{"id":35,"date":"2006-01-10T08:00:04","date_gmt":"2006-01-10T14:00:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=50"},"modified":"2016-10-26T10:25:03","modified_gmt":"2016-10-26T15:25:03","slug":"epica-bestias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/epica-bestias\/","title":{"rendered":"\u00c9pica: Bestias"},"content":{"rendered":"<div><img decoding=\"async\" style=\"float:none;\" src=\"http:\/\/www.jornada.unam.mx\/2006\/01\/08\/Images\/sem-bestias.jpg\" alt=\"Bestias\" \/><\/p>\n<p><em>Ricardo Guzm\u00e1n Wolffer, <\/em>Bestias<em>.<br \/>\nM\u00e9xico, Lectorum, 2005.<\/em><\/div>\n<p>(Nota: esta rese\u00f1a fue publicada anteayer en <em>La Jornada Semanal<\/em>. La reproduzco aqu\u00ed con peque\u00f1as modificaciones, pero no me he olvidado de otros textos prometidos, que aparecer\u00e1n en los meses por venir. Esperen, entre otros, comentarios sobre Flannery O&#8217;Connor y su relaci\u00f3n con el mal, Robert Walser y las reglas de la mediocridad, y el gran Goran Petrovic.)<\/p>\n<p><!--more-->Un signo de los tiempos: la famosa versi\u00f3n de la <em>Il\u00edada<\/em> hecha por Alessandro Baricco parte de eliminar las referencias a los dioses, por \u00abno corresponder\u00bb con la sensibilidad moderna. Lo mismo ocurri\u00f3 en la versi\u00f3n f\u00edlmica de Wolfgang Petersen, que aparte volvi\u00f3 puritanos y anglosajones a los griegos antiguos. Es verdad que los numerosos charlatanes y fundamentalistas han vuelto problem\u00e1tico el hablar de <em>eso otro<\/em>: lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la experiencia diaria, en la frontera con el esp\u00edritu y con el mito. Pero todos los dem\u00e1s parecemos haber renunciado de plano a esa realidad distinta, al fin interior, que deber\u00eda ser nuestra por derecho.<br \/>\nTodos, corrijo, salvo unos pocos, como el mexicano Ricardo Guzm\u00e1n Wolffer.<br \/>\nEsto puede sonar extra\u00f1o para quienes conozcan el resto de su obra, siempre iconoclasta y por lo com\u00fan estramb\u00f3tica, dedicada a transformar nuestro presente espantoso en futuros mucho m\u00e1s terribles (los interesados en esto deber\u00edan leer su muy reciente <em>La saga de la verija voladora<\/em>, una novela que tard\u00f3 diez a\u00f1os en aparecer y fue rechazada, se cree que por razones \u00abde moral\u00bb, por m\u00e1s de un editor).<br \/>\nPor otra parte, <em>Bestias<\/em>, una trilog\u00eda de novelas cortas, se parece a otros textos de su autor porque es un relato post-apocal\u00edptico, es una narraci\u00f3n de enorme dureza, es una met\u00e1fora de los horrores actuales y es de los \u00faltimos ejemplos posibles, necesariamente exagerados y barrocos, de lo que alguna vez se llam\u00f3 ciencia ficci\u00f3n mexicana. Pero tambi\u00e9n es un libro \u00e9pico: casi el \u00fanico que merece el adjetivo en la literatura mexicana reciente.<br \/>\nEn un mundo devastado, luego de la extinci\u00f3n de la humanidad, la Ciudad de M\u00e9xico se reconoce todav\u00eda y es aun m\u00e1s oscura y despiadada, pero la pueblan otras criaturas: mutantes, m\u00e1quinas, dragones, seres m\u00e1gicos de las tradiciones varias de Occidente y tambi\u00e9n de las leyendas prehisp\u00e1nicas, que sobrevivieron a la muerte de quienes las hab\u00edan olvidado. Todos coexisten y guerrean entre s\u00ed porque la vida contin\u00faa, y sus combates se entablan como ahora los de narcos y polic\u00edas, incluyendo las violencias, la tecnolog\u00eda y hasta el habla (Guzm\u00e1n Wolffer sabe escuchar y escribir, desde hace tiempo, lo que se dice en la calle, lo estrictamente mexicano que no siempre llega a los libros). Pero a la vez, las aventuras del Ocelote de la Viga, del drag\u00f3n Fafner, del hechicero Ferre o de la Caipiri\u00f1a de Tlacotalpan suenan a otra cosa: pueden estar hechas de retazos, de ideas ninguneadas y de subg\u00e9neros malentendidos hasta el silencio, pero su inter\u00e9s no se detiene en jugar a que los lectores reconozcan las referencias, en \u00abhibridar\u00bb historias conocidas ni en poner por escrito, como ya hacen demasiados, las pel\u00edculas de acci\u00f3n, los sedimentos de la cultura pop. (La estrategia, desde luego, conduce al mismo agotamiento de los g\u00e9neros y subg\u00e9neros \u00abestablecidos\u00bb: a la creaci\u00f3n de nuevos compartimientos y nuevas etiquetas.)<br \/>\nPor el contrario, las luchas por el poder en las tres narraciones desembocan en episodios que parecen, pese a todo, <em>antiguos<\/em>, surgidos de esas fuentes distantes: el surgimiento de un h\u00e9roe sin cortapisas (para comenzar, carente de traumas), su aprendizaje necesario y su transformaci\u00f3n, luego de pruebas y sufrimientos, en un dios. Los personajes se vuelven complejos m\u00e1s all\u00e1 de los elementos discordantes (nombres, descripciones) que sirvieron para crearlos; las vidas son tratadas crudamente, y sus necesidades inmediatas siempre est\u00e1n all\u00ed, pero tambi\u00e9n se adivina que la mera supervivencia deja un hueco, en el que caben las preguntas sobre lo inefable&#8230;<br \/>\nTodas las tramas se articulan como leyendas de un tiempo antiqu\u00edsimo, que han pasado incluso a ser parte de fes religiosas, y a la vez ninguna de ellas es tomada como verdad absoluta. Esta es una lectura asombrosa, en nuestro tiempo, de la necesidad del mito, de las explicaciones del mundo, porque tiene en cuenta que ninguna ser\u00e1 perfecta y siempre quedar\u00e1 espacio para la duda. Y a la vez hay humor en <em>Bestias<\/em>, y acci\u00f3n, y melancol\u00eda: los impulsos de la aventura que desde siempre nos acercan a las historias bien contadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ricardo Guzm\u00e1n Wolffer, Bestias. M\u00e9xico, Lectorum, 2005. (Nota: esta rese\u00f1a fue publicada anteayer en La Jornada Semanal. La reproduzco aqu\u00ed con peque\u00f1as modificaciones, pero no me he olvidado de otros textos prometidos, que aparecer\u00e1n en los meses por venir. 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