{"id":6213,"date":"2010-03-25T11:34:05","date_gmt":"2010-03-25T17:34:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=6213"},"modified":"2016-10-26T10:22:18","modified_gmt":"2016-10-26T15:22:18","slug":"de-la-madurez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/de-la-madurez\/","title":{"rendered":"De la madurez"},"content":{"rendered":"<p>Uno de mis prop\u00f3sitos para este a\u00f1o es dejar de buscar disculpas para el cuento. No las necesita, y si hay lectores que no se le acercan, peor para ellos. Que se vayan a leer la novela de moda y que nos dejen en paz. Que la forma del cuento es m\u00e1s antigua que la de la novela, dicen: muy bien. Que es m\u00e1s extra\u00f1a: qui\u00e9n sabe c\u00f3mo definen \u201cextra\u00f1o\u201d, pero de acuerdo. Que es m\u00e1s exigente, menos reconfortante, m\u00e1s arriesgada y peligrosa: s\u00ed, lo es, cuando se trata de cuentos que valen la pena. Son pocos, pero el encontrarlos es el encontrar una parte de lo verdaderamente valioso de la literatura, que no depende de su g\u00e9nero \u2013de hecho, incluso lo podemos encontrar en alguna que otra novela\u2013 y que rara vez podemos ver cuando est\u00e1 demasiado cerca: cuando acaba de aparecer o lo ha escrito alguien de nuestros contempor\u00e1neos.<\/p>\n<div align=center><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/Edificio-portada.JPG\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"4890\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/presentacion-de-edificio-cuentos-de-ana-garcia-bergua\/edificio-portada\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/Edificio-portada.JPG\" data-orig-size=\"583,917\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Edificio, de Ana Garc\u00eda Bergua\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/Edificio-portada.JPG\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/Edificio-portada-190x300.jpg\" alt=\"\" title=\"Edificio, de Ana Garc\u00eda Bergua\" width=\"190\" height=\"300\" class=\"alignnone size-medium wp-image-4890\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/Edificio-portada-190x300.jpg 190w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2010\/01\/Edificio-portada.JPG 583w\" sizes=\"auto, (max-width: 190px) 100vw, 190px\" \/><\/a><\/div>\n<p>Sospecho que <em>Edificio<\/em> de Ana Garc\u00eda Bergua ser\u00e1 reconocido, cuando podamos leerlo bien y con calma, como uno de esos libros escasos: de los que compensan meses y a\u00f1os de b\u00fasqueda entre novedades huecas y mal hechas. De momento, para celebrar su aparici\u00f3n, qued\u00e9monos con lo que se ve m\u00e1s inmediatamente: las quince historias que componen este volumen \u2013fragmentos de las vidas de otros tantos personajes que son vecinos en un conjunto imaginario de departamentos\u2013 son apasionantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora que nos encontramos con los cuentos m\u00e1s bien en colecciones que en revistas o peri\u00f3dicos, los mejores cuentistas buscan formas nuevas de justificar la existencia de sus libros. La intenci\u00f3n, en general, es que las historias sugieran una unidad que les d\u00e9 otro sentido m\u00e1s all\u00e1 del que pudieran tener individualmente: que los textos se hablen, como ha escrito el cr\u00edtico Gabriel Wolfson, a la vez que nos hablan a nosotros. <em>Edificio<\/em> se propone este objetivo de un modo claro e ingenioso: algunos personajes aparecen en m\u00e1s de un texto, de manera que todos parecen suceder en el mismo mundo inventado. No es un artificio muy distinto del <em>entrelacement<\/em>: la t\u00e9cnica por la cual los precursores de la novela en la edad media comenzaron a reunir tradiciones dispersas y a convertirlas en largos ciclos narrativos, aunque aqu\u00ed los personajes reunidos poco a poco, por medio de referencias sueltas que el lector va reuniendo aun sin darse cuenta, no son caballeros y reyes sino hombres y mujeres de clase media y de mediana edad, que se enfrentan con sus propias vidas huecas y con el extra\u00f1amiento que les inspira el hecho de que el tiempo los va dejando atr\u00e1s: que el destino del ser humano es la irrelevancia y el olvido y casi todos llegamos a esa meta mucho antes de la muerte. Las semillas de esta visi\u00f3n se plantan en el primer cuento, \u201cLa carta\u201d, y dan fruto en el \u00faltimo, \u201cLos tormentos de Aristarco\u201d; este \u00faltimo incluso se las arregla para reinterpretar, sutilmente, varias de las narraciones precedentes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por otra parte, lo que apasiona de los cuentos de <em>Edificio<\/em> \u2013o lo que a m\u00ed me apasiona\u2013 no es el dibujo de su realidad general y desoladora, por elegante que pueda ser, sino las historias individuales: los sucesos concretos de cada vida imaginada. En esto <em>Edificio<\/em> tiene ra\u00edces m\u00e1s antiguas: al contrario del grueso de nuestra tradici\u00f3n realista, que lleva cincuenta a\u00f1os escribiendo los mismos tedios de las mismas formas tediosas, Ana Garc\u00eda Bergua toma lo mejor de la m\u00e1s antigua tradici\u00f3n de la narrativa \u2013el impulso de la trama, la curiosidad por \u201clo que va a pasar despu\u00e9s\u201d\u2013 y en muchas ocasiones nos fuerza, efectivamente, a preguntarnos qu\u00e9 puede pasar luego con sus personajes. Esto no es poca cosa: sin aspavientos, cada texto sorprende con vueltas impredecibles, con sucesos que tienen perfecto sentido cuando ocurren pero no se ven venir y no necesitan ser imposibles ni estramb\u00f3ticos. La contenci\u00f3n no se tiene por una virtud entre nosotros y en verdad lo es muy raramente, pero aqu\u00ed se le emplea para producir muchas veces un efecto devastador: incluso las vidas m\u00e1s anodinas, las m\u00e1s alejadas de lo que ofrecen los sue\u00f1os y hasta los hechos improbables, de pronto pueden dar a quienes las viven una sorpresa. Nuestras formas de pensar, por s\u00f3lidas y tercas que puedan parecer, pueden llevarnos a acciones y encuentros inusitados; nuestra rutina puede desembocar en transformaciones radicales; todo lo anterior puede trastocarnos, y hasta destruirnos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si somos como los personajes de este libro, todo esto significa que ni siquiera la desolaci\u00f3n puede ofrecernos una estabilidad verdadera, el consuelo de lo que no cambia. Y, sin embargo, tal vez sea para bien que nuestras certidumbres sean tan enga\u00f1osas y nuestras existencias tan fr\u00e1giles. Nunca hay en <em>Edificio<\/em> el gusto por la superficie del sufrimiento que est\u00e1 de moda en tantos de esos libros malos que mencion\u00e9 al comienzo: al contrario, hay una perplejidad que me cuesta describir porque no es resignada pero tampoco fr\u00edvola. Tal vez, parece decir, incluso quienes estamos encerrados en nuestras vidas estamos m\u00e1s expuestos de lo que deseamos. Y tal vez sea para bien aunque no sea para nuestro bien, como dicen que dijo Kafka.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para acabar, perm\u00edtanme una cita rara: es de Santiago Auser\u00f3n, cantautor y rocanrolero espa\u00f1ol, quien habl\u00f3 en una de tantas entrevistas de los problemas de la m\u00fasica popular de su pa\u00eds. \u201cCada vez que est\u00e1 a punto de madurar una generaci\u00f3n\u201d, dijo, \u201cla industria y los medios la abandonan a su suerte: los chavales se mueren de estrellato antes de tiempo. (\u2026) No se produce con naturalidad el paso del estado de adolescente alucinado a humilde artesano con capacidad de aguante\u201d. Ahora se podr\u00eda usar lo dicho por Auser\u00f3n para declarar muchas obviedades. Mejor hacer una analog\u00eda a partir de la cuesti\u00f3n del aguante: aqu\u00ed no hay industria ni medios que se desentiendan de los escritores (porque tampoco dan el paso inicial de interesarse por ellos), pero de todas formas son muy pocos quienes apuestan por el refinamiento complicado, doloroso, incierto del trabajo propio m\u00e1s all\u00e1 de los primeros pasos, del primer golpe que casi nadie consigue dar y que tantos viven buscando mucho m\u00e1s all\u00e1 de toda medida. Ana Garc\u00eda Bergua es una de esas escasas afortunadas que ha sido consecuente con su evoluci\u00f3n como escritora, que ha aceptado la madurez de su vida y la ha convertido en madurez de su trabajo.<\/p>\n<p><em>(Esta nota se ley\u00f3 el mes pasado en la presentaci\u00f3n de <\/em>Edificio<em>, libro de cuentos de Ana Garc\u00eda Bergua publicado por la editorial P\u00e1ginas de Espuma.)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de mis prop\u00f3sitos para este a\u00f1o es dejar de buscar disculpas para el cuento. No las necesita, y si hay lectores que no se le acercan, peor para ellos. Que se vayan a leer la novela de moda y que nos dejen en paz. 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