{"id":9,"date":"2005-10-18T10:27:54","date_gmt":"2005-10-18T15:27:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=2"},"modified":"2016-10-26T10:25:15","modified_gmt":"2016-10-26T15:25:15","slug":"abrir-y-cerrar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/abrir-y-cerrar\/","title":{"rendered":"Abrir y cerrar"},"content":{"rendered":"<div><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/fikcje.jpg\" alt=\"Una edici\u00f3n polaca de FICCIONES \" \/><\/div>\n<p>Un caso curioso (y doble) de la lectura:<\/p>\n<p>1<br \/>\nEn <em>Ficciones<\/em> (1944), Jorge Luis Borges recogi\u00f3 cuentos publicados a lo largo de varios a\u00f1os y entre ellos uno: <a href=\"http:\/\/www.literatura.us\/borges\/tlon.html\" target=\"_blank\">\u00abTl\u00f6n, Uqbar, Orbis Tertius\u00bb<\/a>, aparecido originalmente en 1941 en la revista <em>Sur<\/em>. Lo que importa aqu\u00ed es que, durante algunos a\u00f1os, ese cuento fue prof\u00e9tico: trataba, en parte, de hechos del <em>futuro<\/em>.<!--more--><br \/>\nQuienes lo hayan le\u00eddo recordar\u00e1n su trama. La investigaci\u00f3n de un misterioso art\u00edculo \u00abinserto\u00bb en una enciclopedia, y dedicado a un pa\u00eds inexistente, conduce al hallazgo de <em>otra<\/em> enciclopedia, toda acerca de un mundo imaginario, descrito con enorme detalle; luego, ese mundo comienza a suplantar a la \u00abrealidad\u00bb. El texto est\u00e1 dividido en dos partes principales: <em>a)<\/em> un supuesto ensayo literario (que comienza como una historia vagamente policial) fechado en 1940, y en el que se describe el encuentro del narrador con la <em>Enciclopedia de Tl\u00f6n<\/em>; y <em>b)<\/em> una posdata, fechada en 1947, en la que se refiere la transformaci\u00f3n paulatina de la Tierra en otro lugar, con otras formas de percepci\u00f3n y (por tanto) de pensamiento.<br \/>\nLos lectores de <em>Sur<\/em> quedaron, como consta en varios lugares, desconcertados con el cuento, y en buena medida con la idea de un escrito futuro (1947) publicado en el presente (1941). Encima de todo, el texto de Borges era un texto de anticipaci\u00f3n: parte de la tradici\u00f3n (como a \u00e9l le gustaba decir) de Malaqu\u00edas y todos los antiguos visionarios. (Tambi\u00e9n se podr\u00eda decir que es una varici\u00f3n cult\u00edsima sobre algunos temas de la <em>science fiction<\/em>, lo que al mismo Borges no le hubiera disgustado.)<br \/>\nPero el efecto de anticipaci\u00f3n en el cuento desapareci\u00f3: dej\u00f3 de ser inmediatamente perceptible para los lectores, en 1947, cuando la fecha de publicaci\u00f3n de la posdata dej\u00f3 de ser imposible. Una posibilidad de lectura y de asombro se cerr\u00f3.<\/p>\n<p>2<br \/>\nDos a\u00f1os m\u00e1s tarde, Borges public\u00f3 <em>El Aleph<\/em>, otro de sus libros m\u00e1s importantes, y en \u00e9l <a href=\"http:\/\/www.literatura.us\/borges\/elaleph.html\" target=\"_blank\">un cuento<\/a> con el mismo t\u00edtulo que tambi\u00e9n es f\u00e1cil de recordar. El narrador (llamado Borges, como el de \u00abTl\u00f6n\u00bb) se relaciona, en los ires y venires de un amor plat\u00f3nico y lastimoso, con un poeta terrible, Carlos Argentino Daneri, quien se ha propuesto describir el mundo entero en p\u00e9simos versos alejandrinos. Seg\u00fan dice Daneri, el proyecto se le ocurri\u00f3 porque tiene acceso a un <em>Aleph<\/em>, un punto que contiene todos los otros puntos del universo, y que por casualidad est\u00e1 en el s\u00f3tano de su casa. Borges se presta a mirar en el interior del Aleph, y&#8230;<\/p>\n<blockquote><p>En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombr\u00f3 como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposici\u00f3n y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simult\u00e1neo: lo que transcribir\u00e9 sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recoger\u00e9.<br \/>\nEn la parte inferior del escal\u00f3n, hacia la derecha, vi una peque\u00f1a esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la cre\u00ed giratoria; luego comprend\u00ed que ese movimiento era una ilusi\u00f3n producida por los vertiginosos espect\u00e1culos que encerraba. El di\u00e1metro del Aleph ser\u00eda de dos o tres cent\u00edmetros, pero el espacio c\u00f3smico estaba ah\u00ed, sin disminuci\u00f3n de tama\u00f1o. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la ve\u00eda desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de Am\u00e9rica, vi una plateada telara\u00f1a en el centro de una negra pir\u00e1mide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrut\u00e1ndose en m\u00ed como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflej\u00f3, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta a\u00f1os vi en el zagu\u00e1n de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidar\u00e9, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un c\u00e1ncer de pecho, vi un c\u00edrculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un \u00e1rbol, vi una quinta de Adrogu\u00e9, un ejemplar de la primera versi\u00f3n inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada p\u00e1gina (de chico yo sol\u00eda maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el d\u00eda contempor\u00e1neo, vi un poniente en Quer\u00e9taro que parec\u00eda reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terr\u00e1queo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja espa\u00f1ola, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invern\u00e1culo, vi tigres, \u00e9mbolos, bisontes, marejadas y ej\u00e9rcitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un caj\u00f3n del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, incre\u00edbles, precisas, que Beatriz hab\u00eda dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente hab\u00eda sido Beatriz Viterbo, vi la circulaci\u00f3n de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificaci\u00f3n de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis v\u00edsceras, vi tu cara, y sent\u00ed v\u00e9rtigo y llor\u00e9, porque mis ojos hab\u00edan visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ning\u00fan hombre ha mirado: el inconcebible universo.<br \/>\nSent\u00ed infinita veneraci\u00f3n, infinita l\u00e1stima.<\/p><\/blockquote>\n<p>\u00bfA qui\u00e9n se refiere el narrador cuando dice \u00abtu cara\u00bb? Por supuesto, al lector asombrado y probablemente argentino que, como en el caso de \u00abTl\u00f6n\u00bb, se lee, literalmente, en una trama que supone un esc\u00e1ndalo de la raz\u00f3n y del sentido com\u00fan: a su contempor\u00e1neo, sin importar su nombre, que de pronto se ve observado en la plenitud del Aleph.<br \/>\nPero si cedemos al arrebato de la ficci\u00f3n, leer esas palabras ahora es a\u00fan m\u00e1s tremendo. Los m\u00e1s de nosotros no hab\u00edamos nacido entonces y, de todos modos, el cuento nos ve. El Aleph se abre ahora no s\u00f3lo a todos los lugares, sino al futuro del personaje que lo mir\u00f3, y as\u00ed seguir\u00e1 ocurriendo mientras el cuento pueda ser comprendido, en su versi\u00f3n original o en alguna de sus numerosas traducciones.<\/p>\n<div><a href=\"http:\/\/www.ucm.es\/BUCM\/foa\/exposiciones\/02Borges\/ELAleph10.htm\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ucm.es\/BUCM\/foa\/exposiciones\/02Borges\/imagenes\/BORGES11.JPG\" alt=\"La primera edici\u00f3n de EL ALEPH\" width=\"326\" height=\"513\" \/><\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un caso curioso (y doble) de la lectura: 1 En Ficciones (1944), Jorge Luis Borges recogi\u00f3 cuentos publicados a lo largo de varios a\u00f1os y entre ellos uno: \u00abTl\u00f6n, Uqbar, Orbis Tertius\u00bb, aparecido originalmente en 1941 en la revista Sur. 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