{"id":8460,"date":"2011-10-21T11:31:12","date_gmt":"2011-10-21T16:31:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=8460"},"modified":"2019-10-14T00:43:57","modified_gmt":"2019-10-14T05:43:57","slug":"un-asesinato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/un-asesinato\/","title":{"rendered":"Un asesinato"},"content":{"rendered":"<p>El que sigue es un cuento del gran <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Ant%C3%B3n_Ch%C3%A9jov\">Ant\u00f3n Ch\u00e9jov<\/a> (1860-1904), maestro de la narraci\u00f3n breve. El argumento puede resultar muy actual ahora: hay violencia terrible \u2014nacida del error y la incomunicaci\u00f3n\u2014 en medio de gran precariedad, y tambi\u00e9n un conflicto de fe en un mundo desprovisto de toda orientaci\u00f3n y sentido.<\/p>\n<p>En el cuento (que no debe confundirse con otro de Ch\u00e9jov que lleva el mismo t\u00edtulo, pero cuenta otra historia y es considerablemente m\u00e1s breve) se menciona la colonia penal de la isla de Sajal\u00edn, una de las c\u00e1rceles m\u00e1s\u00a0 temibles del mundo en el siglo XIX; el episodio proviene de la propia experiencia del escritor, quien visit\u00f3 Sajal\u00edn en 1890 con la idea de escribir un estudio cient\u00edfico del lugar y termin\u00f3 por hacer un testimonio desgarrador de la vida en la prisi\u00f3n: uno de los primeros reportajes modernos.<\/p>\n<p>\u00abUn asesinato\u00bb se public\u00f3 por primera vez en 1895 y se le puede encontrar en varias antolog\u00edas de la obra de Ch\u00e9jov.<\/p>\n<figure id=\"attachment_8463\" aria-describedby=\"caption-attachment-8463\" style=\"width: 233px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/Chejov.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"8463\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/un-asesinato\/chejov\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/Chejov.jpg\" data-orig-size=\"467,599\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Ant\u00f3n Ch\u00e9jov\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Ant\u00f3n Ch\u00e9jov retratado por Osip Braz (1898)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/Chejov.jpg\" class=\"size-medium wp-image-8463\" title=\"Ant\u00f3n Ch\u00e9jov\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/Chejov-233x300.jpg\" alt=\"\" width=\"233\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/Chejov-233x300.jpg 233w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/Chejov.jpg 467w\" sizes=\"auto, (max-width: 233px) 100vw, 233px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-8463\" class=\"wp-caption-text\">Ant\u00f3n Ch\u00e9jov retratado por Osip Braz (1898)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>UN ASESINATO<\/strong><br \/>\n<strong>Ant\u00f3n Ch\u00e9jov<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>I<br \/>\nEn la estaci\u00f3n de Prog\u00f3nnaia se estaban celebrando las v\u00edsperas. Ante la gran imagen pintada con vivos colores sobre fondo de oro, se agrupaban los empleados de ferrocarriles con sus mujeres e hijos, y tambi\u00e9n los le\u00f1adores y aserradores que trabajaban en las inmediaciones, a lo largo de la l\u00ednea. Todos se manten\u00edan en silencio, fascinados por el brillo de las luces y los aullidos de la nevasca que, cuando nadie la esperaba, se hab\u00eda desatado a pesar de estar ya en v\u00edsperas de la Anunciaci\u00f3n. Oficiaba el viejo sacerdote de Vedeni\u00e1pino y el canto corr\u00eda a cargo del salmista y de Matvei Ter\u00e9jov.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La cara de Matvei resplandec\u00eda de felicidad; alargaba el cuello como si quisiera salir volando. Cantaba con voz de tenor y recitaba con el mismo timbre, poniendo en ello un dulce vigor. Al llegar a \u00abLa voz del Arc\u00e1ngel\u00bb, empez\u00f3 a agitar la mano como un director de orquesta y, procurando ajustarse al sordo bajo del sacrist\u00e1n, dej\u00f3 o\u00edr una complicada floritura. Ve\u00edase que esto le produc\u00eda gran satisfacci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Terminadas las v\u00edsperas, todos se dispersaron tranquilamente. Volvieron la oscuridad, el vac\u00edo y el silencio que s\u00f3lo se observa en las estaciones de ferrocarril levantadas en pleno campo o en el bosque cuando el viento silba y no se oye nada m\u00e1s, cuando se siente todo el vac\u00edo que reina alrededor, toda la angustia de la vida que transcurre pausadamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matvei viv\u00eda no lejos de la estaci\u00f3n, en la posada de un primo suyo. Pero no sent\u00eda deseos de volver a casa. Se hab\u00eda quedado con el cantinero, detr\u00e1s del mostrador, y contaba a media voz:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014En la f\u00e1brica de azulejos ten\u00edamos nuestro coro. Y he de decirle que, aunque lo compon\u00edamos simples obreros, cant\u00e1bamos de veras, magn\u00edficamente. A menudo nos hac\u00edan ir a la ciudad, y cuando el vicario Ioann celebraba en la iglesia de la Trinidad, el coro de la di\u00f3cesis cantaba a la derecha y nosotros a la izquierda. De lo \u00fanico que en la ciudad se quejaban era de que dilat\u00e1bamos mucho el canto, que aquello se prolongaba demasiado. Bien es verdad que empez\u00e1bamos a las siete el himno de San Andr\u00e9s y el Hosanna, y termin\u00e1bamos pasadas las once; as\u00ed que, cuando lleg\u00e1bamos a la f\u00e1brica, eran ya m\u00e1s de las doce. \u00a1Qu\u00e9 bien se pasaba all\u00ed! \u2014 suspir\u00f3 Matvei\u2014. Lo que se dice muy bien, Serguei Nikan\u00f3rich. En cambio, aqu\u00ed, en la casa familiar, no hay la menor alegr\u00eda. La iglesia m\u00e1s pr\u00f3xima est\u00e1 a cinco verstas, y con mi mala salud me resulta imposible llegar hasta ella. No hay cantores. En nuestra familia no se conoce la tranquilidad: todo es ruido, blasfemias y suciedad. Comemos todos de la misma cazuela, como los mujiks, y en la sopa aparecen cucarachas&#8230; Dios no me concede la salud, y, a no ser por esto, ya me habr\u00eda marchado hace tiempo, Serguei Nikan\u00f3rich.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matvei Ter\u00e9jov no era viejo, no pasaba de los cuarenta y cinco, pero su expresi\u00f3n era enfermiza, su cara estaba llena de arrugas y su barbita, rala y transparente, era ya blanca, lo que le hac\u00eda aparentar muchos m\u00e1s a\u00f1os. Hablaba con voz d\u00e9bil, como poniendo cuidado, y al toser se llevaba las manos al echo; en aquellos momentos su mirada se hac\u00eda inquieta, como en las personas muy aprensivas. Nunca dec\u00eda fijamente qu\u00e9 era lo que le dol\u00eda, pero le agradaba contar con gran lujo de detalles c\u00f3mo en una ocasi\u00f3n, al levantar un pesado caj\u00f3n, hab\u00eda sentido un profundo dolor y se le hab\u00eda formado una hernia, oblig\u00e1ndole a abandonar el trabajo en la f\u00e1brica de azulejos y volver a sus lares. Pero no pod\u00eda explicar lo que era una hernia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014A decir verdad, no quiero a mi primo \u2014prosigui\u00f3, sirvi\u00e9ndose un vaso de t\u00e9\u2014. Es mayor que yo, y parece pecado criticarlo; temo a Dios nuestro Se\u00f1or, pero no lo puedo aguantar. Es un hombre orgulloso, muy serio, mal hablado, tortura a sus familiares y criados y no frecuenta la iglesia. El domingo pasado le ped\u00ed cari\u00f1osamente: \u00abPrimo, vayamos a la misa de Paj\u00f3movo.\u00bb Y \u00e9l replic\u00f3: \u00abNo quiero; el pope de Paj\u00f3movo juega a las cartas.\u00bb Y tampoco ha venido hoy aqu\u00ed, porque dice que el sacerdote de Vedeni\u00e1pino fuma y bebe. \u00a1No es amigo del clero! El mismo dice en su casa la misa, los maitines y las v\u00edsperas, y su hermana le sirve de sacrist\u00e1n. El empieza el Oremus y ella sigue con una voz muy fina, como una pava: \u00ab\u00a1Se\u00f1or, ten piedad de nosotros! &#8230;\u00bb Un verdadero pecado. Todos los d\u00edas le digo: \u00abDate cuenta de lo que haces, primo. Arrepi\u00e9ntete\u00bb, pero no me hace caso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Serguei Nikan\u00f3rich, el cantinero, llen\u00f3 cinco vasos de t\u00e9 y los llev\u00f3 en una bandeja a la sala de espera de se\u00f1oras. Apenas hab\u00eda entrado cuando se oy\u00f3 un grito:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfQu\u00e9 maneras son \u00e9sas, hocico de cerdo? \u00a1Ni siquiera sabes servir!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era la voz del jefe de estaci\u00f3n. Sigui\u00f3 un t\u00edmido balbuceo y luego se levant\u00f3 otro grito, malhumorado y duro:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Largo de aqu\u00ed!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El cantinero volvi\u00f3 todo turbado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014En tiempos dejaba complacidos a condes y pr\u00edncipes \u2014murmur\u00f3\u2014. Y ahora dice que no s\u00e9 servir el t\u00e9&#8230; \u00a1Me ha re\u00f1ido en presencia del sacerdote y de las se\u00f1oras!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Serguei Nikan\u00f3rich hab\u00eda tenido en otros tiempos mucho dinero y hab\u00eda sido due\u00f1o de la cantina de una estaci\u00f3n de primer orden, en una capital de provincia donde se cruzaban dos v\u00edas f\u00e9rreas. Entonces usaba frac y reloj de oro. Pero las cosas empezaron a irle mal, invirti\u00f3 todos sus recursos en un lujoso servicio, los criados le robaban y, de mal en peor, pas\u00f3 a otra estaci\u00f3n menos importante. All\u00ed se le escap\u00f3 la mujer, llev\u00e1ndose toda la plata, y \u00e9l descendi\u00f3 a una tercera estaci\u00f3n de menos categor\u00eda, en la que ya no se serv\u00edan platos calientes. Luego a una cuarta. Cambiando a menudo y bajando cada vez m\u00e1s, lleg\u00f3 a Prog\u00f3nnaia, donde s\u00f3lo se vend\u00edan t\u00e9, vodka barato y, como aperitivos, huevos duros y un embutido al que no se le pod\u00eda meter el diente, que ol\u00eda a brea y que \u00e9l mismo, en son de burla, llamaba \u00abembutido musical\u00bb. Estaba completamente calvo, sus ojos eran azules y saltones, y luc\u00eda unas espesas y rizadas patillas que se peinaba a menudo, mir\u00e1ndose en un espejito. Los recuerdos del pasado le atormentaban sin cesar; le era imposible acostumbrarse al \u00abembutido musical\u00bb, a las groser\u00edas del jefe de estaci\u00f3n y a los mujiks, que regateaban en el precio, siendo as\u00ed que, seg\u00fan \u00e9l, regatear en la cantina era tan indecoroso, como en una farmacia. Sent\u00eda el bochorno de su pobreza y humillaci\u00f3n, y este bochorno era ahora lo principal en su vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014La primavera viene este a\u00f1o con retraso \u2014dijo Matvei, prestando atenci\u00f3n al silbido del viento\u2014. Y es preferible. No me gusta la primavera. Hay mucho barro, Serguei Nikan\u00f3rich. En los libros escriben que al llegar la primavera cantan los p\u00e1jaros y calienta el sol. \u00bfQu\u00e9 tiene eso de agradable? El p\u00e1jaro no es m\u00e1s que un p\u00e1jaro. A m\u00ed me agrada la buena sociedad; o\u00edr hablar a la gente, conversar sobre cuestiones religiosas o cantar a coro algo hermoso, pero los ruise\u00f1ores y las flores, \u00a1que se vayan con Dios!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Empez\u00f3 de nuevo a hablar de la f\u00e1brica y del coro, pero el ofendido Serguei Nikan\u00f3rich no acababa de calmarse, ni encoger los hombros y gru\u00f1ir. Matvei se despidi\u00f3 y encamin\u00f3 a su casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No helaba, y ya goteaba de los tejados, pero la nieve ca\u00eda en grandes copos que se arremolinaban en el aire, y sus blancas nubes se persegu\u00edan por la v\u00eda del ferrocarril. El robledal, que se extend\u00eda a ambos lados de los carriles, apenas iluminado por la luna, y se escond\u00eda en lo alto, tras las nubes, dejaba o\u00edr un zumbido \u00e1spero y prolongado. \u00a1Los \u00e1rboles infunden miedo cuando un fuerte vendaval los azota! Matvei caminaba por la carretera, a lo largo de la l\u00ednea, protegi\u00e9ndose la cara y las manos, empujado por el viento. De pronto apareci\u00f3 un caballero cubierto de nieve, un trineo rechin\u00f3 por las desnudas piedras de la carretera y un mujik, con la cabeza envuelta y todo \u00e9l blanco, tambi\u00e9n hizo restallar el l\u00e1tigo. Cuando Matvei se volvi\u00f3 para mirar, ya hab\u00edan desaparecido el trineo y el mujik, como si todo hubiese sido una visi\u00f3n, y apret\u00f3 el paso sintiendo un vago miedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lleg\u00f3 al paso a nivel y a la oscura caseta del guarda. La barrera estaba levantada. Junto a ella se hab\u00edan formado verdaderas monta\u00f1as de nieve y los copos giraban como las brujas en la noche del s\u00e1bado. En aquel punto cruzaba la l\u00ednea un viejo camino, importante en otros tiempos, al que todav\u00eda se le daba el nombre de calzada. A la derecha, cerca del paso a nivel y al borde mismo de la carretera, estaba la taberna de Ter\u00e9jov, que antes hab\u00eda sido posada. All\u00ed, por las noches, siempre luc\u00eda una luz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando Matvei lleg\u00f3, en todas las habitaciones, incluso en el zagu\u00e1n, hab\u00eda un intenso olor a incienso. Su primo Y\u00e1kob Iv\u00e1nich segu\u00eda oficiando las v\u00edsperas. En un rinc\u00f3n del oratorio donde la ceremonia ten\u00eda lugar, hab\u00eda una urna con viejas im\u00e1genes heredadas de los abuelos, en marcos sobredorados; a ambos lados, derecha e izquierda, hab\u00eda im\u00e1genes antiguas y modernas, en urnas o sin ellas. Sobre la mesa, cubierta con un tapete que llegaba hasta el suelo, hab\u00eda una imagen de la Anunciaci\u00f3n, una cruz de cipr\u00e9s y un incensario. Ard\u00edan las velas de cera. junto a la mesa hab\u00eda un atril. Al pasar junto al oratorio, Matvei se detuvo y asom\u00f3 la cabeza. Y\u00e1kov Iv\u00e1nich estaba leyendo junto al atril. Le acompa\u00f1aba en las oraciones su hermana Aglaia, una vieja alta y flaca, vestida de azul y con un pa\u00f1uelo blanco en la cabeza. Estaba tambi\u00e9n Dashutka, la hija de Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, una moza de dieciocho a\u00f1os, fea y pecosa, que siempre iba descalza y con el mismo vestido que llevaba cuando, por la tarde, abrevaba los animales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Gloria a ti, que nos mostraste la luz! \u2014enton\u00f3 Y\u00e1kov Iv\u00e1nich con voz cantarina, e hizo una profunda reverencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aglaia, con la barbilla apoyada en la mano, se uni\u00f3 al canto con una voz fina y chillona. Arriba, sobre el techo, tambi\u00e9n resonaron unas voces confusas que amenazaban o anunciaban algo malo. En la segunda planta, despu\u00e9s de un incendio que se hab\u00eda producido hac\u00eda mucho tiempo, no viv\u00eda nadie; las ventanas hab\u00edan sido clavadas y el suelo, entre las vigas, estaba sembrado de botellas vac\u00edas. Ahora el viento zumbaba all\u00ed y parec\u00eda como si alguien corriese, tropezando en las vigas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mitad de la planta baja estaba destinada a taberna; la otra mitad la ocupaba la familia de los Ter\u00e9jov; as\u00ed que, cuando en la taberna alborotaban los viajeros borrachos, en las habitaciones se o\u00eda hasta la \u00faltima palabra. Matvei ocupaba una habitaci\u00f3n junto a la cocina; en ella hab\u00eda un gran horno en el cual en otros tiempos, cuando aquello era posada, coc\u00edan pan todos los d\u00edas. En la misma habitaci\u00f3n, detr\u00e1s del horno, dorm\u00eda Dashutka, que no ten\u00eda cuarto para ella sola. Todas las noches cantaban los grillos y se o\u00eda el ruido de los ratones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matvei encendi\u00f3 una vela y se puso a leer un libro que le hab\u00eda prestado el gendarme de la estaci\u00f3n. Entre tanto, terminaron los rezos y todos se acostaron. Tambi\u00e9n lo hizo Dashutka, que empez\u00f3 a roncar acto seguido, aunque no tard\u00f3 en despertarse y dijo, bostezando:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No deb\u00edas tener la vela encendida sin necesidad, t\u00edo Matvei.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014La vela es m\u00eda \u2014replic\u00f3 \u00e9l\u2014. La compr\u00e9 con mi dinero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dashutka dio unas cuantas vueltas y no tard\u00f3 en dormirse de nuevo. Matvei sigui\u00f3 a\u00fan largo rato, pues no ten\u00eda sue\u00f1o, y, al terminar la \u00faltima p\u00e1gina, sac\u00f3 del ba\u00fal un l\u00e1piz y escribi\u00f3 en la primera: \u00abYo, Matvei Ter\u00e9jov, he le\u00eddo este libro y creo que es el mejor de los que he le\u00eddo nunca, por lo cual expreso mi gratitud a Kuzm\u00e1 Nikol\u00e1ievich Zh\u00fakov, suboficial de la gendarmer\u00eda de la Direcci\u00f3n de Ferrocarriles, propietario de este inapreciable libro.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para \u00e9l era un deber de cortes\u00eda hacer tales anotaciones en los libros que le prestaban.<br \/>\nII<br \/>\nEl d\u00eda de la Anunciaci\u00f3n, cuando ya hab\u00eda salido el tren correo, Matvei tomaba t\u00e9 con lim\u00f3n en la cantina y hablaba animado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le escuchaban el cantinero y el gendarme Zh\u00fakov.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014He de decirles \u2014contaba Matvei\u2014 que desde muy chico me sent\u00ed atra\u00eddo por la religi\u00f3n. A los doce a\u00f1os le\u00eda ya en la iglesia la Ep\u00edstola, cosa que alegraba mucho a mis padres, y todos los veranos iba con mi difunta madre en peregrinaci\u00f3n. Mientras los otros chicos cantaban o cog\u00edan cangrejos, yo sol\u00eda quedarme con ella. Los mayores me alentaban, y a m\u00ed mismo me agradaba observar tan buena conducta. Y cuando mi madre me mand\u00f3 a la f\u00e1brica, fuera de las horas de trabajo yo fui el tenor de nuestro coro, y para m\u00ed no hab\u00eda mayor placer. No hace falta decir que no beb\u00eda ni fumaba y que me ba\u00f1aba a menudo, y esta vida, como ya se sabe, no agrada al enemigo del g\u00e9nero humano. El maldito quiso perderme y trat\u00f3 de oscurecer mi entendimiento, como ahora hace con mi primo. Lo primero de todo, hice voto de observar vigilia los lunes y no comer carne nunca. Con el tiempo empezaron a dominarme toda clase de fantas\u00edas. En la primera semana de la Cuaresma, hasta el s\u00e1bado, seg\u00fan ordenaron los santos padres, no se puede comer caliente, aunque los que trabajan y los d\u00e9biles pueden tomar hasta t\u00e9; pero yo no probaba bocado hasta el domingo mismo, y luego, durante toda la Cuaresma, no me permit\u00eda la mantequilla, y los mi\u00e9rcoles y los viernes guardaba ayuno absoluto. Lo mismo hac\u00eda en las vigilias menores. En la cuaresma de San Pedro la gente de la f\u00e1brica sol\u00eda tomar sopa de col con sollo, pero yo, procurando que no me vieran, rumiaba un trozo de pan seco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bbCada cual tiene su fuerza, ya se sabe, pero yo hablo de m\u00ed: en los d\u00edas de vigilia, el ayuno no me costaba ning\u00fan esfuerzo, y cuanto mayor era mi celo, mejor me sent\u00eda. Unicamente sent\u00eda apetito los primeros d\u00edas de ayuno, luego me acostumbraba, cada vez me notaba mejor y al cabo de una semana me encontraba perfectamente. Mis piernas estaban tan ligeras, que me parec\u00eda encontrare en una nube, y no en la tierra. Adem\u00e1s, me impon\u00eda toda clase de obligaciones: me levantaba por la noche para hacer reverencias, arrastraba pesadas piedras de un lugar a otro, iba descalzo por la nieve y, claro es, usaba cilicio. Pero al cabo de alg\u00fan tiempo, al ir a confesarme, se me ocurri\u00f3: Este sacerdote est\u00e1 casado, come carne y fuma. \u00bfC\u00f3mo puede confesarme? \u00bfQu\u00e9 poder tiene para absolverme, si es m\u00e1s pecador que yo? Yo me privo hasta de la mantequilla y \u00e9l puede que haya comido esturi\u00f3n. Acud\u00ed a otro sacerdote, y \u00e9ste, como a propio intento, era gordo, llevaba sotana de seda, que hac\u00eda el mismo ruido que las faldas de una se\u00f1ora, y tambi\u00e9n ol\u00eda a tabaco. Me fui a hacer mis ayunos a un monasterio, y all\u00ed mi coraz\u00f3n tampoco se sent\u00eda tranquilo; me parec\u00eda que los monjes no observaban las reglas. Despu\u00e9s de esto no hab\u00eda ning\u00fan servicio religioso que me satisficiera: en un sitio la misa acababa demasiado pronto, en otro no hab\u00edan cantado conforme es debido, en el tercero el sacrist\u00e1n era gangoso&#8230; En ocasiones, que el Se\u00f1or perdone a este pecador, mi coraz\u00f3n se estremec\u00eda de ira en pleno templo. \u00bfQu\u00e9 oraci\u00f3n era aqu\u00e9lla? Cre\u00eda que la gente no se santiguaba ni escuchaba debidamente; a cualquier lugar que mirase, todo eran borrachos, glotones, fumadores, libertinos, jugadores. Yo era el \u00fanico que viv\u00eda seg\u00fan los mandamientos. El maligno no dorm\u00eda y, conforme el tiempo pasaba, aquello iba en aumento. Dej\u00e9 de cantar en el coro e ir a la iglesia. Me cre\u00eda un hombre justo y la iglesia, viendo su imperfecci\u00f3n, no me agradaba; es decir, como el \u00e1ngel ca\u00eddo, me ensoberbec\u00ed hasta lo incre\u00edble.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bbDespu\u00e9s de \u00e9sto quise tener una iglesia para m\u00ed solo. Alquil\u00e9 a una mujer sorda un peque\u00f1o cuarto muy a las afueras, cerca del cementerio, y la convert\u00ed en un oratorio por el estilo del de mi primo, aunque en el m\u00edo hab\u00eda candelabros y un incensario de veras. En este oratorio me aten\u00eda a las reglas del santo monte Athos; es decir, cada d\u00eda los maitines empezaban siempre a medianoche, y en las fiestas m\u00e1s solemnes la misa duraba diez y hasta doce horas. Despu\u00e9s de todo, los frailes, seg\u00fan las reglas, permanecen sentados durante la lectura del Evangelio, pero yo, para hacerme m\u00e1s agradable a Dios, sol\u00eda leerlo de rodillas. Le\u00eda y cantaba durante largo rato, con l\u00e1grimas en los ojos y suspirando, alzando los brazos, y nada m\u00e1s terminada la oraci\u00f3n, sin dormir, me iba a la f\u00e1brica, y durante el trabajo no cesaba de orar. En fin, que por la ciudad empez\u00f3 a correr el rumor: Matvei es un santo, Matvei cura a los enfermos y a los locos. Claro que no hab\u00eda curado a nadie, pero, ya se sabe, en cuanto aparece un cisma o una falsa doctrina, las mujeres no le dejan a uno. Acuden como las moscas a la miel. Empezaron a acosarme casadas y solteronas de toda clase; me hac\u00edan reverencias, me besaban las manos y afirmaban que yo era un santo. Una lleg\u00f3 a verme con la cabeza aureolada por un nimbo. El oratorio se hab\u00eda hecho peque\u00f1o, por lo que alquil\u00e9 un cuarto m\u00e1s espacioso, y aquello se convirti\u00f3 en una verdadera torre de Babel. El diablo se apoder\u00f3 de m\u00ed definitivamente y tap\u00f3 la luz de mis ojos con sus repugnantes pezu\u00f1as. Todos parec\u00edamos posesos. Yo le\u00eda y las casadas y solteronas cantaban, y as\u00ed, sin comer ni beber, permanec\u00edamos de pie d\u00edas enteros. De pronto ellas empezaban a estremecerse como si tuviesen calentura, y luego se pon\u00eda a gritar una, y otra, \u00a1Aquello daba miedo! Tambi\u00e9n yo me estremec\u00eda como un jud\u00edo en la caldera. Yo mismo no s\u00e9 la causa, pero mis piernas empezaban a saltar. Era algo portentoso: no quer\u00eda, pero saltaba y agitaba los brazos. Despu\u00e9s de esto empezaban los gritos y chillidos, bail\u00e1bamos todos y nos persegu\u00edamos hasta que ca\u00edamos rendidos. As\u00ed, en un momento de absurda locura, ca\u00ed en el pecado de la lujuria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El gendarme solt\u00f3 la risa, pero, al advertir que nadie le acompa\u00f1aba, se puso serio y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Eso es molokanismo. He le\u00eddo que en el C\u00e1ucaso lo practican todos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Pero no me mat\u00f3 un rayo \u2014prosigui\u00f3 Matvei, haciendo la se\u00f1al de la cruz ante la imagen y bisbisando una oraci\u00f3n\u2014. Seguramente intercedi\u00f3 por m\u00ed en el otro mundo mi difunta madre. Cuando en la ciudad me ten\u00edan ya por santo y hasta se\u00f1oras y se\u00f1ores ven\u00edan a m\u00ed secretamente en busca de consuelo, yo fui a despedirme de nuestro amo, Osip Varl\u00e1mich. Era el d\u00eda del perd\u00f3n. El cerr\u00f3 la puerta con cerrojo y nos quedamos los dos solos cara a cara. Empez\u00f3 a leerme la cartilla. Debo decirles que Osip Varl\u00e1mich era un hombre sin estudios, pero de muchas luces; todos le respetaban y tem\u00edan, porque era severo y trabajador, y observaba una conducta ejemplar. Fue durante veinte a\u00f1os alcalde e hizo mucho bien: empedr\u00f3 la calle Novo-Mosk\u00f3vskaia e hizo pintar la catedral y las columnas, \u00e9stas de color de malaquita. Pues bien, cerr\u00f3 la puerta y empez\u00f3: \u00abYa hace tiempo que quer\u00eda hablar contigo, hijo de tal y de cual&#8230; \u00bfTe crees santo? Nada de eso, eres un ap\u00f3stata, un malvado hereje&#8230;\u00bb Y as\u00ed sigui\u00f3&#8230; No me siento capaz de explicar lo bien que habl\u00f3, con qu\u00e9 talento, como si estuviese escrito, hasta que lleg\u00f3 a conmoverme. Estuvo hablando dos horas. Sus palabras me entraron en el coraz\u00f3n, me abrieron los ojos. Acab\u00e9 por romper en sollozos. \u00abS\u00e9 &#8211; me dijo &#8211; una persona como todas las dem\u00e1s: come, bebe, v\u00edstete y reza como el resto de la gente; todo lo dem\u00e1s viene del diablo. Tu cilicio es cosa del demonio, lo mismo que tus ayunos y tu oratorio. Todo eso proviene de tu soberbia.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bbAl d\u00eda siguiente, que era primer lunes de cuaresma, Dios dispuso que cayera enfermo. Se me produjo una hernia al levantar un peso y me llevaron al hospital. Experiment\u00e9 grandes tormentos y llor\u00e9 amargamente, sin cesar de temblar. Pensaba que del hospital iba a ir al infierno, pues en verdad estuve para morir. Padec\u00ed en el lecho del dolor medio a\u00f1o y, al darme de alta, lo primero de todo me desquit\u00e9 de los ayunos y de nuevo me sent\u00ed persona. Al despedirme de \u00e9l, Osip Varl\u00e1mich insisti\u00f3: \u00abRecuerda, Matvei, que todo lo que se sale de lo corriente viene del diablo.\u00bb Y ahora como, bebo y rezo como todos&#8230; Si, por ejemplo, el pope huele a tabaco o a vodka, no oso censurarle, porque tambi\u00e9n \u00e9l es un hombre como cualquier otro. En cuanto se dice que en la ciudad o en una aldea ha aparecido un santo que se pasa las semanas sin comer e implanta sus reglas, comprendo de qui\u00e9n es obra todo eso. Esta es, se\u00f1ores, la historia de mi vida. Ahora yo, como hizo Osip Varl\u00e1mich, trato de convencer a mis primos, pero mi voz clama en el desierto. No me concedi\u00f3 Dios ese don.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El relato de Matvei no pareci\u00f3 producir impresi\u00f3n alguna. Serguei Nikan\u00f3rich no dijo nada y se dedic\u00f3 a retirar los bocadillos del mostrador. El gendarme se refiri\u00f3 a lo rico que era Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, el primo de Matvei.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Por lo menos tendr\u00e1 treinta mil rublos \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El gendarme Zh\u00fakov, pelirrojo, carirredondo &#8211; al andar le temblaban las mejillas -, robusto y bien nutrido, cuando no estaba en presencia de sus superiores, sol\u00eda retreparse en el asiento, pierna sobre pierna, y, al hablar, se balanceaba y silbaba descuidadamente, mientras que su cara expresaba la satisfacci\u00f3n del que acaba de despachar una buena comida. Ten\u00eda alg\u00fan dinerillo y siempre hablaba de este tema como gran conocedor de la materia. Se dedicaba al corretaje y cualquiera que quisiese vender una finca, un caballo o un coche usado recurr\u00eda a \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014S\u00ed, seguramente guardar\u00e1 sus treinta mil rubios \u2014coincidi\u00f3 Serguei Nikan\u00f3rich\u2014. Su abuelo de usted ten\u00eda una fortuna enorme \u2014dijo, volvi\u00e9ndose hacia Matvei\u2014. \u00a1Enorme! Todo pas\u00f3 a su padre y a su t\u00edo. Su padre muri\u00f3 joven, su t\u00edo se hizo con todo y luego, se entiende, fue a parar a Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, Mientras usted iba con su madre en peregrinaci\u00f3n y cantaba en la f\u00e1brica, aqu\u00ed no estaban con los brazos cruzados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014A usted le corresponden quince mil \u2014dijo el gendarme, balance\u00e1ndose\u2014. La taberna es de los dos, por lo que el capital tambi\u00e9n debe serlo. S\u00ed, En su lugar, yo lo habr\u00eda llevado a los tribunales. Eso se entiende. Y luego, mientras las cosas se pon\u00edan en claro, a solas, le habr\u00eda dado una buena somanta&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A Y\u00e1kov Iv\u00e1nich no le quer\u00edan, porque cuando alguien profesa unas creencias que se salen de lo com\u00fan, esto desagrada hasta a quienes son indiferentes en materia religiosa. Adem\u00e1s de esto, el gendarme le ten\u00eda ojeriza porque tambi\u00e9n se dedicaba a la venta de caballos y coches usados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Si no quiere ponerle pleito a su primo, es porque usted mismo tiene bastante dinero \u2014dijo el cantinero a Matvei, con una mirada de envidia\u2014. El que cuenta con recursos se siente satisfecho, pero yo, por ejemplo, creo que reventar\u00e9 sin haber salido de esta miseria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matvei trat\u00f3 de convencerle de que no ten\u00eda ning\u00fan dinero, pero Serguei Nikan\u00f3rich ya no le escuchaba; hab\u00edan afluido en \u00e9l los recuerdos del pasado y de las ofensas que deb\u00eda sufrir a diario. Su calva se cubri\u00f3 de sudor, enrojeci\u00f3 y empez\u00f3 a parpadear.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -\u00a1Maldita vida! -dijo, y arroj\u00f3 furioso el embutido al suelo. <\/p>\n<p>III<br \/>\nSe contaba que la posada fue construida en tiempos de Alejandro por una viuda que se hab\u00eda instalado all\u00ed con un hijo. Se llamaba Avdotia Ter\u00e9jova. A quienes pasaban en coche de posta, sobre todo en las noches de luna, el sombr\u00edo patio, con el cobertizo y el port\u00f3n siempre cerrado, les infund\u00eda un sentimiento de angustia y vaga inquietud, como si all\u00ed viviesen brujos o bandidos. Y siempre, al pasar de largo, el cochero volv\u00eda la cabeza y arreaba los caballos. Los viajeros se quedaban de mala gana, porque los due\u00f1os siempre se mostraban muy adustos y cobraban muy caro. El patio estaba embarrado hasta en verano. Entre el fango se revolcaban unos enormes cerdos y andaban sueltos los caballos con los que traficaban los Ter\u00e9jov. A veces los caballos, deseosos de libertad, se escapaban del patio y emprend\u00edan una furiosa carrera por el camino, asustando a quienes por all\u00ed pasaban. Entonces aquello estaba muy animado, pasaban largas caravanas de mercanc\u00edas y se produc\u00edan casos como el ocurrido treinta a\u00f1os antes, cuando los carreteros, enfurecidos, mataron en una reyerta a un comerciante que iba de paso: todav\u00eda se levantaba a media versta de la casa la cruz de madera, medio podrida. Pasaban coches de posta con sus campanillas y pesadas carrozas se\u00f1oriales. Entre mugidos y nubes de polvo, cruzaban tambi\u00e9n reba\u00f1os de vacas y toros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando construyeron el ferrocarril, aquello era un simple apeadero, que luego, diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, se convirti\u00f3 en la actual estaci\u00f3n de Prog\u00e9nnaia. El movimiento por el viejo camino de postas ces\u00f3 casi por completo: por \u00e9l s\u00f3lo circulaban los propietarios y mujiks de la comarca, y en la primavera y el oto\u00f1o, cuadrillas de trabajadores. La posada se convirti\u00f3 en taberna. El piso alto se quem\u00f3, la techumbre adquiri\u00f3 un color amarillento, al oxidarse la chapa, y el cobertizo se fue viniendo abajo, pero en el patio segu\u00edan revolc\u00e1ndose entre el fango los enormes cerdos, ros\u00e1ceos y repugnantes. Como antes, a veces se escapaba un caballo que, con la cola recogida, galopaba furiosamente por el camino. En la taberna vend\u00edan t\u00e9, heno, avena, harina y tambi\u00e9n vodka y cerveza, para consumir en el mostrador o para llevarse. Las bebidas alcoh\u00f3licas las vend\u00edan bajo cuerda, puesto que nunca sacaban la necesaria licencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los Ter\u00e9jov fueron siempre muy religiosos, hasta el punto que la gente los llamaba \u00ablos Beatos\u00bb. Pero, acaso porque viv\u00edan aislados, como osos, rehu\u00edan a la gente y a todo llegaban con su propia cabeza, se mostraban propensos a la fantas\u00eda y a las fluctuaciones en materia religiosa, y cada generaci\u00f3n cre\u00eda a su manera. La abuela Avdotia, la que construy\u00f3 la posada, pertenec\u00eda al rito viejo, pero su hijo y sus dos nietos (los padres de Matvei y Y\u00e1kov) iban a la iglesia ortodoxa, recib\u00edan en su casa al clero y rezaban ante las im\u00e1genes nuevas con la misma devoci\u00f3n que ante las antiguas. El hijo, al llegar a la vejez, dej\u00f3 de comer carne e hizo voto de silencio, viendo en cualquier conversaci\u00f3n un pecado. Los nietos presentaron la particularidad de que entend\u00edan las Escrituras a su manera, no como todos, sino buscando en ellas un sentido oculto, afirmando que cada palabra sagrada deb\u00eda contener un secreto. Matvei, el bisnieto de Avdotia, luch\u00f3 desde la misma infancia con visiones que estuvieron a punto de costarle la vida. El otro bisnieto, Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, era ortodoxo, pero despu\u00e9s de la muerte de su mujer dej\u00f3 de ir a la iglesia y hac\u00eda los rezos en casa. Esto contagi\u00f3 a su hermana Aglaia, que ni acud\u00eda a la iglesia ni dejaba ir a Dashutka. De Aglaia se contaba tambi\u00e9n que en su juventud sol\u00eda ir a Vedeni\u00e1pino, donde hab\u00eda una secta de flagelantes, y que en secreto segu\u00eda perteneciendo a ella, raz\u00f3n por la cual usaba pa\u00f1uelo blanco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov Iv\u00e1nich le llevaba a Matvei diez a\u00f1os. Era un viejo de muy buena planta, alto, de barba ancha y gris que casi le llegaba a la cintura y espesas cejas que le daban una expresi\u00f3n severa y hasta perversa. Usaba un largo chaquet\u00f3n de buen pa\u00f1o o una pelliza negra y siempre trataba de ir bien vestido, cuidando la limpieza de la ropa; los chanclos no se los quitaba ni cuando el suelo estaba seco. No frecuentaba la iglesia porque, seg\u00fan \u00e9l, all\u00ed no se cumpl\u00eda el rito al pie de la letra y porque los sacerdotes beb\u00edan vino fuera de la misa y fumaban. El y Aglaia le\u00edan las Escrituras y cantaban los salmos en casa todos los d\u00edas. En Vedeni\u00e1pino no le\u00edan la Ep\u00edstola en los maitines, y las v\u00edsperas no se celebraban ni siquiera con ocasi\u00f3n de las grandes fiestas; \u00e9l, en cambio, le\u00eda en casa cuanto correspond\u00eda a cada d\u00eda, sin saltarse una sola l\u00ednea y sin prisas, y en el tiempo libre le\u00eda en voz alta las vidas de los santos. Se aten\u00eda fielmente a los preceptos en todos los aspectos de la vida; as\u00ed, si un d\u00eda de la Cuaresma estaba permitido beber vino \u00aben recompensa del trabajo celoso\u00bb, lo tomaba aunque no sintiese deseos de beber.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recitaba sus oraciones, cantaba los salmos, incensaba la casa y observaba fielmente el ayuno, no para alcanzar favores de Dios, sino para observar el orden establecido. El hombre no puede vivir sin fe, y la fe debe adquirir una expresi\u00f3n justa, de a\u00f1o en a\u00f1o y de d\u00eda en d\u00eda, seg\u00fan cierto orden, de tal modo que cada ma\u00f1ana y cada tarde Dios sea invocado precisamente con las palabras y pensamientos que correspondan al d\u00eda y a la hora. Hay que vivir y, por tanto, rezar tal y como es grato a Dios; por eso, cada d\u00eda hay que recitar y cantar s\u00f3lo lo que le es grato; es decir, lo que corresponde seg\u00fan el rito. As\u00ed, el primer cap\u00edtulo de San Juan s\u00f3lo hab\u00eda que leerlo el d\u00eda de la Pascua, y desde la Pascua hasta la Ascensi\u00f3n no se pod\u00eda cantar el \u00abDign\u00edsimo\u00bb. Y as\u00ed todo lo dem\u00e1s. La conciencia de este orden y su importancia proporcionaba a Y\u00e1kov Iv\u00e1nich profunda satisfacci\u00f3n durante sus oraciones. Cuando las circunstancias le obligaban a alterar dicho orden, por ejemplo, cuando ten\u00eda que ir a la ciudad a hacer provisiones o al Banco, le atormentaba la conciencia y se sent\u00eda desgraciado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su primo Matvei, que hab\u00eda llegado inesperadamente de la f\u00e1brica y se hab\u00eda instalado en la taberna como en su propia casa, empez\u00f3 a incumplir las reglas desde los primeros d\u00edas. Se negaba a participar en los rezos conjuntos, com\u00eda y tomaba t\u00e9 a horas en que no se deb\u00eda, se levantaba tarde y los mi\u00e9rcoles y viernes tomaba t\u00e9 alegando que se sent\u00eda d\u00e9bil; casi cada d\u00eda, durante los rezos, entraba en el oratorio gritando: \u00ab\u00a1Date cuenta de lo que haces, primo! \u00a1Arrepi\u00e9ntete, primo!\u00bb Estas palabras sacaban de quicio a Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, y Aglaia, sin poderse contener, empezaba a injuriarle. O bien de noche, sigilosamente, Matvei entraba en el oratorio y dec\u00eda a media voz: \u00abPrimo, tus oraciones no son gratas a Dios. Porque est\u00e1 dicho: Reconc\u00edliate primero con tu hermano y ven entonces a ofrecer tus dones. Y t\u00fa das dinero a r\u00e9dito y vendes vodka. \u00a1Arrepi\u00e9ntete!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En las palabras de Matvei, Y\u00e1kov no ve\u00eda m\u00e1s que el habitual pretexto de los hombres vac\u00edos y negligentes que, si hablan de amor al pr\u00f3jimo o de reconciliarse con el hermano, no es m\u00e1s que para no orar, no ayunar y no leer las Sagradas Escrituras, y que si hablan con desprecio del lucro y los r\u00e9ditos, es porque no les gusta trabajar. Porque ser pobre y no ahorrar nada es mucho m\u00e1s f\u00e1cil que ser rico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de todo, se sent\u00eda inquieto y ya no pod\u00eda rezar como antes. Apenas entraba en el oratorio y abr\u00eda el libro, le embargaba el temor de que su primo llegase a molestarle. Y, en efecto, Matvei no tardaba en presentarse para gritar con voz temblorosa: \u00ab\u00a1Date cuenta de lo que haces, primo! \u00a1Arrepi\u00e9ntete, primo!\u00bb La hermana empezaba sus injurias y Y\u00e1kov, tambi\u00e9n fuera de s\u00ed, gritaba: \u00ab\u00a1Vete de mi casa!\u00bb, a lo que Matvei replicaba: \u00abLa casa es de todos. \u00bbY\u00e1kov reanudaba la lectura y el canto, pero ya no pod\u00eda recobrar la calma y, sin \u00e9l mismo advertirlo, se quedaba pensativo con el libro delante. Aunque consideraba una estupidez las palabras de su primo, \u00faltimamente empezaba tambi\u00e9n a recordar que al rico le es dif\u00edcil entrar en el reino de los cielos, que tres a\u00f1os antes hab\u00eda comprado a muy bajo precio un caballo robado, que todav\u00eda en vida de su difunta mujer un borracho hab\u00eda muerto en la misma taberna a causa del vodka&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por la noche dorm\u00eda mal, con un sue\u00f1o muy ligero, y o\u00eda que Matvei, que tampoco pod\u00eda dormir, no cesaba de suspirar, echando de menos su f\u00e1brica de azulejos. Y mientras daba vueltas en la cama recordaba el caballo robado, el borracho y las palabras del Evangelio acerca del camello.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parec\u00eda como si volviesen las alucinaciones de otros tiempos. Y como a propio intento, a pesar de que estaban a fines de marzo, nevaba todos los d\u00edas y el viento zumbaba en el bosque cual si fuese invierno; parec\u00eda como si la primavera no fuese a llegar nunca. El tiempo predispon\u00eda al tedio, a las peleas, al odio, y por la noche, cuando el viento zumbaba sobre el techo, le parec\u00eda que alguien viv\u00eda all\u00ed arriba, en el piso vac\u00edo, y las visiones empezaban poco a poco a acudir a \u00e9l, la cabeza le ard\u00eda y no pod\u00eda conciliar el sue\u00f1o. <\/p>\n<p>IV<br \/>\nEl lunes santo, por la ma\u00f1ana, Matve\u00ed oy\u00f3 desde su habitaci\u00f3n que Dashutka dec\u00eda a Aglaia:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014El t\u00edo Matvei asegur\u00f3 ayer que no hay que guardar el ayuno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matvei record\u00f3 toda la conversaci\u00f3n de la v\u00edspera con Dashutka y se sinti\u00f3 irritado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1No mientas, muchacha! -dijo con voz pla\u00f1idera, como la de un enfermo\u2014. No es posible vivir sin ayunar. El mismo Se\u00f1or ayun\u00f3 cuarenta d\u00edas. Lo \u00fanico que te dije es que las personas enfermas no deben hacerlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Haz caso de lo que te dice la gente de la f\u00e1brica; ellos te ense\u00f1ar\u00e1n lo que debe hacerse \u2014dijo en tono de burla Aglaia, que estaba fregando el suelo (los d\u00edas de labor sol\u00eda hacer esta faena, que la pon\u00eda irritada con todos)\u2014. Ya se sabe c\u00f3mo ayunan en la f\u00e1brica. T\u00fa preg\u00fantale a tu t\u00edo por la v\u00edbora, c\u00f3mo los dos juntos tomaban leche en los d\u00edas de ayuno. Trata de instruir a los otros y \u00e9l mismo ha olvidado lo de la v\u00edbora. Preg\u00fantale a qui\u00e9n dej\u00f3 su dinero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matvei ocultaba de todos cuidadosamente, como una \u00falcera repugnante, que en aquel per\u00edodo de su vida en que viejas y mozas acud\u00edan al oratorio para saltar y correr con \u00e9l, se puso en relaciones con una mujer, de la que hab\u00eda tenido un hijo. Al volver a casa le entreg\u00f3 cuanto hab\u00eda ahorrado en la f\u00e1brica; para los gastos del viaje tuvo que pedir prestado al due\u00f1o, y ahora no le quedaban m\u00e1s que unos rublos, que reservaba para t\u00e9 y velas. La mujer en cuesti\u00f3n le comunic\u00f3 m\u00e1s tarde que el ni\u00f1o hab\u00eda muerto y preguntaba en la carta qu\u00e9 hacer con el dinero. La carta en cuesti\u00f3n la hab\u00eda tra\u00eddo de la estaci\u00f3n un obrero; Aglaia se hab\u00eda hecho con ella y la hab\u00eda le\u00eddo, y luego, cada d\u00eda, se lo echaba en cara a Matvei.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No es broma: \u00a1novecientos rublos! \u2014sigui\u00f3 Aglaia\u2014. \u00a1Ah\u00ed es nada, dar novecientos rublos a una v\u00edbora, a una perdida de la f\u00e1brica! \u00a1Ojal\u00e1 revientes! -Hab\u00eda perdido ya la compostura y gritaba con voz chillona- -\u00bfTe callas? \u00a1Te har\u00eda pedazos, in\u00fatil! \u00a1Dar novecientos rublos como si fueran un k\u00f3pek! Se los pod\u00edas haber dejado a Dashutka, que es cosa tuya, y no a una extra\u00f1a; o pod\u00edas haberlos mandado a B\u00e9lev, para los infelices hu\u00e9rfanos de Mar\u00eda. \u00a1Por qu\u00e9 no revent\u00f3 tu v\u00edbora, sea mil veces maldita la condenada! \u00a1Ojal\u00e1 no tenga un d\u00eda bueno en su vida!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov Iv\u00e1nich la llam\u00f3: era el momento de rezar las horas. Ella se lav\u00f3, se puso el pa\u00f1uelo blanco y acudi\u00f3 al oratorio a reunirse con su amado hermano, ya llena de recogimiento. Cuando hablaba con Matvei o serv\u00eda en la posada el t\u00e9 a los hombres, era una vieja flaca, siempre alerta y malhumorada, pero en el oratorio su cara adquir\u00eda una expresi\u00f3n pura y devota, parec\u00eda rejuvenecer, se sentaba reposadamente y hasta juntaba los labios en un gesto humilde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov Iv\u00e1nich empez\u00f3 a leer el libro de horas con la voz tranquila y melanc\u00f3lica que siempre reservaba para la Cuaresma. Al poco rato se detuvo para prestar atenci\u00f3n al silencio reinante en toda la casa. Reanud\u00f3 la lectura con un sentimiento de satisfacci\u00f3n. Ten\u00eda las manos juntas en actitud devota, con los ojos muy abiertos, meneaba la cabeza y lanzaba un suspiro tras otro. Pero en esto se oyeron unas voces. El gendarme y Serguei Nikan\u00f3rich hab\u00edan llegado a visitar a Matvei. Y\u00e1kov Iv\u00e1nich no se atrev\u00eda a leer o cantar cuando en casa hab\u00eda gente extra\u00f1a, y ahora, al o\u00edr las voces, prosigui\u00f3 la lectura en un susurro y lentamente. En el oratorio se oy\u00f3 decir al cantinero:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014El t\u00e1rtaro de Schepovo traspasa su negocio por mil quinientos rublos. Puedo darle quinientos al contado y firmarle un pagar\u00e9 por el resto. Ver\u00e1, Matvei Vas\u00edlich; h\u00e1game el favor de prestarme esos quinientos rublos. Le dar\u00e9 el dos por ciento mensual.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfDe d\u00f3nde voy a sacar el dinero? \u2014se asombr\u00f3 Matvei\u2014. \u00bfDe d\u00f3nde voy a sacarlo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014El dos por ciento mensual es para usted algo ca\u00eddo del cielo \u2014explic\u00f3 el gendarme\u2014. Y, si guarda su dinero en casa, se lo comer\u00e1 la polilla sin provecho alguno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los visitantes se fueron y volvi\u00f3 el silencio. Pero apenas Y\u00e1kov Iv\u00e1nich hab\u00eda reanudado la lectura en voz alta y el canto, al otro lado de la puerta reson\u00f3 una voz:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Primo, necesito un caballo para ir a Vedeni\u00e1pino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era Matvei. Y\u00e1kov volvi\u00f3 a sentirse inquieto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfCon cu\u00e1l vas a ir? \u2014pregunt\u00f3 el despu\u00e9s de Pensarlo\u2014. El bayo se lo ha llevado un criado con un cerdo, y el potro lo necesitar\u00e9 yo para ir a Shut\u00e9ikino en cuanto termine.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Primo, \u00bfpor qu\u00e9 t\u00fa puedes disponer de los caballos y yo no? \u2014pregunt\u00f3 Matvei, irritado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Porque yo voy a un asunto del negocio, y no a darme un paseo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Los bienes son de los dos; quiere decirse que los caballos tambi\u00e9n lo son. Deber\u00edas comprenderlo, hermano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sobrevino un silencio. Y\u00e1kov, sin reanudar sus oraciones, esperaba a que Matvei se alejase.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Primo \u2014insisti\u00f3 Matvei\u2014, yo soy un hombre enfermo y no quiero la hacienda. Que se vaya con Dios, disp\u00f3n t\u00fa de ella. Pero dame siquiera una peque\u00f1a parte para que pueda sustentarme en mi enfermedad. D\u00e1mela y me ir\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov guard\u00f3 silencio. Ten\u00eda muchos deseos de deshacerse de Matvei, pero no pod\u00eda darle dinero porque lo ten\u00eda todo invertido. Adem\u00e1s, en el linaje de los Ter\u00e9jov no exist\u00eda un ejemplo de que los bienes se hubieran repartido. Repartirlos significaba arruinarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov callaba, esperando que Matvei se fuera y sin cesar de mirar a su hermana, temeroso de que \u00e9sta se mezclase en el asunto y volviesen los insultos de la ma\u00f1ana. Cuando, por fin, Matvei se retir\u00f3, reanud\u00f3 la lectura, pero ya sin placer alguno; las genuflexiones le produc\u00edan dolor de cabeza y los ojos se le nublaban; le causaba tedio su voz apagada y tristona. Cuando tal estado de depresi\u00f3n se produc\u00eda en \u00e9l de noche, lo atribu\u00eda a la falta de sue\u00f1o, pero cuando le acomet\u00eda de d\u00eda, esto le asustaba, y entonces empezaba a figurarse que los demonios se le hab\u00edan subido a la cabeza y a los hombros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Terminado que hubo mal que bien las horas, descontento e irritado, se fue a Shut\u00e9ikino. El oto\u00f1o \u00faltimo unos obreros hab\u00edan estado abriendo una zanja cerca de Prog\u00f3nnaia y hab\u00edan hecho en la taberna un gasto de dieciocho rublos; ahora necesitaba encontrar en Shut\u00e9ikino al contratista para cobrar este dinero. El deshielo y la nevasca hab\u00edan estropeado el camino, que estaba oscuro y lleno de baches; en algunos sitios parec\u00eda a punto de hundirse. A los lados, la nieve estaba por debajo del nivel del camino, as\u00ed que ten\u00eda que ir como por la parte alta de un estrecho terrapl\u00e9n, y resultaba muy dif\u00edcil hacerse a un lado cuando alguien ven\u00eda en direcci\u00f3n contraria. El cielo estaba ce\u00f1udo desde por la ma\u00f1ana y soplaba un viento h\u00famedo&#8230; Un largo convoy vino a su encuentro: eran unas mujeres que llevaban ladrillos. Y\u00e1kov tuvo que apartarse del camino, su caballo se hundi\u00f3 en la nieve hasta el vientre, el trineo se inclin\u00f3 hacia la derecha y \u00e9l, para no caer, tuvo que hacerlo hacia la izquierda, y as\u00ed permaneci\u00f3 mientras el convoy desafilaba lentamente. Entre los silbidos del viento, oy\u00f3 los chirridos de los trineos y el resoplar de los escu\u00e1lidos caballos. Las mujeres se dec\u00edan: \u00abEs el Beato\u00bb, y una de ellas, mirando con l\u00e1stima su caballo, dijo con voz r\u00e1pida:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Parece que va a haber nieve hasta San Jorge. \u00a1Qu\u00e9 tormento!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov se sent\u00eda inc\u00f3modo, hecho un ovillo y con los ojos medio cerrados a causa del viento. Ante \u00e9l pasaban ya los caballos, ya los rojos ladrillos. Y, acaso porque permanec\u00eda en una Posici\u00f3n inc\u00f3moda y le dol\u00eda el costado, se sinti\u00f3 irritado, le pareci\u00f3 que su asunto no era tan importante y pens\u00f3 que pod\u00eda haber mandado a Shut\u00e9ikino a un criado cualquier otro d\u00eda. De nuevo, como en la noche de insomnio anterior, record\u00f3 lo del camello y a continuaci\u00f3n empez\u00f3 a pensar en lo del mujik que le hab\u00eda vendido un caballo robado, en lo del borracho, en las mujeres que le tra\u00edan los samovares en prenda. Cierto, cualquier mercader trata de sacar la ganancia m\u00e1xima, pero Y\u00e1kov sinti\u00f3 una sensaci\u00f3n de agobio al pensar que hab\u00eda querido ir m\u00e1s all\u00e1 de lo generalmente admitido, y le molest\u00f3 pensar que aquel d\u00eda todav\u00eda ten\u00eda que leer las v\u00edsperas. El viento le soplaba a la cara y produc\u00eda un zumbido en el cuello del abrigo, como si le susurrase estas mismas ideas, que tra\u00eda del ancho campo blanco&#8230; Al mirar este campo, familiar desde su ni\u00f1ez, Y\u00e1kov record\u00f3 que esa misma inquietud y esas mismas ideas le hab\u00edan asaltado en sus a\u00f1os j\u00f3venes, cuando ten\u00eda visiones y su fe vacilaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sinti\u00f3 miedo de quedarse solo en el campo. Dio la vuelta y sigui\u00f3 lentamente el convoy, mientras las mujeres re\u00edan y comentaban:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014El Beato vuelve.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En casa, con ocasi\u00f3n de la Cuaresma, no hab\u00edan guisado ni encendido el samovar, por lo que el d\u00eda pareci\u00f3 largu\u00edsimo. Y\u00e1kov Iv\u00e1nich hac\u00eda ya mucho rato que hab\u00eda desenganchado el caballo, hab\u00eda mandado harina a la estaci\u00f3n y en dos ocasiones se hab\u00eda puesto a leer el Salterio, pero todav\u00eda quedaba mucho tiempo por delante. Aglaia hab\u00eda fregado todos los suelos y, sin nada que hacer, se dedic\u00f3 a ordenar su ba\u00fal, cuya tapa estaba toda ella adornada por dentro con etiquetas de botellas. Matvei, hambriento y triste, le\u00eda o se acercaba a la estufa holandesa para contemplar los azulejos, que le recordaban la f\u00e1brica. Dashutka dorm\u00eda; luego, al despertarse, se fue a dar de beber a los animales. Cuando sacaba agua del pozo, se rompi\u00f3 la cuerda y el cubo cay\u00f3 al agua. Un criado empez\u00f3 a buscar un bichero para sacarlo. Dashutka, descalza y con los pies rojos como las patas de un ganso, le sigui\u00f3 por la sucia nieve, sin cesar de repetir que el pozo era m\u00e1s hondo de lo que pod\u00eda alcanzar el bichero; pero el criado no parec\u00eda entenderla y, cansado al parecer, se volvi\u00f3 llen\u00e1ndola de improperios. Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, que en este momento sal\u00eda al patio, oy\u00f3 que Dashutka le contestaba con una granizada de soeces insultos que s\u00f3lo hab\u00eda podido o\u00edr a los borrachos en la taberna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfQu\u00e9 dices, desvergonzada? \u2014grit\u00f3, horrorizado\u2014. \u00bfQu\u00e9 palabras son \u00e9sas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella mir\u00f3 a su padre perpleja, con cara de est\u00fapida, sin comprender por qu\u00e9 no se pod\u00edan decir semejantes palabras. Y\u00e1kov Iv\u00e1nich quiso darle una lecci\u00f3n, pero la chica le pareci\u00f3 tan salvaje e ignorante, que por primera vez se dio cuenta de que no ten\u00eda fe alguna. Y toda aquella vida en el bosque, entre la nieve, entre borrachos y blasfemias, le pareci\u00f3 tan ignorante y salvaje como la misma moza. As\u00ed que, en vez de reprenderla, hizo un gesto de desaliento y se meti\u00f3 en su habitaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El gendarme y Serguei Nikan\u00f3rich hab\u00edan vuelto para hablar con Matvei. Y\u00e1kov Iv\u00e1nich record\u00f3 que tampoco estas gentes ten\u00edan fe alguna y que esto no les preocupaba en absoluto, y la vida le pareci\u00f3 extra\u00f1a, insensata y oscura corno la de un perro. Sin preocuparse de ponerse el gorro, dio una vuelta por el patio; luego sali\u00f3 al camino y ech\u00f3 a andar con los pu\u00f1os apretados. Empez\u00f3 a nevar, el viento remov\u00eda su barba y \u00e9l no cesaba de sacudir la cabeza, sintiendo que algo le oprim\u00eda el cr\u00e1neo y los hombros como si los diablos se le hubiesen subido encima. Se le figur\u00f3 que no era \u00e9l quien caminaba, sino una fiera, una fiera enorme y terrible, y que si lanzaba un grito, su voz se extender\u00eda como un rugido por todo el campo y el bosque, asustando a todos. <\/p>\n<p>V<br \/>\nAl volver a casa, el gendarme se hab\u00eda marchado. El cantinero, sentado en el cuarto de Matvei, estaba haciendo unas cuentas. Acud\u00eda casi a diario; antes iba a visitar a Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, pero \u00faltimamente era Matvei quien le atra\u00eda. Hac\u00eda sus cuentas con ayuda del \u00e1baco, sudoroso y reconcentrado, o ped\u00eda dinero, o bien, acarici\u00e1ndose las patillas, refer\u00eda c\u00f3mo, en cierta ocasi\u00f3n, estando en una estaci\u00f3n de primera categor\u00eda, hab\u00eda preparado un ponche para unos oficiales y c\u00f3mo en las comidas de gala serv\u00eda \u00e9l mismo la sopa de esturi\u00f3n. Lo \u00fanico que le interesaba eran las cantinas, y s\u00f3lo sab\u00eda hablar de distintos platos, de servicios y de vinos. Cierta vez, al ofrecer un vaso de t\u00e9 a una joven se\u00f1ora que estaba dando el pecho a su hijo, le dijo, con el deseo de complacerla:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014El pecho de la madre es la cantina del ni\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras hac\u00eda sus cuentas en la habitaci\u00f3n de Matvei, le ped\u00eda dinero, afirmaba que en Prog\u00f3nnaia le era imposible la vida y repiti\u00f3 varias veces en un tono que parec\u00eda que iba a romper a llorar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfAd\u00f3nde puedo ir? \u00bfAd\u00f3nde puedo ir, d\u00edgame?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego Matvei entr\u00f3 en la cocina y se puso a pelar unas patatas cocidas que, probablemente, ten\u00eda guardadas desde la v\u00edspera. Todo estaba silencioso y Y\u00e1kov Iv\u00e1nich crey\u00f3 que el cantinero se hab\u00eda ido. Ya ten\u00eda que haber empezado a rezar las v\u00edsperas. Llam\u00f3 a Aglaia y, pensando que en la casa no hab\u00eda nadie, empez\u00f3 a cantar en voz alta, sin reparo alguno. Cantaba y recitaba las oraciones, pero mentalmente pronunciaba otras palabras: \u00ab\u00a1Perd\u00f3name, Se\u00f1or! \u00a1S\u00e1lvame, Se\u00f1or!\u00bb, y, con una invocaci\u00f3n tras otra, no cesaba de hacer grandes genuflexiones, como si quisiera fatigarse. No cesaba de sacudir la cabeza, tanto, que Aglaia le miraba asombrada. Y\u00e1kov tem\u00eda que entrase Matvei, estaba seguro de que \u00e9ste lo har\u00eda y sent\u00eda contra \u00e9l un rencor que no pod\u00edan vencer ni los rezos ni las genuflexiones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matvei abri\u00f3 suavemente la puerta y entr\u00f3 en el oratorio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Qu\u00e9 pecado, qu\u00e9 pecado! \u2014dijo en tono de reproche, y dej\u00f3 escapar un suspiro\u2014. \u00a1Arrepi\u00e9ntete! \u00a1Date cuenta de lo que haces, primo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, con los pu\u00f1os apretados y sin mirarle, para no darle un golpe, sali\u00f3 r\u00e1pidamente del oratorio. Lo mismo que antes en el camino, sinti\u00e9ndose una fiera enorme y terrible, cruz\u00f3 el zagu\u00e1n para entrar en el cuarto gris, sucio y lleno de humo, en el que los mujiks sol\u00edan tomar el t\u00e9. All\u00ed, durante largo rato, camin\u00f3 de un rinc\u00f3n a otro pisando tan fuerte, que la vajilla tambaleaba en los aparadores y las mesas se tambaleaban. Ten\u00eda ya la clara noci\u00f3n de que su fe no le satisfac\u00eda y no pod\u00eda orar como antes. Deb\u00eda arrepentirse, entrar en raz\u00f3n, vivir y orar de otro modo. Pero \u00bfc\u00f3mo hacerlo? \u00bfY si todo esto era obra del demonio y no hac\u00eda falta cambiar nada? &#8230; \u00bfQu\u00e9 camino seguir? \u00bfQu\u00e9 hacer? \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda aconsejarle? \u00a1Qu\u00e9 sensaci\u00f3n de impotencia! Se detuvo y, con la cabeza entre las manos, trat\u00f3 de pensar, pero el hecho de que Matvei se encontrase all\u00ed cerca le imped\u00eda recapacitar tranquilo. Se dirigi\u00f3 r\u00e1pidamente a las habitaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matvei permanec\u00eda sentado en la cocina ante una escudilla con patatas que estaba comiendo. Junto a la estufa, una frente a otra, Aglaia y Dashutka devanaban una madeja. Entre la estufa y la mesa ante la que Matvei se encontraba, hab\u00edan puesto una tabla de planchar sobre la que hab\u00eda una plancha fr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Prima \u2014suplic\u00f3 Matvei\u2014, dame un poco de mantequilla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfQui\u00e9n come mantequilla en un d\u00eda como hoy? \u2014pregunt\u00f3 Aglaia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Yo, prima; no soy fraile, sino un simple feligr\u00e9s. Y, considerando mi d\u00e9bil salud, no s\u00f3lo me est\u00e1 permitida la mantequilla, sino tambi\u00e9n la leche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014S\u00ed, en la f\u00e1brica se permite todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aglaia tom\u00f3 del estante una botella de aceite y la coloc\u00f3 ante Matvei, dando un golpe en la mesa y sonriendo rencorosa, al parecer satisfecha de que fuese tan gran pecador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Pues ya te digo que no puedes probar comidas grasas! \u2014grit\u00f3 Y\u00e1kov.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aglaia y Dashutka se estremecieron. Matvei, haci\u00e9ndose el sordo, se ech\u00f3 aceite en la escudilla y sigui\u00f3 comiendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Te digo que no puedes probar comidas grasas! \u2014repiti\u00f3 Y\u00e1kov en voz m\u00e1s alta todav\u00eda, congestionado, y de pronto agarr\u00f3 la escudilla, la levant\u00f3 sobre su cabeza y la arroj\u00f3 violentamente contra el suelo\u2014. \u00a1Ni una palabra! \u2014vocifer\u00f3 fren\u00e9tico, aunque Matvei no hab\u00eda abierto la boca\u2014 \u00a1No digas ni una sola palabra! \u2014repiti\u00f3, descargando un pu\u00f1etazo sobre la mesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Matvei se levant\u00f3 p\u00e1lido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Primo \u2014dijo, sin cesar de masticar\u2014, primo, date cuenta de lo que haces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Fuera de mi casa ahora mismo! \u2014grit\u00f3 Y\u00e1kov; le repugnaban la cara arrugada de Matvei, su voz, las migajas que se le hab\u00edan quedado en el bigote, el simple hecho de verle masticar\u2014. \u00a1Fuera de aqu\u00ed!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1C\u00e1lmate, hermano! \u00a1Te has dejado dominar por la soberbia de Satan\u00e1s!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1C\u00e1llate! \u2014Y\u00e1kov dio una patada en el suelo\u2014 \u00a1Vete de aqu\u00ed, demonio!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Si quieres saberlo &#8211; prosigui\u00f3 Matvei en voz alta, pues tambi\u00e9n empezaba a enfadarse\u2014, eres un ap\u00f3stata y un hereje. Los diablos malditos te impiden ver la verdadera luz; tus oraciones no son gratas a Dios. \u00a1Arrepi\u00e9ntete antes de que sea tarde! \u00a1El que muere en pecado no tiene salvaci\u00f3n! \u00a1Arrepi\u00e9ntete, primo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov lo agarr\u00f3 de los hombros y lo arrastr\u00f3 fuera de la mesa. Matvei, m\u00e1s p\u00e1lido todav\u00eda, temeroso y desconcertado, balbuce\u00f3: \u00ab\u00bfQu\u00e9 haces? \u00bfQu\u00e9 es esto?\u00bb, y resistiendo, esforz\u00e1ndose en desasirse de Y\u00e1kov, sin darse cuenta, le agarr\u00f3 de la camisa y le desgarr\u00f3 el cuello. Aglaia, creyendo que quer\u00eda matar a Y\u00e1kov, lanz\u00f3 un grito, cogi\u00f3 la botella del aceite y la descarg\u00f3 con todas sus fuerzas sobre la sien de su odiado primo. Matvei se tambale\u00f3 y su rostro adquiri\u00f3 al instante una expresi\u00f3n de tranquilidad e indiferencia. Y\u00e1kov, jadeante y excitado, satisfecho de que la botella hubiese producido, al tocar con la cabeza, una especie de graznido, como si fuese un ser vivo, lo sujet\u00f3 para evitar que cayera, y varias veces (esto hab\u00eda de recordarlo muy bien) se\u00f1al\u00f3 a Aglaia la plancha con el dedo. Y s\u00f3lo cuando la sangre corri\u00f3 por sus manos y se oy\u00f3 el sonoro llanto de Dashutka, cuando la tabla de planchar cay\u00f3 con estr\u00e9pito y sobre ella se derrumb\u00f3 pesadamente Matvei, Y\u00e1kov sinti\u00f3 que su ira se desvanec\u00eda y comprendi\u00f3 lo que acababa de suceder.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Que reviente el gara\u00f1\u00f3n! \u2014exclam\u00f3 Aglaia con repugnancia, sin soltar la plancha. El pa\u00f1uelo blanco, salpicado de sangre, se le hab\u00eda deslizado hasta los hombros y sus grises cabellos estaban revueltos\u2014 \u00a1Es lo que se merec\u00eda!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era un cuadro terrible. Dashutka, sentada en el suelo junto a la estufa y con la madeja entre las manos, sollozaba y no cesaba de hacer inclinaciones, repitiendo a cada una de ellas: \u00ab \u00a1Ay, ay! \u00bb Pero nada produc\u00eda a Y\u00e1kov tanto horror como las patatas cocidas manchadas de sangre y que tem\u00eda pisar. Hab\u00eda tambi\u00e9n algo espantoso, que le oprim\u00eda como una pesadilla y representaba un peligro mayor, aunque en un principio no pod\u00eda comprender de qu\u00e9 se trataba: era el cantinero Serguei Nikan\u00f3rich, que estaba en el umbral muy p\u00e1lido y contemplando horrorizado lo que hab\u00eda sucedido en la cocina. S\u00f3lo cuando volvi\u00f3 la espalda y sali\u00f3 r\u00e1pidamente al zagu\u00e1n, y de all\u00ed al patio, comprendi\u00f3 Y\u00e1kov de qui\u00e9n se trataba y sigui\u00f3 tras \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras se limpiaba las manos con nieve, sin detenerse, pensaba. Se acord\u00f3 de que el criado hab\u00eda pedido permiso para pasar la noche en su casa, en la aldea, y se hab\u00eda ido hac\u00eda un buen rato; la v\u00edspera hab\u00edan matado un cerdo y grandes manchas rojizas cubr\u00edan la nieve, el trinco y hasta un lado del brocal de troncos, as\u00ed que no pod\u00eda despertar sospechas el que toda la familia de Y\u00e1kov estuviese manchada de sangre. Era espantoso ocultar la muerte, pero a\u00fan le resultaba m\u00e1s espantosa la perspectiva de que de la estaci\u00f3n acudirla el gendarme, quien silbar\u00eda y sonreir\u00eda burlonamente; acudir\u00edan otros y maniatar\u00edan a Aglaia y a \u00e9l, llev\u00e1ndolos en son de triunfo a la cabeza del distrito, y de all\u00ed a la ciudad, y por el camino todos los se\u00f1alar\u00edan con el dedo y dir\u00edan jovialmente : \u00ab\u00a1Ah\u00ed llevan a los Beatos!\u00bb Hac\u00eda falta dejar correr el tiempo de cualquier modo, no sufrir esta verg\u00fcenza ahora, sino m\u00e1s tarde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Le puedo prestar mil rublos&#8230; \u2014dijo al alcanzar a Serguei Nikan\u00f3rich\u2014. Si usted lo dice, no ganar\u00e1 nada&#8230; y ya no es posible volverlo a la vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Apenas pod\u00eda seguir al cantinero, que no volv\u00eda la cabeza y apretaba cada vez m\u00e1s el paso. Prosigui\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Puedo darle mil quinientos&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se detuvo jadeante y Serguei Nikan\u00f3rich sigui\u00f3 sin aflojar el paso, probablemente con el temor de que tambi\u00e9n le asesinaran a \u00e9l. S\u00f3lo despu\u00e9s de cruzar el paso a nivel y haber recorrido la mitad del camino de la estaci\u00f3n, volvi\u00f3 por un momento la cabeza y afloj\u00f3 el paso. En la estaci\u00f3n y a lo largo de la v\u00eda brillaban ya las luces rojas y verdes. El viento se hab\u00eda calmado, aunque segu\u00eda nevando y el camino hab\u00eda quedado blanco de nuevo. Pero, ya casi en la estaci\u00f3n, Serguei Nikan\u00f3rich se detuvo, se qued\u00f3 pensando unos instantes y volvi\u00f3 atr\u00e1s con paso decidido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Deme los mil quinientos, Y\u00e1kov Iv\u00e1nich &#8211; dijo a media voz y temblando-. De acuerdo. <\/p>\n<p>VI<br \/>\nY\u00e1kov Iv\u00e1nich guardaba parte de su dinero en el Banco de la ciudad y el resto lo ten\u00eda invertido en hipotecas; en casa s\u00f3lo guardaba lo indispensable para los pagos diarios. Al entrar en la cocina busc\u00f3 a tientas la caja met\u00e1lica de las cerillas y, mientras ard\u00eda con luz azulenca el azufre, pudo echar un vistazo a Matvei, que segu\u00eda tendido junto a la mesa, en el mismo lugar de antes, pero ya cubierto con una s\u00e1bana de la que \u00fanicamente asomaban las botas. Cantaba el grillo. Aglaia y Dashutka no estaban en las habitaciones: ambas se encontraban tras el mostrador, devanando su madeja en silencio. Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, alumbr\u00e1ndose con una palmatoria, pas\u00f3 a su cuarto y sac\u00f3 de debajo de la cama una arqueta en la que guardaba el dinero. Esta vez hab\u00eda cuatrocientos veinti\u00fan rublos en billetes peque\u00f1os y treinta y cinco en monedas de plata; los billetes emanaban un olor intenso y desagradable. Meti\u00e9ndolo todo en el gorro, Y\u00e1kov Iv\u00e1nich sali\u00f3 al patio y luego a la carretera. Mir\u00f3 a su alrededor, pero el cantinero no estaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Eh! \u2014grit\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el mismo paso a nivel se destac\u00f3 de la barrera una silueta oscura que se le acerc\u00f3 con paso indeciso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfQu\u00e9 hace usted de un sitio para otro? \u2014dijo Y\u00e1kov, irritado, al reconocer al cantinero\u2014 Aqu\u00ed tiene: falta algo para los quinientos&#8230; No ten\u00eda m\u00e1s en casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Est\u00e1 bien&#8230; Le quedo muy agradecido \u2014balbuce\u00f3 Serguei Nikan\u00f3rich, cogiendo \u00e1vidamente el dinero y guard\u00e1ndoselo en los bolsillos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No cesaba de temblar, lo que se advert\u00eda a pesar de la oscuridad reinante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Usted, Y\u00e1kov Iv\u00e1nich, puede quedar tranquilo&#8230; \u00bfPara qu\u00e9 voy a hablar? Estuve all\u00ed, pero me hab\u00eda ido. No s\u00e9 nada de nada&#8230;  \u2014y a\u00f1adi\u00f3 con un suspiro: \u2014\u00a1Maldita vida!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Permanecieron unos instantes en silencio, sin mirarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Hay que ver lo que ha ocurrido por nada&#8230; \u2014 dijo el cantinero, temblando\u2014 Estaba yo all\u00ed tan tranquilamente, haciendo mis cuentas, cuando se arm\u00f3 un alboroto&#8230; Me acerqu\u00e9 a la puerta y usted, por un poco de aceite&#8230; \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ahora?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Sigue en la cocina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Deber\u00edan llevarlo a cualquier sitio&#8230; \u00bfPara qu\u00e9 esperar?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov le acompa\u00f1\u00f3 en silencio hasta la estaci\u00f3n, luego volvi\u00f3 a casa y enganch\u00f3 el caballo para llevar a Matvei a Lim\u00e1rovo. Hab\u00eda pensado llevar el cad\u00e1ver al bosque y dejarlo all\u00ed, en el camino. Despu\u00e9s dir\u00eda a todos que Matvei hab\u00eda ido a Vedeni\u00e1pino y que no hab\u00eda vuelto; as\u00ed pensar\u00edan que lo hab\u00edan matado unos transe\u00fantes. Sab\u00eda que con esto no enga\u00f1ar\u00eda a nadie, pero moverse, hacer algo, estar ocupado, no era tan doloroso como permanecer quieto y esperar. Llam\u00f3 a Dashutka y entre los dos sacaron el cad\u00e1ver de Matvei. Aglaia se qued\u00f3 para fregar la cocina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando Y\u00e1kov y Dashutka volv\u00edan, la barrera del paso a nivel estaba echada. Pasaba un largo tren de mercanc\u00edas, arrastrado por dos locomotoras que respiraban pesadamente y arrojaban haces de chispas rojas. Al llegar al paso a nivel, entrando en la estaci\u00f3n, la m\u00e1quina de cabeza dej\u00f3 escapar un penetrante silbido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Silba&#8230; \u2014articul\u00f3 Dashutka.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El tren acab\u00f3 de pasar y el guardabarrera, sin prisas, dej\u00f3 el paso libre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfEres t\u00fa, Y\u00e1kov Iv\u00e1nich? \u2014pregunt\u00f3\u2014. No te hab\u00eda conocido, se\u00f1al de que voy a hacerme rico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego, cuando llegaron a casa, hab\u00eda que dormir. Aglaia y Dashutka se acostaron juntas, en un colch\u00f3n que hab\u00edan tendido en el suelo de la tienda. Y\u00e1kov se acomod\u00f3 en el mostrador. No rezaron ni encendieron la lamparilla. Ninguno de los tres pudo concilias el sue\u00f1o hasta la madrugada, pero no pronunciaron ni una sola palabra. Les pareci\u00f3 que arriba, en el piso vac\u00edo, hab\u00eda alguien que no cesaba de ir y venir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A los dos d\u00edas llegaron de la ciudad el comisario de polic\u00eda del distrito y el juez de instrucci\u00f3n, quienes empezaron por practicar un registro en la habitaci\u00f3n de Matvei y, despu\u00e9s, en toda la casa. Interrogaron en primer t\u00e9rmino a Y\u00e1kov, quien manifest\u00f3 que Matvei hab\u00eda ido el lunes, a la ca\u00edda de la tarde, a Vedeni\u00e1pino con el prop\u00f3sito de ayunar y que en el camino deb\u00edan de haberle asesinado los aserradores que trabajaban en la l\u00ednea. Cuando el juez de instrucci\u00f3n le pregunt\u00f3 por qu\u00e9 Matvei hab\u00eda aparecido en el camino y su gorro estaba en casa, cuando no pod\u00eda concebirse que hubiese ido a Vedeni\u00e1pino descubierto, y por qu\u00e9 en la nieve del camino, junto al cad\u00e1ver, no hab\u00edan encontrado ni una sola gota de sangre, siendo as\u00ed que ten\u00eda la cabeza destrozada y la cara y el pecho estaban negros de sangre, Y\u00e1kov se turb\u00f3 y contest\u00f3 confuso:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No s\u00e9 qu\u00e9 decirle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sucedi\u00f3 precisamente lo que tanto tem\u00eda Y\u00e1kov: lleg\u00f3 el gendarme, un polic\u00eda rural se puso a fumar en el oratorio y Aglaia se abalanz\u00f3 sobre \u00e9l, cubri\u00e9ndole de insultos que hizo extensivos al comisario. Y cuando luego sacaron a Y\u00e1kov y a Aglaia, en el port\u00f3n se agolpaban los mujiks comentando: \u00ab\u00a1Se llevan a los Beatos! \u00bb, y parec\u00eda que todos estaban contentos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El gendarme declar\u00f3 abiertamente que Y\u00e1kov y Aglaia hab\u00edan matado a Matvei para no repartir los bienes, que este \u00faltimo ten\u00eda tambi\u00e9n su dinero; si no aparec\u00eda, era porque Y\u00e1kov y Aglaia se hab\u00edan apropiado de \u00e9l. Tambi\u00e9n interrogaron a Dashutka. Esta dijo que el t\u00edo Matvei y la t\u00eda Aglaia disputaban a diario y llegaban casi a las manos a causa del dinero; el t\u00edo era rico, porque hasta hab\u00eda llegado al punto de regalar novecientos rublos a su querida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dashutka qued\u00f3 sola en la taberna. Nadie acud\u00eda a tomar t\u00e9 o vodka y ella se dedicaba a hacer la limpieza de las habitaciones, o bien se pasaba el tiempo comiendo miel y rosquillas. Pero a los pocos d\u00edas interrogaron al guardabarreras y \u00e9ste dijo que el lunes, ya tarde, hab\u00eda visto a Y\u00e1kov y Dashutka que ven\u00edan de Lim\u00e1rovo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dashutka fue tambi\u00e9n detenida y la condujeron a la c\u00e1rcel de la ciudad. No tard\u00f3 en saberse por Aglaia que Serguei Nikan\u00f3rich hab\u00eda presenciado el hecho; registraron su casa y encontraron dinero en un lugar muy poco apropiado, dentro de una bota de fieltro escondida debajo del horno. Y todo eran billetes peque\u00f1os; de un rublo, hab\u00eda trescientos. El aseguraba que lo hab\u00eda reunido en su cantina y que hac\u00eda m\u00e1s de un a\u00f1o que no hab\u00eda estado en la taberna. Pero los testigos declararon que era pobre y que \u00faltimamente andaba muy falto de recursos. Adem\u00e1s, iba a la taberna todos los d\u00edas tratando de obtener un pr\u00e9stamo de Matvei; el gendarme dijo que el d\u00eda de autos hab\u00eda acompa\u00f1ado dos veces al cantinero a la taberna para ayudarle a conseguir el pr\u00e9stamo. Recordaron tambi\u00e9n que el lunes por la tarde Serguei Nikan\u00f3rich no estaba presente a la llegada del mixto, sino que se hab\u00eda ausentado. Tambi\u00e9n fue detenido y conducido a la ciudad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Once meses despu\u00e9s se celebraba el juicio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y\u00e1kov Iv\u00e1nich hab\u00eda envejecido mucho, estaba flaco y hablaba con voz apagada, como un enfermo. Se sent\u00eda d\u00e9bil y miserable, por debajo de todos, y parec\u00eda como si los remordimientos y las visiones, que no le hab\u00edan abandonado en la c\u00e1rcel, hubiesen hecho envejecer y adelgazar su alma lo mismo que su cuerpo. Cuando sali\u00f3 a cuento lo de que no iba a la iglesia, el presidente le pregunt\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfEs usted cism\u00e1tico?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No lo s\u00e9 \u2014contest\u00f3 \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No ten\u00eda ya fe en nada, nada sab\u00eda ni comprend\u00eda. Sus creencias de tintes le parec\u00edan ahora repulsivas, insensatas, turbias. Aglaia no se conformaba con su suerte y segu\u00eda maldiciendo al difunto Matvei, a quien hac\u00eda culpable de todas las desdichas. A Serguei Nikan\u00f3rich, que antes luc\u00eda patillas, le hab\u00eda crecido la barba; en la sala de la audiencia sudaba y enrojec\u00eda, avergonz\u00e1ndose al parecer de su bata gris de recluso y de que le hubieran hecho sentar en el mismo banquillo de una gente ordinaria. Se justificaba torpemente y, en sus deseos de demostrar que durante el \u00faltimo a\u00f1o no hab\u00eda estado en la taberna, entraba en discusi\u00f3n con cada testigo y hac\u00eda re\u00edr al p\u00fablico. Dashutka hab\u00eda engordado durante su estancia en la c\u00e1rcel; no comprend\u00eda las preguntas que se le hac\u00edan y se limitaba a decir que se hab\u00eda asustado mucho cuando mataron al t\u00edo Matvei, pero despu\u00e9s se le pas\u00f3 todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los cuatro fueron declarados culpables de asesinato con fines de lucro. Y\u00e1kov Iv\u00e1nich fue condenado a veinte a\u00f1os de trabajos forzados; Aglaia, a trece a\u00f1os y seis meses; Serguei Nikan\u00f3rich, a diez a\u00f1os, y Dashutka, a seis. <\/p>\n<p>VII<br \/>\nA la ca\u00edda de la tarde un barco extranjero ancl\u00f3 en la bah\u00eda de Due, en la isla de Sajal\u00edn, para carbonear. Pidieron al capit\u00e1n que aguardase hasta la ma\u00f1ana siguiente, pero \u00e9l no quiso esperar ni una hora, diciendo que, si por la noche se estropeaba el tiempo, corr\u00eda el riesgo de marcharse sin carb\u00f3n. En el estrecho de Tartaria el tiempo puede cambiar bruscamente en cosa de media hora, y entonces las costas de Sajal\u00edn resultan peligrosas. Y ya refrescaba y el oleaje era bastante fuerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del penal de Voievodskaia, el m\u00e1s miserable y riguroso de todos los presidios de Sajal\u00edn, llevaron a las minas un grupo de presos. Hab\u00eda que cargar el carb\u00f3n en las barcazas; \u00e9stas eran despu\u00e9s remolcadas por una lancha de vapor hasta el barco, que se encontraba a m\u00e1s de media versta de la orilla, y all\u00ed deb\u00eda empezar el traslado de la carga: un trabajo torturador cuando la barcaza chocaba con el barco y la gente apenas pod\u00eda mantenerse en pie a causa del mareo. Los presidiarios, a quienes hab\u00edan hecho levantar de sus camastros, caminaban so\u00f1olientos por la orilla, tropezando en la oscuridad y haciendo sonar sus grilletes. A la izquierda apenas se ve\u00eda el acantilado de la orilla, extraordinariamente sombr\u00edo, y a la derecha, entre una completa oscuridad, gem\u00eda el mar, emitiendo un prolongado y mon\u00f3tono \u00aba&#8230; a&#8230; a&#8230; a&#8230;\u00bb S\u00f3lo cuando el guardi\u00e1n encend\u00eda la pipa, alumbrando unos instantes al soldado de la escolta, con su fusil, y a los dos o tres presidiarios m\u00e1s pr\u00f3ximos, de groseras facciones, o cuando se acercaba con el farol al agua, se pod\u00edan distinguir las blancas crestas de las primeras olas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre los presidiarios se encontraba Y\u00e1kov lv\u00e1nich, a quien en el penal hab\u00edan dado el apodo de \u00abEscoba\u00bb, a causa de su larga barba. Nadie le llamaba ya por su nombre y patron\u00edmico, sino utilizando el diminutivo despectivo de Yashka. Estaba mal considerado, pues a los tres meses de su llegada al penal, movido por una irresistible nostalgia, sin cesar de pensar en su patria chica, cedi\u00f3 a la tentaci\u00f3n y se escap\u00f3, pero lo capturaron en seguida, fue condenado a trabajos forzados a perpetuidad y le dieron cuarenta azotes. Los azotes se repitieron otras dos veces, al ser acusado de haber vendido su traje de presidiario, aunque en las dos ocasiones se lo hab\u00edan robado. Su nostalgia empez\u00f3 en el momento mismo en que, cuando el tren de los presidiarios lo llevaba a Odesa, se detuvo de noche en Prog\u00f3nnaia. Y\u00e1kov, con la cara pegada a la ventanilla, trat\u00f3 de ver su casa, sin que su prop\u00f3sito pudiese verse cumplido a causa de la oscuridad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No hab\u00eda nadie con quien hablar de su tierra. Su hermana Aglaia hab\u00eda sido conducida a presidio a trav\u00e9s de Siberia y no sab\u00eda d\u00f3nde se encontraba. Dashutka estaba en Sajal\u00edn, pero la hab\u00edan entregado como concubina a un colono de un lugar muy alejado. No sab\u00eda nada de ella, aunque en una ocasi\u00f3n otro colono, que hab\u00eda ido a parar al penal de Voiev\u00f3dskaia, cont\u00f3 a Y\u00e1kov que Dashutka ten\u00eda ya tres hijos. Serguei Nikan\u00f3rich prestaba los oficios de criado de un funcionario cerca de all\u00ed, en Due, pero no era nada f\u00e1cil que pudieran verse, pues el antiguo cantinero se avergonzaba de sus conocidos entre los presidiarios de baja extracci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El grupo lleg\u00f3 a la mina y se situ\u00f3 junto al embarcadero. Se dec\u00eda que no se podr\u00eda efectuar la carga porque el tiempo segu\u00eda estrope\u00e1ndose y el barco parec\u00eda dispuesto a zarpar. Se vetan tres luces. Una de ellas se mov\u00eda: era la lancha de vapor, que se hab\u00eda acercado al barco y ahora, al parecer, volv\u00eda para comunicar si habr\u00eda trabajo o no. Tiritando por el fr\u00edo del oto\u00f1o y la humedad del mar, envolvi\u00e9ndose en su corta y andrajosa pelliza, Y\u00e1kov Iv\u00e1nich miraba fijamente, sin pesta\u00f1ear, hacia el lado donde estaba su pueblo. Desde que conviv\u00eda en un mismo presidio con gentes llegadas de distintos confines &#8211; rusos, ucranianos, t\u00e1rtaros, georgianos, chinos, fineses, gitanos, jud\u00edos- y desde que hab\u00eda empezado a prestar atenci\u00f3n a sus conversaciones y hab\u00eda visto sus padecimientos, de nuevo empez\u00f3 a elevar sus plegarias a Dios, y le pareci\u00f3 que, por fin, hab\u00eda encontrado la verdadera fe, aquella que tanto ansiaba y tanto hab\u00eda buscado, sin encontrarla, todo su linaje, a partir de la abuela Avdotia. Ya lo sab\u00eda todo y comprend\u00eda d\u00f3nde est\u00e1 Dios y c\u00f3mo hab\u00eda que servirle. Lo que no comprend\u00eda era por qu\u00e9 la suerte de la gente es tan distinta, por qu\u00e9 esta fe sencilla, que Dios conced\u00eda a unos graciosamente junto con la vida, le hab\u00eda costado a \u00e9l tan cara, al precio de tantos horrores y penalidades que, a juzgar por todo, se prolongar\u00edan hasta su misma muerte. Esto le hac\u00eda temblar los brazos y las piernas como si estuviera borracho. Miraba fijamente las tinieblas y le parec\u00eda ver, a trav\u00e9s de miles de verstas de oscuridad, su tierra natal, su provincia, su distrito, Prog\u00f3nnaia. Le parec\u00eda ver la ignorancia, el salvajismo, la insensibilidad y la torpe y bestial indiferencia de la gente que \u00e9l hab\u00eda dejado all\u00ed. Las l\u00e1grimas le nublaban los ojos, pero \u00e9l segu\u00eda mirando hacia la lejan\u00eda, donde apenas se distingu\u00edan las p\u00e1lidas luces del barco, y el coraz\u00f3n se le oprim\u00eda dominado por la nostalgia. Deseaba vivir, volver a casa, hablar all\u00ed de su nueva fe, salvar de la perdici\u00f3n siquiera fuese a una persona y vivir sin sufrimientos siquiera fuese un d\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La lancha lleg\u00f3 y el guardi\u00e1n anunci\u00f3 en voz alta que no habr\u00eda carga.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Atr\u00e1s! \u2014mand\u00f3\u2014 \u00a1Firmes!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se pudo o\u00edr el ruido que se produc\u00eda en el barco al levar anclas. Soplaba ya un viento fuerte y \u00e1spero. Arriba, en la abrupta orilla, cruj\u00edan los \u00e1rboles. Parec\u00eda empezar la tempestad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento del gran Ant\u00f3n Ch\u00e9jov (1860-1904) sobre la pobreza, la violencia y el destino humano.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13338,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[1248,22,3185,2343,201,2855,467,2344],"class_list":["post-8460","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-anton-chejov","tag-cuento","tag-cuento-policiaco","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-rusos","tag-literatura","tag-realismo","tag-un-asesinato"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/Chejov-2.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2cs","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8460","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8460"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8460\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15065,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8460\/revisions\/15065"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13338"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8460"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8460"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8460"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}