{"id":867,"date":"2009-01-10T08:26:39","date_gmt":"2009-01-10T13:26:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=867"},"modified":"2016-10-26T10:23:26","modified_gmt":"2016-10-26T15:23:26","slug":"de-descubrimientos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/de-descubrimientos\/","title":{"rendered":"De descubrimientos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"869\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/de-descubrimientos\/mairget\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/mairget.jpg\" data-orig-size=\"224,350\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Maigret\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Maigret de Georges Simenon&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/mairget.jpg\" class=\"aligncenter size-full wp-image-869\" title=\"Maigret\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/mairget.jpg\" alt=\"\" width=\"224\" height=\"350\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/mairget.jpg 224w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/mairget-192x300.jpg 192w\" sizes=\"auto, (max-width: 224px) 100vw, 224px\" \/><br \/>\n<strong>Georges Simenon, <em>Maigret<\/em>. Barcelona, Tusquets, 2004. 170 pp.<\/strong><\/p>\n<p>Este a\u00f1o se cumplir\u00e1n veinte de la muerte del narrador belga <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Georges_Simenon\">Georges Simenon<\/a> (1903-1989), autor de m\u00e1s de doscientas novelas publicadas con su nombre o con uno de 27 seud\u00f3nimos. Gran maestro de la novela negra, desde\u00f1ado por alg\u00fan tiempo debido a su popularidad (y hasta que no s\u00f3lo le lleg\u00f3 el reconocimiento de escritores consagrados, sino que demostr\u00f3 su talento en una gran cantidad de novelas alejadas de lo policial: los llamados <em>libros duros <\/em>que escribi\u00f3 para la editorial Gallimard), resulta un escritor muy capaz de atraer todav\u00eda hoy, cuando tantos de sus contempor\u00e1neos &#8211;y varios muy ilustres entre ellos&#8211; han sido olvidados.<\/p>\n<p>Sus libros centrales son los d<a href=\"http:\/\/www.trussel.com\/maig\/maibib.htm\">el inspector Maigret<\/a>, uno de los grandes detectives de la literatura de occidente, que comenzaron a publicarse en 1931. <em>Maigret<\/em>, de 1934, es de los libros m\u00e1s notables de la serie no s\u00f3lo porque, en su momento, fue escrito por Simenon para <em>cerrarla, <\/em>pues el creador estaba harto de la creatura y deseaba probar suerte con otros proyectos literarios (al final, luego de unos pocos a\u00f1os Simenon regres\u00f3 a Maigret y sigui\u00f3 escribiendo sus aventuras hasta 1972). Adem\u00e1s, la situaci\u00f3n inicial elegida por Simenon en esta historia particular da para algunas variaciones interesant\u00edsimas de las convenciones de la narraci\u00f3n policiaca.<\/p>\n<p>\u00c9ste es un detective que, al contrario de la mayor\u00eda, est\u00e1 casi inerme: con ya un par de a\u00f1os de retiro, y separado de sus antiguos subordinados en la polic\u00eda de Par\u00eds, el <em>ex-inspector<\/em> Maigret se entera de que un sobrino suyo, m\u00e1s bien inexperto y est\u00fapido, est\u00e1 acusado de un asesinato. Para peor, el sobrino es polic\u00eda y obtuvo el puesto gracias a Maigret. \u00c9ste viaja a Par\u00eds y busca el modo de limpiar el nombre del sobrino, y encontrar al verdadero culpable, sin m\u00e1s ayudas que su inteligencia, su conocimiento del mundo criminal y la poca influencia y buena voluntad que le quedan en el departamento de polic\u00eda. \u00c9ste no es el agente del orden de las series de televisi\u00f3n, con presupuesto ilimitado, la gallard\u00eda de la juventud y todos los recursos existentes a su disposici\u00f3n. Tampoco es un hombre absolutamente seguro de s\u00ed mismo: duda de su capacidad, por momentos se desespera, est\u00e1 a punto de llorar cuando un testigo se le escapa despu\u00e9s de que \u00e9l le ha salvado la vida&#8230;<\/p>\n<p>Las fantas\u00edas de poder que estamos acostumbrados a mamar de los medios masivos intentan hacernos olvidar las debilidades y hasta la misma materialidad de nuestros cuerpos: este Maigret, en cambio, no s\u00f3lo es un h\u00e9roe de catadura dudosa, y bastante lejos de su plenitud, sino adem\u00e1s un hombre que necesita esforzarse: resopla, se cansa, tiene dificultades para recorrer una porci\u00f3n de su ciudad que en otra \u00e9poca habr\u00eda podido atravesar corriendo. All\u00e1 quienes crean que \u00e9stas son limitaciones o defectos del personaje; sin que Simenon intente acercar su escritura a la de los grandes realistas del siglo XIX (no le hace ninguna falta), sus personajes y ambientes logran, y en un espacio relativamente muy breve, la misma \u00abilusi\u00f3n de verdad\u00bb, la misma impresi\u00f3n de verosimilitud, y adem\u00e1s una impresi\u00f3n centrada no en los objetos o los ambientes sino en los personajes, en sus sensaciones, sus pensamientos, su aspecto  y (si se puede decir de este modo) el lugar que ocupan en el espacio: el papel que cada uno juega en la intriga de la novela y en el mundo que Simenon construye. Esto significa que el libro puede \u00abatraparnos\u00bb (ese efecto tan sobrevaluado), pero lo hace de un modo distinto, con una seguridad y una audacia pasmosas. Por ejemplo, en la mayor\u00eda de los \u00abmanuales modernos\u00bb de escritura leeremos que est\u00e1 \u00abmal\u00bb saltar bruscamente de un punto de vista a otro, y que a\u00fan un narrador omnisciente en tercera persona debe reducir al m\u00ednimo el n\u00famero de puntos de vista que elige, a riesgo de caer en el clich\u00e9 de los <em>bestsellers <\/em>de Arthur Hailey y otros por el estilo, siempre repletos de subtramas in\u00fatiles pero sensacionales; en cambio, Simenon, cuyo talento es anterior adem\u00e1s de superior, no s\u00f3lo introduce much\u00edsimos saltos de un personaje a otro, y a veces tan breves como uno o dos renglones de texto, sino que se mete en <em>cualquier <\/em>personaje, sin importar lo peque\u00f1o o insignificante que sea, cuando juzga necesario comunicar una impresi\u00f3n particular que s\u00f3lo ese personaje puede tener.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, las dos escenas m\u00e1s llamativas del libro son episodios apasionantes y a la vez grandes lecciones de <em>escritura<\/em>. En el primero, Maigret va y se sienta en un rinc\u00f3n de un caf\u00e9 durante un d\u00eda entero, y desde su mesa, con su sola presencia y un par de trucos simpl\u00edsimos, consigue inquietar, enervar y al fin poner en seria crisis a los criminales a quienes persigue. En el segundo, cuando ha logrado meterse en el departamento del autor intelectual del crimen, no tiene idea de cu\u00e1l fue su papel en el asesinato y por un tiempo se dedica s\u00f3lo a incordiarlo, haciendo vagas acusaciones que son como palos de ciego&#8230;, pero de pronto, en el intercambio de frases, Maigret <em>comprende <\/em>a su adversario: descubre c\u00f3mo piensa, qui\u00e9n es, qu\u00e9 pudo haber hecho y qu\u00e9 no el d\u00eda del crimen, y en ese momento el esclarecimiento del asesinato (nos dice la voz de Simenon, que preside los hechos) se vuelve menos importante que el descubrimiento del hombre: del ser humano, o por lo menos de la representaci\u00f3n de lo humano que es un personaje.<\/p>\n<p>Crear un personaje novelesco es <em>exactamente<\/em> <em>ese <\/em>proceso de descubrimiento: exactamente esa averguaci\u00f3n azarosa, descontrolada, incierta, que de pronto (si se tienen la suerte y el empe\u00f1o de Maigret y de Simenon) lleva a la revelaci\u00f3n. De modo que la met\u00e1fora es perfecta. Pocas veces se puede decir eso de la obra de nadie: sin exageraci\u00f3n, es una de las marcas del genio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este mes, una nota sobre <em>Maigret<\/em> de Georges Simenon y sus personajes. Esta secci\u00f3n se actualiza los d\u00edas 10.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1520],"tags":[116,831,5,25,867,866,862,7,1821,2855,865,864,863,10,567],"class_list":["post-867","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuaderno","tag-creacion-de-personajes","tag-el-arte-de-la-novela","tag-el-libro-del-mes","tag-escritores","tag-escritores-belgas","tag-escritores-en-lengua-francesa","tag-georges-simenon","tag-hallazgos","tag-libros","tag-literatura","tag-literatura-negra","tag-literatura-policial","tag-maigret","tag-novela","tag-resenas"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-dZ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/867","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=867"}],"version-history":[{"count":46,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/867\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5962,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/867\/revisions\/5962"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=867"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=867"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=867"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}