{"id":3446,"date":"2009-07-11T08:29:12","date_gmt":"2009-07-11T13:29:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=3446"},"modified":"2018-02-23T10:17:54","modified_gmt":"2018-02-23T16:17:54","slug":"sobre-amparo-davila-la-via-del-oscurecimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/sobre-amparo-davila-la-via-del-oscurecimiento\/","title":{"rendered":"Sobre Amparo D\u00e1vila: la v\u00eda del oscurecimiento"},"content":{"rendered":"<p><em>Para celebrar la aparici\u00f3n de sus <\/em>Cuentos completos<em>, publicados por el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, un texto sobre la escritora mexicana Amparo D\u00e1vila, autora del cuento cl\u00e1sico <a href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/archivo\/el-huesped\/\">\u00abEl hu\u00e9sped\u00bb<\/a> y de muchos otros.<\/em><\/p>\n<p>1<br \/>\nLa relaci\u00f3n de la cultura occidental con el lenguaje es equ\u00edvoca: a la vez le niega y le concede poderes enormes. Por un lado, creemos que es una herramienta, un medio, una forma sencilla y sin complicaciones de representar el mundo sensible y nuestro propio interior: un mero utensilio que dominamos sin esfuerzo y no oculta secretos ni trampas. Por otra parte, esta noci\u00f3n nos lleva a creer en la fidelidad y la suficiencia de nuestras propias palabras: nos persuadimos de que los nombres de las cosas son las cosas mismas, sin distorsi\u00f3n ni ambig\u00fcedad, como si el lenguaje y el universo se correspondieran perfectamente y s\u00f3lo hiciera falta encontrar las voces precisas para rellenar cualquier hueco en nuestra percepci\u00f3n del mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al pensar as\u00ed no s\u00f3lo olvidamos que el lenguaje est\u00e1 lejos de ser nuestro sirviente: que al ser nuestra \u00fanica manera de aprehender y figurarnos el mundo, sin \u00e9l quedar\u00edamos desamparados, incapaces de cualquier comprensi\u00f3n y memoria m\u00e1s all\u00e1 del instinto. Adem\u00e1s, pasamos por alto el hecho de que el lenguaje es, en el mejor de los casos, imperfecto: no deja fuera al error o a la duda, a los misterios de la resonancia y la imagen po\u00e9tica, ni a las oscuridades: los momentos en que lo indecible se aparece ante nosotros y s\u00f3lo puede declararse lo infranqueable del obst\u00e1culo, lo imposible de trasponer a las palabras como l\u00edmites de la conciencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La porci\u00f3n m\u00e1s extra\u00f1a y parad\u00f3jica de la literatura, como del resto de las manifestaciones del pensamiento, es la que se atreve a sondear estos l\u00edmites del propio lenguaje. No es una tarea f\u00e1cil ni popular, y probablemente lo es menos todav\u00eda ahora que en otras \u00e9pocas. Aqu\u00ed, en el \u00e1mbito d\u00edscolo de la literatura mexicana, siempre ha sido la marca de escritores visionarios, que experimentan en su trabajo o hasta en su propia vida la disoluci\u00f3n de las certidumbres que ofrecen las palabras y, en vez de rehuirla, la enfrentan y procuran traerla hasta nosotros. Tampoco pueden llegar m\u00e1s all\u00e1, ara\u00f1ar siquiera lo que est\u00e1 del otro lado, pero s\u00ed pueden llamar nuestra atenci\u00f3n y llevarla al enigma, que reduce nuestra estatura humana pero, tal vez, nos vuelve un poco m\u00e1s l\u00facidos y no menos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una de esos autores no siempre secretos, pero no siempre tenidos como centrales a pesar de la mera belleza de su obra, es Amparo D\u00e1vila, una de nuestras cuentistas m\u00e1s sutiles y m\u00e1s extraordinarias.<\/p>\n<p>2<br \/>\nPresencias que invaden vidas y casas; seres sin nombre empe\u00f1ados en actos nimios o terribles; portadores de emblemas que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de toda lectura; visiones de melancol\u00eda terrible\u2026 Las historias de Amparo D\u00e1vila, esbozadas siempre con muy pocas palabras, no utilizan la capacidad alusiva del cuento para el lector complete y d\u00e9 forma a los mundos y las tramas que se le proponen sino para que, llevado por ese impulso rutinario, descubra las ausencias: las preguntas que adquieren su poder en el acto de no ser respondidas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Muchos de los que nos hemos acercado a esta obra breve y espaciada en el tiempo lo hemos hecho a partir de una idea inexacta: desde muy temprano en su carrera, y cada vez con m\u00e1s fuerza a medida que ha pasado el tiempo, a Amparo D\u00e1vila se le considerado una escritora de literatura fant\u00e1stica. \u00c9sta no es una categor\u00eda problem\u00e1tica s\u00f3lo por los prejuicios que existen en su contra: adem\u00e1s, si se entiende lo fant\u00e1stico solamente como la descripci\u00f3n de \u201ccosas imposibles\u201d o \u201csobrenaturales\u201d, no se podr\u00e1 comprender ni el sentido profundo de los textos de D\u00e1vila ni siquiera su origen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En repetidas ocasiones, la escritora ha declarado que sus historias provienen de lo real y difieren de textos m\u00e1s convencionales porque, si bien tienen su origen en vivencias, pensamientos y percepciones aut\u00e9nticos, no se detienen en la representaci\u00f3n sino que pasan a la realidad <em>interna<\/em>, el mundo de lo abstracto y lo \u00edntimo que la narrativa m\u00e1s convencional subordina a las descripciones del mundo sensible o emplea s\u00f3lo como dep\u00f3sito de causas y efectos. En las historias de D\u00e1vila nunca hay la ruptura violenta de una imagen del mundo para que otra m\u00e1s extra\u00f1a o caprichosa se revele; lo presuntamente objetivo est\u00e1 en contacto permanente con lo presuntamente subjetivo, y con ello el texto puede librarse de repetir lo que el lector cree saber sobre \u201clo real\u201d\u2026 pero tambi\u00e9n de suplir lo \u201creal\u201d con una invenci\u00f3n \u2013una \u201cirrealidad\u201d\u2013 que se cierre sobre s\u00ed misma y se deje leer como una mera distracci\u00f3n, incapaz de afectar las certidumbres que nos permiten una existencia sosegada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de sus cuentos, Amparo D\u00e1vila public\u00f3 tres libros de poemas emparentados con la b\u00fasqueda m\u00edstica: la aspiraci\u00f3n de re-ligar la conciencia humana con lo numinoso, trascendiendo las limitaciones humanas. Para 1954, el a\u00f1o en que aparece <em>Tiempo destrozado<\/em>, esta indagaci\u00f3n ya no puede entenderse como un recorrido por la v\u00eda de la iluminaci\u00f3n. La idea de la revelaci\u00f3n s\u00fabita, de que la plenitud del conocimiento puede alcanzarse adem\u00e1s de nombrarse, implica la distorsi\u00f3n tradicional de las capacidades y las debilidades del lenguaje; m\u00e1s humilde, pero tambi\u00e9n m\u00e1s afilada y esc\u00e9ptica, D\u00e1vila opta por una v\u00eda de oscuridad: por dar un paso <em>atr\u00e1s<\/em> en la b\u00fasqueda del sentido del mundo para intentar, desde m\u00e1s lejos, desde m\u00e1s abajo, entrever al menos la plenitud de lo que no comprendemos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este proceso es m\u00e1s arduo y meritorio de lo que parece. En 1965, todav\u00eda un a\u00f1o despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n del segundo libro de historias de Amparo D\u00e1vila, <em>M\u00fasica concreta<\/em>, el mism\u00edsimo Elias Canetti escrib\u00eda con optimismo sobre los efectos de la <em>aceleraci\u00f3n<\/em> del occidente y la percib\u00eda como causa de un \u201ccrecimiento de la realidad\u201d: un flujo creciente de conocimiento y de percepciones cada vez m\u00e1s exactas, que si bien empeque\u00f1ec\u00eda a los seres individuales les ofrec\u00eda tambi\u00e9n la posibilidad de realizaciones m\u00e1s grandes y, en verdad, una vida m\u00e1s venturosa. Ahora, todos sabemos o creemos saber que no es as\u00ed: que nos reducimos precisamente por esas informaciones cada vez m\u00e1s copiosas, exactas e inabarcables que nos sepultan y sobre las que no tenemos poder alguno. Pero nuestra reacci\u00f3n, como cultura o culturas sumergidas definitivamente en el mismo proceso febril, ha sido aceptar la imposici\u00f3n de la velocidad y tratar de avanzar cada vez m\u00e1s deprisa, saturarnos cada vez m\u00e1s de cada vez menos, constre\u00f1ir nuestra idea de realidad en vez de amplificarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al proponer un modo distinto de acercarse al mundo, y de hacerlo con la parquedad del cuento y del poema en prosa, los textos Amparo D\u00e1vila proponen una alternativa dif\u00edcil y de resultado incierto, pero necesaria.<\/p>\n<p>3<br \/>\nSi fuera posible situarlos en un mapa de la imaginaci\u00f3n, los pueblos y las ciudades, los campos de Amparo D\u00e1vila quedar\u00edan s\u00f3lo un poco al sur de la Quinta de Landor o el Dominio de Arnheim, en los que Edgar Allan Poe describi\u00f3 m\u00e1s sutilmente sus experiencias de la inquietud y la soledad. No es dif\u00edcil reconocer la afinidad, que proviene de una misma actitud ante la mirada del artista, una misma conciencia reflexiva y alerta a los cambios de su propio movimiento. Sin embargo, tambi\u00e9n est\u00e1n cerca las habitaciones y las caras hoscas, que el visitante siempre percibe con la lentitud de la revelaci\u00f3n, de Carson McCullers, y las burocracias infinitas de Franz Kafka, y los hombres y mujeres de Albert Camus, con sus aplazamientos infinitos. En estos autores, y en los otros que podr\u00edan verse como la estirpe de Amparo D\u00e1vila en la rica literatura de los \u00faltimos dos siglos, el terror de la conciencia enfrentada a cuanto la sobrepasa no desaparece con las promesas del entendimiento pero tampoco se abandona a la nada: en cambio, insiste en se\u00f1alar el lado de la sombra, que nos acompa\u00f1a siempre, para que estemos alertas.<\/p>\n<div align=center><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"3453\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/sobre-amparo-davila-la-via-del-oscurecimiento\/cuentos_reunidos_amparo_davila\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/07\/cuentos_reunidos_amparo_davila.jpg\" data-orig-size=\"400,554\" data-comments-opened=\"1\" 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completos<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14240,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1520],"tags":[46,22,159,5,185,25,186,190,198,1821,2855,359,360,567],"class_list":["post-3446","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuaderno","tag-amparo-davila","tag-cuento","tag-el-huesped","tag-el-libro-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores","tag-escritores-raros","tag-escritores-en-espanol","tag-escritores-mexicanos","tag-libros","tag-literatura","tag-literatura-de-terror","tag-literatura-fantastica","tag-resenas"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Amparo-Davila.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-TA","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3446","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3446"}],"version-history":[{"count":24,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3446\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5957,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3446\/revisions\/5957"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14240"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3446"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3446"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3446"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}