{"id":8313,"date":"2011-10-11T12:25:38","date_gmt":"2011-10-11T17:25:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=8313"},"modified":"2016-10-26T10:20:54","modified_gmt":"2016-10-26T15:20:54","slug":"carlos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/carlos\/","title":{"rendered":"Carlos"},"content":{"rendered":"<p><em>Este art\u00edculo apareci\u00f3 el domingo pasado en el suplemento <\/em>D\u00eda Siete<em>, distribuido en varios peri\u00f3dicos del pa\u00eds:<\/em><\/p>\n<p>A la hora de decidir c\u00f3mo iba a firmar mi trabajo de escritor, eleg\u00ed el nombre de mi padre (Alberto) y el apellido de mi madre (Chimal). Yo ten\u00eda 16 a\u00f1os. Suena bien, pens\u00e9, y seguro <em>Chimal<\/em> es m\u00e1s reconocible, me dije tambi\u00e9n, que <em>Mart\u00ednez<\/em>, mi apellido paterno.<\/p>\n<p>Grave error. Desde las primeras veces que conoc\u00ed a otros escritores (y en especial de m\u00e1s edad), me han hecho centenares de veces la misma pregunta:<\/p>\n<p><!--more-->&#8211;\u00bfEres pariente de Carlos?<\/p>\n<p>Carlos Chimal (1954) es un escritor interesant\u00edsimo, autor de numerosos trabajos de divulgaci\u00f3n cient\u00edfica, un libro muy sabroso sobre rock (<em>Crines<\/em>) y la \u00fanica novela de futbol americano (<em>Escaramuza<\/em>) que se ha escrito en este pa\u00eds. Por otra parte, no tiene parentesco conmigo.Y tampoco somos uno, aunque cada tanto alguien llega, sonriente, con toda la apariencia de que me conoce y me aprecia, y me dice:<\/p>\n<p>&#8211;\u00a1Hola, Carlos!<\/p>\n<p>La gente me explica que el apellido es raro. Y no sirve de mucho proponer que hay Chimales (pocos, pero ah\u00ed est\u00e1n) en muchos estados del pa\u00eds y aun m\u00e1s all\u00e1. Puede ser que somos una tropa nebulosa, de origen incierto (se dice que el nombre podr\u00eda ser o n\u00e1huatl o liban\u00e9s). Tambi\u00e9n puede ser que necesite trabajar m\u00e1s en la promoci\u00f3n de mi imagen: en crear y afianzar la marca, como se dice ahora. Entretanto ocurren cosas raras: por un tiempo, en los a\u00f1os noventa, todas las invitaciones que cierta instituci\u00f3n cultural trataba de enviar a Carlos me llegaban a m\u00ed, por alguna m\u00e1gica distracci\u00f3n de quien manejara su directorio. Tambi\u00e9n s\u00e9 que, a principios del siglo, llamaron a casa de \u00e9l preguntando por m\u00ed, y que poco despu\u00e9s un diccionario de escritores mexicanos estuvo a punto de aparecer con la ficha de alguien llamado Carlos Alberto Chimal, autor de los libros de Carlos y tambi\u00e9n de los m\u00edos: era, claro, un escritor muy vers\u00e1til y prol\u00edfico. Y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n<p>Cuando estoy de \u00e1nimo alegre, todo esto da un poco de risa. Cuando llega la sombra, suelo recordar que me han confundido tambi\u00e9n con otros colegas, con actores de teatro y televisi\u00f3n y una vez, como a los seis o siete a\u00f1os, con mi madre: fue por tel\u00e9fono y fue una se\u00f1ora un poco sorda.<\/p>\n<p>Jorge Luis Borges escribi\u00f3 de lo que nos <em>afantasma<\/em>: lo que nos hace sentirnos menos reales. Puede ser el presente con sus hechos terribles, o lo que est\u00e1 en los l\u00edmites de nuestra existencia material, o las peque\u00f1as convulsiones en el interior, las que nunca se ven. Para no afantasmarme, hace a\u00f1os me tom\u00e9 una foto con Carlos en una ocasi\u00f3n en que nos hallamos por casualidad. La c\u00e1mara, digital, era de otra persona, quien borr\u00f3 la foto. A partir de entonces bromeaba diciendo que aquello era producto de una maldici\u00f3n. El mes pasado volv\u00ed a encontrarme a Carlos en una librer\u00eda, ped\u00ed que nos tomaran una foto con mi tel\u00e9fono&#8230; y perd\u00ed el tel\u00e9fono algunos d\u00edas m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Sin embargo (descubr\u00ed, todav\u00eda m\u00e1s tarde) hab\u00eda podido salvar la foto. Un respaldo se hab\u00eda quedado en la computadora. Es la imagen que ven aqu\u00ed. Yo soy el de la izquierda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/IMG_2982.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"8314\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/carlos\/img_2982\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/IMG_2982.jpg\" data-orig-size=\"2048,1536\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;2.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;iPhone 3GS&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1314306436&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;3.85&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;100&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.0666666666667&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Alberto y Carlos\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/IMG_2982-1024x768.jpg\" class=\"alignnone size-medium wp-image-8314\" title=\"Alberto y Carlos\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/IMG_2982-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/IMG_2982-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/IMG_2982-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/IMG_2982.jpg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Carlos Alberto, me tendr\u00e1s que perdonar, pero el que no existe eres t\u00fa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo apareci\u00f3 el domingo pasado en el suplemento D\u00eda Siete, distribuido en varios peri\u00f3dicos del pa\u00eds: A la hora de decidir c\u00f3mo iba a firmar mi trabajo de escritor, eleg\u00ed el nombre de mi padre (Alberto) y el apellido de mi madre (Chimal). 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