{"id":8927,"date":"2012-03-25T13:24:44","date_gmt":"2012-03-25T19:24:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=8927"},"modified":"2016-12-10T14:11:50","modified_gmt":"2016-12-10T20:11:50","slug":"el-hijo-de-butch-cassidy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-hijo-de-butch-cassidy\/","title":{"rendered":"El hijo de Butch Cassidy"},"content":{"rendered":"<p>Un cuento futbolero, y rar\u00edsimo, de <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Osvaldo_Soriano\">Osvaldo Soriano<\/a> (1943-<a href=\"http:\/\/rafaelton.com.ar\/2012\/01\/sobre-la-despedida-de-osvaldo-soriano\/\">1997<\/a>), escritor argentino; proviene del libro <em>Cuentos de los a\u00f1os felices<\/em> (1993). Sobre el origen del cuento, que tiene que ver con el deporte pero tambi\u00e9n con el cine y con varios de los grandes temas de Soriano, \u00e9ste escribi\u00f3:<\/p>\n<blockquote><p>Escrib\u00ed varios cuentos sobre futbol durante los mundiales de 1986 y para <em>P\u00e1gina\/12<\/em> e <em>II Manifesto<\/em> de Roma. As\u00ed, en la concentraci\u00f3n de Tr\u00edgona, una noche conoc\u00ed a Diego Maradona. Al comienzo fing\u00ed no interesarme en \u00e9l con el prop\u00f3sito de lastimar su orgullo y ganarme su atenci\u00f3n. Entonces, para impresionarme, se puso una naranja sobre la cabeza y la hizo bailar por todas las curvas del cuerpo sin que se cayera ni una sola vez. Por fin la atrap\u00f3 y sin fijarse en mi le pregunt\u00f3 a su amigo Gianni Mina, que me hab\u00eda llevado con \u00e9l: \u00abQu\u00e9 tal, \u00bfcu\u00e1ntas veces la toqu\u00e9 con el brazo?\u00bb Yo estaba embobado. \u00ab\u00a1Nunca!\u00bb, respondimos a coro. Maradona sonri\u00f3 y dijo con voz de p\u00edcaro: \u00abS\u00ed, una vez, pero no hay refer\u00ed en el mundo que pueda verme\u00bb. Ten\u00eda tanta raz\u00f3n que me fui corriendo al hotel y escrib\u00ed un cuento sobre el hijo de Butch Cassidy, cowboy, fil\u00f3sofo y arbitro de f\u00fatbol.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_8928\" aria-describedby=\"caption-attachment-8928\" style=\"width: 225px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/soriano-x_andres_cascioli.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"8928\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-hijo-de-butch-cassidy\/soriano-x_andres_cascioli\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/soriano-x_andres_cascioli.jpg\" data-orig-size=\"300,400\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Osvaldo Soriano\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Soriano por Andr\u00e9s Cascioli. Fuente: rafaelton.com.ar&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/soriano-x_andres_cascioli.jpg\" class=\"size-medium wp-image-8928\" title=\"Osvaldo Soriano\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/soriano-x_andres_cascioli-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/soriano-x_andres_cascioli-225x300.jpg 225w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/soriano-x_andres_cascioli.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-8928\" class=\"wp-caption-text\">Soriano por Andr\u00e9s Cascioli<br \/>(fuente: rafaelton.com.ar)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>El HIJO DE BUTCH CASSIDY<\/strong><\/p>\n<p><strong>Osvaldo Soriano<\/strong><\/p>\n<p>El Mundial de 1942 no figura en ning\u00fan libro de historia pero se jug\u00f3 en la Patagonia argentina sin sponsors ni periodistas y en la final ocurrieron cosas tan extra\u00f1as como que se jug\u00f3 sin descanso durante un d\u00eda y una noche, los arcos y la pelota desaparecieron y el temerario hijo de Butch Cassidy despoj\u00f3 a Italia de todos sus t\u00edtulos.<\/p>\n<p>Mi t\u00edo Casimiro, que nunca hab\u00eda visto de cerca una pelota de f\u00fatbol, fue juez de l\u00ednea en la final y a\u00f1os m\u00e1s tarde escribi\u00f3 unas memorias fant\u00e1sticas, llenas de des\u00adaciertos hist\u00f3ricos y de insanias ahora irremediables por falta de mejores testigos.<\/p>\n<p>La guerra en Europa hab\u00eda interrumpido los mun\u00addiales. Los dos \u00faltimos, en 1934 y 1938, los hab\u00eda ganado Italia y los obreros piamonteses y emilianos que cons\u00adtru\u00edan la represa de Barda del Medio en la Argentina y las rutas de Villarrica en Chile se sent\u00edan campeones para siempre. Entre los obreros que trabajaban de sol a sol tambi\u00e9n hab\u00eda indios mapuches conocidos por sus artes de ilusionismo y magia y sobre todo europeos escapados de la guerra. Hab\u00eda espa\u00f1oles que monopolizaban los almacenes de comida, italianos de Genova, Calabria y Sicilia, polacos, franceses, algunos ingleses que alargaban los ferrocarriles de Su Majestad, unos pocos guaran\u00edes del Paraguay y los argentinos que avanzaban hacia la lejana Tierra del Fuego. Todos estaban all\u00ed porque a\u00fan no hab\u00eda llegado el tel\u00e9grafo y se sent\u00edan a salvo del terrible mundo donde hab\u00edan nacido.<\/p>\n<p>Hacia abril, cuando baj\u00f3 el calor y se calm\u00f3 el viento del desierto, llegaron sorpresivamente los electrot\u00e9cnicos del Tercer Reich que instalaban la primera l\u00ednea de tel\u00e9fonos del Pac\u00edfico al Atl\u00e1ntico. Con ellos tra\u00edan una punta del cable que inauguraba la era de las comunica\u00adciones y la primera pelota del mundo a v\u00e1lvula autom\u00e1\u00adtica que dec\u00edan haber inventado en Hamburgo. Luego de mostrarla en el patio del corral\u00f3n para admiraci\u00f3n de todos desafiaron a quien se animara a jugarles un partido internacional. Un ingeniero de nombre Celedonio Sosa, que ven\u00eda de Balvanera, acept\u00f3 el reto en nombre de toda la naci\u00f3n argentina y form\u00f3 un equipo de vagos y borrachos que volv\u00edan decepcionados de buscar oro en las hondonadas de la Cordillera de los Andes.<\/p>\n<p>El atrevimiento fue catastr\u00f3fico para los argentinos que perdieron 6 a 1 con un p\u00e9simo arbitraje del William Brett Cassidy, que se dec\u00eda hijo natural del cowboy Butch Cassidy que antes de morir acribillado en Bolivia vivi\u00f3 muchos a\u00f1os en las estancias de la Patagonia con el Sundance Kid y Edna, la amante de los dos.<\/p>\n<p>No bien advirtieron la diversidad de pa\u00edses y razas representados en ese rinc\u00f3n de la tierra, los alemanes lanzaron la idea de un campeonato mundial que deb\u00eda eternizar con la primera llamada telef\u00f3nica su paso civilizador por aquellos confines del planeta. El primer problema para los organizadores fue que los italianos antifascistas se negaban a poner en juego su condici\u00f3n de campeones porque eso implicaba reconocer los t\u00edtulos conseguidos por los profesionales del r\u00e9gimen de Mussolini.<\/p>\n<p>Algunos irresponsables, ganados por la curiosidad de patear una pelota completamente redonda y sin tiento, se dejaban apabullar por los alemanes a la ca\u00edda del sol mientras la l\u00ednea del tel\u00e9fono avanzaba por la cordillera hacia las obras del dique: un combinado de almaceneros gallegos e intelectuales franceses perdi\u00f3 por 7 a 0 y un equipo de curas polacos y desarraigados guaran\u00edes cay\u00f3 por 5 a 0 en una cancha improvisada al borde del r\u00edo Limay.<\/p>\n<p>Nadie recordaba bien las reglas del juego ni cu\u00e1nto tiempo deb\u00eda jugarse ni las dimensiones del terreno, de manera que lo \u00fanico prohibido era tocar la pelota con las manos y golpear en la cabeza a los jugadores ca\u00eddos. Cualquier persona con criterio para juzgar esas dos infracciones pod\u00eda ser el \u00e1rbitro y as\u00ed fue como mi t\u00edo y el hijo de Butch Cassidy se hicieron famosos y respetables hasta que por fin lleg\u00f3 el tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>Hubo un momento en que la posici\u00f3n principista de los italianos se volvi\u00f3 insostenible. \u00bfC\u00f3mo seguir procla\u00adm\u00e1ndose campeones de una Copa que ni siquiera reco\u00adnoc\u00edan cuando los alemanes goleaban a quien se les pusiera adelante? \u00bfPod\u00edan seguir soportando las pullas y las bromas de los visitantes que los acusaban de no atreverse a jugar por temor a la humillaci\u00f3n?<\/p>\n<p>En mayo, cuando empezaron las lloviznas, el capa\u00adtaz calabr\u00e9s Giorgio Casciolo advirti\u00f3 que con la arena mojada la pelota empezaba a rebotar para cualquier parte y que los enviados del <em>F\u00fchrer, <\/em>que ya probaban el tel\u00e9fono en secreto y abusaban de la cerveza, no las ten\u00edan todas consigo. En un nuevo partido contra los guaran\u00edes el resultado, luego de dos horas de juego sin descanso fue apenas de 5 a 2. En otro, los ingleses que colocaban las v\u00edas del ferrocarril se pusieron 4 goles a 5 cuando se hizo de noche y los alemanes argumentaron que hab\u00eda que guardar la pelota para que no se perdiera entre los espesos matorrales. A fin de mes los pescadores del Limay, que eran casi todos chilenos, perdieron por 4 a 2 porque William Brett Cassidy concedi\u00f3 dos penales \u00e1 favor de los alemanes por manos cometidas muy lejos del arco.<\/p>\n<p>Una noche de juerga en el prost\u00edbulo de Zapala mientras un ingeniero de Baden-Baden trataba de captar noticias sobre el frente ruso en la radio de la se\u00f1ora Fanny -La-Joly, un anarquista genov\u00e9s de nombre Mandril al que le hab\u00edan robado los pantalones se puso a vivar al proletariado de Barda del Medio y sali\u00f3 a los pasillos a gritar que ni los alemanes ni los rusos eran invencibles. En el lugar no hab\u00eda ning\u00fan ruso que pudiera darse por aludido, pero el ingeniero alem\u00e1n dio un salto, levant\u00e9, el brazo y acept\u00f3 el desaf\u00edo. El capataz Casciolo, que estaba en una habitaci\u00f3n vecina con los pantalones puestos, escuch\u00f3 la discusi\u00f3n y temi\u00f3 que la Copa de 1938 empezara a alejarse para siempre de Italia.<\/p>\n<p>A la madrugada, mientras regresaban a Barda delMedio a bordo de un Ford A, los italianos decidieron jugarse el t\u00edtulo y defenderlo con todo el honor que fuera posible en ese tiempo y en ese lugar. S\u00f3lo cinco o seis de ellos hab\u00edan jugado alguna vez al f\u00fatbol pero uno, el anarquista Mancini, hab\u00eda pasado su infancia en un colegio de curas en el que le ense\u00f1aron a correr con una pelota pegada a los pies.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente la noticia corri\u00f3 por todos los andamios de la obra gigantesca: los campeones del mundo aceptaban poner en juego su Copa. Los mapuches no sab\u00edan de qu\u00e9 se trataba pero cre\u00edan que la Copa pose\u00eda los secretos de los blancos que los hab\u00edan diezmado en las guerras de conquista. Los ingleses lamentaban que sus enemigos alemanes se quedaran con la gloria de aquel torneo fugaz; los argentinos esperaban que el gobierno los sacara de aquel infierno de calor y de arena y en secreto tramaban un sistema defensivo para impedir otra goleada alemana. Los guaran\u00edes hab\u00edan hecho la guerra por el petr\u00f3leo con Bolivia y estaban acostumbra\u00addos a los rigores del desierto aunque no ten\u00edan m\u00e1s de tres o cuatro hombres que conocieran una pelota de f\u00fatbol. Tambi\u00e9n formaron equipos los curas y obreros polacos, los intelectuales franceses y los almaceneros espa\u00f1oles. Los franceses no eran suficientes y para com\u00adpletar los once pidieron autorizaci\u00f3n para incorporar a tres pescadores chilenos.<\/p>\n<p>Los alemanes insistieron en que todo se hiciera de acuerdo con las reglas que ellos cre\u00edan recordar: hab\u00eda que sortear tres grupos y se jugar\u00eda en los lugares adonde llegar\u00eda el tel\u00e9fono para llamar a Berl\u00edn y dar la noticia. William Brett Cassidy insisti\u00f3 en que los \u00e1rbitros fueran autorizados a llevar un rev\u00f3lver para hacer respetar su autoridad y como la mayor\u00eda de los jugadores entraban a la cancha borrachos y a veces armados de cuchillos, se aprob\u00f3 la iniciativa.<\/p>\n<p>Se limpiaron a machetazos tres terrenos de cien metros y como nadie recordaba las medidas de los arcos se los hizo de diez metros de ancho y dos de altura. No hab\u00eda redes para contener la pelota pero tanto Cassidy como mi t\u00edo Casimiro, que oficiar\u00edan de \u00e1rbitros, se manifestaron capaces de medir con un golpe de vista si la pelota pasaba por adentro o por afuera del rect\u00e1ngulo.<\/p>\n<p>El sorteo de las sedes y los partidos se hizo con sistema de la paja m\u00e1s corta. La inauguraci\u00f3n, en Barda del Medio, qued\u00f3 para la Italia campeona y el aguerrido equipo de los guaran\u00edes. Al otro lado del r\u00edo, en Villa Centenario, jugaron alemanes, franceses y argentinos sobre la ruta de tierra, cerca del prost\u00edbulo, se enfrentaron espa\u00f1oles, ingleses y mapuches.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0|<\/p>\n<p>En todos los partidos hubo incidentes de arma blanca y las obras del dique tuvieron que suspenderse, por los graves rebrotes de nacionalismo que provocaba el campeonato. En la inauguraci\u00f3n Italia les gan\u00f3 4 a 1 a los guaran\u00edes que no ten\u00edan otra bandera que la del Paraguay. En las otras canchas salieron vencedores los alemanes contra los franceses y los indios mapuches se llevaron por delante a los ingleses y a los almaceneros espa\u00f1oles por cinco o seis goles de diferencia.<\/p>\n<p>Los dos primeros heridos fueron guaran\u00edes que no acataron las decisiones de Cassidy. El refer\u00ed tuvo que emprenderla a culatazos para hacer ejecutar un penal en favor de Italia. Al otro lado del r\u00edo mi t\u00edo Casimiro tuvo que disparar contra un delantero mapuche que se guard\u00f3 la pelota abajo de la camisa y empez\u00f3 a correr como loco hacia el arco brit\u00e1nico en el segundo partido de la serie, Los mapuches tuvieron dos o tres bajas pero ganaron la zona porque los brit\u00e1nicos se empecinaron en un <em>fair play <\/em>digno de los terrenos de Cambridge.<\/p>\n<p>La memoria escrita por mi t\u00edo flaquea y tal vez confunde aquellos acontecimientos olvidados. Cuenta que hubo tres finalistas: Alemania, Italia y los mapuches sin patria. La bandera del Tercer Reich flame\u00f3 m\u00e1s alta que las otras durante todo el campeonato sobre las obras del dique pero por las noches alguien le disparaba salvas de escopeta. William Brett Cassidy permiti\u00f3 que los alemanes eliminaran a la Argentina gracias a la expulsi\u00f3n de sus dos mejores defensores. Es verdad que el arquero cordob\u00e9s se defend\u00eda a piedrazos cuando los alemanes se acercaban al arco, pero \u00e9se era un recurso que usaban todos los defensores cuando estaban en peligro. Antes de cada partido los hinchas acumulaban pilas de cascotes detr\u00e1s de cada arco y al final de los enfrentamientos, una vez retirados los heridos, se juntaban tambi\u00e9n las piedras que quedaban dentro del terreno.<\/p>\n<p>En la semifinal ocurrieron algunas anormalidades que Cassidy no pudo controlar. Los alemanes se presen\u00adtaron con cascos para protegerse las cabezas y algunos llevaban alfileres casi invisibles para utilizar en los amontonamientos. Los italianos quemaron un emblema fascista y entonaron a Verdi pero entraron a la cancha escondiendo pu\u00f1ados de pimienta colorada para arrojar a los ojos de sus adversarios.<\/p>\n<p>Cassidy quiso darle relieve al acontecimiento y sor\u00adte\u00f3 los arcos con un d\u00f3lar de oro, pero no bien la moneda cay\u00f3 al suelo alguien se la rob\u00f3 y ah\u00ed se produjo el primer revuelo. El capit\u00e1n alem\u00e1n acus\u00f3 de ladr\u00f3n y de comu\u00adnista a un cocinero italiano que por las noches le\u00eda a Lenin encerrado en una letrina del corral\u00f3n. En aquel lugar nada estaba prohibido, pero los rusos eran mal vistos por casi todos y el cocinero fue expulsado de la cancha por rebeli\u00f3n y lecturas contagiosas. Antes de dar por iniciado el partido, Cassidy lanz\u00f3 una arenga bastan\u00adte dura sobre el peligro de mezclar el f\u00fatbol con la eol\u00edtica y despu\u00e9s se retir\u00f3 a mirar el partido desde un mont\u00edculo de arena, a un costado de la cancha.<\/p>\n<p>Como no ten\u00eda silbato y las cosas se presentaban dif\u00edciles, \u00e9l s\u00f3lo bajaba de la colina rev\u00f3lver en mano para apartar a los jugadores que se trenzaban a golpes. Cassidy disparaba al aire y aunque algunos espectadores escon\u00addidos entre los matorrales le respond\u00edan con salvas de escopeta, el testimonio de mi t\u00edo asegura que afront\u00f3 las tres horas de juego con un coraje digno de la memoria de su padre.<\/p>\n<p>Cassidy hizo durar el juego tanto tiempo porque los italianos resist\u00edan con bravura y mucho polvo de pimienta el ataque alem\u00e1n y en los contragolpes el anarquista Mancini se escapaba como una anguila entre los defensores demasiado adelantados. Hubo momentos en que Italia, que jugaba con un hombre menos, estuvo arriba 2 a l y 3 a 2 pero a la ca\u00edda del sol alguien le devolvi\u00f3 a Cassidy su d\u00f3lar de oro en una tabaquera donde hab\u00eda por lo menos veinte monedas m\u00e1s. Entonces el hijo de Butch Cassidy decidi\u00f3 entrar al terreno y poner las cosas en orden.<\/p>\n<p>En un c\u00f3rner, Mancini fue a buscar la pelota de cabeza pero un defensor alem\u00e1n le pinch\u00f3 el cuello con un alfiler y cuando el italiano fue a protestar, Cassidy le puso el rev\u00f3lver en la cabeza y lo expuls\u00f3 sin m\u00e1s tr\u00e1mite. Luego, cuando descubri\u00f3 que los italianos usaban pimienta colorada para alejar a los delanteros rivales detuvo el juego y sancion\u00f3 tres penales en favor de los alemanes. El capataz Casciolo, furioso por tanta parcialidad, se interpuso entre el arquero y el hombre que iba a tirar los penales pero Cassidy volvi\u00f3 a cargar el rev\u00f3l\u00adver y lo hiri\u00f3 en un pie. Un ingeniero prusiano bastante t\u00edmido, que hab\u00eda jugado todo el partido recitando el <em>Edesiast\u00e9s, <\/em>se puso los anteojos para ejecutar los penales (Cassidy hab\u00eda contado s\u00f3lo nueve pasos de distancia) y anot\u00f3 dos goles. Enseguida el hijo de Butch Cassidy dio por terminado el partido y as\u00ed se le escap\u00f3 a Italia la Copa que hab\u00eda ganado en 1934 y 1938.<\/p>\n<p>Los alemanes se fueron a festejar al prost\u00edbulo y ni siquiera imaginaron que los mapuches bajados de los Andes pudieran ganarles la final como ocurri\u00f3 tres d\u00edas m\u00e1s tarde, un domingo gris que la historia no recuerda. Ese d\u00eda el tel\u00e9fono empez\u00f3 a funcionar y a las tres de la tarde Berl\u00edn respondi\u00f3 a la primera llamada desde la Patagonia. Toda la comarca fue a la cancha a ver el partido y el flamante tel\u00e9fono negro tra\u00eddo por los alemanes. Un regimiento basado en la frontera con Chile envi\u00f3 su mejor tropa para tocar los himnos nacionales y custo\u00addiar el orden pero los mapuches no ten\u00edan pa\u00eds recono\u00adcido ni m\u00fasica escrita y ejecutaron una danza que invo\u00adcaba el auxilio de sus dioses.<\/p>\n<p>Mi t\u00edo, que ofici\u00f3 de juez de l\u00ednea, anota en su memoria que a poco de comenzado el partido aparecie\u00adron bailando sobre las colinas unas mujeres de pecho desnudo y enseguida empez\u00f3 a llover y a caer granizo. En medio de la tormenta y las piedras Cassidy pens\u00f3 en suspender el partido, pero los alemanes ya hab\u00edan anun\u00adciado la victoria por tel\u00e9fono y se negaron a postergar el acontecimiento. Pronto la cancha se convirti\u00f3 en un pantano y los jugadores se embarraron hasta hacerse irreconocibles. Despu\u00e9s, sin que nadie se diera cuenta, los arcos desaparecieron y por m\u00e1s que se jug\u00f3 sin parar hasta la hora de la cena ya no hab\u00eda d\u00f3nde convertir los goles. A medianoche cuando la lluvia arreciaba, Cassidy detuvo el juego y conferenci\u00f3 con mi t\u00edo para aclarar la situaci\u00f3n. Los alemanes dijeron haber visto unas mujeres que se llevaban los postes y de inmediato el \u00e1rbitro otorg\u00f3 seis penales de castigo contra los mapuches pero nadie encontr\u00f3 los arcos para poder tirarlos. Una partida del ej\u00e9rcito sali\u00f3 a buscarlos, pero nunca m\u00e1s se supo de ella. El juego tuvo que seguir en plena oscuridad porque Berl\u00edn reclamaba el resultado, pero ya ni siquiera hab\u00eda pelota y al amanecer todos corr\u00edan detr\u00e1s de una ilusi\u00f3n que picaba aqu\u00ed o all\u00e1, seg\u00fan lo quisieran unos u otros.<\/p>\n<p>A la salida del sol el tel\u00e9fono son\u00f3 en medio del desierto y todo el mundo se detuvo a escuchar. El ingeniero jefe pidi\u00f3 a Cassidy que detuviera el juego por unos instantes pero fue in\u00fatil: los mapuches segu\u00edan corriendo, saltando y arroj\u00e1ndose al suelo como si toda\u00adv\u00eda hubiera una pelota. Los alemanes, curiosos o inquie\u00adtos pero seguramente agotados, fueron a descolgar el tel\u00e9fono y escucharon la voz de su F<em>\u00fchrer <\/em>que iniciaba un discurso en alguna parte de la patria lejana. Nadie m\u00e1s se movi\u00f3 entonces y el susurro alborotado del tel\u00e9fono corri\u00f3 por todo el terreno en aquel primer Mundial de la era de las comunicaciones.<\/p>\n<p>En ese momento de quietud uno de los arcos apareci\u00f3 de pronto en lo alto de una colina, a la vista de todos, y las mujeres reanudaron su danza sin m\u00fasica. Una de ellas, la m\u00e1s gorda y coloreada de fiesta, fue al encuentro de la pelota que ca\u00eda de muy alto, de cualquier parte, y con una caricia de la cabeza la dej\u00f3 dormida frente a los palos para que un bailar\u00edn descalzo que re\u00eda a carcajadas la empujara derecho al gol.<\/p>\n<p>William Brett Cassidy anul\u00f3 la jugada a balazos pero en su memoria alucinada mi t\u00edo dio el gol como v\u00e1lido. L\u00e1stima que olvid\u00f3 anotar otros detalles y el nombre de aquel alegre goleador de los mapuches.[\/fusion_builder_column][\/fusion_builder_row][\/fusion_builder_container]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento futbolero, y rar\u00edsimo, del argentino Osvaldo Soriano (1943-1997).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13330,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,2459,187,190,2300,2855,2458],"class_list":["post-8927","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-hijo-de-butch-cassidy","tag-escritores-argentinos","tag-escritores-en-espanol","tag-futbol","tag-literatura","tag-osvaldo-soriano"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/osvaldo_soriano-telam.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2jZ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8927","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8927"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8927\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13074,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8927\/revisions\/13074"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13330"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8927"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8927"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8927"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}