{"id":37,"date":"2006-01-20T00:59:07","date_gmt":"2006-01-20T06:59:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=51"},"modified":"2025-09-07T19:35:36","modified_gmt":"2025-09-08T01:35:36","slug":"en-el-bosque","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/en-el-bosque\/","title":{"rendered":"En el bosque"},"content":{"rendered":"<p>Un cuento de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Ry%C5%ABnosuke_Akutagawa\">Ryunosuke Akutagawa<\/a> (1892-1927), un prol\u00edfico narrador japon\u00e9s que aqu\u00ed discute, aunque en un ambiente feudal, un tema muy moderno: la imposibilidad de encontrar la verdad entre un mont\u00f3n de versiones subjetivas y contradictorias de los mismos hechos. La pel\u00edcula <em>Rashomon<\/em>, de Akira Kurosawa, est\u00e1 basada parcialmente en este texto. Nota: <em>Kebiishi <\/em>(o Kebushi) es el nombre de una fuerza de polic\u00eda en el Jap\u00f3n medieval.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/Ryunosuke-Akutagawa.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13254\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/en-el-bosque\/ryunosuke-akutagawa\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/Ryunosuke-Akutagawa.jpg\" data-orig-size=\"857,600\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Ryunosuke Akutagawa\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/Ryunosuke-Akutagawa.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/Ryunosuke-Akutagawa.jpg\" alt=\"\" width=\"857\" height=\"600\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13254\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/Ryunosuke-Akutagawa.jpg 857w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/Ryunosuke-Akutagawa-300x210.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 857px) 100vw, 857px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EN EL BOSQUE<\/strong><br \/>\n<strong>Ryunosuke Akutagawa<\/strong><\/p>\n<p><strong>DECLARACI\u00d3N DE UN LE\u00d1ADOR INTERROGADO POR EL OFICIAL DEL KEBIISHI<\/strong><\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1or, es verdad; fui yo quien encontr\u00f3 el cad\u00e1ver. Esta ma\u00f1ana, como de costumbre, sal\u00ed a cortar le\u00f1a  y encontr\u00e9 al muerto en el bosque que est\u00e1 detr\u00e1s de la monta\u00f1a. \u00bfEl lugar exacto, dice usted? Pues, a unos ciento cincuenta metros de la carretera a Yamashina. Es un lugar solitario, poblado de bamb\u00faes, con algunos cedros entre ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl cuerpo estaba tendido de cara al cielo: vest\u00eda un kimono de seda viol\u00e1ceo y llevaba gorro de estilo Kyoto. Una herida de katana le atravesaba el coraz\u00f3n, y las hojas de bamb\u00fa que le rodeaban estaban te\u00f1idas de rojo. No, no perd\u00eda m\u00e1s sangre en ese momento. Creo que la herida estaba seca; un t\u00e1bano, de tan pegado a ella, ni siquiera not\u00f3 mi pasos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfQue si vi una katana o algo parecido? No, no vi nada de eso, se\u00f1or. S\u00f3lo encontr\u00e9 una cuerda junto al tronco de un cedro que hab\u00eda cerca del cad\u00e1ver. Y&#8230;, ah, s\u00ed; tambi\u00e9n  junto a la cuerda hab\u00eda un peine. Eso fue todo lo que vi. Al parecer el hombre luch\u00f3 antes de  ser asesinado, porque las hierbas y las hojas que hab\u00eda alrededor estaban bastante pisoteadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfHab\u00eda alg\u00fan caballo cerca del lugar?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, se\u00f1or. Es una lugar inaccesible para esos animales; est\u00e1 separado de la carretera por un bosque de bamb\u00faes.<\/p>\n<p><strong>DECLARACION DE UN SACERDOTE BUDISTA INTERROGADO POR EL OFICIAL DEL KEBIISHI<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Es cierto. Ayer me encontr\u00e9 con el desdichado hombre. Ayer&#8230;, habr\u00e1 sido cerca del mediod\u00eda. El lugar es la carretera que conduce de Sekiyama a Yamashina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl hombre caminaba hacia Sekiyama acompa\u00f1ado por una dama que iba a caballo. No alcanc\u00e9 a ver el rostro de esta dama, pues lo ten\u00eda cubierto con un velo. Unicamente pude ver el color de su kimono, que era lila claro. El caballo era un alaz\u00e1n de finas crines, \u00bfLa estatura de la dama? Pues&#8230; algo as\u00ed como un metro y cuarenta cent\u00edmetros. Como sacerdote, no acostumbro fijarme en esos detalles. El hombre iba armado de katana, arco y flechas. Particularmente recuerdo la aljaba negra donde llevaba unas veinte flechas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbNo pod\u00eda imaginar que a ese hombre le aguardara semejante destino. Verdaderamente, nuestra vida es comparable al roc\u00edo del alba o a un destello fugaz. \u00a1Lamento tanto la suerte de ese hombre que no encuentro palabras para expresar mi sentimiento!<\/p>\n<p><strong>DECLARACION DEL POLICIA INTERROGADO POR EL OFICIAL DEL KEBIISHI<\/strong><\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n el hombre que arrest\u00e9? Es el famoso bandolero Tajomaru. Cuando proced\u00ed, \u00e9l hab\u00eda ca\u00eddo del caballo, y gem\u00eda echado sobre el puente de Awtaguchi. \u00bfCu\u00e1ndo? Fue en las primeras horas de anoche. Recuerdo que en cierta oportunidad en que fracas\u00e9 al intentar arrestarlo, tambi\u00e9n llevaba ese kimono y esa larga katana. Esta vez, como ustedes ven, lleva adem\u00e1s arco y las flechas. \u00a1Ah\u00ed!.. \u00bfDe modo que el arco y las flechas son iguales a las del muerto? Entonces es seguro que fue \u00e9ste Tajomaru el asesino. El arco enfundado en cuero, la aljaba negra y las diecisiete flechas de pluma de halc\u00f3n, seguramente eran del samurai. S\u00ed; el caballo era, como usted dice, un alaz\u00e1n de finas crines. Pastaba cerca del puente con las riendas sueltas. Debe ser alguna iron\u00eda del destino el que Tajomaru fuera arrojado por el mismo caballo que rob\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEste Tajomaru es el mujeriego m\u00e1s famoso entre los bandidos que merodean por la capital. El a\u00f1o pasado una creyente y su criada fueron asesinadas en un monte, detr\u00e1s del Pindola  del Templo Toribe; y se rumoreaba que hab\u00eda sido obra de este bandido. Siendo Tajomaru el asesino del samurai, vaya uno a saber qu\u00e9 ha sido de la due\u00f1a del alaz\u00e1n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSi se me permite una palabra, sugiero la conveniencia de averiguar el destino de la dama.<\/p>\n<p><strong>DECLARACI\u00d3N DE UNA ANCIANA INTERROGADA POR EL OFICIAL DEL KEBIISHI<\/strong><\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1or; el cad\u00e1ver es el del hombre que se cas\u00f3 con mi hija, El no era de la capital; fue samurai en la ciudad de Kolufu, en la provincia de Wasaka. Su nombre es Takejiro Kanazawa y ten\u00eda veintis\u00e9is a\u00f1os. No, se\u00f1or, \u00e9l era una buena persona, y no creo que haya sido v\u00edctima de alguna venganza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfMi hija? Su nombre es Masago y tiene diecinueve a\u00f1os. Es impulsiva, pero dudo que haya conocido otro hombre aparte de Takejiro. Es de cutis moreno y su cara peque\u00f1a, ovalada, y tiene un lunar cerca del ojo izquierdo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAyer, Takejiro y mi hija salieron para Wakasa. \u00a1Qui\u00e9n pod\u00eda imaginar esta tragedia!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de ella? Aunque estoy resignada por la suerte de mi yerno, quisiera saber lo ocurrido a mi pobre hija.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPor los cielos, se\u00f1ores, no dej\u00e9is piedra sin remover hasta encontrarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA quien odio es a ese asesino, Tajomaru, o como se llame. A \u00e9l, que no s\u00f3lo a mi yerno, sino tambi\u00e9n a mi hija&#8230; <em>\u2014(llora y no se entienden sus palabras.)<\/em><\/p>\n<p><strong>CONFESI\u00d3N DE TAJOMARU<\/strong><\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1or comisario; yo mat\u00e9 a ese hombre, pero no a la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfQu\u00e9 ad\u00f3nde fue? No s\u00e9 nada. \u00a1Eh! D\u00e9jenme en paz; no me torturen, porque no podr\u00e1n obligarme a decir lo que no s\u00e9. Adem\u00e1s no tengo esperanzas de salvarme, as\u00ed que no veo por qu\u00e9 he de ocultar detalles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbBueno, fue as\u00ed:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAyer, poco despu\u00e9s de mediod\u00eda, me encontr\u00e9 con esa pareja. Justamente una leva brisa levant\u00f3 el velo de seda que cubr\u00eda el rostro de la mujer, y lo v\u00ed apenas. Digo apenas, porque inmediantamente volvi\u00f3 a ocultarlo. Quiz\u00e1 por eso me pareci\u00f3 tan hermosa como el sagrado Bodhisattva. Desde ese instante decid\u00ed conquistarla, aunque tuviera que matar al hombre que la acompa\u00f1aba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfQu\u00e9 dice? Vea: para m\u00ed matar a un hombre no significa gran cosa, como usted piensa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDe todos modos, para poseer a la mujer hab\u00eda que eliminar al hombre. Pero le aclaro, se\u00f1or, que yo mato con katana y no como ustedes, que matan con el poder, con el dinero, hasta con el pretexto de hacer un favor. Es cierto que no derraman sangre y sus v\u00edctimas siguen viviendo; pero as\u00ed y todo son muertos, sombras de vivos. Si medimos los alcances del delito, es muy dif\u00edcil fijar quien es m\u00e1s criminal; yo o ustedes. <em>\u2014(sonr\u00ede con iron\u00eda)<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSin embargo, era mejor proceder evitando la muerte del hombre. Y opt\u00e9 por ello. Pero era imposible ejecutar mi prop\u00f3sito en la carretera que conduce a Yamashina. Entonces invent\u00e9 una historia para internar a la pareja en la monta\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbResult\u00f3 f\u00e1cil. Empec\u00e9 a caminar con ellos y les cont\u00e9 que hab\u00eda descubierto una vieja tumba en la monta\u00f1a, en la que hall\u00e9 una considerable cantidad de sables y espejos antiguos, que luego hab\u00eda trasladado clandestinamente al bosque de bamb\u00faes; y que de encontrar a alg\u00fan interesado se los vender\u00eda a bajo precio. Al o\u00edr esto, el hombre empez\u00f3 a interesarse, y&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfNo creen que es terrible la codicia que llega a sentir el hombre? En menos de media hora, los tres \u00edbamos camino de la monta\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAl llegar al bosque de bamb\u00faes me detuve, les dije que m\u00e1s adentro estaba oculto el tesoro y les presgunt\u00e9 si quer\u00edan verlo. El hombre, por codicia, no puso objeci\u00f3n; pero la mujer que ni siquiera se molest\u00f3 en desmontar, dijo que esperar\u00eda all\u00ed. Era comprensible su deseo, ante la vista de un bosque tan espeso. Y eso era justamente lo que yo quer\u00eda. Me apresur\u00e9 a conducir al hombre, sin insistir en que ella  nos acompa\u00f1ara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA la entrada del bosque hay bamb\u00faes solamente, pero a cierta distancia, existe un lugar m\u00e1s despejado con algunos cedros. No pod\u00eda haber sitio m\u00e1s apropiado para el logro de mi prop\u00f3sito. Abri\u00e9ndome camino a trav\u00e9s de los bamb\u00faes, enga\u00f1\u00e9 al hombre dici\u00e9ndole que las piezas estaban ocultas al pie de un cedro. El apresur\u00f3 los pasos hacia unos cedros que se divisaban por entre los bamb\u00faes. Caminando a\u00fan algo m\u00e1s, y llegamos al lugar se\u00f1alado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn un segundo, lo ataqu\u00e9 y lo derrib\u00e9. Aunque el hombre llevaba katana y era bastante vigoroso, al ser tomado por sorpresa y atacado por la espalda nada pudo hacer para evitarlo. Lo at\u00e9 sin demora al tronco de un cedro. \u00bfD\u00f3nde consegu\u00ed las cuerdas? Gracias a que soy ladr\u00f3n siempre las llevo, por si me veo obligado a escalar alg\u00fan muro. Naturalmente; es f\u00e1cil impedir que el otro grite si se le llena la boca con hojas de bamb\u00fa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbTerminada mi tarea con el hombre, volv\u00ed en busca de la mujer y le dije que fuera a reunirse con su marido, que se hab\u00eda indispuesto repent\u00ednamente. Dem\u00e1s est\u00e1 decir que el plan tuvo \u00e9xito. La mujer, que se hab\u00eda quitado el ichimegasa, de dej\u00f3 conducir hasta el lugar; pero al llegar, en cuanto advirti\u00f3 la situaci\u00f3n del hombre, sac\u00f3 un pu\u00f1al \u2013no s\u00e9 cuando-, y me desafi\u00f3. Nunca conoc\u00ed una mujera tan impetuosa. De no ponerme en guardia, nada me hubiera extra\u00f1ado que cuando arremeti\u00f3 contra m\u00ed terminara atraves\u00e1ndome el vientre, peor a\u00fan, mat\u00e1ndome. Pero como sabr\u00e1, yo soy Tajomaru. Pude arrebatarle el arma sin hacer uso de la m\u00eda; y aunque valiente, una vez desarmada, nada pudo hacer. As\u00ed, por fin, pude satisfacer mis deseos de poseerla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbComo le dije, no hab\u00eda matado al hombre: era innecesario despu\u00e9s de haber conseguido a la mujer. Me dispon\u00eda a huir cuando sucedi\u00f3 lo inesperado. Ella se aferr\u00f3 a mis brazos con desesperaci\u00f3n, y pat\u00e9ticamente, con palabras entrecortadas, me grit\u00f3 que uno de nosotros, su marido o yo, ten\u00eda que morir; si no ella misma morir\u00eda antes de soportar el dolor y la verg\u00fcenza de saber vivos a los dos hombres que la hab\u00edan pose\u00eddo. Dijo m\u00e1s:  que ser\u00eda de aqu\u00e9l que sobreviviera. Al oir estas palabras, el deseo de matar al hombre me ofusc\u00f3. <em>\u2014(Sombr\u00eda excitaci\u00f3n.)<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCont\u00e1ndolo de esta manera parecer\u00e9 muy cruel. Pero no; usted no vi\u00f3 la cara de la mujer en ese momento, ni soport\u00f3 su mirada ardiente, como yo. Al mirar esos ojos jur\u00e9 casarme con ella, s\u00ed, hacerla mi mujer a riesgo de  todo; ese era el \u00fanico pensamiento que me absorb\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbTal pensamiento no se deb\u00eda al s\u00f3lo deseo carnal, como usted puede suponer. Al contrario; si en ese momento s\u00f3lo hubiese sentido sensualidad, habr\u00eda escapado, sin importarme golpear a la mujer. Y de ser as\u00ed, no habr\u00eda tenido ninguna necesidad de manchar mi katana con la sangre de ese hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero viendo el rostro de aquella mujer bella en la penumbra del bosque, jur\u00e9 no abandonar el lugar sin haberlo ultimado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSin embargo, no ten\u00eda intenci\u00f3n de matarlo en forma cobarde; solt\u00e9 sus ligaduras y lo desafi\u00e9  (La cuerda que se encontr\u00f3 junto al tronco fue la que yo utilic\u00e9 y luego dej\u00e9 olvidada). Encolerizado el hombre desenvain\u00f3 su katana. Inmediatamente me atac\u00f3, iracundo, sin pronunciar palabra. De m\u00e1s est\u00e1 explicar lo que pas\u00f3 despu\u00e9s. Mi katana atraves\u00f3 su pecho a los veintitr\u00e9s asaltos. No acabo de salir de mi asombro. Nadie hasta entonces se hab\u00eda resistido m\u00e1s de veinte.\u201d <em>\u2014(Sonr\u00ede jovialmente.)<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMuerto el hombre, con la katana a\u00fan mojada en su sangre, me volv\u00ed hacia donde hab\u00eda quedado la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPero ante mi asombro, hab\u00eda desaparecido. En vano registr\u00e9 el bosque tratando de encontrarla; ni el menor rastro. Escuch\u00e9 con atenci\u00f3n; se o\u00eda el estertor del hombre; nada m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPens\u00e9 que al empezar el duelo ella habr\u00eda salido en busca de ayuda. Y puesto que era cuesti\u00f3n de vida o muerte, me apoder\u00e9 de la espada del hombre, junto con el arco y las flechas, y hu\u00ed hacia la carretera. Una vez all\u00ed, encontr\u00e9 pastando el caballo de la mujer. De lo que sigui\u00f3 despu\u00e9s, le dire \u00fanicamente que antes de entrar en la capital me deshice de la katana robada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEsta es toda mi confesi\u00f3n. Siempre tuve la convicci\u00f3n de que mi cabeza colgar\u00eda alg\u00fan d\u00eda de un \u00e1rbol; sent\u00e9ncienme a la pena capital. <em>\u2014(Actitud desafiante.)<\/em><\/p>\n<p><strong>CONFESION DE LA MUJER QUE LLEGO AL TEMPLO SHIMIZU<\/strong><\/p>\n<p>\u2014El hombre, que vest\u00eda el kimono de seda azul, despu\u00e9s de ultrajarme lanz\u00f3 una mirada sarc\u00e1stica a mi esposo, que estaba atado en el tronco de un cedro. \u00a1Qu\u00e9 humillaci\u00f3n habr\u00e1 sentido mi marido! Cuanto m\u00e1s se empe\u00f1aba en liberarse, m\u00e1s se hund\u00eda la soga en su cuerpo. Desesperada, corr\u00ed hacia \u00e9l. No, mejor dicho, quise correr. Pero al intentarlo, el bandido me derrib\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn ese preciso instante advert\u00ed un brillo extra\u00f1o en los ojos de mi marido; ten\u00eda una expresi\u00f3n indescriptible&#8230; Lo recuerdo y todav\u00eda me hace estremecer. El, al no poder hablar, procuraba expresarse de ese modo. Sus ojos no denotaban ni furor ni angustia&#8230; desped\u00eda un brillo fr\u00edo, que reflejaba su desprecio hacia m\u00ed. M\u00e1s herida por esos ojos que por el golpe del ladr\u00f3n, dej\u00e9 escapar un gemido y me desvanec\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDespu\u00e9s de largo rato (creo), recobr\u00e9 el conocimiento, y advert\u00ed que el hombre del kimono azul hab\u00eda desaparecido. Estaba solamente mi marido, atado todav\u00eda al \u00e1rbol. Me incorpor\u00e9 sobre las hojas de bamb\u00fa y dirig\u00ed hacia \u00e9l mis ojos. Pero el brillo de los suyos no hab\u00eda cambiado;  me observaba con la misma frialdad, reafirmando, su desprecio, y en lo m\u00e1s profundo, tambi\u00e9n su odio. Verg\u00fcenza, rabia, angustia&#8230; ; no s\u00e9 bien lo que sent\u00ed entonces, me levant\u00e9, vacilante, y me acerqu\u00e9 a \u00e9l:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Takejiro \u2014le dije\u2014, despu\u00e9s de lo sucedido, no podr\u00eda seguir viviendo contigo. He decidido matarme, pero&#8230; t\u00fa tambi\u00e9n debes morir. Viste lo que me ha hecho: no puedo dejarte vivir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbHice un gran esfuerzo para decirlo. Pero \u00e9l segu\u00eda mir\u00e1ndome sin inmutarse. Sent\u00ed que mi coraz\u00f3n lat\u00eda con violencia. Busqu\u00e9 afanosamente la espada de mi marido. En vano; por lo visto, el bandido hab\u00eda robado sus armas. Fue una suerte que all\u00ed cerca encontrara mi pu\u00f1al. Sosteniendo el arma en alto, volv\u00ed a decirle:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Ahora, dame tu vida. Yo os seguir\u00e9 inmediatamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAl escucharme, movi\u00f3 apenas los labios. Con la boca llena de hojas, no pod\u00eda articular palabras. Sin embargo, con s\u00f3lo mirarle adivin\u00e9 su intenci\u00f3n. Con profundo desprecio me dec\u00eda: \u201cM\u00e1tame\u201d. Sin poderme dominar, enloquecida, clav\u00e9 la daga en su pecho, a trav\u00e9s del kimono color lila. Luego volv\u00ed a desvanecerme. Cuando tiempo despu\u00e9s me recobr\u00e9, mi marido hab\u00eda muerto. Un rayo del sol poniente, filtrado a trav\u00e9s del follaje, iluminaba su rostro sin color. Llorando, quit\u00e9 la ataduras de aquel cuerpo. Despu\u00e9s&#8230; No tengo fuerzas para hablar de lo que me ocurri\u00f3 despu\u00e9s. Hice todo lo posible para darme muerte; clav\u00e9 el pu\u00f1al en mi garganta, me arroj\u00e9 al lago, cerca de la monta\u00f1a; p\u00e9ro todo en vano. Aqu\u00ed estoy, frustrados mis intentos, con el peso agobiante de mi deshonra a cuestas <em>\u2014(Sonr\u00ede tristemente.)<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEs de creer que a una mala mujer como yo, hasta el mismo Bodhisattva niegue su piedad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn fin yo, que mat\u00e9 a mi esposo, que fui violada por un bandido, \u00bfqu\u00e9 debo hacer? \u00bfQu\u00e9 es lo que yo&#8230; yo&#8230;?  <em>\u2014(Estalla de pronto en violentos sollozos.)<\/em><\/p>\n<p><strong>VERSI\u00d3N DEL MUERTO NARRADA POR LA VIDENTE<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Despu\u00e9s de violar a mi mujer, el bandido se sent\u00f3 junto a ella y le habl\u00f3, tratando de consolarla. Naturalmente, yo no pod\u00eda hablar; estaba atado al tronco del cedro, amordazado. Sin embargo, intentaba decirle con los ojos una y otra vez: \u201cNo cre\u00e1is en ese canalla, es mentira todo lo que dice\u201d. Pero ella, sentada sobre las hojas de bamb\u00fa con las piernas encogidas, se miraba las rodillas con obstinaci\u00f3n. Esa actitud me hizo suponer que estar\u00eda escuchando las palabras del hombre. Los celos me torturaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl bandido, h\u00e1bil en la conversaci\u00f3n, le hablaba de una y otra cosa, hasta que lleg\u00f3 a proponerle con el mayor descaro:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Ya que hab\u00e9is sido injuriada en vuestro honor, no podr\u00e9is seguir junto a vuestro esposo. A cambio de eso, y puesto que no ser\u00edais felices, \u00bfno preferir\u00edas ser mi mujer? Fue el amor que me inspirast\u00e9is lo que me llev\u00f3 a cometer tal violencia contra vos.<br \/>\n\u00bbMi mujer le escuch\u00f3 fascinada y alz\u00f3 la cabeza. Nunca la vi tan hermosa como en ese momento. Pero, \u00bfqu\u00e9 respondi\u00f3 ante su mismo esposo, v\u00edctima como ella de ese malhechor? Ahora vago perdido en el espacio, pero no podr\u00e9 evitar la rabia y los celos mientras recuerde sus palabras:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Bien, ll\u00e9vadme adonde quer\u00e1is. <em>\u2014(Largo silencio.)<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbY no fue este el \u00fanico delito de mi mujer. Si hubiera sido tan s\u00f3lo esto no sufrir\u00eda tanto en esta oscura eternidad. Cuando, como en sue\u00f1os, se dispon\u00eda a partir del brazo de aquel hombre, palideci\u00f3 repentinamente y se\u00f1al\u00e1ndome, exclam\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Matadle. No puedo unirme a vos mientras \u00e9l est\u00e9 con vida \u2014y repiti\u00f3 varias veces, enloquecida: \u2014Matadle \u2014a\u00fan ahora sus palabras quieren arrastarme en torbellino al negro abismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u00bfHabr\u00edan salido alguna vez palabras tan atroces de labios de un ser humano? \u00bfHabr\u00edan entrado tan odiosas frases en o\u00eddos de alg\u00fan mortal? Alguna vez, semejante&#8230; \u2014(S\u00fabitamente, r\u00ede con desprecio).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl mismo bandido se qued\u00f3 perplejo de o\u00edrlas: \u201c\u00a1Matadle!\u201d Ella continuaba gritando y se aferraba al brazo del delincuente. El la mir\u00f3 fijamente y no contest\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAntes de pensar en la respuesta, la arroj\u00f3 al suelo de un puntapi\u00e9. <em>\u2014(Nuevamente una carcajada desde\u00f1osa).<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLuego se cruz\u00f3 de brazos tranquilamente y mir\u00e1ndome, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfQu\u00e9 piensas hacer con esta mujer? \u00bfLa matas o la perdonas? Cont\u00e9stame con la cabeza. \u00bfLa matas? \u2014por s\u00f3lo estas palabras perdonar\u00eda la acci\u00f3n del individuo.<br \/>\n<em>(De nuevo largo silencio.)<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMientras yo vacilaba en contestar, mi mujer di\u00f3 un grito y ech\u00f3 a correr bosque adentro. El bandido se abalanz\u00f3 tras ella, pero no logr\u00f3 alcanzar ni la manga de su kimono.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbFugada mi mujer, el hombre tom\u00f3 mi katana, mi arco y mis flechas. Luego cort\u00f3 en un solo sitio la soga con que me hab\u00eda atado. Recuerdo que al salir del bosque murmur\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Ahora se juega mi suerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbSigui\u00f3 un profundo silencio. No, o\u00ed que alguien sollozaba. Mientras me quitaba las sogas escuch\u00e9 con atenci\u00f3n, y note que era mi propio sollozo <em>\u2014(Largo silencio.)<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA duras penas separ\u00e9 del \u00e1rbol mi cuerpo entumecido. Delante de mi brillaba la peque\u00f1a daga que hab\u00eda dejado mi mujer. La tom\u00e9 y la hund\u00ed en mi pecho. Un co\u00e1gulo de sangre subi\u00f3 a mi garganta, pero no sent\u00ed ning\u00fan dolor. A medida que mi cuerpo se enfriaba, a mi alrededor todo se volv\u00eda m\u00e1s silencioso y solemne. Ni siquiera el canto de un p\u00e1jaro se o\u00eda en el aire de aquel lugar mortal en la ca\u00f1ada de la monta\u00f1a. S\u00f3lo una d\u00e9bil claridad ca\u00eda sobre las hojas, pero tambi\u00e9n, fue desapareciendo, hasta que los cedros y los bambu\u00e9s se borraron de mi vista. Tendido en el suelo, un hondo silencio me envolv\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn ese momento alguien se acerco a mi con pasos cautelosos. Trat\u00e9 de ver quien era; pero la oscuridad me lo impidi\u00f3. Alguien, alguien que no pude ver, una mano invisible, quit\u00f3 suavemente el arma hundida en mi pecho, al tiempo que otro co\u00e1gulo me volv\u00eda a llenar la boca. Y de nuevo me hund\u00ed en el oscuro espacio; por \u00faltima vez, para siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cuento de Ryunosuke Akutagawa (1892-1927) que inspir\u00f3 la pel\u00edcula <em>Rashomon<\/em> de Akira Kurosawa.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13254,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[35,22,173,25,197,7,2855,461,3066,1128],"class_list":["post-37","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-akira-kurosawa","tag-cuento","tag-en-el-bosque","tag-escritores","tag-escritores-japoneses","tag-hallazgos","tag-literatura","tag-rashomon","tag-ryunosuke-akutagawa","tag-textos-adaptados"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/01\/Ryunosuke-Akutagawa.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-B","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=37"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17036,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37\/revisions\/17036"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13254"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=37"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=37"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=37"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}