{"id":3627,"date":"2009-08-12T08:42:17","date_gmt":"2009-08-12T13:42:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=3627"},"modified":"2016-12-10T13:25:07","modified_gmt":"2016-12-10T19:25:07","slug":"el-leve-pedro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-leve-pedro\/","title":{"rendered":"El leve Pedro"},"content":{"rendered":"<p><em>Una vez m\u00e1s es necesario invertir el orden del libro y el cuento del mes. He aqu\u00ed una historia breve del argentino Enrique Anderson Imbert (1910-2000), narrador, cr\u00edtico y profesor notabil\u00edsimo (de hecho, uno de los pioneros de los estudios hisp\u00e1nicos fuera de Am\u00e9rica Latina y de la tradici\u00f3n del escritor latinoamericano emigrado a las grandes universidades de habla inglesa). \u00abEl leve Pedro\u00bb fue escrita y publicada en 1937 y m\u00e1s de un mexicano nacido en los setenta la recordar\u00e1 como una lectura temprana: aparec\u00eda en los libros de texto gratuitos de las escuelas primarias.<\/em><\/p>\n<div align=center><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"3649\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-leve-pedro\/enriqueandersonimbert\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/EnriqueAndersonImbert.jpg\" data-orig-size=\"300,297\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Enrique Anderson Imbert\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Enrique Anderson Imbert&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/EnriqueAndersonImbert.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/EnriqueAndersonImbert.jpg\" alt=\"Enrique Anderson Imbert\" title=\"Enrique Anderson Imbert\" width=\"300\" height=\"297\" class=\"alignnone size-full wp-image-3649\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/EnriqueAndersonImbert.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/EnriqueAndersonImbert-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/div>\n<p><strong>EL LEVE PEDRO<br \/>\nEnrique Anderson Imbert<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p>Durante dos meses se asom\u00f3 a la muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El m\u00e9dico murmuraba que la enfermedad de Pedro era nueva, que no hab\u00eda modo de tratarla y que \u00e9l no sab\u00eda qu\u00e9 hacer\u2026 Por suerte el enfermo, solito, se fue curando. No hab\u00eda perdido su buen humor, su oronda calma provinciana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Demasiado flaco y eso era todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero al levantarse despu\u00e9s de varios d\u00edas de convalecencia se sinti\u00f3 sin peso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Oye &#8211;le dijo a su mujer&#8211;, me siento bien, pero no te puedes imaginar cu\u00e1n ausente me parece el cuerpo. Estoy como si mis envolturas fueran a desprenderse dej\u00e1ndome el alma desnuda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Languideces &#8211;le respondi\u00f3 su mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Tal vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sigui\u00f3 recobr\u00e1ndose. Ya paseaba por el caser\u00f3n, atend\u00eda el hambre de las gallinas y de los cerdos, dio una mano de pintura verde a la pajarera bulliciosa y a\u00fan se anim\u00f3 a hachar la le\u00f1a y llevarla en carretilla hasta el galp\u00f3n. Pero seg\u00fan pasaban los d\u00edas las carnes de Pedro perd\u00edan perd\u00edan densidad. Algo muy raro le iba minando, socavando, vaciando el cuerpo. Se sent\u00eda con una ingravidez portentosa. Era la ingravidez de la chispa y de la burbuja, del globo y de la pelota. Le costaba muy poco saltar limpiamente, trepar las escaleras de cinco en cinco, coger de un brinco la manzana m\u00e1s alta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Te has mejorado tanto -\u2013observaba su mujer&#8211; que pareces un chiquillo acr\u00f3bata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una ma\u00f1ana Pedro se asust\u00f3. Hasta entonces su agilidad le hab\u00eda preocupado, pero todo ocurr\u00eda como Dios manda. Era extraordinario que, sin propon\u00e9rselo, convirtiera la marcha de los humanos en una triunfal carrera en volandas sobre la quinta. Era extraordinario pero no milagroso. Lo milagroso apareci\u00f3 esa ma\u00f1ana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Muy tempranito fue al potrero. Caminaba con pasos contenidos porque ya sab\u00eda que en cuanto taconeara ir\u00eda dando botes por el corral. Arremang\u00f3 la camisa, acomod\u00f3 un tronco, cogi\u00f3 el hacha y asest\u00f3 el primer golpe. Y entonces, rechazado por el impulso de su propio hachazo, Pedro levant\u00f3 vuelo. Prendido todav\u00eda al hacha, qued\u00f3 un instante en suspensi\u00f3n, levitando all\u00e1, a la altura de los techos; y luego baj\u00f3 como un tenue vilano de cardo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acudi\u00f3 su mujer cuando Pedro ya hab\u00eda descendido y, con una palidez de muerte, temblaba agarrado a un rollizo tronco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00a1Hebe! \u00a1Casi me caigo al cielo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Tonter\u00edas. No puedes caerte al cielo. Nadie se cae al cielo. \u00bfQu\u00e9 te ha pasado?<br \/>\nPedro explic\u00f3 la cosa a su mujer y \u00e9sta, sin asombro, le reconvino:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Te sucede por hacerte el acr\u00f3bata. Ya te lo he prevenido. El d\u00eda menos pensado te desnucar\u00e1s en una de tus piruetas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00a1No, no! &#8211;insisti\u00f3 Pedro&#8211;. Ahora es diferente. Me resbal\u00e9. El cielo es un precipicio, Hebe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro solt\u00f3 el tronco que lo anclaba pero se asi\u00f3 fuerte a su mujer. As\u00ed abrazados volvieron a la casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00a1Hombre! &#8211;le dijo Hebe, que sent\u00eda el cuerpo de su marido pegado al suyo como el de un animal extra\u00f1amente joven y salvaje, con ansias de huir en vertiginoso galope&#8211; \u00a1Hombre, d\u00e9jate de hacer fuerza, que me arrastras! Das unos pasos como si quisieras echarte a volar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfHas visto, has visto? Algo horrible me est\u00e1 amenazando, Hebe. Un esguince, y ya empieza la ascensi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa tarde Pedro, que estaba apoltronado en el patio leyendo las historietas del peri\u00f3dico, se ri\u00f3 convulsivamente. Y con la propulsi\u00f3n de ese motor alegre fue elev\u00e1ndose como un ludi\u00f3n, como un buzo que se quitara las suelas. La risa se troc\u00f3 en terror y Hebe acudi\u00f3 otra vez a las voces de su marido. Alcanz\u00f3 a cogerlo de los pantalones y lo atrajo a la tierra. Ya no hab\u00eda duda. Hebe le llen\u00f3 los bolsillos con grandes tuercas, ca\u00f1os de plomo y piedras; y estos pesos por el momento le dieron a su cuerpo la solidez necesaria para traquear por la galer\u00eda y empinarse por la escalera de su cuarto. Lo dif\u00edcil fue desvestirlo. Cuando Hebe le quit\u00f3 los hierros y el plomo, Pedro, fluctuante sobre las s\u00e1banas, se entrelaz\u00f3 a los barrotes de la cama y le advirti\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00a1Cuidado, Hebe! Vamos a hacerlo despacio porque no quiero dormir en el techo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Ma\u00f1ana mismo llamaremos al m\u00e9dico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Si consigo estarme quieto no me ocurrir\u00e1 nada. Solamente cuando me agito me hago aeronauta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con mil precauciones pudo acostarse y se sinti\u00f3 seguro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfTienes ganas de subir?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No. Estoy bien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se dieron las buenas noches y Hebe apag\u00f3 la luz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al otro d\u00eda cuando Hebe despeg\u00f3 los ojos vio a Pedro durmiendo como un bendito, con la cara pegada al techo. Parec\u00eda un globo escapado de las manos de un ni\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00a1Pedro, Pedro! &#8211;grit\u00f3 horrorizada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al fin Pedro despert\u00f3, dolorido por el estruj\u00f3n de varias horas contra el cielo raso. \u00a1Qu\u00e9 espanto! Trat\u00f3 de saltar al rev\u00e9s, de caer para arriba, de subir para abajo. Pero el techo lo succionaba como succionaba el suelo a Hebe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Tendr\u00e1s que atarme de una pierna y amarrarme al ropero hasta que llames al doctor y vea que es lo que pasa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hebe busc\u00f3 una cuerda y una escalera, at\u00f3 un pie a su marido y se puso a tirar con todo el \u00e1nimo. El cuerpo adosado al techo se removi\u00f3 como un lento dirigible. Aterrizaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En eso se col\u00f3 por la puerta un corrent\u00f3n de aire que lade\u00f3 la leve corporeidad de Pedro y, como una pluma, la sopl\u00f3 por la ventana abierta. Ocurri\u00f3 en un segundo. Hebe lanz\u00f3 un grito y la cuerda se le escap\u00f3 de las manos. Cuando corri\u00f3 a la ventana ya su marido, desvanecido, sub\u00eda por el aire inocente de la ma\u00f1ana, sub\u00eda en suave contoneo como un globo de color fugitivo en un d\u00eda de fiesta, perdido para siempre, en viaje infinito. Se hizo un punto y luego nada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento fant\u00e1stico de Enrique Anderson Imbert (1910-2000), que muchos lectores mexicanos recordar\u00e1n.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13304,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[1439,1438,187,360],"class_list":["post-3627","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-el-leve-pedro","tag-enrique-anderson-imbert","tag-escritores-argentinos","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/5238519613_50e448b7a8_b.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-Wv","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3627","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3627"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3627\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13129,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3627\/revisions\/13129"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13304"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3627"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3627"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3627"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}