{"id":305,"date":"2008-06-10T07:24:47","date_gmt":"2008-06-10T12:24:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=121"},"modified":"2016-10-26T10:24:02","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:02","slug":"los-intermediarios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/los-intermediarios\/","title":{"rendered":"Los intermediarios"},"content":{"rendered":"<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"392\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/los-intermediarios\/infiernosparticulares\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/infiernosparticulares.jpg\" data-orig-size=\"300,474\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Infiernos particulares\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Infiernos particulares&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/infiernosparticulares.jpg\" class=\"aligncenter size-full wp-image-392\" title=\"Infiernos particulares\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/infiernosparticulares.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"474\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/infiernosparticulares.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/infiernosparticulares-189x300.jpg 189w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/div>\n<div style=\"text-align: center;\"><em>Eduardo Uribe, <\/em>Infiernos particulares<em>.<br \/>\nM\u00e9xico, UNAM, 2008.<\/em><\/div>\n<div><\/div>\n<p>Una ilusi\u00f3n del presente es la de que todo puede ser inmediato: se insiste en que podemos \u201cvivir\u201d acontecimientos remotos, gozarlos o padecerlos como si nos ocurrieran directamente, por medio de las diferentes alternativas de la comunicaci\u00f3n o el entretenimiento. La publicidad, que disfraza de acto supremo del esp\u00edritu humano a la compra m\u00e1s insignificante, se emparenta en esto con el grueso del cine y la televisi\u00f3n pero tambi\u00e9n, para el caso, con esa literatura que todo lo sacrifica a ser presuntamente visceral al referir acontecimientos presuntamente ver\u00eddicos: el cuento o la novela como sucursales de los programas de videos \u201caut\u00e9nticos\u201d, e igual de artificiosos y falsos.<br \/>\n<!--more--> Las historias de <em>Infiernos particulares<\/em>, primer libro de Eduardo Uribe, no creen necesario proponer esa ilusi\u00f3n de realidad, y en cambio optan por varias m\u00e1s extra\u00f1as, m\u00e1s arduas pero tambi\u00e9n m\u00e1s capaces de atraer a la lectura en tanto juego y ejercicio de la imaginaci\u00f3n. Nunca olvidan que las palabras son una membrana que nos separa del mundo, ni que los errores e imprecisiones numerosos que pueden cometerse con ellas son los responsables de la belleza de lo literario. Sobre todo, los textos llaman la atenci\u00f3n por la gran cantidad de intermediarios que proponen entre sus mundos y los ojos de sus lectores: alg\u00fan cuento finge ser una traducci\u00f3n comentada y con glosas; otro, la reimpresi\u00f3n de una notas period\u00edstica con ap\u00e9ndices; hay ep\u00edgrafes y atribuciones que mandan se\u00f1ales de lo m\u00e1s diverso, incluyendo referencias directas a Dante, Hawthorne y Pessoa; varios personajes se encuentran en tales estados del alma que lo que dicen tiene menos que ver con su entorno que con su interior, o bien ese interior sale y se convierte en la atm\u00f3sfera de las narraciones; otros reaccionan a lo que sucede ante ellos de maneras muy poco veros\u00edmiles pero sumamente interesantes, como si representaran para nosotros la multiplicidad de los ecos y las interpretaciones de la historia en la que existen\u2026<br \/>\nNo se podr\u00eda ser menos <em>objetivo<\/em>, menos ce\u00f1ido a la \u201cvida misma\u201d, pero no debemos olvidar que esa vida est\u00e1 compuesta hoy en d\u00eda de muchas pantallas y muy escasas observaciones que se alejen de ellas. El libro parece decir: si vamos a distraernos del puro experimentar las cosas \u2013y s\u00f3lo eso hemos estado haciendo, como especie, desde que existe el lenguaje\u2013, bien podemos hacerlo de m\u00e1s de una forma, y atender mientras lo hacemos a otras maneras de la emoci\u00f3n o de la belleza.<br \/>\nLos cuentos, como adelanta el t\u00edtulo, exploran diferentes formas del sufrimiento humano, pero no son una serie uniforme: hay crueldades deliberadas y complejas, hay alguna diatriba contra el mundo, hay dos o tres retratos de personajes inm\u00f3viles y carentes de cualquier esperanza, pero ninguno de estos recursos habituales domina al conjunto y ninguno de los textos se limita a ellos. La sobriedad y la exactitud de \u201cNoticias de Brenda\u201d, tal vez el cuento m\u00e1s descarnado de todos, se contrapone a la atm\u00f3sfera de pesadilla de \u201cEl entierro de mam\u00e1\u201d; el \u201cInforme de la Escuela del Sufrimiento\u201d va derivando hacia la profusi\u00f3n de lo fant\u00e1stico, sin acabar de alcanzarlo, y \u201cLa abdicaci\u00f3n\u201d prolonga el juego y le da una vuelta m\u00e1s a la hora de re\u00edrse de nuestras propias man\u00edas y cegueras al leer y comprender lo que leemos; \u201cEl contrato\u201d, que para mi gusto es la mejor historia del conjunto, resuelve un problema antiguo: colocar en el mundo de los vencidos, el pueblo llano con sus trabajos sin futuro, sus rutinas tristes, sus arrogancias y sus mentiras, una alegor\u00eda del silencio de Dios, de nuestra separaci\u00f3n de lo divino\u2026<br \/>\nMucho de lo que dice esta nota, y de lo que los lectores ver\u00e1n en el resto del libro, podr\u00eda remitir tambi\u00e9n a escritores como Borges, en los que la literatura tiene precedencia sobre las im\u00e1genes de la vida. Pero la palabra \u201cInfierno\u201d, despu\u00e9s de todo, designa un lugar m\u00edtico, que tiene su origen en el lenguaje y s\u00f3lo se puede asociar a nuestras vidas mediante un juego con el lenguaje. Llamar a nuestras vidas infiernos es siempre interpretarlas, convertirlas en met\u00e1foras, y adem\u00e1s enlazarlas con una larga tradici\u00f3n. De semejantes falseos proviene el placer de la lectura, como se dijo antes, pero tambi\u00e9n el escaso consuelo que podamos hallar en comprender nuestra propia peque\u00f1ez.<br \/>\nPara volver de nuevo a donde comenz\u00f3 esta nota: aquella adoraci\u00f3n que mencion\u00e9 de la \u201crealidad\u201d viene aparejada, en nuestro tiempo, a muchas declaraciones de disfunci\u00f3n inventiva, que a Tolstoi o a Cervantes les hubieran parecido rid\u00edculas pero por las cuales parecer\u00eda que la \u00fanica narrativa v\u00e1lida es la que trata de las poses del aburrid\u00edsimo escritor en su aburrid\u00edsimo entorno: el grado cero de la imaginaci\u00f3n. En <em>Infiernos particulares<\/em>, como en muchos primeros libros, pueden verse las huellas de precursores, las encubiertas declaraciones de principios, pero puede verse tambi\u00e9n una confianza en el poder de la ficci\u00f3n que me parece deliciosa, muy lejos de esa moda de la impotencia y la ca\u00edda, y con una determinaci\u00f3n por contar e inventar que todo libro, sin importar qu\u00e9 tan pronto o tan tarde aparece en la carrera de un escritor, deber\u00eda tener.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Uribe, Infiernos particulares. M\u00e9xico, UNAM, 2008. Una ilusi\u00f3n del presente es la de que todo puede ser inmediato: se insiste en que podemos \u201cvivir\u201d acontecimientos remotos, gozarlos o padecerlos como si nos ocurrieran directamente, por medio de las diferentes alternativas de la comunicaci\u00f3n o el entretenimiento. 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