{"id":8800,"date":"2012-02-20T22:00:52","date_gmt":"2012-02-21T04:00:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=8800"},"modified":"2016-12-10T14:17:27","modified_gmt":"2016-12-10T20:17:27","slug":"una-flor-lenta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/una-flor-lenta\/","title":{"rendered":"Una flor lenta"},"content":{"rendered":"<p><em><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Latinoamericafantastica.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"8801\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/una-flor-lenta\/latinoamericafantastica\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Latinoamericafantastica.jpg\" data-orig-size=\"209,320\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Latinoam\u00e9rica Fant\u00e1stica (1985)\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Latinoamericafantastica.jpg\" class=\"alignleft size-full wp-image-8801\" title=\"Latinoam\u00e9rica Fant\u00e1stica (1985)\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Latinoamericafantastica.jpg\" alt=\"\" width=\"209\" height=\"320\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Latinoamericafantastica.jpg 209w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Latinoamericafantastica-195x300.jpg 195w\" sizes=\"auto, (max-width: 209px) 100vw, 209px\" \/><\/a>El cuento de este mes proviene de <\/em>Latinoam\u00e9rica Fant\u00e1stica<em> (1985), una antolog\u00eda ya venerable que public\u00f3 la extinta editorial espa\u00f1ola Ultramar.<\/em> <em>Entre grandes cuentos de autores que ya eran un referente entre los aficionados a la literatura fant\u00e1stica de fines del siglo XX, como Ang\u00e9lica Gorodischer y Mario Levrero, estaba tambi\u00e9n \u00e9ste: \u00abUna flor lenta\u00bb, de <a href=\"http:\/\/www.revistacuasar.com.ar\/modules.php?name=News&amp;file=article&amp;sid=128\">Raul Alzogaray<\/a> (1960). En la antolog\u00eda, el texto introductorio del compilador Marcial Souto lo consideraba \u00abde los autores j\u00f3venes m\u00e1s prometedores del panorama argentino actual, con t\u00edtulos como &#8216;Clan de clones&#8217;, &#8216;Mano en el desierto&#8217;, o &#8216;Para que el mundo no caiga como una pluma&#8217;, que le han granjeado una cierta fama de especialista en &#8216;relatos extra\u00f1os'\u00bb. Posteriormente, seg\u00fan he podido averiguar, Alzogaray &#8211;doctor en biolog\u00eda y profesor e investigador universitario&#8211; se ha dedicado principalmente a la divulgaci\u00f3n cient\u00edfica. Sin embargo, este cuento hermoso e inquietante sigue tan potente como entonces.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p><strong>UNA FLOR LENTA<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ra\u00fal Alzogaray<\/strong><\/p>\n<p>Mi nombre es Jeni.<\/p>\n<p>Ahora que Anet se ha ido, ellos me pidieron que escriba.<\/p>\n<p>Deslizo la pluma impregnando con tinta las p\u00e1ginas de este inmenso libro que soporta el peso de sucesivas narraciones que se marchitan en la as\u00e9ptica seguridad del s\u00f3tano cuya \u00fanica llave poseo; no puede ser de otro modo, ya que soy la m\u00e1s antigua de la casa: llegu\u00e9 antes que cualquiera de mis actuales compa\u00f1eras, aunque despu\u00e9s de Anet, por supuesto. Ignoraba la existencia de este libro. Anet no estaba autorizada a revelarla; tampoco yo lo estoy. Tiene tapas duras del color de la tierra h\u00fameda, sus hojas compiten en grosor con el ala de una mariposa y su n\u00famero, con toda seguridad, supera largamente la suma de las luces celestiales. El libro nunca ha sido cerrado; talladuras en madera lo sostienen ligeramente inclinado para facilitar la tarea de quien escribe. Ellos me pidieron que no lea nada que no haya sido escrito por m\u00ed. La pausada caligraf\u00eda que agobia el macizo de p\u00e1ginas sobre el que descansa mi brazo cuando trazo estos signos, est\u00e1 vedada a mi vista. As\u00ed debe ser. Desconozco la finalidad del libro. Ni siquiera s\u00e9 con precisi\u00f3n qu\u00e9 es lo que debo apuntar en \u00e9l. Pero eso no tiene importancia. Quiz\u00e1s sea conveniente que comience enumerando lo que sucedi\u00f3 hoy. Vine al s\u00f3tano al amanecer para ver si todo se encontraba en orden en esta primera jornada. Anet ya no estaba. Sub\u00ed al dormitorio y comprob\u00e9 que hab\u00edan concluido los preparativos para deshacerse del beb\u00e9. Ami hab\u00eda cobijado a la peque\u00f1a en su vientre el largo per\u00edodo necesario para que se desarrollara y pudiese salir de tan opresivo encierro. Nada anormal se produjo durante la espera. Nada, como si se tratara de un calco de las veces anteriores. No era menester continuar esperando, de manera que nos instalamos a una distancia conveniente, a la espera de que Ami actuara. No obstante el silencio guardado en lo relativo a este instante, hac\u00eda mucho que sab\u00edamos que llegar\u00eda, porque todas hab\u00edamos pasado por \u00e9l. A\u00fan persisten en mi piel las agradables sensaciones, el anhelo vehemente de procrear un ser, de sentir c\u00f3mo se alimenta de una, se fortalece, se unifica. Algo se quiebra en mi interior al rememorarlo. Ami fue muy valiente y se desempe\u00f1\u00f3 como le hab\u00eda sido indicado. No quiero decir que se haya mantenido insensible a lo que realizaba; las l\u00e1grimas apenas contenidas amenazaban anegarle el rostro, y sus dientes se manten\u00edan ferozmente apretados, pero ella estaba convencida de que \u00e9se era el camino correcto, de modo que la criatura se march\u00f3 sin soltar un solo gemido. Llevamos el cuerpecito deforme al sitio convenido, bosque adentro: tanto caminamos que en la distancia cre\u00ed divisar el muro descolorido, asom\u00e1ndose por entre las grietas de la vegetaci\u00f3n. Al mediod\u00eda Ami recibi\u00f3 el castigo correspondiente y, tan pronto terminamos de ejecutarlo, huy\u00f3 a refugiarse de nuestra presencia. Toda la tarde o\u00edmos los gritos desgarradores que Ami era incapaz de contener. A sabiendas de que no deb\u00edamos acudir en su ayuda, optamos por encerrarnos en el dormitorio, tap\u00e1ndonos los o\u00eddos en un intento de mitigar el dolor y la impotencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ami tuvo anoche una pesadilla. Despertamos y la descubrimos corriendo por la pradera, casi invisible a pesar de la Luna enorme. Nos apresuramos a seguirla. La perdimos de vista, y nos demoramos en vano en la pradera. Finalmente nos separamos para explorar un \u00e1rea mayor. Vagu\u00e9 apesadumbrada sobre la alfombra humedecida y verde, bajo la b\u00f3veda negra sembrada de candiles; un ave alz\u00f3 vuelo a mi paso, batiendo las alas con una suavidad esponjosa. Hall\u00e9 a Ami arrodillada, los pu\u00f1os presionando con dureza las rodillas viol\u00e1ceas, la mirada perdida mucho m\u00e1s all\u00e1 de cualquier punto concebible. Me despoj\u00e9 de la t\u00fanica que pend\u00eda de mis hombros y la cubr\u00ed con ella. La brisa fr\u00eda se enred\u00f3 en mis muslos descubiertos, provoc\u00e1ndome un involuntario estremecimiento. Cuando re\u00adtornamos a la casa supe que yo era quien m\u00e1s se hab\u00eda demorado en la b\u00fasqueda. Las dem\u00e1s se mov\u00edan ansiosas en la escalinata de la entrada principal, y al vernos se nos acercaron corriendo, ahogando contenidas exclamaciones de j\u00fabilo. Preparamos una de las camas m\u00e1s grandes, y nos acostamos muy juntas. Antes de dormirnos, los abrazos y el llanto se trocaron en risa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>He o\u00eddo que, mucho antes de mi llegada, la casa bull\u00eda de vida. Casi todas las habitaciones estaban ocupadas. Me emociona imaginar tal vitalidad, hoy p\u00e9rdida. Los constantes ires y venires, puertas que se abren y se cierran, un murmullo ininterrumpido. Todo ser\u00eda muy diferente, sin duda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sili cree que las antorchas que brillan en el cielo nocturno son mundos como \u00e9ste. Ella afirma que el muro que vemos es s\u00f3lo la parte superior de un cuenco inconmensurable que contiene la llanura, el bosque, la casa y a nosotras. En el cielo hay, entonces, infinitos cuencos similares en los que se tornan reales las m\u00e1s ins\u00f3litas variantes imaginables, y a ellos somos conducidas al irnos de aqu\u00ed. Un recorrido sin fin.<\/p>\n<p>El muro \u2013cubierto en gran medida por un musgo blando y resbaloso\u2013 es bastante m\u00e1s alto que cualquiera de los \u00e1rboles que conocemos. Cada roca que lo constituye tiene unas dimensiones que no titubeo en comparar con las de la casa. Se nos ha dicho que el muro carece de prin\u00adcipio o fin, aunque hace mucho, en la creencia de que era circular, se realizaron intentos de recorrerlo. Imposible conocer lo sucedido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alois acostumbra transplantar los brotes de su jard\u00edn a los l\u00edmites del bosque una vez que alcanzan la altura adecuada. As\u00ed reemplaza los \u00e1rboles que dejan de crecer y se deterioran convirti\u00e9ndose en una estilizada costra pe\u00adtrificada. Estas plantas que dejaron de ser no abundan. En una ocasi\u00f3n me intern\u00e9 como no lo hab\u00eda hecho nunca. El n\u00famero de \u00e1rboles normales disminu\u00eda con rapi\u00addez a medida que avanzaba, substituidos por los otros; de pronto me encontr\u00e9 en un yermo en el que \u00fanicamente se ergu\u00edan los macabros restos arb\u00f3reos. Me asust\u00e9 y corr\u00ed hasta perder el aliento. Esta ma\u00f1ana Alois nos comunic\u00f3 entusiasmada la aparici\u00f3n de una flor. La noticia nos alboroz\u00f3, pues ninguna de nosotras hab\u00eda visto una antes: son demasiado infrecuentes. Formamos un c\u00edrculo en torno del rebosante capullo cuya c\u00e1scara resquebrajada ceder\u00eda enseguida, y entonamos una dulce tonada para arrullar esa nueva vida que nos ofrec\u00edan. Los p\u00e9talos se desplegaron con timidez. La flor era rosada, saturada de motas viol\u00e1ceas, y nos pareci\u00f3 horrible, embebida en alg\u00fan tipo de maldad. Alois se le acerc\u00f3 venciendo la repugnancia, la arranc\u00f3 con violencia y, tras arrojarla al piso, la pisote\u00f3 mientras nos alej\u00e1bamos cabizbajas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Contemplando el firmamento me he convencido de que todo \u00e9l es un enorme cristal, un ventanal similar a los de la casa, y por \u00e9l nos observan seres indescriptibles que viven, sufren y aman.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esto es de Poli: Al principio nada hab\u00eda. El mundo era una interminable llanura sumida en la obscuridad. Entonces lleg\u00f3 Ella y su sola presencia ilumin\u00f3 la inmensidad. Ella sembr\u00f3 la tierra, coloc\u00f3 cada piedra del muro, plant\u00f3 cada \u00e1rbol y tachon\u00f3 el cielo de luminosidad. Por \u00faltimo cre\u00f3 a la primera de nosotras y se retir\u00f3, satisfecha de su obra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mascota suele caminar en dos patas a menos que el apuro la lleve a usar las cuatro que posee. A menudo me parece que hay algo que desea comunicarme, pero tiene dificultades para expresarse. Sin embargo, conoce una peculiar manera de hacerme part\u00edcipe de sus estados de \u00e1nimo. Un d\u00e9bil vibrar de las orejas indica alegr\u00eda, una contracci\u00f3n de las comisuras de los labios me habla de su tristeza. Alegr\u00eda y tristeza. La existencia consiste en una mon\u00f3tona ascensi\u00f3n por estos dos escalones que se repiten incansablemente alternados. La alegr\u00eda de vestirnos de Sol por las ma\u00f1anas y de Luna en las noches, la tristeza de encontrar un nido ca\u00eddo rodeado de inm\u00f3viles pichones. El color del Sol es el de las hojas m\u00e1s tiernas de las germinaciones que asoman en la tierra, un tono que es muchos y ninguno a la vez. La Luna es del color de las hojas maduras, una tonalidad muy intensa. No hay dos p\u00e1jaros del mismo color. Una vez ca\u00eddos alimentan las ra\u00edces que sustentan el follaje que no pudo darles el abrigo adecuado, y las ramas secas se desploman sobre los sitios donde ya desaparecieron los peque\u00f1os mont\u00edculos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esto fue contado por Anet en una espesa tarde de lluvia helada: Una de nosotras (su nombre fue olvidado), li\u00e1ndose cerca del muro vio que alguien estaba parado sobre \u00e9ste ejecutando gestos fren\u00e9ticos. Posteriormente se mencionaron hasta el cansancio los marcados rasgos que nos diferenciaban de \u00e9l. Ten\u00eda el pecho plano, una mara\u00f1a de cabellos desfiguraba sus contornos y una protuberancia sin sentido abultaba su entrepierna; en lo que hace a estas descripciones, hubo diversas interpretaciones no siempre concordantes. El ser gesticul\u00f3 un largo rato y, acto seguido, se puso a descender el muro comport\u00e1ndose igual que los diminutos habitantes del bosque que construyen sus refugios en las copas. Lo hizo bien, pero de pronto perdi\u00f3 el equilibrio y cay\u00f3 desde una considerable altura. Dicen que ten\u00eda manos como garras, con tres dedos, orejas ligeramente puntiagudas y pr\u00e1cticamente carec\u00eda de nariz. As\u00ed fue descripto por las observadoras, que no se aproximaron demasiado. Quieto, tendido en las rocas, retorcido y embadurnado por una substancia rosada que se resec\u00f3, fueron a verlo en repetidas ocasiones hasta que la piel, como una hoja ca\u00edda, se le ennegreci\u00f3 despidiendo un olor desagradable. Lo abandonaron y no volvi\u00f3 a saberse de \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La casa tiene tres pisos. El dormitorio est\u00e1 en el segun\u00addo; es muy amplio, y sus ventanas, festoneadas por pesadas cortinas, nos permiten observar tanto la arboleda como el llano que se extiende en direcci\u00f3n opuesta. All\u00ed vivimos: comemos, dormimos, jugamos. En el cuarto contiguo, m\u00e1s reducido, se encuentran las instalaciones de aseo: ba\u00f1era, pilet\u00f3n y retrete. Tiene solamente un peque\u00f1o ventiluz pr\u00f3ximo al techo por el cual no se puede ver gran cosa. La biblioteca est\u00e1 en la planta baja y ahora s\u00e9 que alberga los lomos que alguna vez contuvieron libros que ya no pueden ser le\u00eddos, los ventanales dan al jard\u00edn, la chimenea no parece haber sido usada. El resto de la casa permanece abandonado (excepto el s\u00f3tano). Raramente nos molestamos en transitar los pasillos y piezas donde el polvo se acumula mullidamente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 por la noche. Las noches son c\u00f3mplices de las emociones m\u00e1s hondas, mudas testigos de heridas y desconciertos. En los \u00faltimos tiempos Sili insist\u00eda en vestir permanentemente su t\u00fanica, contrastando con la desnudez a la que estamos habituadas. Las manchas se aprestaban a completar su trabajo, por eso respetamos la decisi\u00f3n de Sili. La tarde anterior se hab\u00eda ido a dormir temprano. No volvi\u00f3 a moverse hasta la medianoche, cuando empezaron los quejidos. Acordamos turnarnos para velar a su lado, para que en forma continuada una mano sostuviera la suya o despejara su frente. No fuimos capaces de conciliar el sue\u00f1o; no hab\u00edamos podido hacerlo con Anet, ni con las otras. Intentamos hacerle notar que no la abandonar\u00edamos, pero ya comenzaban a esfumarse los v\u00ednculos que la relacionaban con cuanto la rodeaba. Me adormec\u00ed. El Sol, alto en la ventana, juguete\u00f3 en mi cabello, deseoso de atenuar la inevitable noticia que no necesitaba recibir porque pod\u00eda anticiparla. Sili, oculta bajo las s\u00e1banas que otrora cobijaran su reposo, hab\u00eda emprendido el viaje. Me incorpor\u00e9 y, entre todas, cargamos el cuerpo y lo depositamos en el s\u00f3tano, en la mesa designada. De inmediato me asalt\u00f3 el espectro de Anet y me sent\u00ed muy mal. Nos retiramos sin llorar. Cada acto pertenece a la normal sucesi\u00f3n de acontecimientos, que no pueden ser modificados. As\u00ed debe ser.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los hechos se suceden sin pausa y se desmoronan sobre nosotras, que los recibimos con abnegada resignaci\u00f3n; ninguna defensa es v\u00e1lida. \u00bfExiste una entidad superior responsable de esta absurda concatenaci\u00f3n? \u00bfAlguien a quien agradecer los destellos de felicidad, a quien reprochar los s\u00fabitos dolores? Releo las frases recientes y me asombra que provengan de mi pluma. Incluso no concibo que se me hayan ocurrido. Si soy lo que soy, las cosas son como deben ser. As\u00ed es.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan Alois, nuestros reto\u00f1os son demasiado puros e inocentes para habitar este lugar. Por ese motivo las pobrecitas se empe\u00f1an en crecer con anomal\u00edas que nos obligan a dejarlas partir hacia remotas regiones que escapan a nuestro entendimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El s\u00f3tano es un laberinto repleto de puertas que conducen a lugares ignotos. Tengo el acceso restringido; puedo atravesar la puerta que traspusimos doblegadas bajo el cuerpo de Anet y, m\u00e1s recientemente, de Sili; la puerta tras la cual, cada ma\u00f1ana, cada mediod\u00eda, cada atardecer, recojo los alimentos; la puerta que custodia el libro y algunas otras. Las paredes reflejan la luz que sale de ninguna parte y en ellas veo mi imagen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se ha repetido el ciclo. Un mecanismo invisible nos permite olvidar las cosas desagradables y, cuando \u00e9stas se repiten, la sorpresa es tan grande como la primera vez. Amaneci\u00f3 sin que un solo sonido nos saludara desde el exterior. Nos miramos unas a otras y supimos que aquello estaba ocurriendo. Mis sentidos alertas registraban las impresiones m\u00e1s sutiles. Ocupamos la mayor parte del d\u00eda recogiendo los cientos de p\u00e1jaros que yac\u00edan por doquier: alrededor de la casa, al pie de los \u00e1rboles, ocultos por arbustos y matorrales, en el pasto. Llenamos numerosas bolsas y las arrastramos al s\u00f3tano para que ellos se encargaran.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las manchas acostumbran aparecer rodeando los fr\u00e1giles c\u00e1lices en que culminan nuestros senos. Primero poco perceptibles, crecen con rapidez ti\u00f1\u00e9ndose de un tinte viol\u00e1ceo que resalta vivamente sobre la piel rosada. Surgen luego manchas aisladas en distintas regiones del cuerpo, y se entregan a la ardua labor de extenderse como intrincadas telas de ara\u00f1a, sin causar dolores ni molestias. Se limitan a marcar una cadencia, son los mojones que se\u00f1alan la proximidad de la partida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lamento no haber interrogado a Anet acerca de los libros. Me pregunto si habr\u00e1 tenido oportunidad de leer alguno. Yo no. Anet era muy parca, y siempre ten\u00eda un secreto para revelar en las ocasiones especiales. Se la ve\u00eda constantemente abatida por causas que quiz\u00e1s estoy empezando a comprender. Nunca me atrev\u00ed a abordarla al respecto. En mi primera incursi\u00f3n a la biblioteca me sorprendi\u00f3 el impresionante tapiz de libros que ocultaba las paredes, de rinc\u00f3n a rinc\u00f3n, del suelo al techo. Volv\u00ed con regularidad a admirar los estantes colmados sin atreverme a tocarlos, pues se me antojaban inexplicablemente envueltos en un halo sobrenatural, cuya violaci\u00f3n acarrear\u00eda funestas consecuencias. En una de tantas visitas, especialmente armada de coraje, extend\u00ed un brazo tembloroso y, asiendo un volumen del anaquel m\u00e1s inmediato lo retir\u00e9 con precauci\u00f3n; por alg\u00fan motivo tem\u00eda que se derramara su contenido. Eso fue lo que sucedi\u00f3. Una fin\u00edsima lluvia de polvo descendi\u00f3 sobre las alfombra, extendi\u00e9ndose a mis pies en una inestable loma. Lo mismo ocurri\u00f3 con el siguiente y con el que sigui\u00f3 a \u00e9ste. Las duras tapas se adelgazaban, impotentes, al ser atenazadas por mis dedos. No quiero regresar a la biblioteca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi pasado es una noche sin Luna en la que las estrellas caen convertidas en gotas de roc\u00edo mientras sue\u00f1an en vano con que un Sol inexistente las evapore haci\u00e9ndolas subir hasta sus posiciones originales. Mi vida es una flor lenta apenas rozada por el beso de una mariposa nocturna.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ellos nos someten al tratamiento en el mismo recinto al que fuimos conducidas cuando implantaron en nuestros vientres la semilla de vida. El tratamiento es espor\u00e1dico y no parece seguir un patr\u00f3n determinado. Hoy fue mi turno. Me colocaron en un estrecho cub\u00edculo transparente y cil\u00edndrico que fue inundado por una obscura niebla amarilla que me impidi\u00f3 ver en derredor y provoc\u00f3 ardor en mis ojos. La niebla se espes\u00f3 ofreciendo al tacto una sensaci\u00f3n de solidificaci\u00f3n, mis pies se separaron del suelo y flot\u00e9 y despert\u00e9 en la sala solitaria sin que otros detalles acudieran a mi memoria. Despu\u00e9s sufr\u00ed breves mareos. Soy la misma de antes, no me siento ni mejor ni peor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Detr\u00e1s del muro, dice Nati, existen todo tipo de mundos. Mundos que no ser\u00eda correcto que se mezclaran con el que habitamos, por eso el muro los contiene en el lugar que les corresponde. Una funci\u00f3n muy adecuada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me preocupan hechos que, aparentemente, pasan inadvertidos para mis compa\u00f1eras. Venzo la tentaci\u00f3n de transmit\u00edrselos dici\u00e9ndome que resultar\u00eda in\u00fatil introducir en sus vidas problemas que no pueden ser resueltos, para los que no existe soluci\u00f3n. Tambi\u00e9n considero la posibilidad de que s\u00ed se planteen esas cuestiones y las calles por razones id\u00e9nticas a las m\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Acarici\u00e9 largamente a mascota. Se obstinaba en acompa\u00f1arme a dondequiera que fuese; estoy segura de que presiente la separaci\u00f3n inminente, mi pobre peque\u00f1a. A la tarde, en la soledad del dormitorio, me demor\u00e9 buscando \u00ednfimas zonas de piel rosada que ya se obscurecen, ninguna mayor que aquel pimpollo, aquella ma\u00f1ana. Mi cara invadida. Llor\u00e9. Durante la comida aument\u00f3 mi tensi\u00f3n. Alguien pregunt\u00f3 a Alois algo referente a los brotes, a lo cual respondi\u00f3 que estaban muy bien y que pensaba que en breve se producir\u00eda otra floraci\u00f3n. Iba a a\u00f1adir algo pero se interrumpi\u00f3 con brusquedad al cruzarse su mirada con la m\u00eda. Creo saber lo que iba a decir. Comprendo su silencio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hoy me sent\u00ed excesivamente deprimida. Tendr\u00e9 que irme, y no volver\u00e9 a ver el cielo ni el bosque ni la tierra que los sostiene. Camin\u00e9 sin rumbo, notando c\u00f3mo mi coraz\u00f3n se vaciaba y el vac\u00edo dol\u00eda. Me detuve a escuchar los melodiosos trinos que ven\u00edan de lo alto. Una acogedora calidez se apoder\u00f3 de mi mano. Era Poli. Nos contemplamos durante un instante en el que el orden natural se detuvo. Aprend\u00ed en ese lapso que una mirada sincera puede desnudar lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestra esencia, lo que supera lo visible. No necesit\u00e1bamos palabras: los ojos se hablaban mutuamente con una plenitud que no hubiera podido ser igualada de otra manera, y un gozo sin fronteras rebos\u00f3 mi coraz\u00f3n devolvi\u00e9ndome sentimientos que consideraba definitivamente perdidos. Poli me condujo por senderos sinuosos y borrosos paisajes erigidos dentro de un sue\u00f1o. En un claro techado por anudadas enredaderas nos dejamos caer confundidas en un abrazo. Poli me acarici\u00f3 con ternura, y mi respuesta no se hizo esperar. Bes\u00f3 mis pechos mientras cada porci\u00f3n de nosotras se afanaba en propagar un mensaje que yo cre\u00eda agotado, y el bosque palpit\u00f3 adapt\u00e1ndose a las contorsiones, y la hierba y la tierra desmenuzada se sumaron al ondular. Todas \u00e9ramos una. Ten\u00edamos mucho que entregar, y lo hicimos a trav\u00e9s de labios, lenguas y dedos. Jugamos hasta quedar rendidas. Poli se adormeci\u00f3 en mi regazo. Le agradec\u00ed con todo mi ser el calor que me hab\u00eda dado cuando tanto lo necesitaba. Ya no me aflig\u00eda la partida; las indelebles huellas que quedaban en m\u00ed eran suficientes para reconfortarme.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya no hay zonas rosadas en mi piel. \u00bfSer\u00e1 esta noche? \u00bfLa pr\u00f3xima? \u00bfSer\u00e1n \u00e9stos los \u00faltimos p\u00e1rrafos que escribo? \u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 conmigo al terminar lo que se avecina? El Sol brilla despu\u00e9s de la tormenta: \u00bfBrillar\u00e1 tambi\u00e9n cuando concluye la tempestad de los esp\u00edritus? Quiero pensar. <em>Necesito<\/em> pensar. Voy al bosque.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me llamo Poli.<\/p>\n<p>Jeni se ha ido, y ellos me pidieron que escriba en este libro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u00a9 Ra\u00fal Alzogaray<\/em><\/p>\n<figure id=\"attachment_13331\" aria-describedby=\"caption-attachment-13331\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Alzogaray.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13331\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/una-flor-lenta\/alzogaray\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/02\/Alzogaray.jpg\" data-orig-size=\"1570,989\" data-comments-opened=\"1\" 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