{"id":3505,"date":"2009-07-20T10:23:54","date_gmt":"2009-07-20T15:23:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=3505"},"modified":"2017-08-22T12:01:38","modified_gmt":"2017-08-22T17:01:38","slug":"mi-crimen-favorito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/mi-crimen-favorito\/","title":{"rendered":"Mi crimen favorito"},"content":{"rendered":"<p><em>Esta vez, un cuento de <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Ambrose_Bierce\">Ambrose Bierce<\/a> (1842-1914?), el escritor y periodista estadounidense que escribi\u00f3 el <\/em>Diccionario del diablo<em> y hasta hoy es recordado por su gran influencia en el cuento estadounidense y en la literatura fant\u00e1stica del siglo XX, por su humor \u00e1cido e ir\u00f3nico y por sus descripciones duras y amargas, exactas, de los males de la naturaleza humana.<\/p>\n<p>Por haber desaparecido en M\u00e9xico &#8211;acaso fue muerto en Ojinaga, Chihuahua, durante una batalla entre los ej\u00e9rcitos de Pancho Villa y Victoriano Huerta&#8211; es parte de m\u00e1s de una leyenda local; una novela de Carlos Fuentes, <\/em>Gringo viejo<em>, trata de imaginar las circunstancias precisas de su muerte.<\/p>\n<p>\u00abMy Favorite Murder\u00bb se public\u00f3 por primera vez en el diario <\/em>San Francisco Examiner<em>, el 16 de septiembre de 1888. Posteriormente se incluy\u00f3 en el libro de cuentos <\/em>Can Such Things Be?<em> (1893).<\/em><\/p>\n[fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb]<figure id=\"attachment_3506\" aria-describedby=\"caption-attachment-3506\" style=\"width: 450px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"3506\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/mi-crimen-favorito\/ambrosebierce\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/07\/ambrosebierce.jpg\" data-orig-size=\"450,394\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Caricatura de Ambrose Bierce\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Caricatura de Ambrose Bierce&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Caricatura de Ambrose Bierce&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/07\/ambrosebierce.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/07\/ambrosebierce.jpg\" alt=\"Caricatura de Ambrose Bierce\" title=\"Caricatura de Ambrose Bierce\" width=\"450\" height=\"394\" class=\"size-full wp-image-3506\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/07\/ambrosebierce.jpg 450w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/07\/ambrosebierce-300x262.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-3506\" class=\"wp-caption-text\">Caricatura de Ambrose Bierce<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>MI CRIMEN FAVORITO<br \/>\nAmbrose Bierce<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber asesinado a mi madre en circunstancias singularmente atroces, fui arrestado y tuve que hacer frente a un juicio que durar\u00eda siete a\u00f1os. El juez del tribunal de Absoluci\u00f3n, el encomendar al jurado su tarea, se\u00f1al\u00f3 que mi crimen era uno de los m\u00e1s espantosos que le hab\u00eda tocado resolver en su vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En ese momento, mi abogado se levant\u00f3 y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Con la venia de su se\u00f1or\u00eda, los cr\u00edmenes son horribles o agradables s\u00f3lo cuando se los compara. Si usted conociera los detalles del anterior asesinato que mi cliente cometi\u00f3, el de su t\u00edo, apreciar\u00eda en su \u00faltimo delito (si es que as\u00ed puede denominarse) una cierta compasi\u00f3n paciente y consideraci\u00f3n filial hacia los sentimientos de la v\u00edctima. De la espantosa crueldad que acompa\u00f1a al primer crimen no pod\u00eda deducirse, si se quer\u00eda ser consecuente, m\u00e1s que un veredicto de culpabilidad. De no haber sido porque el magistrado presidente del tribunal dirig\u00eda una compa\u00f1\u00eda de seguros que aceptaba p\u00f3lizas contra el ahorcamiento (una de las cuales hab\u00eda sido suscrita por mi cliente) no s\u00e9 de qu\u00e9 otra manera decente podr\u00eda haber sido absuelto. Si su se\u00f1or\u00eda fuera tan amable de escuchar, a t\u00edtulo de ilustraci\u00f3n y asesoramiento, el relato de los hechos, mi desdichado cliente acceder\u00eda a exponerlos bajo juramento a pesar del gran dolor que le causa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El fiscal intervino:<br \/>\n&#8211;Protesto, su se\u00f1or\u00eda. Tal declaraci\u00f3n ser\u00eda considerada como prueba testimonial y \u00e9stas ya han sido cerradas. El relato del acusado deb\u00eda haber sido expuesto hace tres a\u00f1os, en la primavera de 1881.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;De acuerdo con el procedimiento &#8211;dijo el juez&#8211;, tiene usted toda la raz\u00f3n, y en un tribunal de Impugnaciones y Detalles T\u00e9cnicos el fallo ser\u00eda a su favor. Pero no en uno de Absoluci\u00f3n. Por tanto no se acepta la protesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Entonces, disiento &#8211;replic\u00f3 el fiscal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No puede &#8211;continu\u00f3 el juez&#8211;. Debe tener en cuenta que para disentir primero ha de conseguir que este caso sea transferido al tribunal de Disensiones presentando una moci\u00f3n formal debidamente acompa\u00f1ada de declaraciones juradas. Le recuerdo que a su predecesor en el cargo le denegu\u00e9 una moci\u00f3n similar durante el primer a\u00f1o de este juicio. Oficial, tome juramento al acusado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una vez cumplida esta formalidad habitual, hice mi declaraci\u00f3n, tras lo cual el juez se sinti\u00f3 tan impresionado al ver la trivialidad del delito que se me imputaba que no tuvo necesidad de buscar m\u00e1s circunstancias atenuantes y solicit\u00f3 al jurado mi absoluci\u00f3n. Despu\u00e9s, abandon\u00e9 la sala con mi reputaci\u00f3n limpia de toda mancha:<\/p>\n<p>\u00abNac\u00ed en 1856 en Kalamakee, Michigan. Mis padres (a uno de los cuales a\u00fan conservo, gracias a Dios, para consuelo de mis \u00faltimos a\u00f1os) eran personas honradas y cumplidoras. En 1867 nos trasladamos a California y nos establecimos cerca de Nigger Head, donde mi padre abri\u00f3 un albergue para caminantes con el que prosper\u00f3 m\u00e1s de lo que codiciosamente esperaba. Aunque era un hombre reservado y taciturno, su austeridad se ha relajado un poco con el paso de los a\u00f1os; creo que es \u00fanicamente el recuerdo del triste acontecimiento por el que se me juzga el que le impide manifestar aut\u00e9ntica alegr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de abrir aquel negocio, apareci\u00f3 un predicador ambulante que, al no tener mejor forma de pagar su alojamiento nocturno, nos obsequi\u00f3 con un serm\u00f3n de gran categor\u00eda. Inmediatamente mi padre envi\u00f3 a buscar a su hermano, el honorable William Ridley de Stockon, a quien cedi\u00f3 el albergue sin cobrarle nada por el traspaso ni por los \u00fatiles que en \u00e9l hab\u00eda, esto es, un Winchester, una escopeta de ca\u00f1ones recortados y un conjunto de m\u00e1scaras hechas con sacos de harina. Entonces nos mudamos a Ghost Rock y abrimos un sal\u00f3n de baile. Se llamaba El Reposo de los Santos. El espect\u00e1culo comenzaba cada noche con una oraci\u00f3n y fue all\u00ed donde mi santa madre se gan\u00f3, por su gracia en el baile, el sobrenombre de \u00abLa morsa saltarina\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb En el oto\u00f1o de 1875 tom\u00e9 la diligencia en Ghost Rock para ir a Coyote, que est\u00e1 en el camino de Mahala. Iba con otros cuatro pasajeros. Tres millas m\u00e1s all\u00e1 de Nigger Head, unos individuos, a los que identifiqu\u00e9 como el t\u00edo William y sus dos hijos, nos asaltaron y, al no encontrar nada en la saca del correo, decidieron registrarnos. Mi actuaci\u00f3n fue de lo m\u00e1s honrosa: me puse en fila con los dem\u00e1s, levant\u00e9 las manos y me dej\u00e9 robar cuarenta d\u00f3lares y un reloj de oro. Nadie pudo sospechar por mi comportamiento que conoc\u00eda a los caballeros que organizaban el espect\u00e1culo. Al cabo de unos d\u00edas fui a Nigger Head a reclamar la devoluci\u00f3n de lo robado. Mi t\u00edo y sus hijos me juraron que no sab\u00edan nada del asunto y aparentaron creer que hab\u00edamos sido mi padre y yo los que, con el \u00e1nimo de violar la buena fe por la que el comercio ha de regirse, hab\u00edamos cometido el asalto. El t\u00edo William lleg\u00f3 a amenazarme con la apertura de otro sal\u00f3n de baile en Ghost Rock como venganza. Me di cuenta enseguida de que esta operaci\u00f3n, que parec\u00eda ventajosa, iba a ser nuestra ruina, pues El Reposo de los Santos hab\u00eda perdido mucho prestigio. Entonces le dije a mi t\u00edo que si me aceptaba en su proyecto y no le hac\u00eda ning\u00fan comentario sobre ello a mi padre, estaba dispuesto a olvidar lo ocurrido. Pero rechaz\u00f3 mi razonable oferta y fue entonces cuando empec\u00e9 a pensar que las cosas ir\u00edan mejor y ser\u00edan m\u00e1s agradables cuando mi tio estuviera muerto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Al cabo de cierto tiempo dedicado a perfeccionar los planes para acabar con \u00e9l, se los comuniqu\u00e9 a mis padres y tuve la gran alegr\u00eda de contar con su aprobaci\u00f3n. Pap\u00e1 dijo que estaba orgulloso de m\u00ed y mam\u00e1 me prometi\u00f3 que, aunque su religi\u00f3n prohib\u00eda colaborar en la destrucci\u00f3n de una vida humana, rezar\u00eda para que todo saliera bien. Lo primero que hice, para evitar ser descubierto y como medida cautelar, fue solicitar mi ingreso en la poderosa orden de los Caballeros del Crimen. A su debido tiempo fui nombrado miembro de la comandancia de Ghost Rock. El d\u00eda que mi periodo de prueba termin\u00f3, tuve acceso, por primera vez, a los archivos de la orden y pude conocer qui\u00e9nes eran sus miembros (hasta entonces los ritos de iniciaci\u00f3n hab\u00edan sido dirigidos por individuos enmascarados). Cu\u00e1l no ser\u00eda mi sorpresa cuando, al examinar la lista, descubr\u00ed que el vicecanciller segundo de la orden era mi propio t\u00edo, cuyo nombre aparec\u00eda en tercer lugar. Era algo que superaba todas mis ansias de grandilocuencia: al asesinato podr\u00eda a\u00f1adir la insubordinaci\u00f3n y la traici\u00f3n. Mi madre lo habr\u00eda llamado \u00abun capricho especial de la providencia\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Por esos d\u00edas se produjo un acontecimiento que hizo que mi alegr\u00eda desembocara en una vor\u00e1gine de felicidad: arrestaron a tres forasteros por el asalto a la diligencia. Se les juzg\u00f3 y, a pesar de mis esfuerzos por salvarles e inculpar a tres de los ciudadanos m\u00e1s dignos y respetables de Ghost Rock, fueron condenados con las m\u00ednimas pruebas. Desde aquel momento, mi cri-men podr\u00eda ser todo lo infundado y disparatado que yo quisiera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Una ma\u00f1ana me ech\u00e9 el Winchester al hombro y me dirig\u00ed a casa de mi t\u00edo. Pregunt\u00e9 a mi t\u00eda Mary, su esposa, si \u00e9l estaba en casa y a\u00f1ad\u00ed que ten\u00eda la intenci\u00f3n de matarle. Mi t\u00eda replic\u00f3, con su habitual sonrisa, que eran tantos los caballeros que llegaban con la misma idea y se marchaban sin obtener ning\u00fan resultado, que dudaba de mis intenciones. Agreg\u00f3 que no ten\u00eda aspecto de querer matar a nadie, as\u00ed que, para demostrarle mi buena fe, cog\u00ed el rifle y le pegu\u00e9 un tiro a un chino que pasaba por all\u00ed. Entonces coment\u00f3 que conoc\u00eda a familias enteras que pod\u00edan hacer cosas as\u00ed, pero que Bill Ridley era harina de otro costal. Sin embargo, tras indicarme que pod\u00eda encontrarle en el redil, al otro lado del r\u00edo, se despidi\u00f3 de m\u00ed diciendo que esperaba que ganara el mejor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Desde luego, la t\u00eda Mary era una de las personas m\u00e1s ecu\u00e1nimes que he conocido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Encontr\u00e9 al t\u00edo William arrodillado, enfrascado en la tarea de esquilar a una oveja. Estaba desarmado y no tuve el valor de dispararle. Me acerqu\u00e9, le salud\u00e9 amablemente y le sacud\u00ed un fuerte culatazo en la cabeza. Como suelo golpear bastante bien, le dej\u00e9 tirado sobre un costado. Despu\u00e9s, se dio la vuelta, desentumeci\u00f3 los dedos y se encresp\u00f3. Antes de que recuperara la posesi\u00f3n de sus miembros, agarr\u00e9 el cuchillo que hab\u00eda estado utilizando y le cort\u00e9 los tendones. Como usted sabr\u00e1, cuando se rompe el tend\u00f3n de Aquiles, el paciente ya no puede usar la pierna, es como si no la tuviera. Bien, pues le cort\u00e9 los dos, y cuando quiso recobrarse, estaba totalmente bajo mi voluntad. En cuanto se percat\u00f3 de la situaci\u00f3n dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb &#8211;Samuel, me tienes en tus manos y puedes permitirte ser generoso. S\u00f3lo quiero pedirte una cosa: ll\u00e9vame a casa y acaba conmigo en el seno familiar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Le contest\u00e9 que su petici\u00f3n me parec\u00eda razonable y que estaba dispuesto a hacer lo que me ped\u00eda si me dejaba meterle en un costal de trigo: ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil transportarle y llamar\u00edamos menos la atenci\u00f3n si nos cruz\u00e1bamos con alg\u00fan vecino. Una vez que hubo aceptado, me fui al granero a por el saco. Pero no era f\u00e1cil meterle dentro, pues mi t\u00edo era grueso y bastante alto. Decid\u00ed doblarle las piernas con las rodillas contra el pecho y embutirle dentro, tras lo cual hice un nudo sobre su cabeza. Aunque emple\u00e9 todas mis fuerzas para llevarlo sobre la espalda, me resultaba bastante pesado. Fui dando trompicones hasta llegar a un columpio que unos ni\u00f1os hab\u00edan colgado de la rama de un roble. Le puse encima y me sent\u00e9 sobre \u00e9l a descansar. Al ver la cuerda se me ocurri\u00f3 una feliz idea. Veinte minutos despu\u00e9s, mi t\u00edo, a\u00fan en el saco, se balanceaba a merced del viento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Hab\u00eda bajado la cuerda, y tras atar uno de sus extremos a la boca del saco y pasar el otro por encima de la rama, levant\u00e9 el fardo a una altura de unos cinco pies. Amarr\u00e9 el \u00faltimo cabo de nuevo en el saco y tuve el placer de ver a mi pariente convertido en un pesado y hermoso p\u00e9ndulo. No parec\u00eda muy consciente del cambio que hab\u00eda sufrido, aunque, para ser justo con su recuerdo, debo decir que no creo que me hubiera hecho perder mucho tiempo con sus vanas protestas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Mi t\u00edo ten\u00eda un carnero que era famoso en la regi\u00f3n por sus dotes para la lucha. El animal estaba en un constante estado de indignaci\u00f3n cr\u00f3nica: alg\u00fan profundo desenga\u00f1o durante sus primeros a\u00f1os de vida hab\u00eda amargado su car\u00e1cter y le hab\u00eda llevado a declarar la guerra a todo ser viviente. Decir que siempre estaba d\u00e1ndose topetazos contra cualquier objeto no ser\u00eda m\u00e1s que dar una ligera idea de la naturaleza y alcance de su actividad b\u00e9lica. Todo el universo era su enemigo y sus m\u00e9todos eran los de un proyectil. Peleaba como lo hacen los \u00e1ngeles contra los demonios, a media altura; surcaba el aire como un p\u00e1jaro, describiendo una par\u00e1bola tras la que descend\u00eda sobre su v\u00edctima justo sobre el \u00e1ngulo exacto de incidencia en el que mejor aprovechaba su fuerza y velocidad. Su impulso, calculado en kilogr\u00e1metros, era algo incre\u00edble. Se le hab\u00eda visto destrozar a un toro de cuatro a\u00f1os con un simple impacto sobre su frente rugosa. No se conoc\u00eda una sola pared de piedra que aguantara su embestida, ni hab\u00eda \u00e1rboles suficientemente duros para soportarla: los hac\u00eda astillas y arrastraba sus frondosos galardones por el suelo. Esa bestia irascible y despiadada, esa personificaci\u00f3n del rayo, estaba echada a la sombra de un \u00e1rbol cercano, ansiosa de conquista y gloria. Y precisamente se me ocurri\u00f3 colgar a su due\u00f1o tal y como he descrito con la idea de citarla m\u00e1s adelante en el campo del honor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Una vez terminados los preparativos, transmit\u00ed al p\u00e9ndulo avuncular un suave balanceo, y tras buscar protecci\u00f3n en una roca cercana, solt\u00e9 un largo y agudo grito cuya d\u00e9bil nota final fue ahogada por un chillido que, procedente del saco, recordaba al de un gato furioso. Inmediatamente, aquel formidable morueco se puso en pie y comprendi\u00f3 la situaci\u00f3n b\u00e9lica de un solo vistazo. Tras un breve instante, se acerc\u00f3 piafando hasta unas cincuenta yardas del bamboleante adversario quien, con su avance y retroceso, parec\u00eda invitar al combate. Vi que el animal de repente doblaba la testuz como si le pesara la enorme cornamenta: desde aquel lugar, como una ondulante franja blanca apenas perceptible, se arranc\u00f3 en direcci\u00f3n horizontal hasta llegar a poco menos de cuatro yardas del punto sobre el que se encontraba el enemigo. Entonces asest\u00f3 una fuerte cornada hacia arriba y, antes de que pudiera percibir con claridad el lugar en el que hab\u00eda comenzado el movimiento, o\u00ed un golpe terrible seguido de un profundo alarido. Mi pobre t\u00edo sali\u00f3 disparado hacia adelante y la cuerda se elev\u00f3 por encima de la rama a la que estaba sujeta. Al caer, se tens\u00f3 de golpe y el vuelo se detuvo. Entonces comenz\u00f3 a balancearse de nuevo lentamente hacia el otro extremo del arco descrito. El carnero hab\u00eda ca\u00eddo de bruces y apenas se distingu\u00eda m\u00e1s que una amalgama de lana, cuernos y patas; pero se recobr\u00f3 y, una vez esquivada la ca\u00edda de su antagonista, se retir\u00f3 sacudiendo la cabeza y dando patadas contra el suelo. Retrocedi\u00f3 m\u00e1s o menos hasta el mismo punto desde el que hab\u00eda lanzado el primer ataque y se detuvo; como si estuviera rezando para conseguir la victoria, agach\u00f3 la cabeza y sali\u00f3 de nuevo disparado. Esta vez tampoco le pude ver con claridad: s\u00f3lo capt\u00e9 la misma franja blanca que tras extenderse en monstruosas ondulaciones, terminaba en una brusca elevaci\u00f3n. Su trayectoria formaba \u00e1ngulo recto con la anterior y su impaciencia era tan grande que golpe\u00f3 al enemigo antes de que \u00e9ste hubiera alcanzado el punto m\u00e1s bajo del arco. Esto hizo que el fardo empezara a dar vueltas y m\u00e1s vueltas en sentido horizontal con un radio de unos diez pies, la mitad de la longitud total de la cuerda. Los alaridos de mi t\u00edo, crescendo cuando se acercaba y diminuendo al alejarse, hac\u00edan que la rapidez del giro fuera m\u00e1s perceptible con el o\u00eddo que con la vista. Debido a la postura que ten\u00eda y a la distancia del suelo a la que estaba, recib\u00eda los golpes en las extremidades inferiores y en los ri\u00f1ones: se mor\u00eda lentamente de abajo a arriba, como una planta que da con sus ra\u00edces en terreno ponzo\u00f1oso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Tras este segundo golpe el animal no se retir\u00f3. La fiebre de la batalla herv\u00eda en su coraz\u00f3n y su cerebro estaba ebrio de sangre. Como un p\u00fagil que llevado por la rabia olvida lo mejor de su destreza y lucha cuerpo a cuerpo, intentaba alcanzar, con torpes saltos verticales, al fugaz enemigo que le pasaba por encima. Aunque a veces consegu\u00eda golpearle d\u00e9bilmente, casi siempre acababa en el suelo, pues su ardor iba mal encauzado. Cuando empezaba a agotarse, los c\u00edrculos que el fardo describ\u00eda se estrecharon y la velocidad de giro se redujo. Todo ello, unido al escaso trecho que hab\u00eda entre el saco y el suelo, hizo que su t\u00e1ctica produjera mejores resultados y se consiguiera una calidad de alarido superior. Yo disfrutaba con placer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb De repente, como si hubieran tocado retirada, el carnero suspendi\u00f3 las hostilidades y se alej\u00f3 resoplando. Arranc\u00f3 unas cuantas briznas de hierba y las mastic\u00f3 lentamente. Parec\u00eda cansado del fragor de la batalla y decidido a cambiar la espada por el arado y a cultivar las artes de la paz. Desde el campo de la fama avanz\u00f3 con paso firme hasta una distancia de un cuarto de milla. Entonces, de espaldas al enemigo, se detuvo y continu\u00f3 rumiando, medio dormido. Sin embargo, apreci\u00e9 que de vez en cuando volv\u00eda ligeramente la cabeza, como si su apat\u00eda fuera m\u00e1s fingida que real.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb Mientras tanto los gritos del t\u00edo William, y su movimiento, hab\u00edan disminuido: no se o\u00edan m\u00e1s que unos largos y d\u00e9biles lamentos junto a los que aparec\u00eda mi nombre pronunciado en un tono suplicante que resultaba de lo m\u00e1s agradable. Evidentemente mi t\u00edo no ten\u00eda la menor idea de lo que ocurr\u00eda y estaba aterrorizado; ciertamente, cuando la muerte se acerca rodeada de misterio resulta terrible. Poco a poco el balanceo fue reduci\u00e9ndose hasta que se detuvo. Cuando me iba acercando al fardo para darle el golpe de gracia, sent\u00ed una sucesi\u00f3n de r\u00e1pidos temblores que sacud\u00edan la tierra, algo as\u00ed como un peque\u00f1o terremoto. Me volv\u00ed hacia donde estaba el carnero y vi una nube de polvo que se aproximaba a una velocidad tan inusitada que resultaba alarmante. Como a unas treinta yardas, se plant\u00f3 bruscamente y me pareci\u00f3 ver que un enorme p\u00e1jaro blanco se elevaba por los aires. Su ascenso fue tan suave, sencillo y regular que, admirado de su donaire, apenas pude captar su extraordinaria celeridad. Recuerdo que su movimiento era lento, intencionado. El morueco, pues no era otro que \u00e9l, se elevaba con una fuerza distinta a la de su propio \u00edmpetu y parec\u00eda ser sostenido en el aire con una ternura y cuidado infinitos. Su ascensi\u00f3n produc\u00eda un gran placer, igual que antes hab\u00eda resultado aterrador verle aproximarse por tierra. El noble animal surcaba los cielos con la cabeza entre las rodillas y las pezu\u00f1as inclinadas hacia atr\u00e1s como si fuera una garza en vertiginoso ascenso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb A los cuarenta o cincuenta pies, seg\u00fan recuerdo con ternura, alcanz\u00f3 su cenit y se qued\u00f3 inm\u00f3vil por un instante; entonces, sesg\u00f3 el cuerpo hacia adelante y, sin variar la posici\u00f3n de sus miembros, sali\u00f3 disparado hacia abajo con una trayectoria cada vez m\u00e1s oblicua y una velocidad fren\u00e9tica. Pas\u00f3 por encima de m\u00ed con el estruendo de una bala de ca\u00f1\u00f3n y golpe\u00f3 a mi pobre t\u00edo exactamente en el centro de la cabeza. Tan espantoso fue el impacto que no s\u00f3lo le parti\u00f3 el cuello sino que incluso la cuerda se rompi\u00f3. El cuerpo del difunto se estrell\u00f3 contra el suelo y fue deshecho por las cornadas del mete\u00f3rico musm\u00f3n. La sacudida detuvo todos los relojes entre Lone Hand y Dutch Dan y el profesor Davidson, que andaba por el lugar y era una autoridad en temas s\u00edsmicos explic\u00f3 que las vibraciones iban de norte a sudoeste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb En resumen, creo que, en lo que a atrocidad art\u00edstica se refiere, el asesinato del t\u00edo William ha sido superado en muy contadas ocasiones.\u00bb[\/fusion_builder_column][\/fusion_builder_row][\/fusion_builder_container]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento cruel de Ambrose Bierce (1842-1914?), el autor del <em>Diccionario del diablo<\/em>. <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3506,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[1401,22,3185,1028,194,2855,1402,467],"class_list":["post-3505","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-ambrose-bierce","tag-cuento","tag-cuento-policiaco","tag-escritores-en-lengua-inglesa","tag-escritores-estadounidenses","tag-literatura","tag-mi-crimen-favorito","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/07\/ambrosebierce.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-Ux","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3505","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3505"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3505\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13159,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3505\/revisions\/13159"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3506"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3505"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3505"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3505"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}