{"id":7638,"date":"2013-04-30T21:17:01","date_gmt":"2013-05-01T02:17:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=7638"},"modified":"2025-08-25T23:56:58","modified_gmt":"2025-08-26T05:56:58","slug":"la-septima-victima","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-septima-victima\/","title":{"rendered":"La s\u00e9ptima v\u00edctima"},"content":{"rendered":"<p>Robert Sheckley (1928-2005) fue un escritor estadounidense. Asociado con el campo de la ciencia ficci\u00f3n durante toda su carrera, est\u00e1 un poco olvidado ahora, aunque el humor y el ingenio de muchas de sus historias es notable y merece rescate, al igual que su visi\u00f3n pesimista, sumamente esc\u00e9ptica y amarga, de la condici\u00f3n humana.<br \/>\n\u00abSeventh Victim\u00bb apareci\u00f3 en la revista <em>Galaxy<\/em> en 1953 y fue la base de una pel\u00edcula de Elio Petri, <em><a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/The_10th_Victim\">La d\u00e9cima v\u00edctima<\/a><\/em> (1965), tambi\u00e9n olvidada en la actualidad pero que se adelanta a filmes como <em>Battle Royale<\/em> de Takeshi Kitano o novelas como <em>Los juegos del hambre<\/em> de Suzanne Collins.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16963\" aria-describedby=\"caption-attachment-16963\" style=\"width: 1200px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Robert-Sheckley.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16963\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-septima-victima\/robert-sheckley\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Robert-Sheckley.jpg\" data-orig-size=\"1200,800\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Robert Sheckley\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Robert Sheckley (&lt;a href=&quot;https:\/\/talesofmytery.blogspot.com\/2015\/08\/robert-sheckley-watchbird.html&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Robert-Sheckley-1024x683.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Robert-Sheckley.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"800\" class=\"size-full wp-image-16963\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Robert-Sheckley.jpg 1200w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Robert-Sheckley-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Robert-Sheckley-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Robert-Sheckley-600x400.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16963\" class=\"wp-caption-text\">Robert Sheckley (<a href=\"https:\/\/talesofmytery.blogspot.com\/2015\/08\/robert-sheckley-watchbird.html\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p>A su vez, el cuento de Sheckley, adem\u00e1s de (obviamente) adelantarse a la pel\u00edcula, es una muestra muy interesante de c\u00f3mo la ciencia ficci\u00f3n suele decir tanto (o m\u00e1s) de su propio tiempo que del futuro: v\u00e9anse las actitudes del protagonista ante las mujeres.<br \/>\nHe revisado mucho la traducci\u00f3n original que encontr\u00e9 del cuento; desconozco el nombre de quien la realiz\u00f3.<\/p>\n<figure id=\"attachment_10058\" aria-describedby=\"caption-attachment-10058\" style=\"width: 290px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"10058\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-septima-victima\/decimavittima\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/DecimaVittima.jpg\" data-orig-size=\"290,485\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"DecimaVittima\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Cartel de La d\u00e9cima v\u00edctima, con Marcello Mastroianni y Ursula Andress&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Cartel de La d\u00e9cima v\u00edctima, con Marcello Mastroianni y Ursula Andress&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/DecimaVittima.jpg\" class=\"size-full wp-image-10058\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/DecimaVittima.jpg\" alt=\"Cartel de La d\u00e9cima v\u00edctima, con Marcello Mastroianni y Ursula Andress\" width=\"290\" height=\"485\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/DecimaVittima.jpg 290w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/DecimaVittima-179x300.jpg 179w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-10058\" class=\"wp-caption-text\">Cartel de La d\u00e9cima v\u00edctima, con Marcello Mastroianni y Ursula Andress<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>LA S\u00c9PTIMA V\u00cdCTIMA<br \/>\nRobert Sheckley<\/strong><\/p>\n<p>Sentado ante su escritorio, Stanton Frelaine se esforzaba en fingir el aire atareado que se espera de un director de empresa a las nueve y media de la ma\u00f1ana. Pero era algo que estaba m\u00e1s all\u00e1 de sus fuerzas. Ni siquiera consegu\u00eda concentrarse en el texto del anuncio que hab\u00eda redactado el d\u00eda anterior; no lograba dedicarse a su trabajo. Esperaba la llegada del correo&#8230; y era incapaz de hacer nada m\u00e1s.<br \/>\nHac\u00eda ya dos semanas que tendr\u00eda que haberle llegado la notificaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 la Administraci\u00f3n no se apresuraba un poco?<br \/>\nLa puerta de cristal con el r\u00f3tulo <em>Morger &amp; Frelaine, Confecci\u00f3n<\/em> se abri\u00f3, y E. J. Morger entr\u00f3 cojeando, un recuerdo de su vieja herida. Era un hombre cargado de espaldas, pero eso, a la edad de setenta y tres a\u00f1os, suele tener poca importancia.<br \/>\n\u2014Hola, Stan \u2014dijo\u2014. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 esa publicidad?<br \/>\nHac\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os que Frelaine se hab\u00eda asociado con Morger. Ten\u00eda por aquel entonces veintisiete a\u00f1os. Juntos hab\u00edan convertido la sociedad \u00abEl Traje Protector\u00bb en una empresa cuyo capital alcanzaba el mill\u00f3n de d\u00f3lares.<br \/>\n\u2014Echa una ojeada al proyecto \u2014dijo Frelaine, tendi\u00e9ndole la hoja de papel. Si tan s\u00f3lo el correo llegara un poco antes, pens\u00f3.<br \/>\nMorger acerc\u00f3 el papel a sus ojos y ley\u00f3 en voz alta:<br \/>\n\u2014\u00ab\u00bfTiene usted un Traje Protector? El Traje Protector Morger y Frelaine, de corte insuperable en el mundo entero, es el atuendo del hombre elegante \u2014Morger carraspeo, ech\u00f3 una ojeada a Frelaine, sonri\u00f3 y prosigui\u00f3: \u2014Es a la vez el traje m\u00e1s seguro y m\u00e1s chic. Se presenta con un bolsillo para rev\u00f3lver especial extraplano. Ning\u00fan bulto aparente. S\u00f3lo usted sabr\u00e1 que va armado. El bolsillo para rev\u00f3lver, f\u00e1cilmente accesible, le permitir\u00e1 aventajar f\u00e1cilmente a su contrincante sin la menor incomodidad.\u00bb<br \/>\nLevant\u00f3 de nuevo los ojos.<br \/>\n\u2014Excelente \u2014coment\u00f3\u2014. S\u00ed, muchacho: excelente.<br \/>\nFrelaine inclin\u00f3 la cabeza sin excesiva convicci\u00f3n.<br \/>\n\u2014\u00abEl Traje Protector Especial \u2014continu\u00f3 leyendo Morger\u2014 posee un bolsillo eyector para rev\u00f3lver, la \u00faltima palabra en defensa individual. Una simple presi\u00f3n sobre un bot\u00f3n disimulado, y el arma salta a la mano de su propietario, con el seguro fuera, lista para hacer fuego. \u00bfQu\u00e9 espera usted para informarse en nuestro concesionario m\u00e1s pr\u00f3ximo? \u00bfQu\u00e9 espera usted para afianzar su propia seguridad?\u00bb<br \/>\nDej\u00f3 el papel sobre la mesa.<br \/>\n\u2014Excelente \u2014repiti\u00f3\u2014. Muy bueno, muy conciso \u2014reflexion\u00f3 por unos instantes, tirone\u00e1ndose su canoso bigote\u2014. \u00bfPero por qu\u00e9 no precisar que el Traje Protector se fabrica en varios modelos, recto o cruzado, con uno o dos botones, entallado o no?<br \/>\n\u2014S\u00ed, es cierto. Lo hab\u00eda olvidado \u2014Frelaine tom\u00f3 el borrador e hizo una anotaci\u00f3n al margen. Se levant\u00f3, tironeando de su chaqueta para disimular su incipiente barriga. Ten\u00eda cuarenta y dos a\u00f1os, un poco m\u00e1s de peso del requerido, y un pelo que empezaba a clarear. Era un hombre de apariencia agradable, pero su mirada era g\u00e9lida.<br \/>\n\u2014Rel\u00e1jate \u2014dijo Morger\u2014. Llegar\u00e1 con el correo de hoy.<br \/>\nFrelaine hizo un esfuerzo por sonre\u00edr. Sent\u00eda deseos de echar a andar de un lado a otro, pero se contuvo y se sent\u00f3 en una esquina de su escritorio.<br \/>\n\u2014Cualquiera dir\u00eda que es mi primer homicidio \u2014dijo con iron\u00eda forzada.<br \/>\n\u2014S\u00e9 lo que es eso \u2014lo tranquiliz\u00f3 Morger\u2014. Antes de renunciar, yo pasaba a menudo m\u00e1s de un mes sin poder pegar ojo por la noche mientras esperaba mi notificaci\u00f3n. Comprendo en qu\u00e9 estado te sientes.<br \/>\nLos dos hombres callaron. El silencio lleg\u00f3 a hacerse insoportable, hasta que la puerta se abri\u00f3 y un empleado deposit\u00f3 el correo sobre la mesa.<br \/>\nFrelaine se arroj\u00f3 sobre las cartas y las fue pasando febrilmente. Por fin hall\u00f3 la que tanto deseaba&#8230; El largo sobre blanco de la O.C.P., lacrado con el cu\u00f1o oficial.<br \/>\n\u2014\u00a1Por fin! \u2014exclam\u00f3, con un suspiro de alivio\u2014. Aqu\u00ed est\u00e1.<br \/>\n\u2014Felicidades \u2014dijo Morger. Y su tono era sincero.<br \/>\nMorger estudi\u00f3 el sobre con ojos \u00e1vidos, pero no le pidi\u00f3 a su socio que lo abriera. Hubiera sido una falta de educaci\u00f3n, y adem\u00e1s estaba prohibido por la ley. Nadie pod\u00eda conocer el nombre de la V\u00edctima, a excepci\u00f3n del Cazador.<br \/>\n\u2014Te deseo buena caza \u2014dijo Morger.<br \/>\n\u2014Eso espero \u2014respondi\u00f3 Frelaine, con convicci\u00f3n.<br \/>\nLa oficina estaba al corriente y en orden. Lo estaba desde hac\u00eda una semana. Frelaine tom\u00f3 su cartera portadocumentos.<br \/>\n\u2014Un buen homicidio te har\u00e1 un gran bien \u2014dijo Morger, palmeando su hombro blando\u2014. Has estado febril \u00faltimamente.<br \/>\nFrelaine sonri\u00f3 y estrech\u00f3 la mano de Morger.<br \/>\n\u2014Pagar\u00eda lo que fuera por tener cuarenta a\u00f1os menos \u2014dijo Morger, mirando con una sonrisa su pierna impedida\u2014. Verte as\u00ed me hace sentir deseos de descolgar mi rev\u00f3lver.<br \/>\nFrelaine agit\u00f3 la cabeza. Morger hab\u00eda sido un famoso Cazador en su juventud. Diez homicidios superados con \u00e9xito le hab\u00edan abierto las puertas del muy exclusivo Club de los Diez. Y puesto que, naturalmente, tras cada uno de ellos hab\u00eda tenido que jugar diez veces el papel de V\u00edctima, su palmar\u00e9s era de veinte<br \/>\nasesinatos en total.<br \/>\n\u2014Espero que mi V\u00edctima no sea alguien que tenga tu temple \u2014dijo Frelaine, medio en serio, medio en broma.<br \/>\n\u2014\u00a1No pienses en eso! \u00bfPor cu\u00e1l vas ahora?<br \/>\n\u2014Por la s\u00e9ptima.<br \/>\n\u2014Es una buena cifra. \u00a1Vamos, anda! Muy pronto te abriremos los brazos en el Club de los Diez.<br \/>\nFrelaine hizo un gesto con la mano y se dirigi\u00f3 hacia la puerta.<br \/>\n\u2014Pero \u00e1ndate con cuidado \u2014advirti\u00f3 Morger\u2014. Un solo error, y me ver\u00e9 obligado a buscar un nuevo socio. Si no tienes ning\u00fan inconveniente, preferir\u00eda conservar el que tengo ahora.<br \/>\n\u2014Ir\u00e9 con cuidado \u2014prometi\u00f3 Frelaine.<\/p>\n<p>En vez de tomar el autob\u00fas, regres\u00f3 a su casa a pie. Necesitaba tiempo para calmarse. \u00a1Era rid\u00edculo comportarse como un ni\u00f1o que va a cometer su primer homicidio!<br \/>\nSe oblig\u00f3 a mantener los ojos fijos ante \u00e9l. Mirar a alguien equival\u00eda pr\u00e1cticamente a un intento de suicidio. Cualquier persona a la que mirara pod\u00eda ser una V\u00edctima, y hab\u00eda V\u00edctimas que disparaban sin pens\u00e1rselo contra cualquiera que pusiera los ojos en ellas. Hab\u00eda tipos muy nerviosos&#8230; Prudentemente, Frelaine mantuvo su mirada por encima de las cabezas de los transe\u00fantes.<br \/>\nObserv\u00f3 un gigantesco anuncio. Era una oferta de servicios de J. F. Donovan. \u00ab\u00a1V\u00edctimas!\u00bb, proclamaba con enormes letras, \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 correr riesgos? Utilicen los servicios de nuestros Rastreadores acreditados. Nosotros nos encargaremos de localizar al homicida que le ha sido asignado. \u00a1Usted no pagar\u00e1 nada hasta<br \/>\ndespu\u00e9s de haber dado cuenta del Cazador!\u00bb<br \/>\nPor cierto, pens\u00f3 Frelaine, tengo que llamar a Ed Morrow apenas llegue. Apresur\u00f3 el paso. Se sent\u00eda terriblemente nervioso. Ard\u00eda en deseos de estar ya en su casa para abrir el sobre y conocer el nombre de su V\u00edctima. \u00bfSer\u00eda alguien diab\u00f3licamente astuto o un simple est\u00fapido? \u00bfAlguien rico como su cuarta presa,<br \/>\no pobre como la primera y la segunda? \u00bfEstar\u00eda rodeado de un equipo de rastreo organizado, o se las arreglar\u00eda por sus propios medios? La excitaci\u00f3n de la caza era algo maravilloso, que hac\u00eda hervir la sangre en las venas y aceleraba los latidos del coraz\u00f3n. De repente oy\u00f3 el resonar de unas lejanas detonaciones. Dos disparos r\u00e1pidos y luego, tras una pausa, el tercero. El \u00faltimo.<br \/>\n\u2014Ese ha terminado con el suyo \u2014dijo Frelaine, en voz alta, para s\u00ed mismo\u2014. \u00a1Felicidades!<br \/>\n\u00a1Era tan maravilloso sentirse vivir de nuevo!<br \/>\nLo primero que hizo al entrar en su casa fue llamar a Ed Morrow, su rastreador. Morrow trabajaba en un garaje en sus horas libres.<br \/>\n\u2014\u00bfEd? Aqu\u00ed Frelaine.<br \/>\n\u2014Oh, buenos d\u00edas, se\u00f1or Frelaine.<br \/>\nFrelaine observ\u00f3 en la pantalla el rostro de su interlocutor: un rostro obtuso, manchado de grasa, de protuberantes labios casi pegados al aparato.<br \/>\n\u2014Me voy de caza, Ed.<br \/>\n\u2014Buena suerte, se\u00f1or Frelaine. Supongo que desea usted que est\u00e9 preparado.<br \/>\n\u2014Exacto, Ed. No creo estar fuera m\u00e1s de una o dos semanas. Probablemente recibir\u00e9 mi designaci\u00f3n como V\u00edctima dentro de los tres meses siguientes a mi regreso.<br \/>\n\u2014Puede usted contar conmigo, se\u00f1or Frelaine. Le deseo buena caza.<br \/>\n\u2014Gracias, Ed. Hasta pronto.<br \/>\nColg\u00f3. Garantizarse los servicios de un rastreador de primera clase era una buena medida. Cuando hubiera cometido su homicidio, Frelaine pasar\u00eda a ser a su vez V\u00edctima&#8230; y entonces, una vez m\u00e1s, Ed Morrow ser\u00eda su seguro de vida. Era un magn\u00edfico rastreador. De acuerdo: de hecho, Morrow era un ignorante, un idiota; pero ten\u00eda ojo cl\u00ednico. Descubr\u00eda a los extra\u00f1os al primer golpe de vista. Ten\u00eda una habilidad diab\u00f3lica para preparar una emboscada. Era un hombre indispensable.<br \/>\nEch\u00e1ndose a re\u00edr ante el recuerdo de algunos de los retorcidos trucos que Morrow hab\u00eda inventado para sus clientes, Frelaine sac\u00f3 el sobre de su bolsillo, hizo saltar el sello, lo abri\u00f3, y examin\u00f3 los documentos que conten\u00eda.<br \/>\nJanet-Marie Patzig.<br \/>\nSu V\u00edctima era una mujer.<br \/>\nSe levant\u00f3, y pase\u00f3 arriba y abajo por la habitaci\u00f3n. Volvi\u00f3 a tomar la carta. Ley\u00f3: Janet-Marie Patzig. No hab\u00eda ning\u00fan error: se trataba de una mujer. Los documentos anexos conten\u00edan tres fotograf\u00edas, el domicilio del sujeto y los informes habituales que permit\u00edan identificarlo.<br \/>\nFrelaine frunci\u00f3 el ce\u00f1o. Nunca hab\u00eda matado a una mujer.<br \/>\nTras vacilar unos instantes, tom\u00f3 el tel\u00e9fono y marc\u00f3 el n\u00famero de la O.C.P.<br \/>\n\u2014Aqu\u00ed la Oficina de Catarsis Pasional \u2014dijo una voz masculina\u2014. \u00bfD\u00edgame?<br \/>\n\u2014Acabo de recibir mi notificaci\u00f3n \u2014dijo Frelaine\u2014. Se me ha asignado a una mujer. \u00bfEs eso normal? \u2014dio al empleado el nombre de la V\u00edctima.<br \/>\nEl hombre verific\u00f3 sus archivos microfilmados.<br \/>\n\u2014Todo est\u00e1 en regla\u2014 dijo tras unos instantes\u2014. Esta persona nos present\u00f3 una solicitud, actuando con pleno conocimiento de causa. En t\u00e9rminos legales, goza de los mismos derechos y los mismos privilegios que un hombre.<br \/>\n\u2014\u00bfPuede decirme cu\u00e1ntas muertes tiene en su activo?<br \/>\n\u2014Lo lamento, se\u00f1or, pero las \u00fanicas informaciones que est\u00e1 usted autorizado a obtener son la situaci\u00f3n legal de la V\u00edctima y la informaci\u00f3n descriptiva que le han sido remitidas.<br \/>\n\u2014Comprendo \u2014Frelaine reflexion\u00f3 unos instantes, y luego pregunt\u00f3: \u2014\u00bfPuedo solicitar que me asignen otra V\u00edctima?<br \/>\n\u2014Naturalmente, dispone usted de la posibilidad legal de rechazar la Caza que le ha sido propuesta, pero no le ser\u00e1 adjudicada otra V\u00edctima hasta despu\u00e9s de que usted mismo lo sea. \u00bfDesea declinar la oferta que se le ha hecho?<br \/>\n\u2014Oh, no, claro que no \u2014se apresur\u00f3 a responder Frelaine\u2014. Le preguntaba s\u00f3lo por curiosidad. Muchas gracias.<br \/>\nColg\u00f3, se hundi\u00f3 en el m\u00e1s mullido de sus sillones, y se solt\u00f3 el cintur\u00f3n. Aquello requer\u00eda un poco de reflexi\u00f3n.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 buscan esas malditas mujeres queriendo inmiscuirse siempre en los asuntos de los hombres? \u2014rezong\u00f3 para s\u00ed mismo\u2014. \u00bfPor qu\u00e9 diablos no pueden quedarse tranquilas en sus casas?<br \/>\nPero tambi\u00e9n eran ciudadanos libres. Aunque Frelaine encontrara aquello demasiado poco&#8230; femenino.<br \/>\nDe hecho, la Oficina de Catarsis Personal hab\u00eda sido creada originalmente para los hombres, y exclusivamente para ellos. Hab\u00eda nacido al t\u00e9rmino de la Cuarta Guerra Mundial&#8230; o de la Sexta, seg\u00fan el conteo de un cierto n\u00famero de historiadores.<br \/>\nPor aquella \u00e9poca, se hac\u00eda sentir imperiosamente la necesidad de una paz duradera, de una paz permanente. Por una raz\u00f3n pr\u00e1ctica. Una raz\u00f3n tan pr\u00e1ctica como la inspiraci\u00f3n de los hombres que crearon las bases de la prolongada paz.<br \/>\nUna raz\u00f3n muy sencilla: el mundo estaba al borde de la aniquilaci\u00f3n.<br \/>\nEn el transcurso de las guerras anteriores, la amplitud, la eficacia y la potencia destructivo de las armas empleadas hab\u00edan ido en aumento. Los soldados, que se hab\u00edan acostumbrado a ellas, vacilaban cada vez menos en utilizarlas.<br \/>\nHasta alcanzar el punto de saturaci\u00f3n.<br \/>\nUn nuevo conflicto b\u00e9lico pondr\u00eda definitivamente fin a todas las guerras, y esta vez de una forma absoluta: no quedar\u00eda nadie para poder iniciar la siguiente.<br \/>\nEra preciso, pues, que aquella paz fuera una paz eterna. Pero los hombres que la organizaron no eran so\u00f1adores. Eran conscientes de que siempre existen tensiones, desequilibrios, que son el caldero donde bullen las guerras futuras. Y se preguntaron por qu\u00e9 hasta entonces nunca hab\u00eda existido una paz duradera.<br \/>\n\u2014Porque a los hombres les gusta luchar \u2014fue la respuesta.<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, no! \u2014exclamaron los idealistas.<br \/>\nPero quienes establecieron la paz se vieron obligados, muy a pesar suyo, a tener en cuenta el postulado seg\u00fan el cual una fracci\u00f3n importante de la humanidad es movida por la violencia.<br \/>\nLos hombres no son seres celestiales. Tampoco son monstruos infernales. Sencillamente, son seres humanos que manifiestan un elevado grado de agresividad, de combatividad.<br \/>\nCon los conocimientos cient\u00edficos y los medios de que dispon\u00edan en aquellos momentos, los hombres con mentalidad pr\u00e1ctica hubieran podido eliminar esta caracter\u00edstica de la raza humana. De hecho, ah\u00ed es donde muchos pensaban que resid\u00eda la soluci\u00f3n.<br \/>\nPero los hombres con mentalidad pr\u00e1ctica no eran de esta opini\u00f3n. Consideraban que la competencia, el amor a la lucha, el valor frente al adversario, eran valores positivos. Cre\u00edan incluso que representaban virtudes admirables y la garant\u00eda de la perpetuaci\u00f3n de la especie. Sin ellos, la raza terminar\u00eda fatalmente degenerando.<br \/>\nEl gusto por la violencia, descubrieron, estaba inextricablemente unido a la ingeniosidad, a la adaptabilidad, al dinamismo humanos.<br \/>\nLos datos del problema, pues, eran los siguientes: <em>a)<\/em> organizar la paz, una paz que les sobreviviera, y <em>b)<\/em> impedir a la raza humana que se destruyera a s\u00ed misma, sin amputar por ello las caracter\u00edsticas que hac\u00edan de los hombres unos seres responsables.<br \/>\nPara ello, se decidi\u00f3 que era necesario canalizar la violencia, proporcionarle una v\u00e1lvula de escape, una posibilidad de exteriorizarse.<br \/>\nEl primer paso fue la autorizaci\u00f3n legal de los combates de gladiadores: combates reales, donde la sangre era derramada. Pero a\u00fan era insuficiente. La sublimaci\u00f3n es v\u00e1lida s\u00f3lo hasta cierto punto. La gente quer\u00eda otra cosa m\u00e1s que derivativos.<br \/>\nNo existe ning\u00fan derivativo para el homicidio.<br \/>\nAs\u00ed pues, el homicidio fue institucionalizado, sobre una base estrictamente individual, y \u00fanicamente para aquellos que realmente desearan matar. Los gobiernos fueron invitados a crear sus respectivas Oficinas de Catarsis Pasional. Tras un per\u00edodo de ensayo, se instaur\u00f3 una reglamentaci\u00f3n \u00fanica:<br \/>\nCualquier ciudadano deseoso de cometer un homicidio ten\u00eda la posibilidad de inscribirse en su O.C.P. Tras aceptar y firmar un dossier que comportaba un cierto n\u00famero de advertencias y compromisos, se le garantizaba una V\u00edctima.<br \/>\nLa persona que presentaba legalmente una solicitud de asesinato deb\u00eda a su vez aceptar el papel de V\u00edctima unos meses m\u00e1s tarde&#8230; si sobreviv\u00eda.<br \/>\nEste era el principio fundamental. Un individuo dado pod\u00eda cometer tantos homicidios como quisiera, pero, entre cada uno de ellos y el siguiente, era designado a su vez obligatoriamente como V\u00edctima. Si la V\u00edctima consegu\u00eda matar a su Cazador, pod\u00eda o retirarse de la competencia o proponer su candidatura para un nuevo homicidio.<br \/>\nAl cabo de diez a\u00f1os, se calculaba que un tercio de la poblaci\u00f3n civilizada del mundo hab\u00eda solicitado cometer al menos un homicidio. M\u00e1s tarde, la proporci\u00f3n se estabiliz\u00f3 en un veinticinco por ciento. Los fil\u00f3sofos clamaban al cielo, pero los hombres con mentalidad pr\u00e1ctica estaban satisfechos. La guerra hab\u00eda dejado de ser un problema colectivo: ahora era un asunto individual, tal como conven\u00eda.<br \/>\nPor supuesto, la institucionalizaci\u00f3n del homicidio se ramific\u00f3 y se complic\u00f3. Una vez autorizado, como sucede con todas las cosas, el homicidio se convirti\u00f3 en un negocio y una fuente de beneficios. Inmediatamente se crearon organizaciones, tanto para ofrecer sus servicios a las V\u00edctimas como a los Cazadores.<br \/>\nLa Oficina de Catarsis Pasional eleg\u00eda el nombre de las V\u00edctimas al azar. El Cazador dispon\u00eda de dos semanas para cometer su homicidio, y deb\u00eda actuar solo y sin ayuda. Se le proporcionaban el nombre, el domicilio y la descripci\u00f3n de su V\u00edctima; ten\u00eda derecho a utilizar una pistola de calibre est\u00e1ndar; le estaba prohibido llevar ning\u00fan tipo de protecci\u00f3n corporal.<br \/>\nLa V\u00edctima era avisada una semana antes que el Cazador. Simplemente, se le comunicaba su designaci\u00f3n. Ignoraba el nombre de su Cazador. Estaba autorizada a utilizar cualquier tipo de protecci\u00f3n corporal, as\u00ed como los servicios de los rastreadores que creyera necesarios. Un rastreador no pod\u00eda matar, ya que el homicidio era privilegio de la V\u00edctima y del Cazador. Pero un rastreador pod\u00eda detectar la presencia de un extra\u00f1o en el c\u00edrculo de la V\u00edctima, o descubrir a un tirador nervioso.<br \/>\nLa V\u00edctima pod\u00eda planear todas las emboscadas que deseara con el fin de abatir a su Cazador.<br \/>\nMatar o herir a alguien por error \u2013cualquier otro tipo de muerte estaba prohibido\u2013 era sancionado con una gravosa indemnizaci\u00f3n; el homicidio pasional estaba castigado con la pena de muerte, al igual que el homicidio por inter\u00e9s.<br \/>\nLo m\u00e1s admirable de aquel sistema era que la gente que sent\u00eda deseos de matar pod\u00eda hacerlo, y aquellos que no sent\u00edan el menor deseo \u2013de hecho representaban la mayor parte de la poblaci\u00f3n\u2013 no se ve\u00edan obligados a convertirse en homicidas. Por fin ya no hab\u00eda ninguna guerra, ni siquiera la amenaza de una guerra. Tan s\u00f3lo peque\u00f1as, muy peque\u00f1as guerras&#8230;, centenares de miles de<br \/>\nguerras individuales.<br \/>\nLa idea de matar a una mujer no cautivaba en absoluto a Frelaine. Pero hab\u00eda firmado. No pod\u00eda hacer nada. Y no sent\u00eda el menor deseo de renunciar a su s\u00e9ptima caza.<br \/>\nConsagr\u00f3 el resto de la ma\u00f1ana a aprenderse de memoria los datos que le hab\u00eda proporcionado la O.C.P. acerca de su V\u00edctima, y luego archiv\u00f3 la carta. Janet Patzig viv\u00eda en Nueva York. Frelaine se sent\u00eda feliz por ello: le gustaba cazar en una gran ciudad, y siempre hab\u00eda sentido deseos de visitar Nueva York. No le precisaban la edad de su V\u00edctima, pero, a juzgar por las fotos, no deb\u00eda tener mucho m\u00e1s de veinte a\u00f1os.<br \/>\nReserv\u00f3 por tel\u00e9fono una plaza en el avi\u00f3n, se duch\u00f3, se visti\u00f3 su Protector Especial cortado especialmente para aquella ocasi\u00f3n, eligi\u00f3 una pistola de su arsenal, la limpi\u00f3 escrupulosamente, la engras\u00f3, la desliz\u00f3 en el bolsillo especial del traje, y luego prepar\u00f3 sus maletas.<br \/>\nSe sent\u00eda tan emocionado que le parec\u00eda que su coraz\u00f3n deseaba salt\u00e1rsele del pecho.<br \/>\nEs extra\u00f1o, pens\u00f3: cada nuevo homicidio me produce un estremecimiento distinto. Es algo de lo que uno no se cansa nunca: como la reposter\u00eda francesa, las mujeres, las buenas bebidas&#8230; Es algo siempre nuevo y siempre distinto.<br \/>\nCuando estuvo listo, examin\u00f3 su biblioteca para elegir los libros que se llevar\u00eda consigo. Pose\u00eda todas las mejores obras que trataban del tema. No iba a necesitar aquellas destinadas a las V\u00edctimas, como <em>La t\u00e1ctica de la V\u00edctima<\/em> de Fred Tracy, que insist\u00eda en la necesidad de un medio ambiente rigurosamente controlado, o <em>\u00a1No piense usted como V\u00edctima!<\/em> del doctor Frish. Aquellos manuales le interesar\u00edan dentro de unos meses, cuando le llegara su turno de ser, una vez m\u00e1s, la presa. Por ahora necesitaba libros de Cazador.<br \/>\nLa obra cl\u00e1sica y definitiva era <em>Estrategia de la caza del hombre<\/em>, pero se la sab\u00eda ya casi de memoria. <em>El acecho y la emboscada<\/em> no era muy adecuado para las<br \/>\nactuales circunstancias.<br \/>\nEscogi\u00f3 <em>La Caza en las grandes ciudades<\/em> de Mitwell y Clark, <em>Rastrear al Rastreador<\/em> de Algreen, y <em>La t\u00e1ctica de grupo de la V\u00edctima<\/em> del mismo autor.<br \/>\nTodo estaba a punto. Dej\u00f3 unas l\u00edneas al lechero, cerr\u00f3 su apartamento y tom\u00f3 un taxi hacia el aeropuerto.<br \/>\nEn Nueva York, escogi\u00f3 un hotel c\u00e9ntrico no muy lejos del barrio donde viv\u00eda su v\u00edctima. El trato sonriente y lleno de atenciones del personal del hotel le puso nervioso: le intranquilizaba ser reconocido tan f\u00e1cilmente como un homicida reci\u00e9n llegado a la ciudad.<br \/>\nLo primero que vio al penetrar en su habitaci\u00f3n fue, cuidadosamente colocado en su mesilla de noche, junto con la bienvenida de la direcci\u00f3n, un folleto titulado <em>C\u00f3mo sacarle el m\u00e1ximo partido a la Catarsis Pasional<\/em>. Frelaine sonri\u00f3 mientras lo hojeaba.<br \/>\nPuesto que se trataba de la primera vez que ven\u00eda a Nueva York, ocup\u00f3 el resto de la tarde en pasear por el barrio de su V\u00edctima y en contemplar escaparates. Martinson &amp; Black le fascin\u00f3.<br \/>\nVisit\u00f3 el Sal\u00f3n de la Caza, donde se exhib\u00edan chalecos antibalas ultraligeros y sombreros blindados para uso de las V\u00edctimas. Le interes\u00f3 la vitrina donde se presentaban los \u00faltimos modelos calibre .38. Un cartel publicitario proclamaba:<\/p>\n<blockquote><p>\u00a1Empleen el Malvern de tiro directo, aprobado por la O.C.P.! Cargador de doce balas. Desviaci\u00f3n garantizada inferior a 0,02 mil\u00edmetros en un blanco situado a 300 metros. \u00a1Acierte a su V\u00edctima! \u00a1No arriesgue su vida teniendo a su alcance la mejor arma! \u00a1Malvern es seguridad!<\/p><\/blockquote>\n<p>Frelaine sonri\u00f3. Era una buena publicidad, y el peque\u00f1o rev\u00f3lver pavonado daba una impresi\u00f3n de eficacia total. Pero el Cazador estaba contento con su propia pistola.<br \/>\nExist\u00edan tambi\u00e9n en el mercado falsos bastones que albergaban cuatro balas listas para ser disparadas. La publicidad los anunciaba como algo disimulado, pr\u00e1ctico y seguro. Cuando era joven, Frelaine se hab\u00eda sentido apasionado por todas aquellas novedades que se suced\u00edan de a\u00f1o en a\u00f1o, pero ahora estimaba que los viejos m\u00e9todos tradicionales eran generalmente los que prestaban un mejor servicio.<br \/>\nCuando sali\u00f3 del Sal\u00f3n, cuatro empleados del servicio de limpieza se alejaban con un cad\u00e1ver a\u00fan caliente. Suspirando, Frelaine lament\u00f3 no haber estado all\u00ed para contemplar el espect\u00e1culo.<br \/>\nCen\u00f3 en un buen restaurante, y se acost\u00f3 temprano.<br \/>\nA la ma\u00f1ana siguiente se pase\u00f3 por los alrededores del domicilio de su V\u00edctima, cuyos rasgos estaban profundamente grabados en su memoria. No miraba a nadie, y avanzaba a paso r\u00e1pido, como si se dirigiera a un lugar muy concreto. Era as\u00ed como actuaban los Cazadores experimentados.<br \/>\nEntr\u00f3 en un bar a beber algo, y reanud\u00f3 su camino en direcci\u00f3n a Lexington Avenue.<br \/>\nLa vio al pasar ante la terraza de un caf\u00e9. Era imposible equivocarse: se trataba de Janet. Sentada ante una mesa, con los ojos perdidos en el vac\u00edo, ni siquiera levant\u00f3 la cabeza cuando \u00e9l pas\u00f3 cerca de ella.<br \/>\nFrelaine continu\u00f3 hasta la esquina, sin detenerse. All\u00ed, se detuvo y dio media vuelta. Sus manos temblaban. Exponerse as\u00ed, sin ninguna protecci\u00f3n&#8230; \u00a1Aquella chica estaba loca! \u00bfAcaso cre\u00eda que gozaba de una protecci\u00f3n sobrenatural?<br \/>\nDetuvo un taxi, y orden\u00f3 al conductor que diera la vuelta a la manzana. Cuando volvi\u00f3 a pasar por delante ella segu\u00eda en el mismo lugar. Frelaine la examin\u00f3 atentamente. Parec\u00eda m\u00e1s joven que en las fotograf\u00edas, pero era dif\u00edcil hacerse una idea precisa de su edad. De todos modos, no tendr\u00eda mucho m\u00e1s de veinte a\u00f1os. Su negro cabello, peinado con raya en medio y enrollado a cada lado formando como una concha sobre sus orejas, le daban el aspecto de una monja.<br \/>\nFrelaine se estremeci\u00f3 al darse cuenta de que su expresi\u00f3n era de tristeza y resignaci\u00f3n. Se pregunt\u00f3 si estaba dispuesta a hacer alg\u00fan gesto para defender su vida.<br \/>\nFrelaine pag\u00f3 al conductor y se meti\u00f3 en una farmacia. Hab\u00eda una cabina telef\u00f3nica libre. Entr\u00f3 y llam\u00f3 a la O.C.P.<br \/>\n\u2014\u00bfEst\u00e1n seguros de que una V\u00edctima llamada Janet-Marie Patzig ha recibido su notificaci\u00f3n? \u2014pregunt\u00f3.<br \/>\n\u2014Un momento, por favor.<br \/>\nFrelaine tamborile\u00f3 nerviosamente el cristal de la puerta mientras el funcionario buscaba la microficha correspondiente.<br \/>\n\u2014S\u00ed, se\u00f1or. Tenemos su acuse de recibo. \u00bfAlguna impugnaci\u00f3n?<br \/>\n\u2014Oh, no. Tan s\u00f3lo quer\u00eda verificar.<br \/>\nDespu\u00e9s de todo, se dijo, si aquella chica no quer\u00eda defenderse, all\u00e1 ella. Eso no era asunto suyo. El tan s\u00f3lo estaba autorizado a matarla. Era su turno de caza.<br \/>\nDe todos modos, decidi\u00f3 aplazarlo todo hasta el d\u00eda siguiente e irse al cine. Cen\u00f3, regres\u00f3 a su habitaci\u00f3n, ley\u00f3 el folleto de la O.C.P., y se acost\u00f3. Todo lo que ten\u00eda que hacer, pens\u00f3, con los ojos fijos en el techo, era meterle una bala en el cuerpo. Tomar un taxi, y disparar a trav\u00e9s de la ventanilla.<br \/>\n\u2014Pero as\u00ed no es muy emocionante \u2014se dijo tristemente antes de dormirse.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente, por la tarde, Frelaine regres\u00f3 al mismo lugar. Llam\u00f3 a un taxi y le dijo al conductor:<br \/>\n\u2014D\u00e9 la vuelta a la manzana, pero muy lentamente.<br \/>\n\u2014De acuerdo \u2014respondi\u00f3 el hombre, con una sonrisa tan sard\u00f3nica como perspicaz.<br \/>\nDesde su asiento, Frelaine se esforz\u00f3 en descubrir alg\u00fan rastreador.<br \/>\nAparentemente, no hab\u00eda ninguno. La joven ten\u00eda las manos visiblemente apoyadas sobre la mesa.<br \/>\nUn blanco f\u00e1cil, inm\u00f3vil.<br \/>\nFrelaine roz\u00f3 uno de los botones de su chaqueta cruzada. Una raja se abri\u00f3 en la tela, y no tuvo que hacer m\u00e1s que cerrar su mano sobre la culata del rev\u00f3lver. La hizo bascular, comprob\u00f3 el cargador, desliz\u00f3 una bala en la rec\u00e1mara.<br \/>\n\u2014Despacio \u2014dijo al conductor.<br \/>\nEl taxi pas\u00f3 lentamente ante el caf\u00e9. Frelaine apunt\u00f3 cuidadosamente.<br \/>\nSu dedo se crisp\u00f3 en el gatillo. Lanz\u00f3 una maldici\u00f3n.<br \/>\nUn camarero acababa de interponerse entre la joven y el ca\u00f1\u00f3n del arma, y Frelaine no sent\u00eda el menor deseo de herir a nadie.<br \/>\n\u2014D\u00e9 otra vuelta a la manzana \u2014orden\u00f3.<br \/>\nEl conductor sonri\u00f3 de nuevo y se retrep\u00f3 en su asiento. \u00bfSe sentir\u00eda tan alegre si supiera que me dispongo a matar a una mujer?, se dijo Frelaine.<br \/>\nEsta vez no hab\u00eda ning\u00fan camarero en su campo de tiro. La chica estaba encendiendo un cigarrillo, con sus ojos opacos fijos en el encendedor.<br \/>\nFrelaine apunt\u00f3 a la frente de su v\u00edctima, exactamente entre los dos ojos, y retuvo el aliento.<br \/>\nPero agit\u00f3 la cabeza, baj\u00f3 el arma y la meti\u00f3 de nuevo en su bolsillo para rev\u00f3lver.<br \/>\n\u00a1Aquella idiota estaba impidiendo que extrajera todo el provecho de su catarsis!<br \/>\nPag\u00f3 al conductor, baj\u00f3 del taxi y ech\u00f3 a andar.<br \/>\nEs demasiado f\u00e1cil, se dijo a s\u00ed mismo. Estaba acostumbrado a Cazas aut\u00e9nticas.<br \/>\nSus seis homicidios anteriores hab\u00edan sido complicados. Las V\u00edctimas hab\u00edan intentado todos los trucos posibles. Una de ellas hab\u00eda contratado al menos una docena de rastreadores. Pero Frelaine hab\u00eda ido modificando su t\u00e1ctica de acuerdo con las circunstancias, y los hab\u00eda descubierto a todos. Una vez se hab\u00eda disfrazado de lechero, otra de cobrador. Se hab\u00eda visto obligado a seguir a su sexta V\u00edctima hasta Sierra Nevada. Hab\u00eda sudado con ella, pero al fin la hab\u00eda conseguido.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 satisfacci\u00f3n pod\u00eda extraer de una V\u00edctima que se le ofrec\u00eda? \u00bfQu\u00e9 pensar\u00eda de ello el Club de los Diez?<br \/>\nApret\u00f3 los dientes al pensar en el Club de los Diez. Quer\u00eda formar parte de \u00e9l.<br \/>\nIncluso si renunciaba a matar a aquella chica, deber\u00eda enfrentarse obligatoriamente a un cazador. Y, si sobreviv\u00eda, necesitar\u00eda a\u00f1adir a\u00fan cuatro V\u00edctimas m\u00e1s a su palmar\u00e9s. \u00a1A aquel ritmo, jam\u00e1s podr\u00eda presentar su candidatura al Club!<br \/>\nSe dio cuenta de que estaba pasando ante el caf\u00e9. Obedeciendo a un s\u00fabito impulso, se detuvo.<br \/>\n\u2014Buenos d\u00edas \u2014dijo.<br \/>\nJanet Patzig lo mir\u00f3 con unos ojos desbordantes de tristeza, pero no respondi\u00f3.<br \/>\nFrelaine se sent\u00f3.<br \/>\n\u2014Escuche \u2014dijo\u2014. Si la molesto, no tiene m\u00e1s que decirlo, y me ir\u00e9. No soy de aqu\u00ed. He venido a Nueva York para asistir a un congreso. Y siento la necesidad de una presencia femenina junto a m\u00ed. Ahora bien, si la aburro, yo&#8230;<br \/>\n\u2014No importa \u2014dijo Janet Patzig con voz neutra.<br \/>\nFrelaine pidi\u00f3 un co\u00f1ac. El vaso de su compa\u00f1era estaba a\u00fan medio lleno. La observ\u00f3 con el rabillo del ojo, y su coraz\u00f3n empez\u00f3 a latir fuertemente. Tomar unas copas con su propia V\u00edctima&#8230; \u00a1eso al menos era algo emocionante!<br \/>\n\u2014Me llamo Stanton Frelaine \u2014dijo, sabiendo que revelar su identidad no significaba nada.<br \/>\n\u2014Yo, Janet.<br \/>\n\u2014\u00bfJanet qu\u00e9?<br \/>\n\u2014Janet Patzig.<br \/>\n\u2014Encantado de conocerla \u2014dijo \u00e9l, con un tono perfectamente natural\u2014. \u00bfTiene algo especial que hacer esta noche?<br \/>\n\u2014Seguramente esta noche estar\u00e9 muerta &#8211; dijo ella con voz suave.<br \/>\nFrelaine la contempl\u00f3 atentamente. \u00bfAcaso no comprend\u00eda qui\u00e9n era \u00e9l? Como m\u00ednimo, deber\u00eda estarle apuntando con un rev\u00f3lver por debajo de la mesa. Apoy\u00f3 un dedo en el bot\u00f3n que accionaba la extracci\u00f3n de su arma.<br \/>\n\u2014\u00bfEs usted una V\u00edctima?<br \/>\n\u2014Esa es la palabra exacta \u2014dijo ella con iron\u00eda\u2014. En su lugar, yo no me quedar\u00eda aqu\u00ed ni un segundo m\u00e1s. \u00bfDe qu\u00e9 sirve recibir una bala perdida?<br \/>\nFrelaine no pod\u00eda comprender c\u00f3mo estaba tan tranquila. \u00bfAcaso pretend\u00eda suicidarse? Quiz\u00e1 se estaba burlando de todo. Quiz\u00e1s estaba deseando morir.<br \/>\n\u2014\u00bfNo tiene usted rastreadores? \u2014pregunt\u00f3, con el tono justo de sorpresa en su voz.<br \/>\n\u2014No \u2014ella lo mir\u00f3 directamente a los ojos, y Frelaine se dio cuenta de algo en lo que hasta entonces no se hab\u00eda fijado: era muy hermosa. Hubo una pausa.<br \/>\n\u2014Soy una est\u00fapida \u2014dijo finalmente ella, en tono intrascendente\u2014. Un d\u00eda me dije que me gustar\u00eda cometer un homicidio, y me inscrib\u00ed en la O.C.P. Y luego&#8230;, luego no pude hacerlo.<br \/>\nFrelaine asinti\u00f3 con simpat\u00eda.<br \/>\n\u2014Sin embargo, el contrato es inflexible \u2014continu\u00f3 ella\u2014. No he matado a nadie, pero a pesar de todo debo jugar mi papel de V\u00edctima.<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no ha contratado usted a ning\u00fan rastreador?<br \/>\n\u2014Soy incapaz de matar a nadie. Absolutamente incapaz. Ni siquiera tengo rev\u00f3lver.<br \/>\n\u2014\u00a1Y sin embargo, para salir as\u00ed, como lo hace usted, se necesita una condenada dosis de valor! \u2014en su fuero interno, Frelaine se sent\u00eda asombrado ante tanta estupidez.<br \/>\n\u2014\u00bfY qu\u00e9 quiere usted que haga? \u2014dijo ella con indiferencia\u2014. Una no puede ocultarse cuando es perseguida por un Cazador&#8230;, un aut\u00e9ntico Cazador. Y no soy lo suficientemente rica como para desaparecer.<br \/>\n\u2014Yo, en su lugar&#8230; \u2014comenz\u00f3 Frelaine.<br \/>\n\u2014No \u2014lo interrumpi\u00f3 ella\u2014. He pensado mucho en esto. Todo es absurdo. El sistema entero es absurdo. Cuando tuve a mi V\u00edctima en la mira, cuando vi que pod\u00eda tan f\u00e1cilmente&#8230;, que pod\u00eda&#8230; \u2014se interrumpi\u00f3 y sonri\u00f3\u2014\u00a1Bah! No hablemos m\u00e1s de eso.<br \/>\nFrelaine se sinti\u00f3 impresionado por su deslumbrante sonrisa.<br \/>\nHablaron de muchas cosas. El le habl\u00f3 de su trabajo, y ella le habl\u00f3 de Nueva York. Ten\u00eda veintid\u00f3s a\u00f1os. Era actriz. Una actriz que nunca hab\u00eda tenido suerte.<br \/>\nCenaron juntos, y cuando ella acept\u00f3 su invitaci\u00f3n a un combate de gladiadores, Frelaine se sinti\u00f3 inundado de una absurda alegr\u00eda.<br \/>\nLlam\u00f3 a un taxi \u2013ten\u00eda la impresi\u00f3n de que pasaba todo su tiempo en taxi desde que su llegada a aquella ciudad\u2013, y le abri\u00f3 la puerta. Tuvo un instante de vacilaci\u00f3n mientras ella se sentaba. Le hubiera podido disparar una bala en el coraz\u00f3n. Hubiera sido tan f\u00e1cil.<br \/>\nPero no lo hizo. Esperemos, pens\u00f3.<br \/>\nLos combates eran los mismos que pod\u00edan verse en cualquier parte, y los gladiadores no exhib\u00edan un mayor talento que en cualquier otro lugar. Las reconstrucciones hist\u00f3ricas eran las habituales: el tridente contra la red, el sable contra la espada. Por supuesto, la mayor parte de los duelos eran a \u00faltima sangre.<br \/>\nHubo combates de hombres contra toros, de hombres contra leones, de hombres contra rinocerontes, seguidos de escenas m\u00e1s modernas: barricadas defendidas por arqueros, encuentros de esgrima sobre la cuerda floja.<br \/>\nFue una agradable velada. Frelaine llev\u00f3 a la joven a su casa. Las palmas de sus manos estaban h\u00famedas por el sudor. Nunca hab\u00eda experimentado una tal atracci\u00f3n hacia una mujer. \u00a1Y deb\u00eda matarla!<br \/>\nNo sab\u00eda qu\u00e9 actitud tomar.<br \/>\nElla le propuso que subiera a tomar una copa. Se sentaron en el div\u00e1n. Ella encendi\u00f3 un cigarrillo con un enorme encendedor y se recost\u00f3 en el mullido respaldo.<br \/>\n\u2014\u00bfSe quedar\u00e1 a\u00fan mucho tiempo en Nueva York? &#8211; pregunt\u00f3 ella.<br \/>\n\u2014No lo creo \u2014dijo \u00e9l\u2014. Mi congreso termina ma\u00f1ana.<br \/>\nHubo un largo silencio. Finalmente, Janet dijo:<br \/>\n\u2014Lamento que tenga que irse.<br \/>\nCallaron de nuevo. Luego, la joven se levant\u00f3 para preparar las bebidas. Frelaine la sigui\u00f3 con la mirada mientras se alejaba hacia la cocina. Este era el momento.<br \/>\nSe irgui\u00f3, apoy\u00f3 la mano en el bot\u00f3n&#8230; Pero no, el momento hab\u00eda pasado&#8230;, irrevocablemente. Sab\u00eda que no iba a matarla. Uno no puede matar a quien ama.<br \/>\nY \u00e9l la amaba.<br \/>\nFue una revelaci\u00f3n tan brusca como conmovedora. Hab\u00eda venido a Nueva York para matar, y en cambio&#8230;<br \/>\nElla regres\u00f3 con la bandeja y se sent\u00f3, con ojos ausentes.<br \/>\n\u2014Te quiero, Janet \u2014dijo \u00e9l.<br \/>\n\u2014Ella se volvi\u00f3 a mirarle. Hab\u00eda l\u00e1grimas en las comisuras de sus ojos.<br \/>\n\u2014No es posible \u2014murmur\u00f3\u2014. Soy una V\u00edctima. No voy a vivir mucho.<br \/>\n\u2014Vivir\u00e1s. Yo soy tu Cazador.<br \/>\nElla le estudi\u00f3 unos instantes en silencio, luego se ech\u00f3 a re\u00edr nerviosamente.<br \/>\n\u2014\u00bfVas a matarme?<br \/>\n\u2014No digas tonter\u00edas. Quiero casarme contigo.<br \/>\nRepentinamente, ella se refugi\u00f3 en sus brazos.<br \/>\n\u2014\u00a1Oh, Dios m\u00edo! &#8211; Solloz\u00f3 -. Esta espera&#8230; Ten\u00eda tanto miedo&#8230;<br \/>\n\u2014Todo ha terminado. Date cuenta de lo ir\u00f3nico de la situaci\u00f3n: \u00a1Vengo para asesinarte, y regreso casado contigo! Es algo que habremos de contar a nuestros hijos.<br \/>\n\u2014Ella le bes\u00f3. Luego se ech\u00f3 hacia atr\u00e1s en el div\u00e1n y encendi\u00f3 otro cigarrillo.<br \/>\n\u2014Apres\u00farate a hacer tus maletas \u2014dijo Frelaine\u2014. Quiero&#8230;<br \/>\n\u2014Un momento \u2014interrumpi\u00f3 ella\u2014. No me has preguntado si yo te amo a ti.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9?<br \/>\nElla segu\u00eda sonriendo, con el encendedor apuntando hacia \u00e9l. Un encendedor en cuya base hab\u00eda un negro orificio&#8230; un orificio cuyo di\u00e1metro correspond\u00eda exactamente al calibre .38.<br \/>\n\u2014No te burles de m\u00ed \u2014dijo \u00e9l, levant\u00e1ndose.<br \/>\n\u2014Estoy hablando en serio, querido.<br \/>\nPor una fracci\u00f3n de segundo, Frelaine se sorprendi\u00f3 de haberle calculado veinte a\u00f1os a Janet. Ahora que la ve\u00eda bien \u2013ahora que pod\u00eda verla realmente\u2013 se daba cuenta de que estaba rozando la treintena. Su rostro reflejaba una existencia febril, tensa.<br \/>\n\u2014Yo no te amo, Stanton \u2014dijo ella en voz muy baja, con el encendedor apuntando todav\u00eda hacia \u00e9l.<br \/>\nFrelaine trag\u00f3 saliva. Una parte de s\u00ed mismo permanec\u00eda a\u00fan fr\u00edamente objetiva y se maravillaba de las extraordinarias dotes de actriz de Janet Patzig. Ella lo hab\u00eda sabido desde un principio.<br \/>\nApret\u00f3 fren\u00e9ticamente el bot\u00f3n y el rev\u00f3lver salt\u00f3 en su mano, listo para disparar. El impacto lo alcanz\u00f3 en pleno pecho. Con aire de intenso asombro, se derrumb\u00f3 sobre la mesa. El arma escap\u00f3 de sus manos. Jadeando espasm\u00f3dicamente, semiinconsciente, la vio apuntar cuidadosamente para el golpe de gracia.<br \/>\n\u2014\u00a1Por fin voy a entrar al Club de los Diez! \u2014dijo ella, extasiada, mientras apretaba el gatillo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de Robert Sheckley (1928-2005) que se adelanta a varias distop\u00edas actuales.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16963,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Nuevo cuento del mes en Las Historias: \"La s\u00e9ptima v\u00edctima\" de Robert Sheckley. http:\/\/wp.me\/pjEhq-1Zc","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[2605,22,2343,2609,194,2608,2855,2604,2603,2607,2606],"class_list":["post-7638","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-battle-royale","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-elio-petri","tag-escritores-estadounidenses","tag-la-decima-victima","tag-literatura","tag-los-juegos-del-hambre","tag-robert-sheckley","tag-suzanne-collins","tag-takeshi-kitano"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/04\/Robert-Sheckley.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-1Zc","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7638","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7638"}],"version-history":[{"count":23,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7638\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16965,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7638\/revisions\/16965"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16963"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7638"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7638"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7638"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}