{"id":8181,"date":"2011-08-20T10:00:57","date_gmt":"2011-08-20T15:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=8181"},"modified":"2016-12-10T14:28:30","modified_gmt":"2016-12-10T20:28:30","slug":"otra-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/otra-tierra\/","title":{"rendered":"Otra Tierra"},"content":{"rendered":"<p>He aqu\u00ed, para variar, algo que no es exactamente un cuento: un fragmento de la novela <em>Hacedor de estrellas<\/em> de <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Olaf_Stapledon\">Olaf Stapledon<\/a> (1886-1950), narrador brit\u00e1nico conocido en el mundo de habla espa\u00f1ola justamente por este libro, que Jorge Luis Borges prolog\u00f3 para una edici\u00f3n venerable de 1965, publicada en Argentina por Minotauro en traducci\u00f3n de Gregorio Lemos.<br \/>\nLa historia (aunque un resumen no le hace justicia) es la de un hombre que \u201cviaja\u201d espiritualmente a otros mundos, cada vez m\u00e1s lejos en el espacio y en el tiempo, y conoce no s\u00f3lo a la totalidad de los habitantes del universo sino a la totalidad de los universos que ha habido y que llegar\u00e1 a haber. Para Borges, la virtud abrumadora de la novela era su \u201ccasi ilimitada imaginaci\u00f3n\u201d; su combinaci\u00f3n de humanismo, inter\u00e9s pol\u00edtico y arrebato m\u00edstico es de las m\u00e1s extra\u00f1as que dio la literatura del siglo XX.<br \/>\nLo que sigue es s\u00f3lo un momento del primero de los viajes del narrador, por un planeta relativamente cercano y f\u00e1cil de comprender al que el texto llama \u201cOtra Tierra\u201d y del que se contempla lo mismo la biolog\u00eda, la pol\u00edtica, la vida social y el lenguaje. Con su t\u00edtulo original: <em>Star Maker<\/em>, la novela se public\u00f3 por primera vez en 1937.<\/p>\n<div align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"8186\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/otra-tierra\/stapledon\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/08\/stapledon.jpg\" data-orig-size=\"200,262\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Olaf Stapledon\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/08\/stapledon.jpg\" class=\"alignnone size-full wp-image-8186\" title=\"Olaf Stapledon\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/08\/stapledon.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"262\" \/><\/div>\n<p><strong>OTRA TIERRA<br \/>\n(fragmento de <em>Hacedor de estrellas<\/em>)<br \/>\nOlaf Stapledon<\/strong><br \/>\n[fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb][&#8230;] Mi primera visita a la metr\u00f3polis de uno de los grandes imperios de la Otra Tierra fue una experiencia notable. Todo era a la vez raro y familiar. Hab\u00eda calles, y tiendas con escaparates y oficinas. En la cuidad vieja las calles eran estrechas y el tr\u00e1nsito de motor tan abundante que los peatones caminaban por unas aceras especiales, a la altura del primer piso de las casas.<br \/>\nLas multitudes que se mov\u00edan en estas aceras eran abigarradas, como las nuestras. Los hombres llevaban t\u00fanicas, y pantalones sorprendentemente parecidos a los pantalones europeos, aunque los elegantes los planchaban con la raya a los costados. Las mujeres, sin pechos, y de elevadas narices como los hombres, se distingu\u00edan por sus bocas m\u00e1s tubulares, y cuya funci\u00f3n biol\u00f3gica era la de proyectar alimento para el ni\u00f1o. Sus ropas eran unas vestiduras ce\u00f1idas, verdes y lustrosas, y unos calzones chillones. El efecto era para m\u00ed de una extraordinaria vulgaridad. En verano ambos sexos se paseaban por la calle con el pecho desnudo; pero siempre llevaban guantes.<br \/>\nEsta multitud, pues, a pesar de su rareza, era tan esencialmente humana como cualquier londinense. Se ocupaban en sus asuntos privados con una seguridad total, ignorando que un espectador de otro mundo los encontraba a todos igualmente grotescos, con su falta de frente, sus grandes, elevadas y temblorosas narices, sus ojos asombrosamente humanos, sus bocas picudas. All\u00ed estaban, vivos y ocupados, comprando, mirando, hablando. Las madres arrastraban de la mano a sus ni\u00f1os. Los viejos con las caras cubiertas de canas se inclinaban sobre bastones. Los muchachos miraban de reojo a las muchachas. Unas ropas mas nuevas y adornadas, unos carruajes seguros y a menudo arrogantes distingu\u00edan f\u00e1cilmente a los m\u00e1s pr\u00f3speros de los poco afortunados.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo podr\u00eda describir en pocas p\u00e1ginas un mundo proliferante y apretado, tan distinto del m\u00edo, y sin embargo tan similar? Aqu\u00ed, como en mi propio planeta, nac\u00edan continuamente ni\u00f1os. Aqu\u00ed, como all\u00ed, reclamaban alimento, y a veces compa\u00f1\u00eda. Descubr\u00edan el dolor, y el miedo, y la soledad, y el amor. Crec\u00edan, moldeados por la dura o bondadosa presi\u00f3n de sus semejantes, y eran al fin seres bien nutridos, generosos, cuerdos, o mentalmente enfermos, decepcionados, torpemente vengativos. Todos y cada uno aspiraban a la bendici\u00f3n de una verdadera comunidad, y muy pocos, mas pocos aqu\u00ed quiz\u00e1 que en mi propio mundo, alcanzaban a percibir apenas su evanescente aroma. Aullaban con la manada y cazaban con la manada. Mor\u00edan de hambre, tanto f\u00edsica como mentalmente. Se disputaban a gritos la presa y se hac\u00edan pedazos. A veces uno de ellos hac\u00eda una pausa y se preguntaba qu\u00e9 sentido ten\u00eda todo aquello; y segu\u00eda una guerra mundial, pero nadie daba una respuesta. De pronto se sent\u00edan viejos y acabados. Entonces, luego de haber vivido una existencia que era un instante imperceptible del tiempo c\u00f3smico, desaparec\u00edan.<br \/>\nEl planeta, que era esencialmente de tipo terrestre, hab\u00eda producido una raza esencialmente humana, aunque humana en otro tono, podr\u00eda decirse. Los continentes, tan poblados como los nuestros, estaban habitados por una raza de tan diversos tipos como el Homo sapiens. Todos los modos y facetas del esp\u00edritu que se manifestaron en nuestra historia hab\u00edan tenido su equivalente en la historia de los Otros Hombres. Hab\u00eda habido all\u00ed, como entre nosotros, edades oscuras y edades luminosas, fases de adelanto y retroceso, culturas predominantemente materiales, y culturas intelectuales, est\u00e9ticas o espirituales. Hab\u00eda razas \u00aborientales\u00bb y \u00aboccidentales\u00bb. Hab\u00eda imperios, rep\u00fablicas, dictaduras. Sin embargo, todo era distinto en la Tierra. Muchas de las diferencias, por supuesto, eran superficiales; pero hab\u00eda una diferencia profunda, fundamental que tard\u00e9 mucho tiempo en entender y no describir\u00e9 a\u00fan.<br \/>\nDebo empezar por referirme a la organizaci\u00f3n biol\u00f3gica de los Otros Hombres. Su naturaleza animal era en el fondo muy similar a la nuestra. Reaccionaban con ira, miedo, odio, ternura, curiosidad, de un modo semejante al nuestro. Los \u00f3rganos de los sentidos no eran tampoco en ellos muy distintos, excepto la vista, pues parec\u00edan menos sensibles al color y mas a la forma que nosotros. Los colores violentos de la Otra Tierra se me revelaban a trav\u00e9s de los ojos de los nativos como muy amortiguados. Tampoco ten\u00edan o\u00eddos muy perfectos. Aunque sus \u00f3rganos auditivos eran tan sensibles como los nuestros a los sonidos d\u00e9biles, no discriminaban muy bien. La m\u00fasica, tal como la conocemos nosotros, nunca se desarroll\u00f3 en ese mundo.<br \/>\nEn compensaci\u00f3n, el olfato y el gusto se hab\u00edan desarrollado de un modo asombroso. Estas criaturas gustaban las cosas no solo con la boca, sino tambi\u00e9n con las h\u00famedas manos negras y con los pies. Ten\u00edan as\u00ed una experiencia del planeta extraordinariamente rica e \u00edntima. El gusto de los metales y las maderas, de las tierras dulces o amargas, de las piedras, los innumerables sabores suaves o fuertes de las plantas que aplastaban los pies desnudos formaban en su totalidad un mundo desconocido para el hombre terrestre.<br \/>\nLos genitales estaban tambi\u00e9n equipados con \u00f3rganos del gusto. Hab\u00eda distintas sustancias qu\u00edmicas en hombres y mujeres, todas poderosamente atractivas para el sexo opuesto. Eran saboreadas d\u00e9bilmente con el contacto de los pies o las manos en cualquier parte del cuerpo, y con exquisita intensidad en la copulaci\u00f3n.<br \/>\nEsta sorprendente riqueza de la experiencia gustativa me hizo muy dif\u00edcil entrar totalmente en los pensamientos de los Otros Hombres. El gusto desempe\u00f1aba una parte tan importante en sus im\u00e1genes y conceptos como la vista entre nosotros. Muchas ideas que los terrestres hab\u00edan alcanzado gracias a la vista, y que a\u00fan en su forma m\u00e1s abstracta conservan huellas de su origen visual, eran concebidas por los Otros Hombres en t\u00e9rminos de gusto. Por ejemplo, nuestro \u00abbrillante\u00bb, que aplicamos a personas o ideas, era para ellos una palabra con el significado literal de \u00absabroso\u00bb. En vez de \u00abl\u00facido\u00bb ellos usaban un t\u00e9rmino que hab\u00edan empleado los cazadores de las \u00e9pocas primitivas para designar un rastro que se pod\u00eda seguir f\u00e1cilmente con el gusto. Tener una \u00abiluminaci\u00f3n religiosa\u00bb era \u00absaborear los prados del cielo\u00bb. Expresaban tambi\u00e9n muchos de nuestros conceptos sin origen visual con palabras que se refer\u00edan al gusto. \u00abComplejidad\u00bb era \u00abmuy condimentado\u00bb, una palabra aplicada originalmente a la confusi\u00f3n de los gustos en un estanque frecuentado por muchas bestias. \u00abIncompatibilidad\u00bb se derivaba de una palabra que designaba la antipat\u00eda que sent\u00edan mutuamente ciertos individuos a causa de sus sabores.<br \/>\nLas diferencias de raza que en nuestro mundo se definen principalmente por la apariencia corporal, eran para los Otros Hombres casi enteramente diferencias de sabor y olor. Y como las razas de los Otros Hombres estaban mucho menos separadas que nuestras propias razas, la lucha entre grupos que se repugnaban mutuamente a causa de sus sabores tenia gran importancia en esa historia. Cada raza tend\u00eda a creer que su propio sabor caracterizaba las m\u00e1s finas cualidades mentales, y que era en verdad un signo cierto de valor espiritual. En \u00e9pocas anteriores las diferencias olfativas y gustativas hab\u00edan distinguido sin duda a razas diferentes; pero en los tiempos modernos, y en las tierras m\u00e1s desarrolladas, hubo grandes cambios. No solo desapareci\u00f3 toda la localizaci\u00f3n precisa de las razas; la civilizaci\u00f3n industrial provoc\u00f3 adem\u00e1s gran cantidad de cambios gen\u00e9ticos que quitaron todo sentido a las viejas distinciones raciales. Los antiguos gustos, sin embargo, aunque carec\u00edan ahora de significado racial (y en verdad, miembros de una misma familia pod\u00edan tener sabores mutuamente repugnantes) produc\u00edan aun las tradicionales reacciones. En cada pa\u00eds hab\u00eda un sabor particular que era considerado el signo distintivo de la raza nacional, y se sospechaba de todos los otros sabores, o se los condenaba directamente.<br \/>\nEn el pa\u00eds que yo llegu\u00e9 a conocer mejor el sabor racial ortodoxo era un cierto gusto salado inconcebible para el hombre. Mis hu\u00e9spedes se consideraban a s\u00ed mismos como la verdadera sal de la tierra. Pero en realidad el campesino que yo \u00abhabit\u00e9\u00bb en un principio era el \u00fanico hombre salado genuino y puro de la variedad ortodoxa que yo conoc\u00eda. La gran mayor\u00eda de los ciudadanos del pa\u00eds alcanzaban el gusto y el olor correctos solo gracias a medios artificiales. Aquellos que eran aproximadamente salados, o de una variedad salada, aunque no alcanzaban el ideal, se pasaban la vida expresando su desprecio por sus vecinos agrios, dulces, o amargos. Desgraciadamente, aunque el gusto de los miembros pod\u00eda disfrazarse con facilidad, no se hab\u00eda encontrado un medio eficaz para cambiar el sabor de la copulaci\u00f3n. En consecuencia, las parejas de reci\u00e9n casados sol\u00edan hacer los m\u00e1s terribles descubrimientos en la noche de bodas. Como en la gran mayor\u00eda de las uniones ninguno de los miembros ten\u00eda el sabor ortodoxo, los dos se esforzaban por demostrar al mundo que todo estaba bien. Pero muy a menudo hab\u00eda realmente una nauseabunda incompatibilidad entre los dos tipos gustativos. Las neurosis alimentadas en estas secretas tragedias matrimoniales devoraban a toda la poblaci\u00f3n. De cuando en cuando, si uno de los miembros ten\u00eda un sabor ortodoxo aproximado, este genuino ejemplar salado denunciaba indignadamente al impostor. Las cortes, los boletines de noticias, y el p\u00fablico se un\u00edan en protestas de rectitud.<br \/>\nAlgunos sabores \u00abraciales\u00bb eran demasiado fuertes para que se los pudiese ocultar. Uno en particular, una especie de dulzura amarga, expon\u00eda al sujeto a extravagantes persecuciones, salvo en los pa\u00edses m\u00e1s tolerantes. En otros tiempos la raza dulce-amarga hab\u00eda ganado fama de astuta y ego\u00edsta, y hab\u00eda sido masacrada peri\u00f3dicamente por sus vecinos menos inteligentes. Pero en el fermento biol\u00f3gico de los tiempos modernos el sabor dulce-amargo pod\u00eda asomar en cualquier familia. \u00a1Ay entonces del desgraciado ni\u00f1o y todos sus parientes! La persecuci\u00f3n era inevitable, a no ser que la familia fuese bastante pudiente como para comprar al estado \u00abun salario honorario\u201d (o en el pa\u00eds vecino \u00abun dulce honorario\u00bb) que borrara el estigma. 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