e9s de todo..?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLo repiti\u00f3 la noche en que mor\u00eda, a\u00f1adiendo, mientras su mirada moribunda erraba por entre las sombras:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00c9l ir\u00e1 quiz\u00e1\u2026 all\u00ed donde yo no pude volver\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAquel d\u00eda soplaba una terrible tempestad. Cuando mi abuela muri\u00f3 y cuando se encend\u00edan los cirios, un inmenso p\u00e1jaro de tempestad rompi\u00f3 los cristales de la ventana y fue a agonizar, sangrante y amenazador, sobre el lecho de la muerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEs la \u00fanica cosa especial que recuerdo de mi vida; pero eso \u00bftiene alguna relaci\u00f3n con el callej\u00f3n de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbFue la rama del viburno quien hizo surgir la aventura.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bb\u00bfSoy sincero completamente al buscar en aquello este capirotazo inicial que puso en movimiento los mundos y los acontecimientos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfPor qu\u00e9 no hablar de Anita?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHace algunos a\u00f1os, las abras hanse\u00e1ticas ve\u00edan llegar a\u00fan, saliendo de las brumas como bestias avergonzadas, extra\u00f1os y peque\u00f1os nav\u00edos enjarciados al estilo latino: tartanas, sacolevas o speronares.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbInmediatamente una risa colosal conmov\u00eda el puerto, llegando hasta las m\u00e1s s\u00f3rdidas cervecer\u00edas; risa, los patronos descargadores rend\u00edan a ella sus bebidas, y los marineros de Holanda, de rostros de cuadrantes de reloj, masticaban sus largas pipas de espuma blanca de Gouda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ah! \u2014exclamaban\u2014. He aqu\u00ed los lugares de sue\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbYo he sentido cada vez mi alma desgarrada ante esos sue\u00f1os heroicos que ven\u00edan a morir en la formidable risa germ\u00e1nica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSe contaba que las tristes tripulaciones de estos nav\u00edos viv\u00edan en un sue\u00f1o loco, a lo largo de las costas doradas del Adri\u00e1tico y del mar Tirreno, situando en nuestro cruel Norte, un pa\u00eds hermoso y fant\u00e1stico, hermano gemelo de la isla Thul\u00e9 de los antiguos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo mucho m\u00e1s inteligentes que sus antepasados del a\u00f1o mil, hab\u00edan conservado como patrimonio las leyendas de las islas de diamantes y de esmeraldas, leyendas nacidas cuando sus padres tropezaban con la vanguardia deslumbrante de un banco de hielo a la deriva.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl poco progreso que hab\u00edan experimentado sus mentes en el transcurso de los \u00faltimos siglos, la br\u00fajula marina, la aguja magn\u00e9tica que se\u00f1alaba siempre con su punta de metal hacia el Norte, fue para ellos una prueba final del misterio del Septentri\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUn d\u00eda que el sue\u00f1o marchaba como un nuevo Mes\u00edas sobre el oleaje picado del Mediterr\u00e1neo; que las redes no hab\u00edan pescado m\u00e1s que peces envenenados por el coral del fondo; que Lombard\u00eda no hab\u00eda enviado trigo ni harina a las miserables tierras del Sur, hab\u00edan izado las velas al viento de la tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSu flotilla hab\u00eda erizado el mar con sus duras alas; despu\u00e9s, una a una, sus barcas se hab\u00edan hundido en medio de las tempestades del Atl\u00e1ntico. El golfo de Gascu\u00f1a hab\u00eda destruido lentamente la flotilla para pasar sus restos a los dientes de granito de la extrema Breta\u00f1a. Algunos de esos cascos de gruesa madera fueron vendidos a los mercaderes de maderas de Alemania y Dinamarca. Uno de ellos muri\u00f3 en su sue\u00f1o, matado por un iceberg que se consum\u00eda al sol, a la altura de las islas de Lofoten.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero el Norte cubri\u00f3 de flores las tumbas de esos nav\u00edos, proporcion\u00e1ndoles un dulce epitafio: \u00abLas lugres del sue\u00f1o\u00bb, que si hace re\u00edr a los groseros marineros, a m\u00ed me emociona y, si pudiera, me embarcar\u00eda en ese sue\u00f1o, el cual, subido a bordo, permanece all\u00ed hasta la consumaci\u00f3n de los siglos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbQuiz\u00e1 sea tambi\u00e9n porque Anita es hija de esos nav\u00edos.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbVino de all\u00e1 abajo, muy peque\u00f1a, en los brazos de su madre, en una tartana. La barca fue vendida. La madre muri\u00f3. Sus hermanitas tambi\u00e9n. El padre, que parti\u00f3 en un velero de las Am\u00e9ricas, no volvi\u00f3 m\u00e1s, ni el velero tampoco. Anita se qued\u00f3 sola; pero su sue\u00f1o, que condujo la barca a esos muelles de madera mohosa, no le ha abandonado: ella cree en la suerte n\u00f3rdica, y la quiere \u00e1speramente, yo dir\u00eda que casi con odio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn aquel Tempelhof de las l\u00e1mparas de luces blancas, Anita baila, canta, lanza flores rojas que vuelven a caer como lluvia de sangre sobre ella o se chamuscan a las llamas cortas de los quinqu\u00e9s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A continuaci\u00f3n deambula por entre el p\u00fablico, tendiendo, a guisa de platillo, una concha de n\u00e1car rosada. En ella le echan dinero, hasta oro, y es entonces \u00fanicamente cuando sus ojos sonr\u00eden, fijos un segundo, como una caricia, en el hombre generoso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbYo he echado oro, oro, yo, humilde profesor de gram\u00e1tica francesa en el Gymnasium, por una mirada de Anita.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbNotas breves.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHe vendido mi Voltaire. A veces le\u00eda a mis alumnos fragmentos de su correspondencia con el rey de Prusia. Esto le gustaba al director del colegio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDebo dos meses de pensi\u00f3n a Frau Holz, mi patrona. Me ha dicho que es muy pobre\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl administrador del Instituto, a quien he pedido un nuevo adelanto sobre mi sueldo, me ha contestado, con apuro, que le era muy dif\u00edcil conced\u00e9rmelo, que el reglamento lo prohib\u00eda\u2026 No le he escuchado m\u00e1s. Mi colega Seiffert se ha negado rotundamente a prestarme algunos t\u00e1leros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHe dejado un pesado soberano de oro en la concha de n\u00e1car. La mirada de Anita me ha quemado durante mucho tiempo el alma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLuego he o\u00eddo re\u00edr en los bosquecillos de laureles de Tempelhof y he reconocido a dos bedeles del Gymnasium, que hu\u00edan en la sombra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEra mi \u00faltima moneda de oro. Ya no tengo m\u00e1s dinero\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAl pasar por delante de Klingbom, en la Mohlenstrasse, una calesa de Hanover, con cuatro caballos, me ha rozado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAsustado, he dado un par de saltos dentro del callej\u00f3n de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne. Mi mano, maquinalmente, ha desgarrado una rama de viburno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEst\u00e1 sobre mi mesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe abre, de golpe, un mundo inmenso, como la varita de un mago.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbRazonemos, como dir\u00eda Seiffert, el avaro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAnte todo, mi asustado retroceso en la callejuela de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne y mi inmediato regreso a la Mohlenstrasse demuestran que ese espacio es de tan f\u00e1cil acceso y salida para m\u00ed como cualquiera otra calle de la ciudad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSin embargo, la rama es un aporte, digamos\u2026 filos\u00f3fico, inmenso. Ese trozo de \u00e1rbol es \u00abdemasiado\u00bb en nuestro mundo. Si en cualquier selva americana cogiese una rama de arbusto y la trajese aqu\u00ed, no cambiar\u00eda con tal acci\u00f3n el n\u00famero de ramas de \u00e1rboles que existen en toda la tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero, trayendo del callej\u00f3n de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne esa rama de viburno, aumento ese n\u00famero en una unidad intr\u00ednseca, que todos los crecimientos tropicales no hubieran podido proveer al reino vegetal terrestre, puesto que la he cogido de un plano que, solamente para m\u00ed, es de existencia real.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPuedo, pues, gracias a ella importar un objeto al mundo de los hombres, y en \u00e9l nadie podr\u00e1 disputarme su propiedad. \u00a1Ah! Nunca propiedad alguna habr\u00e1 sido m\u00e1s absoluta, puesto que, no debiendo nada a ninguna industria, el objeto en cuesti\u00f3n aumenta, sin embargo, el patrimonio inmutable de la tierra\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMi argumentaci\u00f3n contin\u00faa; corre amplia como un r\u00edo, que arrastra flotillas de palabras y rodea islotes de llamadas a la filosof\u00eda: se abastece de un enorme sistema de afluentes de l\u00f3gica para llegar a demostrarme a m\u00ed mismo que un robo en el callej\u00f3n de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne no es lo mismo que uno en la Mohlenstrasse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDe acuerdo con ese galimat\u00edas, juzgo la causa decidida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe bastar\u00e1 con evitar las represalias de los enigm\u00e1ticos habitantes de la callejuela o del mundo adonde ella conduce.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCreo que en las salas de fiestas de Madrid y de C\u00e1diz, los conquistadores, derrochando el oro de las nuevas Indias, se preocupan muy poco de la ira de los lejanos pueblos expoliados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMa\u00f1ana entro en lo Desconocido.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbKlingbom me ha hecho perder el tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCreo que me esperaba en el peque\u00f1o vest\u00edbulo cuadrado que se abre sobre su tienda y sobre su despacho a la vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA mi paso, cuando apretaba los dientes para sumergirme, con la cabeza agachada, en la aventura, me atrap\u00f3 por un lado de mi abrigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Ah se\u00f1or profesor! \u2014gimi\u00f3\u2014. \u00a1Qu\u00e9 mal le conoc\u00eda! \u00a1No era usted! \u00a1Y yo, que llegu\u00e9 a sospechar, ciego de m\u00ed! Ella se ha marchado, se\u00f1or profesor, y no con usted. \u00a1Oh, no! Usted es un hombre decente. No, se\u00f1or, con un inspector de transportes. Un hombre mitad cochero, mitad escribiente. \u00a1Qu\u00e9 verg\u00fcenza para la casa Klingbom!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe hab\u00eda hecho entrar en una trastienda tenebrosa y me serv\u00eda aguardiente perfumado con naranja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Y decir que desconfiaba de usted, se\u00f1or profesor! Siempre le ve\u00eda mirando las ventanas de mi mujer; pero ahora s\u00e9 que es a la esposa del almacenista de semillas a quien usted ronda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbYo trataba de disimular mi apuro levantando mi copa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Eh, eh! \u2014exclam\u00f3 Klingbom, sirvi\u00e9ndome una nueva copa de aguardiente anaranjado\u2014. Me gustar\u00eda mucho verle jugar una trastada, se\u00f1or profesor, a ese malvado de semillero que se complace de mi desgracia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCon sonrisa de c\u00f3mplice, a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Quiero darle una buena noticia: la dama de sus pensamientos se halla en este instante en el jardincillo, haciendo y deshaciendo guirnaldas de papel. Venga a verla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe condujo por una escalera de caracol hacia una ventana torva. Vi los cobertizos repletos de la destiler\u00eda Klingbom humear por entre un juego inextricable de corralillos, jardincillos melanc\u00f3licos y arroyuelos cenagosos, apenas m\u00e1s largos que un paso. Era en esta perspectiva donde deb\u00eda sumergirse la callejuela singular.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero donde yo hubiera debido verla, desde lo alto de mi observatorio, no se ve\u00eda m\u00e1s que esta humosa actividad de los edificios Klingbom y el jard\u00edn oxidado de parietarias del vecino de las semillas, donde una figura delgada se inclinaba sobre \u00e1ridos parterres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUn \u00faltimo trago de aguardiente con naranja me produjo mucho valor y, al abandonar a Klingbom, no di m\u00e1s que algunos pasos para hundirme en el callej\u00f3n de Sainte-B\u00e9r\u00e9gonne.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbTres puertecillas amarillas en la pared blanca\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbM\u00e1s all\u00e1 de la curva de la callejuela, los viburnos continuaban poniendo su nota verde y negra entre las losas. Despu\u00e9s aparecieron las tres puertecillas amarillas, d\u00e1ndose codo con codo casi, y proporcionando, a lo que hubiera debido ser extra\u00f1o y terrible, el aspecto pueril de una calle de santurroner\u00eda flamenca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMis pasos resonaban muy claros en el silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbGolpe\u00e9 en la primera puerta. S\u00f3lo la vida vana del eco se despert\u00f3 detr\u00e1s de ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa callejuela se alargaba cincuenta pasos m\u00e1s hacia una nueva curva.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLo desconocido s\u00f3lo se descubrir\u00eda con parsimonia, y la parte de mi descubrimiento de hoy no era m\u00e1s que dos paredes, mal blanqueadas, y esas tres puertas. Pero \u00bftoda puerta cerrada no es en s\u00ed misma un potente misterio?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbGolpe\u00e9 con m\u00e1s fuerza la triple puerta. Los ecos part\u00edan con grandes ruidos y trastornaban, con confusos rumores, los silencios agazapados al fondo de prodigiosos pasillos. A veces parec\u00edan imitar pasos muy ligeros; pero estas fueron las \u00fanicas respuestas del mundo enclaustrado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHab\u00eda cerraduras como en todas las puertas que yo acostumbraba ver. La tarde de la antev\u00edspera hab\u00eda tardado una hora en abrir la de mi piso con un alambre retorcido, y ese era un trabajo f\u00e1cil de realizar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMis sienes sudaban un poco. En mi coraz\u00f3n sent\u00eda un poco de verg\u00fcenza. Saqu\u00e9 del bolsillo la misma ganz\u00faa y la deslic\u00e9 en la cerradura de la primera puertecilla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY como la de mi piso, se abri\u00f3 con toda facilidad.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbAhora me encuentro, en mi habitaci\u00f3n, entre mis libros, con una cinta roja desprendida de un vestido de Anita sobre mi mesa y tres t\u00e1leros de plata en mi mano crispada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Tres t\u00e1leros!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLes digo que con mi propia mano he asesinado mi destino m\u00e1s bello.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEse mundo nuevo s\u00f3lo se abr\u00eda para m\u00ed. \u00bfQu\u00e9 esperaba de m\u00ed este universo m\u00e1s misterioso que los que gravitan en el fondo del Infinito?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl misterio me hac\u00eda adelantos, me proporcionaba sonrisas, como una muchacha bonita. Y entr\u00e9 como ladr\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHe sido mezquino, vil, absurdo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHe\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero \u00a1tres t\u00e1leros!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1C\u00f3mo se hace mezquina esta aventura que deb\u00eda ser prodigiosa!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbTres t\u00e1leros que el anticuario Gockel me ha entregado a rega\u00f1adientes por aquel plato cincelado\u2026 Tres t\u00e1leros\u2026 Pero es una sonrisa de Anita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLos he arrojado bruscamente en un caj\u00f3n. Llamaban a mi puerta. Era Gockel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfEra ese el mal\u00e9volo anticuario que hab\u00eda depositado con desprecio el plato de metal sobre su mostrador repleto de frusler\u00edas carcomidas y rotas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAhora sonre\u00eda, calificando mi nombre, que \u00e9l pronunciaba mal, de Herr Doktor y Herr Lehrer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Creo \u2014dijo\u2014 que le he hecho una gran injusticia, Herr Doktor. Ese plato vale algo m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSac\u00f3 una bolsita de cuero y, de repente, vi brillar la sonrisa amarilla del oro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Pudiera ser que usted tuviera objetos de la misma procedencia \u2014continu\u00f3. Quiero decir, del mismo estilo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo se me hab\u00eda escapado el cambio. Bajo la urbanidad del anticuario velaba el esp\u00edritu del encubridor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014La cuesti\u00f3n es \u2014dije\u2014 que uno de mis amigos, sabio coleccionista que se halla en situaci\u00f3n dif\u00edcil, por tener que pagar ciertas deudas, desea convertir en dinero algunas piezas de su colecci\u00f3n. No quiere darse a conocer. Es sabio y t\u00edmido. Ya se considera demasiado desgraciado por tener que desprenderse de los tesoros de sus vitrinas. Deseo evitarle una tristeza m\u00e1s. Le presto, pues, ese servicio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbGockel movi\u00f3 la cabeza fren\u00e9ticamente. Pareci\u00f3 embobarse de admiraci\u00f3n por m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014As\u00ed es como yo considero la amistad. \u00a1Ach, Herr Doktor! Leer\u00e9 esta noche el De amicitia, de Cicer\u00f3n, con redoblada alegr\u00eda. \u00bfPor qu\u00e9 no tendr\u00e9 yo un amigo como su infortunado sabio tiene en usted? Pero yo quiero contribuir un poco a su hermosa acci\u00f3n, comprando todo lo que su amigo quiera vender y pag\u00e1ndole un buen precio, un bon\u00edsimo precio\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa curiosidad me picaba en aquel momento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Yo no he mirado muy bien ese plato \u2014dije con altivez\u2014. No era de mi incumbencia y, adem\u00e1s, yo no entiendo. \u00bfQu\u00e9 clase de trabajo es?.. \u00bfBizantino?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No sabr\u00eda decirlo con exactitud. Bizantino, s\u00ed\u2026, tal vez\u2026 Tengo que hacer un estudio detenido de \u00e9l. Pero \u2014continu\u00f3, serenado de golpe\u2014, en todo caso, es algo que buscar\u00e1 el aficionado, el entusiasta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY con tono que zanjaba toda veleidad de informaci\u00f3n, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Es lo que nos interesa m\u00e1s a los dos\u2026, y a su amigo tambi\u00e9n, ni que decir tiene.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAquella noche, muy tarde, acompa\u00f1\u00e9 a Anita por las calles azuladas por la luna hasta el muelle de los holandeses, donde su casa se agazapaba al fondo de un macizo de altos lilos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero debo volver a mi relato, a ese plato, vendido por t\u00e1leros y oro, que me ha valido por una noche la amistad de la muchacha m\u00e1s bonita del mundo.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbLa puerta se abri\u00f3 sobre un largo pasillo de losetas azules. Una vidriera rayada difund\u00eda la luz all\u00ed y desgarraba las sombras. Mi primera impresi\u00f3n de hallarme en un santuario de flamencos se acentu\u00f3 sobre todo cuando, al final del vest\u00edbulo, una puerta abierta me introdujo en una amplia cocina abovedada, de muebles r\u00fasticos, brillantes de cera y de enc\u00e1ustico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEse cuadro era tan tranquilizador que pregunt\u00e9 en voz alta:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Eh! \u00bfHay alguien ah\u00ed arriba?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUna potente resonancia refunfu\u00f1\u00f3, pero ninguna presencia lleg\u00f3 a manifestarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDebo confesar que en ning\u00fan momento me extra\u00f1aron ese silencio y esa ausencia de vida, como si me las hubiese esperado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbM\u00e1s a\u00fan: desde que me di cuenta de la existencia del enigm\u00e1tico callej\u00f3n no pens\u00e9 ni un solo minuto en que hubiera eventuales habitantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSin embargo, acababa de entrar all\u00ed como un ladr\u00f3n nocturno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo tom\u00e9 ninguna precauci\u00f3n para abrir cajones provistos de cubiertos y de manteler\u00edas. Mis pasos retumbaban libremente en las habitaciones contiguas, amuebladas como locutorios de convento; en una magn\u00edfica escalera de caoba que\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Ah! En esta visita hubo materia de que asombrarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Esta escalera no conduc\u00eda a ninguna parte!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLlegaba hasta la pared sin brillo como si, m\u00e1s all\u00e1 de la barrera de piedra, se prolongase a\u00fan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbTodo esto estaba ba\u00f1ado por este fulgor marfile\u00f1o de los cristales desportillados que formaban el techo. Entrev\u00ed, o cre\u00ed entrever, en el enlucido de la pared una forma vagamente repugnante; pero al mirarla con mayor atenci\u00f3n, vi que estaba formada de finas resquebrajaduras y que se asemejaba solamente a los monstruos que distinguimos en las nubes y en los encajes de las cortinas. Por lo dem\u00e1s, eso no me turb\u00f3, porque, al volver a fijarme en ella por segunda vez, no la vi ya en la red de grietas de la pintura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbRegres\u00e9 a la cocina, donde, por una ventana con barrotes, vi un patinillo tenebroso, que formaba un pozo entre cuatro tapias inmensas y llenos de musgos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn un aparador vi un pesado plato que me pareci\u00f3 que ten\u00eda algo de valor. Me lo met\u00ed debajo del abrigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEstaba decepcionado. Me parec\u00eda haber robado una moneda de diez c\u00e9ntimos de la hucha de un ni\u00f1o o de la media de lana de una pariente anciana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY fui en busca de Gockel, el anticuario.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbLas tres casitas son id\u00e9nticas; en todas ellas encuentro la cocina limpia, los muebles avaros y brillantes, el mismo fulgor irreal y crepuscular, la misma tranquila serenidad y ese muro insensato ante el cual termina la escalera. En todas ellas he encontrado el plato pesado e id\u00e9nticos candelabros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe los he llevado y\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY al d\u00eda siguiente me los he vuelto a encontrar en su sitio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLos llevo a casa de Gockel, quien los paga con una amplia sonrisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEs una locura. Me noto un alma mon\u00f3tona de faquir cambista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbRobo eternamente en una misma casa, en las mismas circunstancias, los mismos objetos. Me pregunto si esa no es una primera venganza de este desconocido sin misterio. \u00bfNo es una primera ronda de condenado lo que yo realizo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfNo ser\u00e1 la condenaci\u00f3n la repetici\u00f3n sempiterna del pecado por la eternidad de los siglos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUn d\u00eda no fui all\u00ed. Hab\u00eda resuelto espaciar mis lamentables incursiones. Ten\u00eda una reserva de oro. Anita era feliz y me demostraba la m\u00e1s hermosa ternura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAquella misma noche Gockel fue a visitarme, pregunt\u00e1ndome si no ten\u00eda nada que vender. Me ofreci\u00f3 un poco m\u00e1s de dinero todav\u00eda, ante mi asombro, y termin\u00f3 por hacer una mueca cuando le hice part\u00edcipe de mi decisi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Monsieur Gockel \u2014le dije cuando se iba\u2014, sin duda usted ha encontrado un adquiridor regular de objetos, \u00bfno?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSe volvi\u00f3 lentamente y me plant\u00f3 su mirada directamente en los ojos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014S\u00ed, Herr Doktor. Pero no le dir\u00e9 nada como no me hable usted de\u2026 su amigo, el vendedor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSu voz se hizo grave.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Tr\u00e1igame todos los d\u00edas objetos; d\u00edgame cu\u00e1nto oro quiere por ellos y yo se lo dar\u00e9 sin m\u00e1s regateo. Estamos atados a la misma rueda, Herr Doktor. Tal vez lo pagaremos m\u00e1s tarde; mientras tanto, vivamos la vida tal como la amamos: usted, con su hermosa amiga; yo, con mi fortuna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNunca m\u00e1s, ni Gockel ni yo, sacamos a relucir este tema; pero Anita se volvi\u00f3 de pronto muy exigente y el oro del anticuario se escapaba como agua por entre sus manos nerviosas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEntonces sucedi\u00f3 que cambi\u00f3, si puedo expresarme de tal forma, la atm\u00f3sfera de la callejuela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbO\u00ed las melod\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPor lo menos, me parec\u00eda que era una m\u00fasica maravillosa y lejana. Hice una nueva llamada a mi valor, y form\u00e9 el proyecto de explorar el callej\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de la curva y llegar hasta la canci\u00f3n que vibraba en la lejan\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn el mismo instante que pasaba la tercera puerta y daba un paso en la zona que a\u00fan no hab\u00eda recorrido, el coraz\u00f3n se me oprimi\u00f3 de forma dolorosa. No di m\u00e1s que tres o cuatro pasos vacilantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLuego me volv\u00ed. Pod\u00eda a\u00fan ver un trozo del primer ramal de la Beregonnegasse, pero ya cu\u00e1n mezquino. Me parec\u00eda que me alejaba peligrosamente de mi mundo. Sin embargo, en un impulso de temeridad irrazonable, corr\u00ed; luego, me arrodill\u00e9 como un mozuelo que esp\u00eda por encima de una valla y arriesgu\u00e9 una mirada sobre el ramal desconocido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa decepci\u00f3n me golpe\u00f3 inmediatamente como una bofetada. La callejuela continuaba su ruta serpentina, pero la nueva perspectiva no se abr\u00eda de nuevo m\u00e1s que sobre tres puertecillas, en una pared blanca, y sobre viburnos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHubiera vuelto seguramente sobre mis pasos si, en aquel momento, no hubiera pasado el viento de los c\u00e1nticos, lejana marea de sones desplegados\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbVenc\u00ed un terror inexplicable para escucharla, para analizarla si era posible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe he expresado bien al decir marea: era un ruido nacido en una lejan\u00eda considerable, pero enorme, como la del mar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMientras lo escuchaba, no distingu\u00eda ya esos primeros soplos de armon\u00eda que hab\u00eda cre\u00eddo descubrir all\u00ed, sino una penosa discordancia, un furioso rumor de quejas y de odios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfNo han observado ustedes jam\u00e1s que los primeros efluvios de un olor repugnante son a veces suaves y hasta agradables? Recuerdo que, al salir un d\u00eda de mi casa, me acogi\u00f3 en la calle un apetecedor olor a carne asada. \u00abHe aqu\u00ed una cocina espl\u00e9ndida y matinal\u00bb, me dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero, cien pasos m\u00e1s all\u00e1, aquel perfume se convirti\u00f3 en un olor nauseabundo a tela quemada. En efecto, un almac\u00e9n de trapos ard\u00eda, llenando el ambiente de tizones ardiendo y de pavesas humeantes. Por tanto, tal vez me enga\u00f1ara la apariencia primera del melodioso rumor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfY si me aventurara m\u00e1s all\u00e1 del nuevo recodo?\u2014 me pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn el fondo, mi cobarde inercia casi hab\u00eda desaparecido. Franque\u00e9 en algunos segundos el espacio que se extend\u00eda delante de m\u00ed, esta vez con paso tranquilo\u2026 para encontrar, por tercera vez, el mismo decorado dejado a mi espalda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEntonces una especie de amargo furor, en el que zozobraba mi curiosidad rota se apoder\u00f3 de mi ser.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbTres casas id\u00e9nticas; luego, otras tres casas id\u00e9nticas m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNada m\u00e1s que al abrir la primera puerta, hab\u00eda forzado el misterio intercalar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUn valor triste se apoder\u00f3 de m\u00ed, ahora avanzaba por la callejuela y mi decepci\u00f3n aumentaba de forma alucinante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUna curva, tres puertecitas amarillas, un grupo de viburnos; luego, un nuevo recodo, y reaparec\u00edan las tres puertecillas en la pared blanca y la sombra proyectada de los carboncillos. Se desarrollaba aquello como periodos en una serie de cifras. Tras una media hora, pasada en una formidable obsesi\u00f3n, el recorrido de mi marcha se hizo furioso y estrepitoso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDe repente, en el \u00faltimo recodo que contorne\u00e9, esta terrible simetr\u00eda se rompi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHab\u00eda, s\u00ed, tres puertecillas y viburnos, pero hab\u00eda tambi\u00e9n un enorme port\u00f3n de madera gris, seboso y barnizado. Y tuve miedo de esta puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAhora o\u00eda aumentar el rumor en cercanos y amenazadores silbidos. Retroced\u00ed hacia la Mohlenstrasse; los periodos volvieron a desfilar ante mis ojos como cuartetos de quejas: tres puertecillas y viburnos; tres puertecillas y viburnos\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAl fin titilaron las primeras luces del mundo real. Pero el rumor me hab\u00eda perseguido hasta las lindes de la Mohlenstrasse. All\u00ed, se cort\u00f3 de golpe, adapt\u00e1ndose a los alegres ruidos de la noche de la calle populosa, de forma que el misterioso y terrible silbido termin\u00f3 en un lozano vuelo de voces infantiles cantando una ronda.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbUn terror innominado invade la ciudad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo hablar\u00eda de \u00e9l en estas breves memorias, que no interesan m\u00e1s que a m\u00ed mismo, si no hubiese encontrado una ligaz\u00f3n misteriosa entre la callejuela tenebrosa y los cr\u00edmenes que cada noche ensangrientan la ciudad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbM\u00e1s de cien personas han desaparecido de manera brutal. Otras ciento han sido asesinadas salvajemente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAhora bien: dibujando sobre el plano de la ciudad la l\u00ednea sinuosa que debe representar la Beregonnegasse, callej\u00f3n incomprensible que cabalga sobre nuestro mundo terrestre, compruebo con pavor que todos esos cr\u00edmenes se han cometido a lo largo de ese trazado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAs\u00ed, pues, el desgraciado Klingbom fue uno de los primeros en desaparecer. Al decir de su dependiente, se desvaneci\u00f3 como el humo en el momento de entrar en la c\u00e1mara de los alambiques. La mujer del due\u00f1o de la tienda de granos y semillas le sigui\u00f3, arrebatada de su jardincillo. Su marido fue encontrado con el cr\u00e1neo destrozado en su secador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAl mismo tiempo que sigo con mi pluma la l\u00ednea fat\u00eddica, mi idea se transforma en certeza. No puedo explicar la desaparici\u00f3n de las v\u00edctimas m\u00e1s que considerando su paso sobre un plano desconocido; en cuanto a los cr\u00edmenes, son golpes f\u00e1ciles para seres invisibles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn una casa de la calle de la Vieille Bourse, han desaparecido todos los inquilinos. En la calle de la Iglesia se han encontrado dos, tres, cuatro, hasta seis cad\u00e1veres. En la calle de la Poste, hubo cinco desapariciones y cuatro muertos, y esto contin\u00faa, limit\u00e1ndose, dir\u00edase, a la Deichstrasse, donde de nuevo se asesina y se rapta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAhora me doy perfecta cuenta de que hablar de ello ser\u00eda abrirme a m\u00ed mismo la puerta del Kirchha\u00f9s, sombr\u00edo asilo de locos, tumba que no conoce de L\u00e1zaros, o bien dar libre juego a una masa supersticiosa y bastante desesperada para despedazarme por brujo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY, sin embargo, despu\u00e9s de mi cotidiano y r\u00e1pido bot\u00edn, se alza dentro de m\u00ed una rabia que me empuja a vagos proyectos de venganza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbGockel \u2014me digo\u2014 sabe mucho m\u00e1s que yo. Voy a ponerle al tanto de lo que s\u00e9, y eso le obligar\u00e1 a hacerme confidencias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero aquella noche, mientras el anticuario vaciaba su pesada bolsa en mis manos, no dije nada, y Gockel se march\u00f3 como de costumbre despidi\u00e9ndose con palabras corteses, desprovistas de toda alusi\u00f3n al extra\u00f1o negocio que nos ha atado a la misma cadena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo obstante, me parece que los acontecimientos van a precipitarse, a lanzarse como un torrente a trav\u00e9s de mi vida demasiado tranquila.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe doy cuenta, cada vez m\u00e1s, de que la Berengonnegasse y sus casitas no son m\u00e1s que un disfraz, detr\u00e1s del cual se oculta yo no s\u00e9 qu\u00e9 horrible cara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHasta hoy, y sin duda para mi buena suerte, s\u00f3lo he ido all\u00ed en pleno d\u00eda; porque, para decir verdad, y sin saber demasiado por qu\u00e9, he temido las noches y la oscuridad de all\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero hoy me he retrasado separando los muebles y revolviendo y quitando los cajones, en mi af\u00e1n obstinado de descubrir algo nuevo. Y lo \u00abnuevo\u00bb procede de ello mismo, bajo la forma de un ruido sordo, como de pesadas puertas rodando sobre patines. Alc\u00e9 la cabeza y vi que la claridad opalina se hab\u00eda transformado en una media luz cenicienta. Las vidrieras de la caja de la escalera estaban l\u00edvidas; los corralillos, invadidos ya por la sombra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSent\u00ed opresi\u00f3n en el coraz\u00f3n; pero como el ruido se repet\u00eda, reforzado por la potente resonancia del lugar, mi curiosidad fue m\u00e1s fuerte que mi miedo y sub\u00ed la escalera para ver de d\u00f3nde proced\u00eda el ruido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCada vez estaba m\u00e1s oscuro; pero, antes de saltar como un loco a la parte baja de la escalera y huir, pude ver\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Que ya no hab\u00eda pared!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa escalera terminaba en un pozo excavado en la oscuridad y de donde sub\u00edan oleadas de monstruosidades.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAlcanc\u00e9 la puerta. A mi espalda, algo fue derribado con furor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa Mohlenstrasse brillaba ante m\u00ed como un abra. Ech\u00e9 a correr. De pronto, me agarraron con fuerza salvaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Oiga! \u00bfEs que cae de la luna?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEstaba sentado en el suelo de la Mohlenstrasse, frente a un marinero que se frotaba la cabeza dolorida y que me miraba estupefacto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMi abrigo estaba destrozado, mi cuello sangraba; no perd\u00ed el tiempo en disculparme, sino que me march\u00e9 inmediatamente, ante la suprema indignaci\u00f3n del marinero, que gritaba que, despu\u00e9s de haberle atropellado tan brutalmente, ni siquiera le ofrec\u00eda un trago.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bb\u00a1Anita se ha marchado! \u00a1Anita ha desaparecido!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMi coraz\u00f3n est\u00e1 desgarrado. Sollozando, he hundido la cara en mi oro in\u00fatil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSin embargo, el muelle de los holandeses est\u00e1 muy lejos de la zona peligrosa. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1He fracasado estrepitosamente por exceso de cari\u00f1o y de prudencia!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfNo mostr\u00e9 un d\u00eda, sin hablar de la callejuela, el trazado a mi amiga, dici\u00e9ndole que todo el peligro parec\u00eda concentrado en ese recorrido sinuoso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLos ojos de Anita brillaron de forma extra\u00f1a en ese momento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHubiera debido recordar que el inmenso esp\u00edritu aventurero que anim\u00f3 a sus antepasados viv\u00eda latente en ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbQuiz\u00e1 en ese mismo instante, por intuici\u00f3n femenina, relacionase mi repentina fortuna con esta topograf\u00eda criminal\u2026 \u00a1Oh, c\u00f3mo se derrumba mi vida!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNuevos asesinatos, nuevos eclipses de personas\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Y mi Anita ha sido arrastrada por el torbellino sangriento e inexplicable!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl caso de Hans Mendell me inspira una idea descabellada: esos seres vaporosos, como \u00e9l los describe, acaso no sean invulnerables.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHans Mendell no era hombre distinguido; no obstante, es preciso creerle bajo palabra. Era un muchacho malvado que realizaba el oficio de batelero y de mat\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCuando lo encontraron, ten\u00eda en los bolsillos las carteras y los relojes de dos desgraciados cuyos cad\u00e1veres ensangrentaban el suelo a algunos pasos de \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSe hubiera podido creer en la completa culpabilidad de Mendell si no se le hubiese encontrado, a \u00e9l tambi\u00e9n, agonizante, con los brazos arrancados del tronco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbComo era hombre de constituci\u00f3n vigorosa, pudo vivir lo suficiente para responder a las preguntas de los jueces y de los curas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbConfes\u00f3 que, desde hac\u00eda algunos d\u00edas, segu\u00eda a una sombra, a una especie de nebulosidad negra, que mataba a las personas que despu\u00e9s \u00e9l, Mendell, desvalijaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl d\u00eda de su desgracia vio, a los rayos de la luna, a la nubosidad negra esperando, inm\u00f3vil en el centro de la calle de la Poste. Mendell se ocult\u00f3 en la garita de un funcionario ausente y la observ\u00f3. Vio otras formas vaporosas, sombr\u00edas y torpes, que saltaban como pelotas, desapareciendo despu\u00e9s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPronto oy\u00f3 voces y vio a dos j\u00f3venes que sub\u00edan por la calle. Ya no vio la nubosidad; pero, de pronto, observ\u00f3 que los dos j\u00f3venes ca\u00edan de espaldas y quedaban inm\u00f3viles en el suelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMendell a\u00f1adi\u00f3 que ya hab\u00eda observado, en siete ocasiones diferentes, la misma maniobra en esos cr\u00edmenes nocturnos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY esperaba, cada vez, que se alejara la sombra para despojar los cad\u00e1veres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEso demuestra en este hombre una sangre fr\u00eda formidable, digna de mejor empleo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCuando desvalijaba los dos cuerpos, vio con espanto que la nubosidad no se hab\u00eda marchado, sino que se hab\u00eda elevado solamente, interponi\u00e9ndose entre la luna y \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbVio, entonces, que ten\u00eda forma humana, pero muy basta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHubiera querido alcanzar de nuevo la garita, pero no le dio tiempo; la forma cay\u00f3 sobre \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbComo Mendell era hombre de una fuerza atroz, le asest\u00f3, seg\u00fan \u00e9l, un golpe terrible, encontrando una ligera resistencia, como si empujase con la mano una potente bocanada de aire.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbFue todo lo que pudo contar. Por lo dem\u00e1s, su horrible herida no le concedi\u00f3 m\u00e1s que una hora de vida despu\u00e9s de su relato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa idea de vengar a Anita estaba anclada ahora en mi cerebro. Dije a Gockel con toda sencillez:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No vuelva m\u00e1s por aqu\u00ed. Necesito venganza y odio, y su oro ya no me sirve para nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe mir\u00f3 con ese aspecto grave que tan bien le conoc\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Gockel \u2014repet\u00ed\u2014, voy a vengarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDe pronto, su cara se ilumin\u00f3, como provista de enorme alegr\u00eda, y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfCree usted..? \u00bfCree usted, Herr Doktor, que \u00abellos\u00bbdesaparecer\u00e1n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEntonces, bruscamente, le di la orden de que mandara a cargar una carreta con le\u00f1os, bidones de petr\u00f3leo y de alcohol y un barril de p\u00f3lvora, y lo abandonara, sin conductor ni vigilante, en la Mohlenstrasse, a primeras horas de la ma\u00f1ana. Se inclin\u00f3 como un criado y, al marcharse, me dijo por dos veces:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00a1Que el Se\u00f1or le asista! \u00a1Que el Se\u00f1or venga en su ayuda!<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbTengo la impresi\u00f3n de que estas ser\u00e1n las \u00faltimas l\u00edneas que escribo en este diario.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLos le\u00f1os est\u00e1n apilados contra la gran puerta. Brillan de petr\u00f3leo y de alcohol. Regueros de p\u00f3lvora unen las puertecitas pr\u00f3ximas con otros le\u00f1os empapados de petr\u00f3leo. Los huecos de las paredes est\u00e1n llenos de cargas de p\u00f3lvora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl silbido misterioso pasa una y otra vez en ondas continuas alrededor de m\u00ed; hoy distingo en \u00e9l lamentos abominables, quejas humanas, ecos de atroces suplicios de la carne. Pero una alegr\u00eda tumultuosa agita mi ser porque siento alrededor de m\u00ed una alocada inquietud que proviene de ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEllos ven mis terribles preparativos y no pueden impedirlos; porque s\u00f3lo la noche, lo he comprendido perfectamente, liberta su espantosa potencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPausadamente enciendo mi mechero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPasa un gemido, y los viburnos se estremecen, como si una fuerte brisa repentina los agitara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUna larga llama azulada surge\u2026 Los le\u00f1os se ponen a rechinar, un poco de p\u00f3lvora arde\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbGalopo por la callejuela sinuosa, de recodo en recodo, con un poco de v\u00e9rtigo en el cerebro, como si bajase demasiado r\u00e1pidamente una escalera de caracol que descendiera profundamente bajo tierra.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>\u00bbLa Deichstrasse y todo el barrio est\u00e1 en llamas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDesde mi ventana, por encima de los tejados, veo dorarse el cielo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl tiempo es seco. Al parecer, no hay agua. Por encima de la calle viaja, muy alta, la banda roja de las llamas de los tizones ardiendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHace ya un d\u00eda y una noche que todo arde, pero el fuego se halla todav\u00eda lejos de la Mohlenstrasse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl callej\u00f3n est\u00e1 all\u00ed, tranquilo, con sus viburnos que tiemblan. Las detonaciones se oyen a lo lejos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUna nueva carreta est\u00e1 all\u00ed, abandonada por Gockel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo hay un alma: todo el mundo ha sido atra\u00eddo por el espect\u00e1culo formidable del fuego. No se le espera aqu\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAvanzo de recodo en recodo, sembrando los le\u00f1os, los bidones de petr\u00f3leo y de alcohol, la oscura escarcha de la p\u00f3lvora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY, de repente, en un recodo franqueado por primera vez, me paro petrificado. Tres casitas, las eternas tres casitas, arden tranquilamente con hermosas llamas amarillas en el ambiente apacible. Dir\u00edase que el mismo fuego respeta su serenidad, porque cumple su misi\u00f3n sin ruido y sin salvajismo. Comprendo que estoy en la linde roja del siniestro que destruye la ciudad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbRetrocedo, con el alma angustiada, ante este misterio que va a morir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa Mohlenstrasse est\u00e1 muy cerca. Me paro ante la primera de esas puertecitas, la que abr\u00ed temblando hace algunas semanas. Aqu\u00ed encender\u00e9 el nuevo brasero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbRecorro por \u00faltima vez la cocina, los severos locutorios, la escalera que se hunde de nuevo en la pared, y siento ahora que todo esto se me ha hecho familiar, casi querido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfQu\u00e9 es aquello?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSobre el plato, que tantas veces he robado para volverlo a encontrar al d\u00eda siguiente, hay hojas cubiertas de escritura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbUna escritura elegante de mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe apodero del paquete. Este ser\u00e1 mi \u00faltimo robo en la callejuela tenebrosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00a1Los Stryges! \u00a1Los Stryges! \u00a1Los Stryges!..\u00bb<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>As\u00ed termina el manuscrito franc\u00e9s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las \u00faltimas palabras, donde se evocan los impuros esp\u00edritus de la noche, est\u00e1n trazadas a trav\u00e9s de las p\u00e1ginas en caracteres encontrados, que claman la desesperaci\u00f3n y el terror.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed deben escribir los que, en un barco que se hunde, quieren confiar un \u00faltimo adi\u00f3s a una familia que esperan los sobrevivir\u00e1.<\/p>\n<p>\u2022\u2022\u2022<\/p>\n<p>Esto fue el a\u00f1o pasado en Hamburgo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sankt-Pauli y sus Zillerthal y su alucinante Peterstrasse, Altona y sus bo\u00eetes no me hab\u00edan producido, la v\u00edspera y la antev\u00edspera, m\u00e1s que un ligero placer. Anduve por la antigua ciudad que ol\u00eda mucho a cerveza fresca y que yo llevaba en mi coraz\u00f3n, porque me recordaba las ciudades de mi juventud, que tanto hab\u00eda amado. Y all\u00ed, en una calle sonora y vac\u00eda, vi el nombre del anticuario \u00abLockmann Gockel\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Compr\u00e9 una antigua pipa b\u00e1vara de truculentos adornos. El comerciante se mostr\u00f3 amable. Le pregunt\u00e9 si el apellido Archip\u00eatre le dec\u00eda algo. El anticuario ten\u00eda un rostro de tierra gris que, por las noches, se hac\u00eda tan blanco que surg\u00eda de la sombra como si una llama interna lo hubiese iluminado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAr-chi-p\u00ea-tre? \u2014pregunt\u00f3\u2014. \u00a1Oh se\u00f1or! \u00bfQu\u00e9 dice usted? \u00bfQu\u00e9 sabe usted?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No ten\u00eda raz\u00f3n alguna para hacer un misterio de este relato, encontrado entre viento y papeles rotos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se lo cont\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre encendi\u00f3 un mechero de gas de un modelo arcaico, cuya llama danz\u00f3 y silb\u00f3 tontamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vi sus ojos cansados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Era mi abuelo\u2014 me respondi\u00f3 cuando habl\u00e9 del anticuario Gockel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acab\u00e9 mi relato y un suspiro profundo se elev\u00f3 de un rinc\u00f3n oscuro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es mi hermana\u2014 dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Salud\u00e9 a una persona a\u00fan joven, bonita, pero muy p\u00e1lida, que, inm\u00f3vil entre las sombras m\u00e1s grotescas, me hab\u00eda estado escuchando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Casi todas las noches \u2014continu\u00f3 \u00e9l con voz angustiada\u2014, nuestro abuelo hablaba de eso a nuestro padre, y este se entreten\u00eda con nosotros relat\u00e1ndonos ese tema fatal. Ahora que mi padre ha muerto, nosotros hablamos de ello tambi\u00e9n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero \u2014dije nervioso\u2014 gracias a usted vamos a poder hacer averiguaciones referentes a la misteriosa callejuela, \u00bfno es as\u00ed?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lentamente, el anticuario alz\u00f3 la mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Alphonse Archip\u00eatre fue profesor de franc\u00e9s en el Gymnasium hasta el a\u00f1o mil ochocientos cuarenta y dos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Oh! \u2014exclam\u00e9 decepcionado\u2014. \u00a1Qu\u00e9 lejos est\u00e1 eso!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El a\u00f1o del gran incendio que estuvo a punto de destruir Hamburgo. La Mohlenstrasse y el inmenso barrio comprendido entre ella y la Deichstrasse no era m\u00e1s que un brasero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY Archip\u00eatre?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Viv\u00eda bastante lejos de all\u00ed, hacia Bleichen. El fuego no alcanz\u00f3 su calle; pero a la mitad de la segunda noche, la del seis de mayo, una noche terrible, seca y sin agua, su casa ardi\u00f3, ella sola, entre las otras que, por milagro, fueron respetadas. Muri\u00f3 entre las llamas. Por lo menos, no se le volvi\u00f3 a encontrar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El relato\u2026\u2014 dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lockmann Gockel no me dej\u00f3 acabar. Estaba tan contento de encontrar un derivado que se apropi\u00f3 golosamente del tema apenas enunciado; afortunadamente, cont\u00f3 casi lo que yo quer\u00eda saber.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El relato ha constre\u00f1ido, en todo esto, el tiempo, como el espacio se ha constre\u00f1ido sobre este lugar fat\u00eddico de la Beregonnegasse. As\u00ed, pues, en los archivos de Hamburgo se habla de atrocidades que se cometieron durante el incendio por una banda de malhechores misteriosos. Cr\u00edmenes inauditos, pillajes, tumultos, rojas alucinaciones de las masas, todo eso es completamente exacto. Ahora bien: esas perturbaciones tuvieron lugar varios d\u00edas antes del siniestro. \u00bfSe da usted cuenta de la figura que yo acabo de emplear sobre la contracci\u00f3n del tiempo y del espacio?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su rostro se seren\u00f3 un poco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La ciencia moderna, \u00bfno est\u00e1 acorralada a la debilidad euclidiana por la teor\u00eda de ese admirable Einstein que el mundo entero nos env\u00eda? \u00bfY no debe admitir, con horror y desesperaci\u00f3n, esta ley fant\u00e1stica de contracci\u00f3n expuesta por Fitzgerald-Lorentz? \u00a1La contracci\u00f3n, se\u00f1or! \u00a1Ah, esa palabra encierra muchas cosas!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La conversaci\u00f3n parec\u00eda derivar por una traves\u00eda insidiosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin ruido, la joven trajo altas copas de cristal llenas de vino amarillo. El anticuario levant\u00f3 la suya hacia la llama, y colores maravillosos se extendieron, como un r\u00edo silencioso de gemas, sobre su mano delgada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dej\u00f3 a un lado su disertaci\u00f3n cient\u00edfica y volvi\u00f3 al relato del incendio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mi abuelo y las gentes de su \u00e9poca contaron que inmensas llamas verdes sal\u00edan de los escombros hasta el cielo. Los alucinados vieron entre ellas rostros de mujeres de una ferocidad indescriptible\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El vino ten\u00eda un alma. Vaci\u00e9 la copa y sonre\u00ed a las palabras aterrorizadas del hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esas mismas llamas verdes salieron de la casa de Archip\u00eatre y rugieron tan horriblemente que, seg\u00fan dicen, la gente mor\u00eda de terror en la calle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Monsieur Gockel \u2014pregunt\u00e9\u2014, \u00bfsu abuelo no habl\u00f3 jam\u00e1s del misterioso comprador que, cada noche, ven\u00eda a adquirir los mismos platos y los mismos candelabros?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una voz cansada respondi\u00f3 por \u00e9l, con palabras casi id\u00e9nticas a las que daban fin al manuscrito alem\u00e1n:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Una anciana alta, una vieja inmensa, con ojos de pulpo en una cara inaudita. Daba bolsas de oro tan pesadas que nuestro abuelo ten\u00eda que dividirlas en cuatro partes para poder llevar su contenido a la caja de caudales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La joven continu\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cuando el profesor Archip\u00eatre vino a nuestra tienda, la casa Lockmann-Gockel estaba al borde de la ruina. A partir de ese momento, prosper\u00f3 y se enriqueci\u00f3. A\u00fan lo somos, muy ricos, enormemente ricos, gracias al oro de\u2026, \u00a1oh, s\u00ed!.., de esos seres de la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya no existen\u2014 murmur\u00f3 su hermano, volviendo a llenar las copas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No digas eso! Ellos no pueden habernos olvidado. Piensa en nuestras noches, nuestras noches espantosas entre todas. Todo lo que yo puedo esperar ahora es que haya, o que haya habido al lado de ellos, una presencia humana a la que quieran y que interceda por nosotros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus hermosos ojos se abr\u00edan desmesuradamente sobre el pozo negro de sus pensamientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Kathie, Kathie! \u2014exclam\u00f3 el anticuario\u2014. \u00bfEs que has visto de nuevo..?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todas las noches est\u00e1n all\u00ed \u00ablas cosas\u00bb, t\u00fa lo sabes perfectamente \u2014dijo la muchacha en voz tan baja que parec\u00eda un susurro doloroso\u2014. Se apoderan de nuestros pensamientos en cuanto el sue\u00f1o nos vence. \u00a1Oh! \u00a1No dormir m\u00e1s!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No dormir m\u00e1s!\u2014 repiti\u00f3 su hermano, como un eco de terror.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Surgen de su oro, que nosotros guardamos, y que, a pesar de todo, tanto amamos; se alzan de todo cuanto hemos adquirido con esa fortuna infernal\u2026 Volver\u00e1n siempre, mientras nosotros duremos y dure esta tierra de desgracia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/JeanRay-25.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" title=\"Una edici\u00f3n de Jean Ray\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/JeanRay-25-620x472.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"228\" \/><\/a><\/p>\n<div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mundo cotidiano y un terror indescriptible se tocan en este cuento extenso de Jean Ray (1887-1964), gran narrador belga de culto.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13329,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[837,22,2343,867,866,1851,861,2480,2855,1026,360],"class_list":["post-9144","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-autores-raros","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-belgas","tag-escritores-en-lengua-francesa","tag-harry-dickson","tag-jean-ray","tag-la-callejuela-tenebrosa","tag-literatura","tag-literatura-de-horror","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/05\/AVT_Jean-Ray_861.jpeg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2nu","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9144","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9144"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9144\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17324,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9144\/revisions\/17324"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13329"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9144"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9144"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9144"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}