{"id":4383,"date":"2009-11-19T08:39:31","date_gmt":"2009-11-19T14:39:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=4383"},"modified":"2025-09-14T22:03:51","modified_gmt":"2025-09-15T04:03:51","slug":"donde-estuviste-de-noche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/donde-estuviste-de-noche\/","title":{"rendered":"D\u00f3nde estuviste de noche"},"content":{"rendered":"<p>Este mes, un cuento extra\u00f1o y magn\u00edfico de <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Clarice_Lispector\">Clarice <\/a><a href=\"http:\/\/www.ucm.es\/info\/especulo\/numero4\/lispecto.htm\">Lispector<\/a> (1920-1977), gran escritora brasile\u00f1a; est\u00e1 tomado de <em>Silencio<\/em>, una colecci\u00f3n de sus historias traducida por Cristina Peri Rossi (Grijalbo Mondadori, 1988).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Iba a poner un fragmento del pr\u00f3logo de Peri Rossi, donde se explica la importancia de la mirada y la experiencia interior en la obra de Lispector y se ofrece un punto de partida para explicar el texto. Pero mejor no: mejor que los lectores se adentren en \u00e9l y descubran por su cuenta lo que ha de descubrirse.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/claricelispector51.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13295\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/donde-estuviste-de-noche\/claricelispector51\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/claricelispector51.jpg\" data-orig-size=\"976,865\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Clarice Lispector\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/claricelispector51.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/claricelispector51.jpg\" alt=\"\" width=\"976\" height=\"865\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13295\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/claricelispector51.jpg 976w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/claricelispector51-300x266.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 976px) 100vw, 976px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>D\u00d3NDE ESTUVISTE DE NOCHE<br \/>\nClarice Lispector<\/strong><\/p>\n<div style=\"font-size: 90%;\" align=\"right\"><em>Las historias no tienen desperdicio.<\/em><br \/>\nALBERTO DI\u00d1ES<\/p>\n<p><em>Lo desconocido envicia.<\/em><br \/>\nFUAZI ARAP<\/p>\n<p><em>Sentado en el sof\u00e1 con la boca llena de dientes, esperando la muerte.<\/em><br \/>\nRA\u00daL SEIXAS<\/p>\n<p><em>Lo que voy a anunciar es tan nuevo que sospecho todos los hombres se convertir\u00e1n en mis enemigos, a tal punto se enraizan en el mundo los prejuicios y las doctrinas, una vez aceptadas.<\/em><br \/>\nWILLIAM HARVEY<\/div>\n<p>&nbsp;<br \/>\nLa noche era una posibilidad excepcional. En plena noche cerrada de un verano t\u00f3rrido un gallo solt\u00f3 su grito fuera de hora y una sola vez para anunciar el inicio de la subida por la monta\u00f1a. La multitud, abajo, aguardaba en silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l-ella ya estaba presente en lo alto de la monta\u00f1a, y Ella-\u00e9l estaba personalizada en \u00e9l y \u00e9l estaba personalizado en ella. La mezcla andr\u00f3gina creaba un ser tan terriblemente bello, tan horrorosamente sorprendente que los participantes no pod\u00edan mirarlo de una sola vez: as\u00ed como una persona va poco a poco habitu\u00e1ndose a la oscuridad y lentamente discierne. Lentamente discern\u00edan a Ella-\u00e9l y cuando \u00c9l-ella se les aparec\u00eda con una claridad que emanaba de Ella-\u00e9l, los paralizados por la belleza iban a decir: \u00ab\u00a1Ah, ah!\u00bb. Era una exclamaci\u00f3n que estaba permitida en el silencio de la noche. Miraban la asustadora belleza y su peligro. Pero ellos hab\u00edan venido exactamente para sufrir el peligro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los pantanos se elevaban. Una estrella de enorme densidad los guiaba. Ellos eran el rev\u00e9s del Bien. Sub\u00edan la monta\u00f1a mezclando hombres, mujeres, duendes, gnomos y enanos, como dioses extintos. La campana de oro sonaba por los suicidas. Fuera de la estrella grande, ninguna estrella. Y no hab\u00eda mar. Lo que hab\u00eda desde lo alto de la monta\u00f1a era oscuridad. Soplaba un viento noroeste. \u00bf\u00c9l-ella era un farol? La adoraci\u00f3n de los malditos comenzaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los hombres coleaban en el suelo como gruesos y blandos gusanos: sub\u00edan. Lo arriesgaban todo, ya que fatalmente un d\u00eda iban a morir, tal vez dentro de dos meses, tal vez siete a\u00f1os: quiz\u00e1s fuera esto lo que \u00c9l-ella pensaba dentro de ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mira al gato. Mira lo que el gato vio. Mira lo que el gato pens\u00f3. Mira lo que era. En fin, en fin, no hab\u00eda s\u00edmbolo, la \u00abcosa\u00bb era. La cosa orgi\u00e1stica. Los que sub\u00edan estaban al borde de la verdad. Nabucodonosor. Ellos parec\u00edan veinte nabucodonosores. Y en la noche se desquitaban. Ellos est\u00e1n esper\u00e1ndonos. Era una ausencia, el viaje fuera del tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un perro daba carcajadas en la oscuridad. \u00abTengo miedo\u00bb, dijo la ni\u00f1a. \u00ab\u00bfMiedo de qu\u00e9?\u00bb, pregunt\u00f3 la madre. \u00abDe mi perro.\u00bb \u00abPero si t\u00fa no tienes perro.\u00bb \u00abTengo, s\u00ed.\u00bb Pero despu\u00e9s la ni\u00f1ita tambi\u00e9n carcaje\u00f3 llorando, mezclando l\u00e1grimas de risa y de espanto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al fin llegaron, los malditos. Y miraban a aquella eterna Viuda, la gran Solitaria que fascinaba a todos, y los hombres y las mujeres no pod\u00edan resistir y quer\u00edan aproximarse a ella para amarla muriendo, pero ella con un gesto los manten\u00eda a todos a distancia. Ellos quer\u00edan amarla con un amor extra\u00f1o que vibra en la muerte. No se inquietaban por amarla muriendo. El manto de Ella-\u00e9l era de sufrido color rosa. Pero las mercenarias del sexo en fest\u00edn intentaban imitarla en vano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 hora ser\u00eda? Nadie pod\u00eda vivir en el tiempo, el tiempo era indirecto y por su propia naturaleza siempre inalcanzable. Ellos ya estaban con las articulaciones hinchadas, los dolores roncaban en los est\u00f3magos llenos de tierra y con los labios inflamados y hendidos sub\u00edan la colina. Las tinieblas eran de un sonido bajo y oscuro como la nota m\u00e1s oscura de un violoncelo. Llegaron. El Mal-Aventurado, o \u00c9l-ella, frente a la adoraci\u00f3n de los reyes y vasallos, brillaba como una iluminada \u00e1guila gigantesca. El silencio pululaba de respiraciones ansiosas. La visi\u00f3n era de bocas entreabiertas por la sensualidad que casi los paralizaba de tan gruesa. Ellos se sent\u00edan a salvo del Gran Tedio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La colina era de chatarra. Cuando Ella-\u00e9l se deten\u00eda un instante, los hombres y mujeres, entregados a ellos mismos por un momento, dec\u00edanse asustados: yo no s\u00e9 pensar. Pero \u00c9l-ella pensaba dentro de ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un mensajero mudo de clarinete agudo anunciaba la noticia. \u00bfQu\u00e9 noticia? \u00bfLa de la bestialidad? Quiz\u00e1 lo que ocurr\u00eda era lo siguiente: a partir del mensajero cada uno de ellos comenz\u00f3 a \u00absentirse\u00bb, a sentirse a s\u00ed mismo. Y no hab\u00eda represi\u00f3n: \u00a1libres!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces ellos comenzaron a balbucear para adentro, porque Ella-\u00e9l era c\u00e1ustica y no quer\u00eda que se perturbaran los unos a los otros en su lenta metamorfosis. \u00abSoy Jes\u00fas, soy jud\u00edo\u00bb, gritaba en silencio el jud\u00edo pobre. Los anales de astronom\u00eda nunca registraron nada como este espectacular cometa, recientemente descubierto, su cola vaporosa se arrastrar\u00e1 durante millones de quil\u00f3metros en el espacio. Sin hablar del tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un enano jorobado daba saltos como un sapo, de una encrucijada a otra (el lugar era de encrucijadas). De repente las estrellas aparecieron, y eran brillantes y diamantes en el cielo oscuro. Y el enano giboso daba saltos, los m\u00e1s altos que consegu\u00eda para alcanzar los brillantes que su codicia despertaba. \u00a1Cristales! \u00a1Cristales!, grit\u00f3 \u00e9l, con pensamientos que eran saltarines como los brincos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La latencia pulsaba leve, ritmada, ininterrumpida. Todos eran todo en latencia. \u00abNo hay crimen que no hayamos cometido con el pensamiento\u00bb: Goethe. Una nueva y no aut\u00e9ntica historia brasile\u00f1a era escrita en el extranjero. Adem\u00e1s, los investigadores nacionales se quejaban de la falta de recursos para el trabajo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La monta\u00f1a era de origen volc\u00e1nico. Y de repente el mar: la rabiosa rebeld\u00eda del Atl\u00e1ntico hench\u00eda sus o\u00eddos. Y el olor salado del mar los fecundaba y los multiplicaba en monstruitos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEl cuerpo humano puede volar? La levitaci\u00f3n. Santa Teresa de \u00c1vila: \u00abParec\u00eda que una gran fuerza me elevaba en el aire. Eso me provocaba un gran miedo\u00bb. El enano levitaba por segundos, pero le gustaba y no ten\u00eda miedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo se llama? \u2014dijo mudo el chico\u2014. Para poder llamarla, para poder llamarla la vida entera. Yo gritar\u00e9 su nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo no tengo nombre all\u00e1 abajo. Aqu\u00ed, tengo el nombre de Xantipa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah! \u00a1Quiero gritar Xantipa! \u00a1Xantipa!<br \/>\nMire, estoy gritando hacia adentro. \u00bfY cu\u00e1l es su nombre durante el d\u00eda?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me parece que es&#8230;, es&#8230; Creo que Mar\u00eda Luisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y se estremeci\u00f3 como un caballo se eriza. Cay\u00f3 exang\u00fce en el suelo. Nadie asesinaba a nadie porque ya estaban asesinados. Nadie quer\u00eda morir y nadie mor\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cuanto a eso, delicada, delicada, \u00c9l-ella usaba un timbre. El color del timbre. Porque yo quiero vivir en abundancia y traicionar\u00eda al mejor amigo a cambio de m\u00e1s vida de la que se puede tener. Esa b\u00fasqueda, esa ambici\u00f3n. Ya despreciaba los preceptos de los sabios que aconsejan la moderaci\u00f3n y la pobreza del alma; la simplificaci\u00f3n del alma, seg\u00fan mi propia experiencia, era la santa inocencia. Pero yo luchaba contra la tentaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;S\u00ed. S\u00ed: caer hasta la abyecci\u00f3n. \u00c9sa era la ambici\u00f3n de ellos. El sonido era el mensajero del silencio. Porque nadie pod\u00eda dejarse poseer por Aquel-aquella-sin-nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ellos quer\u00edan gozar de lo prohibido. Quer\u00edan elogiar la vida y no quer\u00edan el dolor que es necesario para vivir, para sentir y para amar. Ellos quer\u00edan sentir la inmortalidad aterradora. Pues lo prohibido es siempre lo mejor. Al mismo tiempo, ellos no se preocupaban ante la posibilidad de caer en el enorme agujero de la muerte. Y la vida s\u00f3lo les era preciosa cuando gritaban y gem\u00edan. Sentir la fuerza del odio era lo que m\u00e1s quer\u00edan. Yo me llamo pueblo, pensaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 hago para ser un h\u00e9roe? Porque en los templos s\u00f3lo hay h\u00e9roes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en el silencio, de pronto su grito agudo, no se sab\u00eda si de amor o de mortal, el h\u00e9roe oliendo a mirra, a incienso y a benju\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l-ella cubr\u00eda su desnudez con un manto bonito, pero parecido a una mortaja, mortaja p\u00farpura, color bermejo-catedral. En noches sin luna Ella-\u00e9l se transformaba en coruja. Comer\u00e1s a tu hermano, dijo ella en el pensamiento de los otros, y en la hora salvaje habr\u00e1 un eclipse de sol.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para no traicionarse, ellos ignoraban que hoy era ayer y habr\u00eda ma\u00f1ana. Soplaba en el aire una transparencia como ning\u00fan hombre hab\u00eda respirado antes. Pero ellos esparc\u00edan pimienta en polvo en los propios \u00f3rganos genitales y se contorsionaban de ardor. Y de repente el odio. Ellos no se mataban los unos a los otros, pero sent\u00edan tan implacable odio que era como dardo lanzado al cuerpo. Y se regocijaban, enloquecidos por lo que sent\u00edan. El odio era un v\u00f3mito que los libraba del v\u00f3mito mayor, el v\u00f3mito del alma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l-ella con las siete notas musicales consegu\u00eda el aullido. As\u00ed como con las mismas siete notas podr\u00eda crear m\u00fasica sacra. Ellos o\u00edan dentro de ellos mismos el do-re-mi-fa-sol-la-si, el si suave y agud\u00edsimo. Ellos eran independientes y soberanos, a pesar de estar guiados por \u00c9l-ella. Rugiendo la muerte en los poros oscuros. Fuego, grito, color, vicio, cruz. Estoy vigilante en el mundo: de noche vivo y de d\u00eda duermo, huyo. Yo, como olfato de perro, orgi\u00e1stico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cuanto a ellos, cumpl\u00edan los rituales que los fieles ejecutan sin entender los misterios. El ceremonial. Con un gesto leve Ella-\u00e9l toc\u00f3 a una ni\u00f1a fulmin\u00e1ndola y todos dijeron: am\u00e9n. La madre dio un aullido de lobo: estaba muerta, ella tambi\u00e9n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero era para tener supersensaciones que se iba hasta all\u00ed. Y era una sensaci\u00f3n tan secreta y tan profunda que el j\u00fabilo centelleaba en el aire. Ellos quer\u00edan la fuerza superior que reina en el mundo a trav\u00e9s de los siglos. \u00bfTen\u00edan miedo? Nada sustitu\u00eda la riqueza del silencioso pavor. Tener miedo era la maldita gloria de la oscuridad, silente como la Luna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco a poco se habituaban a la oscuridad y a la Luna, antes escondida, muy redonda y p\u00e1lida, que les suavizaba la subida. Era oscuro cuando uno por uno sub\u00edan \u00abla monta\u00f1a\u00bb, como llamaban a la colina un poco m\u00e1s elevada. Se apoyaban en el suelo para no caer, pisando ramas secas y \u00e1speras, pisando cactus espinosos. Era un miedo irresistiblemente atrayente, prefer\u00edan morir que abandonarlo. \u00c9l-ella era como la Amante. Pero si alguien osaba, por ambici\u00f3n, tocarla, era congelado en la posici\u00f3n en que estuviera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l-ella cont\u00f3les, dentro de sus cerebros \u2014y todos escucharon dentro de s\u00ed\u2014, lo que le ocurr\u00eda a una persona cuando no atend\u00eda al llamado de la noche: le ocurr\u00eda que en la ceguera de la luz del d\u00eda la persona viv\u00eda en carne abierta y con los ojos ofuscados por el pecado de la luz, viv\u00eda sin anestesia el terror de estar vivo. Nada hay que temer, cuando no se tiene miedo. Era la v\u00edspera del apocalipsis. \u00bfQui\u00e9n era el rey de la Tierra? Si se abusa del poder que se ha conquistado, los maestros lo castigar\u00e1n. Llenos de terror, de una feroz alegr\u00eda, ellos bajaban y a carcajadas com\u00edan hierbas da\u00f1inas del suelo y las carcajadas rebosaban de oscuridades y de ecos de oscuridades. Un perfume sofocante de rosas hench\u00eda el peso del aire, rosas malditas en su fuerza de naturaleza demente, la misma naturaleza que inventaba las cobras y los ratones y perlas y ni\u00f1os, la naturaleza extravagante que ora era noche de tinieblas, ora el d\u00eda de luz. Esta carne que se mueve s\u00f3lo porque tiene esp\u00edritu.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De las bocas se deslizaba una saliva gruesa, amarga y untuosa, y ellos se orinaban sin sentirlo. Las mujeres que hab\u00edan parido recientemente apretaban con violencia los propios senos y de las puntas una gruesa leche oscura manaba. Una mujer escupi\u00f3 con fuerza en la cara de un hombre y la saliva \u00e1spera se desliz\u00f3 de la cara hasta la boca: \u00e1vidamente, se lami\u00f3 los labios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos estaban sueltos. La alegr\u00eda era fren\u00e9tica. Ellos eran el har\u00e9n de \u00c9l-ella. Hab\u00edan ca\u00eddo finalmente en lo imposible. El misticismo era la forma m\u00e1s alta de la superstici\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El millonario gritaba: \u00a1Quiero el poder! \u00a1Poder! \u00a1Quiero que hasta los objetos obedezcan mis \u00f3rdenes! Yo dir\u00e9: \u00a1Mu\u00e9vete, objeto! Y \u00e9l, por s\u00ed solo, se mover\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer vieja y desgre\u00f1ada le dijo al millonario: \u00bfQuiere ver c\u00f3mo no es millonario? Pues le dir\u00e9: usted no es due\u00f1o del pr\u00f3ximo segundo de vida, usted puede morir sin saberlo. La muerte lo humillar\u00e1. El millonario: Yo quiero la verdad, \u00a1la verdad pura!<br \/>\nLa periodista estaba haciendo un reportaje magn\u00edfico sobre la vida cruda. Voy a ganar fama internacional, como la autora de El exorcista, que no le\u00ed para no dejarme influenciar. Estoy viendo en directo la vida cruda, la estoy viviendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo soy solitario, se dijo el masturbador. Estoy en la espera, espera, nada jam\u00e1s me sucede, ya desist\u00ed de esperar. Ellos beb\u00edan el amargo licor de hierbas \u00e1speras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Yo soy un profeta! \u00a1Veo el m\u00e1s all\u00e1! \u2014gritaba un muchacho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El padre Joaqu\u00edn Jes\u00fas Jacinto \u2014todo con jota, porque a la madre le gustaba la letra jota.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era el d\u00eda treinta y uno de diciembre de 1973. El horario astron\u00f3mico ser\u00eda medido por los relojes at\u00f3micos, cuyo atraso es s\u00f3lo de un segundo cada tres mil trescientos a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A otro le dio por estornudar, un estornudo detr\u00e1s de otro, sin parar. Pero le gustaba. La otra se llamaba J. B.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Mi vida es una verdadera novela! \u2014gritaba la escritora fracasada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El \u00e9xtasis estaba reservado para \u00c9l-ella. Que de pronto sufri\u00f3 la exaltaci\u00f3n del cuerpo, largamente. Ella-\u00e9l dijo: \u00a1Paren! Porque se endemoniaba por sentir el gozo del Mal. A trav\u00e9s de ella, todos gozaban: era la celebraci\u00f3n de la Gran Ley. Los eunucos hac\u00edan una cosa que estaba prohibido mirar. Los otros, a trav\u00e9s de Ella-\u00e9l, recib\u00edan temblorosos las ondas del orgasmo, pero s\u00f3lo las ondas porque no ten\u00edan fuerza de, sin destruirse, recibir todo. Las mujeres pintaban sus bocas de rojo como si fuese fruta aplastada por los afilados dientes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella-\u00e9l les cont\u00f3 lo que ocurr\u00eda cuando no se iniciaba en la profetizaci\u00f3n de la noche. Estado de choc. Por ejemplo: la muchacha era rubia y como si no alcanzara con eso, era rosada por dentro y adem\u00e1s, dalt\u00f3nica. Tanto que en su peque\u00f1o apartamento hab\u00eda una cruz verde sobre fondo rojo: ella confund\u00edalos dos colores. \u00bfC\u00f3mo es que comenz\u00f3 su terror? Escuchando un disco, o el silencio reinante, o los pasos en el piso de arriba, y hela all\u00ed, aterrorizada. Con miedo al espejo que la refleja. De frente hab\u00eda un armario y ten\u00eda la impresi\u00f3n de que las ropas se mov\u00edan en su interior. Poco a poco iba reduciendo el apartamento. Ten\u00eda miedo hasta de salir de la cama. Ten\u00eda la impresi\u00f3n de que iban a agarrarle el pie desde abajo de la cama. Era delgad\u00edsima. Su nombre era Psiu, nombre rojo. Ten\u00eda miedo de encender la luz en la oscuridad y de encontrar la fr\u00eda lagartija que habitaba en ella. Sent\u00eda con aflicci\u00f3n los dedos helados y blancos de la lagartija. Buscaba \u00e1vidamente en el peri\u00f3dico las p\u00e1ginas policiales, noticias de lo que estaba ocurriendo. Siempre le ocurr\u00edan cosas horribles a las personas como ella, que viv\u00edan solas y eran asaltadas por la noche. Ten\u00eda en la pared un cuadro que era de un hombre que la miraba bien a los ojos, vigil\u00e1ndola. Imaginaba que esa figura la segu\u00eda por todos los rincones de la casa. Ten\u00eda terror p\u00e1nico a los ratones. Prefer\u00eda morir a entrar en contacto con ellos. Pero o\u00eda sus gritos. Llegaba a sentir sus mordiscos en los pies. Despertaba siempre sobresaltada, sudando fr\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella era un bicho arrinconado. Normalmente dialogaba consigo misma. Daba los pros y los contras y siempre quien perd\u00eda era ella. Su vida era una constante sustracci\u00f3n de s\u00ed misma. Todo eso porque no atendi\u00f3 a la llamada de la sirena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l-ella s\u00f3lo mostraba el rostro de andr\u00f3gina. Y de \u00e9l se irradiaba tal ciego esplendor de locura que los otros gozaban la propia locura. Ella era el vaticinio y la disoluci\u00f3n y ya naci\u00f3 tatuada. Todo el aire ol\u00eda ahora a fatal jazm\u00edn y era tan fuerte que algunos vomitaban las propias entra\u00f1as. La Luna estaba plena en el cielo. Quince mil adolescentes esperaban para saber qu\u00e9 especie de hombre y mujer iban a ser.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces Ella-\u00e9l dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Comer\u00e9 a tu hermano y habr\u00e1 un eclipse total y el fin del mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De vez en cuando se escuchaba un largo relincho, pero no se ve\u00eda caballo alguno. S\u00f3lo se sab\u00eda que con siete notas musicales se hac\u00edan todas las m\u00fasicas que existen y que existieron y que existir\u00e1n. De Ella-\u00e9l manaba un fuerte olor a jazm\u00edn marchito porque era noche de Luna llena. El sortilegio o la hechicer\u00eda. Max Ernst, cuando ni\u00f1o, fue confundido con el Ni\u00f1o Jes\u00fas en una procesi\u00f3n. Despu\u00e9s, provocaba esc\u00e1ndalos art\u00edsticos. Ten\u00eda una pasi\u00f3n ilimitada por los hombres y una inmensa y po\u00e9tica libertad. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 estoy hablando de eso? No lo s\u00e9. \u00abNo lo s\u00e9\u00bb es una respuesta \u00f3ptima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 hac\u00eda Thomas Edison, tan inventor y libre, en medio de aquellos que eran comandados por \u00c9l-ella?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Garabatos, pens\u00f3 el estudiante perfecto, era la palabra m\u00e1s dif\u00edcil de la lengua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Escuchad! \u00a1Los \u00e1ngeles anunciadores cantan!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El jud\u00edo pobre gritaba mudo y nadie lo oy\u00f3, el mundo entero no o\u00eda. \u00c9l dijo: tengo sed, sudor y l\u00e1grimas. Y para saciar mi sed bebo mi sudor y mis propias l\u00e1grimas saladas. \u00a1Y no como cerdo! \u00a1Sigo la Torah! \u00a1Pero aliv\u00edame, Jehov\u00e1, por favor!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jubileu de Almeida escuchaba la radio a pilas, siempre. \u00abEl pastel m\u00e1s sabroso est\u00e1 hecho con Cremogema.\u00bb Y despu\u00e9s, anunciaba, de Strauss, un vals que por incre\u00edble que pareciera se llamaba El pensador libre. Es cierto, existe, yo lo escuch\u00e9. Jubileu era el due\u00f1o de La Mandolina de Oro, tienda de instrumentos musicales casi en quiebra, estaba loco por los valses de Strauss. Era viudo, \u00e9l, quiero decir Jubileu. Su rival era El Clar\u00edn, tambi\u00e9n en la calle Gomes Freir\u00e9 o Fre\u00ed Caneca. Jubileu era tambi\u00e9n afinador de pianos. Todos, all\u00ed, estaban dispuestos a apasionarse. Sexo. Puro sexo. Ellos se frenaban. Rumania era un pa\u00eds peligroso: gitanos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Faltaba petr\u00f3leo en el mundo. Y, sin petr\u00f3leo, faltaba comida. Carne, sobre todo. Y sin carne ellos se volv\u00edan terriblemente carn\u00edvoros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abAqu\u00ed, Se\u00f1or, encomiendo mi alma\u00bb, dijo Crist\u00f3bal Col\u00f3n al morir, vestido con el h\u00e1bito franciscano. \u00c9l no com\u00eda carne. Se santificaba, Crist\u00f3bal Col\u00f3n, el descubridor de olas, y que descubri\u00f3 san Francisco de As\u00eds. \u00a1Hete aqu\u00ed! \u00c9l muri\u00f3. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ahora? \u00bfD\u00f3nde? Por el amor de Dios, \u00a1responde!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto, y suavemente, <em>f\u00edat lux<\/em>.<br \/>\nHubo una desbandada asustadiza, como de gorriones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tan veloz que parec\u00eda que se hubieran desvanecido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al mismo tiempo estaban ya echados en la cama para dormir, ya despiertos. Lo que exist\u00eda era el silencio. Ellos no sab\u00edan de nada. Los \u00e1ngeles de la guarda \u2014que se hab\u00edan tomado un descanso, ya que todos estaban sosegados en la cama\u2014 despertaban frescos, bostezando todav\u00eda, pero ya protegiendo a sus pupilos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Madrugada: el huevo ven\u00eda girando lentamente del horizonte al espacio. Era de ma\u00f1ana: una joven rubia, casada con un joven rico, da a luz un beb\u00e9 negro. \u00bfHijo del demonio de la noche? No se sabe. Apuros, verg\u00fcenza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jubileu de Almeida se despert\u00f3 como pan dormido: tonto. Desde peque\u00f1o fue as\u00ed. Encendi\u00f3 la radio y escuch\u00f3: \u00abZapater\u00eda Morena donde est\u00e1 prohibido vender caro\u00bb. Ir\u00eda all\u00ed, necesitaba zapatos. Jubileu era albino, negro acero con las cejas amarillas casi blancas. Cogi\u00f3 un huevo de la nevera. Y pens\u00f3: si pudiera alg\u00fan d\u00eda o\u00edr El pensador libre, de Strauss, mi soledad estar\u00eda recompensada. S\u00f3lo hab\u00eda escuchado ese vals una vez, no recordaba cu\u00e1ndo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El poderoso quer\u00eda en su breakfast comer caviar dan\u00e9s a cucharadas, masticando con los dientes agudos las bolitas. Pertenec\u00eda al Rotary Club, a la Masoner\u00eda y al Diners Club. Ten\u00eda el escr\u00fapulo de no comer caviar ruso: era una manera de derrotar a la poderosa Rusia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El jud\u00edo pobre despierta y bebe agua del grifo, ansiosamente. Era la \u00fanica agua que hab\u00eda en los fondos de la pensi\u00f3n barat\u00edsima donde viv\u00eda: una vez vio una cucaracha nadando en la comida. Las prostitutas que viv\u00edan all\u00ed protestaban.<br \/>\nEl estudiante perfecto, que no sab\u00eda que era un tonto, pens\u00f3: \u00bfcu\u00e1l era la palabra m\u00e1s dif\u00edcil que exist\u00eda?, \u00bfcu\u00e1l era? \u00bfUna que significaba adornos, afeites, atav\u00edos? Ah, s\u00ed, garabatos. Record\u00f3 la palabra para escribirla en el pr\u00f3ximo examen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando comenz\u00f3 a rayar el d\u00eda todos estaban en la cama sin parar de bostezar. Cuando despertaban, uno era zapatero, otro estaba preso por estupro, una era ama de casa, dando \u00f3rdenes a la cocinera, que nunca llegaba tarde, otro era banquero, otro era secretario, etc. Despertaban, pues, un poco cansados, satisfechos por la noche tan profunda de sue\u00f1o. El s\u00e1bado hab\u00eda pasado y hoy era domingo. Y muchos fueron a la misa celebrada por el padre Jacinto, que era el padre de moda: pero ninguno se confes\u00f3, ya que no ten\u00edan nada que confesar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La escritora fracasada abri\u00f3 su diario encuadernado en cuero rojo y comenz\u00f3 a anotar: \u00abSiete de julio de mil novecientos sesenta y cuatro. Yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esta bella ma\u00f1ana de sol de domingo, despu\u00e9s de haber dormido muy mal, yo, a pesar de todo, aprecio las bellezas maravillosas de la Naturaleza-madre. No voy a la playa porque estoy demasiado gorda, y esto es una desgracia para quien aprecia tanto las olas verdes del mar. \u00a1Me rebelo! Pero no consigo hacer r\u00e9gimen: me muero de hambre. Me gusta vivir peligrosamente. Tu lengua viperina ser\u00e1 cortada por la tijera de la complacencia\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De ma\u00f1ana: <em>Agnus Dei<\/em>. \u00bfBecerro de oro? Buitre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El jud\u00edo pobre: \u00a1l\u00edbrame del orgullo de ser jud\u00edo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La periodista de ma\u00f1ana, bien temprano, telefonea a su amiga:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Claudia, disc\u00falpame por telefonear un domingo a esta hora. Pero me despert\u00e9 con una inspiraci\u00f3n fabulosa: \u00a1voy a escribir un libro sobre la Magia Negra! No, no le\u00ed El exorcista, porque me dijeron que es mala literatura y no quiero que piensen que estoy en el mismo camino. \u00bfLo has pensado? El ser humano siempre intent\u00f3 comunicarse con lo sobrenatural, desde el Antiguo Egipto, con el secreto de las Pir\u00e1mides, pasando por Grecia con sus dioses, pasando por Shakespeare en <em>Hamlet<\/em>. Pues yo voy tambi\u00e9n a ir por ese camino. Y, \u00a1por Dios!, voy a ganar esa apuesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En muchas casas de R\u00edo ol\u00eda a caf\u00e9. Era domingo. Y el chico en la cama, lleno de sopor, todav\u00eda mal despierto, se dijo: otro domingo de tedio. \u00bfCon qu\u00e9 hab\u00eda so\u00f1ado? Ya lo s\u00e9, respondi\u00f3se, si so\u00f1\u00e9, so\u00f1\u00e9 con una mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En fin, el aire era m\u00e1s claro. Y el d\u00eda siempre comienza. El d\u00eda bruto. La luz era mal\u00e9fica: instaur\u00e1base el mal asombrado d\u00eda diario. Una religi\u00f3n era necesaria: una religi\u00f3n que no tuviera miedo del ma\u00f1ana. Yo quiero ser envidiado. Yo quiero el estupro, el robo, el infanticidio, el desaf\u00edo m\u00edo es fuerte. Quiero oro y fama, despreciaba hasta el sexo: amaba de prisa y no sab\u00eda qu\u00e9 era el amor. Quiero el oro malo. Profanaci\u00f3n. Voy a mi extremo. Despu\u00e9s de la fiesta \u2014\u00bfqu\u00e9 fiesta? \u00bfnocturna?\u2014, despu\u00e9s de la fiesta, desolaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba tambi\u00e9n el observador que escribi\u00f3 esto en el cuaderno de notas: \u00abEl progreso y todos los fen\u00f3menos que lo rodean parecen participar \u00edntimamente de esa ley de aceleraci\u00f3n general, c\u00f3smica y centr\u00edfuga que arrastra a la civilizaci\u00f3n al \u00abprogreso m\u00e1ximo\u00bb, a fin de que enseguida venga la ca\u00edda. \u00bfUna ca\u00edda ininterrumpida o una ca\u00edda r\u00e1pidamente contenida? Ah\u00ed est\u00e1 el problema: no podemos saber si esta sociedad se destruir\u00e1 completamente o se conocer\u00e1 s\u00f3lo una interrupci\u00f3n brusca y despu\u00e9s la marcha se retomar\u00e1\u00bb. Y despu\u00e9s: \u00abEl Sol disminuir\u00eda sus efectos sobre la Tierra y provocar\u00eda el inicio de un nuevo per\u00edodo glacial que podr\u00eda durar por lo menos diez mil a\u00f1os\u00bb. Diez mil a\u00f1os era mucho tiempo y asustaba. Es lo que ocurre cuando alguien escoge, por miedo a la noche oscura, vivir en la superficial luz del d\u00eda. Es que lo sobrenatural, divino o demon\u00edaco, es una tentaci\u00f3n desde el Egipto, pasando por la Edad Media, hasta las novelas baratas de misterio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El carnicero, que ese d\u00eda s\u00f3lo trabajaba de las ocho a las once, abri\u00f3 la carnicer\u00eda, y se detuvo, embriagado de placer ante el olor de carnes y carnes crudas, crudas y sanguinolentas. Era lo \u00fanico en que el d\u00eda continuaba a la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El padre Jacinto estaba de moda porque nadie corno \u00e9l ergu\u00eda tan l\u00edmpidamente el c\u00e1liz y beb\u00eda con sagrada unci\u00f3n y pureza, salvando a todos, la sangre de Jes\u00fas, que era el Bien. Con suma delicadeza en las manos p\u00e1lidas, durante la ofrenda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El panadero, como siempre, despert\u00f3 a las cuatro y comenz\u00f3 a hacer la masa del pan. \u00bfDe noche amasa el Diablo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un \u00e1ngel pintado por Fra Ang\u00e9lico, siglo quince, voceaba por los aires: era el clar\u00edn anunciador de la ma\u00f1ana. Los postes de la luz el\u00e9ctrica todav\u00eda no hab\u00edan sido apagados y luc\u00edan empalidecidos. Postes. La velocidad se come los postes cuando se anda en auto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El mas turbador de ma\u00f1ana: mi \u00fanico amigo fiel es mi perro. \u00c9l no confiaba en nadie, especialmente, no confiaba en las mujeres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La que bostez\u00f3 la noche entera y dijo: \u00abTe conjuro, \u00a1madre de santo!\u00bb , comenz\u00f3 a restregarse los ojos y a bostezar. Diablos, dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El poderoso \u2014que cuidaba orqu\u00eddeas, dalias, camelias y lilas\u2014 hizo sonar impaciente la campana para llamar al mayordomo: quer\u00eda que le trajera el ya atrasado <em>breakfast<\/em>. El mayordomo le adivinaba los pensamientos y sab\u00eda cu\u00e1ndo traerle los galgos daneses para que fueran r\u00e1pidamente acariciados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquella que de noche gritaba: \u00abEstoy en espera, en espera\u00bb, de ma\u00f1ana, despeinada, dijo a la leche que estaba en el cazo, al fuego:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Te voy a dar, porquer\u00eda! Quiero ver si te estropeas y si hierves en mi cara, mi vida es esperar. Es sabido que si desv\u00edo un instante la mirada de la leche, va a aprovecharse, la desgraciada, para hervir y volcarse. Como la muerte que viene cuando nadie la espera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella esper\u00f3, esper\u00f3, y la leche no herv\u00eda. Entonces, apag\u00f3 el gas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el cielo, un leve arco iris: era el anuncio. La ma\u00f1ana como una oveja blanca. Paloma blanca era la profec\u00eda. Pesebre. Secreto. La ma\u00f1ana preestablecida. <em>Ave Mar\u00eda, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui, Jes\u00fas. Sancta Mar\u00eda, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus. Nunc et in hora mortis nostrae. Amen.<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El padre Jacinto elev\u00f3 con las dos manos el c\u00e1liz de cristal que conten\u00eda la sangre escarlata de Cristo. El vino bueno. Y una flor naci\u00f3. Una flor leve, rosada, con el perfume de Dios. \u00c9l-ella hab\u00eda desaparecido, hac\u00eda mucho, en el aire. La ma\u00f1ana era l\u00edmpida como algo reci\u00e9n lavado.<\/p>\n<p>AM\u00c9N.<\/p>\n<p>Los fieles distra\u00eddos hicieron la se\u00f1al de la Cruz.<\/p>\n<p>AM\u00c9N.<br \/>\nDIOS.<br \/>\nFIN.<\/p>\n<p><em>Ep\u00edlogo:<\/em><br \/>\nTodo lo que escrib\u00ed es verdad y existe. Existe una mente universal que me gui\u00f3. \u00bfD\u00f3nde estuviste de noche? Nadie lo sabe. No intentes responder, por amor de Dios. No quiero saber la respuesta. Adi\u00f3s. A-Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento extra\u00f1o (on\u00edrico) de Clarice Lispector (1920-1977), gran escritora brasile\u00f1a.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13295,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[1619,22,1620,188,1621,2855],"class_list":["post-4383","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-clarice-lispector","tag-cuento","tag-donde-estuviste-de-noche","tag-escritores-brasilenos","tag-escritores-en-portugues","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/claricelispector51.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-18H","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4383","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4383"}],"version-history":[{"count":23,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4383\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17088,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4383\/revisions\/17088"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13295"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4383"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4383"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4383"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}