{"id":8957,"date":"2012-04-23T09:54:35","date_gmt":"2012-04-23T14:54:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=8957"},"modified":"2016-12-09T21:48:50","modified_gmt":"2016-12-10T03:48:50","slug":"desarmar-relojes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/desarmar-relojes\/","title":{"rendered":"Desarmar relojes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\">Este mes, un relato experimental de <a href=\"http:\/\/www.twitter.com\/ydardon\">Yussel Dard\u00f3n<\/a> (Puebla, 1982), un muy joven escritor mexicano. Autor de los libros <em>Maquetas del Universo<\/em> y <em>Reporte Barrymore<\/em>, aparece en la antolog\u00eda <a href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/archivo\/libros-que-son-viajes-parte-1-tres-mensajes-y-una-advertencia\/\"><em>Three Messages and a Warning. Contemporary Mexican Stories of the Fantastic<\/em><\/a> y tiene textos publicados en revistas nacionales e internacionales.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/yd2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"9034\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/desarmar-relojes\/yd2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/yd2.jpg\" data-orig-size=\"604,453\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Yussel Dard\u00f3n\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/yd2.jpg\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-9034\" title=\"Yussel Dard\u00f3n\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/yd2-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/yd2-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/yd2.jpg 604w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>* * *<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>DESARMAR RELOJES<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>Yussel Dard\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>El insomnio fractura el pensamiento. Tres d\u00edas en \u00e9l nos aproximan al redescubrimiento de su estructura. A los seis el tiempo se transforma en un licuado fluorescente. A los nueve, el no sue\u00f1o inunda las part\u00edculas del cuerpo, como un c\u00e1ncer que fermenta el vac\u00edo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Las tres de la ma\u00f1ana de no s\u00e9 cu\u00e1ndo. Cada instante es similar al resto, la misma hora con sus m\u00faltiplos de ausencia. Pienso en la posibilidad de ver una vez m\u00e1s a la bestia. \u00bfSer\u00e1 acaso ella la que sostiene mi deseo de no dormir? No lo s\u00e9, o quiz\u00e1 s\u00ed pero lo olvid\u00e9. Los pocos recuerdos que mantengo forman un cementerio gris\u00e1ceo de ideas enterradas bajo una gruesa capa de cansancio, de vac\u00edo.<br \/>\nMi conciencia muri\u00f3 hace meses cuando la bestia lleg\u00f3 por m\u00ed, oculta en la madrugada. Recuerdo su bramido, id\u00e9ntico al de un refrigerador que agoniza en la oscuridad, que enciende a marchas forzadas. La bestia se acerc\u00f3 a la cama, trep\u00f3 mi cuerpo, puso su rostro frente al m\u00edo y exhal\u00f3 fre\u00f3n. Vomit\u00e9. En ese momento no lo supe, pero al vaciar mi est\u00f3mago expuls\u00e9 mis horas de sue\u00f1o. La bestia se comi\u00f3 mi angustia e hizo un nido con ella, donde duerme y se alimenta de mi memoria.<br \/>\nEn las horas de insomnio luchas por no perder tus recuerdos. Algunas veces, incluso, los reinventas. El reloj que dibuj\u00f3 mi abuelo, ahogado en alcohol a los 73 a\u00f1os, es el ancla que me mantiene en este no dormir&#8230; <em>En la habitaci\u00f3n camino de un lado a otro, mientras pateo frascos de pastillas. All\u00e1 va Zysprexa y Zoloft, m\u00e1s all\u00e1 Wellbutrin, Suboxone y Seroquel.<\/em><\/p>\n<p>El \u201cCubano\u201d, como el viejo era conocido en la cantina y como le gustaba le dijeran, me confes\u00f3 que su \u00fanica manera de dormir era la de beber. En la familia, por supuesto, nadie le cre\u00eda. Incluso mi padre, que en esa \u00e9poca tambi\u00e9n tomaba, le dijo que el \u00fanico \u201cmonstruo\u201d que el alcohol extermina es el de la memoria. Eso sucedi\u00f3 un mes despu\u00e9s de la separaci\u00f3n de mis padres.<\/p>\n<p>Cuando supe de la muerte de mi abuelo me encontraba en la oficina, donde clasifico cat\u00e1logos de ropa. Mi padre me llam\u00f3 al celular, me pidi\u00f3 ir a la casa y comprar unos cigarros. El \u201cCubano\u201d est\u00e1 muerto \u2014me dijo. En el camino busqu\u00e9 una tienda mientras recordaba la obsesi\u00f3n del viejo por arrancar hojas de los peri\u00f3dicos y encerrar en c\u00edrculos las palabras que desconoc\u00eda. Ped\u00ed una cerveza y unos Delicados, los cigarros que \u00e9l fumaba.<br \/>\n\u2014No puede abrir la cerveza aqu\u00ed, mucho menos fumar \u2014me indic\u00f3 el tendero, de unos 60 a\u00f1os, con ojeras, mal rasurado y con restos de pasta dental en la barbilla.<br \/>\n\u2014Mi abuelo muri\u00f3 \u2014le dije. El viejo qued\u00f3 en silencio y asinti\u00f3.<\/p>\n<p>Al llegar a casa de inmediato me dirig\u00ed al cuarto del abuelo. Afuera, sentado en el suelo y apoyado en la pared, mi padre se tomaba las rodillas y mov\u00eda la punta del p\u00ede derecho de manera constante y con rapidez.<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9 tardaste tanto? \u2014me pregunt\u00f3 al tiempo de dirigirme una mirada desaprobatoria, como la vez en la que a los 17 a\u00f1os le di una patada y le grit\u00e9 que era su culpa que Olga nos hubiera abandonado.<br \/>\n\u2014Ten\u00eda que comprar algo de beber.<br \/>\n\u2014Dame los cigarros y fuma uno. Justo llego de encontrarme a tu madre en el centro comercial con su esposo y ahora esto.<br \/>\nMe asom\u00e9 a la habitaci\u00f3n y vi el cuerpo de mi abuelo bocabajo: vest\u00eda el su\u00e9ter gris que le hab\u00eda regalado mi madre y su pantal\u00f3n sucio de mezclilla. En la cama, sin tender y amarillenta por lo h\u00famedo del cuarto, hab\u00eda dos botellas de ron vac\u00edas y varias hojas de peri\u00f3dico&#8230;. <em>En la habitaci\u00f3n camino de un lado a otro, mientras pateo frascos de pastillas. All\u00e1 va Risperdal y Prozac, m\u00e1s all\u00e1 Paxil, Klonopin y Klonazepam.<\/em><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de que la Cruz Verde se llevara el cuerpo, mi padre me coment\u00f3 que Dios act\u00faa de forma misteriosa, que las cosas suceden por algo. Me asegur\u00f3, con tono complaciente, que hab\u00eda un plan para todos. Claro, supongo que es cierto, como el plan de Olga para abandonarnos \u2014recuerdo haberle dicho.<br \/>\nMi padre me pidi\u00f3 que limpiara el cuarto del abuelo mientras \u00e9l llamaba por tel\u00e9fono a la funeraria. Dio media vuelta y se alej\u00f3. Su trayecto, entrecortado e hipt\u00f3nitco semejaba el movimiento del segundero en los relojes. Mi padre daba un paso: <em>tic<\/em>. Yo lo ve\u00eda alejarse: <em>tac<\/em>.<br \/>\nApart\u00e9 con la mano lo que hab\u00eda en la cama y me recost\u00e9. Los muertos huelen a leche podrida, por fortuna mi abuelo era un bebedor constante, por lo que el aroma del alcohol que por a\u00f1os resguard\u00f3 su cuarto, ocultaba un poco el hedor agrio. Tras un par de minutos en la cama tom\u00e9 las hojas de peri\u00f3dico y vi en ellas la car\u00e1tula dibujada de un reloj, con el 12, el 3, el 6 y el 9 encerrados en c\u00edrculos. Los dibujos llamaron mi atenci\u00f3n, supuse que en ellos hab\u00eda un detalle, un mensaje, algo que al \u201cCubano\u201d le intrig\u00f3 y \u2014estoy seguro\u2014 quiso descifrar.<br \/>\nMe dispuse a levantar los objetos tirados, algunas revistas y vasos de peltre donde mi abuelo, de vez en vez, se serv\u00eda caf\u00e9 con un poco de ron para \u201cenga\u00f1ar al sue\u00f1o\u201d, dec\u00eda \u00e9l. Al mover sus cosas observ\u00e9 que hab\u00eda algo entre la ropa, un bulto mediano que se hund\u00eda en los pantalones y las camisas. Revolv\u00ed el mont\u00f3n de prendas y observ\u00e9 a la bestia mirarme agazapada, con su hocico apuntando hac\u00eda m\u00ed: una rata negra de ojos rojos que vigilaba mis movimientos, sin miedo a ser atrapada, enconchada y dispuesta a saltar a mi rostro. Con temor le arroj\u00e9 una camisa para atraparla, luego alcanc\u00e9 un zapato que se encontraba cerca de la cama y con ella machaqu\u00e9 a la bestia, que chillaba tras cada golpe. Ese fue mi primer encuentro con ella&#8230; <em>En la habitaci\u00f3n camino de un lado a otro, mientras pateo frascos de pastillas. All\u00e1 va Invega y Haldol, m\u00e1s all\u00e1 Geodon, Focalin y Effexor.<\/em><\/p>\n<p>Tras la muerte de mi abuelo busqu\u00e9 \u201calgo\u201d en los relojes que dibuj\u00f3, alg\u00fan patr\u00f3n en los c\u00edrculos, en el tipo de n\u00fameros (algunos romanos, algunos otros puntos o l\u00edneas), en la ausencia de manecillas en ellos. Fue a la medianoche de no s\u00e9 qu\u00e9 d\u00eda cuando comprend\u00ed su dibujo: supe que habr\u00eda que sumar 12 m\u00e1s 1 m\u00e1s 2 m\u00e1s 3 m\u00e1s 4 m\u00e1s 5 m\u00e1s 6 m\u00e1s 7 m\u00e1s 8 m\u00e1s 9 m\u00e1s 10, m\u00e1s 11, y despu\u00e9s anular el origen representado por el 12 (1 m\u00e1s 2 igual a 3. La perfecci\u00f3n, la trinidad). El resultado, 78, me suger\u00eda desandar el sentido de progreso lineal, no \u201cdarle cuerda\u201d al reloj y obligarlo a que \u00e9ste encontrara su origen de manera retrospectiva. As\u00ed, rest\u00e9 7 menos 8. La cifra resultante, menos 1, era la clave.<br \/>\nEntonces escuch\u00e9 lo que en un principio cre\u00ed era el motor del refrigerador, al que confund\u00ed con el gru\u00f1ido de la bestia que se aproximaba. Sin embargo, en ese momento no le prest\u00e9 demasiada importancia y pens\u00e9 en los n\u00fameros, en si mi abuelo habr\u00eda llegado a la misma conclusi\u00f3n que yo, o si antes de hacerlo se quem\u00f3 con alcohol la memoria, una memoria suspendida en el <em>no sue\u00f1o<\/em> contenido en relojes dibujados.<br \/>\nLa pista que dej\u00f3 era la de no tomar su camino, sino la de desarmar relojes, observar su estructura, imaginar que dentro de ellos una serie de engranes muerden la delicada sustancia del tiempo, limit\u00e1ndola mediante el castigo a la cronolog\u00eda. Al final, entendi\u00f3 que el tiempo existe, que en \u00e9l se encuentran los relojes, no a la inversa; que un reloj calcula pero no contiene.<br \/>\nLos intentos de la bestia por entrar se volvieron m\u00e1s insistentes, golpeaba con su cuerpo la puerta, chillaba m\u00e1s fuerte. Ese animal que hab\u00eda atrapado a mi abuelo, ahora ven\u00eda por m\u00ed, por mi sue\u00f1o. La bestia con su pelo de clavos, la bestia y sus colmillos de diamante, la bestia y sus garras oxidadas, la bestia y sus ojos de ne\u00f3n, la bestia y su sangre de petr\u00f3leo, la bestia y su cola de l\u00e1tigo, con su piel hinchada y olor a podrido, ven\u00eda por m\u00ed, a morderme e infectarme.<br \/>\nLa b\u00fasqueda de mi abuelo, la misma que provoc\u00f3 a la bestia, me hizo comprender que el reloj es un espejo cifrado, que las secuencias de 12 horas tambi\u00e9n se componen del reflejo del n\u00famero 21. El juego y la verdad que se ocultan tras la car\u00e1tula reflejada del reloj muestran a la unidad y al doble, dando la suma terciaria de la perfecci\u00f3n, el orden en el que el tiempo se cifra. Al unirse dos s\u00edmbolos de perfecci\u00f3n (3) mediante el espejo se construye el n\u00famero 8, s\u00edmbolo del infinito, una serpentina temporal con la que uno puede escapar del insomnio.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda no dorm\u00ed, me qued\u00e9 con la idea de la anulaci\u00f3n del origen. Sin embargo, nunca imagin\u00e9 que eso suspender\u00eda mi sue\u00f1o, ni que esa era una forma de permitirle la entrada a mi cuarto a la bestia, a la que escuchaba rascar las paredes, roer, quejarse. De repente observ\u00e9 su sombra entrar a la habitaci\u00f3n, agigantarse con la luz de la l\u00e1mpara; la vi ocultarse bajo la cama y la escuch\u00e9 chillar con delicadeza, re\u00edrse de su triunfo, de mis continuas sumas y restas para comprender la temporalidad, para alejarme del insomnio. Eran las tres de ma\u00f1ana&#8230; <em>En la habitaci\u00f3n camino de un lado a otro, mientras pateo frascos de pastillas. All\u00e1 va Buspirone y Benztropine, m\u00e1s all\u00e1 Ambien, Adderall y Abilify.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>La luz del insomnio se refleja en las paredes de lo real, formando figuras de sombras en la conciencia, peque\u00f1as bestias con dentadura de diamante que, a trav\u00e9s de la suspensi\u00f3n cronol\u00f3gica, regresar\u00e1n al carb\u00f3n de donde provienen en busca de construir su nido y aguardar a las tres de la ma\u00f1ana, para salir y buscar alimento.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u00a9 Yussel Dard\u00f3n<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un relato experimental del mexicano Yussel Dard\u00f3n (1982).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":9034,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2463,2343,198,2855,2428],"class_list":["post-8957","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-desarmar-relojes","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-yussel-dardon"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/yd2.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2kt","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8957","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8957"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8957\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13103,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8957\/revisions\/13103"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9034"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8957"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8957"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8957"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}