{"id":495,"date":"2008-07-20T10:04:28","date_gmt":"2008-07-20T15:04:28","guid":{"rendered":"http:\/\/albertochimal.wordpress.com\/?p=51"},"modified":"2025-09-11T19:13:43","modified_gmt":"2025-09-12T01:13:43","slug":"la-nariz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-nariz\/","title":{"rendered":"La nariz"},"content":{"rendered":"<p>Este cuento, publicado por primera vez en 1836, no es tan dif\u00edcil de hallar en libros y antolog\u00edas, pero aparece ahora aqu\u00ed porque es grande y porque yo lo descubr\u00ed por casualidad, leyendo un libro del que no esperaba nada parecido. Tal vez alguien pueda tener a\u00fan esa experiencia, al llegar a esta bit\u00e1cora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El a\u00f1o pr\u00f3ximo se celebra el bicentenario de <a href=\"http:\/\/www.epdlp.com\/escritor.php?id=1766\">Nikol\u00e1i G\u00f3gol<\/a> (1809-1852), nacido en Ucrania pero que siempre escribi\u00f3 en ruso. <em>Almas muertas <\/em>(1842) es su gran novela, pero tambi\u00e9n destacan en su obra \u00abTaras Bulba\u00bb (aparecido en <em>Mirgorod<\/em>, una colecci\u00f3n de historias de 1835, y ampliado posteriormente) y los <em>Cuentos de San Petersburgo<\/em> (1835), entre los que est\u00e1n \u00abEl capote\u00bb, \u00abEl diario de un loco\u00bb y \u00e9ste, \u00abLa nariz\u00bb, ejemplar en muchas colecciones de literatura fant\u00e1stica y uno de los cuentos m\u00e1s importantes de la literatura del siglo XIX.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;G\u00f3gol escribi\u00f3: \u00abLos poderes misteriosos me han destinado a caminar de la mano de mis extra\u00f1os h\u00e9roes, contemplando la vida en toda su inmensidad mientras pasa a mi lado, contempl\u00e1ndola a trav\u00e9s de una risa que el mundo ve y de l\u00e1grimas que no ve ni conoce\u00bb. La \u00faltima parte de la frase puede distraer del hecho de que este cuento (como otros del escritor)\u00a0sigue siendo, hasta hoy, una visi\u00f3n poderosa y llena de humor que se resiste a cualquier interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica o sociol\u00f3gica.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/9E3E1757-5A60-4ECB-A096-8FA6133C2604_mw1024_mh1024_s.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13273\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-nariz\/9e3e1757-5a60-4ecb-a096-8fa6133c2604_mw1024_mh1024_s\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/9E3E1757-5A60-4ECB-A096-8FA6133C2604_mw1024_mh1024_s.jpg\" data-orig-size=\"1024,768\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Nikolai G\u00f3gol\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/9E3E1757-5A60-4ECB-A096-8FA6133C2604_mw1024_mh1024_s-1024x768.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/9E3E1757-5A60-4ECB-A096-8FA6133C2604_mw1024_mh1024_s-1024x768.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"768\" class=\"aligncenter size-large wp-image-13273\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/9E3E1757-5A60-4ECB-A096-8FA6133C2604_mw1024_mh1024_s.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/9E3E1757-5A60-4ECB-A096-8FA6133C2604_mw1024_mh1024_s-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA NARIZ<br \/>\nNikol\u00e1i G\u00f3gol<\/strong><\/p>\n<h4>I<\/h4>\n<p>En marzo, el d\u00eda 25, sucedi\u00f3 en San Petersburgo un hecho de lo m\u00e1s ins\u00f3lito. El barbero Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich, domiciliado en la Avenida Voznesenski (su apellido no ha llegado hasta nosotros y ni siquiera figura en el r\u00f3tulo de la barber\u00eda, donde s\u00f3lo aparece un caballero con la cara enjabonada y el aviso de \u00abTambi\u00e9n se hacen sangr\u00edas\u00bb), el barbero Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich se despert\u00f3 bastante temprano y not\u00f3 que ol\u00eda a pan caliente. Al incorporarse un poco en el lecho vio que su esposa, se\u00f1ora muy respetable y gran amante del caf\u00e9, estaba sacando del horno unos panecillos reci\u00e9n cocidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Hoy no tomar\u00e9 caf\u00e9, Praskovia Osipovna -anunci\u00f3 Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich-. Lo que s\u00ed me apetece es un panecillo caliente con cebolla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(La verdad es que a Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich le apetec\u00edan ambas cosas, pero sab\u00eda que era totalmente imposible pedir las dos a la vez, pues a Praskovia Osipovna no le gustaban nada tales caprichos.) \u00abQue coma pan, el muy est\u00fapido. Mejor para m\u00ed: as\u00ed sobrar\u00e1 una taza de caf\u00e9\u00bb, pens\u00f3 la esposa. Y arroj\u00f3 un panecillo sobre la mesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por aquello del decoro, Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich endos\u00f3 su frac encima del camis\u00f3n de dormir, se sent\u00f3 a la mesa provisto de sal y dos cebollas, empu\u00f1\u00f3 un cuchillo y se puso a cortar el panecillo con aire solemne. Cuando lo hubo cortado en dos se fij\u00f3 en una de las mitades y, muy sorprendido, descubri\u00f3 un cuerpo blanquecino entre la miga. Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich lo tante\u00f3 con cuidado, vali\u00e9ndose del cuchillo, y lo palp\u00f3. \u00ab\u00a1Est\u00e1 duro! -se dijo para sus adentros-. \u00bfQu\u00e9 podr\u00e1 ser?\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Meti\u00f3 dos dedos y sac\u00f3&#8230; \u00a1una nariz! Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich estaba pasmado. Se restreg\u00f3 los ojos, volvi\u00f3 a palpar aquel objeto: nada, que era una nariz. \u00a1Una nariz! Y, adem\u00e1s, parec\u00eda ser la de alg\u00fan conocido. El horror se pint\u00f3 en el rostro de Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich. Sin embargo, aquel horror no era nada, comparado con la indignaci\u00f3n que se adue\u00f1\u00f3 de su esposa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfD\u00f3nde has cortado esa nariz, so fiera? -grit\u00f3 con ira- \u00a1Brib\u00f3n! \u00a1Borracho! Yo misma dar\u00e9 parte de ti a la polic\u00eda. \u00a1Habrase visto, el brib\u00f3n! Claro, as\u00ed he o\u00eddo yo quejarse ya a tres parroquianos. Dicen que, cuando los afeitas, les pegas tales tirones de narices que ni saben c\u00f3mo no te quedas con ellas entre los dedos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras tanto, Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich parec\u00eda m\u00e1s muerto que vivo. Acababa de darse cuenta de que aquella nariz era nada menos que la del asesor colegiado Kovaliov, a quien afeitaba los mi\u00e9rcoles y los domingos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Espera, Praskovia Osipovna! Voy a dejarla de momento en un rinc\u00f3n, envuelta en un trapo, y luego me la llevar\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Ni hablar! \u00a1Enseguida voy a consentir yo una nariz cortada en mi habitaci\u00f3n!&#8230; \u00a1Esperpento! Como no sabe m\u00e1s que darle correa a la navaja para suavizarla, pronto ser\u00e1 incapaz de cumplir con su cometido. \u00a1Est\u00fapido! \u00bfCrees que voy a cargar yo con la responsabilidad cuando venga la polic\u00eda? \u00a1Fuera esa nariz! \u00a1Fuera! \u00a1Ll\u00e9vatela adonde quieras! \u00a1Que no vuelva yo a saber nada de ella!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich segu\u00eda all\u00ed como petrificado, pensando y venga a pensar, sin que se le ocurriera nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-El demonio sabr\u00e1 c\u00f3mo ha podido suceder esto -dijo finalmente, rasc\u00e1ndose detr\u00e1s de una oreja-. \u00bfVolv\u00ed yo borracho anoche, o volv\u00ed fresco? No podr\u00eda decirlo a ciencia cierta. Ahora bien, seg\u00fan todos los indicios, \u00e9ste debe ser un asunto enrevesado, ya que el pan es una cosa y otra cosa muy distinta es una nariz. \u00a1Nada, que no lo entiendo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich enmudeci\u00f3, a punto de desmayarse ante la idea de que la polic\u00eda llegase a encontrar la nariz en su poder y lo empapelara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le parec\u00eda estar viendo ya el cuello rojo del uniforme, todo bordado en plata, la espada&#8230; y temblaba de pies a cabeza. Finalmente, agarr\u00f3 la ropa y las botas, se puso todos aquellos pingos y, acompa\u00f1ado por las desabridas reconvenciones de Praskovia Osipovna, se ech\u00f3 a la calle llevando la nariz envuelta en un trapo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ten\u00eda la intenci\u00f3n de deshacerse del envoltorio en cualquier parte, tir\u00e1ndolo tras el guardacant\u00f3n de una puerta cochera o dej\u00e1ndolo caer como inadvertidamente y torcer luego por la primera bocacalle. Lo malo era que, en el preciso momento, se cruzaba con alg\u00fan conocido, que enseguida empezaba a preguntarle:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00bfA d\u00f3nde vas?, o \u00bfa qui\u00e9n vas a afeitar tan temprano?\u00bb, de manera que a Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich se le escapaba la ocasi\u00f3n propicia. Una vez consigui\u00f3 dejarlo caer, pero un guardia urbano le hizo se\u00f1as desde lejos con su alabarda al tiempo que le advert\u00eda: \u00ab\u00a1Eh! Algo se te ha ca\u00eddo. Rec\u00f3gelo\u00bb. De modo que Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich tuvo que recoger la nariz y guard\u00e1rsela en el bolsillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo embargaba la desesperaci\u00f3n, sobre todo porque el n\u00famero de transe\u00fantes se multiplicaba sin cesar, a medida que se abr\u00edan los comercios y los puestos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tom\u00f3 la decisi\u00f3n de llegarse al puente Is\u00e1kievski, por si consegu\u00eda arrojar la nariz al r\u00edo Neva&#8230; Pero, a todo esto, he de pedir disculpas por no haber dicho hasta ahora nada acerca de Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich, persona honorable bajo muchos conceptos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como todo menestral ruso que se respete, Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich era un borracho empedernido. Y aunque a diario afeitaba mentones ajenos, el suyo estaba eternamente sin rapar. El frac de Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich (porque Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich jam\u00e1s usaba levita) ostentaba tantos lamparones parduzcos y grises que, a pesar de ser negro, parec\u00eda hecho de tela estampada; adem\u00e1s ten\u00eda el cuello lustroso de mugre y unas hilachas en el lugar de tres botones. Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich era un gran c\u00ednico. El asesor colegiado Kovaliov sol\u00eda decirle mientras lo afeitaba: \u00abSiempre te apestan las manos, Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich.\u00bb A lo que Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich contestaba preguntando a su vez: \u00ab\u00bfY por qu\u00e9 han de apestarme?\u00bb El asesor colegiado insist\u00eda: \u00abNo lo s\u00e9, hombre; pero te apestan.\u00bb Por lo cual, y despu\u00e9s de aspirar una toma de rap\u00e9, Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich le aplicaba el jab\u00f3n a grandes brochazos en las mejillas, debajo de la nariz, detr\u00e1s de las orejas, en el cuello&#8230; Donde se le antojaba, vamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nuestro respetable ciudadano se encontraba ya en el puente de Is\u00e1kievski. Empez\u00f3 por mirar a su alrededor, luego se asom\u00f3 por encima del pretil como para ver si hab\u00eda muchos peces debajo del puente y arroj\u00f3 disimuladamente el trapo con la nariz. Not\u00f3 como si le hubieran quitado de golpe diez puds de encima: incluso esboz\u00f3 una sonrisita socarrona. Y entonces, cuando en vez de marcharse a rapar mentones oficinescos se dirig\u00eda a tomar un vaso de ponche en cierto establecimiento cuyo r\u00f3tulo dec\u00eda \u00abComidas y t\u00e9\u00bb, divis\u00f3 de pronto al final del puente a un guardia de gallarda apostura y frondosas patillas con su tricornio y su espada. Se qued\u00f3 fr\u00edo: el guardia lo llamaba con un dedo y dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Ven para ac\u00e1, hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Conocedor de las ordenanzas, Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich se quit\u00f3 el gorro desde lejos y obedeci\u00f3 a toda prisa con estas palabras:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Salud tenga us\u00eda!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Deja, hombre, d\u00e9jate de us\u00edas y expl\u00edcame lo que estabas haciendo ah\u00ed en el puente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Por Dios le juro, se\u00f1or, que iba a afeitar a un parroquiano y s\u00f3lo me detuve a mirar si llevaba mucha agua el r\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Mentira! Est\u00e1s mintiendo. Pero, no te ha de valer. Haz el favor de contestar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Estoy dispuesto a afeitar a vuestra merced dos veces por semana, o incluso tres, sin rechistar -contest\u00f3 Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Qui\u00e1! D\u00e9jate de bobadas, amigo. A m\u00ed me afeitan ya tres barberos, y lo tienen a mucha honra. Conque haz el favor de contarme lo que estabas haciendo all\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich se puso l\u00edvido&#8230; Pero el suceso queda a partir de aqu\u00ed totalmente envuelto en brumas y no se sabe nada en absoluto de lo ocurrido despu\u00e9s.<\/p>\n<h4>II<\/h4>\n<p>El asesor colegiado Kovaliov se despert\u00f3 bastante temprano y resopl\u00f3 -\u00abbrrr&#8230;\u00bb-, cosa que hac\u00eda siempre al despertarse, aunque ni \u00e9l mismo habr\u00eda podido explicar por qu\u00e9 raz\u00f3n. Kovaliov se desperez\u00f3 y pidi\u00f3 un espejo peque\u00f1o que hab\u00eda encima de la mesa. Quer\u00eda verse un granito que le hab\u00eda salido la noche anterior en la nariz. Y entonces, para gran asombro suyo, en el lugar de su nariz descubri\u00f3 una superficie totalmente lisa. Mand\u00f3 que le trajeran agua y se frot\u00f3 los ojos con una toalla h\u00fameda: \u00a1nada, que no estaba la nariz! Comenz\u00f3 a palparse, pregunt\u00e1ndose si estar\u00eda dormido. Pero, no; no era una figuraci\u00f3n. El asesor colegiado Kovaliov se tir\u00f3 precipitadamente de la cama, sacudiendo la cabeza con preocupaci\u00f3n: \u00a1no ten\u00eda nariz! Pidi\u00f3 su ropa al instante y parti\u00f3 como una flecha a ver al jefe de polic\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A todo esto, bueno ser\u00eda decir unas palabras acerca de Kovaliov para poner al lector en antecedentes del rango de nuestro asesor colegiado. Los asesores colegiados que han obtenido su t\u00edtulo mediante estudios respaldados por certificaciones cient\u00edficas no pueden ser comparados en modo alguno con aquellos que se han firmado en el C\u00e1ucaso. Son dos categor\u00edas enteramente distintas. Los asesores colegiados&#8230; Pero, Rusia es un pa\u00eds tan peregrino que basta decir algo acerca de un asesor colegiado para que, desde Riga hasta Kamchatka, se den por aludidos todos cuantos poseen igual t\u00edtulo&#8230; Y lo mismo sucede con todos los dem\u00e1s t\u00edtulos o grados. Kovaliov era asesor colegiado del C\u00e1ucaso. S\u00f3lo hac\u00eda dos a\u00f1os que ostentaba el t\u00edtulo, hecho que no se permit\u00eda olvidar ni por un instante. De manera que, para darse m\u00e1s prestancia y fuste, nunca se presentaba como asesor colegiado sino como mayor. \u00abOye, guapa, p\u00e1sate por mi casa -sol\u00eda decir al cruzarse en la calle con alguna vendedora de pecheras almidonadas-. Est\u00e1 en la calle Sad\u00f3vaya. Con que preguntes d\u00f3nde vive el mayor Kovaliov, cualquiera te lo dir\u00e1.\u00bb Y si se encontraba con una de buen palmito, precisaba confidencialmente: \u00abPregunta por el piso del mayor Kovaliov, \u00bfeh, preciosa?\u00bb Por eso mismo, tambi\u00e9n nosotros llamaremos mayor a este asesor colegiado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El mayor Kovaliov ten\u00eda el h\u00e1bito de pasear todos los d\u00edas por la Avenida Nevski. Llevaba siempre el cuello de la pechera muy limpio y almidonado. Sus patillas eran como las que todav\u00eda usan los agrimensores provinciales y comarcales, los arquitectos y los m\u00e9dicos de regimiento, igual que los funcionarios de polic\u00eda y, en general, todos esos caballeros de mejillas rubicundas y sonrosadas que suelen jugar muy bien al boston: son unas patillas que bajan hasta media cara y llegan en l\u00ednea recta a la misma nariz. El mayor Kovaliov luc\u00eda multitud de dijes, unos de cornalina, otros con escudos labrados y tambi\u00e9n de los que llevan grabadas las palabras mi\u00e9rcoles, jueves, lunes, etc. El mayor Kovaliov hab\u00eda viajado a San Petersburgo para ciertos menesteres consistentes en buscar un acomodo a tenor con su rango: un nombramiento de vicegobernador, si lo consegu\u00eda, o, en todo caso, el de ejecutor en alg\u00fan Departamento de fuste. El mayor Kovaliov tampoco estaba en contra de casarse, pero s\u00f3lo en el caso de que acompa\u00f1ara a la novia un capital de doscientos mil rublos. Por todo lo cual podr\u00e1 comprender ahora el lector el estado de \u00e1nimo de este mayor al descubrir un est\u00fapido espacio plano y liso en lugar de su nariz, que no era nada fea ni desproporcionada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para colmo de males, no aparec\u00eda ni un solo coche de punto por la calle, y el mayor tuvo que caminar a pie, embozado en su capa y cubri\u00e9ndose la cara con un pa\u00f1uelo como si fuera sangrando. \u00abPero, bueno, \u00bfno ser\u00e1 esto una figuraci\u00f3n m\u00eda? Es imposible que una nariz se extrav\u00ede as\u00ed, est\u00fapidamente\u00bb, pens\u00f3, y entr\u00f3 en una pasteler\u00eda, con el solo fin de mirarse al espejo. Por fortuna, no hab\u00eda parroquianos en el establecimiento. Unos chicuelos barr\u00edan el local y ordenaban los asientos mientras otros, con ojos de sue\u00f1o, sacaban bandejas de pastelillos reci\u00e9n hechos; sobre las mesas y las sillas andaban tirados peri\u00f3dicos de la v\u00edspera manchados de caf\u00e9. \u00ab\u00a1Menos mal que no hay nadie! -se dijo Kovaliov-. Ahora podr\u00e9 mirarme.\u00bb Se acerc\u00f3 t\u00edmidamente al espejo y mir\u00f3. \u00abPero, \u00bfqu\u00e9 demonios de porquer\u00eda es \u00e9sta? -profiri\u00f3 soltando un salivazo-. \u00a1Si por lo menos hubiera algo en lugar de la nariz!&#8230; \u00a1Pero, es que no hay nada!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sali\u00f3 de la pasteler\u00eda mordi\u00e9ndose los labios de rabia y, en contra de sus h\u00e1bitos, decidi\u00f3 no mirar ni sonre\u00edr a nadie. De pronto, se detuvo at\u00f3nito a la entrada de una casa. Ante sus ojos se produjo un fen\u00f3meno inexplicable: un carruaje par\u00f3 al pie de la puerta principal y, cuando se abri\u00f3 la portezuela, salt\u00f3 a tierra, ligeramente encorvado, un caballero de uniforme que subi\u00f3 con presteza la escalinata. Cu\u00e1l no ser\u00eda el sobresalto, y al mismo tiempo la estupefacci\u00f3n de Kovaliov al reconocer a su propia nariz. A la vista de semejante portento, le pareci\u00f3 que todo daba vueltas a su alrededor. Not\u00f3 que apenas pod\u00eda tenerse en pie y, sin embargo, decidi\u00f3, aunque tiritando como si tuviera fiebre, aguardar a toda costa a que volviera a subir al coche. Efectivamente, a los dos minutos sali\u00f3 la nariz. Vest\u00eda uniforme bordado en oro, de cuello alto, y pantal\u00f3n de gamuza y llevaba la espada al costado. El penacho del tricornio indicaba que pose\u00eda el rango de consejero de Estado. Seg\u00fan todas las apariencias, estaba haciendo visitas. Mir\u00f3 a un lado y a otro, llam\u00f3 de un grito al cochero, subi\u00f3 al carruaje y parti\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El pobre Kovaliov estuvo a punto de volverse loco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No sab\u00eda ni qu\u00e9 pensar de tan extra\u00f1o suceso. En efecto, \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda vestir uniforme una nariz que, la v\u00edspera sin ir m\u00e1s lejos, se encontraba en mitad de su cara y no era capaz de desplazarse, ni en carruaje ni a pie, por s\u00ed sola? Corri\u00f3 en pos del veh\u00edculo que, felizmente, pronto se detuvo ante la iglesia de Nuestra Se\u00f1ora de Kaz\u00e1n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kovaliov corri\u00f3 hacia el templo, abri\u00e9ndose paso entre las filas de viejas mendigas -entrapajadas hasta el extremo de que s\u00f3lo quedaban dos orificios para los ojos- de las que tanto se burlaba antes, y penetr\u00f3 en la iglesia. Hab\u00eda pocos fieles y casi todos se hab\u00edan quedado cerca de la puerta. Kovaliov se hallaba en tal estado de consternaci\u00f3n que ni siquiera ten\u00eda \u00e1nimos para rezar, y buscaba con los ojos a aquel caballero por todos los rincones. Al fin lo descubri\u00f3, un poco apartado. La nariz ten\u00eda el rostro totalmente oculto por el gran cuello alto y oraba con extraordinaria devoci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00bfC\u00f3mo lo abordar\u00eda? -se pregunt\u00f3 Kovaliov-. A la vista est\u00e1, por el uniforme, por el tricornio, que se trata de un consejero de Estado. El demonio sabr\u00e1&#8230;\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carraspe\u00f3 varias veces cerca de la nariz, que no abandonaba ni por un instante su devota actitud ni cesaba en sus genuflexiones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Caballero&#8230; -dijo Kovaliov, haciendo un esfuerzo para darse \u00e1nimos-. Caballero&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfQu\u00e9 se le ofrece? -pregunt\u00f3 la nariz volviendo la cara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Estoy extra\u00f1ado, caballero&#8230; Me parece&#8230; Deber\u00eda usted saber cu\u00e1l es su sitio. De repente lo encuentro a usted&#8230; \u00bfY d\u00f3nde le encuentro? En una iglesia. Habr\u00e1 de convenir que&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Perdone usted, pero no logro entender lo que tiene usted a bien decirme. Expl\u00edquese.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00bfC\u00f3mo voy a explicarme?\u00bb -pens\u00f3 Kovaliov-, y luego, sacando fuerzas de flaqueza, comenz\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Claro que yo&#8230; Por cierto, he de decirle que soy mayor y eso de andar por ah\u00ed sin nariz, como usted comprender\u00e1, es indecoroso. Sin nariz podr\u00eda pasar cualquiera de esas vendedoras de naranjas peladas del puente de Voskresenski; pero yo, que aspiro a obtener&#8230;, habiendo sido presentado en muchas casas donde hay damas como la se\u00f1ora Chejtariova, esposa de un consejero de Estado, y otras muchas&#8230; H\u00e1gase usted cargo&#8230; Yo no s\u00e9, caballero&#8230; -al llegar aqu\u00ed, el mayor Kovaliov se encogi\u00f3 de hombros-. Usted perdone, pero considerando todo esto desde el punto de vista de las normas del deber y del honor&#8230;, usted mismo comprender\u00e1&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Pues no. No comprendo absolutamente nada -contest\u00f3 la nariz-. Hable de modo m\u00e1s expl\u00edcito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Caballero&#8230; -replic\u00f3 Kovaliov con aire muy digno-, no acierto a interpretar sus palabras&#8230; Me parece que el asunto est\u00e1 bien claro. \u00a1O pretende usted&#8230; \u00a1Pero si usted es mi propia nariz!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La nariz consider\u00f3 al mayor y frunci\u00f3 un poco el ce\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Est\u00e1 usted en un error, caballero. Yo soy yo, adem\u00e1s, que entre nosotros no puede haber la menor relaci\u00f3n directa, pues a juzgar por los botones de su uniforme, usted pertenece a otro departamento que yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dicho esto, la nariz volvi\u00f3 la cabeza y prosigui\u00f3 sus oraciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Totalmente confuso, Kovaliov se qued\u00f3 sin saber qu\u00e9 hacer y ni siquiera qu\u00e9 pensar. En esto se escuch\u00f3 el encantador rumor de unas vestiduras femeninas. Llegaba una se\u00f1ora de cierta edad, toda encajes, y con ella otra, muy esbelta, con un vestido blanco que dibujaba a la perfecci\u00f3n su fina silueta y un sombrero de paja ligero como un pastel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un lacayo alto, con frondosas patillas y una buena docena de esclavinas en la librea, se situ\u00f3 detr\u00e1s de ellas y abri\u00f3 una tabaquera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kovaliov se acerc\u00f3 un poco, estir\u00f3 el cuello de batista de su pechera, retoc\u00f3 los dijes colgantes de la cadena de oro y, sonriendo a un lado y a otro, fij\u00f3 su atenci\u00f3n en la et\u00e9rea dama que se inclinaba levemente, parecida a una florecilla de primavera, y elevaba hacia la frente su breve mano blanca de dedos trasl\u00facidos. La sonrisa de Kovaliov se acentu\u00f3 cuando divis\u00f3, bajo el sombrero, su ment\u00f3n redondo, deslumbrante de blancura, y parte de la mejilla te\u00f1ida por el color de la primera rosa primaveral. Pero de pronto peg\u00f3 un respingo como si se hubiera quemado con algo. Record\u00f3 que no ten\u00eda absolutamente nada en lugar de nariz y se le saltaron las l\u00e1grimas. Dio media vuelta con objeto de tildar sin rodeos de farsante y miserable al se\u00f1or del uniforme, para decirle que no era ni por asomo consejero de Estado, sino \u00fanica y exclusivamente su propia nariz&#8230; Pero ya no estaba all\u00ed la nariz. Se conoce que, entre tanto, hab\u00eda salido disparada para continuar sus visitas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta circunstancia sumi\u00f3 a Kovaliov en la desesperaci\u00f3n. Sali\u00f3 de la iglesia y se detuvo un instante bajo el p\u00f3rtico, escudri\u00f1ando hacia todas partes por si divisaba en alg\u00fan sitio a su nariz. Recordaba muy bien que llevaba tricornio con penacho y uniforme bordado en oro, pero no se hab\u00eda fijado en el capote, ni en el color del carruaje, ni en los caballos y ni siquiera en si llevaba lacayo detr\u00e1s y c\u00f3mo era su librea. Con la particularidad de que habr\u00eda sido dif\u00edcil identificar aquel carruaje entre tantos, como circulaban en uno y otro sentido a toda velocidad. Adem\u00e1s, aunque lo hubiese identificado, no ten\u00eda a su alcance ning\u00fan medio para hacerlo detenerse. Hac\u00eda un d\u00eda espl\u00e9ndido y soleado. La Avenida Nevski era un hormiguero de gente. Desde el puente de Polits\u00e9iski hasta el de Anichkin cubr\u00eda las aceras una policroma cascada femenina. Kovaliov divis\u00f3 tambi\u00e9n a un consejero de la Corte conocido suyo a quien siempre daba el tratamiento de teniente coronel, especialmente si se hallaban ante extra\u00f1os. Luego vio a Yariguin, jefe de negociado en el Senado, gran amigo suyo, que siempre era pillado en renuncio al boston cuando jugaba el ocho. Y otro mayor, con asesor\u00eda del C\u00e1ucaso, que agitaba una mano llam\u00e1ndolo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Maldita sea! -mascull\u00f3 Kovaliov-. \u00a1Eh, cochero! \u00a1A la prefectura de polic\u00eda!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kovaliov subi\u00f3 al veh\u00edculo y se pas\u00f3 todo el trayecto grit\u00e1ndole al cochero: \u00ab\u00a1arrea, hombre, arrea!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfEst\u00e1 en su despacho el se\u00f1or prefecto? -pregunt\u00f3 a voz en cuello al penetrar en el vest\u00edbulo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-No, se\u00f1or -contest\u00f3 el conserje-. Acaba de salir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1\u00c9sta s\u00ed que es buena!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Y no hace mucho que sali\u00f3, por cierto -a\u00f1adi\u00f3 el conserje-. Con haber llegado un momento antes, quiz\u00e1 lo hubiera encontrado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin apartar el pa\u00f1uelo de su rostro, Kovaliov regres\u00f3 al coche de alquiler y orden\u00f3 con acento desesperado:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Tira!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfHacia d\u00f3nde? -inquiri\u00f3 el cochero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Derecho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Derecho! \u00a1Pero, si estamos en un cruce! A la derecha o a la izquierda?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta pregunta dej\u00f3 cortado a Kovaliov y lo oblig\u00f3 a reflexionar de nuevo. En su situaci\u00f3n, lo l\u00f3gico era acudir, antes que nada, a la Direcci\u00f3n de Seguridad, y no por su relaci\u00f3n directa con la polic\u00eda, sino porque sus disposiciones pod\u00edan ser mucho m\u00e1s expeditas que las de otras instancias. En cuanto a buscar justicia recurriendo a las autoridades superiores del Departamento al que dijo pertenecer la nariz, no ten\u00eda sentido, pues de las propias respuestas de la nariz se pod\u00eda colegir que no hab\u00eda nada sagrado para aquel sujeto y era muy capaz de mentir en esa circunstancia, lo mismo que hab\u00eda mentido al afirmar que nunca se hab\u00edan visto. De modo que Kovaliov iba a ordenar ya al cochero que lo condujera a la Direcci\u00f3n de Seguridad, cuando de nuevo lo asalt\u00f3 la idea de que aquel redomado brib\u00f3n, que con tanta desfachatez se hab\u00eda comportado durante la primera entrevista, pod\u00eda muy bien aprovechar el tiempo para escabullirse de la ciudad y todas las pesquisas ser\u00edan entonces in\u00fatiles o pod\u00edan durar un mes entero si Dios no pon\u00eda remedio. Finalmente, como si el cielo lo iluminara, decidi\u00f3 personarse en la oficina de publicidad para que apareciera en los peri\u00f3dicos, sin p\u00e9rdida de tiempo, un anuncio con la descripci\u00f3n detallada de todas las se\u00f1as, de manera que cuantos se encontraran con \u00e9l pudieran conducirlo, acto seguido, a su presencia o, por lo menos, darle a conocer su paradero. Nada m\u00e1s tomar esta decisi\u00f3n, orden\u00f3 al cochero que lo llevara a la oficina de publicidad, y fue todo el trayecto aporre\u00e1ndole la espalda con el pu\u00f1o, repitiendo: \u00ab\u00a1Date prisa, miserable! \u00a1Date prisa, brib\u00f3n!\u00bb A lo que el cochero s\u00f3lo contestaba: \u00ab\u00a1Ay, se\u00f1orito!&#8230;\u00bb, sacudiendo la cabeza y arreando con las riendas a su caballo, tan peludo como un perro de lanas. El carruaje se detuvo al fin, y Kovaliov irrumpi\u00f3 todo jadeante en una oficina de reducidas dimensiones. Detr\u00e1s de una mesa, un empleado canoso y con gafas, que vest\u00eda un viejo frac, recontaba las monedas que hab\u00eda cobrado, manteniendo la pluma entre los dientes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfQui\u00e9n recibe aqu\u00ed los anuncios? -pregunt\u00f3 Kovaliov en un grito-. \u00a1Ah! Buenos d\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Muy buenos los tenga usted -contest\u00f3 el empleado canoso alzando un momento los ojos y volviendo a posarlos en el dinero que contaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Desear\u00eda insertar&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Perdone. Le ruego que aguarde un instante -profiri\u00f3 el empleado anotando un n\u00famero en un papel al tiempo que pasaba dos bolas de \u00e1baco con la mano izquierda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un lacayo de casa grande, a juzgar por su empaque y por su librea galonada, esperaba junto a la mesa con una nota en la mano y consider\u00f3 oportuno patentizar su urbanidad:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Le aseguro, caballero, que el perrillo no vale ochenta kopecs. Es m\u00e1s: yo no dar\u00eda ni cuatro por \u00e9l. Pero la Condesa le tiene cari\u00f1o; s\u00ed, le tiene cari\u00f1o, y ya ve usted: \u00a1cien rublos a quien lo encuentre! Si hemos de hablar con propiedad, as\u00ed, como estamos aqu\u00ed usted y yo, hay personas que tienen gustos disparatados. Puestos a tener un perro, que sea uno de muestra, o un malt\u00e9s. Y entonces, no hay que reparar en quinientos rublos; ni siquiera en mil, con tal de que sea lo que se dice todo un perro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El respetable empleado escuchaba todo aquello con aire entendido, aunque sin dejar por eso de calcular las letras del anuncio que le hab\u00edan entregado. Alrededor se apretujaban viejucas, dependientes de comercio y porteros; todos con alguna nota en la mano. Una era ofreciendo los servicios de un cochero de conducta sobria; otra un carruaje en buen uso, tra\u00eddo de Par\u00eds el a\u00f1o 1814, y otra m\u00e1s una moza de diecinueve a\u00f1os, sabiendo lavar y planchar, as\u00ed como otras faenas&#8230; Se vend\u00eda una calesa resistente, aunque le faltaba una ballesta, un joven y brioso caballo rodado de diecisiete a\u00f1os, simientes de nabo y r\u00e1bano reci\u00e9n recibidas de Londres, una casa de campo con todas sus dependencias, dos cuadras para caballos y un terreno donde se pod\u00eda plantar un magn\u00edfico soto de abedules o abetos&#8230; Tambi\u00e9n hab\u00eda un aviso para quienes desearan adquirir suelas usadas, invit\u00e1ndolos a la reventa que se efectuaba diariamente de ocho a tres. El cuarto donde se hacinaba toda aquella gente era peque\u00f1o y la atm\u00f3sfera estaba sumamente cargada; pero el asesor colegiado no pod\u00eda percibir el olor porque se cubr\u00eda la cara con el pa\u00f1uelo y porque su nariz se encontraba Dios sab\u00eda d\u00f3nde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Perm\u00edtame preguntarle, se\u00f1or m\u00edo&#8230; Es muy urgente, -pronunci\u00f3 al fin con impaciencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Ahora mismo, ahora mismo&#8230; Son dos rublos con cuarenta y tres kopecs. Enseguida lo atiendo. Un rublo con sesenta y cuatro kopecs -dec\u00eda el empleado canoso arroj\u00e1ndoles a viejucas y porteros sus respectivos recibos a la cara-. \u00bfDeseaba usted? -pregunt\u00f3 al fin dirigi\u00e9ndose a Kovaliov.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Pues, quisiera&#8230; -contest\u00f3 Kovaliov-. He sido v\u00edctima de una extorsi\u00f3n o de una supercher\u00eda&#8230;, no podr\u00eda decirlo a ciencia cierta hasta este momento&#8230; S\u00f3lo quisiera anunciar que quien me traiga a ese canalla ser\u00e1 cumplidamente recompensado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfSu apellido, por favor?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfMi apellido? \u00a1No! \u00bfPara qu\u00e9? No puedo decirlo. \u00a1Con tantas amistades como tengo! La se\u00f1ora Chejtariova, esposa de un consejero de Estado&#8230; Palagueia Grig\u00f3rievna Podt\u00f3china, casada con un oficial superior&#8230; \u00bfY si se enteraran de pronto? \u00a1Dios me libre! Puede usted poner, sencillamente, un asesor colegiado o, mejor todav\u00eda, un caballero con el grado de mayor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Y el que se le ha escapado, \u00bfera siervo suyo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfQui\u00e9n habla de un siervo? Eso no ser\u00eda una granujada muy grande. Lo que se me ha escapado es&#8230; la nariz&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Jum! \u00a1Qu\u00e9 apellido tan raro! \u00bfY le ha estafado mucho ese se\u00f1or?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-No me ha entendido usted. Cuando digo nariz, no me refiero a un apellido, sino a mi propia nariz, que ha desaparecido sin dejar rastro. \u00a1Alguna jugarreta del demonio!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Pero, \u00bfde qu\u00e9 modo ha desaparecido? No acabo de hacerme cargo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Tampoco podr\u00eda decir yo de qu\u00e9 modo ha desaparecido; pero lo esencial es que ahora anda de un lado para otro por la ciudad y se hace pasar por consejero de Estado. Por eso le ruego poner el anuncio: para que quien le eche mano me la traiga inmediatamente, sin dilaci\u00f3n alguna. H\u00e1gase usted cargo: \u00bfc\u00f3mo me las voy a arreglar sin un ap\u00e9ndice tan visible? Porque no se trata de un simple me\u00f1ique del pie, por ejemplo, que va metido dentro de la bota y nadie advierte su falta. Yo suelo ir los jueves a casa de la se\u00f1ora Chejtariova, esposa de un consejero de Estado. Tambi\u00e9n me distinguen con su amistad Palagueia Grig\u00f3rievna Podt\u00f3china, casada con un oficial de Estado Mayor, y su hija, que es un encanto. Conque, d\u00edgame usted qu\u00e9 hago yo ahora. No puedo presentarme a ellas de ninguna manera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El empleado se puso a cavilar, lo que pod\u00eda colegirse por el modo de apretar los labios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Pues, no. No puedo insertar ese anuncio -dictamin\u00f3 al fin, despu\u00e9s de un largo silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfC\u00f3mo? \u00bfPor qu\u00e9 no?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Porque podr\u00eda desprestigiar a un peri\u00f3dico. Si ahora se pone a escribir la gente que se le ha escapado la nariz, pues&#8230; Demasiado se murmura ya de que publicamos muchos disparates y bulos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfY por qu\u00e9 es esto un disparate? Me parece que no tiene nada de particular.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Eso se lo parece a usted. Bueno, pues mire: la semana pasada ocurri\u00f3 algo por el estilo. Se present\u00f3 un funcionario, de la misma manera que se ha presentado usted ahora, con una nota que le sali\u00f3 por dos rublos y setenta y tres kopecs, anunciando en todo y por todo que se hab\u00eda escapado un perro de aguas de pelo negro. Al parecer, nada de particular, \u00bfverdad? Pues result\u00f3 un embrollo: se trata del cajero de no recuerdo qu\u00e9 establecimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Pero el anuncio que yo le traigo no se refiere a ning\u00fan perro, sino a mi propia nariz, cosa que equivale casi a mi propia persona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-No. Yo no puedo insertar en modo alguno un anuncio as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Pero, \u00a1si es verdad que se ha extraviado mi nariz!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Entonces, eso es cosa de los m\u00e9dicos. Los hay, seg\u00fan cuentan, que son capaces de ponerle a la gente la nariz que quiera. Pero, estoy viendo que es usted un hombre de buen humor y amigo de gastar bromas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Por Dios santo, le juro que es verdad! En fin, si hasta aqu\u00ed hemos llegado, ahora ver\u00e1 usted mismo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfPara qu\u00e9 se va a molestar? -protest\u00f3 el empleado tomando un poco de rap\u00e9-. Aunque, si no le hace extorsi\u00f3n -a\u00f1adi\u00f3, picado ya por la curiosidad-, me gustar\u00eda verlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El asesor colegiado retir\u00f3 el pa\u00f1uelo de su rostro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Es rar\u00edsimo, efectivamente -opin\u00f3 el empleado-. Tiene el sitio de la nariz tan liso como la palma de la mano. S\u00ed, s\u00ed, incre\u00edblemente liso&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfSeguir\u00e1 discutiendo ahora? Ya lo est\u00e1 viendo: no hay m\u00e1s remedio que publicarlo. Le quedar\u00e9 especialmente agradecido, y celebro que este suceso me haya proporcionado el placer de conocerle&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como puede verse, el mayor lleg\u00f3 incluso a rebajarse un poco en esta ocasi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Claro que publicarlo no cuesta ning\u00fan trabajo -dijo el empleado-, aunque no veo que saque provecho alguno de ello. Si tanto inter\u00e9s tiene, cu\u00e9ntele el caso a alguien que tenga la pluma f\u00e1cil para que lo describa como un fen\u00f3meno de la naturaleza y lo publique en La abeja del Norte -aqu\u00ed sorbi\u00f3 otro poco de tabaco- para instrucci\u00f3n de la juventud -aqu\u00ed se limpi\u00f3 la nariz- o simplemente como un hecho curioso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El asesor colegiado estaba totalmente apabullado. Baj\u00f3 los ojos, que tropezaron con la cartelera de espect\u00e1culos al pie de un peri\u00f3dico. Iba a sonre\u00edr al leer el nombre de una encantadora actriz y echaba ya mano al bolsillo para comprobar si llevaba alg\u00fan billete de cinco rublos, pues los oficiales superiores, en opini\u00f3n de Kovaliov, deb\u00edan sentarse en el patio de butacas, cuando el recuerdo de la nariz ech\u00f3 por tierra toda su alegr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al propio empleado pareci\u00f3 afectarle la situaci\u00f3n peliaguda de Kovaliov. Y crey\u00f3 oportuno mitigar un poco su pesar con algunas palabras de simpat\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-En verdad lamento mucho el percance que le ha sucedido. \u00bfNo quiere usted tomar un poco de rap\u00e9? Disipa los dolores de cabeza y los disgustos. Incluso va bien para las hemorroides.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con estas palabras, el empleado present\u00f3 a Kovaliov su tabaquera escamoteando con bastante agilidad la tapa que representaba a una se\u00f1ora con sombrero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta acci\u00f3n impremeditada sac\u00f3 de sus casillas a Kovaliov.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-No comprendo c\u00f3mo se le ocurren esas bromas -dijo irritado-. \u00bfNo est\u00e1 viendo que me falta, precisamente, lo necesario para aspirar el rap\u00e9? \u00a1Al diablo con su tabaco! Ahora no puedo ni verlo, aunque me lo ofreciera de la mejor marca y no esa porquer\u00eda que fabrica Berezin.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dicho lo cual, sali\u00f3 profundamente contrariado de la oficina de publicidad para dirigirse a casa del comisario de polic\u00eda; hombre muy aficionado al az\u00facar. En el recibimiento, que hac\u00eda las veces de comedor, hab\u00eda gran cantidad de pilones de az\u00facar, amistosa ofrenda de los comerciantes. La sirvienta estaba quit\u00e1ndole al comisario las botas altas de reglamento; la espada y dem\u00e1s atributos guerreros pend\u00edan ya pac\u00edficamente en sus rincones; el imponente tricornio hab\u00eda pasado a manos del hijo del comisario, un ni\u00f1o de tres a\u00f1os, y el propio comisario se dispon\u00eda, despu\u00e9s del batallar cotidiano, a gozar de una calma deliciosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kovaliov se present\u00f3 cuando el comisario dec\u00eda, entre un desperezo y un resoplido: \u00ab\u00a1Vaya dos horitas de siesta que me voy a echar!\u00bb De lo cual pod\u00eda colegirse que la llegada del mayor era totalmente intempestiva. Y no creo que le hubiera recibido con excesiva afabilidad aun tray\u00e9ndole en ese momento unas libras de t\u00e9 o una pieza de pa\u00f1o. El comisario era gran amante de todas las artes y los productos manufacturados, aunque por encima de todo prefer\u00eda los billetes de banco. \u00abEsto s\u00ed que es bueno -sol\u00eda decir-. No hay nada mejor. No piden de comer, ocupan tan poco sitio que siempre caben en el bolsillo y si se caen, no se rompen.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El comisario dispens\u00f3 a Kovaliov una acogida bastante fr\u00eda y dijo que despu\u00e9s de comer no era el momento de realizar investigaciones, que era mandato de la propia naturaleza descansar un poco despu\u00e9s de alimentarse suficientemente (de lo cual pudo deducir el asesor colegiado que el comisario no ignoraba las sentencias de los sabios de la Antig\u00fcedad), que a ninguna persona de orden le arrancan la nariz y que anda por el mundo buen n\u00famero de mayores de toda cala\u00f1a que ni siquiera tienen ropa interior decente y frecuentan lugares poco recomendables.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que se llama un buen revolc\u00f3n. Preciso es se\u00f1alar que Kovaliov era un hombre sumamente susceptible. Pod\u00eda perdonar cuanto dijeran de su persona, pero de ning\u00fan modo lo que se refiriese a su categor\u00eda o a su t\u00edtulo. Incluso opinaba que en las obras de teatro se pod\u00eda pasar por alto todo lo relativo a los oficiales subalternos, pero que de ah\u00ed para arriba era inadmisible cualquier ataque. El recibimiento dispensado por el comisario lo ofusc\u00f3 tanto que sacudi\u00f3 la cabeza y dijo muy digno, abriendo un poco los brazos: \u00abConfieso que, despu\u00e9s de observaciones tan afrentosas por su parte, yo no puedo a\u00f1adir nada&#8230;\u00bb, y se retir\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lleg\u00f3 a su casa tan cansado que casi no pod\u00eda tenerse. Hab\u00eda ca\u00eddo la tarde. Despu\u00e9s de tantas gestiones infructuosas, su domicilio le pareci\u00f3 trist\u00f3n y de lo m\u00e1s repugnante. Cuando entr\u00f3 en el recibimiento descubri\u00f3 a Iv\u00e1n, su criado, tumbado de espaldas en un mugriento sof\u00e1 de cuero y dedicado a escupir al techo con tanta punter\u00eda que muchas veces acertaba en el mismo sitio. Indignado ante tal indiferencia, Kovaliov le peg\u00f3 un sombrerazo en la frente rezongando: \u00abT\u00fa siempre haciendo estupideces, \u00a1cerdo!\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Iv\u00e1n se levant\u00f3 de un brinco y corri\u00f3 a quitarle la capa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al entrar en su cuarto, el mayor se dej\u00f3 caer cansado y abatido en un sill\u00f3n y al fin dijo, despu\u00e9s de unos cuantos suspiros:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Dios m\u00edo!, \u00bfqu\u00e9 habr\u00e9 hecho yo para merecer este castigo? Si me hubiera quedado sin un brazo, o sin una pierna, habr\u00eda sido preferible; incluso sin orejas, aunque estar\u00eda mal, a\u00fan podr\u00eda pasar. Pero, \u00bfqu\u00e9 diablos es un hombre sin nariz? No es un pajarraco ni es un ciudadano honrado. Nada; una cosa que se puede tirar sencillamente por la ventana. Y bueno que el percance hubiera ocurrido en la guerra o en un duelo o por culpa m\u00eda. Pero, \u00a1es que mi nariz ha desaparecido sin m\u00e1s ni m\u00e1s, tontamente!&#8230; Aunque, no; no puede ser -a\u00f1adi\u00f3 despu\u00e9s de pensarlo un poco-. Es inconcebible que desaparezca una nariz: de todo punto inconcebible. O estoy so\u00f1ando, o es una figuraci\u00f3n; seguro. O quiz\u00e1 me haya bebido por equivocaci\u00f3n, en vez de agua, el vodka de friccionarme la cara despu\u00e9s del afeitado. El est\u00fapido de Iv\u00e1n no lo volver\u00eda a su sitio, y yo me lo beb\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para convencerse de que, efectivamente, no estaba borracho, el mayor se peg\u00f3 tal pellizco que no pudo reprimir un grito. Aquel dolor lo persuadi\u00f3 de que era realidad todo lo que hac\u00eda y lo que le pasaba. Se acerc\u00f3 sigilosamente al espejo, y primero cerr\u00f3 los ojos con la esperanza de que quiz\u00e1 apareciera la nariz en su sitio cuando los abriera, pero al instante peg\u00f3 un respingo y retrocedi\u00f3 exclamando:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Qu\u00e9 asco de cara!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En efecto, aquello era incomprensible. Si se hubiera perdido un bot\u00f3n, una cuchara de plata, un reloj o cosa por el estilo&#8230; Pero, \u00a1perderse aquello! Y dentro de casa, adem\u00e1s&#8230; Sopesando todas las circunstancias, el mayor consider\u00f3 como m\u00e1s probable la hip\u00f3tesis de que el culpable s\u00f3lo pod\u00eda ser la se\u00f1ora Podt\u00f3china, esposa de un oficial de Estado Mayor, que pretend\u00eda casar a su hija con Kovaliov. Y \u00e9l, aunque le agradaba cortejarla, eludi\u00f3 un compromiso definitivo. De manera que cuando la se\u00f1ora Podt\u00f3china le declar\u00f3 sin ambages que deseaba d\u00e1rsela en matrimonio, \u00e9l recogi\u00f3 velas poco a poco en sus asiduidades, alegando que todav\u00eda era joven y que a\u00fan necesitaba hacer m\u00e9ritos en su carrera unos cinco a\u00f1os para cumplir los cuarenta y dos. Y entonces, seguramente por venganza, la se\u00f1ora Podt\u00f3china urdi\u00f3 aquello de desfigurarle, pagando a cualquier bruja agorera, pues no pod\u00eda admitirse en modo alguno que la nariz hubiera sido cercenada: nadie hab\u00eda entrado en su habitaci\u00f3n. Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich, el barbero, lo afeit\u00f3 el mi\u00e9rcoles, y Kovaliov conserv\u00f3 su nariz \u00edntegra durante todo el mi\u00e9rcoles e incluso el jueves a lo largo de todo el d\u00eda. Eso lo recordaba y lo sab\u00eda muy bien. Adem\u00e1s, hubiera notado dolor y, desde luego, la herida no habr\u00eda podido cicatrizarse tan pronto y quedar lisa como la palma de la mano. Se puso a cavilar en si deb\u00eda denunciar en toda regla a la se\u00f1ora Podt\u00f3china ante los tribunales o personarse \u00e9l en su casa y echarle en cara su acci\u00f3n. Vino a interrumpir sus reflexiones un destello de luz que penetr\u00f3 por todas las rendijas de la puerta y era indicio de que Iv\u00e1n hab\u00eda encendido ya una vela en el recibimiento. Enseguida apareci\u00f3 el propio Iv\u00e1n con ella, iluminando la estancia. El primer movimiento de Kovaliov fue echar mano de un pa\u00f1uelo y cubrirse el lugar que su nariz ocupaba todav\u00eda la v\u00edspera para que aquel est\u00fapido no se quedara con la boca abierta ante un hecho tan ins\u00f3lito en su se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Apenas se hab\u00eda retirado Iv\u00e1n a su cuchitril cuando una voz desconocida se dej\u00f3 o\u00edr en el recibimiento:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfVive aqu\u00ed el asesor colegiado Kovaliov?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Adelante. Aqu\u00ed est\u00e1 el mayor Kovaliov -contest\u00f3 \u00e9l mismo, levant\u00e1ndose precipitadamente para abrir la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entr\u00f3 un guardia de buena prestancia, con patillas no muy claras ni tampoco oscuras y mejillas bastante llenas: el mismo que al comienzo de nuestro relato vimos en un extremo del puente Is\u00e1kievski.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfEs usted el caballero que ha perdido la nariz?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-En efecto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Pues ha aparecido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfQu\u00e9 me dice usted? -lanz\u00f3 un grito el mayor Kovaliov, y se qued\u00f3 sin habla de la alegr\u00eda, mirando fijamente al guardia plantado delante de \u00e9l, en cuyos mofletes y labios abultados se reflejaba la tr\u00e9mula luz de la vela-. \u00bfC\u00f3mo ha sucedido?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Por pura casualidad. Le echamos mano cuando casi estaba en camino: iba a tomar ya la diligencia para marcharse a Riga. Y el pasaporte hab\u00eda sido extendido hace ya tiempo a nombre de cierto funcionario. Lo extra\u00f1o es que, al principio, yo mismo lo tom\u00e9 por un caballero. Afortunadamente llevaba las gafas, y enseguida me di cuenta de que se trataba de una nariz. Porque le dir\u00e9 que yo soy miope y, si se coloca usted delante de m\u00ed, yo s\u00f3lo veo su cara, pero sin distinguir la nariz, la barba ni nada. Mi suegra, es decir, la madre de mi esposa, tampoco ve nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kovaliov estaba como loco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfD\u00f3nde est\u00e1? \u00bfD\u00f3nde? Voy corriendo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-No tiene us\u00eda por qu\u00e9 molestarse. Suponiendo que le har\u00eda a usted falta, la traigo yo. Y, ya ve usted qu\u00e9 raro: el autor principal del hecho es un p\u00edcaro barbero de la calle Voznes\u00e9nskaia que ahora est\u00e1 detenido en el cuartelillo. Hace ya tiempo que yo andaba tras \u00e9l por borracho y ratero. Anteayer, sin ir m\u00e1s lejos, rob\u00f3 una docena de botones en una tienda. En cuanto a la nariz de us\u00eda, est\u00e1 exactamente igual que estaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con estas palabras, el guardia meti\u00f3 la mano en un bolsillo, de donde extrajo la nariz envuelta en un papel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1\u00c9sa es! \u00a1S\u00ed, s\u00ed! -grit\u00f3 Kovaliov-. Hoy tiene usted que quedarse a tomar una taza de t\u00e9 conmigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Aceptar\u00eda con sumo gusto, pero no puedo de ninguna manera: desde aqu\u00ed tengo que acercarme al manicomio. Han subido mucho los precios de todas las subsistencias&#8230; Yo debo mantener a mi suegra, la madre de mi esposa, que vive con nosotros, y a mis hijos. El mayor, sobre todo, es un chico listo, que promete mucho, pero carezco totalmente de posibilidades para darle estudios&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kovaliov se dio por enterado y, tomando de encima de la mesa un billete de diez rublos, lo puso en manos del guardia que abandon\u00f3 la estancia despu\u00e9s de pegar un taconazo y cuya voz oy\u00f3 Kovaliov casi al instante en la calle aleccionando, con acompa\u00f1amiento de pu\u00f1etazos, a un est\u00fapido mujik que se hab\u00eda metido en la acera con su carreta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de marcharse el guardia, permaneci\u00f3 el asesor colegiado unos minutos como aturdido y s\u00f3lo al cabo de ese tiempo, tal era el desconcierto que le produjo la inesperada alegr\u00eda, recobr\u00f3 la capacidad de ver y sentir. Tom\u00f3 con precauci\u00f3n la nariz en el cuenco formado por las dos manos y volvi\u00f3 a observarla atentamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Es ella, claro que s\u00ed -dec\u00eda el mayor Kovaliov-. Aqu\u00ed est\u00e1, en el lado izquierdo, el granito que le sali\u00f3 ayer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El mayor estuvo a punto de soltar la risa de alegr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero no hay nada eterno en el mundo. Por eso, la alegr\u00eda del primer instante no es ya tan viva a los dos minutos, al tercero se debilita m\u00e1s a\u00fan y al fin se diluye inadvertidamente con el estado de \u00e1nimo habitual, lo mismo que el c\u00edrculo formado en el agua por la ca\u00edda de una piedra acaba diluy\u00e9ndose en la superficie lisa. Kovaliov se puso a cavilar y sac\u00f3 en claro que todav\u00eda no estaba todo terminado: la nariz hab\u00eda aparecido, s\u00ed; pero faltaba ponerla y ajustarla en su sitio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfY si no se pega?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El mayor se qued\u00f3 l\u00edvido al hacerse esta pregunta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Presa de un miedo indescriptible corri\u00f3 a la mesa y acerc\u00f3 el espejo, no fuera a colocarse la nariz torcida. Le temblaban las manos. Con cuidado y mucho tiento aplic\u00f3 la nariz en el lugar de antes. \u00a1Qu\u00e9 espanto! La nariz no se pegaba&#8230; La acerc\u00f3 a su boca, le ech\u00f3 el aliento para calentarla y de nuevo la aplic\u00f3 a la superficie lisa que se extend\u00eda entre sus mejillas; la nariz no se sujetaba de ninguna manera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Vamos! Pero, \u00a1vamos! \u00a1Qu\u00e9date ah\u00ed! -le dec\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero la nariz parec\u00eda de madera y ca\u00eda sobre la mesa con un ruido extra\u00f1o, como si fuera un corcho. Una mueca contrajo el rostro del mayor. \u00ab\u00bfSer\u00e1 posible que no se pegue?\u00bb, se preguntaba asustado. Pero, por muchas veces que coloc\u00f3 la nariz en el lugar adecuado, todos sus esfuerzos continuaron siendo est\u00e9riles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llam\u00f3 a Iv\u00e1n y lo mand\u00f3 en busca del m\u00e9dico que viv\u00eda en el entresuelo de la misma casa, ocupando el mejor piso. Aquel m\u00e9dico era hombre de gran prestancia, que pose\u00eda unas magn\u00edficas patillas negras, y una esposa lozana; rebosante de salud, se desayunaba con manzanas y cuidaba esmeradamente el aseo de su boca, enjuag\u00e1ndose cada ma\u00f1ana durante casi tres cuartos de hora y puli\u00e9ndose los dientes con cinco cepillos distintos. El doctor acudi\u00f3 al instante. Despu\u00e9s de inquirir el tiempo transcurrido desde el percance, levant\u00f3 la cara de Kovaliov agarr\u00e1ndolo por la barbilla y le peg\u00f3 tal papirotazo en el lugar antes ocupado por la nariz que el mayor ech\u00f3 violentamente la cabeza hacia atr\u00e1s hasta pegar con la nuca en la pared. El m\u00e9dico dijo que aquello no era nada, lo invit\u00f3 a apartarse un poco de la pared, le hizo volver la cabeza hacia la derecha y, despu\u00e9s de palpar el sitio donde antes se encontraba la nariz, dijo \u00abummm\u00bb. Luego le mand\u00f3 volver la cabeza hacia el lado izquierdo, profiri\u00f3 otra vez \u00abummm\u00bb y, finalmente, le peg\u00f3 con el pulgar otro papirotazo que hizo respingar al mayor Kovaliov lo mismo que un caballo cuando le miran los dientes. Despu\u00e9s de esta prueba, el m\u00e9dico sacudi\u00f3 la cabeza diciendo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-No. No puede ser. Preferible es dejarlo as\u00ed, porque podr\u00eda quedar peor. Arreglo tiene, desde luego, y yo mismo se la pondr\u00eda quiz\u00e1 ahora mismo. Pero le aseguro que ser\u00eda peor para usted.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1\u00c9sta s\u00ed que es buena! \u00bfC\u00f3mo voy a quedarme sin nariz? -protest\u00f3 Kovaliov-. Peor que ahora, imposible. \u00bfQu\u00e9 demonios es esto? \u00bfD\u00f3nde me presento yo con esta facha? Yo tengo muy buenas relaciones. Hoy mismo debo asistir a dos veladas. Conozco a mucha gente: la se\u00f1ora Chejtariova, esposa de un consejero de Estado, la se\u00f1ora Podt\u00f3china, casada con un oficial del Estado Mayor&#8230; Aunque, despu\u00e9s de su actual comportamiento, mi \u00fanico trato con ella puede ser a trav\u00e9s de la polic\u00eda. Por favor se lo ruego -prosigui\u00f3 Kovaliov suplicante-. \u00bfNo hay ning\u00fan remedio? P\u00f3ngamela como sea, aunque no quede bien, con tal de que se sostenga. Incluso podr\u00eda sujetarla un poco con la mano en los casos de apuro. Adem\u00e1s, como no bailo, tampoco es de temer ning\u00fan movimiento brusco que la perjudique. Y en lo referente a agradecerle su visita, tenga por seguro que, en la medida de mis posibilidades&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Crea usted -intervino el doctor en un tono que no era ni alto ni bajo, pero s\u00ed sumamente persuasivo y magn\u00e9tico- que yo nunca ejerzo por el dinero. Eso ser\u00eda contrario a mis normas y a mi arte. Cierto que cobro mis visitas, pero con el \u00fanico fin de no agraviar a nadie al negarme. Desde luego, yo podr\u00eda ajustar su nariz. Sin embargo, y lo afirmo por mi honor, si mi palabra no le basta, quedar\u00eda mucho peor. Deje actuar a la naturaleza. Las frecuentes abluciones fr\u00edas lo mantendr\u00e1n a usted, aun sin nariz, tan sano como si la tuviera, se lo aseguro. En cuanto a la nariz, le aconsejo que la meta en un frasco de alcohol o, mejor todav\u00eda, a\u00f1adiendo una soluci\u00f3n de dos cucharadas de vodka fuerte y vinagre caliente. Entonces podr\u00e1 sacar por ella una cantidad respetable. Yo mismo se la comprar\u00eda si no se excede en el precio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1No, no! No la vender\u00eda por nada del mundo -protest\u00f3 el mayor desesperado-. \u00a1Prefiero que desaparezca!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Perdone usted, pero yo quer\u00eda hacerle un favor -replic\u00f3 el m\u00e9dico saludando-. \u00a1En fin! Por lo menos, habr\u00e1 usted visto mi buena intenci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con estas palabras, el m\u00e9dico abandon\u00f3 muy dignamente la estancia. Kovaliov no se hab\u00eda fijado siquiera en su rostro, ya que, en su profundo abatimiento, s\u00f3lo acert\u00f3 a ver los pu\u00f1os de la camisa pulcra y blanca como la nieve asomando por las mangas del frac negro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al d\u00eda siguiente, y antes de presentar querella, se decidi\u00f3 a escribir a la se\u00f1ora del oficial de Estado Mayor para ver si acced\u00eda a devolverle de buen grado lo que era suyo. La carta dec\u00eda lo siguiente:<\/p>\n<p>\u00abMuy se\u00f1ora m\u00eda, Alexandra Grig\u00f3rievna:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo alcanzo a comprender tan extra\u00f1o proceder por parte suya. Tenga la seguridad de que, obrando de este modo, no ganar\u00e1 usted nada ni me obligar\u00e1 en modo alguno a casarme con su hija. Crea usted que me hallo perfectamente enterado de la historia de mi nariz como tambi\u00e9n de que usted y nadie m\u00e1s que usted ha sido la principal causante de ella. El s\u00fabito desprendimiento, la fuga y el disfraz de mi ap\u00e9ndice nasal, apareciendo primero bajo el aspecto de un funcionario y luego con el suyo propio, no son ni m\u00e1s ni menos que consecuencia de las hechicer\u00edas practicadas por usted o por quienes se ejercitan en menesteres tan nobles como los suyos. Por mi parte, considero deber m\u00edo advertirle que si el susodicho ap\u00e9ndice no se reintegra hoy mismo a su sitio, me ver\u00e9 en la obligaci\u00f3n de apelar a la defensa y la protecci\u00f3n de las leyes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPor lo dem\u00e1s, con todos mis respetos, tengo el honor de quedar de usted, seguro servidor<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Plat\u00f3n Kovaliov.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abMuy se\u00f1or m\u00edo, Plat\u00f3n Kuzmich:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abSu carta me ha dejado sumamente sorprendida. Le confieso a usted con toda sinceridad que nunca esper\u00e9 nada parecido y menos a\u00fan lo referente a los injustos reproches de usted. Pongo en su conocimiento que jam\u00e1s he recibido en mi casa, ni con disfraz ni bajo su aspecto propio, al funcionario a quien usted alude. No niego que me ha visitado Filipp Iv\u00e1novich Pot\u00e1nchikov. Pero, aunque \u00e9l aspiraba, es cierto, a la mano de mi hija -y trat\u00e1ndose de una persona de conducta buena y sobria, as\u00ed como de muchos estudios-, yo nunca le he dado la menor esperanza. Tambi\u00e9n menciona usted la nariz. Si con ello quiere dar a entender que yo me propon\u00eda dejarle con tres cuartas de narices, o sea, darle una negativa rotunda, me sorprende que sea usted quien lo diga, sabiendo como sabe que mi intenci\u00f3n es muy otra y que si usted se compromete ahora mismo y en debida forma con mi hija, yo estoy dispuesta a acceder sin dilaci\u00f3n, pues tal ha sido siempre el objeto de mis m\u00e1s fervientes deseos, en espera de lo cual quedo siempre al servicio de usted<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alexandra Podt\u00f3china.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abNo, seguro que no ha sido ella -se dijo Kovaliov despu\u00e9s de leer la misiva-. \u00a1Imposible! En la forma que est\u00e1 escrita la carta, no puede ser obra de quien haya cometido un delito. -El asesor colegiado era hombre entendido en la materia; pues, hall\u00e1ndose todav\u00eda en la regi\u00f3n del C\u00e1ucaso, hab\u00eda sido encargado varias veces de instruir sumario-. \u00bfC\u00f3mo ha podido suceder esto? \u00bfDe qu\u00e9 manera? S\u00f3lo el demonio lo entender\u00eda\u00bb, concluy\u00f3 desalentado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entretanto, corr\u00edan ya por toda la capital los rumores acerca de tan extraordinario suceso, adornado con toda clase de exageraciones, como suele ocurrir. Precisamente por entonces se hallaban las mentes orientadas hacia lo sobrenatural, pues hac\u00eda poco tiempo que a todos intrigaban los experimentos sobre los efectos del magnetismo. Adem\u00e1s, como la historia de las sillas danzantes de la calle Koni\u00fashennaia era todav\u00eda reciente, nada tiene de particular que al poco tiempo se empezara a comentar que la nariz del asesor colegiado sol\u00eda pasearse a las tres en punto de la tarde por la Avenida Nevski. Y a diario acud\u00eda all\u00ed una multitud de curiosos. Alguien anunci\u00f3 que la nariz se encontraba en la tienda de Junker, y frente al establecimiento se form\u00f3 tal aglomeraci\u00f3n que hubo de intervenir la polic\u00eda. Un especulador con aspecto respetable, que usaba patillas y sol\u00eda vender pastas variadas a la puerta del teatro, fabric\u00f3 especialmente unos magn\u00edficos y s\u00f3lidos bancos de madera que alquilaba, a raz\u00f3n de ochenta kopecs por persona, a cuantos curiosos deseaban subirse en ellos para ver mejor. Un benem\u00e9rito coronel sali\u00f3 de su casa con ese \u00fanico fin antes que de costumbre y a duras penas logr\u00f3 abrirse paso entre el gent\u00edo; pero, cu\u00e1l no ser\u00eda su indignaci\u00f3n al ver en el escaparate de la tienda, en lugar de la nariz, una simple camiseta de lana y una litograf\u00eda representando a una jovencita que se sub\u00eda una media mientras un petimetre con chaleco de solapas y barbita la espiaba desde detr\u00e1s de un \u00e1rbol. Dicha litograf\u00eda llevaba ya m\u00e1s de diez a\u00f1os colgada en el mismo sitio. Al retirarse, el coronel dijo contrariado: \u00ab\u00bfC\u00f3mo se puede soliviantar a la gente con bulos tan est\u00fapidos e inveros\u00edmiles?\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego cundi\u00f3 la especie de que no era por la Avenida Nevski sino por el jard\u00edn de Taurida por donde se paseaba la nariz del mayor Kovaliov y eso, desde hac\u00eda ya mucho tiempo. Tanto, que cuando Jozrev-Mirza se aloj\u00f3 all\u00ed, le sorprendi\u00f3 sobremanera aquel extra\u00f1o capricho de la naturaleza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;All\u00e1 fueron algunos estudiantes de la Academia de Cirug\u00eda. Una ilustre y noble dama rog\u00f3 al vigilante del jard\u00edn, por carta especial, que mostrara a sus hijos el raro fen\u00f3meno y, a ser posible, se lo explicara de modo instructivo y a la vez edificante para ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos estos hechos fueron acogidos con gran regocijo por los caballeros asiduos de las veladas de sociedad y aficionados a distraer a las se\u00f1oras con curiosas historias, cuyo repertorio se encontraba por entonces agotado. Una minor\u00eda de respetables personas de orden estaba sumamente descontenta. Un se\u00f1or dec\u00eda, muy sulfurado, que no comprend\u00eda c\u00f3mo era posible que se propalaran absurdos infundios en nuestro siglo ilustrado y que le sorprend\u00eda que el gobierno no prestara atenci\u00f3n al hecho. Al parecer, ese se\u00f1or era de los que quisieran complicar al gobierno en todo; incluso en las trifulcas cotidianas que tiene con su esposa. Luego&#8230; Pero, a partir de aqu\u00ed, de nuevo queda el suceso totalmente envuelto en brumas y no se sabe nada en absoluto de lo acaecido despu\u00e9s.<\/p>\n<h4>III<\/h4>\n<p>En el mundo ocurren verdaderos disparates. A veces, sin la menor verosimilitud; s\u00fabitamente, la misma nariz que andaba de un lado para otro con uniforme de consejero de Estado y que tanto alboroto hab\u00eda armado en la ciudad volvi\u00f3 a encontrarse como si tal cosa en su sitio, es decir, exactamente entre las dos mejillas del mayor Kovaliov. Esto sucedi\u00f3 ya en el mes de abril, el d\u00eda 7. Al despertarse y lanzar una mirada fortuita al espejo, descubri\u00f3 el mayor que all\u00ed estaba la nariz. Ech\u00f3 mano de ella, y all\u00ed estaba, s\u00ed! \u00ab\u00a1Al fin!\u00bb, exclam\u00f3 Kovaliov y, de la alegr\u00eda, estuvo a punto de ponerse a bailar, tal y como estaba, descalzo, por toda la habitaci\u00f3n; pero la entrada de Iv\u00e1n se lo impidi\u00f3. Enseguida pidi\u00f3 agua para lavarse y, mientras se aseaba, lanz\u00f3 otra mirada al espejo. \u00a1All\u00ed estaba la nariz! Cuando se secaba con la toalla, mir\u00f3 una vez m\u00e1s: \u00a1all\u00ed estaba la nariz!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Mira a ver, Iv\u00e1n: parece como si tuviera un granito en la nariz -dijo al tiempo que pensaba-: \u00abMenudo disgusto si Iv\u00e1n me dice ahora: Pues no, se\u00f1or; no veo ning\u00fan grano ni tampoco veo la nariz.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Iv\u00e1n contest\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-No; no hay ning\u00fan grano. No tiene nada en la nariz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abEsto ya est\u00e1 bien, \u00a1qu\u00e9 demonios!\u00bb, se dijo el mayor chascando los dedos. En ese momento asom\u00f3 por la puerta el barbero Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich, pero con tanto temor como un gato al que acaban de atizar por robar tocino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Lo primero que debes decirme es si traes las manos limpias -lo interpel\u00f3 ya desde lejos Kovaliov.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-S\u00ed. Claro que est\u00e1n limpias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Mentira!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Le juro que est\u00e1n limpias, se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Bueno. Ya veremos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Kovaliov se sent\u00f3. Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich le puso el pa\u00f1o y, con la brocha, convirti\u00f3 su barba y parte de las mejillas en algo parecido a la crema que se suele servir en los convites onom\u00e1sticos de los comerciantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00a1Bueno!&#8230; -exclam\u00f3 Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich para sus adentros contemplando la nariz, y luego torci\u00f3 la cabeza hacia el lado opuesto para verla de perfil-. \u00a1M\u00edrenla ustedes!&#8230; \u00a1Ah\u00ed est\u00e1! Aunque la verdad es que, si se para uno a pensar&#8230;\u00bb, agreg\u00f3, y estuvo mirando todav\u00eda un buen rato la nariz. Finalmente, con toda la delicadeza y todo el esmero que se puede uno imaginar, levant\u00f3 dos dedos para sujetarla por la punta, pues tal era el sistema de Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Eh, eh, t\u00fa! \u00a1Cuidado! -grit\u00f3 Kovaliov.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s aturdido y confuso todav\u00eda, Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich retir\u00f3 la mano. Al fin comenz\u00f3 a pasar la navaja por debajo del ment\u00f3n y, aunque le resultaba muy inc\u00f3modo y dif\u00edcil rapar sin tener sujeto el \u00f3rgano del olfato, logr\u00f3 vencer todos los obst\u00e1culos y terminar de afeitar ingeni\u00e1ndoselas para atirantar la piel con su \u00e1spero dedo pulgar apoyado unas veces en la mejilla y otras veces en la mand\u00edbula inferior del mayor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando todo estuvo listo, Kovaliov se apresur\u00f3 a vestirse inmediatamente, tom\u00f3 un coche de punto y se fue derechito a una pasteler\u00eda. Nada m\u00e1s entrar, grit\u00f3 desde lejos: \u00ab\u00a1Un chocolate, muchacho!\u00bb y al instante se dirigi\u00f3 hacia un espejo. \u00a1Ten\u00eda la nariz! Dio media vuelta lleno de alegr\u00eda y contempl\u00f3 con aire sarc\u00e1stico, entornando un poco los p\u00e1rpados, a dos militares: la nariz de uno de ellos ten\u00eda apenas el tama\u00f1o de un bot\u00f3n de chaleco. Luego se dirigi\u00f3 a las oficinas del Departamento donde estaba gestionando un puesto de vicegobernador o de ejecutor, en su defecto. Al cruzar la antesala, se mir\u00f3 a un espejo: \u00a1all\u00e1 estaba la nariz! M\u00e1s tarde fue a visitar a otro asesor colegiado -o mayor, si se quiere-, gran amigo de chanzas, a cuyas mordaces observaciones sol\u00eda contestar Kovaliov: \u00ab\u00a1Demasiado te conozco a ti. Eres un critic\u00f3n!\u00bb Durante el trayecto, iba pensando: \u00abSi el mayor no revienta de risa al verme, seguro es que cada cosa est\u00e1 en su sitio.\u00bb Pero el asesor colegiado se qued\u00f3 tan campante. \u00abPerfecto, perfecto, \u00a1qu\u00e9 demonios!\u00bb, se dijo Kovaliov. Despu\u00e9s se encontr\u00f3 con la se\u00f1ora Podt\u00f3china, esposa de un oficial de Estado Mayor, y su hija. Las salud\u00f3 y fue acogido con exclamaciones de j\u00fabilo: por tanto, no se advert\u00eda en \u00e9l ning\u00fan defecto. Convers\u00f3 con ellas un buen rato y, sacando adrede la tabaquera, se complaci\u00f3 largamente delante de ellas en atascar su nariz de rap\u00e9 por ambos conductos, mascullando para sus adentros: \u00abAs\u00ed, para que se enteren, cabezas de chorlitos. Y con la hija no me caso, desde luego. As\u00ed por las buenas, par amour, \u00a1ni pensarlo!\u00bb A partir de entonces, el mayor Kovaliov volvi\u00f3 a pasearse como si tal cosa por la Avenida Nevski, a frecuentar los teatros y acudir a todas partes. Y tambi\u00e9n su nariz campaba en medio de su rostro como si tal cosa, sin aparentar siquiera que hubiera faltado nunca de all\u00ed. Despu\u00e9s de todo esto pudo verse al mayor Kovaliov siempre de buen humor, sonriente, rondando absolutamente a todas las mujeres bonitas e incluso detenido una vez delante de una tienda de Gost\u00ednni Dvor para comprar el pasador de una condecoraci\u00f3n, si bien por motivos desconocidos, ya que \u00e9l no era caballero de ninguna orden.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Ah\u00ed tienen ustedes lo sucedido en la capital norte\u00f1a de nuestro vasto imperio! Y \u00fanicamente ahora, atando cabos, vemos que la historia tiene mucho de inveros\u00edmil. Sin hablar ya de que resulta verdaderamente extra\u00f1a la separaci\u00f3n sobrenatural de la nariz y su aparici\u00f3n en distintos lugares bajo el aspecto de consejero de Estado. \u00bfC\u00f3mo no se le ocurri\u00f3 pensar a Kovaliov que no se pod\u00eda anunciar el caso de su nariz en los peri\u00f3dicos a trav\u00e9s de la Oficina de Publicidad? Y no lo digo en el sentido de que me parezca excesivo el precio del anuncio: es una nader\u00eda y yo estoy lejos de ser una persona ro\u00f1osa. \u00a1Pero, es que resulta desplazado, violento, feo! Y otra cosa: \u00bfc\u00f3mo fue a parar la nariz al interior de un panecillo y c\u00f3mo es que Iv\u00e1n Y\u00e1kovlevich&#8230;? Nada, nada, que no lo entiendo. \u00a1No lo entiendo de ninguna manera! Pero lo m\u00e1s chocante, lo m\u00e1s incomprensible de todo es que los autores sean capaces de elegir semejantes temas. Confieso que esto es totalmente inconcebible, es como si&#8230; \u00a1Nada, nada, que no lo entiendo! En primer lugar, que no le da ning\u00fan provecho a la patria; en segundo lugar&#8230; Bueno, pues, en segundo lugar, tampoco le da provecho. No s\u00e9 lo que es esto, sencillamente&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque, sin embargo, con todo y con ello, si bien, naturalmente, se puede admitir esto y lo otro y lo de m\u00e1s all\u00e1, es posible incluso&#8230; Porque, claro \u00bfd\u00f3nde no suceden cosas absurdas? Y es que, no obstante, si nos paramos a pensar, seguro que hay algo en todo esto. Se diga lo que se diga, sucesos por el estilo ocurren en el mundo. 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