{"id":31,"date":"2005-12-30T07:25:06","date_gmt":"2005-12-30T12:25:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=39"},"modified":"2017-07-19T17:09:15","modified_gmt":"2017-07-19T22:09:15","slug":"la-maquina-de-escribir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-maquina-de-escribir\/","title":{"rendered":"La m\u00e1quina de escribir"},"content":{"rendered":"[Este textito m\u00edo apareci\u00f3 en 2005 en la revista <\/em>Cr\u00edtica<em>; luego fue reproducido, tambi\u00e9n, en <\/em>La materia no existe<em>. Lo dejo aqu\u00ed para que tenga un lugar permanente y para despedir el a\u00f1o. Gracias por todo y nos vemos en 2006. &#8211;AC]\n<div align=\"center\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/typewriterK.jpg\" alt=\"Una m\u00e1quina de escribir\" \/><\/div>\n<p>La m\u00e1quina de escribir era una criatura de amistades y enconos muy estrechos: ninguna otra conocer\u00e1 el tacto humano como ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La relaci\u00f3n, sobre la mesa, ante la hoja de papel aprisionada en el rodillo, parec\u00eda tan distante y tan pasiva como la que tienen los tornos poderosos, o los martillos pilones, con los operarios que s\u00f3lo se acercan a apretarles &#8211;a la vez timoratos y obscenos&#8211; uno o dos botones sensibles. Si algo, la mecanograf\u00eda pod\u00eda verse como un intercambio m\u00e1s constante y r\u00edtmico: sesenta y tantas pulsaciones, entre suaves y tremendas, por cada pausa y cada empuj\u00f3n al rodillo sobre su carro sin motor. Cada veintitantos de estos empujones, la hoja, agotada y cubierta de signos, deb\u00eda salir y ser suplida por otra. Pero aun en la plenitud de la escritura, hab\u00eda m\u00e1s posibilidades que el contacto pasajero de las yemas o las u\u00f1as sobre cada tecla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora bien, las letras, los n\u00fameros y sus signos aleda\u00f1os pretenden (todav\u00eda) ser un conjunto discreto: el espacio abstracto de los fonemas permisibles y sus varios soportes, pocos en n\u00famero cardinal pero bastantes para construir la descripci\u00f3n del universo entero. Y el teclado de una m\u00e1quina de escribir, como hoy los de las computadoras, se fing\u00eda un modelo simple, bidimensional, de ese espacio puro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Aqu\u00ed est\u00e1 el pensamiento &#8211;dec\u00eda&#8211;, cualquier pensamiento, dividido en sus part\u00edculas elementales, y s\u00f3lo debes tomar la adecuada para cada instante de la composici\u00f3n. La palabra aparece en tu intelecto, muere al descomponerse entre tus dedos, pero luego (por esos mismos dedos) resucita: se fija, tecla a tecla a tecla a&#8230;<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<div align=\"center\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/allkeys01.jpg\" alt=\"Teclas\" \/><\/div>\n<p>&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo no era raro que, digamos, el golpe que iba a marcar la letra <em>u <\/em>de <em>tuna<\/em> cayera, en vez, en la <em>i<\/em> de <em>tina<\/em>, y en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n el dedo fracasaba tambi\u00e9n en alcanzar ese otro blanco y ca\u00eda enmedio, en un punto del espacio continuo (ni la <em>j<\/em> ni la <em>k<\/em>, ni la <em>e<\/em> ni la <em>r<\/em>), en un intersticio desprovisto de significante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y cuando ocurr\u00edan estos tropiezos inesperados, la m\u00e1quina demostraba no ser sumisa en absoluto. M\u00e1s de una vez las falanginas y falangetas &#8211;en especial si eran delgadas, como las m\u00edas&#8211; quedaban atrapadas en las entra\u00f1as duras y met\u00e1licas en las que nadie quer\u00eda pensar, y entonces era la venganza de la bestia, la mordida, y a las puntas de los medios, \u00edndices, anulares y me\u00f1iques las raspaba el borde inferior y agresivo de las teclas, y los costados sent\u00edan unos dolores fr\u00edos y precisos (de martillos y palancas) sobre la piel, en las coyunturas distra\u00eddas, en el alma de los huesos, que en quien escrib\u00eda se llenaban de orgullo y se cre\u00edan hasta parte del cerebro, altivos, lejanos de toda labor humillante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde que Giuseppe Ravizza patent\u00f3, en 1856, su \u00abc\u00edmbalo escribiente\u00bb (una criatura movediza y d\u00edscola, con teclas muy distintas de las de ahora), millones de refriegas nimias como la que he descrito, de sujeciones traicioneras y manumisiones logradas entre gritos, bufidos y movimientos levis\u00edsimos, se libraron en superficies de todo tipo, en todas las tierras emergidas y aun m\u00e1s all\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora los tiempos son distintos, tales violencias se acercan a su fin y yo, que en esto estoy con la mayor\u00eda, (re)compongo estas palabras ante una pantalla, actuando sobre un grupo de teclas distinto, sin espacio perceptible bajo ellas y aquejado por otras man\u00edas: temblores, tartamudeos, atorones sutiles y hasta simb\u00f3licos. Pero todav\u00eda procuro, de vez en vez, la compa\u00f1\u00eda de una \u00abm\u00e1quina mec\u00e1nica\u00bb. Ser\u00e1 sin duda la \u00faltima de todas las que yo conozca; es una Olympia vieja, no s\u00e9 si parecida a la que Julio Cort\u00e1zar emple\u00f3 para escribir sus \u00faltimos cuentos, y la uso para escribir, cuando se me aparecen, en formas hechas a la antigua, de espacios bien delimitados y que una impresora s\u00f3lo podr\u00eda llenar sin errores tras mucha pr\u00e1ctica y muchas hojas desperdiciadas. Luego de un tiempo de pelear (poco), ambos nos hemos amansado: ella no se disgusta si pasan meses o a\u00f1os entre nuestros encuentros, y a m\u00ed no me irrita apretarla de a poco, tecla por tecla, con cuidado para no faltar a la ortograf\u00eda ni tocarle sin querer el interior vedado.<br \/>\n&nbsp;<b \/><\/p>\n<div align=\"center\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/TypewriterH.jpg\" alt=\"M\u00e1quina de escribir con letras del alfabeto hebreo\" \/><\/div>\n<p>&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras la respeto de este modo, me entretengo pensando en las muchas formas de crep\u00fasculo que ofrecen tiempos como \u00e9ste. Casi nunca cometo un \u00abdedazo\u00bb, esa palabra que designa a\u00fan m\u00faltiples formas del error pero que en su d\u00eda fue carne y acero, guerra para esp\u00edritus calmosos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un brev\u00edsimo ensayo, sobre una herramienta humilde y poderosa.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13905,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1520],"tags":[2866,153,24,205,1412,2218],"class_list":["post-31","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuaderno","tag-cuaderno","tag-el-baul","tag-ensayo","tag-escritura-y-vida","tag-maquina-de-escribir","tag-publicaciones-2"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2005\/12\/allkeys01.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-v","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13907,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31\/revisions\/13907"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13905"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}