{"id":8042,"date":"2011-06-20T14:59:13","date_gmt":"2011-06-20T19:59:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=8042"},"modified":"2016-12-10T14:31:29","modified_gmt":"2016-12-10T20:31:29","slug":"el-jorobadito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-jorobadito\/","title":{"rendered":"El jorobadito"},"content":{"rendered":"<p>Este cuento no es precisamente una rareza, ni ser\u00e1 \u00e9ste el primer lugar en internet donde pueda encontr\u00e1rsele. Pero no importa: alguien lo leer\u00e1 aqu\u00ed por primera vez y se impresionar\u00e1 con la prosa de <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Roberto_Arlt\">Roberto Arlt<\/a> (1900-1942), el escritor argentino que escribi\u00f3 tambi\u00e9n, entre <a href=\"http:\/\/letras-uruguay.espaciolatino.com\/aaa\/arlt\/bio.htm\">muchas otras<\/a>, las novelas <em>Los siete locos<\/em> y <em>El juguete rabioso<\/em>, y que ha sido admirado por numerosos autores posteriores que llegan hasta Ricardo Piglia o Roberto Bola\u00f1o.<br \/>\nEs un lugar com\u00fan hablar de la \u00abmirada descarnada\u00bb de tal o cual autor: de la forma en la que (se quiere decir) sus textos tratan la condici\u00f3n humana tal como es, sin enga\u00f1ar ni enga\u00f1arse sobre nuestras debilidades y flaquezas. La forma en que la \u00abmirada\u00bb de Arlt se vuelve \u00abdescarnada\u00bb es muy especial, y a\u00fan m\u00e1s en este cuento, que apareci\u00f3 en 1933 en el libro del mismo t\u00edtulo.<\/p>\n<div align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"8043\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-jorobadito\/arltcascioli\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/arltcascioli.jpg\" data-orig-size=\"300,400\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Picasa 3.0&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Roberto Arlt. 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Y \u00e9sta es la hora en que a\u00fan me pregunto (considerando los rigores de la justicia) si Rigoletto no estaba llamado a ser un capit\u00e1n de hombres, un genio o un fil\u00e1ntropo. De otra forma no se explican las crueldades de la ley para vengar los fueros de un insigne piojoso, al cual, para pagarle de su insolencia, resultaran insuficientes todos los puntapi\u00e9s que pudieran suministrarle en el trasero una brigada de personas bien nacidas.<br \/>\nNo se me oculta que sucesos peores ocurren sobre el planeta, pero \u00e9sta no es una raz\u00f3n para que yo deje de mirar con angustia las leprosas paredes del calabozo donde estoy alojado a espera de un destino peor.<br \/>\nPero estaba escrito que de un deforme deb\u00edan provenirme tantas dificultades. Recuerdo (y esto a v\u00eda de informaci\u00f3n para los aficionados a la teosof\u00eda y la metaf\u00edsica) que desde mi tierna infancia me llamaron la atenci\u00f3n los contrahechos. Los odiaba al tiempo que me atra\u00edan, como detesto y me llama la profundidad abierta bajo la balconada de un noveno piso, a cuyo barandal me he aproximado m\u00e1s de una vez con el coraz\u00f3n temblando de cautela y delicioso pavor. Y as\u00ed como frente al vac\u00edo no puedo sustraerme al terror de imaginarme cayendo en el aire con el est\u00f3mago contra\u00eddo en la asfixia del desmoronamiento, en presencia de un deforme no puedo escapar al nauseoso pensamiento de imaginarme corcoveado, grotesco, espantoso, abandonado de todos, hospedado en una perrera, perseguido por tra\u00edllas de chicos feroces que me clavar\u00edan agujas en la giba&#8230; Es terrible&#8230;, sin contar que todos los contrahechos son seres perversos, endemoniados, protervos&#8230;, de manera que al estrangularlo a Rigoletto me creo con derecho a afirmar que le hice un inmenso favor a la sociedad, pues he librado a todos los corazones sensibles como el m\u00edo de un espect\u00e1culo pavoroso y repugnante. Sin a\u00f1adir que el jorobadito era un hombre cruel. Tan cruel que yo me ve\u00eda obligado a decirle todos los d\u00edas:<br \/>\n\u2014Mir\u00e1, Rigoletto, no seas perverso. Prefiero cualquier cosa a verte peg\u00e1ndole con un l\u00e1tigo a una inocente cerda. \u00bfQu\u00e9 te ha hecho la marrana? Nada. \u00bfNo es cierto que no te ha hecho nada?&#8230;<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 se le importa?<br \/>\n\u2014No te ha hecho nada, y vos contumaz, obstinado, cruel, desfogas tus furores en la pobre bestia&#8230;<br \/>\n\u2014Como me embrome mucho la voy a rociar de petr\u00f3leo a la chancha y luego le prendo fuego.<br \/>\nDespu\u00e9s de pronunciar estas palabras, el jorobadito descargaba latigazos en el crinudo lomo de la bestia, rechinando los dientes como un demonio de teatro. Y yo le dec\u00eda:<br \/>\n\u2014Te voy a retorcer el pescuezo, Rigoletto. Escuch\u00e1 mis paternales advertencias, Rigoletto. Te conviene&#8230;<br \/>\nPredicar en el desierto hubiera sido m\u00e1s eficaz. Se regocijaba en contravenir mis \u00f3rdenes y en poner en todo momento en evidencia su temperamento sard\u00f3nico y feroz. In\u00fatil era que prometiera zurrarle la badana o hacerle salir la joroba por el pecho de un mal golpe. \u00c9l continuaba observando una conducta impura. Volviendo a mi actual situaci\u00f3n dir\u00e9 que si hay algo que me reprocho, es haber reca\u00eddo en la ingenuidad de conversar semejantes minucias a los periodistas. Cre\u00eda que las interpretar\u00edan, m\u00e1s heme aqu\u00ed ahora abocado a mi reputaci\u00f3n menoscabada, pues esa gentuza lo que menos ha escrito es que soy un demente, afirmando con toda seriedad que bajo la trabaz\u00f3n de mis actos se descubren las caracter\u00edsticas de un c\u00ednico perverso.<br \/>\nCiertamente, que mi actitud en la casa de la se\u00f1ora X, en compa\u00f1\u00eda del jorobadito, no ha sido la de un miembro inscripto en el almanaque de Gotha. No. Al menos no podr\u00eda afirmarlo bajo mi palabra de honor.<br \/>\nPero de este extremo al otro, en el que me colocan mis irreductibles enemigos, media una igual distancia de mentira e incomprensi\u00f3n. Mis detractores aseguran que soy un canalla monstruoso, basando esta afirmaci\u00f3n en mi jovialidad al comentar ciertos actos en los que he intervenido, como si la jovialidad no fuera precisamente la prueba de cu\u00e1n excelentes son las condiciones de mi car\u00e1cter y qu\u00e9 comprensivo y tierno al fin y al cabo.<br \/>\nPor otra parte, si hubiera que tamizar mis actos, ese tamiz a emplearse deber\u00eda llamarse Sufrimiento. Soy un hombre que ha padecido mucho. No negar\u00e9 que dichos padecimientos han encontrado su origen en mi exceso de sensibilidad, tan agudizada que cuando me encontraba frente a alguien he cre\u00eddo percibir hasta el matiz del color que ten\u00edan sus pensamientos, y lo m\u00e1s grave es que no me he equivocado nunca. Por el alma del hombre he visto pasar el rojo del odio y el verde del amor, como a trav\u00e9s de la cresta de una nube los rayos de luna m\u00e1s o menos empalidecidos por el espesor distinto de la masa acuosa. Y personas hubo que me han dicho:<br \/>\n\u2014\u00bfRecuerda cuando usted, hace tres a\u00f1os, me dijo que yo pensaba en tal cosa? No se equivocaba.<br \/>\nHe caminado as\u00ed, entre hombres y mujeres, percibiendo los furores que encrespaban sus instintos y los deseos que envaraban sus intenciones, sorprendiendo siempre en las laterales luces de la pupila, en el temblor de los v\u00e9rtices de los labios y en el erizamiento casi invisible de la piel de los p\u00e1rpados, lo que anhelaban, reten\u00edan o sufr\u00edan. Y jam\u00e1s estuve m\u00e1s solo que entonces, que cuando ellos y ellas eran transparentes para m\u00ed. De este modo, involuntariamente, fui descubriendo todo el sedimento de bajeza humana que encubren los actos aparentemente m\u00e1s leves, y hombres que eran buenos y perfectos para sus pr\u00f3jimos, fueron, para m\u00ed, lo que Cristo llam\u00f3 sepulcros encalados. Lentamente se agri\u00f3 mi natural bondad convirti\u00e9ndome en un sujeto taciturno e ir\u00f3nico. Pero me voy apartando, precisamente, de aquello a lo cual quiero aproximarme y es la relaci\u00f3n del origen de mis desgracias. Mis dificultades nacen de haber conducido a la casa de la se\u00f1ora X al infame corcovado.<br \/>\nEn la casa de la se\u00f1ora X yo \u00abhac\u00eda el novio\u00bb de una de las ni\u00f1as. Es curioso. Fui atra\u00eddo, insensiblemente, a la intimidad de esa familia por una h\u00e1bil conducta de la se\u00f1ora X, que procedi\u00f3 con un determinado exquisito tacto y que consiste en negarnos un vaso de agua para poner a nuestro alcance, y como quien no quiere, un frasco de alcohol. Imag\u00ednense ustedes lo que ocurrir\u00eda con un sediento. Oponi\u00e9ndose en palabras a mis deseos. Incluso, hay testigos. Digo esto para descargo de mi conciencia. M\u00e1s a\u00fan, en circunstancias en que nuestras relaciones hac\u00edan prever una ruptura, yo anticip\u00e9 seguridades que escandalizaron a los amigos de la casa. Y es curioso. Hay muchas madres que adoptan este temperamento, en la relaci\u00f3n que sus hijas tienen con los novios, de manera que el incauto \u2014si en un incauto puede admitirse un minuto de lucidez\u2014 observa con terror que ha llevado las cosas mucho m\u00e1s lejos de lo que permit\u00eda la conveniencia social.<br \/>\nY ahora volvamos al jorobadito para deslindar responsabilidades. La primera vez que se present\u00f3 a visitarme en mi casa, lo hizo en casi completo estado de ebriedad, falt\u00e1ndole el respeto a una vieja criada que sali\u00f3 a recibirlo y gritando a voz en cuello de manera que hasta los viandantes que pasaban por la calle pod\u00edan escucharle:<br \/>\n\u2014\u00bfY d\u00f3nde est\u00e1 la banda de m\u00fasica con que deb\u00edan festejar mi hermosa presencia? Y los esclavos que tienen que ungirme de aceite, \u00bfd\u00f3nde se han metido? En lugar de recibirme jovencitos con orinales, me atiende una vieja desdentada y hedionda. \u00bfY \u00e9sta es la casa en la cual usted vive?<br \/>\nY observando las puertas reci\u00e9n pintadas, exclam\u00f3 enf\u00e1ticamente:<br \/>\n\u2014\u00a1Pero esto no parece una casa de familia sino una ferreter\u00eda! Es simplemente asqueroso. \u00bfC\u00f3mo no han tenido la precauci\u00f3n de perfumar la casa con esencia de nardo, sabiendo que iba a venir? \u00bfNo se dan cuenta de la pestilencia de aguarr\u00e1s que hay aqu\u00ed?<br \/>\n\u00bfReparan ustedes en la catadura del insolente que se hab\u00eda posesionado de mi vida?<br \/>\nLo cual es grave, se\u00f1ores, muy grave.<br \/>\nEstudiando el asunto recuerdo que conoc\u00ed al contrahecho en un caf\u00e9; lo recuerdo perfectamente. Estaba yo sentado frente a una mesa, meditando, con la nariz metida en mi taza de caf\u00e9, cuando, al levantar la vista distingu\u00ed a un jorobadito que con los pies a dos cuartas del suelo y en mangas de camisa, observ\u00e1bame con toda atenci\u00f3n, sentado del modo m\u00e1s indecoroso del mundo, pues hab\u00eda puesto la silla al rev\u00e9s y apoyaba sus brazos en el respaldo de \u00e9sta. Como hac\u00eda calor se hab\u00eda quitado el saco, y as\u00ed descaradamente en cuerpo de camisa, giraba sus renegridos ojos saltones sobre los jugadores de billar. Era tan bajo que apenas si sus hombros se pon\u00edan a nivel con la tabla de la mesa. Y, como les contaba, alternaba la operaci\u00f3n de contemplar la concurrencia, con la no menos importante de examinar su reloj pulsera, cual si la hora que \u00e9ste marcara le importara mucho m\u00e1s que la se\u00f1alada en el gigantesco reloj colgado de un muro del establecimiento.<br \/>\nPero, lo que causaba en \u00e9l un efecto extra\u00f1o, adem\u00e1s de la consabida corcova, era la cabeza cuadrada y la cara larga y redonda, de modo que por el cr\u00e1neo parec\u00eda un mulo y por el semblante un caballo.<br \/>\nMe qued\u00e9 un instante contemplando al jorobadito con la curiosidad de quien mira un sapo que ha brotado frente a \u00e9l; y \u00e9ste, sin ofenderse, me dijo:<br \/>\n\u2014Caballero, \u00bfser\u00e1 tan amable usted que me permita sus f\u00f3sforos?<br \/>\nSonriendo, le alcanc\u00e9 mi caja; el contrahecho encendi\u00f3 su cigarro medio consumido y despu\u00e9s de observarme largamente, dijo:<br \/>\n\u2014\u00a1Qu\u00e9 buen mozo es usted! Seguramente que no deben faltarle novias.<br \/>\nLa lisonja halaga siempre aunque salga de la boca de un jorobado, y muy amablemente le contest\u00e9 que s\u00ed, que ten\u00eda una muy hermosa novia, aunque no estaba muy seguro de ser querido por ella, a lo cual el desconocido, a quien bautic\u00e9 en mi fuero interno con el nombre de Rigoletto, me contest\u00f3 despu\u00e9s de escuchar con sentenciosa atenci\u00f3n mis palabras:<br \/>\n\u2014No s\u00e9 por qu\u00e9 se me ocurre que usted es de la estofa con que se fabrican excelentes cornudos.<br \/>\nY antes que tuviera tiempo de sobreponerme a la estupefacci\u00f3n que me produjo su extraordinaria insolencia, el cacaseno continu\u00f3:<br \/>\n\u2014Pues yo nunca he tenido novia, cr\u00e9alo, caballero&#8230; le digo la verdad&#8230;<br \/>\n\u2014No lo dudo\u2014 repliqu\u00e9 sonriendo ofensivamente\u2014, no lo dudo&#8230;<br \/>\n\u2014De lo que me alegro, caballero, porque no me agradar\u00eda tener un incidente con usted&#8230;<br \/>\nMientras \u00e9l hablaba yo vacilaba si levantarme y darle un puntapi\u00e9 en la cabeza o tirarle a la cara el contenido de mi pocillo de caf\u00e9, pero recapacit\u00e1ndolo me dije que de promoverse un altercado all\u00ed, el que llevar\u00eda todas las de perder era yo, y cuando me dispon\u00eda a marcharme contra mi voluntad porque aquel sapo humano me atra\u00eda con la inmensidad de su desparpajo, \u00e9l, obsequi\u00e1ndome con la m\u00e1s graciosa sonrisa de su repertorio que dejaba al descubierto su amarilla dentadura de jumento, dijo:<br \/>\n\u2014Este reloj pulsera me cuesta veinticinco pesos&#8230;; esta corbata es inarrugable y me cuesta ocho pesos&#8230;; \u00bfve estos botines?, treinta y dos pesos, caballero. \u00bfPuede alguien decir que soy un pelafust\u00e1n? \u00a1No, se\u00f1or! \u00bfNo es cierto?<br \/>\n\u2014\u00a1Claro que s\u00ed!<br \/>\nGui\u00f1\u00f3 arduamente los ojos durante un minuto, luego moviendo la cabeza como un osezno alegre, prosigui\u00f3 interrogador y afirmativo simult\u00e1neamente:<br \/>\n\u2014Qu\u00e9 agradable es poder confesar sus intimidades en p\u00fablico, \u00bfno le parece, caballero? \u00bfHay muchos en mi lugar que pueden sentarse impunemente a la mesa de un caf\u00e9 y entablar una amable conversaci\u00f3n con un desconocido como lo hago yo? No. Y, \u00bfpor qu\u00e9 no hay muchos, puede contestarme?<br \/>\n\u2014No s\u00e9&#8230;<br \/>\n\u2014Porque mi semblante respira la santa honradez.<br \/>\nSatisfech\u00edsimo de su conclusi\u00f3n, el bufoncillo se restreg\u00f3 las manos con sat\u00e1nico donaire, y echando complacidas miradas en redor prosigui\u00f3:<br \/>\n\u2014Soy m\u00e1s bueno que el pan franc\u00e9s y m\u00e1s arbitrario que una pre\u00f1ada de cinco meses. Basta mirarme para comprender de inmediato que soy uno de aquellos hombres que aparecen de tanto en tanto sobre el planeta como un consuelo que Dios ofrece a los hombres en pago de sus penurias, y aunque no creo en la sant\u00edsima Virgen, la bondad fluye de mis palabras como la piel del Himeto.<br \/>\nMientras yo desencajaba los ojos asombrados, Rigoletto continu\u00f3:<br \/>\n\u2014Yo podr\u00eda ser abogado ahora, pero como no he estudiado no lo soy. En mi familia fui profesional del bet\u00fan.<br \/>\n\u2014\u00bfDel bet\u00fan?<br \/>\n\u2014S\u00ed, lustrador de botas&#8230;, lo cual me honra, porque yo solo he escalado la posici\u00f3n que ocupo. \u00bfO le molesta que haya sido profesional? \u00bfAcaso no se dice \u00abt\u00e9cnico de calzado\u00bb el \u00faltimo remend\u00f3n de portal, y \u00abexperto en cabellos y sus derivados\u00bb el rapabarbas, y profesor de baile el cafishio profesional?&#8230;<br \/>\nIndudablemente, era aqu\u00e9l el pillete m\u00e1s divertido que hab\u00eda encontrado en mi vida.<br \/>\n\u2014\u00bfY ahora qu\u00e9 hace usted?<br \/>\n\u2014Levanto quinielas entre mis favorecedores, se\u00f1or. No dudo que usted ser\u00e1 mi cliente. Pida informes&#8230;<br \/>\n\u2014No hace falta&#8230;<br \/>\n\u2014\u00bfQuiere fumar usted, caballero?<br \/>\n\u2014\u00a1C\u00f3mo no!<br \/>\nDespu\u00e9s que encend\u00ed el cigarro que \u00e9l me hubo ofrecido, Rigoletto apoy\u00f3 el corto brazo en mi mesa y dijo:<br \/>\n\u2014Yo soy enemigo de contraer amistades nuevas porque la gente generalmente carece de tacto y educaci\u00f3n, pero usted me convence&#8230;. me parece una persona muy de bien y quiero ser su amigo \u2014dicho lo cual, y ustedes no lo creer\u00e1n, el corcovado abandon\u00f3 su silla y se instal\u00f3 en mi mesa.<br \/>\nAhora no dudar\u00e1n ustedes de que Rigoletto era el ente m\u00e1s descarado de su especie, y ello me divirti\u00f3 a punto tal que no pude menos de pasar el brazo por encima de la mesa y darle dos palmadas amistosas en la giba. Quedose el contrahecho mir\u00e1ndome gravemente un instante; luego lo pens\u00f3 mejor, y sonriendo, agreg\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00a1Que le aproveche, caballero, porque a m\u00ed no me ha dado ninguna suerte!<br \/>\nSiempre dud\u00e9 que mi novia me quisiera con la misma fuerza de enamoramiento que a m\u00ed me hac\u00eda pensar en ella durante todo el d\u00eda, como en una imagen sobrenatural. Por momentos la sent\u00eda implantada en mi existencia semejante a un pe\u00f1asco en el centro de un r\u00edo. Y esta sensaci\u00f3n de ser la corriente dividida en dos ondas cada d\u00eda m\u00e1s peque\u00f1as por el crecimiento del pe\u00f1asco, resum\u00eda mi deleite de enamoramiento y anulaci\u00f3n. \u00bfComprenden ustedes? La vida que corre en nosotros se corta en dos raudales al llegar a su imagen, y como la corriente no puede destruir la roca, terminamos anhelando el pe\u00f1asco que aja nuestro movimiento y permanece inmutable.<br \/>\nNaturalmente, ella desde el primer d\u00eda que nos tratamos, me hizo experimentar con su frialdad sonriente el peso de su autoridad. Sin poder concretar en qu\u00e9 consist\u00eda el dominio que ejerc\u00eda sobre m\u00ed, \u00e9ste se traduc\u00eda como la presi\u00f3n de una atm\u00f3sfera sobre mi pasi\u00f3n. Frente a ella me sent\u00eda rid\u00edculo, inferior sin saber precisar en qu\u00e9 pod\u00eda consistir cualquiera de ambas cosas. De m\u00e1s est\u00e1 decir que nunca me atrev\u00ed a besarla, porque se me ocurr\u00eda que ella pod\u00eda considerar un ultraje mi caricia. Eso s\u00ed, me era m\u00e1s f\u00e1cil imagin\u00e1rmela entregada a las caricias de otro, aunque ahora se me ocurre que esa imaginaci\u00f3n pervertida era la consecuencia de mi conducta imb\u00e9cil para con ella. En tanto, mediante esas curiosas transmutaciones que obra a veces la alquimia de las pasiones, comenc\u00e9 a odiarla rabiosamente a la madre, responsabiliz\u00e1ndola tambi\u00e9n, ignoro por qu\u00e9, de aquella situaci\u00f3n absurda en que me encontraba. Si yo estaba de novio en aquella casa deb\u00edase a las arterias de la maldita vieja, y lleg\u00f3 a producirse en poco tiempo una de las situaciones m\u00e1s raras de que haya o\u00eddo hablar, pues me reten\u00eda en la casa, junto a mi novia, no el amor a ella, sino el odio al alma taciturna y violenta que envasaba la madre silenciosa, pesando a todas horas cu\u00e1ntas probabilidades exist\u00edan en el presente de que me casara o no con su hija. Ahora estaba aferrado al semblante de la madre como a una mala injuria inolvidable o a una humillaci\u00f3n atroz. Me olvidaba de la muchacha que estaba a mi lado para entretenerme en estudiar el rostro de la anciana, abotagado por el relajamiento de la red muscular, terroso, inm\u00f3vil por momentos como si estuviera tallado en plata sucia, y con ojos negros, vivos e insolentes.<br \/>\nLas mejillas estaban surcadas por gruesas arrugas amarillas, y cuando aquel rostro estaba inm\u00f3vil y grave, con los ojos desviados de los m\u00edos, por ejemplo, detenidos en el plaf\u00f3n de la sala, emanaba de esa figura envuelta en ropas negras tal implacable voluntad, que el tono de la voz, en\u00e9rgico y recio, lo que hac\u00eda era s\u00f3lo afirmarla.<br \/>\nYo tuve la sensaci\u00f3n, en un momento dado, que esa mujer me aborrec\u00eda, porque la intimidad, a la cual ella \u00abinvoluntariamente\u00bb me hab\u00eda arrastrado, no aseguraba en su interior las ilusiones que un d\u00eda se hab\u00eda hecho respecto a m\u00ed. Y a medida que el odio crec\u00eda, y lanzaba en su interior furiosas voces, la se\u00f1ora X era m\u00e1s amable conmigo, se interesaba por mi salud, siempre precaria, ten\u00eda conmigo esas atenciones que las mujeres que han sido un poco sensuales gastan con sus hijos varones, y como una monstruosa ara\u00f1a iba tejiendo en redor de mi responsabilidad una fina tela de obligaciones. S\u00f3lo sus ojos negros e insolentes me espiaban de continuo, revis\u00e1ndome el alma y sopesando mis intenciones. A veces, cuando la incertidumbre se le hac\u00eda insoportable, estallaba casi en estas indirectas:<br \/>\n\u2014Las amigas no hacen sino preguntarme cu\u00e1ndo se casan ustedes, y yo \u00bfqu\u00e9 les voy a contestar? Que pronto.\u2014O si no:\u2014 Ser\u00eda conveniente, no le parece a usted, que la \u00abnena\u00bb fuera preparando su ajuar.<br \/>\nCuando la se\u00f1ora X pronunciaba estas palabras, me miraba fijamente para descubrir si en un parpadeo o en un involuntario temblor de un nervio facial se revelaba mi intenci\u00f3n de no cumplir con el compromiso, al cual ella me hab\u00eda arrastrado con su conducta habil\u00edsima. Aunque ten\u00eda la seguridad de que le dar\u00eda una sorpresa desagradable, fing\u00eda estar segura de mi \u00abdecencia de caballero\u00bb, mas el esfuerzo que ten\u00eda que efectuar para revestirse de esa apariencia de tranquilidad, pon\u00eda en el timbre de su voz una violencia meliflua, violencia que imprim\u00eda a las palabras una velocidad de cuchicheo, como quien os conf\u00eda apuradamente un secreto, acompa\u00f1ando la voz con una inclinaci\u00f3n de cabeza sobre el hombro derecho, mientras que la lengua humedec\u00eda los labios resecos por ese instinto animal que la impulsaba a desear matarme o hacerme v\u00edctima de una venganza atroz.<br \/>\nAdem\u00e1s de voluntariosa, carec\u00eda de escr\u00fapulos, pues fing\u00eda articular con mis ideas, que le eran odiosas en el m\u00e1s amplio sentido de la palabra. Y aunque aparentemente resulte rid\u00edculo que dos personas se odien en la divergencia de un pensamiento, no lo es, porque en el subconsciente de cada hombre y de cada mujer donde se almacena el rencor, cuando no es posible otro escape, el odio se descarga como por una v\u00e1lvula ps\u00edquica en la oposici\u00f3n de las ideas. Por ejemplo, ella, que odiaba a los bolcheviques, me escuchaba deferentemente cuando yo hablaba de las rencillas de Trotsky y Stalin, y hasta lleg\u00f3 al extremo de fingir interesarse por Lenin, ella, ella que se entusiasmaba ardientemente con los m\u00e1s groseros figurones de nuestra pol\u00edtica conservadora. Acomodaticia y flexible, su aprobaci\u00f3n a mis ideas era una injuria, me sent\u00eda empeque\u00f1ecido y denigrado frente a una mujer que si yo hubiera afirmado que el d\u00eda era noche, me contestara:<br \/>\n\u2014Efectivamente, no me fij\u00e9 que el sol hace rato que se ha puesto.<br \/>\nSintetizando, ella deseaba que me casara de una vez. Luego se encargar\u00eda de darme con las puertas en las narices y de resarcirse de todas las dudas en que la hab\u00eda mantenido sumergida mi noviazgo eterno.<br \/>\nEn tanto la malla de la red se iba ajustando cada vez m\u00e1s a mi organismo. Me sent\u00eda amarrado por invisibles cordeles. D\u00eda tras d\u00eda la se\u00f1ora X agregaba un nudo m\u00e1s a su tejido, y mi tristeza crec\u00eda como si ante mis ojos estuvieran serruchando las tablas del ata\u00fad que me iban a sumergir en la nada. Sab\u00eda que en la casa, lo poco bueno que persist\u00eda en m\u00ed iba a naufragar si yo aceptaba la situaci\u00f3n que tra\u00eda aparejada el compromiso. Ellas, la madre y la hija, me atra\u00edan a sus preocupaciones mezquinas, a su vida s\u00f3rdida, sin ideales, una existencia gris, la verdadera noria de nuestro lenguaje popular, en el que la personalidad a medida que pasan los d\u00edas se va desintegrando bajo el peso de las obligaciones econ\u00f3micas, que tienen la virtud de convertirlo a un hombre en uno de esos aut\u00f3matas con cuello postizo, a quienes la mujer y la suegra retan a cada instante porque no trajo m\u00e1s dinero o no lleg\u00f3 a la hora establecida. Hace mucho tiempo que he comprendido que no he nacido para semejante esclavitud. Admito que es m\u00e1s probable que mi destino me lleve a dormir junto a los rieles de un ferrocarril, en medio del campo verde, que a acarretillar un cochecito con toldo de hule, donde duerme un mu\u00f1eco que al decir de la gente \u00abdebe enorgullecerme de ser padre\u00bb.<br \/>\nYo no he podido concebir jam\u00e1s ese orgullo, y s\u00ed experimento un sentimiento de verguenza y de l\u00e1stima cuando un buen se\u00f1or se entusiasma frente a m\u00ed con el pretexto de que su esposa lo ha hecho \u00abpadre de familia\u00bb. Hasta muchas veces me he dicho que esa gente que as\u00ed procede son simuladores de alegr\u00eda o unos perfectos est\u00fapidos. Porque en vez de felicitarnos del nacimiento de una criatura deb\u00edamos llorar de haber provocado la aparici\u00f3n en este mundo de un m\u00edsero y d\u00e9bil cuerpo humano, que a trav\u00e9s de los a\u00f1os sufrir\u00e1 incontables horas de dolor y escas\u00edsimos minutos de alegr\u00eda.<br \/>\nY mientras la \u00abdeliciosa criatura\u00bb con la cabeza tiesa junto a mi hombro so\u00f1aba con un futuro sonrosado, yo, con los ojos perdidos en la triangular verdura de un cipr\u00e9s cercano, pensaba con qu\u00e9 hoja cortante desgarrar la tela de la red, cuyas c\u00e9lulas a medida que crec\u00eda se hac\u00edan m\u00e1s peque\u00f1as y densas. Sin embargo, no encontraba un filo lo suficientemente agudo para desgarrar definitivamente la malla, hasta que conoc\u00ed al corcovado.<br \/>\nEn esas circunstancias se me ocurri\u00f3 la \u00abidea\u00bb \u2014idea que fue peque\u00f1ita al principio como la ra\u00edz de una hierba, pero que en el transcurso de los d\u00edas se bifurc\u00f3 en mi cerebro, dilat\u00e1ndose, afianzando sus fibromas entre las c\u00e9lulas m\u00e1s remotas\u2014 y aunque no se me ocultaba que era \u00e9sa una \u00abidea\u00bb extra\u00f1a, fui familiariz\u00e1ndome con su contextura, de modo que a los pocos d\u00edas ya estaba acostumbrado a ella y no faltaba sino llevarla a la pr\u00e1ctica. Esa idea, semidiab\u00f3lica por su naturaleza, consist\u00eda en conducir a la casa de mi novia al insolente jorobadito, previo acuerdo con \u00e9l, y promover un esc\u00e1ndalo singular, de consecuencias irreparables. Buscando un motivo mediante el cual podr\u00eda provocar una ruptura, repar\u00e9 en una ofensa que podr\u00eda inferirle a mi novia, sumamente curiosa, la cual consist\u00eda:<br \/>\nBajo la apariencia de una conmiseraci\u00f3n elevada a su m\u00e1s pura violencia y expresi\u00f3n, el primer beso que ella a\u00fan no me hab\u00eda dado a m\u00ed, tendr\u00eda que d\u00e1rselo al repugnante corcovado que jam\u00e1s hab\u00eda sido amado, que jam\u00e1s conoci\u00f3 la piedad ang\u00e9lica ni la belleza terrestre.<br \/>\nFamiliarizado, como les cuento, con mi \u00abidea\u00bb, si a algo tan magn\u00edfico se puede llamar idea, me dirig\u00ed al caf\u00e9 en busca de Rigoletto.<br \/>\nDespu\u00e9s que se hubo sentado a mi lado, le dije:<br \/>\n\u2014Querido amigo: muchas veces he pensado que ninguna mujer lo ha besado ni lo besar\u00e1. \u00a1No me interrumpa! Yo la quiero mucho a mi novia, pero dudo que me corresponda de coraz\u00f3n. Y tanto la quiero que para que se d\u00e9 cuenta de mi cari\u00f1o le dir\u00e9 que nunca la he besado. Ahora bien: yo quiero que ella me d\u00e9 una prueba de su amor hacia m\u00ed&#8230; y esa prueba consistir\u00e1 en que lo bese a usted. \u00bfEst\u00e1 conforme?<br \/>\nResping\u00f3 el corcovado en su silla; luego con tono enf\u00e1tico me replic\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00bfY qui\u00e9n me indemniza a m\u00ed, caballero, del mal rato que voy a pasar?<br \/>\n\u2014\u00bfC\u00f3mo, mal rato?<br \/>\n\u2014\u00a1Naturalmente! \u00bfO usted se cree que yo puedo prestarme por ser jorobado a farsas tan innobles? Usted me va a llevar a la casa de su novia y como quien presenta un monstruo, le dir\u00e1: \u00abQuerida, te presento al dromedario\u00bb.<br \/>\n\u2014\u00a1Yo no la tuteo a mi novia!<br \/>\n\u2014Para el caso es lo mismo. Y yo en tanto, \u00bfqu\u00e9 voy a quedarme haciendo, caballero? \u00bfAbriendo la boca como un imb\u00e9cil, mientras disputan sus tonter\u00edas? \u00a1No, se\u00f1or; muchas gracias! Gracias por su buena intenci\u00f3n, como le dec\u00eda la liebre al cazador. Adem\u00e1s, que usted me dijo que nunca la hab\u00eda besado a su novia.<br \/>\n\u2014Y eso, \u00bfqu\u00e9 tiene que ver?<br \/>\n\u2014\u00a1Claro! \u00bfUsted sabe acaso si a m\u00ed me gusta que me besen? Puede no gustarme. Y si no me gusta, \u00bfpor qu\u00e9 usted quiere obligarme? \u00bfO es que usted se cree que porque soy corcovado no tengo sentimientos humanos?<br \/>\nLa resistencia de Rigoletto me enardeci\u00f3. Violentamente, le dije:<br \/>\n\u2014Pero \u00bfno se da cuenta de que es usted, con su joroba y figura desgraciadas, el que me sugiri\u00f3 este admirable proyecto? \u00a1Piense, infeliz! Si mi novia consiente, le quedar\u00e1 a usted un recuerdo espl\u00e9ndido. Podr\u00e1 decir por todas partes que ha conocido a la criatura m\u00e1s adorable de la tierra. \u00bfNo se da cuenta? Su primer beso habr\u00e1 sido para usted.<br \/>\n\u2014\u00bfY qui\u00e9n le dice a usted que \u00e9se sea el primer beso que haya dado?<br \/>\nDurante un instante me qued\u00e9 inm\u00f3vil; luego, obcecado por ese frenes\u00ed que violentaba toda mi vida hacia la ejecuci\u00f3n de la \u00abidea\u00bb, le respond\u00ed:<br \/>\n\u2014Y a vos, Rigoletto, \u00bfqu\u00e9 se te importa?<br \/>\n\u2014\u00a1No me llame Rigoletto! Yo no le he dado tanta confianza para que me ponga sobrenombres.<br \/>\n\u2014Pero \u00bfsab\u00e9s que sos el contrahecho m\u00e1s insolente que he conocido?<br \/>\nAmain\u00f3 el jorobadito y ya dijo:<br \/>\n\u2014\u00bfY si me ultrajara de palabra o de hecho?<br \/>\n\u2014\u00a1No seas rid\u00edculo, Rigoletto! \u00bfQui\u00e9n te va a ultrajar? \u00a1Si vos sos un buf\u00f3n! \u00bfNo te das cuenta? \u00a1Sos un buf\u00f3n y un par\u00e1sito! \u00bfPara qu\u00e9 hac\u00e9s entonces la comedia de la dignidad?<br \/>\n\u2014\u00a1Rotundamente protesto, caballero!<br \/>\n\u2014Protest\u00e1 todo lo que quieras, pero escuch\u00e1me. Sos un desvergonzado par\u00e1sito. Creo que me expreso con suficiente claridad \u00bfno? Les chup\u00e1s la sangre a todos los clientes del caf\u00e9 que tienen la imprudencia de escuchar tus melifluas palabras. Indudablemente no se encuentra en todo Buenos Aires un c\u00ednico de tu estampa y calibre. \u00bfCon qu\u00e9 derecho, entonces, pretend\u00e9s que te indemnicen si a vos te indemniza mi tonter\u00eda de llevarte a una casa donde no sos digno de barrer el zagu\u00e1n? \u00a1Qu\u00e9 m\u00e1s indemnizaci\u00f3n quer\u00e9s que el beso que ella, santamente, te dar\u00e1, insensible a tu cara, el mapa de la desverguenza!<br \/>\n\u2014\u00a1No me ultraje!<br \/>\n\u2014Bueno, Rigoletto, \u00bfacept\u00e1s o no acept\u00e1s?<br \/>\n\u2014\u00bfY si ella se niega a d\u00e1rmelo o quedo desairado?&#8230;<br \/>\n\u2014Te dar\u00e9 veinte pesos.<br \/>\n\u2014\u00bfY cu\u00e1ndo vamos a ir?<br \/>\n\u2014Ma\u00f1ana. Cort\u00e1te el pelo, limpi\u00e1te las u\u00f1as&#8230;<br \/>\n\u2014Bueno&#8230;, pr\u00e9steme cinco pesos&#8230;<br \/>\n\u2014Tom\u00e1 diez.<br \/>\nA las nueve de la noche sal\u00ed con Rigoletto en direcci\u00f3n a la casa de mi novia. El giboso se hab\u00eda perfumado endiabladamente y estrenaba una corbata plastr\u00f3n de color violeta.<br \/>\nLa noche se presentaba sombr\u00eda con sus r\u00e1fagas de viento encallejonadas en las bocacalles, y en el conf\u00edn, tristemente iluminado por oscilantes lunas el\u00e9ctricas, se ve\u00edan deslizarse vertiginosas cordilleras de nubes. Yo estaba malhumorado, triste. Tan apresuradamente caminaba que el cojo casi corr\u00eda tras de m\u00ed, y a momentos tom\u00e1ndome del borde del saco, me dec\u00eda con tono lastimero:<br \/>\n\u2014\u00a1Pero usted quiere reventarme! \u00bfQu\u00e9 le pasa a usted?<br \/>\nY de tal manera crec\u00eda mi enfurecimiento que de no necesitarlo a Rigoletto lo hubiera arrojado de un puntapi\u00e9 al medio de la calzada.<br \/>\n\u00a1Y c\u00f3mo soplaba el viento! No se ve\u00eda alma viviente por las calles, y una claridad espectral ca\u00edda del segundo cielo que conten\u00edan las combadas nubes, hac\u00eda m\u00e1s n\u00edtidos los contornos de las fachadas y sus crester\u00edas funerarias. No hab\u00eda quedado un trozo de papel por los suelos. Parec\u00eda que la ciudad hab\u00eda sido borrada por una tropa de espectros. Y a pesar de encontrarme en ella, cre\u00eda estar perdido en un bosque.<br \/>\nEl viento doblaba violentamente la copa de los \u00e1rboles, pero el maldito corcovado me persegu\u00eda en mi carrera, como si no quisiera perderme, semejante a mi genio malo, semejante a lo malvado de m\u00ed mismo que para concretarse se hubiera revestido con la figura abominable del giboso.<br \/>\nY yo estaba triste. Enormemente triste, como no se lo imaginan ustedes. Comprend\u00eda que le iba a inferir un atroz ultraje a la fr\u00eda calculadora; comprend\u00eda que ese acto me separar\u00eda para siempre de ella, lo cual no obstaba para que me dijera a medida que cruzaba las aceras desiertas:<br \/>\n\u2014Si Rigoletto fuera mi hermano, no hubiera procedido lo mismo.<br \/>\nY comprend\u00eda que s\u00ed, que si Rigoletto hubiera sido mi hermano, yo toda la vida lo hubiera compadecido con angustia enorme. Por su aislamiento, por su falta de amor que le hiciera tolerable los d\u00edas colmados por los ultrajes de todas las miradas. Y me a\u00f1ad\u00eda que la mujer que me hubiera querido deb\u00eda primero haberlo amado a \u00e9l. De pronto me detuve ante un zagu\u00e1n iluminado:<br \/>\n\u2014Aqu\u00ed es.<br \/>\nMi coraz\u00f3n lat\u00eda fuertemente. Rigoletto aties\u00f3 el pescuezo y, empinado sobre la punta de sus pies, al tiempo que se arreglaba el mo\u00f1o de la corbata, me dijo:<br \/>\n\u2014\u00a1Acu\u00e9rdese! \u00a1Usted es el \u00fanico culpable! \u00a1Que el pecado&#8230;!<br \/>\nFina y alta, apareci\u00f3 mi novia en la sala dorada.<br \/>\nAunque sonre\u00eda, su mirada me escudri\u00f1aba con la misma serenidad con que me examin\u00f3 la primera vez cuando le dije: \u00ab\u00bfme permite una palabra, se\u00f1orita?\u00bb, y esta contradicci\u00f3n entre la sonrisa de su carne (pues es la carne la que hace ese movimiento delicioso que llamamos sonrisa) y la fr\u00eda expectativa de su inteligencia discerni\u00e9ndome mediante los ojos, era la que siempre me causaba la extra\u00f1a impresi\u00f3n.<br \/>\nAvanz\u00f3 cordialmente a mi encuentro, pero al descubrir al contrahecho, se detuvo asombrada, interrog\u00e1ndonos a los dos con la mirada.<br \/>\n\u2014Elsa, le voy a presentar a mi amigo Rigoletto.<br \/>\n\u2014\u00a1No me ultraje, caballero! \u00a1Usted bien sabe que no me llamo Rigoletto!<br \/>\n\u2014\u00a1A ver si te call\u00e1s!<br \/>\nElsa detuvo la sonrisa. Mir\u00e1bame seriamente, como si yo estuviera en trance de convertirme en un desconocido para ella. Se\u00f1al\u00e1ndole una butaca dorada le dije al contrahecho:<br \/>\n\u2014Sent\u00e1te all\u00ed y no te muevas.<br \/>\nQued\u00f3se el giboso con los pies a dos cuartas del suelo y el sombrero de paja sobre las rodillas y con su carota atezada parec\u00eda un rid\u00edculo \u00eddolo chino. Elsa contemplaba estupefacta al absurdo personaje.<br \/>\nMe sent\u00ed s\u00fabitamente calmado.<br \/>\n\u2014Elsa \u2014le dije\u2014, Elsa, yo dudo de su amor. No se preocupe por ese repugnante canalla que nos escucha. \u00d3igame: yo dudo&#8230; no s\u00e9 por qu\u00e9&#8230;, pero dudo de que usted me quiera. Es triste eso&#8230;, cr\u00e9alo&#8230; Demu\u00e9streme, deme una prueba de que me quiere, y ser\u00e9 toda la vida su esclavo.<br \/>\nNaturalmente, yo no estaba seguro de lo que quer\u00eda expresar \u00abtoda la vida\u00bb, pero tanto me agrad\u00f3 la frase que insist\u00ed:<br \/>\n\u2014S\u00ed, su esclavo para toda la vida. No crea que he bebido. Sienta el olor de mi aliento.<br \/>\nElsa retrocedi\u00f3 a medida que yo me acercaba a ella, y en ese momento, \u00bfsaben ustedes lo que se le ocurre al maldito cojo? Pues: tocar una marcha militar con el nudillo de sus dedos en la copa del sombrero.<br \/>\nMe volv\u00ed al cojo y despu\u00e9s de conminarle silencio, me expliqu\u00e9:<br \/>\n\u2014Vea, Elsa, y la \u00fanica prueba de amor es que le d\u00e9 un beso a Rigoletto.<br \/>\nLos ojos de la doncella se llenaron de una claridad sombr\u00eda. Cavil\u00f3 un instante; luego, sin c\u00f3lera en la voz, me dijo muy lentamente:<br \/>\n\u2014\u00a1Ret\u00edrese!<br \/>\n\u2014\u00a1Pero!&#8230;<br \/>\n\u2014\u00a1Ret\u00edrese, por favor&#8230;; v\u00e1yase!&#8230;<br \/>\nYo me inclino a creer que el asunto hubiera tenido compostura, cr\u00e9anlo&#8230;, pero aqu\u00ed ocurri\u00f3 algo curioso, y es que Rigoletto, que hasta entonces hab\u00eda guardado silencio, se levant\u00f3 exclamando:<br \/>\n\u2014\u00a1No le permito esa insolencia, se\u00f1orita&#8230;, no le permito que lo trate as\u00ed a mi noble amigo! Usted no tiene coraz\u00f3n para la desgracia ajena. \u00a1Coraz\u00f3n de pe\u00f1asco, es indigna de ser la novia de mi amigo!<br \/>\nM\u00e1s tarde mucha gente crey\u00f3 que lo que ocurri\u00f3 fue una comedia preparada. Y la prueba de que yo ignoraba lo que iba a ocurrir, es que al escuchar los desprop\u00f3sitos del contrahecho me desplom\u00e9 en un sof\u00e1 ri\u00e9ndome a gritos, mientras que el giboso, con el semblante congestionado, tieso en el centro de la sala, con su bracito extendido, vociferaba:<br \/>\n\u2014\u00a1Por qu\u00e9 usted le dijo a mi amigo que un beso no se pide&#8230;, se da! \u00bfSon conversaciones esas adecuadas para una que presume de se\u00f1orita como usted? \u00bfNo le da a usted verguenza?<br \/>\nDescompuesto de risa, s\u00f3lo atin\u00e9 a decir:<br \/>\n\u2014\u00a1Call\u00e1te, Rigoletto; call\u00e1te!&#8230;<br \/>\nEl corcovado se volvi\u00f3 enf\u00e1tico:<br \/>\n\u2014\u00a1Perm\u00edtame, caballero&#8230;; no necesito que me d\u00e9 lecciones de urbanidad!<br \/>\nY volvi\u00e9ndose a Elsa, que roja de verg\u00fcenza hab\u00eda retrocedido hasta la puerta de la sala, le dijo:<br \/>\n\u2014\u00a1Se\u00f1orita&#8230; la conmino a que me d\u00e9 un beso!<br \/>\nEl l\u00edmite de resistencia de las personas es variable. Elsa huy\u00f3 arrojando grandes gritos y en menos tiempo del que pod\u00eda esperarse aparecieron en la sala su padre y su madre, la \u00faltima con una servilleta en la mano. \u00bfUstedes creen que el cojo se amilan\u00f3? Nada de eso. Colocado en medio de la sala, grit\u00f3 estent\u00f3reamente:<br \/>\n\u2014\u00a1Ustedes no tienen nada que hacer aqu\u00ed! \u00a1Yo he venido en cumplimiento de una alta misi\u00f3n filantr\u00f3pica!&#8230; \u00a1No se acerquen!<br \/>\nY antes de que ellos tuvieran tiempo de avanzar para arrojarlo por la ventana, el corcovado desenfund\u00f3 un rev\u00f3lver, enca\u00f1on\u00e1ndolos.<br \/>\nSe espantaron porque creyeron que estaba loco, y cuando los vi as\u00ed inmovilizados por el miedo, qued\u00e9me a la expectativa, como quien no tuviera nada que hacer en tal asunto, pues ahora la insolencia de Rigoletto parec\u00edame de lo m\u00e1s extraordinaria y pintoresca.<br \/>\n\u00c9ste, d\u00e1ndose cuenta del efecto causado, se envalenton\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00a1Yo he venido a cumplir una alta misi\u00f3n filantr\u00f3pica! Y es necesario que Elsa me d\u00e9 un beso para que yo le perdone a la humanidad mi corcova. A cuenta del beso, s\u00edrvanme un t\u00e9 con co\u00f1ac. \u00a1Es una verg\u00fcenza c\u00f3mo ustedes atienden a las visitas! \u00a1No tuerza la nariz, se\u00f1ora, que para eso me he perfumado! \u00a1Y tr\u00e1igame el t\u00e9!<br \/>\n\u00a1Ah, inefable Rigoletto! Dicen que estoy loco, pero jam\u00e1s un cuerdo se ha re\u00eddo con tus insolencias como yo, que no estaba en mis cabales.<br \/>\n\u2014Lo har\u00e9 meter preso&#8230;<br \/>\n\u2014Usted ignora las m\u00e1s elementales reglas de cortes\u00eda \u2014insist\u00eda el corcovado\u2014. Ustedes est\u00e1n obligados a atenderme como a un caballero. El hecho de ser jorobado no los autoriza a despreciarme. Yo he venido para cumplir una alta misi\u00f3n filantr\u00f3pica. La novia de mi amigo est\u00e1 obligada a darme un beso. Y no lo rechazo. Lo acepto. Comprendo que debo aceptarlo como una reparaci\u00f3n que me debe la sociedad, y no me niego a recibirlo.<br \/>\nIndudablemente&#8230; si all\u00ed hab\u00eda un loco, era Rigoletto, no les quede la menor duda, se\u00f1ores. Continu\u00f3 \u00e9l:<br \/>\n\u2014Caballero&#8230; yo soy&#8230;<br \/>\nUn vigilante tras otro entraron en la sala. No recuerdo nada m\u00e1s. Dicen los peri\u00f3dicos que me desvanec\u00ed al verlos entrar. Es posible.<br \/>\n\u00bfY ahora se dan cuenta por qu\u00e9 el hijo del diablo, el maldito jorobado, castigaba a la marrana todas las tardes y por qu\u00e9 yo he terminado estrangul\u00e1ndole?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los grandes cuentos de Roberto Arlt (1900-1942).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13341,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2299,187,190,2855,2298],"class_list":["post-8042","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-jorobadito","tag-escritores-argentinos","tag-escritores-en-espanol","tag-literatura","tag-roberto-arlt"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/roberto_arlt-01.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-25I","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8042","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8042"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8042\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13112,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8042\/revisions\/13112"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13341"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8042"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8042"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8042"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}