{"id":52,"date":"2006-03-20T00:21:16","date_gmt":"2006-03-20T06:21:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=64"},"modified":"2025-09-07T19:37:45","modified_gmt":"2025-09-08T01:37:45","slug":"el-huesped","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-huesped\/","title":{"rendered":"El hu\u00e9sped"},"content":{"rendered":"<p>Este es el cuento m\u00e1s famoso de <a href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/archivo\/sobre-amparo-davila-la-via-del-oscurecimiento\/\">Amparo D\u00e1vila<\/a> (1928-2020), autora por un tiempo olvidada, pero rescatada a comienzos de este siglo. Hoy se le considera una de las m\u00e1s grandes narradoras mexicanas del siglo XX, y el Premio Nacional de Cuento, otorgados por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, lleva su nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los textos de Amparo D\u00e1vila acostumbran tratar lo que no se ve y no se dice, lo impreciso e inquietante que est\u00e1 justo m\u00e1s all\u00e1 del lenguaje y la experiencia. Vale mucho la pena buscar sus libros centrales: <em>Tiempo destrozado<\/em> (1959) y <em>M\u00fasica concreta<\/em> (1964), o bien la antolog\u00eda de sus <em>Cuentos completos<\/em>, aparecida en 2009. \u00abEl hu\u00e9sped\u00bb es el cuento m\u00e1s comentado de este sitio \u2013v\u00e9ase la parte inferior de esta p\u00e1gina\u2013, y no sin raz\u00f3n: su misterio est\u00e1 hecho para perdurar, para no resolverse nunca y sin embargo seguir provocando curiosidad y asombro.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/03\/amparo-davila.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13251\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-huesped\/amparo-davila-2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/03\/amparo-davila.jpg\" data-orig-size=\"1200,1119\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Amparo D\u00e1vila\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/03\/amparo-davila-1024x955.jpg\" class=\"aligncenter size-large wp-image-13251\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/03\/amparo-davila-1024x955.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"955\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/03\/amparo-davila-1024x955.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/03\/amparo-davila-300x280.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/03\/amparo-davila.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL HU\u00c9SPED<br \/>\nAmparo D\u00e1vila<\/strong><\/p>\n<p>Nunca olvidar\u00e9 el d\u00eda en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso de un viaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llev\u00e1bamos entonces cerca de tres a\u00f1os de matrimonio, ten\u00edamos dos ni\u00f1os y yo no era feliz. Representaba para mi marido algo as\u00ed como un mueble, que se acostumbra uno a ver en determinado sitio, pero que no causa la menor impresi\u00f3n. Viv\u00edamos en un pueblo peque\u00f1o, incomunicado y distante de la ciudad. Un pueblo casi muerto o a punto de desaparecer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No pude reprimir un grito de horror, cuando lo vi por primera vez. Era l\u00fagubre, siniestro. Con grandes ojos amarillentos, casi redondos y sin parpadeo, que parec\u00edan penetrar a trav\u00e9s de las cosas y de las personas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi vida desdichada se convirti\u00f3 en un infierno. La misma noche de su llegada supliqu\u00e9 a mi marido que no me condenara a la tortura de su compa\u00f1\u00eda. No pod\u00eda resistirlo; me inspiraba desconfianza y horror. \u00abEs completamente inofensivo\u00bb \u2014dijo mi marido mir\u00e1ndome con marcada indiferencia. \u00abTe acostumbrar\u00e1s a su compa\u00f1\u00eda y, si no lo consigues\u2026\u201c No hubo manera de convencerlo de que se lo llevara. Se qued\u00f3 en nuestra casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No fui la \u00fanica en sufrir con su presencia. Todos los de la casa \u2014mis ni\u00f1os, la mujer que me ayudaba en los quehaceres, su hijito\u2014 sent\u00edamos pavor de \u00e9l. S\u00f3lo mi marido gozaba teni\u00e9ndolo all\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde el primer d\u00eda mi marido le asign\u00f3 el cuarto de la esquina. Era \u00e9sta una pieza grande, pero h\u00fameda y oscura. Por esos inconvenientes yo nunca la ocupaba. Sin embargo \u00e9l pareci\u00f3 sentirse contento con la habitaci\u00f3n. Como era bastante oscura, se acomodaba a sus necesidades. Dorm\u00eda hasta el oscurecer y nunca supe a qu\u00e9 hora se acostaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Perd\u00ed la poca paz de que gozaba en la casona. Durante el d\u00eda, todo marchaba con aparente normalidad. Yo me levantaba siempre muy temprano, vest\u00eda a los ni\u00f1os que ya estaban despiertos, les daba el desayuno y los entreten\u00eda mientras Guadalupe arreglaba la casa y sal\u00eda a comprar el mandado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La casa era muy grande, con un jard\u00edn en el centro y los cuartos distribuidos a su alrededor. Entre las piezas y el jard\u00edn hab\u00eda corredores que proteg\u00edan las habitaciones del rigor de las lluvias y del viento que eran frecuentes. Tener arreglada una casa tan grande y cuidado el jard\u00edn, mi diaria ocupaci\u00f3n de la ma\u00f1ana, era tarea dura. Pero yo amaba mi jard\u00edn. Los corredores estaban cubiertos por enredaderas que floreaban casi todo el a\u00f1o. Recuerdo cu\u00e1nto me gustaba, por las tardes, sentarme en uno de aquellos corredores a coser la ropa de los ni\u00f1os, entre el perfume de las madreselvas y de las bugambilias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el jard\u00edn cultivaba crisantemos, pensamientos, violetas de los Alpes, begonias y heliotropos. Mientras yo regaba las plantas, los ni\u00f1os se entreten\u00edan buscando gusanos entre las hojas. A veces pasaban horas, callados y muy atentos, tratando de coger las gotas de agua que se escapaban de la vieja manguera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo no pod\u00eda dejar de mirar, de vez en cuando, hacia el cuarto de la esquina. Aunque pasaba todo el d\u00eda durmiendo no pod\u00eda confiarme. Hubo muchas veces que cuando estaba preparando la comida ve\u00eda de pronto su sombra proyect\u00e1ndose sobre la estufa de le\u00f1a. Lo sent\u00eda detr\u00e1s de m\u00ed&#8230; yo arrojaba al suelo lo que ten\u00eda en las manos y sal\u00eda de la cocina corriendo y gritando como una loca. \u00c9l volv\u00eda nuevamente a su cuarto, como si nada hubiera pasado<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Creo que ignoraba por completo a Guadalupe, nunca se acercaba a ella ni la persegu\u00eda. No as\u00ed a los ni\u00f1os y a m\u00ed. A ellos los odiaba y a m\u00ed me acechaba siempre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando sal\u00eda de su cuarto comenzaba la m\u00e1s terrible pesadilla que alguien pueda vivir. Se situaba siempre en un peque\u00f1o cenador, enfrente de la puerta de mi cuarto. Yo no sal\u00eda m\u00e1s. Algunas veces, pensando que a\u00fan dorm\u00eda, yo iba hacia la cocina por la merienda de los ni\u00f1os, de pronto lo descubr\u00eda en alg\u00fan oscuro rinc\u00f3n del corredor, bajo las enredaderas. \u00ab\u00a1All\u00ed est\u00e1 ya, Guadalupe!\u00bb; gritaba desesperada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Guadalupe y yo nunca lo nombr\u00e1bamos, nos parec\u00eda que al hacerlo cobraba realidad aquel ser tenebroso. Siempre dec\u00edamos: \u2014All\u00ed est\u00e1, ya sali\u00f3, est\u00e1 durmiendo, \u00e9l, \u00e9l, \u00e9l..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Solamente hac\u00eda dos comidas, una cuando se levantaba al anochecer y otra, tal vez, en la madrugada antes de acostarse. Guadalupe era la encargada de llevarle la bandeja, puedo asegurar que la arrojaba dentro del cuarto pues la pobre mujer sufr\u00eda el mismo terror que yo. Toda su alimentaci\u00f3n se reduc\u00eda a carne, no probaba nada m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando los ni\u00f1os se dorm\u00edan, Guadalupe me llevaba la cena al cuarto. Yo no pod\u00eda dejarlos solos, sabiendo que se hab\u00eda levantado o estaba por hacerlo. Una vez terminadas sus tareas, Guadalupe se iba con su peque\u00f1o a dormir y yo me quedaba sola, contemplando el sue\u00f1o de mis hijos. Como la puerta de mi cuarto quedaba siempre abierta, no me atrev\u00eda a acostarme, temiendo que en cualquier momento pudiera entrar y atacarnos. Y no era posible cerrarla; mi marido llegaba siempre tarde y al no encontrarla abierta habr\u00eda pensado&#8230; Y llegaba bien tarde. Que ten\u00eda mucho trabajo, dijo alguna vez. Pienso que otras cosas tambi\u00e9n lo entreten\u00edan&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una noche estuve despierta hasta cerca de las dos de la ma\u00f1ana, oy\u00e9ndolo afuera&#8230; Cuando despert\u00e9, lo vi junto a mi cama, mir\u00e1ndome con su mirada fija, penetrante&#8230; Salt\u00e9 d\u00e9 la cama y le arroj\u00e9 la l\u00e1mpara de gasolina que dejaba encendida toda la noche. No hab\u00eda luz el\u00e9ctrica en aquel pueblo y no hubiera soportado quedarme a oscuras, sabiendo que en cualquier momento&#8230; \u00c9l se libr\u00f3 del golpe y sali\u00f3 de la pieza. La l\u00e1mpara se estrell\u00f3 en el piso de ladrillo y la gasolina se inflam\u00f3 r\u00e1pidamente. De no haber sido por Guadalupe que acudi\u00f3 a mis gritos, habr\u00eda ardido toda la casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi marido no ten\u00eda tiempo para escucharme ni le importaba lo que sucediera en la casa. S\u00f3lo habl\u00e1bamos lo indispensable. Entre nosotros, desde hac\u00eda tiempo el afecto y las palabras se hab\u00edan agotado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vuelvo a sentirme enferma cuando recuerdo&#8230; Guadalupe hab\u00eda salido a la compra y dej\u00f3 al peque\u00f1o Mart\u00edn dormido en un caj\u00f3n donde lo acostaba durante el d\u00eda. Fui a verlo varias veces, dorm\u00eda tranquilo. Era cerca del mediod\u00eda. Estaba peinando a mis ni\u00f1os cuando o\u00ed el llanto del peque\u00f1o mezclado con extra\u00f1os gritos. Cuando llegu\u00e9 al cuarto lo encontr\u00e9 golpeando cruelmente al ni\u00f1o. A\u00fan no sabr\u00eda explicar c\u00f3mo le quit\u00e9 al peque\u00f1o y c\u00f3mo me lanc\u00e9 contra \u00e9l con una tranca que encontr\u00e9 a la mano, y lo ataqu\u00e9 con toda la furia contenida por tanto tiempo. No s\u00e9 si llegu\u00e9 a causarle mucho da\u00f1o, pues ca\u00ed sin sentido. Cuando Guadalupe volvi\u00f3 del mandado, me encontr\u00f3 desmayada y a su peque\u00f1o lleno de golpes y de ara\u00f1os que sangraban. El dolor y el coraje que sinti\u00f3 fueron terribles. Afortunadamente el ni\u00f1o no muri\u00f3 y se recuper\u00f3 pronto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tem\u00ed que Guadalupe se fuera y me dejara sola. Si no lo hizo, fue porque era una mujer noble y valiente que sent\u00eda gran afecto por los ni\u00f1os y por m\u00ed. Pero ese d\u00eda naci\u00f3 en ella un odio que clamaba venganza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando cont\u00e9 lo que hab\u00eda pasado a mi marido, le exig\u00ed que se lo llevara, alegando que pod\u00eda matar a nuestros ni\u00f1os como trat\u00f3 de hacerlo con el peque\u00f1o Mart\u00edn. \u00abCada d\u00eda est\u00e1s m\u00e1s hist\u00e9rica, es realmente doloroso y deprimente contemplarte as\u00ed&#8230; te he explicado mil veces que es un ser inofensivo.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pens\u00e9 entonces en huir de aquella casa, de mi marido, de \u00e9l&#8230; Pero no ten\u00eda dinero y los medios de comunicaci\u00f3n eran dif\u00edciles. Sin amigos ni parientes a quienes recurrir, me sent\u00eda tan sola como un hu\u00e9rfano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mis ni\u00f1os estaban atemorizados, ya no quer\u00edan jugar en el jard\u00edn y no se separaban de mi lado. Cu\u00e1ndo Guadalupe sal\u00eda al mercado, me encerraba con ellos en mi cuarto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 Esta situaci\u00f3n no puede continuar \u2014le dije un d\u00eda a Guadalupe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 Tendremos que hacer algo y pronto \u2013 me contest\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 \u00bfPero qu\u00e9 podemos hacer las dos solas? \u2014Solas, es verdad, pero con un odio&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus ojos ten\u00edan un brillo extra\u00f1o. Sent\u00ed miedo y alegr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La oportunidad lleg\u00f3 cuando menos la esper\u00e1bamos. Mi marido parti\u00f3 para la ciudad a arreglar unos negocios. Tardar\u00eda en regresar, seg\u00fan me dijo, unos veinte d\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No s\u00e9 si \u00e9l se enter\u00f3 de que mi marido se hab\u00eda marchado, pero ese d\u00eda despert\u00f3 antes de lo acostumbrado y se situ\u00f3 frente a mi cuarto. Guadalupe y su ni\u00f1o durmieron en mi cuarto y por primera vez pude cerrar la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Guadalupe y yo pasamos casi toda la noche haciendo planes. Los ni\u00f1os dorm\u00edan tranquilamente. De cuando en cuando o\u00edamos que llegaba hasta la puerta del cuarto y la golpeaba con furia&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al d\u00eda siguiente dimos de desayunar a los tres ni\u00f1os y, para estar tranquilas y que no nos estorbaran en nuestros planes, los encerramos en mi cuarto. Guadalupe y yo ten\u00edamos muchas cosas por hacer y tanta prisa en realizarlas que no pod\u00edamos perder tiempo ni en comer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Guadalupe cort\u00f3 varias tablas, grandes y resistentes, mientras yo buscaba martillo y clavos. Cuando todo estuvo listo, llegamos sin hacer ruido hasta el cuarto de la esquina. Las hojas de la puerta estaban entornadas. Conteniendo la respiraci\u00f3n, bajamos los pasadores, despu\u00e9s cerramos la puerta con llave y comenzamos a clavar las tablas hasta clausurarla totalmente. Mientras trabaj\u00e1bamos, gruesas gotas de sudor nos corr\u00edan por la frente. No hizo entonces ruido, parec\u00eda que estaba durmiendo profundamente. Cuando todo estuvo terminado, Guadalupe y yo nos abrazamos llorando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los d\u00edas que siguieron fueron espantosos. Vivi\u00f3 muchos d\u00edas sin aire, sin luz, sin alimento&#8230; Al principio golpeaba la puerta, tir\u00e1ndose contra ella, gritaba desesperado, ara\u00f1aba&#8230; Ni Guadalupe ni yo pod\u00edamos comer ni dormir, \u00a1eran terribles los gritos&#8230;! A veces pens\u00e1bamos que mi marido regresar\u00eda antes de que hubiera muerto. \u00a1Si lo encontrara as\u00ed&#8230;! Su resistencia fue mucha, creo que vivi\u00f3 cerca de dos semanas&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un d\u00eda ya no se oy\u00f3 ning\u00fan ruido. Ni un lamento&#8230; Sin embargo, esperamos dos d\u00edas m\u00e1s, antes de abrir el cuarto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando mi marido regres\u00f3, lo recibimos con la noticia de su muerte repentina y desconcertante.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un relato cl\u00e1sico de lo extra\u00f1o y lo misterioso de la gran escritora mexicana Amparo D\u00e1vila (1928-2020).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13251,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[46,22,159,185,25,198,2855,2291,359,360,526],"class_list":["post-52","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-amparo-davila","tag-cuento","tag-el-huesped","tag-escritoras","tag-escritores","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-de-terror","tag-literatura-fantastica","tag-tiempo-destrozado"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/03\/amparo-davila.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-Q","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=52"}],"version-history":[{"count":19,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17037,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52\/revisions\/17037"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13251"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=52"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=52"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=52"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}